N/A: No saben lo que me cuesta subir esto. De verdad xDD Sé que no es una historia enorme (wow, 10 capítulos, dónde ibas niñaaa... como si no los hubiera muchísisisisimo más enormes! jojojo) pero me da penita. Y aquí está el final que sé desde hace año y pico. Y no miento, siempre ha estado planeado. Sin embargo, cuando me enfrentaba a lo poquito que llevaba hecho no me salía nada de nada. Y hoy, habiendo decidido no presentarme a un examen, esto es lo mejor y lo más de corazón que ha salido.
Gracias por haberme acompañado.
Recomendación musical: You - Radiohead (hasta el lemmon) / Exogenesis symphony - part II: Cross pollination - Muse (de la anterior al final).
10. Agua que no has de beber, déjala correr
- Si fueran mal – pronuncia despacio, con un cuidado algo irónico– si las cosas fueran mal, deberíamos estar juntos.
- No.
- Draco, soy consciente de mis actos.
Nott está sentado de espaldas a él. Habla mientras se quita los zapatos con los pies, desabrocha la túnica, se deshace de la camisa. Prepara el pijama y se levanta en dirección al baño. Draco gira la cabeza y le sigue atento con la mirada, apoyando ambos codos sobre las rodillas y sujetando la barbilla con las palmas de las manos. Levanta un brazo y se toca el pelo, pensativo. No se siente ni un poco mejor. Es más, se siente idiota. Jodidamente idiota. Más idiota de lo que ha podido sentirse nunca.
Más idiota que Potter, si uno puede llegar a sentirse así.
Nott habla de lo que deberían hacer. Deberíamos. Nosotros. Podemos, si van mal. Pero no habla de lo que Draco debería hacer, o de lo que no debería hacer. Lo que no debería haber hecho. Y llega a la nítida conclusión de que también es idiota. Tan idiota como él, tirando por lo bajo. Solo los idiotas aceptan tratos sin conocer su contenido y solo los idiotas luchan antes por el bien que por su propia vida.
Y es curioso, sí, eso de que sean "cualidades" tan Gryffindor. Cualidades que Nott no debería tener, porque las serpientes no son cazadas, no se sacrifican, no permiten ser sacrificadas. Y Draco detesta el sacrificio, porque se supone que él, un Malfoy, un ofidio tan –o mejor dicho– más digno que cualquier otro, no debería conocerlo.
Pero a Nott no le importa el sacrificio. Le da igual. No le quita lo más mínimo el sueño. Es lo de menos, porque lo único realmente relevante es el deber. Comportarse como se esperaría. No como los demás esperarían, sino como dos amantes lo harían. Sin embargo el deber no llamaría a sus puertas, ni esa tarde, ni ninguna.
- Joder Nott, ¿realmente no te importa una puta mierda el porqué? – Draco se ha levantado de la cama y ha alzado la voz, furioso consigo mismo por lo que parece perseguir con sus palabras. Y por lo que persigue la voz que se está quedando ronca en su interior.
- ¿Acaso eso cambiaría algo? Has mentido durante meses, Draco – abre algo más la puerta del baño y cruza la habitación hacia él, con lentitud. Queda a escasos centímetros de su nariz, algo más alta y más pálida que la suya. Fija el iris oscuro en cada uno de sus ojos, simplemente observándole. Draco nota su sinceridad como algo físico. – ¿Por qué no seguir haciéndolo? No quiero saberlo, no lo necesito. Ambos necesitamos que yo no lo sepa – le da un breve beso –, al menos por ahora.
Draco pasa la nariz por su cuello, hundiéndola, apretando, casi haciendo daño. Su contacto es duro, una corriente chispeante que le atraviesa eléctrica, vigorosamente. Se la transmite. Sus manos empujan, no acarician. Arrugan la piel con exigencia, sin controlarse, dejando escapar en cada roce golpe una furia cargada de tiempo vacío. La lujuria se aloja en las puntas de sus dedos, se desplazan, curiosas, por la carne tibia, trémula por la espera. La euforia acumulada se libera, se desliza de una piel a otra, cae en gotas doradas y acuosas que juegan bajo la luz y estremecen los recuerdos, el presente, el futuro. Pasivamente, Nott abre los labios, se cae, se deja caer, sostenido por un torbellino de electricidad y contacto fortuito.
Draco sube por la sien, recorre la línea del pelo y oprime sus labios, los empuja, los envuelve en saliva. Metálico, enfermizo, obsesivo. La necesidad guía el tacto, un tacto que no es suave. Un tacto que no tiene nada que ver con dos amantes que se extrañan, ni con dos amantes que se odian, ni con dos amantes que se quieren demasiado. Es un tacto demasiado intenso y a la vez, tan frágil, porque ambos saben que está roto, que estará roto, que cualquier segundo puede ser el segundo fatal que acabe con un ellos, un nosotros, una euforia, un anhelo. Se dejan caer sin red, observan con una mirada excesivamente indiscreta, pecan con devoción, con fe ciega. Se toman y se sueltan, se crean y se deshacen. No hacen nada y lo hacen todo, Nott levanta el flequillo de Draco e intenta absorber su frenesí. Guarda en ese pequeño cajón una prueba de ese placer, de ese dolor inevitable que hace arder sus manos, que le hace aumentar la velocidad, que lo domina, lo posee. Lo guía, recorre su palidez, toda su palidez, su espalda, su pecho, su pelo. Lo abraza clavando las yemas de los dedos, se separan, una brisa apenas perceptible pasa entre ambos. La distancia agujerea su corazón.
Se van, se van sin remedio.
Y ya le echa de menos.
- Nott.
Draco aún está sobre él. La cabeza laxa, apoyada sobre el hombro. Los ojos cerrados y la piel algo pegajosa, el pelo cuarteado a mechones algo más oscuros por el sudor salado que desciende por todo su cuerpo. La mano de Theodore descansa abandonada sobre una de sus nalgas. Recoge aire en una honda inspiración.
- Qué.
- ¿Crees que alguna vez tendremos que contarlo?
Nott alza la cabeza hacia un lado con dificultad –oh, dios, no, no te muevas– y le mira de reojo.
- ¿Tú qué crees?
- No lo sé – su semblante se ensombrece. Las líneas de su rostro se hacen más pronunciadas, mostrando a un Draco serio, quizá algo más mayor. – Por ahora solo quiero salir vivo de todo esto.
- No cumplas esa absurda misión. No lo hagas.
Draco reacciona levantándose bruscamente como si la simple pronunciación de cada palabra le resultara desagradable. Rompe la cálida sensación de unión y laxitud, dedicándole a Nott una mueca torcida y venenosa.
- ¡No se trata de ninguna elección, joder! ¡No puedo ignorar mi deber! ¡No ahora! ¿Quieres verme alguna vez más en tu maldita vida? ¡Pues cierra el pico!
- ¡Solo conseguirás sembrar el caos, Draco! – se acerca a él y le sujeta una muñeca con brusquedad. – Mírame, estúpido. Por una sola vez en tu vida, piensa y demuestra que tienes algo más que pelo sobre tu rubia cabeza. ¡Mírame! – le aprieta con algo más de fuerza. Los ojos grises parecen más que nunca un mar enturbiado, a punto de derramar toda su potencia. – Un puñado de sangre sucia no merecen tu vida, ni la mía, ni la de ninguno de los que pisan este mismo suelo.
- No es mi vida por la que lucho. No puedo romper con esto, dejar a mis padres a su suerte, huir como si no hubiese una guerra clamando sedienta de sangre.
- Pero esa no es tu guerra, y si haces esto solo conseguirás que se convierta en lo que tanto temes.
- Sí es mi guerra, sí en la medida en que la vida y la libertad de mis padres depende de lo que yo haga – pierde su mirada en algún punto difuso del suelo. – Y Dumbledore me importa lo suficientemente poco como para sacrificar su vida. Lo único que ha hecho durante estos seis años es alimentar la esperanza inútil de un idiota marcado por una cicatriz. Es él quien nos sumirá en el caos, se merece todo el odio y toda la muerte que le esperan.
- Draco, por Merlín, ¡tus padres nunca volverán a ser libres! ¡No dejará que así sea después de tantos años de violencia y sangre junto a Él! – habla mientras le guía toscamente del brazo hacia la cama y empuja su hombro para que se siente. Coge el libro de la mesita y lo agita ante sus ojos. – Ella lo sabía, siempre lo ha sabido. ¿Piensas que es esto lo que Narcissa desea para su hijo? Por eso no quiere que te olvides de ti mismo, no ahora.
Draco coge el libro de su mano y lo vuelve a colocar en la mesilla. No es él, no es él quien va a formular cada sílaba. Porque la simple musicalidad de cada palabra es extraña, porque esas palabras pasan por su lengua hostiles, haciendo daño. Habla sin mirarle, escucha fuera de sí mismo. Como en un mal sueño, un sueño en el que la bruja se come al mago.
- No hay vuelta atrás, Nott. El daño ya está hecho. Lo siento – afiladas, tremendamente afiladas. – Petrificus totallus.
No cierra los ojos. Observa, con el escozor quemándole en cada pestaña, cómo Nott se desploma sobre la cama. Resiste. Reconstruye, con la fuerza que le da toda la rabia acumulada, la capa helada. Resistencia y varita, ambas en una sola mano. Porque, esta vez sí, para todo su miedo necesita la otra.
El murmullo se va tornando cada vez más álgido. La entonación de las palabras es violenta. Es desesperación. El ambiente huele y suena a desesperación. Cientos de pisadas corriendo, tropezando, poblando cada centímetro del suelo marmóreo. La puerta se abre con estridencia y la madera hace un sonido de queja alarmante. Pasos histéricos. Voces apremiantes que se acercan más y más, que entran en la burbuja destruyendo poco a poco la paz acuosa de su mente. Formas extrañas que se desfiguran le hacen querer esbozar una sonrisa, pero su cuerpo se niega a obedecer. Y esboza sonrisas mentales. No le importa que en la paz su cuerpo no le responda. No necesita moverse o gesticular, solamente disfrutar plácidamente del universo abstracto que le envuelve. Las formas se van haciendo más abstractas. Una leve decadencia se extiende sobre ellas con demora, haciendo que los llamativos colores desaparezcan. Un tono grisáceo sume su realidad en una masa desvaída que comienza a apretarle el estómago en un nudo, cada vez más fuerte. Sus nervios parecen responder, al fin, tensándose con crispación.
De repente, abre los ojos con espanto. Imágenes se agolpan, al principio sin orden, en su cabeza. Palabras, reproches, conversaciones. Un torbellino que le provoca un doloroso martilleo en la sien. Levanta con dificultad una mano que se le antoja tremendamente pesada y le produce un cansancio inmediato. Mira a su alrededor y reconoce las voces y los pasos que se entremezclaban con su ensoñación, mientras distingue un cabello oscuro dirigiéndose velozmente hacia él.
- ¡Nott! ¡Nott! – le mira mostrándole esa histeria colectiva que parece haberles contagiado a todos. – ¡Vamos! ¿Qué te pasa? ¡Levántate, tenemos que salir de aquí!
Pero él no tiene que salir de ahí. Oh, no. Por la gloria de Circe. No, no, no, no, no. No tiene que…
- ¡Pansy, tenemos que ayudar a Draco!
- ¿Draco? ¡No sabemos dónde está, debe haber salido ya! – le espeta con un gesto de confusión.
- ¡No, sigue aquí! - sujeta su nuca y la acerca a él. Baja la voz, y casi en un susurro ronco deja escapar su preocupación sobre ella – Pansy… tenemos que sacarle de aquí como sea.
Pronuncia las últimas palabras mientras nota que las reacciones devueltas a su cuerpo empujan de forma incontenible, y se levanta con la sensación de no haber tenido nunca la desesperación quemándole en cada músculo. Su espíritu Slytherin le grita que piense, que no sea estúpido, que ignore el ímpetu que sube desde las plantas de sus pies. Que pare de moverse y correr sin sentido. Pero no tiene la menor idea de dónde va, solo esa quemazón que lo envuelve y lo guía, como si realmente supiera la dirección que sus pasos toman. Un tirón de la túnica le hace tropezar al pie de una escalera. Gira la cabeza, dispuesto a zafarse de su captor sin miramientos, pero el rostro que aparece ante él relaja la frenética presión en algún punto de su cuerpo.
- Daphne… ¿te ha dicho Pansy que me sigas?
- No – le contesta mientras aprieta suavemente uno de sus brazos. Sus ojos verdosos le miran con compasión y siente que no solo reconoce su iris oscuro, sino que puede ver más allá, haciéndole revolverse intranquilo, expuesto y sin opción a moldear y sisear secretos. – Los mortífagos han entrado, Nott. Todo el mundo ha visto la marca en la Torre de Astronomía.
Las palabras le atraviesan con ferocidad. Siente un peso en los pulmones que le quita la respiración, y por primera vez en mucho tiempo, siente unas ganas inconmensurables de llorar hasta no ser capaz de derramar una lágrima más. Llorar no por cobardía o por miedo. Llorar para llevarse los errores. Los terribles errores de él.
Daphne pone la palma de la mano sobre su mejilla y le mira con una mezcla de preocupación y comprensión que le asusta más allá del vínculo que nota casi físico entre ambos, uniéndolos inexorablemente.
- Nott, ¿estás bien?
- No.
Y Daphne esboza una media sonrisa por una sinceridad que Nott ya no tiene por qué guardar en el último cajón de su indiferencia. Porque ella lo sabe, y no merece la pena usar una palabra más para mentirle.
- Ha sido él – dice sonriendo tristemente ante la evidencia implícita de la afirmación. – Pero eso ya lo sabes.
- Tengo que ayudarlo, Daphne…
El verde de sus ojos se empaña pero no pierde la mueca sonriente. Pasa la otra mano sobre su hombro y le abraza dejando caer su cabeza sobre él. Theodore la sostiene, la rodea y aumenta la presión de las manos sobre la espalda. Porque no quiere nada de eso ahora, no lo quiere pero está ahí y tiene que tomarlo, y dejar que ella se vaya, y dejar que sea el azar, el destino o ambos los que decidan.
Se separa de ella haciendo acopio de toda la fuerza que su –ya frágil– voluntad le permite. Ha logrado contener las lágrimas y la fortaleza ha vuelto a aparecer en su mirada otros días luminosa. Levanta la cabeza y le besa, al principio suave y sin pretender nada más que una despedida poco dolorosa, prolongándose a medida que el vínculo se resiste a ser desplazado tras el muro implacable de la distancia. Saborea la carne de sus labios como si todo el tiempo del mundo estuviera ahí, solo para ellos; descarga toda la confusión sobre ella, sobre sus comisuras, la empuja rítmicamente y pasea su lengua por el labio inferior. Se aferra a la calidez de su saliva, irracionalmente. Olvida y recuerda, y siente esa familiar necesidad. De sacarla, alejarla, protegerla. Devolverla a su Francia, lejos, a miles de kilómetros. Donde la sangre no le afecte a ella.
Toda esa sangre que ahora se derrama sobre él.
- Venga, sal de aquí.
La observa caminar velozmente apenas unos segundos y continúa con la escalera, subiendo los peldaños de dos en dos, maldiciendo el pésimo gusto decorativo y el sentido del humor de los fundadores. Escaleras en movimiento, grandísima idea.
Sin embargo, cuando llega al Hall de entrada toda sensación de enfado se desvanece, dando paso a una rabia suave y pesada. Nota cómo sus pies se quedan anclados en el suelo. Observa con estupefacción el caos reinante, la lucha encarnizada, la sangre. Y en medio de todo ello, el esfuerzo de cientos de personas, profesores, prefectos e incluso aquellos que nunca han hecho nada más que preocuparse por sí mismos – justo como él–, por salvar las últimas esperanzas.
Sale de su estatismo y comienza a avanzar, esquivando no sin dificultad la maraña de intentos por remediar lo que ya ha empezado y no puede pararse. Alcanza el pasillo y lo cruza corriendo, pasa otro y salta por encima de un cuerpo rodeado de sangre. Resbala y se apoya en la esquina, jadeante. Mira hacia atrás, observando el cuerpo inerte que ha saltado sin apenas darse cuenta. Cierra los ojos un momento, se acerca a la barandilla y desde el hueco de la escalera levanta los ojos y observa la interminable red de escalones que se alza ante él. Respira profundamente y toma el primero, toma el segundo, y a medida que asciende escucha voces cada vez más cercanas, pasos apresurados como el suyo que hacen temblar la estructura de hierro bajo sus pies.
Se para en seco y pega la espalda a la pared. Las reconoce, sabe de quién son las voces. Se distinguen hechizos y maldiciones, y entre ellos, un grito claro "¡es hora de partir!". Severus Snape ordena el cambio de rumbo. Nott advierte los pasos acercándose a él. Comienza a bajar frenéticamente, afinando el oído, intentando distinguir la voz de Draco entre todos ellos. Pero no parece estar, y el miedo aflora en él, inmisericorde, desequilibrando su mente, impidiéndole pensar con claridad.
Vuelve a recorrer los mismos pasillos, y ya no es uno solo la cantidad de cuerpos que tiene que esquivar. Aprieta los dientes, cercano al delirio, y se resguarda tras una esquina. Mierda. Mierda. Nunca debí haber dejado sola a Daphne.
Distingue al final del pasillo varias siluetas saliendo de la escalera de caracol. El perfil de Snape es inconfundible, y lleva a alguien más o menos de su misma estatura fuertemente agarrado, casi forzándolo a caminar. Conforme se acercan, Nott nota estremecerse. Lanza el puño contra la pared, haciéndose sangre. Distingue detalles poco a poco. La mueca desencajada tras el pelo grasiento. La expresión feroz en los ojos del mortífago, oculto tras la máscara. Los profundos surcos bajo los ojos, marcando la piel pálida. Malditos sean todos. Maldito sea él sobre todos ellos.
Avanza un paso con decisión y la varita en alto. No tiene miedo, solo rabia, y solo quiere descargarla. Explosionarla frente a alguien, incluso aunque ese alguien se llame Severus Snape.
- ¡Apártate, estúpido! – le espeta el profesor, empujándole bruscamente contra la pared. – ¡No me obligues a decírtelo de otra forma!
Nott cae al suelo. Desde su ridícula posición, agarrando su hombro para remediar el dolor, los ve alejarse. Ve la cabeza de Draco, ve su cara girada hacia él. Cree escuchar que le grita. Le ve forcejear con Snape, ve al mortífago alto y rubio sujetarle el otro brazo con rudeza.
Sentado sobre el mármol, con la túnica manchada de sangre y el empuje irremediable de las lágrimas deshaciendo la poca entereza que le queda. Su mirada, tan gris y tan desoladora, se va alejando. Su perfil pálido se oscurece. Sigue resistiéndose. Lucha con la poca dignidad que le queda, con algo que podría ser llamado valentía. Nott desea decírselo. Que lo siente, lo siente tanto que puede perdonárselo todo. También que es rematadamente gilipollas, por supuesto. Que sí era cuestión de elegir. No era éste el final, nunca debió serlo.
Apoya la cabeza contra la pared. Potter pasa corriendo frente a él. Y viéndole con esa ridícula mueca heroica en la cara, realmente solo tiene deseos de gritarle su estupidez, de mostrarle lo idiota que puede llegar a ser. Tan idiota como él mismo. Solo que él no sigue corriendo, no persigue la muerte por causas honorables. No decidió salvar al mundo con once años. No decidió imitar a su progenitor por vanidad. No decidió la muerte de su madre. No decidió dedicar su vida a la sangre.
Solo decidió salvar una única cosa.
Y nunca podrá hacerlo.
N/A: Nott está desconsolado, dale ánimos en un review, anda :)
De verdad muchas gracias a los que me habéis dejado reviews y a los que habéis leído en el anonimato o sin comentar. En especial a Vampisandi, que desde el primer día está al pie del cañón y es siempre la primera; y a Metanfetamina, por su entusiasmo, sus tocho-reviews y su visto bueno a mi Nott y a mi Lisa-Daphne ;)
(Por cierto... estoy planeando algo vinculado a ITW, pero es una sorpresa!)
