Capítulo 9

Kenshin chasqueó la lengua cuando la mujer cayó al suelo, como un pesado bulto sin vida a sus pies. Un segundo antes había estado debatiéndose entre matarla o perdonarla después de que lo hubiera visto matar a un hombre, y ahora yacía a sus pies, desmayada, pálida y completamente cubierta de sangre.

Se agachó para comprobar su pulso. Respiraba.

Sin pensar muy bien en lo que hacía, la cargó sobre su hombro y se dispuso a volver a la casona. Un destello llamó su atención y al mirar atrás se dio cuenta de que era el paraguas de la mujer que había caído al suelo. Estaba cerrado, y como la mujer, cubierto de sangre. En un impulso lo cogió con la mano libre, acomodándose bien a la mujer en su hombro y partió de vuelta a la guarida de los Ishin.

Cuando llegó eran poco mas de las tres de la madrugada. La casona estaba en silencio. No se molestó en preguntarle a la señora Hiroe si tenía alguna habitación libre para la chica, ya sabía que no, así que se encaminó con ella hacia sus propios aposentos. Entró de forma sigilosa y dejó a la mujer en el suelo un segundo mientras él se quitaba la ropa mojada y se ponía un yukata seco.

Cogió un par de mantas y otro yukata y se acercó a la mujer. Arrodillándose a su lado se inclinó sobre ella y empezó a quitarle la ropa mojada. Una voz lo sacudió como si fuera un fantasma y se alzó de golpe, observando a Kaoru, enfadada.

-No puedes quitarle la ropa a esa mujer.

No fue hasta que comprendió el significado de sus palabras que se dio cuenta de que ella tenía razón. Él no era ningún violador, y quitar la ropa a una mujer inconsciente tenía ciertas reminiscencias de ello. Carraspeó, porque se había olvidado por completo de la presencia de Kaoru y ella lo había enganchado haciendo algo indebido y se alzó despacio. Con voz seria, cargada de veneno, le tiró el yukata seco y sentenció:

-Hazlo tú. Aséala y ponla cómoda.

Enfadado como estaba siempre que se topaba con Kaoru, salió de la habitación en silencio y esperó en el pasillo a que ella le diera el permiso para entrar en su propio cuarto. Frunció el ceño al pensar en eso. Ella no tenía que darle permiso ninguno, era una prisionera, punto, pero no quería espantar a la chica desmayada que realmente si era una invitada.

Esperó un buen rato, pero nadie salió a decirle nada. Molesto de nuevo, entró para ver qué era lo que pasaba y se quedó atónito al comprobar que la chica estaba cambiada y seca, descansando sobre un futón y Kaoru a su lado descansando en otro mientras él había estado fuera por lo que habían parecido horas. De nuevo ella se la volvía a jugar…

Decidido a darle su merecido al día siguiente, se sentó al lado de la ventana, katana en mano e intentó dormir, pero como de costumbre, su sueño estaba lleno de sangre y muerte. De miedo y odio. De anhelo…

Se sacudió con fuerza cuando el sol de la mañana calentó su piel lo suficiente como para quemarla y abrió los ojos, despacio, intentando recobrar la compostura.

Kaoru lo miraba atentamente desde un rincón, con el ceño fruncido. No comprendía el por qué, era él el que debía estar molesto con ella y no al revés. Miró alrededor, buscando a la invitada, pero no vio más que un futón pulcramente doblado.

-¿Y la chica?

Kaoru estuvo tentada a enviarlo a la mierda, pero se acordó de la conversación que había tenido con Katsura el día anterior y parte de su enfado se evaporó como por arte de magia. El pelirrojo estaba sufriendo, se lo había dicho Katsura.

-Quería agradecerte el haberla tratado bien y ha bajado a ayudar con el desayuno. No tardará.

Kenshin asintió casi de forma imperceptible y fue a asearse un poco. Cuando regresó, las dos mujeres estaban en el suelo, comida en mano, disfrutando de un humeante almuerzo. La chica pálida, seria y avergonzada, le ofreció un bol casi con vergüenza. Él le sonrió, agradeciéndole el gesto y eso pareció calmar un poco los ánimos mientras los tres desayunaban en silencio.

Después de desayunar, Kenshin fue directo a hablar con Katsura sobre los problemas que se había encontrado en su salida. Estaban intentando buscar una explicación a todo lo que estaba pasando pero lo único que se le ocurría a Katsura era que querían eliminar a Kenshin a toda costa para poder llegar a ellos. Si eliminaban al potencial guerrero, los demás serían más fáciles de atrapar. Lo que no sabían era que Katsura se guardaba un as bajo la manga y no era Kenshin.

-Has estado demasiado tiempo implicado, Himura. Es hora de que dejes de pelear por el momento.

Kenshin no estaba de acuerdo en eso. Lo necesitaban. La nueva era lo necesitaba. No estaba dispuesto a abandonar ahora que estaban tan cerca. Se quejó, pero Katsura solo lo miró como un padre a un hijo, negando con la cabeza.

-Son mis órdenes, Himura. Te retirarás a la montaña y te llevarás a Kaoru y la chica que trajiste ayer contigo. No podemos correr riesgos. Hiciste mal en enseñarle nuestra guarida a la muchacha, ahora tendrás que cargar con ella.

Kenshin comprendía en parte el enfado de Katsura, pero lo que no entendía era porque lo echaba de la misión. Estaba cansado, fatigado. Había peleado mucho por ese hombre, había hecho siempre lo que él le había dicho sin rechistar, pero esto era demasiado. No podía simplemente cruzarse de brazos ante lo que estaba pasando.

-¿Solo sirvo para hacer de niñera entonces?

Katsura sonrió ante sus palabras. Sabía que se refería a Kaoru. Aún no estaba seguro de hasta qué punto había hecho o no bien al contarle a Kaoru sus razones para dejarla con Himura, pero ella, después de su conversación había parecido quedarse más calmada, como si comprendiera al fin que lo de ella no era solo un castigo, sino una misión. Salvar a Himura de él mismo.

-No confío en nadie más, Himura.

Kenshin suspiró, aún enfadado, pero comprendiendo más la situación. Aún así, dejar de pelear, marcharse y en especial, dejar solo a Katsura, no le parecían buenas ideas. Se levantó, dejando ver que su paciencia pendía de un hilo y se dispuso a pasar el día descansando como solía hacer cuando peleaba por la noche.

Iba a hablar con Katsura más tarde y hacerle entender que estaba loco si pensaba que se iba a ir así como así. Iba a quedarse allí al pie del cañón aún cuando fuera el primer blanco de sus enemigos. Lo que no sabía era que su destino ya estaba sellado y que esa misma noche, se daría cuenta de que no podía hacer nada para evitar lo que ya estaba por venir.

Había acordado que esa noche descansaría, antes de hablar con Katsura y había llevado a la chica, llamada Tomoe, según le había dicho ella, a tomar algo a una posada cercana a la casona. Ella quería salir, pero sola no se atrevía a aventurarse. Se encargó de que Kaoru quedara a buen recaudo antes de marcharse con Tomoe.

Las fiestas de Kyoto estaban en pleno apogeo esa noche. Los hombres levantaban a sus espaldas altares con dragones, bailaban al ritmo de los tambores y las flautas. Hacía una temperatura apacible y la posada estaba relativamente vacía, por lo que podían estar tranquilos y hablar un poco sobre cómo había llegado ella a él.

Hablando con ella, de forma tranquila, Kenshin se dio cuenta de que hacía mucho tiempo que no había saboreado de esa forma el sake. ¿Sería eso lo que Katsura quería para él? ¿Una vida tranquila?

Apartó esos pensamientos de su cabeza y se disponía a beber de nuevo cuando Lizuka apareció de pronto en la posada.

-¡Salid rápido de aquí!

Kenshin no se paró a pensar por qué Lizuka sabía su paradero, estaba más preocupado por lo que podía estar pasando.

-¿Qué pasa?

Lizuka tomó aire, haciéndole un gesto con la mano para que lo siguiera.

-El señor Katsura está en peligro, nos ha reunido a todos en Ikedaya, en Kabanamachi, ve deprisa, yo voy a pedir refuerzos.

Antes de que Kenshin pudiera decir nada más, Lizuka había desaparecido entre el tumulto de gente en el exterior.

De camino a Ikedaya, se encontró con varios grupos de Shinsengumi. Peleó tan diestro como pudo sin poner en peligro la vida de la mujer que iba con él y cuando llego a Ikedaya se dio cuenta de que habían muerto todos y de que Katsura no estaba.

De regreso a la casona, se encontró con el líder, que arrastraba con cuidado a una asustada Kaoru con él. Se oían gritos, ruidos de cristales rotos, pasos apresurados… Todo estaba sumido en un caos total. Katsura miraba a sus hombres mientras trataba de recuperar la respiración. Kyoto estaba ardiendo, y él no había podido hacer nada para evitarlo. Miyabe no lo había escuchado y había decidido montar una rebelión justo en unas fechas en las que Kyoto estaba lleno de civiles que tan solo querían pasarlo bien.

Dio instrucciones a todos y cada uno de los hombres y cuando todos se fueron, miró a Kenshin, derrotado. Su mirada parecía la de un perro viejo cuando tan solo tenía treinta años y de pronto el pelirrojo se dio cuenta de la carga que pesaba sobre los hombros de su mentor.

-No es hora de considerar mis opciones, Himura. Coge a las chicas. He preparado una casa para ti en Otsu. Deberéis vivir allí como una familia; marido, mujer y hermana. Esa es la única solución posible.

Después de eso, se marchó. Kenshin, Kaoru y Tomoe se quedaron en silencio unos segundos, viendo desaparecer la figura de Katsura entre las sombras y entonces se miraron, siendo conscientes de que sus vidas iban a dar un giro de trescientos sesenta grados.

CONTINUARÁ

Bueno, como veis esto va a empezar siendo una relación un poco extraña. ¿Marido, mujer y hermana? Ya veremos cómo se las apañan.

AGRADECIMIENTOS A:

Pola de Himura: Triangulo amoroso? Jajaja no, lo que tengo pensado es peor.

Lica: Te va a irritar, puedes estar segura jajaja

Tanya: Muchas gracias por tu comentario ;)

BattousaiKamiya: Porque voy por orden jajaja y porque he estado con exámenes. ¿me perdonas?

EclipseLove: Este es un poquito mas largo jajaja