Capítulo 10: Michiru realiza tres sacrificios
Michiru se estaba ahogando, tenía frío. Caía de cabeza lentamente hacia el fondo del mar. No podía abrir los ojos, cada vez que lo intentaba sus pupilas se irritaban por el contacto con el agua. No sabía nadar, nunca había aprendido, odiaba el mar. La luz del sol se opacaba y lo último que vio en un intento por abrir los ojos fue la silueta borrosa de Coral, cayendo con ella hacia lo más profundo del océano, hacia una oscura y fría muerte. Y ya nunca más volvería a ver a sus amigos, justo que por fin había encontrado a quienes llamar amigos. Pensó en muchas cosas por largo tiempo, hasta que se preguntó ¡cuando demonios iba a terminar de morirse para dejar de pensar en todas esas cosas tristes! Y de pronto, le dio hambre. Genial, le dio hambre, en su dramática muerte le da hambre. No puede dejar de oler ese aroma a cocoa caliente, jugo de naranja recién exprimido, café, no podía faltar, tostadas ¿frutas? Si frutas, haber… peras, adora las peras, son tan jugosas y dulces, y tienen una forma chistosa. Que rico, que hambre ¡Que hambre!
- ¡¿Por qué estoy tan famélica si ya me morí?! – Despertó Michiru gritando.
Al instante su expresión cambió de enojo a sorpresa.
- ¿Dónde…?
- Ha, ya despertaste, si tienes tanta hambre puedes servirte del desayuno que te hice, lo encontrarás en la mesita que está en tu cabecera – Le dijo Coral.
- ¿Coral?
- Buenos días Michiru.
Michiru estaba durmiendo en un sofá muy elegante, despertó en una habitación muy aireada, limpia y llena de objetos extraños que ella pensaba que eran extraños cuando en realidad eran pinturas en la pared, dibujos, lienzos, paletas, esculturas, cortinas de seda transparentes y blancas, piso de mosaico lustroso y fresco, que bueno, porque hacía calor. Ventanales abiertos que daban hacia la playa, haaa, estaba en un lugar cerca de la playa y el océano. Haaa, no se había muerto, estaba viva, Coral también, y hoy particularmente Coral sonreía, que bueno, sonreía mientras pintaba con sus lienzos en una base blanca que Michiru no sabía ni como se llamaba, pero no importaba. Solo se preguntaba ¿que estaría pintando? Coral la miraba de reojos antes de dar cada trazo, ¿por qué? Bueno ella dijo que podía comer ¿no?
Michiru se sienta en el sofá y… ¡QUEEE! ¡¡ESTABA DESNUDA!! ¡Con una sabanita blanca que le cubría su partecita de abajo! ¡Y sus pechitos al aire libre! ¡noooo! Michiru hecha tomate se tapó todo el cuerpo y arrastró almohadones para cubrirse hasta la punta del dedo gordo del pie.
- ¡Coral mi ropa!
- Estaba mojada así que Haruka y yo te la quitamos.
- ¡Qué! ¡¿Cómo pudiste?! ¡Mi virginidad!
- No seas tan exagerada - rió – aún eres virgen.
- ¡¿No pudiste ponerme al menos unas pantis y un bendito sostén?!
Coral continuaba pintándola.
- ¡Coral! ¡¿Qué haces?!
Coral se detuvo y la miró fijamente, bajó la paleta con el pincel y se acercó a ella. Michiru se sonrojó y se cubrió más. Coral se inclinó hacia ella y le acarició el rostro.
- Tienes una piel tan bella – y empezó a quitarle los almohadones.
- ¡Coral! ¡¡Coral!! ¡¡Coraaal!!
- Michiru por favor, posa para mí.
- ¡¿Qué?! ¡No puedo ni mirarme al espejo y quieres que pose para ti!
- Vamos no seas tímida – jaloneaba la sabana.
- ¡Haa! ¡¡Haaa! ¡Haaaa!
- Si posas para mi podrás desayunar.
- ¡No es negociable!
- Ho – Se deprimió Coral – Eres muy tímida ¿verdad? - Sonrió
- Es que… nunca he hecho esto Coral… lo siento.
- Está bien, ya volverás a dormirte - Rió
- ¡Coral!
- ¿Interrumpo? – Haruka entró a la habitación – Buenos días – saludó y todo quedó en silencio por unos momentos.
Segundos después Haruka salió de la habitación corriendo porque Michiru la bombardeó con almohadones.
- ¡Como te atreves a entrar! ¡Estoy semi desnuda aquí!
- Pero Michiru, Haruka es…
- ¡Un pervertido! – Completó Michiru la frase de Coral.
Estaban las tres sentadas en sillones alrededor de una mesita baja. Michiru estaba vestida por supuesto, Coral le había prestado un solero blanco hasta la rodilla con encajes en las puntas. Coral por su parte siempre se vestía "tan bien", llevaba un chaleco negro de tela sin mangas que se prendía al frente con botones blancos, y una falda lisa y corta blanca. Haruka por su parte, vestía una camisa mangas largas blanca suelta y un pantalón negro, los tres estaban descalzos. Michiru parecía una niñita comparada con la elegancia y belleza de Coral, Haruka veía a Coral como una obra de arte, y miraba a Michiru como si estuviese viendo popó recién salido del intestino de un perro.
- ¡¿Qué miras Akurah?! – Exclamó Michiru y Haruka se hizo la desentendida.
Coral bajó su taza de té y la miró sonriendo. Michiru sintió vergüenza por comportarse tan poco delicada frente a Coral, así que hizo un esfuerzo por dialogar adecuadamente con el pedazo de desperdicio ambulante llamado Akurah sentado en el sillón de al lado.
Michiru se aclaró la vos, y notó que Haruka usaba un pañuelo rojo en el brazo.
- Dime Akurah, ¿Por qué usas un pañuelo rojo en tu brazo?
- Para que pregunten los curiosos – Contestó mientras se inclinaba para tomar la taza de café.
- ¡Huuuyyy! – Michiru hervía por dentro y decidió vengarse.
Cruzó las piernas muy tranquila, y cuando Haruka estaba a punto de tomar un sorbo de café, Michiru extendió su pierna golpeando la mano de Haruka y haciendo que ésta se volcara todo el café caliente por la cara, sin mencionar que casi se tragó la taza.
Coral se atragantó con un panecillo al ver lo que pasó.
- Hay lo siento – Dijo Michiru – fue un reflejo involuntario de mi rodilla.
- ¿Involuntario? – Dijo Haruka secándose la cara con una servilleta - ¿Quieres que te enseñe mis reflejos involuntarios también?
- ¿Qué pasa entre ustedes dos? – Preguntó Coral.
- Ha, no mucho – le respondió Michiru – solo que decidimos odiarnos eternamente, eso es todo.
Haruka bostezó como aburrido, y Michiru se enojó, tomó una cereza y se lo lanzó en la boca cuando la abría. Haruka lo mantuvo en la boca y se la escupió a Michiru otra vez. La cereza cayó dentro de su solero y se deslizó por su estómago hasta sus pantis, Michiru tuvo que meter la mano en su entrepierna para sacarlo de nuevo.
- ¡Esto no es nada educado de tu parte Akurah! ¡Tenía tu saliva! – Exclamó Michiru.
- Hay no me digas, ¿Tu virginidad otra vez?
Coral tomó la cereza y se la comió.
- Delicioso – Sonrió alegre.
- Coral ¿Qué fue eso? – Michiru sonrojada.
- Me gustan las cerezas – Siguió sonriendo.
Michiru se quedó en el molde calladita, al igual que Haruka. Coral sabía confundir a las dos de manera muy simple.
- Dime Michiru – Empezó Coral - ¿Tenías novio en tu antiguo hogar?
- ¡¿Por qué lo preguntas?! – Exclamaron Haruka enojada y Michiru sonrojada.
Haruka empezaba a ver indicios de una seria competencia con Michiru por el amor y afecto de la hermosísima Coral. Hasta ese entonces, Coral le sonreía solo a ella, y ahora, ¿le sonreía a Michiru también? ¿Y con ese rostro tan feliz? ¡Qué está pasando!
- Solo quiero saber si Michiru está disponible – Contestó Coral a Haruka.
- ¡Por qué! – Volvió a insistir Haruka.
- Es solo una pregunta – Alegó Coral - ¿Tenías novio Michiru?
- Ha... bueno, no en realidad.
- ¿Pero por qué? Si eres muy bonita.
- ¡¿Es muy bonita?! – Se dijo a si misma Haruka escuchando la conversación ajena.
- Hay no – Michiru rió - ¿en serio?
- Claro que si, tienes un bello rostro.
- Que debería estar acompañado por una bella personalidad, cosa que no tiene ni por cerca – Agregó Haruka gruñona.
- ¡Akurah! – Gritó Michiru por dentro mientras se encendía con un aura roja por fuera, pero debía comportarse, estaba en presencia de Coral.
- Al parecer Haruka no te aprueba Michiru, pero a veces las cosas no son lo que parecen. Después de todo, Haruka te salvó la vida.
- ¿Qué? – Preguntó Michiru.
- Coral no – Murmuró Haruka
- No puedes protegerla para siempre Haruka.
- Yo no la protejo – Negó Haruka a Coral.
- ¿Qué sucede? – Volvió a preguntar Michiru.
- ¿Creíste que era un sueño? – dijo Coral – lo del baile, lo del... craquen.
Michiru se sobresaltó, al parecer se le había olvidado y de pronto se le vino a la cabeza todo lo que había pasado el día anterior.
- El... monstruo – Recordó Michiru.
- Si, el monstruo que vino por ti – Le completó Haruka.
- ¡¿Por mi?!
- Jamás había aparecido antes, solo se contaban leyendas sobre él – Le explicó Coral.
- ¿Tienes alguna idea de por qué esa cosa salió a la superficie? Al parecer tu llegada maldijo a la ciudad por segunda vez – Haruka miró feo a Michiru.
- ¿Qué? Un momento ¿Me estás diciendo que esa cosa era real? ¿No lo soñé?
- No fue un sueño Michiru – Coral le habló de forma calmada y lenta -¿Recuerdas cuando nos atrapó y nos llevó bajo el agua? ¿No recuerdas lo que sucedió después?
- Mira Coral, los monstruos no existen. Habrá sido un sueño en masa o algo así.
Haruka y Coral la miraron muy seriamente.
- ¡¡Era real?! ¡¡Cómo?! ¡¡Ese monstruo!! ¡¡Era real?!
- Vaya, por fin – Haruka se sintió liberada.
- ¡Tengo que irme de aquí! - Michiru se levantó de su silla - ¡Debo decirle a la abuela! ¡Y ustedes! ¡¿Por qué no se van?!
- No podemos irnos de aquí – dijo Coral – nadie puede, tampoco tú.
- ¡¿Qué?! ¡No me pienso quedar aquí con ese monstruo!
- No tienes opción, no podemos salir de aquí.
- ¿De qué hablas Coral? Claro que puedes, si quieres, mi abuela y yo te llevamos.
- No entiendes Michiru, estamos malditos, condenados a vagar en esta ciudad por siempre.
- ¡¿He?!
- Hay ¿qué no entiendes? – Haruka se desesperó - ¡Todo lo que te dijo tu abuela era verdad!
- ¿Lo qué me dijo mi abuela? ¿Estás hablando de la historia del viajero y la princesa del mar? ¡¿La historia de que ella maldijo a toda la ciudad?! – Michiru perdió la paciencia - ¡Porqué no pones los pies en la tierra! ¡Esa historia no existe! ¡Y tú adorada princesa del mar tampoco! ¡Ya basta!
Haruka se levantó de su asiento con arranques de cólera. Estaba a punto de atacar a Michiru cuando Coral se puso de pie entre ellas dos.
- Haruka – dijo Coral – comprende a Michiru, permite que se adapte a lo que le resulta desconocido. ¿No ves que solo está asustada?
- ¡¿Coral de qué hablas?! – Michiru se puso muy nerviosa - ¡¿Por qué me dicen estas cosas?!
- Michiru mírame – Coral volteó, tomó las mejillas de Michiru entre sus manos y toco su frente con la suya – esto... es lo que pasó.
Michiru miró los ojos de Coral y sintió un golpe mental. Muchos recuerdos empezaron a entrarle en la cabeza. Recuerdos del pasado, fragmentos de lo que pasó, el maremoto que hundió la mitad de la ciudad, la escena de la muerte del viajero, la princesa del mar en el pico del acantilado a punto de saltar. Los veía desde atrás pero su rostros jamás. Y por primera vez sintió el dolor que sintió la princesa del mar. Las lágrimas le empezaron a correr incontenidamente mientras su rostro permanecía con la expresión de asombro y horror al mismo tiempo. Coral le compartió todos sus recuerdos y cuando acabó, separó su frente de la de ella. Michiru se desplomó como muñeca sin vida en los brazos de Coral, su expresión era la misma y sus ojos no podían estar más abiertos, pero su cuerpo no reaccionaba.
- Haruka, ayúdala – Dijo Coral.
- Su mente está en shok- Haruka tuvo remordimiento - debí haberla dejado en el océano para que no pasara por esto.
- Pero no lo hiciste, ¿por qué Haruka?
- No lo hice por ella, lo hice por ti. Solo quería salvarte a ti.
- No Haruka, no creas que no me doy cuenta. Yo estuve conciente, y lo que vi fueron dos burbujas de viento bajando al fondo del océano, una me encapsuló a mi, y la otra encapsuló a Michiru, llevándonos a la superficie mientras nos daba oxígeno. Tú la salvaste.
- ¡Si, lo hice, pero no se porqué lo hice! ¡Si te salvaba a ti, no podía dejarla a ella, estaba contigo!
- Eso no te había perturbado antes.
- Lo se – Haruka se puso incómoda - ¡No se que me pasa! Esta chica Michiru, siento algo extraño acerca de ella.
- (...) Yo también.
Haruka suspiró y alzó a Michiru en brazos. Salieron las tres hacia fuera y se encontraron con un tumulto de gente enojada. Coral y Haruka recordaron el pasado inmediatamente, parecía el tumulto de gente que venía a matar al viajero.
- ¡Ella mató a los gemelos que predecían las corrientes!
- ¡Sacrifíquenla! ¡Dénsela al craquen!
La multitud gritaba y Michiru cada vez se veía peor.
- Entremos de nuevo – aconsejó Coral.
- No, ellos no se Irán, hay que solucionar esto de otra forma.
Las personas enojadas eran en realidad todos los padres y abuelos de los jóvenes que estaban en el baile, muchos de esos chicos habían salido heridos superficial y gravemente. Entre esa gente trataba de hacerse paso Cody para llegar hasta la puerta de la casa de Coral. Ella y Gull vieron a Michiru en los brazos de Haruka y se asustaron. Habían venido retrasando a la gente pero no pudieron evitar que todos llegasen hasta allí.
- ¡Michiru! – Gritó Cody al llegar.
- ¡Cody! – Exclamó Haruka – Que bueno que estas aquí.
- ¿En serio Haruka? – Se sonrojó Cody.
- Te necesito
- ¿Si? – Cody cada vez se lo tomaba más en serio.
- Es decir, Michiru te necesita ahora más que nunca.
- ¿Michiru? T.T – A Cody se le rompieron los corazoncitos que tenía flotando por la cabeza.
- Necesitamos pasar y esta gente no nos dejará. ¿Podrías quitarlos del camino?
- ¡Claro que si no hay problema! nn
Y entonces Cody empezó a patear y a empujar a todos los que se ponían en frente de Haruka, y a decir verdad, los tiraba bien lejos.
- ¡Eso es Cody! ¡Eres maravillosa! – Haruka caminaba detrás de ella con Coral y Gull.
- ¡Hay en serio! n/n – Con más ahínco y velocidad Cody se llevaba por delante a la multitud.
Hasta que apareció en frente su madre.
- ¿Mama? – La vio Cody y paró al instante.
- Cody, detente ya – exigió severa su madre.
- Pero mamá, Michiru no merece esto.
- Si las ayudas la gente te verá mal a ti también, y no quiero eso. Dependes de la popularidad para convertirte en una sailor.
- Eso no me importa ahora madre.
- No te preocupes Cody – Gull se puso enfrente – es mi turno de ayudar a Michiru.
- Pero… ¿Qué harás Gull? – Preguntó Cody.
Gull sonrió con elegancia frente a la gente y sacó su teléfono celular.
- ¿Hola?… ¿policía?…
- ¡Tonto! – Gritó Cody pisándole la cabeza con el pie.
- ¡Perdón, lo olvidé! – Exclamó Gull – No existe la policía, solo las sailors.
- ¡Exacto! – Le dijo la multitud entera.
- Bueno – Gull volvió a tomar su celular y comenzó a reproducir una de sus canciones preferidas, la melodía de transformación de sailor Urano y Neptuno en violín.
En frente de todos se comenzó a desvestir.
- ¡¡HAAAA QUE ASCO!! - La gente se tapó los ojos y algunos hasta salieron a correr.
- ¡Muy bien Gull! nn
Esa fue la oportunidad que Haruka y Coral aprovecharon para correr sin interferencia hasta el océano.
Pero a mitad de camino otro tumulto los detuvo, esta vez los alcanzó Shark en su motocicleta, y Haruka le pidió que llevara a Michiru hasta el mar. Coral y ella quedaron atrás pero un rato después los recogió Turtle en su auto.
Shark llegó hasta la playa y se encontró con Mussel (la chica corredora). Shark tuvo que bajar de la moto por culpa de la arena pero se encontraron con otro grupo de gente.
Por suerte Jelly y Galeón aparecieron en trajes de baño con pistolas de agua y mojaron a toda la gente mientras se reían y seguían jugando en la playa.
Mussel colocó a Michiru en su espalda y comenzó a correr a través de la playa a gran velocidad que hasta Shark le perdió el paso.
Cuando llegó a la costa se detuvo y pensó.
- Ahora… ¿Qué se supone que deba hacer?
Al parecer había podido perder de vista a la gente que estaba enojada con Michiru por lo del baile. Y a lo lejos vino llegando Shark medio muerta del cansancio, se cayó de rodillas en la arena a recuperar el aliento.
- ¿Estás bien Shark? – Preguntó Mussel.
- ¡¿Cómo… (Inhalación) rayos… (Inhalación) corres tan rápido?!
- Dime… ¿Qué haremos ahora con Michiru? ¿Por qué Haruka quería traerla aquí?
Shark se recuperó - Primero debemos hacer que reaccione.
- ¿Pero cómo? – Mussel no tenía idea.
- Déjame pensar, creo que se como despertarla – Tomó a Michiru en sus brazos y la dejó sobre la arena muy cerca de la orilla.
La marejada hizo el resto, una ola se vino sobre Michiru y la mojó completamente.
- ¡Haaaaa! – Michiru se despertó gritando muy enojada.
- Ahí tienes nnu – dijo Shark – ya despertó.
- ¡Shark, voy a matarte!
- Cálmate chispita, solo trataba de ayudarte nn
- ¡Te voy a….!
En eso llegaron Jelly y Galeón corriendo y bañaron a Michiru con agua de sus pistolas otra vez.
- ¡Despierta Michiru! – Dijo Galeón.
- ¡Estoy despierta! – Michiru escupía agua de la boca.
- "Ups" nn – Jelly sacó la lengüita.
Detrás de ellos aparecieron Turtle, Haruka y Coral, quienes dejaron el auto junto a la moto de Shark y entraron a la playa.
- ¿Y Otter? – Preguntó Coral – siempre está aquí.
Otter es la chica nadadora que trabajaba como salvavidas en la playa.
- A Otter le tocaba como pareja de baile uno de los gemelos – dijo Shark.
- Anoche ella vino al faro a buscar a Oyster pero después no la volví a ver -Agregó Haruka.
Oyster y Bay Blanket son los gemelos que predicen las corrientes de viento y mar.
- Ho no, pobre Otter – Jelly entristeció.
- ¿Qué le pasó a Otter? – Michiru todavía no caía.
- ¡¿Qué no ves el faro?! – Exclamó Haruka.
El faro se encontraba a unos pocos metros, y estaba la mitad destruido por completo.
- Los gemelos fueron el primer blanco del craquen, de seguro ellos intentaron detenerlo – Explicó Mussel – y Otter estaba con Oyster.
- ¿Quieres decir que ellos…? – Michiru pensó lo peor - ¿están muertos?
- Están muertos chispita – dijo Shark.
- ¿Y es mi culpa? – Michiru puso carita, mejillas rojas y lagrimeos - ¿Por qué?
A Shark se le rompía el corazón, pero Haruka avanzó fría hacia ella.
- Hay algo que puedes hacer para devolverles la vida – dijo Haruka.
- ¿Qué? ¿Pueden revivir Akurah?
- Así es ¿Estás dispuesta a salvarles la vida?
- Yo… yo no se que pueda hacer por ellos.
- Yo si, pero tendrás que hacer exactamente lo que te diga.
Michiru miró a todos los presentes, y ellos la miraron con cara de que confiara en Haruka, así que confió en Haruka.
- Está bien Akurah, ¿qué tengo que hacer?
- Tienes que realizar una serie de ofrendas para que la bestia se mantenga dormida en el fondo del mar.
- ¿Ofrendas? – Preguntó Michiru - ¿Qué clase de ofrendas?
- Cosas muy preciadas para ti Michiru – dijo Turtle.
- ¿Cosas preciadas? Pero yo no tengo nada para dar, llegue aquí únicamente con mi pijama por dios santo.
- Eso lo decidirá Crill – respondió Haruka.
- ¿Quién es Crill? – dijo Michiru.
- Crill es el capitán de un barco – respondió Coral y apuntó hacia el mar.
El joven Crill, era aparentemente un muchacho pero nadie sabía mucho de él o ella. Se acercó a la costa en un pequeño bote, vestía un sombrero marrón de capitán, una camiseta blanca mangas largas, un pantalón negro remangado hasta la rodilla y pisó la arena descalzo.
Michiru lo miró, era muy apuesto, cabello corto negro, ojos rojos y profundos, el corazón de Michiru dio palpitaciones. Crill se le acercó mientras ella lo miraba con mejillas rosadas y ojitos grandes. Pero Crill le pasó por al lado y fue hasta Haruka.
- "Haruka" – Exclamó Crill - estuve esperando tu llamado tanto tiempo.
A Crill le fascinaba Haruka, y a Michiru prácticamente se le cayó la cara.
- ¡¿Otro acomplejado?! – Pensó Michiru viendo a un hombre con otro hombre.
- En realidad... no te llamé por mí Crill – Explicó Haruka riendo un poco nerviosa – Te llamé por ella – señaló a Michiru.
Michi no sabía donde meterse, no estaba entusiasmada con las personas acomplejadas. Crill miró detenidamente a Michiru, no le interesó mucho al comienzo.
- Así que tu eres quien despertó al craquen – dijo Crill – el océano estuvo muy agitado anoche. Creí que te llevaría hasta el fondo, pero por suerte sailor Urano te salvó.
- ¡¿Viste a sailor Urano?! – Preguntó entusiasmada Jelly.
- Claro que si, llegó volando y se posó suavemente sobre mi mástil. Su falda flameaba con el viento. Lee mi bitácora para más detalles.
- ¡No lo puedo creer! ¡¿Sailor Urano apareció?! ¡¿Y quién era?! – Mussel esperaba que Crill hubiera reconocido la identidad de la sailor.
- La magia que rodea a las sailor es tan poderosa que es prácticamente imposible averiguar quien es aunque la tengas muy cerca de ti – respondió Crill
- Ho T.T – Mussel se decepcionó.
- Pero... – Prosiguió Crill – Tengo una mera sospecha de quien es.
- ¿En serio? – dijo Turtle - ¿Quién crees que es?
- ¡Bueno ya basta, no estamos aquí para esto! – Haruka flameó los brazos frente a Turtle – Dinos que es lo que quiere el craquen Crill.
- ¿Y cómo podría saberlo él? – Preguntó Michiru.
- Crill puede hablar con los animales del mar – Respondió Shark.
- ¿De veras? Que genial.
- ¿Y bien? – Siguió Haruka.
- El craquen necesita tres ofrendas.
- Pero ya les dije que no tengo nada para ofrendar.
- No creas jovencita, la bestia me dijo exactamente lo que precisaba de ti.
- ¿Estas lista Michiru? – Preguntó Coral.
- No lo se Coral, ya me estoy asustando.
- No temas, tú no estarás en peligro – Aseguró Crill
- Está bien, dispara ¿Qué es lo que quieres de mí?
- En primer lugar... esto – Acarició el sedoso y rubio cabello de Michiru.
- ¿Te refieres a mi... mi... cabello?
- Exacto.
- ¡¿Qué?! ¡No!
- Descuida, solo la mayor parte de tu cabello.
- ¡Definitivamente no!
- ¿Qué tiene de malo el cabello corto? – Preguntó Shark.
- Si, ¿Qué tiene de malo? – dijo Haruka.
- ¡¿Están locos?! ¡Ustedes dos son hombres! ¡Voy a parecer un muchachito!
- ¡No somos hombres! – Exclamó Shark.
- Bueno entonces, "jóvenes", hombres no todavía.
Galeón se aguantaba la risa.
- Tienes que cortarte el cabello pequeña – dijo Jelly – de todas formas quedarás preciosa.
- Pero... ¿Tú crees que me quedará bien?
- Absolutamente – dijo Haruka - ¡Ahora hazlo!
Michiru hizo pucheritos largo rato, hasta que finalmente aceptó sacrificar la única cosa que la hacía lucir femenina, su lindo cabello. Su personalidad ya no le ayudaba mucho a aparentar ser una chica delicada, y ahora, al perder su cabello, tendría que decirle adiós a las posibilidades de conseguirse un enamorado. Tardaría demasiado en volver a crecer. Michiru suspiraba mientras Coral le cortaba el cabello en ese mismo lugar, a Coral tampoco le gustaba esa idea pero era la única forma.
Luego de cortarle su cabello, Mussel se lo enlazó con una cinta y se lo dieron a Crill.
- Vamos Michiru – Crill la animaba – aun faltan dos ofrendas, y me temo que se pondrá peor. La segunda ofrenda será un recuerdo.
- ¿Un recuerdo mío? ¿De qué?
- No de qué, si no de quién. El recuerdo de la persona que más amas Michiru, tu madre.
- ¡¿Mi madre?!
- Deberás entregarme las fotos de tu madre para ofrendárselos al craquen.
- ¡No, eso no! ¡No tengo casi ninguna foto de mi madre! ¡Puedes quitarme lo que sea menos eso!
- Si no lo haces... – Turtle le recordó – no podrás salvar las vidas de Otter y los gemelos.
- Pero... es mi mamá... esas fotos son todo lo que me queda de ella.
- Pero Michiru... – Coral se le acercó y trató de convencerla – solo son retratos de tiempos pasados. El verdadero recuerdo de tu madre, está en tu corazón y tu mente.
- ¿Y si se me... olvida su rostro? ¿Qué haré?
- Lo importante no es la apariencia externa – respondió Coral – tu recordarás para siempre el amor que te infundió el tiempo que estuvo a tu lado. Eso es lo único que importa.
Coral convenció a Michiru de sacrificar las fotos de su madre, pero aun así lloró por haber tenido que tomar esa decisión.
- Tengo que ir... a casa de mi abuela – dijo entre sollozos – las fotos están en la repisa.
- No hace falta – su abuela Emma apareció con las fotos en las manos – ya las traje yo.
- Abuela, ¿cómo supiste?
- Aquí nos enteramos muy rápido de las cosas Michiru.
- ¿Pero cómo llegaste tan rápido?
- Digamos que... me es muy útil ser un alma en pena. Yo también estoy sujeta a la maldición Michiru, debí haber muerto hace mucho tiempo.
Michiru no sabía que decir.
- Terminemos con esto Crill – dijo Emma - ¿cuál es la tercera ofrenda?
- Que bueno que llegaste porque... la tercera ofrenda... eres tú.
- ¡¿Qué?! – Michiru sintió mucho miedo.
Todos se sorprendieron cuando Crill dijo que la abuela de Michiru era la última ofrenda.
- ¡Eso nunca! ¡Jamás permitiré que mi abuela sea ofrendada a ese monstruo! ¡Si esas dos ofrendas no son suficientes lo siento mucho! ¡Terminamos!
Nadie quiso tratar de convencer a Michiru esta vez, ni siquiera Crill. Ahora todo dependía de Emma.
- Si me sacrifico... – dijo Emma - el craquen no volverá a la superficie por Michiru ¿verdad?
- No volverá – Respondió Crill.
- ¡Abuela ni se te ocurra!
- ¿Y ningún habitante de esta ciudad volverá a perseguirla? – Volvió a preguntar Emma.
- Michiru ya no representaría peligro así que la dejarían tranquila nuevamente – Aseguró Crill.
- Abuela, volvamos a casa – Michiru la tomó de la mano.
- Michiru querida, no puedo ir contigo.
- ¡Abuela, no tienes que hacerlo, yo no quiero que lo hagas!
- Esto es lo correcto.
- ¡No! ¡Nunca será correcto sacrificar tu vida por la de otros! ¡O al menos esos otros deberán saber que no es correcto!
- No lo hago por Otter o por Oyster y Bay Blanket. Lo hago por ti mi pequeña Michiru.
- ¡Y yo pienso que no es correcto! ¡Es mi responsabilidad, daré mi vida por ellos!
- Puedes hacerlo – dijo Crill – si no le das a la bestia las tres ofrendas, tendrás que volver al fondo del océano.
- ¡Bien, lo haré! – Exclamó casi sin pensar - ¡pero mi abuela no se sacrificará!
- Michiru deja que yo vaya, tú debes quedarte.
- ¡No!
- ¡Mírame soy una anciana! ¡Es mi momento!
- Pues que mal, porque eres mi abuela y no dejaré que hagas esto.
- ¡Pues yo tampoco pienso que sea correcto que tu te sacrifiques! – Le dijo Galeón a Michiru – si Jelly estuviera en peligro yo daría mi vida por ella. Pero al final...
- Pero al final... – prosiguió Jelly – al final yo sufriría más por quedarme sola sin Galeón. ¿Quieres hacer sufrir a tu abuela?
- ¿Estás sugiriendo que la deje morir porque viva sufriría más?
- "Si" – dijeron Galeón y Jelly – más o menos – agregó Galeón.
- ¡¿Pero qué les pasa?! – Gritó Michiru.
- Ya fue suficiente – dijo Haruka – Michiru tu tienes un destino que te aguarda con nosotros, y debes cumplirlo.
- Somos los únicos que podemos salvar a toda esta ciudad – Le explicó Coral – Dos de nosotras serán sailors y cuando eso pase todas las almas serán liberadas. Y si tú resultas ser una sailor pero te sacrificas ahora, entonces ni tu abuela ni nadie podrá descansar en paz nunca.
Crill le entregó la cabellera de Michiru a Emma y ella comprendió. Debía ir hasta el risco y desde ahí arrojarse junto con las otras dos ofrendas hacia el mar.
- ¡¿Qué?! – Michiru advirtió que su abuela se iba - ¡Abuela, regresa! - trató de detenerla, corrió hacia ella pero la traspasó entera. Su abuela se desvaneció en el acto y ella cayó al piso.
Michiru lloraba en la arena mientras los demás la miraban sin saber que decir para consolar su corazón.
- ¡Ve con ella, rápido! – le dijo Crill - ¡Está en el risco detrás de tu casa!
- ¿Qué? – Preguntó Michiru.
- ¡Aun puedes detenerla!
- ¡¿Qué?! – Haruka no podía creer que le había dicho eso.
- ¿Y cómo va llegar tan rápido, he? – Turtle abrió la boca por ingenuo.
- ¡Turtle, pronto, las llaves de tu auto! – Le exigió Michiru.
- ¡¿Mi auto?! ¡¿Estás loca?! ¡No voy a dejar que pilotees mi auto! Ni tampoco puedo llevarte, lo siento.
Michiru se enfadó y se abalanzó sobre Turtle para registrarlo y quitarle las llaves. Turtle le lanzó las llaves a Haruka y ella las metió dentro de su camisa, guardándoselo entre el brassiere.
- No tendrás las llaves – Le dijo Haruka – primero, no sabes conducir, segundo, eres menor de edad, y tercero...
Haruka no llegó al tercero porque Michiru le llegó de improvisto y le metió la mano dentro de la camisa. Haruka empezó a gritar como chica, (nadie la había escuchado gritar como chica nunca). Michiru, sin importarle nada, ladeó la mano por los dos senos de Haruka hasta que tocó la llave e inmediatamente se la sacó. Estaba tan preocupada por su abuela que ni se dio cuenta que Haruka tenía pechos y menos que era una mujer.
Haruka toda roja se prendía con rabia el botón de la camisa que Michiru le había desabotonado, mientras ella salía a correr hacia el auto de Turtle a toda velocidad.
- ¡Hay mi auto! "OO" – Turtle se agarró la cabeza desesperado.
- A quien le importa tu auto – dijo Yelly - ¿viste lo que le hizo Michiru a Haruka? n/n
- ¡Michiru! – Gritó Haruka a punto de ir por ella cuando Crill la detuvo.
- No te alteres, no llegará a tiempo. Solo quería saber si Michiru estaba dispuesta a arriesgarlo todo... por alguien que le importa. Su corazón está lleno de amor y valentía, es una perfecta candidata para la sailor Neptuno.
- No alucines Crill – Haruka se puso de muy mal humor.
- ¿A caso dije algo malo? – Crill le sonrió.
Michiru llegó al auto de Turtle, lo encendió y le dio marcha atrás sin querer, chocando contra un poste de luz.
- ¡¡Nooo!! T.T – Turtle sentía cada rasguño de la carrocería como un golpe a su propio cuerpo. Finalmente Michiru aceleró y se fue frenando a medida que avanzaba medio metro.
- ¡Así no voy a llegar nuncaaa! – Se lamentaba Michiru.
- ¡Claro que no tonta, no sabes conducir! – Shark se le apareció por el retrovisor en el asiento trasero.
- ¡Oye tú cómo llegaste tan rápido!
- ¿No crees que haya cruzado la playa entera para llegar hasta aquí? - Exclamó enojada - ¡Pues claro que no! ¡Mussel me trajo cargada en su espalda!
Mussel sacó su cabeza al lado de Shark saludando.
- Hola Michiru nnU vaya que eres lenta, tardaste siglos.
- ¡Oye! ¡Corrí tan rápido que casi se me revienta una arteria!
- Ya basta – La terminó Shark de una – Michiru quítate de ahí, ahora verás como conduce una verdadera mujer.
Shark puso el pie en el acelerador y Michiru se fue para atrás sobre Mussel. Y al medio segundo se volvió a levantar solamente para gritarle a Shark.
- ¡¿Cómo dijiste?! ¡¿Te crees más mujer que yo?! ¡Lo dices porque tengo el cabello corto, tonto Shark!
Mussel la sostenía de la cintura mientras Michiru pegaba su pie en la mejilla de Shark.
- ¡Cálmate chispita!
El auto se balanceaba a medida que marchaba y Turtle ya veía la luz al final del túnel.
Eventualmente llegaron, se tardaron casi diez minutos porque la casa de Michiru estaba fuera de la ciudad, inmersa en la "no" civilización. Shark frenó y Michiru se bajó del auto corriendo inmediatamente hasta el risco de su patio trasero.
Cuando por fin llegó, su abuela aun se encontraba con vida parada en la punta del risco, cuanta alegría le dio.
- Sabía que vendrías a decir adiós, mi pequeña revoltosa – le dijo Emma con cariño.
- Abuela – A Michiru se le fue la alegría – si saltas en frente de mi... voy a quedar traumada por el resto de mi vida. ¿Lo ves? No puedes saltar – decía mientras se acercaba lentamente.
- Mi Michiru – sonrió suspirando Emma – eres muy ingeniosa pero no voy a dar vuelta atrás. Tú heredaste la terquedad de tu madre, pero tu madre la heredó de mí.
- ¡Abuela, no lo hagas!
- Tu madre tuvo el valor para sacarte de aquí arriesgando su propia vida y sin mi consentimiento. Yo no entendía que solo quería tu bienestar y corté toda comunicación con ella, la deje sola. Me arrepiento, si tan solo la hubiera apoyado tal vez ella no habría...
- No es tu culpa, no fuiste tú ¡Fue esa voz... en el viento!
- Esa voz en el viento Michiru, es una fuerza devastadora que te atrajo hasta aquí solo con su fuerte deseo. Ten mucho cuidado.
- ¡Dime quien es! ¡No importa quien sea no dejaré que te haga lo mismo que a mamá!
- Michiru espero... que esto pueda enmendar el error que cometí al abandonarte a ti y a tu madre. No olvides visitarme.
Emma se tiró de espaldas por el acantilado y Michiru no la pudo alcanzar a tiempo. Su abuela cayó hasta las rocas y una ola la hizo desaparecer para siempre.
Michiru se quedó de rodillas inclinada en la punta del risco, su corazón estaba por salirse de su pecho por el suicidio que presenció, y sus ojos se quedaron viendo el azul del agua desde ese momento, hasta mucho después.
- ¡ABUELAAAAA!
