–Contaré hasta cinco y después apretaré el gatillo –dijo Marco, con voz tranquila y firme.

Armin sintió de pronto que se le detenía el corazón, aunque irónicamente Marco estaba apuntándole a la cabeza; a tan sólo cinco metros de distancia, sería imposible fallar.

Una luz rojiza se reflejaba en el cañón del arma, haciendo destellar el metal con un brillo siniestro.

Armin no estaba seguro de si había ocurrido súbitamente, o si se había sumergido tanto en la discusión de antes que ni siquiera se dio cuenta, pero… El sol ya se había ocultado por completo detrás del horizonte.

La noche había venido definitivamente y por alguna razón, en aquel firmamento, flotaba ahora ominosamente una gran luna roja, del color de la sangre; como el enorme ojo de una deidad maligna, vertiendo sobre el mundo una luz no tan distinta a la del incendio que antes había asolado Shiganshina.

Armin tragó saliva, con dificultad; notaba la boca seca. "Lo normal, supongo, cuando te apuntan con un arma." De pronto le vino a la mente el recuerdo de la chica a la que había disparado. "¿Es esto lo que se siente, cuando estás al otro lado?"

–Marco, qué… –las palabras salieron de su boca casi arrastrándose–. ¿Qué estás haciendo?

El soldado rubio no se habría extrañado de que el rostro de su compañero hubiera vuelto a convertirse en una máscara demoníaca. Sin embargo, a la luz de aquella extraña luna, que resaltaba aún con más nitidez todos los rasgos, la expresión del pecoso parecía extrañamente serena; entre estoica y resignada, la de alguien que había tomado una difícil decisión… y estaba dispuesto a llegar hasta el final, con todas las consecuencias, por amargas que fuesen.

–Qué estoy haciendo –repitió Marco, tranquilo, sin burla–. Lo que debe hacerse. Sé que la verdad puede ser dura de oír, pero ya es la hora. No nos queda más tiempo para continuar así. Hay que seguir adelante. Todos tenemos que tomar decisiones difíciles… y ahora tú tienes que tomar la tuya.

Hubo un breve instante de silencio. Armin todavía esperaba que su compañero dijese algo más; intentaba comprender qué…

Uno –dijo Marco de repente; su mano izquierda sostenía aún con más firmeza el arma.

–¿Qué? No… –Armin se llevó una mano a la sien, negando suavemente con la cabeza–. Esto no puede estar pasando, se supone que estamos dentro de mi mente, cómo vas tú a matarme… –y sin embargo, cada vez iba siendo más consciente de su precaria situación.

–¿Seguro? Quién sabe, tal vez estemos dentro de la mía… –Marco torció la comisura de los labios en un amago de sonrisa, pero volvió a ponerse serio enseguida–. Es lo que te decía antes, se acercan tiempos difíciles, y alguien tendrá que tomar decisiones aún más difíciles. Parece que las preguntas que te hice eran demasiado complejas, sobre situaciones demasiado abstractas, por eso te planteo ahora una cuestión mucho más sencilla y concreta. ¿Serás capaz de hacer lo que debe hacerse, tomar esas decisiones… o tendré yo que ocupar tu lugar? Dos.

¡Y una mierda! –espetó de pronto Armin, con los dientes apretados.

Todas sus dudas se desvanecieron en el rugiente fuego de la ira que empezó a arder en su interior, quemándole las entrañas; una furia que se extendió de golpe por todo su cuerpo, casi como algo físico que pugnaba por escapar dentro de él.

La agónica sensación persistió hasta que algo logró salir por fin al exterior, dando rienda suelta a toda esa energía acumulada.

Armin apuntó a Marco con su mano derecha, sosteniendo ahora en ella una pistola; un peso familiar y reconfortante.

Recordó que no era la primera vez que se veía en una situación parecida; y supo que sería capaz de volver a apretar el gatillo.

–Y una mierda –repitió Armin, ya con más calma, seguramente por el hecho de estar armado; sentía que iba recuperando de nuevo el control–. Tú no vas a ocupar el lugar de nadie, Marco, seas lo que seas. Si de verdad eres sólo una parte de mí, una representación de mi propio subconsciente, entonces no llegarías muy lejos por tu cuenta, aunque tampoco tengo intención de permitirlo. ¿Qué diría eso de mí, eh? Encomendar mi suerte, y la de quienes dependen de mí, a un fragmento con pretensiones de rebeldía… ¡Un solo dedo no puede hacer el trabajo de una mano entera!

El pecoso, a todo esto, apenas reaccionó visiblemente, aun estando frente a alguien que le apuntaba con una pistola. Se limitó a torcer brevemente los labios en otro amago de sonrisa, con un extraño brillo en sus ojos, como si le hiciese gracia algún detalle particularmente macabro; una oscura broma que sólo él entendía, riéndose por dentro de sí mismo y del mundo entero, mostrando a la vez un peculiar desprecio igualmente indiscriminado.

–Supongo que tú te consideras la mano y no un dedo, Armin, el todo… Si de verdad es eso lo que crees, ¡entonces dispárame!

Por un momento, Marco se rozó la sien con el cañón de su propia arma; luego volvió a apuntar a Armin sin vacilación, muy serio, desapareciendo todo rastro de condescendencia en su rostro.

Tres.

Su voz rasgó de nuevo el silencio de la noche; y su compañero empezó a plantearse, con un ligero escalofrío, si no sería cierta otra explicación alternativa.

"¿Y si Marco es de verdad un espíritu, un demonio, que ha venido aquí escapándose del infierno y está dispuesto a cualquier cosa con tal de vengarse? De ser así, ¡mayor motivo todavía para no dejarme poseer por algo que ahogaría el mundo en un mar de sangre!"

Y sin embargo, Armin no se sentía capaz de apretar el gatillo, todavía no; su dedo aún seguía apoyado contra la guarda de la pistola. Quizás ni siquiera le convencían a él sus propios argumentos.

"Algo no encaja. ¿Qué es?"

Tantas emociones contradictorias hacían que su corazón latiese cada vez con más fuerza, casi como si estuviese golpeando contra su caja torácica, en un intento de salir disparado atravesando su pecho.

"Tanta responsabilidad, tantas cosas que podrían salir mal… ¿Qué se supone que tengo que hacer ahora? ¿Cuál es la decisión correcta? ¿Acaso hay una decisión correcta?

"No quiero morir, no quiero desaparecer, pero… ¿Y si él tiene razón? ¿Y si, a la hora de la verdad, no soy capaz de tomar esas decisiones? ¡No quiero que mi indeterminación termine condenándonos a todos!"

–Yo no pedí nada de esto –murmuró Armin, angustiado, dejando escapar un agónico suspiro.

–A veces le toca precisamente a quien no lo había pedido –contestó Marco, con suavidad, casi compasivo–. Y aunque tal vez una parte de ti, en el fondo, sí desee algunas de esas cosas… es obvio que, otras, no tanto. Pero sí podemos decidir qué hacer con lo que nos ha tocado.

Por un instante, el pecoso no dijo nada más; después, súbita e inevitablemente…

Cuatro.

"Esto ya no tiene vuelta atrás, ¿verdad?" Armin suspiró de nuevo, sintiéndose extrañamente resignado. "Uno de los dos tiene que caer… ¿O acaso hay otra opción?"

Las emociones pugnaban en su interior como una tormenta: duda, temor, ira (en realidad nunca se había apagado), incluso algo de desesperación; y también la oscura determinación de quien se disponía a terminar de una vez por todas con un asunto que amenazaba con sepultarle.

Aun así, su mano todavía temblaba un poco mientras sostenía el arma, cada vez más pesada, casi quemándole en los dedos.

El tiempo parecía haberse detenido, convirtiendo en eternidad un breve instante; los escasos segundos que mediaban entre el "cuatro" y el "cinco" avanzaban lenta e inexorablemente.

En toda su vida, Armin no recordaba haber sido capaz de pensar en tantas cosas simultáneamente; un torbellino de ideas que se sucedían con rapidez inhumana en el interior de su mente.

"¿Quién o qué es Marco? ¿Qué representa exactamente? Acaso… ¿Mis dudas?

"¿Es eso lo que pretende? ¿Asumir ese papel, cargar sobre sí todas mis vacilaciones, para que luego yo le dispare y así acabar con ellas?

"Si de verdad fuese un demonio salido del infierno para vengarse, no me habría concedido cinco segundos antes de disparar. ¡Prácticamente me está invitando a que lo haga yo primero!

"Pero entonces, si al final le disparo… ¿También se irán con él mis remordimientos? ¿Me convertiré en alguien capaz de hacer lo que debe hacerse, tomar la decisión difícil y necesaria, ya sin miedo ni temor, sin pensarse tanto las cosas?

"Y así volvemos a lo que hablábamos antes. Mis dudas y mis remordimientos, mis límites… ¿Son realmente un freno a mi potencial o, justo al contrario, lo único que impide que me despeñe por el abismo?

"Si le disparo aquí y ahora a Marco, ¿en qué me convertirá eso? ¿En el salvador de la Humanidad, o sólo otro monstruo más?

"¿Y cuál sería la alternativa? ¿Acaso hay alguna diferencia, entre dejar que él me dispare o que yo mismo me pegue un tiro? ¿De verdad mi única opción es matar a Marco, antes de que él me mate a mí?

"Tal vez sea un espíritu masoquista, que hace todo esto sencillamente para recrear las circunstancias de su muerte. Algo en lo que también intervino una persona bajita, rubia, de ojos azules y cuyo nombre empieza por A… ¿Una especie de catarsis inversa para encontrar la paz?

"Y ya puestos a seguir desvariando… ¡Podría tratarse de Bertolt disfrazado de Marco! ¿No tiene eso más sentido? Si yo le he devorado y son ahora precisamente sus recuerdos los que tengo reprimidos en mi subconsciente, ¿no estará intentando hacerse con el control desde dentro, escondido en algún rincón de mi propia mente? Quizás sea su mejor oportunidad para consumir el interior de quien le había consumido a él antes, ¡qué ironía! Aunque entonces, ¿por qué está dándome tanto tiempo para apretar el gatillo?

"¿Quién eres en realidad? ¡Ésa es la clave de la cuestión! Podría ser…

"¿Qué me dijo una vez el auténtico Marco, mientras hacíamos el mantenimiento del equipo de maniobras? Las acciones pueden decir más de alguien que sus palabras. Recuerdo que fue durante los primeros días de la Instrucción, defendiendo a Jean y explicando que en realidad no era mala persona…

"¡Se trata de aplicar ahora lo mismo! ¿Qué me dicen de Marco sus acciones? ¿Qué le he visto hacer desde que llegué aquí? ¿Quién ha sido él para mí en este extraño lugar?

"Me guió, me ayudó a despertar en este mundo. Fue mostrándome lo que había pasado, lo que estaba pasando, ¡incluso lo que podría pasar en un futuro próximo! que verdaderamente ha sido así en lo sustancial, que no hay ni mentira ni engaño…

"Y no es sólo lo que me ha mostrado, sino cómo lo ha hecho. Cuando me superaba la emoción, Marco siempre estaba ahí a mi lado, listo para echar una mano y ayudarme a volver a ponerme en pie, seguir adelante a pesar de todo…

"Luego, por el contrario, hubo ocasiones en las que pareció tirarme al suelo para poder pisarme el cuello. Tanta crueldad, tanta frialdad, a veces con comentarios tan hirientes…

"Y aun así, o quizás precisamente debido a ello, lo peor que dijo también me sirvió de acicate para levantarme de nuevo, como un pequeño empujón en la dirección correcta…

"Por ejemplo, cuando habló del Comandante Erwin, al principio se burló de su sacrificio, como si fuese la última jugada de un egomaníaco megalómano. Después en cambio reconoció sus méritos y consideró que era un gran exponente de lo mejor de la Humanidad en el presente, luchando con casi todo en contra, sin descanso…

"Por otro lado, también está la forma en que se refirió a cada guerrero cambiante. Cierto que odia a Reiner, y que se rió mientras veía morir a Bertolt, pero con Annie la cosa ya ha sido completamente distinta…

"Es como si Marco fuese capaz de abarcar a la vez todas las facetas de un asunto, superponiendo los diferentes puntos de vista, y me hubiese ayudado a mí a hacer lo mismo.

"Entonces eso es. ¡Eso es!

"Lo que es Marco, lo que él siempre ha sido para mí, todo este tiempo, en realidad…"

Justo en ese momento, el pecoso dejó escapar un pequeño suspiro, resignado, con una expresión ligeramente decepcionada en su rostro.

–¿Es esto lo que quieres? –preguntó en voz baja–. Bien, que así sea.

Y entonces Armin supo lo que tenía que hacer.

Cin-

¡BLAM!

El atronador sonido que rasgó el aire fue el de un único disparo.