El verano fue encantador. Hermione pasó Julio fabricando pociones e investigando, agrandando su laboratorio escondido y, con la ayuda del Castillo, protegiéndolo con encantamientos de olvido. Quería algo sutil y no letal en caso de que alguien encontrara su escondite por casualidad. Hogwarts no podía ayudarla con nada más contundente, porque la escuela no podía herir a sus estudiantes.
Cualquier persona determinada a encontrarla probablemente tendría la suficiente fuerza de voluntad para no distrarse con un Qui Obliti así que Hermione añadió alarmas y maldiciones obstaculizadoras. Quería tener el suficiente tiempo para irse más que una fortaleza. Sus rutas de escape serpenteaban por toda la escuela hacia las partes 'dormidas' del Castillo, incluyendo a otros escondites. Una vez que Dobby le mostrara a Harry la Sala de Menesteres en Quinto, su acceso a la Sala se vería disminuido así que necesitaba otros santuarios.
Agosto la encontró rebuscando en la Sala de Objetos Ocultos. Había hecho una lista de todo lo que se le había ocurrido que podría necesitar, y estaba determinada a hacer un trabajo decente saqueando la Sala. Hogwarts, cuando le preguntó, admitió con acidez que no sabía qué había entre los Objetos Ocultos. Las cosas iban ahí para flotar en silencio fuera del conocimiento de cualquiera hasta que se desintegraban por completo bajo el peso de no-ser.
Hermione pescó y levitó su forraje hasta su laboratorio, maravillada ante lo alatorio de sus hallazgos. Se aventuró tan lejos como se atrevió en la enorme tienda de propiedad mágica perdida, regresando cuando la atacó un juego de mesas anidadas. Cuando la energía residual que imbuía a objetos inanimados los volvía agresivos, era señal de que la energía estaba inestable. Definitivamente no era el tiempo ni el lugar para lanzarle maldiciones a los muebles.
No era exactamente lujos y riqueza pero sí obtuvo lo suficiente para requerir mucho trabajo. Hermione separó, catalogó y guardó sus suministros. Ella y Moppet averiguaron qué era lo que la elfina doméstica podría 'decomisar' durante el curso de sus obligaciones e hicieron una lista de todo lo que necesitaban para tal y cual proyecto. Ahora que el basilisco estaba muerto, la bruja tenía planeado revisar la Cámara de los Secretos en busca de trampas u objetos mágicos que fueran capaces de destruir los hilos de la realidad. Asumiendo que los reconocería cuando los viera.
Dos días antes de empezar el semestre, Hermione se dirigió a Londres. Había planeado construir memorias más largas de Cathal viviendo a la intemperie pero se había distraído fabricando pociones y se le había ido el tiempo. Una noche acampando y luego una estadía en un hotel impersonal la ayudó a ahorrar algunas libras. Tomó el tren a Kings Cross temprano, esperando ser la primera en la Plataforma Nueve y Tres Cuartos.
Justin Finch-Fletchley estaba sentado a solas en una pequeña isla de maletas mientras sus padres discutían. Él la saludó con la mano al verla acercarse y se puso de pie una vez que ella lo saludó de vuelta. No había querido asumir que ella admitiría que eran conocidos, supuso Hermione. Pero no había nadie más presente así que aligeró un poco el aislamiento de Cathal.
—Me gustaría agradecerte por las notas —dijo Justin con rapidez, tan pronto como se encontraron a una distancia decente para hablar. Se movió un poco hacia la derecha, bloqueando su vista del argumento de los Finch-Fletchley. A juzgar por la manera en que sus hombros se encorvaron, Hermione adivinó que la pelea había perserverado por algún tiempo.
—¿Cómo supiste que fui yo? —preguntó ella, sin molestarse en negarlo. No habían otros Slytherins presentes así que no tenía que proteger la reputación de Cathal fingiendo ignorancia.
—Reconocí tu letra en el sobre —él sonrió sin mucha energía—. Ya le había pedido un folio o algo a la Profesora Sprout y me mandó su plan de estudio, y los de Encantamientos, Astronomía y Transfiguración —aquí sonrió de lado—. Al Profesor Snape y al Profesor Binns evidentemente no les importa un bledo si fallo mis exámenes de recuperación.
—No me sorprende —replicó Hermione. El estar afiliada a su Casa no había hecho nada por mejorar su opinión sobre el estilo de instrucción del Profesor de Pociones—. También le mandé un juego a Colin. Granger y Clearwater no estuvieron petrificadas el tiempo suficiente para afectar su enseñanza. —Dio un vistazo por encima del hombro de Justin—. Nos han visto.
—Papá cree que te gusto. Por el amor de Dios, solo síguele el juego —imploró Justin, poniendo una sonrisa mucho más animada en su rostro al girarse para llamar a sus padres, que ya se acercaban a ellos—. Mamá, Papá, conocieron a Cathal en Heathrow. Ella es la razón por la que quería llegar temprano.
—Hola —la saludó Justin Finch-Fletchley educadamente, notando que no tenia equipaje o aparentemente un acompañante al que le importara que se subiera sana y salva al tren—. Qué agradable verte otra vez. ¿Tuviste que viajar mucho?
—Knightsbridge —se apresuró a mentir, eligiendo una parte muy elegante de Londres.
—Los Rosiers son sangrepura. Una familia muy antigua —interrumpió Justin con premura al ver a su madre examianndo la ropa raída de Cathal con escepticismo. Esperaba que la Slytherin no lo hubiera notado.
—Es bueno saberlo —Andrew Finch-Fletchley fingió una risa entre dientes, determinado a no continuar con la escena. Sabía que su esposa estaba probando un punto, y no podía convencerla de que lo dejara en paz. Había estado muy ofendida por el fraude de Lockhart, lo que la había desencantado con Hogwarts. Y no ayudaba en nada el que no pudieran decirles a ninguno de sus amigos el nombre de la escuela de Justin. No para presumir, exactamente, pero la gente preguntaba. Ser vagos le había dado la impresión a la hermana de June de que Justin estaba en rehabilitación.
—Eton tiene algunas familias muy antiguas —remarcó June con una mirada insistente hacia su marido. Sin ser visto por su madre, el Hufflepuff hizo una mueca de dolor. Había sido muy cercano a sus padres antes de que la carta llegara. Ahora había una incomodidad, y cosas que sencillamente no podia explicar. Cuando les había hablado sobre el basilisco, habían amenazado con demander a la escuela por negligencia. No había sido un verano agradable.
—No tan antiguas como la mía —intervino Hermione con arrogancia—. Uno de mis ancestros paternales fue el mago de Charles Martel. Uno de mis ancestros maternales estaba con el Rey Alaric cuando los Visigodos saquearon Roma. —No estaba mintiendo. Había investigado a los Rosier y a los Max—. Nuestra sociedad tiene una línea ininterrumpida de erudición que ha durado milenios —estiró el brazo y le tomó la mano a Justin—. Ahora su hijos es parte irrevocable de ella.
No había mucho que los Finch-Fletchley pudieran decir ante eso. Justin se despidió y se apresuró a cruzar la barrera hasta la Plataforma. Cuando estubo en el lado mágico, exhale. Tendría que escribir y apaciguar las cosas. Su madre en particular estaría ofendida. Era una esnob pero no le gustaba que le recordaran lo mucho que el estatus social importaba para ella.
—¿Así es como juegan los Slytherin? —preguntó Justin mientras que el Expreso de Hogwarts entraba a la estación, rojo y humeante.
—Más o menos. Supongo que podría haber puesto más cara de desprecio —Hermione sonrió de lado porque imaginó que era lo que Cathal hubiera hecho. Por adentro se estaba golpeando en la oreja. June y Andrew eran un poco presumidos pero eran generosos y harían mucho para ayudar los hijos de Muggles a salir de Inglaterra cuando el Ministerio comenzara su Registro. Ese pequeño acto no tenia justificación.
—Creo que te salió bastante bien —no estaba seguro de por qué de repente lo encontró todo gracioso—. No hay posibilidad de que mis padres me saquen de una escuela donde puedo codearme con alguien que desciende de nobleza franca —Justin se apoyó en su baúl y exhaló entre risas—. Dios, eso fue vergonzoso. Ernie se destornillará cuando le cuente.
—Preferiría que no lo hicieras —dijo ella después de un momento de consideración. A Hermione le gustaba Justin. Tenían mucho en común y de haber sido una major persona, probablemente habría estado en Hufflepuff con él. Pero no había sido lo suficientemente amable a los once años y ciertamente no lo era ahora. La guerra se había encargado de eso—. Los Macmillan son traidores de sangre.
—Es mi amigo —dijo Justin con firmeza—. Pensé que éramos amigos, Cathal.
—Si las cosas fueran diferentes, puede que sí —Hermione se odiaba ahora mismo. Balbucear este sinsentido de pureza no era major que oírlo—. No tengo nada en contra tuyo porque no me has hecho nada a mí ni a mi familia. El tío de Macmillan fue uno de los Aurores que arrestó a mi abuela. Cada palabra que le digo es un insult hacia ella.
—¿Por qué arrestaron a tu abuela? —En el mundo de Justin, los abuelos no se metían en problemas con la ley. Sus peores infracciones eran beber demasiado oporto y hacer trampa descaradamente en el golf. Cathal le dio una mirada pesada—. No estoy siendo maleducado. No entiendo.
—Mortífago —dijo ella directamente—. Como mi padre, mi abuelo, mi tío abuelo y una variedad de primos.
—Oh —Justin la miró fijamente mientras buscaba algo que decir. Al final no pudo encontrar nada y el silencio incómodo se alargó. Cuando las puertas del Expreso se abrieron, Justin se disculpó para ir a subir su equipaje. Hermione lo dejó ir, tan perturbada por la conversación como él.
Encontró un compartimiento y, para ser honestos, se enfurruñó. Su humor no se vio mejorado por el conocimiento de que había creado un látigo para su propia espalda. Habían habido otras opciones además de Cathal. Ella había querido alguien con supervisión mínima, y se lo habían dado. Quejarse ahora de que no podía ser amiga de los amigos de Hermione era juvenil.
Patear el asiento en un arranque de ira también era juvenil pero se sintió mejor después de hacerlo. Hermione sacó su baúl de su mochila y lo puso en la rejilla para maletas antes de agrandarlo. Luego sacó un libro e intentó cultivar algo de desapego. Era Tercero. Iban a haber Dementores. Cathal no podía lanzar un Patronus, aún, así que no había nada más que cinco kilos de chocolate entre ella y desesperanza que arruinaba almas.
Hermione encontró la repetición de la tradición del año pasado de asomarse-e-irse un alivio, porque todos sus compañeros siguieron su camino. Tenía la esperanza de tener el carruaje para sí misma y poder sucumbir a cualquier desmayo/griterío/histeria en privacidad, cuando se encontrara con los Dementores. Draco se había burlado de Harry por meses después de su colapso. No quería sufrir lo mismo.
Flint entró de golpe al compartimiento vestido con un jersey de Falmouth y botas de Quidditch enlodadas. Se sentó en el asiento opuesto, rojo y sudando. Se veía como que había luchado diez rondas con una turbina de viento, y procedió a arreglarse con unos cuantos hechizos. Le tomó dos Tergeo limpiar las botas.
—Mis más profundas disculpas, señorita Rosier —sonrió Marcus—. El juego duró toda la noche. Pucey atrapó la Snitch justo antes de que tuviéramos que Aparecernos. —Estaba emocionado, con la sangre cantando por el arriesgado partido—. Los chicos vinieron a animarme por tener que repetir. Te habría invitado, de haber sabido dónde estabas. Le escribí a Draco pero él tampoco sabía.
—Me hospedé con Muggles —Hermione respondió su indirecta.
—Por las pelotas de Merlín —el mago se sentó y encuadró los hombros—. ¿Los Malfoy te echaron de su casa?
—Me niego a quedarme con ellos —dijo ella plácidamente, levantando la mirada de su libro.
—¡Te estás cortando la nariz para escupirte en la cara! —Marcus sacudió la cabeza—. No seas tonta. Los Muggles te podrían hacer cualquier cosa si averiguan que eres una bruja. Son peligrosos —le advirtió. Para su sorpresa, su tono de voz no la amilanó. Ella lo miró a los ojos y fue el mago el que apartó la vista.
—Gracias por tu preocupación, pero me las arreglaré —Hermione intentó cubrir las grietas en la conversación con algo de educación—. ¿Ya hiciste tus lecturas para el primer semestre?
Flint aceptó la oferta de cambiar de tema. Sacó sus notas de su baúl, que había empacado apuradamente ayer diez minutos antes de que empezara el partido de Quidditch. Los revolvió en una aproximación de orden y se los entregó. Los cielos de verano habían sido tentadores pero se había obligado a mantener su régimen de tres horas de estudio diarios. Todavía le quedaba por ver si le habían servido de algo.
Hermione leyó los ejercicios borroneados. Flint era un estudiante persistente. Había intentando responder cada una de las personas aunque la oración "no tengo ni maldita idea" se repetía varias veces. Estaba tomando Encantamientos, Transfiguración, Advicinación, Defensa Contra las Artes Oscuras, Herbología y Cuidado de Criaturas Mágicas.
—Abandona Transfiguración —aconsejó después de revisar su trabajo—. Has puesto horas de esfuerzo en esto, y lo veo, pero tu entendimiento de teoría avanzada es inestable. Hay tantas cosas correctas como equivocadas aquí.
—Me dieron el mald… el Supera las Expectativas para entrar a esa clase —protestó Marcus. Prácticamente se había metido los libros en la cabeza a martillazos para sus TIMO. Se había ganado la 'S' apenas y estaba orgullo de ello.
—Pero se está comiendo tiempo. Tu trabajo de Herbología es bueno. Podría ser genial con algo más de estudio. Lo mismo va para tus Criaturas —Hermione pausó para crear un argumento adecuado, viendo que el ser directa lo estaba poniendo testarudo—. ¿Preferirías tener un Aceptable y dos Supera las Expectativas, o dos Extraordinarios?
—Nunca he tenido una 'E' en mi vida —apretó los dientes. Las tareas del colegio siempre habían sido un fastidio. Cuando se ponía más difícil, sencillamente seguía intentándolo hasta fallar. Salirse antes de que lo echaran lo hacía sentir como si se estuviera rindiendo—. ¿Qué hay de las otras materias?
—Para Adivinación necesitas un tesauro y un glosario. Memorizar términos debería bastar para que pases. En Defensa influye mucho lo práctico. Puedes salvar la falta de talento con las aplicaciones si eres bueno con la ejecución —consideró Encantamientos—. El Profesor Flitwick ofrece clases de recuperación para los Ravenclaw que tienen problemas. Pregúntale si puedes asistir.
—A los Pajaritos no les gustará que me inmisculla —Marcus sonrió de lado. No se había acercado a ninguno de los profesores a pedir ayuda. Había sido un acto de desesperación preguntarle a Rosier, que sonaba como una maestra estricta. Ella se encogió de hombros ante su comentario—. Preferiría tener a Flitwick que a McGonagall —no había posibilidad alguna de que la Escocesa estirada lo ayudara a estudiar—. ¿Qué electivos vas a tomar?
—Adivinación, Estudios Muggles y Cuidado de Criaturas Mágicas —respondió Hermione, fijándose en sus notas de Cuidado de Criaturas. Hagrid era un aliado leal pero no un muy buen profesor. El Profesor Kettleburn había pasado más cosas del currículum y con más profundida. Incluso con la Profesora Grubbly-Plank substituyendo alguna de las lecciones, tendría que leer más de lo que había esperado. Ayudar a Flint la ayudaría a prepararse para los EXTASIS.
—¿Me vas a mentir si te pregunto por qué esas materias? —él arqueó una ceja, imitando a su Jefe de Casa.
—No puedo mentir. Mi madre me puso una Maldición de Decir la Verdad —Hermione mintió por capricho para ver si le creía. Flint entrecerró los ojos e intentó ver si estaba siendo honesta.
—Eres lo suficientemente lista… —El Cazador maldijo cuando el tren frenó bruscamente. Se levantó para abrir el compartimiento y dar un vistazo afuera. Si alguien estaba tonteando con un encantamiento o si eran los malditos gemelos Weasley probando un nuevo truco, les daría una patada.
Cathal tiró de su suéter y Marcus se detuvo. Ella tenía la varita en la mano, un detalle que notó de inmediato. De repente lo golpeó una ola de algo tan frío que las ventanas del compartimiento se empañaron y retrocedió un paso. El mago sintió un dolor en su pecho, el despertar de la miseria al acordarse de que estaba regresando a Hogwarts como un fracaso. No era bueno en nada excepto en Quidditch e incluso ahí no era lo suficientemente bueno para ser profesional. Un gasto, destinado para nada más que ocupar espacio en la casa de su padre.
Marcus se sentó una vez que el frío doloroso abatió. Cathal le ofreció algo de chocolate Muggle con un envoltorio púrpura. Se lo comió sin dudar y la dulzura acabó por espantar la melancolía. La bruja tenía una bolsa blanca llena de más chocolates. Había venido preparada. Eso lo animó casi tanto como el chocolate. Confía en un Slytherin para saber qué está pasando.
—¿Qué mierda fue eso? —demandó Flint, poniéndose de pie cuando ella abrió la puerta del compartimiento.
—Un Dementor —Hermione examinó el pasillo. La figura oscura se había marchado. No había sentido casi nada, sólo una respiración fría. Para nada lo que había esperado. Con la bolsa de plástico y la varita en mano, fue de compartimiento en compartimiento para ver a los otros estudiantes. Maldito Ministerio irresponsanble pensando que esas criaturas eran adecuadas para una escuela. Ni siquiera eran adecuadas para Azkaban. Exiliarlos a Pluto no sería lo suficientemente frío y oscuro.
Caras pálidas la saludaron al hacerse camino por el pasillo. Hermione regaló barras de chocolate sin prejucio y fueron aceptadas sin dudar. Incluso los Leones estaban lo suficientemente perturbados para no poner reparos a la hora de aceptar regalos de una Syltherin. Flint la siguió de cerca, varita en mano y la cara dura con propósito lúgubre. Si cualquier cosa sospechosa les saltaba encima recibiría una cara llena de maldiciones.
Se encontraron con Remus Lupin cuando éste regresaba de hablar con el conductor. El Profesor vio sus varitas y sus corbatas verdes y se le pusieron los pelos de punta antes de poder controlarse. Cubrió su cambio de postura con una tos pero Hermione ya lo había visto. Suspiró por dentro. Otro amigo más que no podía tener.
Apretó la boca involuntariamente.
—¿Quién eres? —preguntó Hermione, retrocediendo para quedar hombro a hombro con Flint y así bloquear el pasillo. No era algo amable pero sí era defendible cuando te encontrabas con un adulto desconocido en un tren que supuestamente era para niños. Se sintió peor cuando vio la resignación en el rostro de Remus, y él alzó las manos para mostrar que estaban vacías.
—Remus Lupin, el nuevo Profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras —se presentó con una voz que, para Hermione, había sido infinitamente tranquilizadora.
—Flint —dijo Flint categóricamente.
—Rosier —Hermione lo copió y vio a Remus ponerse rígido. Claro que reconocía el nombre. Puede que incluso se hubiera enfrentado al padre de Cathal durante la primera guerra mágica. El Profesor no dijo nada, sólo les asintió a modo de sugerencia tácita de que regresaran a su compartimiento. Como casi se le acababa el chocolate, ella obedeció.
Flint se mantuvo en silencio por el resto del viaje, y ya que a Hermione no le apetecía forzar una conversación, escribió sugerencias de estudio en sus notas y añadió unos cuantos libros de referencia que podrían parecerle útiles. La biblioteca de Hogwarts no tenía un índex así que a menos que tuvieras mucho tiempo para rebuscar, encontrabas libros útiles preguntándole a gente que los había visto anteriormente. Para el añor de los TIMO, Hermione Hermione había sido la bruja a la que preguntarle.
El Festín de Bienvenida fue callado. Hermione Cathal ocupó su tiempo contando a los de Primero. Había tenido razón y habían más de ellos; bebés de celebración que habían cumplido los once. Se preguntó si habría un aumento de población similar después de Voldermort. Probablemente no, ya que la mayoría de los comabientes eran poco más que niños ellos mismos.
Malfoy se burló de Harry porque algunas cosas eran inevitables. Hermione vio como Snape extinguía una rabia monumental hasta convertirlo en una cara de desprecio aceptable. Otra persona que no pasaría un buen año. Comió en silencio, preparándose para la compañía de Slytherins. Su segundo intento en Hogwarts habría sido mucho más placentero de haber sido Hufflepuff.
Por lo menos este año Malfoy había encontrado algo de recato. No la molestó en la Sala Común después de la introducción y Parkinson la ignoró en el dormitorio. Hermione se tomó una larga ducha y se acostó temprano, lanzando un encantamiento de alarma en su almohada para las cuatro de la mañana. Una cierta cantidad de trampas le habían enseñado que era mejor escabullirse en la madrugada que en la noche. Podías decir que te habías despertado temprano.
Peinó el pelo liso de Cathal, atándolo en una cola de caballo de la que nunca había intentado escapar. A diferencia de su dueña, el pelo de Cathal era muy bien portado. Hermione empequeñeció sus zapatos y los guardó en un bolsillo interior de su túnica. Salió de las mazmorras en calcetines en dirección a la Cripta Cónica.
Secciones significantes de las partes subterráneas de Hogwarts estaban 'dormidas.' Las habitaciones estaban en una forma particular de estasis, ya que no se las visitaba mucho y por lo tanto no eran muy mágicamente activas. Se despertaban cuando alguien pasaba por ahí pero aparte de eso estaban mayormente en un estado semi-corporeal. La Cámara de los Secretos era uno de esos lugares. El basilisco había sobrevivido debido a esa manifestación intermitente.
Averiguar cómo exactamente funcionaba el estado 'dormido' estaba en la lista de investigación de Hogwarts. Le había preguntado a Hogwarts pero la escuela estaba obligada por los Fundadores a no divulgar los secretos. La voz había sonado apologética e implacable. Era posible que la tormenta de hechizos en la última batalla había despertado partes del Castillo repentinamente, desestabilizando la matriz mágica. Tenía muchas teorías. Probarlas sería complicado.
Hermione había elegido la Cripta Cónica porque era una reliquia abandonada del siglo quince cuando había habido una moda de enterrar a los miembros fallecidos del personal dentro de Hogwarts. La tradición había sido un signo de estima y bastante popular hasta que una cábala de Ravenclaws había sido descubiertos usando los cádavers preservados en rituales necrománticos. El escándalo había llevado a la Directora Spore a prohibir más entierros y a vaciar la cripta.
Ahora el cuarto era sólo una cámara grande y circular con un extraño techo que parecía puntiagudo debido a la bóveda. Enorme y llena de ecos, la Cripta ciertamente era lo suficientemente atmosférica para un ritual secreto. Hermione sintió como si debiera estar vestida con encaje negro y máscara demás para captar el ambiente por completo.
En su lugar tenía zapatos sensatos y tiza que brillaba en presencia de magia.
Había encontrado la receta para el polvo brillante en un tomo de alquimia con muchas notas escritas en los bordes. El Profesor Snape no era el único al que le gustaba rayar sus libros. La tiza había sido usada en ritos donde 'fuegos y velas imprudentes son' antes del desarrollo del encantamiento de fuego frío. Brillaba en presencia de magia pero aparte de eso era un polvo anónimo, si bien un poco pegajoso.
Hermione dibujó un círculo grande con una uña y un hilo y después llenó el interior con una serie de runas repetidas. Lo cruzó y activó su Mapa. La tiza brilló con una luz verde-azul en respuesta. Apareció un punto brillante en la Cripta. Lo cruzó otra vez y el brillo permaneció ahí; un punto de trazo que podría usar para figurar distancias y direcciones.
Dándose vueltas por la habitación circular, Hermione midió la magia de ambiente, las resonancias y las complicadas coordinadas Aritmánticas que habían sido creadas para describir el punto exacto del 'aquí' de un lugar. Escribió sus resultados dentro del círculo, incluyendo todo sus trabajos matemáticos para poder revisar si había un error. El locus uno estaba completo. Faltaban muchos más.
Terminó otro sitio más antes de que la gente empezara a aparecer. No Slytherins, claro. A las Serpientes no les gustaba levantarse hasta que el día ya estaba en su marcha. Pero las comadrejas se levantaban temprano y los nerviosos de primero de las Casas de torre bajaban temprano para no llegar tarde al desayuno.
Decidiendo que tenía alrededor de una hora antes de tener que ir a buscar su desayuno, Hermione subió hacia la Biblioteca. Planeaba leer para Adivinación una y otra vez hasta que la frustración la ahogara. Su actitud hacía la materia se había ablandado un poco. Habían verdaderos Videntes, incluyendo a Trelawney. La mayoría de las tonterías sobre el Ojo Interior todavía eran tonterías pero la clase no era tan inútil como había pensado en Tercero.
Su atención estaba en su investigación y caminó justo al lado del Profesor Lupin saliendo de detrás de una estatua y, sin pensar en su rol de Cathal, le dio un asentimiento sin pausar su camino. La manera en que él se encogió la hizo despertar. Hermione lo miró, se dio cuenta de dónde debía venir puesto que era luna llena, y activó la boca sin activar el cerebro.
—Espero que limpiaran la Casa antes de encerrarte ahí dentro —lo quiso decir con simpatía puesto que había visto el estado del edificio. Profesor Lupin no lo tomó de esa manera.
