IX

Nordieth Cardinni

Durante la cena Harry aprovechó de contemplar todo el salón. Cada rincón le traía un vívido recuerdo de su juventud, y lo peor era que no podía disimularlo. A diferencia de los demás maestros, él debía decir que había estudiado en casa y que había desarrollado sus habilidades en contra de las artes oscuras en la Academia Pingleton de Nueva Escocia, un lugar del que no tenía idea su existencia.
Luego del discurso de bienvenida se vio obligado a saludar a todos los alumnos quienes lo miraron curioso, ya que debía de ser extraño que otro profesor impartiera la misma materia que Nordieth Cardinni, la favorita sobreviviente de la maldición del cupo.

Le costó probar bocado, aunque el estofado estaba delicioso y era algo que no podía dejar de comer; después de tantos años una comida como esa era digna de reyes. No obstante la mirada inquisitiva de Nordieth sobre su nuca le producía escalofríos, y la curiosidad de los alumnos lo ponía aún más nervioso.

—Prefectos, guíen a los alumnos de primer año a sus respectivas casas, —anunció Kingsley una vez terminada la cena— los demás, retírense en orden.

Harry se levantó precipitadamente de su asiento junto con los alumnos, el resto de los profesores lo quedaron mirando con curiosidad, sobretodo Nordieth. No obstante, él estaba interesado en las cientos de cabezas que se movían por el gran salón, quería distinguir alguna cabellera pelirroja, pero los grupos se disolvieron tan rápido que no alcanzó a divisar a su hija.

—Profesor Whitemore—lo llamó Kingsley con tono de advertencia, Harry se giró con lentitud— ¿Me permite dirigirlo hacia su habitación?

Harry asintió caballerosamente mientras los demás profesores lo seguían observando con curiosidad. Neville se despidió de él con un caluroso saludo, al igual que Hagrid. No obstante a la hora de despedirse de Nordieth ella simplemente giró la cabeza ignorándolo olímpicamente.

Kingsley lo guió a través de los pasillos de piedra que él tan bien conocía. La nostalgia volvió a inundar su corazón al recordar todo lo que había vivido allí. De vez en cuando pasaban por lugares donde las paredes tenían gigantescos agujeros que se usaban como tragaluz. Kingsley le explicó que después de la batalla muchas maldiciones acabaron con parte de la estructura del castillo que fueron imposibles de arreglar, así que las ambientaron para que cumplieran otra función.
Luego de caminar un largo trecho hasta la torre de astronomía, Kingsley se detuvo frente a una armadura oxidada.

—"Etmaculus Teus"

Al más leve susurro de la contraseña la armadura se movió e hizo un brusco movimiento con su lanza en posición de ataque. Harry dio un salto hacia atrás pero Kinglsey se quedó quieto. La punta de la lanza apenas rozó su nariz, y esperó a que la armadura finalmente volviera a su posición inicial hasta hacerse a un lado, dejando ver una puerta de madera.

—Para que veas que estás protegido. —sonrió Kingsley antes de abrir la puerta— Aunque otros sepan la contraseña nadie más puede entrar a tu habitación, a excepción mía, y tuya por supuesto.

—¿Qué hiciste? —preguntó Harry entrando detrás de Kingsley a una espaciosa habitación.

—La armadura sólo me reconoce a mí y a ti. Debes quedarte en el punto exacto donde yo estaba para que pueda reconocerte. Una vez que lo haga, te deja entrar. —Kingsley sacudió la varita para encender las luces de la habitación y a Harry se le salieron los ojos— Pero si otro lo hace, aunque sepa la contraseña, la armadura lo atacará. Es por precaución, debemos mantenerte lo más protegido posible.

—Si, claro… gracias…—susurró atontado mientras contemplaba la habitación: un espacio circular que contenía una cama mediana con dosel, un gran ventanal con balcón, una chimenea, muchas velas flotantes, un gran estante repleto de libros y un baño privado. Sin embargo lo que más lo impacto fue el cuadro que decoraba la parte superior de la chimenea. Se acercó con lentitud y abrió la boca con temor— ¿Dumbledore?

—Es tarde, Harry. —Le dijo Kingsley mirando tras su hombro el cuadro del antiguo director de Hogwarts que dormía apaciblemente— Los cuadros tienen un horario especial, sobretodo los que son intervenidos por el alma de las personas pintadas en ellos. Dumbledore no siempre estará disponible aquí ya que el cuadro original está en mi despacho. Sin embargo, hoy dormirá aquí porque es probable que mañana quiera hablar contigo. Eso evitará levantar sospechas en los profesores y alumnos si te ven entrar a mi oficina muy seguido para hablar con él.

—Realmente pensaron en todo…—dijo Harry con una media sonrisa observando a Dumbledore dormir. ¡Al fin iba a saber todo lo que necesitaba!

—No pasaron diecisiete años en vano por nada, Harry. —Sonrió Kingsley— Te dejo para que descanses. ¡Ah! Y recuerda, la contraseña es "Etmaculus Teus".

Harry asintió y Kingsley se despidió con un movimiento de cabeza antes de salir de la habitación. Una vez solo, se dedicó a recorrer cada rincón del cuarto. El estante estaba lleno de libros contra las artes oscuras, incluso estaba la biografía de Voldemort, que fue publicada inmediatamente después de su caída, por supuesto escrita por Rita Skeeter.

Se deshizo de su larga gabardina y se sentó en el borde de la cama contemplando el cuadro de su antiguo mentor. Dumbledore reposaba tranquilo y en calma, y respiraba con lentitud. Jamás se había sentido tan protegido. Cuando salió de Azkaban aún sentía miedo de ser descubierto, pero tener al viejo director ahí, justo frente a sus ojos, velando por su seguridad, era mil veces mejor que cualquier hechizo de protección en una armadura oxidada.

A la mañana siguiente, Harry se levantó más nervioso que nunca. Según el horario que previamente le había entregado Kingsley, ese día tenía que impartir clases a los alumnos de tercer año de Hufflepuff y Ravenclaw. Sonrió al recordar que cuando él estaba en ese curso conoció a Lupin, y repentinamente un horrible peso se apoderó de su corazón. Su antiguo profesor le había confiado a su hijo, el pequeño Ted, que ahora estaba casado. De alguna forma no había podido cumplir al pie de la letra la labor de padrino, ya que como Sirius, irónicamente había ido a parar a la cárcel, y de la misma forma injusta.

Suspiró y se acomodó la túnica. Todas las mañanas se sorprendía a sí mismo al verse en el espejo y no ver su rostro. Incluso le daba hasta vergüenza contemplar y usar ciertas partes de su cuerpo que en realidad no eran suyas.

Cerró los ojos inhalando profundamente, juntando fuerzas. Tomó la vara letal, que por derecho era suya, y aquella descarga eléctrica que sentía todos los días le invadió el cuerpo entero. De inmediato, una tos poco disimulada lo alertó.

Al girarse, sonrió con felicidad acumulada, desde encima de la repisa de la chimenea Dumbledore le sonreía.

—¡Dumbledore! —exclamó Harry con efusividad acercándose al cuadro. El anciano le sonrío achicando los ojos y se reacomodó en la butaca donde estaba sentado.

—Este sofá es mucho más cómodo que el del despacho, qué curioso. —dijo sonriente, Harry se pasó la mano por la cabeza, atontado.

—Profesor, yo…

—Ha pasado mucho tiempo desde que no te veía, Harry. —dijo el mago acercándose cuidadosamente mientras se ajustaba los lentes— Y veo que el hechizo de Abraxas funcionó a la perfección.

—Mejor de lo que esperaban, al parecer. —dijo emocionado, aún no podía creer que estaba hablando con Dumbledore. —profesor, yo…

—Antes de que me digas nada Harry, debo expresar mi más profunda tristeza ante lo que te ha ocurrido. —dijo el anciano con el semblante triste, Harry bajó la mirada.

—Han pasado demasiadas cosas en mi vida profesor. Me robaron diecisiete años.

—Y son los que vas a recuperar.

Harry sonrió a medias.

—Es lo que ellos dicen, Malfoy y Kingsley, pero sé que están detrás de la investigación para saber quién me envió Azkaban. No creo que les importe mucho que recupere mi vida.

—Creo que podrías pensar eso de Draco, pero si tuvieras quince años. —puntualizó Dumbledore con una sonrisa enigmática, Harry lo miró con el ceño fruncido. —Draco ha pasado por muchas cosas que cambiaron su vida drásticamente. Créeme si te digo que detrás de sus intenciones está el que tú recuperes parte de tu vida.

Harry lanzó una risita.

—¿Y por qué Malfoy querría eso?

—Porque también es padre y esposo. Y puedo jurar, incluso muerto, que él daría por sus hijos más de lo que crees.

Harry tembló. Hablar con Dumbledore de su muerte no era nada confortable.

—De todas formas no sé cómo lo podré hacer para comenzar con esta locura.—se quejó pasándose una mano por la cabeza, sin poder acostumbrarse aún a sentir el cabello peinado de Whitemore.

—¿Por qué no partes por el principio? —le respondió Dumbledore con una sonrisa elocuente, Harry torció los labios.

—Hoy doy mi primera clase.

—Algo es algo. —sonrió el director.

—Pero el plan es que me acerque a Lily, y a ella no la veré hasta el viernes. —admitió nervioso. Dumbledore pareció notarlo porque movió su mano como si quisiera apoyarla en el hombro de Harry.

—Yo creo que debes comenzar por otro lado. —dijo pensativo. Harry lo miró ceñudo.

— ¿A qué se refiere?

—Tienes una semana para prepararte. Sé que estás ansioso por reencontrarte con tu hija, pero creo que es mejor que te esperes hasta el viernes como está previsto. —pausó un instante y luego lo miró fijamente— Si fueras inteligente Harry, cómo sé que lo eres, sabrás que ante cualquier imprevisto es mejor que tengas el apoyo de grandes autoridades.

—Cuento con Kingsley.

—Y todo el colegio sabe que el ministerio no confía en él. —dijo lanzando una risita y peinándose la barba con la mano— Es curioso como se repiten las cosas, al parecer el puesto de director también carga con una maldición.

—Profesor…—advirtió Harry con tono cansado.

—Sí, disculpa Harry. A lo que voy es que podrás apoyarte en Kingsley sólo por ahora, porque después necesitarás más de un apoyo que te respalde.

Harry de repente pareció comprender.

—¿Nordierh Cardinni?

Dumbledore sonrió.

—La mayoría de los apoderados siente seguridad al saber que ella vive entre estas paredes. —lo miró fijamente y a Harry le dio esa sensación que hace años no experimentaba: ser observado por rayos equis. —Comprenderás que si cuentas con su apoyo, la confianza sobre ti será más grande por parte del resto.

—Supongo que debo acercarme a ella an…

—Antes de acercarte a Lily, sí.

—¡Pero con Lily tengo clases el viernes!

—Y tienes una semana para ganarte la confianza de nuestra querida Nordieth.

—Pero yo, no…

—¡Oh! Oigo una discusión —dijo Dumbledore inclinándose hacia atrás, como si quisiera ver algo detrás del marco—, parece que otra vez Phinneas y Melissa están discutiendo otra vez.

—¿Phineas Nigellus? —preguntó Harry alzando una ceja.

—Sí, y Mellisa Stomphire, en fin Harry, te veo después.

—¡Pero profesor!

Pero Dumbledore ya había salido del marco.

Harry ignoraba qué podía discutir el ancestro Black con una de las antiguas directoras que pasaron por Hogwarts, aunque por la expresión y entusiasmo de Dumbledore debía de ser algo bastante divertido de oír.

Se quedó de pie un instante intentando organizar su día en la cabeza. No había desayunado y el estomago le gruñía ferozmente. Sabía que tenía dos opciones, o no comer nada, o ir a las cocinas directamente. Después de todo, era un profesor y por ende tenía más derechos que un alumno.

Revisó la hora en el reloj que Molly Weasley le regaló para su decimoséptimo cumpleaños y suspiró. Aún no había terminado de agradecerle a Kingsley por haber recuperado aquel recuerdo familiar de los Prewett, aunque la correa estaba gastada y el vidrio lleno de rasguños. Pero era lo que le quedaba de su propia familia.

Sacudió la cabeza para quitarse las ideas negativas y se concentró en el tiempo. Le faltaba media hora para acudir a su primera clase, y como profesor no podía llegar tarde.

Con rapidez tomó el maletín que Kingsley y Draco habían preparado para él, e introdujo en el interior un par de libros, unos pergaminos, una que otra pluma, y la capa para hacerse invisible, sólo por si acaso. Se guardó la varita al interior de la chaqueta y se colocó aquel ridículo sombrero de hongo que lo trasladaba de la época actual a sesenta años atrás; en el espejo era ver a un Dick Tracy en decadencia—pensaba—.

Fue directamente hacia las cocinas para poder obtener algún bocadillo rápido, pero no pudo llegar a tiempo. Los cambios que había sufrido el colegio en todos esos años llamaban demasiado su atención como para incluso perder el apetito.
En los pasillos se encontró con grupos de Slytherins y Griffindors que hablaban de las vacaciones, y Ravenclaws con Hufflepuffs que planeaban la fiesta de bienvenida. Aunque no tenía idea de qué era eso, Harry se limitó a mantener la compostura en su rostro. Después de todo, aquel comportamiento tan inverosímil debía de ser normal, aunque no dejaba de extrañarse por ver de vez en cuando a ciertos alumnos mayores de otras casas emparejados con Slytherins.

Sacudió la cabeza e intentó enfocarse en el malestar de su estomago, los nervios y el hambre estaban haciendo estragos en él, juraba que en cualquier momento se desmayaría.

Inspiró profundamente y abrió el maletín apoyándose en el balcón de una de las ventanas que daban al jardín. Muchos alumnos lo quedaron viendo con curiosidad y el sólo se limitó a sonreír, después de todo a varios de ellos pronto les haría clase.
Sacó el horario y se fijó en cuanto tiempo tenía entre una clase y otra para poder comer algo. Su estomago gruñó y maldijo disimuladamente al leer que le quedaban cinco minutos para llegar a su primera clase.

—Bonita manera de comenzar el día—gruñó—, muero de hambre.

—No es bueno entrar a la clase de los de tercero sin hambre. —dijo una voz a su lado, Harry se sobresaltó— La materia es cansadora y los alumnos demasiado distraídos como para que comprendan todo la primera vez. Le recomiendo comer algo para aguantar la presión.

Harry alzó una ceja. A su lado estaba Nordieth Cardinni, que de pie se veía diez veces más alta que sentada. La mujer lo sobrepasaba por tres cabezas y era tan delgada que realmente parecía que se iba a quebrar.

—Gracias por el consejo, pero no tengo tiempo de comer, me debo ir. —dijo intentando escucharse amable, la mujer lo miró con mucha dureza.

—No quiero competir, Whitemore —susurró elevando el mentón, Harry se sintió peor que cuando estaba en primer año y fue regañado por Mcgonagall—, pero si te vas a meter en mi zona es mejor que mantengas las distancias. No me gusta competir, ni tener competencia.

—Yo no compito—replicó Harry ofendido—si estoy aquí es por un asunto puramente académico.

—Todos estamos aquí por asuntos académicos, y sin embargo, a nadie le han puesto un compañero para trabajar.

—Si te molesta que esté aquí, ve y díselo a Kingsley—gruñó Harry con calma cerrando el maletín—, él fue quien me contrato y me eligió para impartir Defensas. Si no quieres compartir la materia, ve y díselo a él.

Nordieth simplemente lo miró desde arriba, sus ojos estaban cerrados como rendijas y los gruesos parpados le daban una expresión aún más severa. Harry intentó mantener la compostura y se irguió para demostrar que no lo asustaba. Finalmente ella pareció desistir y exhaló algo parecido a un suspiro de exasperación. Sin despedirse, se giró para retirarse y Harry la quedó mirando con los labios fruncidos, apretando el maletín con fuerza entre sus manos. La mujer no caminaba, se arrastraba, y su ondeante movimiento le daba un toque aún más espeluznante. Harry se preguntó cómo sería para ella impartir clases cuando su casta en algún punto de la historia fue famosa por ser poderosa y pura. No quitó los ojos de la silueta que se alejaba, Cardinni era severa, dura, fría y prepotente, cómo creyó que sería.
Intentando olvidar el percance y el horrible dolor de estomago por falta de comida, Harry se giró en dirección a la torre norte donde debía impartir clases. Mientras caminaba pasó por alto a los alumnos que se detenían a observarlo curioso, tal vez dio la impresión de ser autoritario, y lo prefería así, ya que la misma Nordieth lo veía como la competencia. Probablemente ella se sentía importante dado su aspecto, nadie en el colegio lucía igual, tal vez por altura podía haber competido con Hagrid, pero dudaba que ella se fijara en un profesor que trabajaba con bestias.
Un escalofrío recorrió su espalda cuando recordó la mirada oscura, esos ojos rasgados de parpados gruesos que le daban la sensación de albergar un mismo agujero negro; La piel morena, la nariz recta, la cabeza casi rasurada con restos de cabello blanco, y los huesos faciales prominentes, eran sinónimo de que algo no andaba bien en ella, pero claro, se podría considerar así se fuese humana. Se avergonzó cuando recordó que el cuerpo de la mujer carecía de senos, o simplemente no los tenía producto del ancho de su espalda y de la delgadez de su pecho. Sin embargo, aún así parecía imponente, era tan extraña físicamente que cualquiera podía admirarla con sólo verla caminar. Sus vestimentas eran holgadas, llevaba kilos de tela arremangadas de tal forma, que conformaban una túnica bastante exótica y llena de colores.
Pensando en eso, no se dio ni cuenta cuando llegó a la puerta de un aula en donde esperaban varios alumnos sentados a los pies de la escalera que continuaba hacia arriba. Harry parpadeó al momento de tropezar con un grupo de niñas.

—¡Disculpe profesor! —exclamó la estudiante sonrojándose completamente. Harry tuvo que parpadear y concentrarse en lo que ocurría a su alrededor para quitarse la rabia que sentía contra Nordieth Cardinni.

—No… no te preocupes, está bien. —dijo sonriendo con amabilidad. Nunca había tenido experiencia con niños mayores de cuatro años, y aquello sólo lo ponía más nervioso. Ver tantas caritas jóvenes esperando para entrar al aula era lo único que le faltaba para recordar que había pasado por alto la pubertad de sus hijos.

—¿Está bien profesor? —le preguntó otra niña, él le sonrió con cariño, pero de inmediato recobró la compostura, él no era Harry Potter en ese momento, era John Whitemore, y como tal, debía comenzar a construir al personaje.

—Sí. —contestó con seguridad blandiendo la varita frente a la puerta que solía ser la entrada para la clase de Aritmancia en su época. —Andando, todos adentro.

Los alumnos se levantaron del suelo y entraron al aula con flojera, algunos incluso se quejaron. Harry sonrió al recordarse a sí mismo, pero de inmediato entró al aula cerrando la puerta tras él.

Dar la clase no fue tan difícil como creía. Al principio, cuando pasó la lista reconoció un par de apellidos, pero como siempre debía de hacer como que no los conocía.

Kingsley le había advertido que las clases con Nordieth eran duras y competitivas, ya que al ser duelos sólo los alumnos más excepcionales eran quienes podían aprobar sus exámenes. Pero él estaba dispuesto a cambiar un poco las cosas en sus clases. No quería explotar a ningún alumno y mucho menos hacerlo sentir mediocre.

Para ese primer día el programa de clases contenía un tema bastante particular, algo que él muy bien conocía puesto que el mismo Remus Lupin le había impedido poner en práctica sus habilidades: El Boggart en el ropero. Sólo que esta vez estaba dentro de un bote de basura.

—¿Listos? —preguntó al grupo de asustados alumnos que se escondían unos tras otros mientras hacían una fila frente al basurero. Harry sonrió con ternura— No les va a hacer daño, pero les servirá para enfrentar sus mayores temores.

—¿Seguro que no nos hará daño, profesor? —le preguntó la chica que encabezaba la fila. Harry suspiró y detuvo su mano en la tapa del basurero. La niña le recordaba mucho a cómo era Hermione a esa edad, pero Robin Smith era más regordeta y su cabello rizado era rubio y amarillento.

—Señorita Smith, ¿acaso no confía en mí?

Debió de haber sonado encantador, porque muchas niñas rieron apenas abrió la boca. Cohibido, devolvió una sonrisa divertida y apoyó la mano en la tapa del basurero, de inmediato los niños retrocedieron asustados.

—¡Cuidado! —gritó alguien desde el fondo, Harry cerró los ojos cansado, estos niños le temían demasiado a lo desconocido, ¡y eran magos!

—Les prometo que no les hará nada. —insistió Harry, y antes que cualquiera reclamara, levantó la tapa del basurero. Y cuál fue su sorpresa de ver salir del interior a la mismísima Nordieth Cardinni. Se le desencajó la mandíbula un segundo mientras la pobre Robin temblaba sin atreverse a apuntar a la falsa profesora.

—¡No es real Robin! ¡Puedes hacerlo!

—¡Pero es la profesora!

—¡Hazlo! —le ordenó Harry. Ahora sabía por qué Hermione no calzaba con el

parecido de la niña, porque a grandes rasgos era tan tímida y asustadiza como Neville.

—¡No! —Robin arrojó la varita al suelo y cayó de rodillas cubriéndose la cara con ambas manos. Harry, asustado por su reacción, hizo desaparecer al Boggart con un 'Ridicullus' y lo devolvió al basurero. Pero la niña seguía llorando en el suelo.

Un grupo de amigos se arrodillaron a su lado, y más de uno quedó viendo a Harry con rabia.

—¿Robin? —le preguntó temeroso arrodillándose frente a ella. Un niño de rizos lo increpó.

—Robin no tiene suerte con Madame Cardinni. No es la mejor de la clase y siempre la humilla.

—¿Madame? —preguntó Harry aturdido.

—Es como debemos llamarla, profesor. —le explicó otra niña de ojos muy claros.

A Harry se le crispó la piel, y frunció los labios. Le tomó la carita a Robin y la miró con dureza.

—Escúcheme señorita Smith, nadie, pero nadie tiene derecho a humillarla, y mucho menos un profesor. —espetó furioso, pero sin perder en ningún momento el tono paternal— Si Nordieth Cardinni quiere a los mejores alumnos, entonces los va a tener, pero no a costa de humillaciones. Ahora Robin, te vas a levantar y vas a atacar a ese Boggart. Demuéstrale a Cardinni quién eres.

La niña se secó las lágrimas y asintió asustada. Los demás alumnos estaban en silencio, totalmente absortos, y las jovencitas veían a Harry con total reverencia.

Con la rabia aflorando por cada fibra de su ser se dirigió al basurero y levantó la tapa. De inmediato la gran figura de Nordieth Cardinni se elevó y se puso justo frente a Robin. La niña tembló y miró a Harry con inseguridad, pero éste sólo hizo un movimiento con la cabeza.

—Puedes hacerlo…—le susurró. No sabía de dónde sacaba la energía ni la confianza, pero de seguro era la sangre de un padre despechado. Enseñarles a esos niños, consolarlos, darles fuerzas, era lo que necesitaba para rellenar el vacío que tenía en el pecho.

Robin frunció la nariz de manera chistosa, se arremangó las mangas de la camisa y se acercó a la figura de Nordieth que la miraba desde arriba como si fuese poca cosa.

¡Ridicullus! —gritó apuntándola con la varita.

Al instante la profesora comenzó a transformarse hasta convertirse en una gallina. Todos explotaron en aplausos y Harry le sonrió con autentico orgullo.

Fue tal el alboroto, que de inmediato todos quisieron intentarlo. Se peleaban por el primer puesto de la fila, pero finalmente todos lo consiguieron.

No obstante, Harry se preocupó. El cuarenta por ciento de la clase le tenía temor a Nordieth Cardinni, a todos ellos se les había aparecido la profesora cada vez que abría el bote de basura. Pero por suerte, también todos ellos habían logrado vencerla.

Orgulloso como estaba de su primera clase, había olvidado el hambre que tenía, así que a penas terminó la hora se despidió de los alumnos con toda la cortesía posible antes de salir rápido del aula.

No entendía su estado de euforia, era cómo si hubiese descubierto algo nuevo. Estaba realmente feliz, vivo, algo en él se había despertado, algo que no sentía hacía muchos años. Se detuvo un momento cuando lo comprendió.

—Mis niños…—susurró con una sonrisa triste. Aquella euforia sólo la había sentido cuando Ginny le había anunciado cada embarazo y había presenciado cada nacimiento.

Agitó la cabeza para despejarse de aquellas ideas, pronto estarían todos juntos, lo sabía. Pero primero debía seguir con el plan. Y si dentro de ello cabía la posibilidad de ayudar a las víctimas de Cardinni, entonces, sí, era una competencia.

Con el pecho inflado y dándose ínfulas del profesor que era, caminó por los pasillos buscando la escalera que lo llevaba hacia las cocinas. Una chica pasó corriendo por su lado, pero ni siquiera le dieron ganas de amonestarla, estaba intrigado con recordar el camino, sabía que el castillo no había cambiado tanto como para dejar la cocina en otro lugar.

—¡Lily, espérame, no corras!

El grito venía justo de su lado, el corazón se le paralizó. ¿Cuántas 'Lilys' podían haber en el castillo? Se giró con rapidez, y justo en ese instante las aulas que estaban a su alrededor abrieron las puertas dejando salir a un sin fin de cabezas que corrían con prisa para llegar a las próximas clases. Harry se quedó de pie dejándose llevar por la multitud, tenía los ojos fijos en el mar de alumnos, pero no había rastro de ninguna cabellera pelirroja que le pareciera diferente a las demás.

Se llevó la mano al corazón, había pasado al lado de Lily y ni siquiera se había dado cuenta.

—¡John! —gritó una voz, pero él no la tomó en cuenta— ¡Ey, John!

Una mano lo tomó por el hombro y Harry parpadeó. Neville le sonreía de forma bonachona.

—Ah, hola…

—Buenos días, —le sonrió enérgico— ¿qué tal el primer día? Por tu aspecto parece que los alumnos te dieron problemas.

—¿Qué…? No, no, sólo… creí haber visto a alguien.

—¿Sí? ¿Algún conocido? —preguntó Neville levantando la cabeza para buscar entre los alumnos, Harry negó con la cabeza de manera aturdida, y luego sonrió.

—Debo estar delirando, no he comido nada desde la mañana.

—¿Nada? —se alarmó Neville— ¡Y todavía así sobreviviste a la clase!

—La verdad es que los alumnos son encantadores y muy capaces. —dijo Harry poniendo énfasis en su tono al hablar de las capacidades.

—¿De verdad? —inquirió Neville frunciendo el ceño, Harry se preocupó.

—¿Por qué pones esa cara?

Neville miró hacia todos lados antes de responder.

—Nordieth dice que el curso que te tocaba hoy eran los peores. Ella nunca se ha llevado bien con esa clase, dice que son revoltosos.

Nuevamente a Harry le hirvió la sangre.

—Son muy capaces. Creo que es un gran grupo, podré lograr muchas cosas con ellos.

—¿De verdad? —se impresionó Neville— Eso espero, ese tercero pertenece a mi casa, ya sabes…

—¿Qué es lo que sé?

—Bueno, Hufflepuff nunca ha sido bien visto en Defensas... —dijo sonrojado. Harry resopló enojado, conociendo a Neville sabía cuánto le afectaba no ser bueno en algo.

—¿Y si yo te dijera que son excelentes, me creerías?

Neville sonrió.

—Tú eres el maestro.

Harry asintió orgullosamente con la cabeza, y como nunca se preocupó por la reputación que Cardinni les daba a los alumnos que no eran sobresalientes.

—Sí, yo soy el maestro. —le dijo con firmeza— ella no es la única que sabe.

Para su sorpresa, Neville le sonrió de oreja a oreja.

—¡Al fin Merlín escuchó nuestras plegarias! —dijo con tono melodramático, Harry rió.

—Ahora, si no te molesta, este profesor necesita comer. —dijo comenzando a bajar las escaleras, Neville lo detuvo.

— ¿A dónde vas?

Harry balbuceó.

—A… buscar algo de comer. —contestó incrédulo. No podía delatarse, él no debía saber dónde estaban las cocinas. — ¿Por casualidad sabes dónde están las cocinas?

—¡Claro! En el subsuelo, lógico.

—¡Claro! Lógico….—susurró apretando los labios.

—¿Te puedo acompañar? La verdad es que un bocadillo a medio día o me haría nada de mal.

Harry le sonrió amigablemente.

—¿Claro! Así me muestras dónde están las cocinas.

Neville le devolvió la sonrisa y le colocó una mano en el hombro.

—Es curioso…

—¿Qué cosa?

—Tengo la sensación de que te he visto antes. —le dijo Neville mirándolo con curiosidad a los ojos, Harry se puso tenso y de inmediato bajó la vista a las escaleras.

—Lo dudo, en verdad…—dijo nervioso, y su estomago gruñó.

—Mejor nos apresuramos antes de que te comas a algún alumno.

Ambos rieron y Harry siguió a Neville bajando las escaleras. Por un momento creyó que sería descubierto, después de todo, su propia personalidad no la había ocultado.
Intentó disimularlo concentrándose en algo más, pero entonces recordó la voz de la chica que había llamado a Lily. Dejó de respirar por un momento, pero no se detuvo en el trayecto. Neville tampoco lo notó, estaba demasiado feliz contándole algo de su vida que él no comprendía, así que simplemente se limitaba a asentir. Lo único que en su cabeza cabía en esos momentos era la necesidad urgente de comer algo, y el nombre de su hija. ¡Merlín! Había estado al lado de ella y no la había notado.


Notas:

Nuevamente me disculpo por esta tardanza monumental. Lo peor es que los capítulos no son tan largos, pero espero poder compensar con lo que narro en cada uno.

Parece que por fin me están resultando las cosas, y el ajetreo semanal me impide estar escribiendo diariamente. Además, estoy trabajando en un proyecto personal, y tengo mi cabeza metido en ello.

Les agradezco a todos que siguen la historia, y quienes pacientemente me esperan para una nueva actualización.

Estoy haciendo lo imposible para poder mantener a Harry como el Harry de los libros, y creo que lo he conseguido.
Por otro lado responderé a una pregunta que me han hecho varios: Harry no se encontrará con Ginny aún, porque eso es parte del clímax de la historia. Harry debe recorrer un largo camino antes del reencuentro, y no será pronto. Primero debe acercarse a sus hijos, antes de verse con ella finalmente.

Muchas gracias a todos por su paciencia.

Un abrazo.

Anya.