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ORIG., "Shared Burden".


ADV: Refs. abuso infantil.


10. Carga Compartida

Pasó un tiempo antes de que la voz de Toriel pudiera abrirse camino por la palpable tensión en el aire.

"¿Rese... tear?" Repitió, más lentamente.

Él no respondió de inmediato. Su mano empezó a temblar en la de Toriel, mientras sus ojos vacíos miraban la nada. Ella solo podía imaginar la clase de pensamientos y recuerdos que lo estaban atormentando lo suficiente como para crear una expresión tan hueca en su rostro.

"sí... resetear. reiniciar, volver a empezar, enviar la línea de tiempo al punto en el que comenzó la... anomalía." Murmuró, en un tono cada vez más distante.

"borrar todo lo que sucedió, para re empezar. cada evento, cada conversación, cada amistad, cada acción, cada reacción... c-cada recuerdo... "

Con esa última palabra, su voz se arrastró de vuelta al silencio, temblando más y más. Lo miró, con la mente confundida y preocupada. Lo que decía, pasó rápidamente a convertirse en esa extraña fila de incoherencias que había notado de su parte de vez en cuando, desde que hablaron por primera vez. Palabras que tendrían poco sentido al describir la realidad que ella conocía, pero que eran verdaderamente innegables y dolorosas para hablar de la de él. Volteó un poco para mirarlo de frente, extendiendo la otra pata sobre sus manos unidas.

"Sans... lo siento. Yo... no entiendo.", dijo, suavemente, haciendo todo lo posible por transmitirle tranquilidad con su voz.

Esa pareció ser la indicación que necesitaba para girarse y enfrentarla. Y aunque esos ojos oscurecidos y esa sonrisa indiferente eran algo intimidantes, Toriel no se atrevió a apartarse. Como antes, encontrarse con su mirada hizo que se viera capaz de suavizar la sombría expresión en su cara, y a continuación, a pesar de que su voz mantenía ese mismo desapego, pudo proseguir más calmadamente.

"la anomalía... o las anomalías... tienen el poder de restablecer una línea de tiempo. pueden borrar toda la evidencia de la última instancia presente, y empezar de nuevo. sus decisiones y habilidades fueron lo que torció las líneas de tiempo en lo que vimos con la máquina. nuestro mundo no es lo que parece, tori. algo tiene que ver con la barrera, con la forma en que nos atraparon, pero lo que sea que tenga la mayor determinación... lo controla todo..."

Hizo una pausa... sudor comenzó a bajar por su cabeza. Había poco tiempo para pensar mientras continuaba; eso le recordaba a Toriel su desesperada insistencia en terminar la historia el día anterior. Claramente, había un miedo debilitante morando en su interior, que generalmente lo obligaba a guardarse bajo llave todas sus palabras. Pero ahora que una oportunidad había abierto las puertas, salían como agua por una grieta en una presa. Ese mismo miedo ahora le hacía imposible evitar que se le escaparan, sin freno, sin coherencia.

"cuando los humanos caen, luego de que traspasan la barrera, su determinación les da el control de todo. pueden manipularlo todo. si se equivocan, pueden volver e intentarlo de nuevo. pueden rehacer los mismos eventos una y otra vez hasta que todo sea cómo ellos quieran..." Prosiguió, no parando ni siquiera para tomar aire.

"todos los monstruos no somos más que peones. desde el principio, solo nos borran y nos devuelven, siempre que lo deseen. nadie recuerda ni una sola cosa, nadie está consciente de ello, nadie sabe la verdad. pero entonces mi maldito padre tuvo la maravillosa idea de inyectar a su hijo el rasgo del alma de esa niña humana. azul claro, paciencia, el poder de percibir... que, en realidad, no cambia nada, por supuesto, sino que percibe... y..."

Se detuvo al captar el mensaje en expresión de su rostro. No había duda en que quería seguir, pero el golpe de la realidad pareció resurgir en su mente por un momento. Toriel solo lo miró, impotente e incapaz de sacar algo racional y digerible entre todo lo que decía. Su magia se sentía como hielo fluyendo a través de su cuerpo, pero seguía sin entender nada.

Ahora que estaba callado, ella apretó su mano otra vez mientras se esforzaba por contestar.

"Sans, por favor, amigo. Ve más despacio. Sé que esto es difícil, pero... simplemente no puedo comprender lo que estás tratando de decirme." Imploró, fijándose en sus ojos vacíos.

De repente, él se estremeció fuertemente y apartó la vista. Se cubrió la cara con una mano, dejando escapar una carcajada.

"demonios... estoy siendo tan malditamente incoherente..."

Respiró hondo, claramente luchando contra su deseo de volver a comenzar su discurso. La magia que irradiaba su alma, llena de frustración y temor, corría por su tembloroso cuerpo en un ciclo infinito.

"perdón, tori... es muy complicado concentrarse, cuando... hay... tanto..."

Toriel sintió que su alma se encogía con creciente angustia. Incapaz de resistir sus impulsos, se acercó más. Soltó una pata para apoyarla en su hombro, ofreciéndole su cercana presencia, pero no para sofocar su voluntad de proseguir. Suavemente, trazó pequeños círculos cerca de su espalda, con la esperanza de volver a ayudar a alivianar la carga sobre su alma.

"Lo sé, así está bien, amigo". Dijo, inclinándose hasta su nivel. "Solo trata de relajarte. No me voy a ir a ninguna parte, lo prometo. No hay necesidad de apresurarse... ¿de acuerdo?"

Al principio, no estaba segura de sí siquiera había escuchado, hasta que, repentinamente, el agarre que tenía en su pata se apretó hasta el punto en que pudo haber dolido si se tratara de un monstruo un poco más fuerte. Toriel podía ver cómo se esforzaba por sostener la inmensa carga que venía con el resto de sus palabras, mientras ella misma no sabía ni qué decir. Los siguientes minutos solo se llenaron del suave ruido de su respiración temblorosa, el leve traqueteo de su frágil cuerpo temblando, y el dulce murmullo de la voz de Toriel, haciendo todo lo posible por ayudar.

Sin embargo, entre sus pensamientos, los fragmentos de lo que recién había oído, comenzaron a unirse. Aunque no entendía muy bien, el concepto completo al fin empezó a tomar forma. Y, todo lo que eso llegó a implicar... era casi demasiado abrumador para considerar.

En ese momento, simplemente se concentró en consolar a su amigo, aunque solo fuera para evitar ahogarse en las ideas de su propia mente. Pero sí se le ocurrió algo para seguir adelante con la conversación: una vez que, en su opinión, su amigo se había calmado lo suficiente, lo miró y le habló claro.

"Escucha, creo que conozco una mejor manera de manejar todo esto", dijo, presionando levemente su hombro, esperando obtener su atención.

Y a pesar de que ni se movió, ni la miró en absoluto, su respiración se aquietó de una forma que indicaba que estaba oyendo. Ella pasó suavemente la almohadilla de su pulgar sobre los huesos de sus nudillos en un silencioso gesto de agradecimiento.

"Te diré lo que creo haber entendido hasta ahora. Únicamente quiero que me digas si estoy en lo cierto o no, ¿eso te parece bien?", Preguntó.

Sans suspiró y asintió débilmente, y, aun sin quitarse la mano del rostro, ella pudo ver la forma en que cerraba los ojos con fuerza. Era el visto bueno que necesitaba, pero aún requería de un poco tiempo para comenzar. Solo pensar en lo que estaba a punto de pedirle que aclarara era tan increíblemente impensable. Pero se obligó a proseguir, incluso cuando su alma se encogía por el temor y las ansias.

"Entonces... estas "líneas de tiempo"... nuestro mundo... todo y todos, pueden... ¿resetearse? Volver a un punto fijo antes establecido, y... ¿borrar todo lo que había sucedido antes?"

El esqueleto respondió con un solo asentimiento. Fue un milagro para ella lograr no sucumbir al pánico de inmediato.

"Y..." Hizo una pausa, luchando por no mostrarse vacilante ni bajo el peso de sus palabras. "¿Son los... humanos q-quienes pueden hacer esto... o... han hecho esto?

"específicamente, quien sea que t-tenga la mayor determinación... y quien esté... o soliera estar... debajo de la barrera... mayormente humanos... pero n-no siempre..." Respondió él, tras asentir por segunda vez y encogerse aún más.

Toriel sentía cómo si las puntas de sus dedos se hubieran congelado. Su mente parecía estarse tambaleando por un terreno peligroso, pero incluso así, seguía decidida en continuar.

"Y-y tú... el rasgo de p-paciencia que fue inyectado en tu alma... ¿Permitió que percibieras que t-todo esto estaba sucediendo?"

Súbitamente, con un violento escalofrío que trajo consigo otra ola de temblores, curvó los dedos contra su cráneo como intentando arañarse, creando un ruido rechinante e insoportable. Toriel se apresuró a tratar de detenerlo, pero antes de que pudiera siquiera acercarse para tomarle los brazos, su autocontrol se rompió cual vidrio. La luz de su ojo izquierdo cobró vida con un veloz destello, mientras se levantaba y apartaba la mano tan rápidamente que Toriel solo pudo ver cada movimiento como un borrón. No le quedó tiempo para prepararse a que sus palabras retenidas regresaran a buscar venganza.

"¡mis recuerdos no se reinician, tori!" Gritó, parándose frente a ella. "¡me acuerdo de todo! ¡de cada detalle! ¡todos se olvidan, todos los demás son borrados y enviados de vuelta sin ningún recuerdo de nada! ¡pero yo no!"

Toriel solo podía mirar con los ojos cada vez más abiertos, casi hipnotizada por su visión destellante, mientras lo oía decir lo que la golpearía como un tren de carga. Pero no había tiempo para comprender, no había tiempo para procesar. Él no se detendría. Tal vez ni siquiera podía parar. Alguna parte profunda de su alma, seguramente la que había presenciado la depravación de la guerra y la horripilante muerte de sus hijos, le dio la fortaleza mental para mantener un mínimo de calma. Así, permaneció en silencio durante el resto de su furioso arrebato, permitiéndole finalmente deshacerse del peor de sus tormentos, sin interrupción.

"¡no puedo olvidar, guardo los recuerdos de cada línea de tiempo! cada. una. en las que muero, en las que mueren los demás, en las que por fin todo parece estar bien, hasta que de pronto se va sin una maldita advertencia. cada poco de progreso que haga en mi vida, cada relación que intente mejorar, cualquier esfuerzo que ponga en cualquier cosa, ¡todo es inútil! ¡todo se borra y queda como si nunca hubiera pasado!"

Se paseó sobre la cama, todavía sin dejar de intentar rasgarse la cara con las dos manos. El espeluznante resplandor alternante de su ojo siguió filtrándose a través de sus dedos como espirales de llamas etéreas.

"tengo que actuar normal por mi hermano, pero ya no puedo. tengo que fingir que no recuerdo nada, pero ya no puedo. sigo cayendo en lo mismo, todo es tan confuso. la única forma en la que puedo sobrellevarlo es apagándome y actuando como si nadie ni nada me importara, pero ya. no. puedo. no puedo más. no hay nada que hacer. el chico puede quitarnos todo cuando quiera. pero yo seré el único que se acuerde de todo, de todo lo que hemos hecho aquí. no creo que vuelva a querer repetir de nuevo. prometió que no resetearía, pero no puedo creerle, n-no puedo. estamos aquí hace un año y me estoy acostumbrando demasiado a... esto, ¡las cosas son demasiado buenas para que duren! ¡nunca duran tanto!"

Cada suspiro salió frió y tembloroso cuando tuvo que arrancarse las manos de la cara una vez empezaron a consumirse en fuego cian. Maldijo en voz baja y apartó la vista. Sus dedos se crispaban, estallando con el poder necesario para canalizar su ira reprimida en un ataque que nunca llegó. Solo continuó con su discurso, dando voz a las palabras que habían estado ardiendo dentro de él durante tanto tiempo que seguro que solo alguien inmortal cómo ella podría comprenderlo. Pero lo que dijo luego, le era imposible de captar. No era más que una repetición desesperada y frenética de lo que ya había dicho. Ella siguió observándolo en silencio, oyendo y absorbiendo las implicaciones absolutamente devastadoras e inconcebibles.

Sabía que todavía había cosas que se estaba callando, pero en este punto, no estaba segura de cuánta más información ella misma podría tomar de su parte. Los puntos se conectaban, las piezas encajaban, y todo se convertía en un caos ruidoso en su mente, uno que silenciaba todo lo demás, mientras sentía cómo el mundo entero amenazaba con ceder y aplastarla. Sin embargo, de alguna manera, esa extraña resistencia llamando desde sus entrañas la mantuvo fuerte, y eso le permitió, al menos, lucir tranquila ante el peso de la situación.

Solo entonces, él se volvió hacia ella de nuevo, perforándola con esa ferviente mirada que finalmente rompió con su diatriba cíclica.

"t-tú... ni siquiera m-me crees, ¿c-cierto?" Dijo, con la voz ronca, con una fuerte emoción cómo rabia, o tristeza. "¿y q-quién podría culparte? n-ni siquiera sé s-si esto es real, todo es tan..."

"Sans.", interrumpió ella.

De pronto, se congeló. Una parte de él pareció despertar al oír su voz, pero solo lo suficiente para callarlo. La magia alrededor de sus manos y su ojo seguía intensamente encendida mientras la miraba con el ceño fruncido.

"Sí... si te creo..." Murmuró, sin siquiera pensarlo.

" s..." Contestó, con esa oscura voz reverberante que había usado la última vez que había sucumbido a la ira.

Pero Toriel no retrocedió. Si era por su propia fortaleza, o por el horrible sentimiento que le habían dejado las cosas que recién había oído, no lo sabía. No importaba.

"No estoy mintiendo, amigo mío..." Ella respondió, mirando fijamente el azul y el amarillo cómo su único medio para mirarla. "A-algo en mí desearía poder negar tus afirmaciones... d-de hecho, todo esto está... más allá de mi comprensión, de incontables maneras... p-pero ..."

Un temblor recorrió su cuerpo a través de la espantosa neblina que atormentaba su cabeza. Se cubrió la boca con las patas. Todo frente a ella empezó a difuminarse cuando las lágrimas le picaron los ojos. El esqueleto volvió a quedarse en silencio, solo visible como una mancha de colores danzantes a frente su velo de agua.

"Sans... cuando los n-niños humanos... cuando los encontraba luego de que cayeran... siempre s-sentía como si... los conociera de antes... como si estuviera viendo a un viejo amigo. Pensé que era solo porque me recordaban a mi Chara... pero... de alguna forma, incluso, s-sabía qué sabores preferirían... y, ellos... me hablaban c-como si ya supieran lo iba a d-decir... Yo..."

Toriel contuvo un sollozo que brotaba en su garganta, negándose a ceder a un torrente de emociones ya en su pésimo estado. Seguro que, si tal cosa sucediera, todo acabaría mal. Además, al menos uno de ellos tenía que mantenerse fuerte ahora. No había opción.

"S-Sans, es por eso, ¿no es así? Los h-humanos, ya habían pasado p-por todo eso, y-ya lo habían visto, y yo ya había..." La pregunta salió ardiendo de su boca; ya sabía la respuesta, de todos modos. Pero ni siquiera pudo terminarla.

Su inagotable silencio la golpeó profundamente, pero a través del borrón de lágrimas, pudo ver que su ardiente derroche de magia se estaba desvaneciendo. Tras parpadear un par de veces, logró aclararse la vista lo suficiente para volver a percibir la expresión de su amigo. La ira en su rostro se había ido, desterrada al vacío al ver la creciente comprensión y tristeza en el de ella. En cambio, volvió ese profundo agotamiento, que una vez más lo dejó con esa mirada familiar de culpa y desesperanza. En ese momento, Toriel habría preferido seguirlo viendo enojado, en vez de como si se hubiera quedado sin fuerzas en el alma.

"t-tori... yo... oh por dios... n-no..." De pronto, sus piernas se rindieron.

Como antes, los instintos de Toriel pasaron más allá de las gruesas capas de shock que la habían dejado prácticamente congelada. Estirando los brazos hacia adelante velozmente, lo agarró firmemente y lo acercó un poco. Mientras lo sostenía, sus miradas se reencontraron para poner fin a los oscuros pensamientos en sus mentes y traerlos de vuelta al tiempo presente.

Se podía ver y sentir que había una terrible lucha de emociones en su interior. Una parte de él quería lanzarse a una ola de disculpas tan vivas como su reciente arrebato. Sin embargo, otra parte, mostraba un minúsculo destello de esperanza, una diminuta chispa de alivio por el hecho de que alguien le hubiera creído y finalmente entendiera una fracción de lo que había estado soportando solo durante tanto tiempo. Pero ninguno de los dos bandos iba ganando lo suficiente como para obligarlo a proseguir, y esa impotencia que restaba de ambos solo lograba llevar lágrimas a sus ojos. Toriel se sorprendió de que, incluso ahora, estaba dando todo de sí para no dejarlas caer.

"lo s-siento mucho... lo siento tanto..." murmuró, indicando claramente qué lado había salido victorioso al final. "dios m-mío..." Se cubrió la cara de nuevo, temblando tan violentamente que Toriel tuvo que sostenerlo incluso más fuerte para mantenerlo derecho.

Su falta de respuesta a lo que había preguntado antes la dejaba sin cuidado. Aunque habían, en ese momento, un sinfín de cosas que quería decir, su boca no era capaz de pronunciar más palabras. Todo lo que había creído sobre su mundo, su mera existencia, ahora era tan... cuestionable. Luchó por no dejar que su conocimiento sobre esta nueva y aterradora realidad no le impidiera estar allí para su amigo. Si la forma en que ella se sentía tras saber una pizca de la verdad era un indicio, no estaba segura de jamás poder comprender el alcance del tormento que él cargaba.

Todo lo que podía hacer en ese instante era consolarlo y esforzarse por mantener la compostura. El aire se llenó con el sonido de su voz rota murmurando disculpas frenéticas, a lo que ella contestó con un cálido y fuerte abrazo. Porque más allá del terror existencial y la reavivada pena que se apoderó de ella, no hubo lugar para ningún rastro de odio o disgusto, sino solo una inmensa simpatía en su nombre.

"n-no debí haberte... lanzado en eso así...", gruñó, después de lograr recuperar algo de coherencia al hablar.

"m-maldita sea... no puedo creer q-que haya... t-tori, por favor, di algo... por favor... dime que t-todavía estás..." Se calló luego de susurrar una maldición. Ella sintió, de repente, puntos mojados formándose donde él apoyaba su rostro contra el pelaje de su hombro.

Sus súplicas llegaron cómo puñaladas a su alma, suficientes como para que intentara volver a hablar. Con algo de esfuerzo, lo logró. Pero, su voz salió áspera y ronca al principio. Se aclaró la garganta, esta vez con un poco más de éxito.

"Yo... estoy bi-" Se detuvo. Ahora podía hablar bien, pero las palabras que casi pronuncia no eran más que mentiras. No había nada "bien" con esa situación, y los dos lo sabían. ¿Qué podría decir entonces? ¿Qué podría decir, nadie...?

"Entiendo..." Contestó, cuando su mente dejó de darle opciones.

Sin embargo, Sans pareció aceptar esa respuesta, ya que, entre todo lo demás, pudo sentir un poco de alivio en su aura. Aun así, más lágrimas escaparon de sus intentos de retenerlas. Todas desaparecieron silenciosamente en la tela de su camisón.

"en serio lo siento, t-tori..." Repitió, como tantas veces lo había hecho. "no q-quería ponerme así... n-no se suponía que eso pasara".

Una vez más, se había quedado sin palabras, pero tenía que decir algo. La conversación tenía que continuar, o de lo contrario la sorpresa y el horror volverían a revolverle el corazón.

"N-no es tu culpa..." Logró, entre suspiros temblorosos. "No hay duda en que, esto te ha estado... torturando, amigo... durante demasiado tiempo... y... yo... puedo ver el por qué..."

Su visión se sacudió sin previa advertencia, pero se estabilizó aferrándose al abrazo con un poco más de fuerza. Sans hizo lo mismo al notarlo. Era casi cómico pensar en él sosteniéndola si se desmayaba, porque seguro que acabaría aplastándolo. Si existiera algún espacio para hacer humor, tal vez hubiera aprovechado la oportunidad.

"o-oye, tranquila...", dijo él. "sé que es... mucho para asimilar y en serio lo hice m-mucho peor... pero... respira, ¿b-bueno? quédate conmigo..."

Se sentía demasiado mal para ver la ironía en que él intentara usar sus propias palabras para ayudarla a regresar a la realidad. Al final solo podía escuchar, y... respirar. Adentro por la nariz y fuera por la boca. Despacio. Todo bajo control. Eso estaba más allá de los límites de su imaginación, y seguramente de los de su cordura, pero... lo tenía bajo control. Era su deber tener todo bajo control. Su deber. Ese simple sentimiento mantuvo su consciencia viva hasta que logró volver a concentrarse.

Después de relajarse por un segundo, pudo ver lo mucho que había estado apoyándose en Sans. Él también se retiró lentamente, sin dejar de observarla con cuidado. Sus miradas volvieron a juntarse, entonces, solo para que Toriel descubriera que las blancas luces de sus ojos estaban de vuelta, aunque pálidas y vacilantes. Sin embargo, ver que había lágrimas aun brotando de ellos, mató cualquier alivio sincero que pudiera sentir por tal cosa. Exhalando por última vez, se preparó para hablar una vez más.

"Disculpa... yo... ya debería estar bien..." murmuró.

Sans parecía querer responder, pero ahora era él quien estaba atrapado en el silencio. Sólo asintió una vez, y se limpió la cara para parar otra ola de lágrimas. Fue sorprendente lo rápido que hizo que se detuvieran, hasta estando tan frágil mentalmente. Pero, Toriel no podía darle mucha atención a eso ahora. Las preguntas que había ocultado desde el principio salieron nuevamente a la luz. Ardieron en la punta de su lengua hasta que no pudo seguir reteniéndolas.

"Sans... ¿puedo hacerte unas preguntas más?", Dijo, con la voz más amable posible.

Él mantuvo la cabeza baja, pero asintió sin pensarlo dos veces; antes de que sus emociones se abrieran más paso hacia su alma temblorosa, le ofreció la mano como tantas veces antes. Agradecido, aceptó el gesto y lo devolvió con un firme apretón, guerreando internamente contra otra súbita oleada de sentimiento. Ella, por su parte, comenzó a acariciarle la mano igual que siempre, de esa forma familiar y rítmica, analizando sus pensamientos inquietos para elegir algo en lo que centrarse.

¿Dónde empezar siquiera?

"A ver... yo..." Dijo, luego de un rato. "He vivido estas... "líneas de tiempo"... ¿y he olvidado todo acerca de ellas?"

Esa pregunta era tan lamentable. Era como si fuera una niña repitiendo algo que le acababan de decir. Pero sentía que necesitaba escucharlo de nuevo, si de verdad quería llegar a aceptarlo. Sin embargo, Sans no se mostró exasperado, sino que asintió una vez más mientras recogía las fuerzas para responder. Sin más, bajó la mano de su rostro para que cayera sobre su regazo.

"seh..." Respondió débilmente. "s-siempre que una de las anomalías hace un reset, t-tú y todos los demás monstruos p-pierden sus recuerdos... aunque parece que guardan lo suficiente p-para obtener esa sensación de la que m-me hablaste. no he podido averiguar cómo o por qué sucede eso..."

Ella tragó saliva, dejando que sus palabras la dirigieran a la respuesta. Aceptar la verdad seguramente tomaría algún tiempo, pero ahora, su alma no rechazó la nueva carga asentada sobre su alama con negación. Sus garras se curvaron en su rodilla. Lo que dijo a continuación salió casi inconscientemente.

"Pero tú no los pierdes..." Ella continuó en su lugar, con voz grave. "Tú... conservas tus recuerdos... todos ellos".

Sans se puso rígido, pero pudo dar otro pequeño asentimiento.

Eso era. Eso era lo que había estado causando esa aflicción suya, tan cuidadosamente oculta durante todo ese tiempo. Lo que lo hundía en las pesadillas cada vez que se ponía el sol, la razón de su obvia depresión, la fuente principal de sus luchas internas, que por mucho había querido descubrir. Algo que nunca, ni en sus sueños más locos, podría haber imaginado.

Quería inundarlo en sus intentos de consuelo, de cualquier cosa, de todo lo que pudiera ofrecer. ¿Pero qué bien haría eso, frente a algo más allá del entendimiento de cualquiera? No había nada que pudiera decir o hacer para mejorar la situación. Si lo que había dicho era verdad... y ya que había jurado creer que lo era, se sentía igual de impotente que él. Ese angustioso hecho, además de su insistencia en mencionarlo, había causado que su amigo volviera a ponerse tenso, por lo que decidió dejar el tema. Una vez que ambos estuviera en un mejor estado, buscaría alguna forma de abordarlo.

Por ahora, y solo por capricho, Toriel se inclinó hacia adelante y presionó su frente contra la de él. Debido a lo mucho que su mundo parecía deshacerse a su alrededor, sus reservas al demostrar afecto casi habían pasado desapercibidas. Ella levantó una mano para ponerla en su mejilla. Debía admitir que su alma hizo la mayor parte, mientras reflejaba la compasión y tristeza que sentía por él. Pero, sus palabras tranquilizadoras, casi tan suaves como un susurro, tampoco fueron de más.

"Lo siento mucho, mi amigo... por favor... recuerda: ya no estás solo en esto. Gracias por contarme, por confiar en mí. No puedo imaginar lo duro que ha sido para ti".

Todo eso hizo que el esqueleto volviera a temblar, y que su constante represión de lágrimas acabara arruinada. Pero su alma contestó a la de ella, y eso le trajo una inmensa y poderosa sensación de alivio. Algo se había calmado en su interior, y aunque pequeño y muy vacilante, ese algo parecía ser capaz de llevarles una pizca de esperanza a los dos. Todavía había mucho más de lo que hablar, pero la magnitud de los pasos que ya habían dado no eran dignos de ser ignorados.

Se quedaron así un rato más, solo con el consuelo de la presencia del otro. Él recostó la cabeza en su pata, permitiendo que sus ojos cayeran casi completamente cerrados. Ella, con ternura, usó su pulgar para borrar la nueva ola de lágrimas rodando por su rostro hasta que volvió a cesar.

Sin duda, le tomó más tiempo que antes recuperar el control de sus emociones, e incluso más dejar temblar. Sin embargo, al paso del tiempo, ambos hallaron un poco de paz al notar que habían superado uno de sus mayores obstáculos. Y entonces, volvieron a mirarse.

"gracias, t-tori..." Dijo, agarrando su mano un poco más fuerte. Ella lo entendió como un agradecimiento por todo, en el lugar de todas las palabras que deseaba, pero no podía decir.

"De... de nada, amigo mío", respondió, tensa al recordar de nuevo lo que acababa de escuchar.

Antes de proseguir, Sans suavizó la expresión en su rostro.

"sé... sé que todavía tienes preguntas", dijo, con voz ronca. "dios, ya m-me imagino, j-je... así que, d-dale, parece que todo funciona mejor así..."

Toriel se mordió el labio con sus colmillos, observando su forma agotada y miserable con recelo.

"¿Estás seguro? Ya te has puesto bastante mal mientras me decías esto... ¿No prefieres descansar un rato?"

Un áspero resoplido de risa y otro apretón en la pata fue su respuesta.

"estaré bien, al menos por un ratito m-más. sería terrible de mi parte darte una c-crisis existencial, esperar que me c-creas, y luego ni siquiera explicar el resto..." Dijo, con una débil sonrisa abriéndose paso por su cara.

La duda aún la retenía, pero las preguntas que golpeaban su subconsciente finalmente la llevaron a rendirse.

"Muy bien, pero, que sepas que eres libre de detenerme en cualquier momento.", respondió.

Ella golpeó las garras de una de sus manos contra su rodilla, pensando y pensando. No le tomó mucho tiempo decidir qué preguntar primero, cuando sus pensamientos regresaron a sus primeros encuentros. Los días en que ambos no eran más que una voz tras una puerta.

"Sans... como has estado viviendo a través de estos... estos "resets"... ¿quiere decir que, la primera vez que hablamos en la puerta de las Ruinas, no fue en realidad... la primera?" Preguntó ella, con los ojos repentinamente vidriosos.

Sin apartar la mirada, Sans solo inclinó levemente le cabeza, y su pobre excusa para una sonrisa cayó destruida.

"seh... en realidad, f-fue la quinta vez, si la maldita memoria me s-sirve..."

Toriel sintió que su alma se encogía mientras un horrible escalofrío recorría su espalda. ¿La quinta? ¿Cinco veces? Ese día que lo escuchó tocar la puerta por primera vez, ese día que recordaba con tanto aprecio, ¿había pasado cinco veces?

"P-pero, ¿c-cómo ...?" Tartamudeó, antes de recuperar un poco de compostura. "¿Cómo es que actuaste tan convincentemente? Jamás habría sospechado que solías conocerme... Parecías tan genuino con todo lo que hacías. Tus chistes, tus preguntas, tus historias... Nunca me hicieron pensar que..."

je... ese me lo contaste la vez pasada

De pronto, ese extraño comentario suyo que la había perseguido durante tanto tiempo, finalmente tenía perfecto sentido. Le había contado la broma a la que se refería en otra "línea de tiempo" que no podía recordar... pero que él sí. Su mente se tambaleó por su instintivo estado de negación ante lo que oía, pero estaba segura de que era la verdad. No había otra explicación. Ella lo miró con los ojos muy abiertos y se tapó la boca con una pata. Pero su sorpresa se derritió rápidamente para convertirse en una renovada tristeza por su amigo.

"supongo que estás recordando una d-de las veces que m-me equivoqué en ese tiempo, ¿eh?" Preguntó, bajando la vista.

"perdona si te desanima saberlo, p-pero... pero solo estaba, cómo... repitiendo lo que ya había dicho en otras líneas de tiempo, diciendo cosas que sabía que ayudarían a reconstruir n-nuestra amistad siempre. aunque claro, siempre encontrabas alguna manera de sorprenderme... jeje".

Se detuvo un momento. En las luces de los ojos apareció una leve chispa de cariño cuando se volvió hacia ella de nuevo.

"en el p-punto en el que estaba cuando te conocí, había dejado de buscar n-nuevas amistades... ¿cuál era el punto si iban a olvidarse de mí en el siguiente reset, sabes? solo me esforzaba por mi hermano, y algunas veces, p-por los que me conocían por el tiempo suficiente como para no ser afectados por eso... pero incluso eso era m-muy raro".

Un ligero color cián se posó sobre sus pómulos.

"pero... la primera vez que t-te conocí por casualidad... descubrí que simplemente no podía seguir con eso. por más que d-doliera tener que volver a comenzar a hablarte, continué regresando. es q-que... no sé... era tan genial... pasar el tiempo contigo me distraía completamente, y eso al final me hizo dar cuenta de que realmente me importabas... de una forma en la que no me había importado nadie además de mi hermano en mucho, m-mucho tiempo. no podía soportar la idea de perder tu amistad. y, hacerme sentir eso, créeme que no es nada fácil. así que, me obligué a... hacer lo mismo, s-siempre. incluso si, en verdad, cada vez era más complicado."

Con ojos nuevamente oscurecidos, bajó la mirada a su regazo. Un toque de vergüenza entró en su voz.

"el último f-fue... muy difícil para mí... estuve a punto de rendirme... estaba tan cansado, y la idea de tener que repetir todo otra vez ya no me entraba en la cabeza. p-pero gracias al cielo, lo hice... porque no pasó mucho tiempo antes de que, eh... una nueva anomalía reemplazara a la antigua, y el punto de reinicio s-se moviera hasta el momento en que esta cayó. eso significó que, la parte en que nos conocíamos, y t-todo lo demás antes de eso, estaba escrito en piedra, y ya no podría ser borrado. sólo que, más r-resets vinieron de la nueva anomalía, por supuesto, pero, nunca tuve que comenzar desde el principio contigo..."

Luego de terminar, su voz se fue apagando, dejando atrás el rastro de una tímida sonrisa, mientras se obligaba a mirarla a los ojos.

"lo siento... m-me fui un poco por la tangente. ¿entendiste lo que quería decir?" preguntó.

Toriel parpadeó un par de veces; su cerebro no paraba de intentar procesar toda esa información. Le sorprendió sentir que, incluso en una situación como esa, un poco de calidez fue capaz de llenar al interior de su alma. Sus palabras habían sido desgarradoras, pero oír de su boca lo valioso que era su vínculo con ella, y que, a pesar de todo, estaría dispuesto a repetir su primera reunión tantas veces fuera necesario solo para mantener su amistad intacta... Era fue suficiente para traer lágrimas a sus ojos, pero, que sus emociones se salieran de control, era lo último que quería. Ahora no, pensó para sí. Y aunque, esa última parte de su declaración llevaba consigo implicaciones escalofriantes que tal vez eran dignas de abordar, quizás, un toque egoístamente, prefirió centrarse en la parte que le había devuelto cierta calma a su corazón.

"S-sí... lo entendí, amigo mío", dijo, deteniéndose a limpiar sus ojos con una manga. "Me pone... muy contenta, saber que decidiste llamar a mi puerta en tantas ocasiones. Estoy conmovida, de verdad."

La pequeña sonrisa en el rostro de Sans se ensanchó muy ligeramente, mientras sus ojos volvían a cerrarse.

"seh... me alegro de haberlo hecho también..."

El cálido sentimiento que les inspiró el repentino giro en su conversación duró muy poco, pero fue ampliamente apreciado por los dos. Sin embargo, como ya se lo esperaba, el velo opresivo de su nueva percepción alterada de la realidad no tardó en envolverla otra vez, y no estaba segura de poder escapar de él en un futuro cercano.

Pasaron unos minutos antes de que otra pregunta surgiera de su garganta; una que enfriaba su alma de pena.

"Sans, si... si los humanos podían... "resetear"... ¿por qué no escaparon del subsuelo...? ¿Por qué todos... murieron? Dijiste que podían volver a voluntad, ¿cierto? Podían, rehacer las c-cosas si lo necesitaban... Si ese es e-el caso, entonces... ¿por qué?"

A pesar de no poder evitar que su voz temblara una vez más, cuidó que nada peor se le escapara. Sans la miró brevemente, con simpatía presente en las pálidas luces de sus ojos.

"no... no sé...", respondió, en voz baja. "nunca conocí una anomalía que muriera definitivamente, como esas. podría adivinar, tal vez, pero... es probable que solo... ¿se dieran por vencidos en algún momento? tal vez intentaron e intentaron pero nunca lograron encontrar una salida que les funcionara, tal vez no podían resetear luego de morir o... no sabían cómo. lo siento mucho, tori... no tengo una buena respuesta."

El alma de Toriel se sentía como si estuviera siendo aplastada, y el simple recuerdo de los tiempos pasados le hizo imposible contener un par de lágrimas que de inmediato cayeron por el pelaje de sus mejillas. Pero, apartando el dolor que le causó su respuesta, el shock se abrió camino de vuelta hacia su mente.

"Los h-humanos- o... um... las anomalías, c-como las llamas, ¿podían revivir con ese poder?" Murmuró, con los ojos bien abiertos.

Sans se quedó helado.

"maldición... eh... supongo que no mencioné eso ¿cierto?" Dijo, con un suspiro, rascándose la cabeza. "como habrás visto, no puedo para de cagarla en todo esto..."

Como ella no comentó nada al respecto, él simplemente respondió a su pregunta con otro lento asentimiento.

"si, si pueden. o al menos, los dos con los que traté directamente sí... definitivamente podían hacerlo... y lo hicieron... muchas veces."

Las luces de sus ojos se pusieron borrosas en los bordes, seguramente cómo señal de que estaba perdiéndose en sus recuerdos. Se agitaban rápidamente con lo que parecía miedo, algo que también era posible sentir en su aura.

"pero, las situaciones de ambos eran algo inusuales... tomando en cuenta lo que flowey es, y frisk, pues-"

Sans se detuvo bruscamente, tapándose la boca con una mano. Sus ojos se redujeron a diminutos puntitos a penas supo que se le habían salido esos dos nombres. Rápidamente se apartó de Toriel, empezando a sudar profusamente. La habitación entera se puso fría.

Toriel no podía hablar por todo el peso de la situación que, sin piedad, se había puesto sobre ella. Sin embargo, en el fondo, ya lo sabía. Lo había averiguado. Las pistas estaban por todos lados. Solo se lo estaba negando a sí misma, pues no quería ni pensar en que tal cosa fuera una posibilidad. Pero ahora le fue imposible pasar por alto la gravedad de la cruda realidad. Los que habían atormentado tan terriblemente a su amigo con sus acciones, los que lo habían marcado tan profundo, eran los dos niños que tanto quería. Su amado hijo humano Frisk y el misterioso monstruo flor, Flowey.

Su mente aún daba vueltas, buscando cualquier forma de asegurar que sus afirmaciones eran falsas, esperando contra todo pronóstico que, de alguna manera, estuviera equivocado, o que lo hubiera malentendido. Pero su expresión lo decía todo, y cualquier duda persistente a la que pudiera aferrarse se marchitó y murió frente a sus ojos. Se sentía como si su alma verdaderamente estuviera a punto de romperse.

Solo pudo quedarse ahí sentada, congelada, mientras más lágrimas ardientes se formaban y bajaban libremente por su rostro. Detrás del borrón de colores de su visión, su mente evocó la imagen de Frisk, sonriéndole dulcemente. Su niño, alguien tan amable, tan considerado, tan lleno de empatía y compasión. ¿Cómo podría ser responsable de reiniciar su mundo una y otra vez? ¿Cómo podría ser capaz de eliminar los recuerdos de todos, y de poner a Sans a soportar algo tan traumatizante? Y peor... él mismo había mencionado, con esas palabras exactas, las líneas de tiempo en las que había muerto, en las que los demás habían muerto. Y eso significaba que, era casi seguro que Flowey, e incluso Frisk, habían... habían...

"t-tori... tori, escúchame..." La voz distante de Sans llegó a sus oídos.

Fue solo allí, cuando, aún inmóvil y conmocionada, sintió las manos de su amigo acunando sus mejillas, suavemente levantando su rostro para que lo mirara a los ojos.

"toriel..."

Toriel pestañeó unas cuantas veces, gratamente sorprendida. En todo el tiempo que se conocían, nunca la había llamado por su nombre completo. Para él, siempre fue "tori", ese apodo que tanto amaba. Pero había algo detrás del hecho de que la llamara así... algo lo suficientemente impactante para sacarla de la guerra silenciosa que ocurría su cabeza.

"escucha, f-frisk no es un mal chico." Insistió, "hizo algunas cosas malas, y otras muy, muy malas. pero solo es un n-niño, tori, ningún niño debería recibir nunca el tipo de poder que tiene. no podemos esperar que siempre tome las decisiones correctas o algo así, no importa lo dulce que sea. ese tipo de poder corrompe a cualquiera, debe hacerte sentir que nada de lo que hagas t-tendrá consecuencias reales, y ese desapego mezclado con la curiosidad es como un veneno. además de eso..."

Se detuvo brevemente; Toriel pudo sentir cómo su miedo volvía a dispararse.

"hay algo en la cabeza del chico, t-tori... algo que le habla... yo... yo... no puedo explicarlo, pero no está... solo... creo que es por eso que le fue más fácil sobrevivir en el subsuelo que a los demás..."

Su agarre se hizo un poco más fuerte mientras negaba con la cabeza, claramente intentando reenfocarse.

"en f-fin, el punto es que, en realidad, frisk es un niño bueno. se arrepiente de todo lo malo que hizo, me lo ha dicho un millón de veces, incluso, llorando, prometiendo que nunca volvería a r-resetear. esas cosas. y en serio nos q-quiere, supo cuál era la mejor manera de liberarnos a todos. conocía el camino hacia el mejor resultado. y hasta las cosas malas que hizo tuvieron algún tipo de justificación. solo quería ver todo lo que había que saber sobre nuestro mundo... para ayudar a esa... esa flor..."

Volvió a detenerse para, en un sentido metafórico, "recuperar el aliento". Su pecho se alzó mientras observaba sus ojos, en búsqueda de una reacción. Ella solo pudo seguir mirándolo, intentando hacer que la nueva información encajara entre todo el resto.

"Flo... wey?" Se oyó decir a sí misma, a pesar de no tener la intención de decirlo en voz alta.

El esqueleto asintió, visiblemente aliviado al escuchar su voz otra vez. Aunque la mención de ese nombre le trajo otro pulso de temor, se esforzó por continuar rápidamente. Dejó que el agarre de sus manos se soltara levemente.

"seh... esa flor... e-es... e-e-es..."

En sus ojos, de pronto, apareció una extraña mezcla de miedo, culpa e incluso ... ¿lástima? ¿empatía? Si fuera posible que un esqueleto se pusiera pálido, ciertamente ya lo habría hecho. Eventualmente, sin embargo, soltó todo el aire que estaba conteniendo en forma de un largo suspiro, y sacudió la cabeza de lado a lado.

"n-no... no es decisión mía contártelo... lo siento... es muy difícil comprender a ese niño... o, llevarse bien con él... p-pero hay una razón por la que frisk le ve algo bueno. y por mucho que tenga mis... serios p-problemas con él... también tiene derecho a tener sus secretos... eso es todo lo que puedo decirte. perdóname."

Con eso, le dirigió una larga y terriblemente triste mirada antes de avanzar, y envolver sus brazos alrededor de ella en un fuerte abrazo. Aunque le tomó bastante tiempo, finalmente, y casi de forma robótica, ella se lo devolvió. Él, seguro inconscientemente, pasó los dedos por el suave pelaje en la parte trasera de su cuello mientras seguía hablando.

"perdón por sonar como un t-tremendo hipócrita..." Murmuró él, débilmente. "pero... no te des por vencida con ellos por eso, ¿de acuerdo?"

Sus palabras la sacaron de su estado de shock un tanto más; su desordenada mente se calmó por el momento, y la voz de su amigo ahora se convirtió en el único sonido que le importaba.

"el amor que les has mostrado ha hecho una g-gran diferencia, más de lo que te imaginas especialmente c-con frisk. tú fuiste la única que estuvo dispuesta a ir en contra el rey y mostrarle amabilidad al chico desde el momento en que c-cayó. nadie más fue tan valiente como para hacer algo así. y si no fuera por t-ti, yo tampoco le habría dado una oportunidad... "

Dentro de Toriel, volvió a encenderse una pequeña chispa de cariño sincero. Escuchar esos cumplidos de su parte, sin duda le fue de ayuda al recuperar la compostura. Estaba vagamente consciente del hecho de que ya había dejado de producir montones de lágrimas. Sin embargo, toda su atención permaneció con él una vez se apresuró a seguir hablando.

"a pesar de todo, el chico llevó consigo todo el afecto que les diste, nunca lo olvidó. fue una gran parte de la razón por la que eligió liberar a todos al final, porque había ganado amor, y empezando, gracias a ti. le decía, siempre que lo veía... cuídate, chico... porque hay alguien a quien en serio le importas".

Dijo la última parte con un toque de aprecio, uno que se apagó rápidamente cuando lo golpeó la verdadera naturaleza de la conversación. El alivio rápidamente reemplazó al temor que teñía su magia cuando Toriel lo abrazó con más fuerza luego de que otro escalofrío inesperado recorriera su cuerpo.

"solo... no dejes que eso lo destruya todo," dijo al fin, con una voz frágil. "sé que no lo harás, p-pero siento que debo decírtelo... eres la mejor madre que podrían tener esos niños, r-recuérdalo, ¿sí?"

Por ese ruego, sintió que el corazón se le subía a la garganta. Ya había dicho algo parecido antes, pero esta vez, el impacto fue mucho más fuerte. Sin embargo, la gratitud que sentía por su comentario era exactamente la misma.

"Yo... nunca me alejaría de ellos... Lo prometo..." dijo ella, cargada de, como por coincidencia, una débil chispa de determinación. "Y... g-gracias... Sans... yo... solo... gracias..."

El simple hecho de decirlo le daba más ganas de llorar. Pero de alguna forma, mantuvo la claridad mental suficiente para volver a ahogar sus emociones.

"de n-nada, t..." susurró él, entonces.

Y se quedaron envueltos en ese abrazo por un rato más, en silencio, mientras la mente de Toriel analizaba lo que había escuchado. Todo había caído en su sitio, aceptado como la verdad absoluta, pero enfocarse en cualquiera de esos elementos era demasiado para su mente completamente agotada.

Una parte de ella deseaba dormirse, sin más, pero la perturbación y el terror persistentes que arañaban los límites de su imaginación, sin duda, la mantendrían despierta un buen tiempo más. Así que repasó lo que pudo, sacando fuerzas de la presencia del alma cercana de su amigo. Y todo siguió de esa manera hasta que Sans soltó el abrazo y retrocedió un poco para encontrarse con sus ojos.

En muchos sentidos, él parecía un espejo para sus propias emociones. Allí también estaba el profundo cansancio y la tristeza reflejados, con poco o ningún esfuerzo por ser ocultos del otro. El aspecto que difería de ella, sin embargo, era que debajo de todo eso, yacía la paz que antes había notado por su parte. Contarle todo eso le había quitado gran cantidad del peso sobre su frágil alma; y aunque estaba claro que jamás se permitiría dedicarle demasiada felicidad a ese logro, el efecto que tenía sobre él, era lo suficientemente significativo como para que lo notara.

Pero ese peso tenía que acabar en algún sitio, y ella, quien había estado dispuesta a escucharlo, estaría feliz de soportarlo. Ahora que estaba allí, en su propia alma, tan pesado, tan devastador, le resultaba mucho más difícil hallar alguna razón para sentirse aliviada. Solo el gusto de ver a su amigo un poco mejor, y el hecho de que lo peor ahora estaba en el pasado, fue lo que le trajo a su alma una pizca de tranquilidad.

De repente, parecía que Sans había notado el lamentable estado de Toriel, por la forma en que, vacilantemente, la miraba con fijeza. Él suspiró y se abrazó a sí mismo mientras su débil chispa de alivio se desvanecía en pura culpa y el remordimiento. A ella le sentó terrible hacerlo sentir mal. Nada de eso era culpa suya, al final, y cómo no se había vuelto loco luego de guardarlo todo en secreto por tanto tiempo, de eso no tenía ni idea. Cuando Toriel había reunido la poca fuerza que le quedaba para poder tranquilizarlo, él empezó a hablar por encima.

"tori... es probable que necesites algo de tiempo para procesar... esto... demonios, tal vez, los dos lo necesitamos, je," dijo.

Se miró a sí mismo, e hizo una mueca un momento antes de formular una excusa terriblemente mala para sonreír un poco.

"pero, probablemente debería ducharme antes de cualquier otra cosa... eh... estoy todo sudado, ahorita, y, je... y eso es... bastante asqueroso. incluso para mí."

Su vano intento de hacer humor hizo poco, pero al menos logró volver a traer algo de liviandad al alma de Toriel. Y, de hecho, sí que estaba hecho un desastre, y era seguro que ella también.

"tu... ¿estaría bien para ti? intentaré hacerlo rápido, pero... entiendo totalmente si no quieres quedarte sola." La miró de nuevo, con algo de incertidumbre en la voz.

Indecisa, Toriel prefirió dejar una breve pausa antes de responder. A decir verdad, estaba bastante temerosa de lo que podría suceder cuando se la dejara sola con sus pensamientos. Pero un lado de su corazón también sentía que lo necesitaba, al menos para hacer algún progreso en la superación de toda la situación. Además, podía imaginarse que él sentía lo mismo. Por esa razón en especial, decidió contestar con un débil asentimiento.

"Eso estaría bien, mi amigo... tómate todo el tiempo que necesites. Debería... probablemente, debería hacer lo mismo, para ser honesta...", admitió, notando qué tan desaliñado y descuidado lucía ahora su pelaje.

Sin embargo, antes de demorarse demasiado en ese pensamiento, volvió a encontrarse con sus ojos con un toque más seriedad en su expresión.

"Pero Sans... yo solo... solo quiero asegurarme de que lo sepas... No debes sentirte culpable por contarme todo esto. Duele... duele bastante saberlo, obviamente... y... probablemente me lleve un tiempo recuperarme... pero lo haré, y juntos superaremos esto, amigo mío. Nada de lo que pasó fue culpa tuya... y de ahora en adelante, jamás tendrás que lidiar con esto tú solo... ¿sí?"

Ese no fue uno de sus mejores discursos. De hecho, fue francamente patético... pero supuso que su estado mental actual era una buena excusa para eso. Aun así, el rostro de Sans se suavizó mientras atendía a sus palabras. Incluso pensó haber visto otro pequeño rastro de lágrimas volviendo a sus ojos.

"s-si... g-gracias tori..."

Para ella, no fue difícil ver que no estaba siendo totalmente honesto en cuanto a lo mucho que estaba de acuerdo con lo que le había asegurado, pero claramente y de forma sincera, apreciaba el sentimiento. La terrible culpa reflejada en su cara había disminuido, y eso era, al parecer, lo mejor, si no lo único que podía esperar por su parte en un momento como ese.

"y-ya vuelvo.", dijo él, antes de desaparecer en un destello azul brillante.

A Toriel le tomó un tiempo más siquiera levantarse de la cama. Ahora que estaba sola, su pánico había aprovechado para buscar venganza, pero sentía que, la fuerza que había acumulado, sería suficiente para evitar que sus pensamientos volvieran a abrumarla. Incluso si era un proceso doloroso, su alma se estaba adaptando a todo lo nuevo y terrible que desde ese momento llevaría consigo. Puedo manejarlo, se dijo... Solo necesitas tomártelo con calma.

Así, se movió hasta el borde de la cama y se puso de pie. Los pocos pasos que debía dar para llegar al baño parecieron eternos. Hasta tuvo que apoyarse contra la pared, en cierto punto, para lograr mantenerse estable. Cuando al fin llegó, giró lentamente el grifo de la ducha para abrir el agua, y, apoyándose ligeramente en el mostrador, comenzó a quitarse el camisón. Los instantes en los que observó su reflejo en el espejo del baño fueron incluso peores que en la noche anterior. A pesar de ser inmortal, allí se veía cómo una mujer mucho más cerca de la antigua y decrépita edad que debía haber tenido... la edad que tendría, si su hijo hubiese estado vivo.

Sin detenerse a pensar mucho en ello, entró en la ducha, sabiendo que, si se dejaba llevar por las emociones de su duelo de años por encima de las de las nuevas revelaciones de su amigo, acabaría por sufrir algún tipo de ruptura mental. Y eso no podía suceder. Tenía que mantenerse cautelosa, al menos hasta que hubiera salido de su trance lo suficiente como para permitirse tal distracción. Se metió bajo el chorro de agua y trató de imaginar cómo sería si pudiera borrar toda su desdicha, tal como podía lavar la sensación de suciedad en su pelaje. Pero, por supuesto, algo como eso era imposible.

Se quedó en la ducha durante mucho tiempo. Claro, eso no era tan inusual, ya que sería bastante necesario que uno se duchara un buen rato si se trataba de un monstruo cubierto de pelo. Y sobre todo, de pelo blanco. Aun así, incluso para Toriel, ese fue un baño muy largo. Sus lentos movimientos al lavarse, acabaron con ella sentada contra la pared de la ducha, con las rodillas tocándole el pecho. Fue entonces, cuando se dio cuenta de que, por más que lo intentara, no podría seguir ocultando de sí misma lo que estaba sintiendo.

El voto que había hecho al comienzo de todo volvió a su mente, lo que había prometido, para, a toda costa, averiguar qué era lo que había estado destruyendo a su amigo. Había hecho un esfuerzo colosal por prepararse para cualquier cosa que dijera, e incluso después de que hubo hablado sobre Gaster, la razón de su creación y el abuso que había recibido durante su infancia, estuvo plenamente segura de que se mantendría así, lista para lo que fuera. Lo que no sabía era si alguien en el mundo entero podría haber estado preparado para escuchar lo que él le había contado. En verdad, no era de extrañar que su amigo estuviera tan atormentado y dudara tanto en si confiar en ella o no... El hecho de que no estuviera mucho, mucho peor, el hecho de que todavía pudiera ser tan bueno en actuar tan convincentemente bien... Era una maravilla.

Y ahora... Toriel también tendría que llevar esa misma carga. Su promesa de no decir nada, significaba que tendría que aprender a tener cuidado al hablar como Sans, para así no dar ninguna señal de que estaba guardando ese secreto. Nunca podría pronunciar las palabras "reset" o "línea de tiempo" a nadie más que a él, ya que solo ellos tenían que soportar este temido conocimiento. Esa carga compartida. Bueno... además de Frisk y Flowey...

Aun estando bajo un chorro de agua caliente, se estremeció al recordar las inquietantes acciones cometidas por los niños que tanto quería. Una vez que estuvo segura de poder apartar la angustia arrastrada por sus pensamientos, se permitió meditar en ello. ¿Debería... confrontarlos? ¿Dejarlos explicarse solos? ¿Escuchar su lado de la historia? ¿Podría incluso soportar algo así? Todas esas preguntas pasaron por su cabeza, sin respuesta a la vista. Pero otra más se unió rápidamente a ellas, una que en serio la hizo sentir helada por dentro.

¿Qué pasaría si Frisk reaccionara mal ante la idea de que ella lo supiera? ¿Qué pasaría si eso fuera suficiente para llevarlo a... resetear? Este mundo podría ser arrebatado de sus manos, de las de todos, sin tener ni idea luego de nada de lo que había sucedido.

En ese momento, Toriel comprendió que estaba sintiendo una fracción de los terrores que su amigo enfrentaba todos los días, desde dios sabe cuándo...

Solo entonces se permitió llorar de nuevo. Sus lágrimas saladas empezaron a mezclarse con la dulce agua de la ducha, y su cuerpo se agitó con sollozos mientras pensaba en el inimaginable sufrimiento de su amigo, en sus propios problemas viejos, y también en los nuevos. En su visión ahora corrompida del pequeño al que amaba, y en su percepción del mundo en el que vivía terminando completamente destrozada.

No estaba segura de cuánto tiempo había tomado en pasársele, pero cuando el llanto al fin la había abandonado, y había recobrado un poco de compostura, se levantó y cerró la llave del agua. Fue extraño, pero, eso la hizo sentir un poco mejor. Lo suficiente como para que logara mantener su mente en calma mientras se secaba el pelaje con un débil remolino de magia cálida y se ponía una cómoda túnica de color lila. Al acabar, regresó a paso lento a su habitación, y se detuvo al llegar justo al lado a su cama. Entonces, los dos lados del conflicto de sus pensamientos comenzaron una nueva guerra en su interior.

Un lado quería volver a tirarse en las sábanas hasta que se durmiera, aunque solo fuera para escapar de la realidad por un tiempo, así como para aliviar su terrible cansancio. Pero el otro, mucho más insistente, le decía que no había manera de que pudiera relajarse para caer otra vez en el sueño. No con todo lo que estaba sucediendo. Tomando en cuenta que sus preocupaciones cotidianas, por pequeñas que fueran en su mayoría, le habían causado insomnio crónico por años, era una verdadera tontería siquiera pensar que ahora no sucedería exactamente lo mismo. Pero, ¿qué otra opción tenía? Sus instintos le aconsejaban realizar cualquier tarea sin propósito para distraerse. Pero Sans tenía la intención de volver a su habitación. No sería bueno de su parte irse sin más.

Con eso, decidió sentarse en el borde de la cama a esperarlo. Pero antes de que pudiera posarse en el colchón, notó un ruido en la lejanía, uno muy suave. Cuando movió las orejas en la dirección de dónde provenía, se hizo evidente de qué se trataba. La otra ducha todavía estaba en funcionamiento, la que estaba entre la habitación de Sans y la de Papyrus. Al parecer, ya eran dos los que habían tomado duchas extra largas ese día. Solo pensar en el porqué le daba una sensación agridulce, un sentimiento que la hizo ver lo mucho que ambos se parecían en realidad, en muchos aspectos. Ya no sabía cómo tomárselo.

Otra sensación brotó dentro de ella, y, aunque viniera en un mal momento, le fue más fácil aceptarla que la primera vez. Sabía que Sans seguía preocupado luego de hablar con ella, porque pensaba que terminaría odiándolo, a pesar de que constantemente le había prometido lo contrario. En retrospectiva, Toriel podía entender sus temores, dada la devastadora naturaleza de sus revelaciones y las conexiones que el trauma, producto de todo, tenía con ella, personalmente. Pero, no pudo haber estado más equivocado. Como lo había predicho, eso no los había apartado en absoluto. Incluso era lícito decir... que se sentía más cerca de él que nunca. Y esa sensación ahora estaba ardiendo apasionadamente dentro de ella, con más fuerza que nunca.

Sin embargo, hubo poco tiempo para reflexionar en ese instante de felicidad. Porque, bruscamente, de la nada, sus bonitos pensamientos fueron cortados. Un ruido estruendoso sacudió la casa entera... y venía del sitio en el que Sans estaba.

Antes de siquiera darse cuenta de lo que hacía, ya estaba corriendo.

Fin del capítulo 10.


Diferencias de la versión original:

* No big differences in this chapter apart from minor word/expression changes in certain lines for better comprehension, of course.

* No hay gran diferencia en este capítulo aparte de pequeños cambios de expresión/palabras en ciertas líneas para lograr una mejor comprensión, por supuesto.