10

CONTRARIO

Era de madrugada cuando él regreso al apartamento, tenía la esperanza de poder despertar a Kagome y comenzar a pedir clemencia pero cuál fue su respuesta al encontrar su cama vacía y sin parte de sus pertenencias ¿De verdad se había ido? Entonces fue presa del miedo ¿y se regresaba a Tokio? No, ella no lo podía hacer, se verían delatados y todos sus planes o más bien dicho, los planes de él en estudiar la carrera que él quería se iban a ir por el caño, no, ella no podía regresar, no así y no de esa forma, respiro profundo e intento calmarse, seguramente se había ido con alguna amiga ¿pero cual amiga? Él no le conocía ninguna, no a excepción de Sango que parecía saber algo el día de su pelea con Bankotsu, sí, ella era clave de todo esto y necesitaba hablar urgentemente con ella, solo que tendría que esperar a que amanecería y eso si lograba convencer a Rin de quedarse un rato más con Kikyou, aunque después surgió otro nombre Bankotsu no, imposible, Kagome no se quedaría con él ni por todo del oro del mundo pero después se le vino a la mente como se besaban y todo su ser se estremeció.

-Cálmate Inuyasha… -se dijo a sí mismo –respira profundo, cuenta diez y no hagas alguna tontería.

Pero ni el maldito gato del demonio estaba ¿Qué podía pensar si el lugar parecía abandonado? Y la mancha de sangre en la entrada de la casa seguía ahí, rechino los dientes y opto por ir solucionando uno a uno los problemas que tenía; primero un buen baño, un breve descanso, limpiar el desorden y regresar al hospital, vería la forma de contratar a Rin para que cuidara de Kikyou en su ausencia. Sí, eso era mejor que ponerse todo histérico, mañana hablaría con Kagome y estaba seguro de que todo se arreglaría.

XOXOXO

¿En qué momento se había quedado como idiota observándola dormir? La pregunta se formuló en su cabeza pero desapareció enseguida, era como si su mente no quisiera distraerse con ninguna cosa más que con la pequeña y larga espalda de la muchacha que dormía a un lado de él, su respiración era pausada y tranquila con una leve sonrisa dibujada en su rostro, mientras que su cabeza estaba por encima de una bullida almohada, sus cabellos esparcidos hacia arriba mientras que el moreno jugaba con un mechón de ellos, el cual enroscaba entre sus dedos sin dejar de ver la perfecta línea hundida que dividía su espalda, una parte de la sabana cubría sus grandes glúteos pero podía notarse perfecto el pliegue que divida sus nalgas, había ciertos moretones que arruinaban el perfecto color de su piel pero lo ignoro porque estaba más concentrado en recordar cuantas veces había poseído su cuerpo ese día, las suficientes para que se acostumbrara por completo a su virilidad, no se lo dejo de hacer, hasta que ya no encuentro ninguna mueca de dolor en su rostro sino uno de total satisfacción; soltó su mechón de cabello deslizando su mano por la espalda de la muchacha, viajando hasta por debajo de la sabana y tocando con dos dedos la cavidad de la muchacha que se estremeció al sentir el tacto.

-Bank… estoy agotada… -murmuro ella con los ojos cerrados.

-Ese no es problema para mí –respondió burlón, mientras Kagome suspiraba cansada.

Porque en esos momentos su virilidad volvía a reaccionar a la desnudez de su novia y con tan solo ostentar ese título tenía todo el derecho del mundo a poseer su cuerpo las veces que él quisiera, en el momento que se le antojara y en los lugares que él propusiera. Iba a subirse arriba de ella cuando su teléfono celular sonó, rolo los ojos y con fastidio respondió.

-Espero sea importante porque… -

-A ver pendejo –era sin duda la voz de Renkotsu -¿A qué hora piensas venir a practicar para el partido de hoy en la noche? –y de sopetón recordó.

-Voy para allá…

-Sí perdernos por tu maldita frustración sexual te juro que te arranco los huevos.

-¡Deja de decir mamadas Renkotsu!.. Voy para allá.

-Pues apúrale porque no todos tenemos tu pinche tiempo.

-¿Bueno a ti qué coño te pasa? –se levantaba la cama y buscaba su ropa interior por alguna parte de su habitación –no recordaba que fueras tan gruñón. A mí se me hace que el frustrado sexual es otro –dijo con burla.

-Apúrale cabrón y deja de decir pendejadas.

Y le colgó dejándolo con la palabra en la boca, empezó a vestirse a medida que encontraba su ropa.

-¿A dónde vas? –pregunto Kagome aun acostada en la cama –creí que nos quedaríamos en cama.

-Tengo partido hoy en la noche –sacaba una maleta de su closet y abría los cajones de su tocador, sacando unos shorts deportivos –es un equipo que viene de fuera.

-¿Puedo ir contigo?

Se quedó un rato mirándola, aun lucia magullada de algunas partes, especialmente de los brazos y la gaza en su frente aunque oculta por su fleco se notaba claramente.

-¿No prefieres quedarte a descansar? Mañana te verás peor que hoy.

-No me duele nada por el analgésico que me dieron –se ponía de pie con la sabana enrollando su cuerpo –además será la primera vez que te vea jugar.

-Bien, de acuerdo pero… -la había tomado por la cintura antes de que saliera de su cuerpo –te quedarás conmigo a partir de hoy.

-Jakotsu…

-Ese baboso va a estar hoy y mañana en el hospital, hasta que le hayan puesto el yeso –le respondió con una sonrisa.

-Iré a cambiarme, no tardo –un fugaz beso en los labios y la estela de tela blanca perderse al doblar la esquina del pasillo.

Y media hora después Kagome bajaba las escaleras con unos jeans muy ajustados, una blusa de manga larga de color negra que lejos de cubrirle el vientre lo mostraba junto con aquel ombligo alargado, sus cabellos los había amarrado en una alta coleta y llevaba puesto unos aretes de tipo botón del mismo color que la blusa.

-Así no se me verán los moretones de los brazos.

-Como me hubiese gustado que terminaras toda morada –dijo algo irritado.

-¿Cómo?

-Que es hora de irnos.

Inicio del partido y el equipo de la escuela había adquirido ventaja al ser los primeros en poseer el balón; saltó, encestando de un solo la pelota en el aro, la euforia en las gradas incremento y el sonido de varias maracas resonó en todo el gimnasio, Bankotsu tenía el control total de la pelota, se giró en el justo momento en que un contrario se le había atravesado para quitarle el balón pero entonces un matiz de color bronce lo paso de largo, quitándole el balón de las manos y corriendo a una velocidad que dejo a todos en su sitio, inclusive a él: un muchacho, alto, fornido, moreno, ojos azules, cabello negro y largo, encesto con fuerza el balón en el aro, el público se quedó con la boca abierta pues había saltado a la altura del aro con mucha facilidad, cayendo como una ligera pluma.

-¿¡Quién es ese pendejo!? –le pregunto Renkotsu por detrás.

-Ökami –respondió Bankotsu al leer el nombre del sujeto en la espalda de su playera.

-¡Ginta! –grito el moreno sin soltar al balón -¡A tu derecha! ¡Hakkaku! ¡Izquierda!

-¡Que mierda! –exclamo Renkotsu.

-Muévete inútil –dijo Bankotsu –hay que quitarles el balón antes de que vuelvan a encestar.

Bankotsu corrió de frente a él pero justo en el momento en que se deslizaba un poco hacia abajo para quitarle la pelota, Ökami había saltado nuevamente con todo y balón, lanzándolo al aire a uno de los que había nombrado, cortos segundos en donde su equipo actuó en cámara lenta pues el que estaba en la izquierda había tomado el balón, haciendolo rotar a su alrededor sin que ninguno de los suyos pudiera quitárselo.

-¿¡Que putas hacen!? ¡Quítenle el balón! –bramo Bankotsu corriendo hacia ellos.

Pero demasiado tarde el muchacho había saltado y lanzado el balón al otro extremo de la cancha, siendo capturado por el otro que tenía el nombre de Ginta en su playera. Cuando los ojos azules de Bankotsu buscaron al capitán del equipo este ya estaba en el otro extremo, cerca del aro y con una mirada de confianza en sí mismo que detesto con toda su alma.

-¡CARAJO! –grito Bankotsu eufórico que había entendido tarde la jugada del equipo contrario.

Una ola de gritos se escuchó cuando Ökami salto de nuevo, tomando el balón en el aire y encestándolo al mismo tiempo en el aro. Bankotsu y Renkotsu se miraron entre sí.

-Estos pendejos solo nos están distrayendo –siseo Renkotsu.

-Hay que bloquear a Ökami, él es el verdadero tirador –dijo Bankotsu seguido por los demás miembros del equipo.

El choque de miradas entre Ökami y Bankotsu fue de verdad retadora, algo que no solo fue notorio entre los equipos sino también para el público.

-¡Ya saben que hacer! –bramo Bankotsu cuando el balón volvió a rebotar en la cancha.

La mayoría del equipo había salido a cubrir a Ökami que desde una esquina parecía no poder salir del pelotón de hombres que lo rodeaban, entonces el balón cayó en manos del moreno quien ágilmente se abalanzo a la canasta contraria, botando el balón con fuerza contra el piso de madera, haciendo uso de su increíble agilidad evadió a los ala-pívot sin embargo justo en el momento en que iba a inclinarse para saltar y encestar, el tal Hakkaku le arrebato el balón en pleno vuelo haciendo rebotar fuera de la línea de cancha.

-¡No mames! –vocifero Renkotsu al escuchar el silbato que indicaba el medio tiempo.

Ökami y su equipo salieron de la cancha al igual que ellos, aunque claro con esa maldita sonrisa ladina, el moreno y su hermano se limitaron a rechinar los dientes.

-¡Son demasiados veloces! –opino uno de los muchachos del equipo.

-Nos hace falta Jakotsu –agrego otro.

-¡Ya cierren el hocico todos! –gritoneo Renkotsu -¿¡Que no se dan cuenta que nos están pateando los huevos!? Hay que atacar…

-Ellos juegan equipo –masculló Bankotsu con la cabeza gacha y la toalla en su cuello –nosotros solo estamos haciendo pendejadas en la cancha, hay que jugar como equipo.

-¡Ilústrame entonces hermano! Porque hasta donde sé esos cara de verga nos están dando hasta por el culo.

-¡Deja de decir mamadas Renkotsu!

-Es la verdad… si perdemos este partido, nos será imposible pasar a las eliminatorias y olvídate de acompañar a tu princesa a las finales.

-¿Eso que tiene que ver pendejo? –adujo Bankotsu ahora quitándose la toalla del cuello.

-Deberías de venir más seguido a la pinche escuela Bankotsu, hoy se nos dio el aviso que el equipo ganador, acompañara a las muchachas de gimnasia a su competencia –Renkotsu noto aun la confusión de su hermano –Pendejo… se van a ir y regresar todos juntos en el mismo autobús.

Los rostros del su equipo se giraron a verlo intrigado, cayendo en cuenta de las palabras de su hermano, él mismo sabía que pasaba en esos viajes de autobús pues él mismo había sido autor de muchas de esas travesuras, se imaginó por unos breves instantes a Kagome.

-¡Primero muerto! –exclamo Bankotsu parándose del banquillo -¡Hay que romperles la madre!

El silbato volvió a sonar, sacando el equipo contrario pero esta vez antes de que pudieran pasar el balón a Ökami, Bankotsu se había hecho de él, arrebatándoselo a uno de los aleros, corrió como alma que llevaba el diablo y salto antes de que otra cosa pasara, el grito de euforia se reprodujo de inmediato cuando el balón paso por el aro.

-Con esa motivación hasta yo lo hago –dijo uno de los chicos cerca de Renkotsu quien veía a su capitán regresar de su caída con una mano en el suelo.

-¿¡Tú que putas haces aquí de chismoso!? A tú lugar pendejo.

El muchacho se ofusco y corrió de regreso hasta su lugar, el balón esta vez fue capturado por Ökami quien en un pequeño descuido se había hecho de él.

-¿¡QUIEN FUE EL CARA DE PITO QUE DESCUIDO EL PUTO BALÓN!? –vocifero Renkotsu al intentar darle alcance a un Ökami veloz.

-¡Fue el novato! –respondió uno de ellos que corría junto a él.

-¡Hoy se queda sin verga! –agrego Renkotsu furioso.

Bankotsu fue al encuentro de Ökami, ambos mirándose con una risa de lado y adivinando el movimiento del contrario de repente Ökami se quedó quieto, como si hubiese visto algo en lejanía porque su rostro miraba hacia el lado derecho de la cancha, Bankotsu aprovecho el descuido y sin dudar le arrebató el balón.

-¡Gracias por el balón! –le grito cuando salió corriendo de lado contrario.

Se vio ahora rodeado por Ginta y Hakkaku sin embargo antes de que fuera alcanzado, lanzo el balón de lado derecho, todos los rostros se giraron para ver a quien se lo había lanzado y palidecieron al ver a Renkotsu que con una cara de autosuficiencia arrojo el balón directo al aro que entro limpio. Gritos de euforia, aplausos y vitoreadas se escucharon con fuerza.

El equipo de Bankotsu había ganado. Los capitanes del equipo se estrecharon la mano y el contacto fue desecho cuando al moreno lo cargaron los miembros de su equipo. Toda la gente de las gradas comenzó a bajar para festejar con el equipo y Bankotsu en el aire busco a Kagome entre el gentío, hasta que más allá, casi en la entrada de los vestidores la vio acechada por aquel maldito sujeto y para colmo de sus males, Kagome le sonreía, un instinto asesino nació en su interior cuando el cabrón la abrazo y ella sin ningún recató le correspondió. No supo ni como bajo, tampoco escucho las protestas de Renkotsu por detrás porque él ya caminaba a grandes zancadas hasta esos dos.

-Tanto tiempo sin verte Kag… estas muy… -le escucho decir cuando él se plantó por detrás del pendejo que tenía ahora cara de lelo, tosió sugestivamente para llamar la atención.

-¿Interrumpo? –siseó con fuerza al ser la atención de ambas miradas azulinas, el color de ojos de ambos se parecía bastante y eso no le gusto en nada.

-¡Bank! –exclamo ella al acercarse y abrazarlo pero él se quedó tan rígido como una tabla con una mirada matadora al otro imbécil que reía de lado –mira, él es mi primo Ökami Kōga y primo, él es Bankotsu, mi novio.

Koga se sorprendió al escuchar la declaración y Bankotsu por supuesto lo intuyó.

-¿Novios? -indagó al centrarse en su prima -Kag… yo creí que tú e Inu…

-Eso fue una ridiculez que impusieron nuestras familias -replicó ella antes de que terminara de hablar -no tomaron en cuenta que Inuyasha y yo somos incompatibles.

-Mmm… -los ojos de Kōga se detuvieron en el abrazo de Kagome.

-Así que tú primo -murmuró Bankotsu sin dejar de verle, Kōga volvió a reír incitándolo a golpearle la cara. Y de verdad que poco faltaba para romperle los dientes.

-Mi nombre completo es: Koga Ökami Higurashi; mi madre es sobrina del padre de Kagome eso nos hace primos ¿verdad Kag? -Ella asintió pero Bankotsu no se tragaba ese cuento de lo familiar pues era más que obvio que ese cabrón sentía algo por su novia, lo sabía a notar aquel brillo extraño en sus ojos –fue un gran partido –agregó al hacerse el silencio incomodo –pero admito que ganaste porque me distraje.

-¿Qué quieres decir con eso? –adujo Bankotsu cada vez más cabreado por la situación.

-Pues que me distraje –repitió Kōga –vi a Kagome en las gradas y la verdad que no me creía que fuera ella, hasta que… -Bankotsu se limitó a apretar la quijada porque ahora entendía que era lo que había visto ese tipejo al momento de quitarle el balón.

-¿Bank? -la voz de Kagome lo trajo a la realidad -hey… ¿estás bien?

-¿Nos disculpas? -le dijo al hombre que seguía riendo -Tengo un pequeño asunto que atender con mi novia.

-Sí, bien… Kagomecita –dijo Kōga antes de que marcharan provocando que el moreno frunciera el ceño al escuchar cómo le llamaba –nos vemos en la cena de navidad –se acercó a ella sin importarle su presencia y le planto un beso en la mejilla –cuídate mucho preciosa.

Bankotsu estuvo a nada de tomarlo por la playera del deportivo y propinarle un sinfín de golpes sin embargo el hombre ya se había dado la media vuelta para marcharse junto con su equipo que lo esperaba en la salida.

La tomó por la muñeca y la arrastró lo más lejos posible de ese tipejo, ignorando a la multitud que lo aclamaba aún en la cancha.

-Bank… hey… -le llamaba al pasar de largo a los demás -¿A dónde vamos?

Llego al pasillo principal, giró a la derecha, después izquierda y cuando al fin encontró la puerta que buscaba la abrió, empujándola a ella primero y cerrando detrás de él la puerta con seguro.

-Oye… -se quejó mientras se tallaba las coyunturas -¿Por qué me trajiste a la bodega?

Se limitó a ponérsele enfrente, alargar su brazo, rodearla por la cintura y tirar de ella con fuerza contra su pecho, Kagome tembló.

-No me gusta en nada tu cercanía con ese cabrón -comenzó a decirle muy cerca de su bonito rostro.

-Es mi primo -debatió sin desviar su atención.

-Y yo tu novio -pronunció un poco más agitado ¡maldición! Los grandes senos de ella replegados contra su pecho impedían que se mantuviera ecuánime en su conversación -Eres mía Kagome… solamente mía -el moreno fue quien acortó la distancia entre ambos y la besó posesivamente, obteniendo absoluta correspondencia; perdió la cordura, se despegó del beso, hizo a un lado los mechones de cabello en el hombro de ella y comenzó a besar esa parte; la sintió estremecer cuando sus manos viajaron por debajo de su blusa, subiendo hasta su sostén: gimió -mía… -susurró al separarse otro poco.

-Bank… -pronunció con su voz entrecortada -no… no es lugar para…

¡Al diablo el lugar! Exclamó el interior de su mente mientras caminaba con ella en búsqueda de alguna superficie plana en donde subirla, necesitaba urgentemente hundirse en su interior y el triunfo llegó al tocar una mesa justo por detrás de Kagome. La cargo, subiéndola en la mesa, deslizó sus shorts deportivos mostrándole su virilidad entera y sin perder tiempo desabrochó los pantalones de ella.

-Espera… -le escuchó decirle y deteniéndolo con una mano sobre su pecho -Me gustaría probar… -le dijo mirando en plena oscuridad su entrepierna.

Bankotsu no pudo evitar arquear una ceja y sonreír de lado, pudo sentir su aliento agitado contra su rostro.

-¿Quieres? -adujo él sin dejar de sonreír -Eso es algo que aún no te enseñó.

-Soy buena aprendiendo -replicó al mismo tiempo que tomaba entre sus manos su virilidad, no pudo evitar estremecerse –Dime cómo debo hacerlo.

Arqueó su espalda hacia afuera cuando los dedos de Kagome se deslizaron de arriba abajo en el tronco de su falo. Lo estaba volviendo loco. Exhalo aire intentando regular la calentura, la tomó por los hombros y cambió de lugares, ahora él estaba apoyado contra la mesa y Kagome era empujada hacia abajo.

-Usa tu lengua -empezó a decirle sin dejar de estremecerse en cada caricia de la pelinegra -lame la punta, deslízate por la cabeza y llega hasta el tronco… ¡Ahhh! -gimió cuando percibió la lengua de la muchacha enrollarse alrededor de la punta de su glande, no pudo evitar echar su cabeza hacia atrás y cerrar los ojos con fuerza -¡Demonios Kag! –exclamo al percibir como lamía ahora todo su tronco pero el punto de su cordura se rompió cuando ella introdujo parte de su virilidad a su boca ¡Por Kami que se volvería loco! Kagome le estaba haciendo un sexo oral como si se fuera una experta. No aguanto más, necesitaba urgentemente hundirse en su interior, la levanto sujetándola por los hombros, le dio la media vuelta, apoyándola contra la mesa, bajo sus pantalones, teniendo expuestas esas preciosas nalgas contra su pelvis y sin pensarlo dos veces se hundió dentro de su intimidad.

-¡Aagh! –gimió ella.

-Mía… -volvió a decir cuando salió de su interior y volvía a hundirse con fuerza –solo mía.

Tomo sus caderas con fuerzas, saliendo y entrando de ella a una velocidad lenta pero con fuerza, Kagome se revolvió por debajo estirando sus manos y sujetándose en los bordes de la mesa que ahora tambaleaba; Bankotsu no pudo evitar estremecerse al ver como su hinchada virilidad entraba y salía del interior de Kagome, se sintió arder al sentir los glúteos de su novia oprimir su pelvis y rebotar contra ellos al embestirla con fuerza, esa, era sin duda la mejor imagen que tenía.

XOXOXO

Llegó casi barriéndose al hospital, le había costado un triunfo poder despertar y con mucha pereza logro limpiar el sangrerío de la entrada, paso por alto el interrogatorio de la casera quien le había preguntado por Kagome y llego justo en el momento en que Rin se ponía de pie.

-Rin… -dijo casi sin aliento al sujetarse las rodillas para inhalar hondo –discúlpame por a verme tardado.

-No se preocupe, yo entiendo que haya querido descansar también –tomo su bolso que estaba en la silla y se lo echo al hombro –no tarda en despertar.

-Al propósito de eso –comenzó a decirle Inuyasha ya recuperando el pecho -¿no podrías quedar con ella un rato más? –Rin ladeo su cabeza –te pagaría por ello, es que más tarde tengo escuela y…

-Yo no puedo hacer eso, debido de que trabajo aquí –Inuyasha agacho la cabeza –pero conozco a alguien que quizás pueda.

-¿Enserio?

-Sí, mi abuela –Inuyasha se cruzó de brazos pensativo, en realidad él esperaba algo como de la edad de Rin o un poco mayor pero no con exageración –Kaede.

-¿Crees que pueda con el cargo?

-Por supuesto que sí, es más si quiere le puedo llamar ahora mismo para ver si puede quedarse un rato más en lo que Usted atiende sus compromisos.

-Sí, sí… por favor.

Después de media hora hablando, al fin Rin logro converse a su abuela, ella llegaría pasando de las seis de la tarde, algo que le dejaba en jaque respecto a la escuela, era más que obvio que también ese día faltaría.

-Mi abuela llegara al rato, un gusto señor Inuyasha.

-Gracias Rin.

-¿Señor Taisho? –una nueva enfermera apareció por detrás, había salido de la habitación de Kikyou.

-Sí, soy yo. ¿Despertó? –la enfermera asintió.

-No debe de fatigarla, así que modere lo que le dice.

La enfermera fue quien le abrió la puerta dejando ver a la mujer de largos cabellos negros que ahora lucía ligeramente inclinada en la cama, entro con sumo cuidado y Kikyou se giró justo en el momento en que Inuyasha había penetrado del todo el lugar.

-Hola –le dijo ella.

-Hola… -se acercó y se sentó en la silla que había junto a su cama -¿Cómo estás?

-Algo mareada aun y débil.

-Me dijeron que la operación que te hicieron fue complicada –ella agacho la cabeza -¿Por qué no me lo dijiste antes?

-Tenía miedo; miedo a que pensaras que estoy contigo por tu dinero o que era mi forma de engancharte con un hijo –Kikyou apretaba las sabanas con sus puños en blanco haciendo resaltar un poco el catete en su mano –por eso compre esas pastillas y…

-Ok. Puedo comprender esa parte pero aún sigo sin entender ¿Por qué ocultarme algo así? –Kikyou levanto su cara mirándolo con los ojos vidriosos –tampoco soy un maldito insensible, te hubiese apoyado Kikyou, tomar esta decisión así de repente solo me hace dudar de ti.

-¿Dudar de mí? –repitió ella con enfado en su tono.

-Sí; planeaste un aborto sin decirme nada, armaste todo tu sola para que esto pasara desapercibido por mí y esto solo me provoca que…

-¿Sabes que Inuyasha? Mejor vete…

-Tampoco quieras que actué como un abnegado hombre que te comprende en su totalidad.

-¡Vete! –exigió con mayor fuerza en su voz –No quiero hablar contigo.

-Bien… como quieras.

No miro atrás y tampoco se regresó al escucharla sollozar, simplemente cerró la puerta detrás de él ¿pero cómo putas quería comprensión cuando todo lo había hecho a escondidas? Digo, había que hacerse pendejos pero no tanto; se dejó caer en la silla con la cabeza hacia atrás, ahora tendría que esperar a la anciana para largarse de ese maldito lugar.