Capítulo 10
Para Hermione no había sido una de sus mejores Navidades (le hubiera gustado, lógicamente, estar con sus amigos), pero estar cerca de su familia cuando había abierto los regalos, sin duda también tenía su encanto. Los regalos habían sido lo de menos, sin duda, ver la sonrisa de sus primos pequeños era mucho mayor recompensa, pero sin duda, la mayoría de obsequios que había recibido le habían gustado, o eran cosas que le hacían ilusión, como un libro de cocina (quería aprender a preparar ciertas cosas al modo muggle y así, también le serviría de ayuda a su madre en los pocos ratos que pasaban juntas), un nuevo Ipod (aunque en Hogwarts no serviría de mucho, ya que allí los aparatos electrónicos eran inservibles) que cargaría de canciones en breve, o un par de botas nuevas, que sin duda utilizaría para caminar por los terrenos del colegio. Parecía también que en ''La Madriguera'' habían recibido sus cosas, porque la señora Weasley le había mandado uno de sus ''jerseys personalizados'' junto a un pergamino diciéndole que los chicos se habían alegrado mucho de saber de ella y de recibir sus regalos.
También había sabido que la Orden había decidido reunirse antes de que terminaran las vacaciones, en Grimmauld Place, por lo que ella cómo no, acudiría al encuentro. ¿También estarían celebrando la Navidad los mortífagos, o estarían en cambio preparando algún nuevo y mortífero ataque para próximamente? Al pensar en Voldemort y sus seguidores, Hermione no pudo evitar pensar en Malfoy, y qué sería de él.
-Seguro que aunque tuviera algún tipo de enfermedad terminal, recibiría más regalos que toda la familia Granger junta estas Navidades. -pensó la chica, pero sin duda, no le apenaba, porque, por muy caros u ostentosos que resultaran sus regalos de Navidad (en el caso de que los tuviera, pero Hermione estaba segura de que así sería), ella tenía una familia que la quería y cuidaba de ella, algo que él no. Y dejando de lado sus estúpidos pensamientos acerca del chico que la había estado torturando e insultando tanto tiempo en el colegio, cogió a Crookshans y acompañó a sus pequeños primos a continuar abriendo regalos.
Al contrario de lo que muchos podían pensar, la mañana de Navidad de Draco Malfoy no fue tan estupenda como todos pensaban. De echo, había sido una mañana como otra cualquiera durante los últimos tres meses. La noche de Nochebuena, por lo que supuso fue un total impulso, le pidió al elfo doméstico que le servía que cenara con él. Aunque éste se negó en un principio, repitiéndole millones de veces frases como ''Robby no merece que el Señor le haga un hueco en su mesa'' y posteriormente, poniéndose a llorar ruidosamente, Malfoy había insistido tanto que al final, la pequeña criatura había aceptado, y había comido varias porciones de pastel de fresas y natillas. Draco se dijo así mismo que ese gesto había sido fruto de que era Navidad, y de que todo el mundo en esa época solía volverse un poco gilipollas. O quizá, fuera el hecho de que llevaba tres meses sin hablar o compartir algún rato con nadie.
Por eso también había estado buscando un tutor. Alguien que pudiera enseñarle algo de la vida muggle que últimamente tanto había empezado a (sorprendentemente) interesarle, por lo que, mientras Hermione Granger abría sus regalos y pasaba un buen rato con su familia, él le había pedido a su elfo doméstico que le consiguiera un par de periódicos donde pudiera encontrar anuncios. Draco creyó que conocía el significado de ''un par'' hasta que Robby le dejó esa mañana una pila de al menos cincuenta publicaciones delante de la puerta de su habitación. Pasó parte de la tarde hojeándolos: ''El Profeta'', ''El Quisquilloso'', ''Brujos del mundo''... Incluso habían periódicos muggles. En cuanto a los periódicos mágicos, pensó que sería interesante la idea de buscar a alguien (su ''verdadero amor'') allí, pero salvo un par de anuncios de dos brujas cincuentonas que buscaban ''pasar un buen rato'', Draco no encontró nada más interesante. En cambio, los demás periódicos llamaban su atención a cada página que miraba por encima: las fotografías no se movían, hablaban de meteorología en algunas páginas, arte y pintura, y viajes en la siguiente. Era caer demasiado bajo, pero reconocía que tampoco le disgustaba el hecho de leer periódicos para no mágicos.
Finalmente, en uno de ellos, encontró un anuncio que le pareció adecuado, y, como no disponía de eso que los muggles llamaban ''teléfono'' (otro de sus raros aparatitos, supuso), escribió en un pergamino al periódico para que el anunciante se pusiera en contacto con él, aunque fuera por carta. Tres o cuatro días después, recibió una respuesta que le dejó totalmente satisfecho.
Las vacaciones estaban a punto de terminar. En ''La Madriguera'', las celebraciones de Año Nuevo habían sido fantásticas, y se habían sucedido sin ningún percance, exceptuando un par de insignificantes arañazos que habían recibido Tonks y Remus debido a ''la primera broma del año'' de los gemelos Weasley. Harry estaba un poco nervioso: la reunión de la Orden se celebraría justo el día siguiente, y aunque no podía evitar que Ginny acudiera a ella, no estaba seguro de que lo que allí se dijera la hiciera cambiar de opinión sobre si acudir o no al próximo ataque, y eso le preocupaba. Sobretodo, quería que ella estuviera a salvo, pero si estaba allí, luchando, no podría protegerla.
Quería haber contactado con Hermione antes, para intentar que ésta convenciera a su amiga, pero, además de que sabía que ésto sería inútil (seguramente, Hermione le daría un sermón sobre la libertad individual de los humanos, y que nadie tenía derecho a mandar sobre alguna otra persona...), no estaba convencido de que contactar con su amiga fuera totalmente seguro: ya había resultado suficientemente difícil avisarla de que se reunirían en Grimmauld Place ese viernes.
Harry miró el fuego con cierta nostalgia, y se preguntó por primera vez, qué hubiera pasado si no fuera ''el niño que vivió'' si no sólo Harry Potter, un adolescente corriente y moliente.
A Draco Malfoy no le hacía ni puta gracia meter a un muggle en su casa, pero debía hacer de tripas corazón, lo tenía asumido. Esto de aprender la forma de vida y cultura de los no-mágicos era una simple forma de ''aumentar'' aún más la índole de su castigo personal, de ser una bestia. Si sufría una condena, la sufriría bien y mucho, se decía una y otra vez, intentando autoconvencerse. Antes muerto que reconocer que todo aquéllo comenzaba a interesarle, y que tenía muchas preguntas que sólo habían surgido por culpa de mirar a través de aquélla estúpida ventana.
Cuando escuchó tocar a la puerta, corrió escaleras abajo, cuidando de que no fuera Robby quién la abriera, para asegurarse y ver con sus propios ojos que su tutor fuera quién había dicho en sus cartas escritas a máquina. Abrió la puerta, y Draco pudo ver por una pequeña rendija al chico que esperaba en el recibidor de la mansión. No debería ser mucho más mayor que él, supuso que tendría unos veinticuatro o veinticinco años. Llevaba un par de pantalones vaqueros rectos, unas zapatillas bastante extrañas en las que Draco pudo observar un logo que rezaba ''Converse'', una camisa azul y tal y como había esperado, gafas oscuras. Un perro aguardaba sentado a su lado, y ladró al chico de ojos grises en cuanto lo vio. Desde luego, no esperaba al chucho, pero podría tolerarlo.
-¿Vas a dejarme pasar, o no? No tengo todo el día, como comprenderás. -dijo por fín el chico ciego.
-Esto... Sí, ehm... Adelante. -le dijo Draco vacilando, pero abriendo totalmente la puerta. El perro volvió a ladrarle, y él se sintió incómodo. Menos mal que el otro chico no podía verle (por eso había buscado expresamente un ciego. Además, ¿qué diría si viera a Robby? ¿Cómo le explicaría qué era un elfo doméstico, y cómo había acabado él así? Sería una locura), y lo supo porque al poner éste la cabeza a su misma altura, no se sorprendió, ni pegó un salto o dio un par de pasos hacia atrás. Simplemente, abrió la boca, pero para hablar.
-Soy Jack. Tu nuevo tutor. -dijo, mientras entraba a la mansión y extendía su mano. Draco no respondió a su saludo. Una cosa era que se ofreciera a acoger a un muggle en su casa, y que éste le ensañara algunas cosas de su mundo. Pero otra muy diferente era tocarlos.
-Sí, sí, yo también estoy encantado de conocerte. -y esa fue toda la respuesta que Draco ofreció al saludo del chico, que bajó la mano inmediatamente. El perro continuaba mirándole raro. - Este perro... ¿Es tuyo? -es lo único que se le ocurrió decir. Muy inteligente.
-Sí. Se llama Piloto. Es mi perro guía. -contestó Jack, girando y bajando la cabeza ligeramente hasta el chucho. - Si finalmente quieres que me quede aquí contigo, él tiene que quedarse también, soy inflexible en cuanto a eso.
-Está bien -concedió Draco.
-¿Hace cuánto tiempo que no vas al instituto? -preguntó Jack, que quería comenzar a hacerse una idea de por dónde debería comenzar sus clases particulares.
-Unos tres meses. Pero... Para empezar, quiero que me enseñes cosas... -no sabía cómo explicarlo. Tampoco podía decirle que era mago, y que en su mundo no había tales cosas como ''teléfonos'', ''Internet'', o aparatos raros que transmitían música al cerebro, encerrando a los cantautores en esos minúsculos cacharritos. ¿Cómo comenzar? - Cosas cómo... Qué es ''Internet'', o un ''teléfono''.
El chico pareció extrañado. ¿Era una broma? Rió suavemente:
-Vamos chico, no me tomes el pelo.
-¡No! N-no es una broma. Yo, esto... -necesitaba inventarse algo. ¡Piensa Malfoy, piensa! - He vivido en el campo durante toda mi vida, y no he conocido ningún tipo de, ehm... -¿cómo mierda lo llamarían ellos? - Tecnología. Hace poco comencé a oír hablar de ese tipo de cosas, y tengo algo de... Curiosidad.
-Oh, está bien. Supongo que tampoco sabrás qué es un Ipod, o una televisión... ¿Dices que vivías en el campo? -Jack no terminaba de creérselo.
-Sí, digamos que mi familia quería que me mantuviera un poco... Alejado del mundo. Luego me mandaron aquí, debido a mi... Enfermedad. -si no fuera porque sabía que si salía de esa, su padre lo metería a la primera de cambio en las filas de Lord Voldemort, pensó que ser ''mentiroso profesional'' o ''inventor de excusas e historias sin sentido'' sería un buen oficio. Al menos, a él se le daría de maravilla.
Jack sólo se limito a soltar un breve ''Oh'', y no preguntó nada más, aunque la curiosidad le estaba matando. Esperaba a un chico inteligente con ganas de aprender literatura, matemáticas y ese tipo de cosas, pero no ''modos de vida del siglo XXI''. Sin embargo, aceptó, y se dispuso a subir sus pertenencias a su nueva habitación, comunicándole a Draco que al día siguiente tendrían su primera clase.
Jack le había recomendado que se levantara esa mañana pronto. Draco pudo cumplir a duras penas, ya que había pasado gran parte de la noche anterior leyendo. ¿Qué? Prácticamente cualquier cosa que encontrara por la casa, ya fuera libros, revistas o periódicos. Jamás lo hubiera pensado de él, Draco Malfoy (o más bien, el antiguo Draco Malfoy), odiador de sangresucia y ratejas de biblioteca. No es que ahora se hubiera vuelto un amante de ellos, y tampoco es que le apasionara la idea, pero simplemente, le gustaba leer. Le proporcionaba el entretenimiento que ninguna otra cosa en la casa le ofrecía, y eso al menos, lo mantenía distraído.
Las primeras lecciones resultaron bastante teóricas, aunque mucho menos de lo que Draco había pensado en un principio. Ya disipadas sus dudas sobre cómo llegaba la música al cerebro de la gente (no había conexiones por las orejas, ni nada de eso, sólo unos cables llamados ''auriculares'' que transmitían el sonido) y sobretodo, que no había nadie encerrado en esas diminutas cajas (''Son sólo datos y millones de numeritos'' le explicó su tutor), pudo experimentar cómo se escuchaba música a través de aquéllo.
-Es incómodo. -dijo Draco, mientras manoseaba los auriculares y no sabía de qué forma colocarlos en sus oídos para que le resultaran mucho más cómodos, y poder escuchar mejor.
-Te acostumbrarás. -le contestó Jack.
Pero sin duda, le gustaba aquél aparato. No era como la radio mágica: podías escoger con un par de botones qué querías escuchar (aunque la radio también poseía diversos canales, pero siempre eran noticias, informes sobre el Ministerio, y algún que otro programa para brujas amas de casa) y una vez comenzaba el sonido, ya no escuchabas nada más. Era genial... Para ser algo muggle, por supuesto.
El día no fue tan mal como Draco había pensado. Jack tenía carácter, y desde luego, era ciego, pero no idiota. Le explicó todo lo que el chico quería saber, y al ver que éste parecía comprenderlo y de vez en cuando, realizaba alguna que otra pregunta inteligente (al menos, había perdido su apariencia, pero no su cerebro, pensaba Draco constantemente), el joven se explayaba, y le contaba más detalles sobre el funcionamiento de algo en concreto, o su utilización, o su historia.
-Tengo que probar eso de Internet, definitivamente.-declaró Draco para sí, pero Jack lo escuchó y sonrió levemente.
La reunión de la Orden del Fénix se había desarrollado en Grimmauld Place tal y como Hermione había imaginado: sus amigos y los demás magos y aurores, apiñados en sillas de madera en la estrecha cocina, conversando con tranquilidad aparente hasta que entre todos decidieron dar comienzo a la reunión en sí. Habían llegado a la misma conclusión que ella y Harry, por lo que no parecía algo tan descabellado: Lord Voldemort atacaría en breve, y debían estar preparados por lo que pudiera pasar.
Sabía que muchos alumnos no volverían a Hogwarts ese mismo lunes. Desde que los mortífagos habían sembrado el terror, mucha era la gente que tenía miedo, y prefería tener a sus hijos en casa. La Señora Weasley había aceptado la decisión de Ginny de volver al colegio, pero no la de acudir a la próxima batalla, por lo que pudiera pasar, instándola al igual que Harry a que se quedara en casa.
-¡¿Por qué no podéis aceptar de una vez que ya soy mayorcita? -y dicho esto, Ginny había salido precipitadamente de la sala, escaleras arriba, donde compartía habitación con Hermione.
Durante la semana de regreso a Hogwarts, Draco había echo buenas migas con Jack. El chico ciego tenía un carácter que le gustaba a Draco: a pesar de ser inválido y muggle, no se dejaba pisotear. Era orgulloso, como él lo había sido también cuando era una persona normal. Piloto continuaba mirándolo raro de vez en cuando, pero normalmente acababa sentado a los pies de su dueño, y nunca osaba moverse un ápice de allí.
Esa semana, Draco envió una carta a Gringotts, pidiendo que canjearan algunos de sus knuts y dinero mágico por moneda muggle. Normalmente, sin autorización paterna esto resultaba posible dada su (todavía) minoría de edad, pero sabía que tratándose de la familia Malfoy, no habría problema ninguno y si lo había, siempre podría utilizar a su favor la situación de su padre, familia o algo así.
Compraría un ordenador. El modelo más caro, potente y ostentoso que hubiera. Con él podría acceder al fascinante Internet y además, según le había contado Jack, también podría comprar más cosas con él. Sería algo así como la lechuza del mundo no mágico pero, estando en una mansión en medio de Londres, era su única forma de sobrevivir. Quizá con un poco de suerte, hasta lograra encontrar a una chica por allí. ¿Quién lo hubiera pensado? La solución a todos sus problemas era muggle.
Hermione había cogido el Expresso de Hogwarts una vez más, como todos los años en los que tenía que volver al colegio, justo a las nueve de la mañana, en el andén nueve y tres cuartos de la Estación de King's Cross. Se había despedido de sus padres, y se había encontrado con sus amigos, a pesar de que apenas dos días antes ya los había visto, y éstos le habían relatado sus vacaciones. Ginny tenía cara de pocos amigos, Hermione supuso que porque todavía estaba enfadada con Harry.
Los dos primeros días de clase habían sido tranquilos, y apenas había habido incidentes. Se notaban, eso sí, menos alumnos que otros cursos y que los anteriores trimestres (antes de Navidades, se formaban interminables filas para entrar en el Gran Comedor a las horas puntas de desayuno, comida y cena) y esto entristecía a la joven de pelo castaño que sin embargo, intentaba dar al mal tiempo buena cara.
-Al menos, no tengo a ese hurón desteñido por aquí... -le había comentado a sus amigos en un cambio de clase, con un alegre tono de voz.
No obstante, el tercer día, un miércoles, Hermione despertó con el cielo lleno de nubes, y de vez en cuando, algún relámpago alumbraba el cielo. Tuvo un mal presentimiento, pero aún así, se vistió rápidamente y bajó a desayunar. Comenzó a llover, y el abovedado techo mágico del Gran Comedor se oscureció totalmente. La mayoría de gente que allí había (aunque todavía era temprano) había dejado caer sus suculentas porciones de tarta de manzana en el plato, y muchos alumnos de primer curso gritaban asustados.
-Sólo es una tormenta... -trataba de tranquilizar Hermione a unos cuantos niños de su mesa.
Pero sus más horribles temores se hicieron realidad cuando las puertas del Gran Comedor se abrieron con un estruendo, dejando pasar a Filch y a su gata la Señora Norris, ambos empapados.
-Mortífagos. Están atacando el castillo.
Nota de autora: Hola! Ammy molestando por aquí de nuevo. Qué tal? Finalmente, he podido subir el capítulo bastante antes de lo que pensaba (cómo siempre). He estado totalmente enfrascada en la escritura estos dos o tres últimos días, intentando adelantar la historia lo máximo posible, e intentando tener siempre al menos un capítulo terminado antes de subir el anterior, para así tener que dejaros con las dudas menos tiempo, y poder subir más rápido aunque, como ya dije en el capítulo anterior, estoy intentando que éstos sean más largos, y tengan más acción.
Respecto al capítulo... Qué os ha parecido? :D Ufff... Draco Malfoy está comenzando a utilizar tecnología! Increíble e inaudito, jajaja. Como digo siempre: comprendamos que el chico se ha quedado totalmente solo en una casa, y que le pica la curiosidad por las cosas que ve por la ventana (por mucho que odie la idea), además de que la compañía de un elfo doméstico creo yo que no resulta suficiente, no creéis? Así que bueno, se ha buscado un tutor. Y como véis, ya me encargo personalmente de liar y complicar la historia haciendo que éste sea ciego (aunque, en el libro y la película es así, pero creo que este personaje resulta bastante importante e influye mucho desde su aparición, por lo que no podía suprimirlo!) y encima... OH NO, repámpanos! Tenemos mortífagos atacando el castillo. *Am comienza a correr en círculos enloquecida*
Tengo la ligera sospecha de que tanto este capítulo como el siguiente van a generar algunas dudas y preguntas puntuales, pero bueno, no digo nada por si acaso ;) De todas formas, me está costando horrores adaptar ciertas cosas a la historia original, y hay una cosa que he tenido que cambiar bastante drásticamente (no me acaba de gustar mucho cómo queda, pero no podía hacer otra cosa. En el próximo capítulo me entenderéis). De todas maneras, no os preocupéis, que la historia sigue y además, lo bueno viene en nada! :D
Muchas gracias por leerme, y animarme a seguir con esto! Ya sabéis que dudas, tomatazos, preguntas, peticiones, etc. son bien recibidas y siempre contestadas ;) Nos vemos en el siguiente capítulo, un beso!
