Renuncia: Ni South Park ni sus personajes son míos, pertenecen a Trey Parker y Matt Stone.

NA: Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que publiqué esta historia. Actualmente he escrito hasta el capítulo 17. Espero subir uno por día, hasta que vuelvan a acabarse.

Capítulo 10. El problema de lo políticamente correcto.

— Kyle, por favor – Le había dicho Stan por quinta vez, acongojado. Respingó en cuando el sonido del casillero cerrándose sonó mucho más fuerte de lo que hubiera esperado, clara señal del estado de ánimo del pelirrojo.

Kenny rio por lo bajo, todavía permanecía una sensación de cosquilleo en su estómago tras haber compartido intimidad con Kyle. Algo que, ni en sus más retorcidos sueños, se hubiera visto capaz de hacer. Kyle era algo así como el más reservado del grupo, el que parecía un charlatán dispuesto a hacer cualquier cosa, pero ya sea por su buena suerte o por su aplastante ingenio, siempre se libraba de hacer aquello que era asqueroso, indecoroso o de mal gusto. Y nunca, jamás, ni en mil años se lo habría imaginado tomando el control de esa forma tan terriblemente atractiva, mucho menos en el ámbito sexual. No había sido la primera vez del judío besando, cuando niños, él había besado a más chicas que todos en el grupo, demostrando que, a lo mejor, tenía más encanto que los demás. Pero estaba seguro que había sido su primera vez tocando un miembro viril que no fuera el suyo propio y la sorpresa fue grata y completamente placentera, tanto que no borró la sonrisa de su rostro desde que salieron del salón de eventos a los baños de chicos para lavarse las manos y Kyle le había premiado con un golpe en el hombro lo bastante fuerte como para que le doliera por el resto del día, advirtiéndole que no dijera nada a nadie o lo asesinaría hasta quedar satisfecho. Por supuesto que Kenny accedió a mantener la boca cerrada, porque, si había algo que odiaba de Kyle, eso era tener que lidiar con su mal genio, de eso ya se encargaba Cartman.

— No voy a hablar contigo, Stan – Aseguró tajante, sus pelirrojas cejas frunciéndose mucho más de lo que ya estaban. El pelinegro se removió incómodo y visiblemente harto del rechazo de su mejor amigo.

— ¿No crees que estás siendo un poco injusto?

— ¿Injusto? – Bufó, acompañando su indignación con una sonora patada a la fila de casilleros de abajo – ¿Yo estoy siendo injusto por no querer hablar contigo cuando has sido tú un completo idiota que no quiso escuchar mi explicación?

— Lo siento – Murmuró Stan, reculando unos pasos – Ahora sé que sólo tratabas de darme una explicación cuando ni siquiera es necesario.

— ¿N-No es necesario? – Dijo Kyle, completamente descolocado por lo que acababa de escuchar. Pero se compuso, alzando la barbilla como sólo un soberbio podría hacer – Por supuesto que no es necesario, podías confiar en mí antes de pedirle consejos al culo gordo.

— Yo no le pedí consejos – Repuso, pero por la mirada que Kyle le dedicó, supo que era mejor guardarse las defensas y empezar a suplicar misericordia – Kyle, te quiero, eres mi mejor amigo.

Sus palabras parecieron encajarse en el ánimo del pelirrojo, porque enseguida los rasgos de su rostro se relajaron completamente. Stan lo decía en serio, le quería, habían pasado por tanto juntos que era incapaz de imaginarse sin él a su alrededor y por ello quiso protegerse a sí mismo, porque Cartman podía ser todo lo malo que se proyectaba en su cabeza, pero tenía razón cuando dijo que estaba jodido por él. Porque lo estuvo, hace algún tiempo. Porque cuando Wendy le traicionó por primera vez, encontró en Kyle mucho más que un consuelo, mucho más que simples palabras de ánimo, era su súper mejor amigo, el que siempre estaba ahí para apoyarle, pero que cuando se trataba sobre sentimientos de amor, se sentía mucho más cercano, íntimo y cómodo. Porque tuvo muchas dudas sobre sí mismo cuando se dio cuenta de que dependía demasiado de otras personas y vio esos sentimientos angustiantes disolviéndose ante las palabras de Kyle, ante esa promesa que le aseguraba que no estaría solo mientras él existiera sobre ese mundo. Y tuvo miedo de haber malinterpretado los sentimientos de Kyle por él, esos que en verdad eran ofrecidos con genuina honestidad y desinterés. Por eso había actuado como un idiota todo ese tiempo, acercándose más, mucho más, tanteando las posibilidades, evaluando su propio corazón, insistiendo en que eran amigos de esa forma tan incesante que hartaba al pelirrojo a veces, como si le estuviera echando algo en cara, como si necesitara dejar claras las pautas, las condiciones de un contrato, de lo que significaba realmente ser súper mejores amigos, de esa barrera y el límite que no podían cruzar.

— Por eso no quiero perderte – Suspiró al fin, sintiéndose aliviado por haberlo dicho – Así que, si hay una mínima oportunidad para que me perdones…

— No necesitas oportunidades, Stan – Sonrió Kyle, posando su mano sobre el hombro del pelinegro y su rostro tomó vida inmediatamente, no se había percatado de lo mal que lucía hasta ese momento en el que su cara pareció iluminarse de felicidad – Admito que estaba más preocupado por ti que enfadado, de verdad no quiero ser el motivo de tu ruptura con Wendy – Desvió la mirada frunciendo el ceño, aun a sabiendas de que Marsh podría deprimirse ahí mismo por haberlo dicho.

— Parece que es algo que venía pensando desde hace mucho tiempo – Aseguró Stan, bastante más decidido de lo que hubiera imaginado, incluso Kenny que había estado distraído pensando en su aventurilla con el pelirrojo, le prestó completa atención – O al menos eso fue lo que me dijo – Se encogió de hombros, antes de soltar un suspiro – Me reprochó todo sobre nuestra amistad y probablemente ahora me odie más.

— ¿Por qué? – Se extrañó el pelirrojo.

— Porque, al parecer, hubo rumores sobre lo que pasó en la fiesta – Declaró, el calor en las mejillas le hizo desviar la mirada hacia sus desgastados zapatos por unos segundos – Unos más exagerados que otros.

— ¿Qué? – Exclamó el rubio.

— Cartman me lo dijo.

— ¿Todos lo saben? – Se espantó Kyle con ojos desorbitados y retrocediendo unos pasos por la impotencia que le provocaba que todo el colegio se hubiera dado cuenta de su "desliz" con su mejor amigo.

— Al menos lo sospechan – Bufó Kenny. Llevó su mano hasta la espalda del judío para darle unas palmaditas amigables – Venga ya, no se desanimen, todos saben que, por más cercanos que sean, no pueden ser gay, Stan no por lo menos.

— ¡Kenny, yo no soy gay! – Replicó Kyle apretando tanto sus manos en puños que por un momento el rubio se vio en el suelo suplicando piedad. Pero no importaba, no a Kenny al menos, le daba realmente igual ser asesinado por esos pequeños puños que eran bastante más fuertes de lo que aparentaban. Bah, no había pasado ni una hora desde que habían profanado el salón de eventos y Kyle ya estaba con ínsulas de supremo heterosexual, era cuanto menos injusto. Por eso alzó bien las cejas, observándole de esa forma tan desaprobatoria que le recordaba que no estaba siendo para nada honesto con Stan ni consigo mismo y Kyle no tuvo más remedio que apretar bien los dientes y tragarse el orgullo por mentiroso. Porque mentir estaba mal – Soy… bisexual – Dijo en un murmullo al fin. La sonrisa de Kenny se amplió.

— Sí, hay una diferencia muy grande, Stan – Suspiró Kenny dirigiéndose al pelinegro y este enrojeció, no había dicho nada, pero probablemente les había estado viendo con cara de entender muy poco.

— Como sea – Bufó Kyle, el calor en las mejillas le hizo perder la compostura durante un instante – Tendrás que compensarme por esto, Stan.

— ¿Eh? – Se sorprendió – Claro que sí, haré lo que sea.

— Entonces, mañana, en mi casa – Impuso, el pelinegro no fue capaz de reprimir una expresión de sorpresa – Tendremos tarde de películas y comida chatarra.

— De acuerdo – Sonrió – Yo llevaré los bocadillos.

— No sólo los bocadillos – Bufó Kyle, intentando con todas sus fuerzas suprimir una carcajada – También las películas.

— ¡Oh! ¿Necesita que este humilde caballero lleve algo más a nuestra noble velada, Alteza? – Tomó la mano del pelirrojo e inclinó su cuerpo en una reverencia que habría sido elegante de no ser porque solía ser muy tieso para ese tipo de movimientos agraciados. Se escuchó la risa ahogada de Kenny quien miraba divertido la absurda escena que sus amigos habían montado, como sacada de una mala película de bajo presupuesto.

— Bueno – Se lo pensó Kyle, al tiempo en que sujetaba la mano de su mejor amigo con fuerza – Un par de bebidas no nos vendrían mal.

— Bebidas, no lo olvidaré – Dijo Stan incorporándose para dedicarle su mejor sonrisa.

— Y bombones.

— ¿Bombones? – Parpadeó sorprendido. No daba crédito de lo malditamente demandante que había sonado el pelirrojo, ni siquiera Kenny.

— Sí, bombones – Insistió, soltó su mano y se acercó a él lo suficiente como para pasar un brazo alrededor de su cuello, satisfecho por su expresión asombrada – Bombones de chocolate con relleno de avellanas.

— ¿Con forma de corazón? – Dijo, alzando una ceja.

— Muchos corazones.

Ambos compartieron una risa. Puede que sentirse aliviado no fuera una buena idea en aquel momento, después de todo, aún había mil cosas por solucionar, muchas cosas que le preocupaban y, sin embargo, Stan no podía evitarlo. Cuando se trataba de Kyle todo solía ser más fácil, más racional y mucho menos angustiante, las adversidades ya no parecían un motivo para deprimirse. Ante todo, sentía un alivio en su corazón, podía hablar y reír como antes, sin creer en sentimientos inexistentes más allá de la mera amistad.

— Todavía tenemos algo que hacer – Había dicho Kyle, emprendiendo un viaje hacia algún punto bastante indefinido, incluso para él.

— ¿Qué quieres decir? – Indagó Stan, caminando junto a él seguido de Kenny.

— Voy a hablar con Wendy – Dijo con firmeza. Se alcanzó a oír el grito ahogado de Kenny, el pelinegro ya había perdido los colores y, de no ser porque de alguna manera se lo esperaba, se habría desmayado ahí mismo – Tengo que hacerle entrar en razón, tiene que saber que entre tú y yo no hay ni puede haber nada.

— ¿No puede? – soltó Kenny, interrumpiendo cualquier intento de habla en el pelinegro – ¿Aunque se diera la oportunidad?

Y Kenny supo que les había dado donde más duele, al menos creyó algo como eso por las caras de espanto e inquietud que pusieron en cuanto lo había dicho.

No lo sabían, no podían estar seguros. Algo como salir juntos había sido impensable desde siempre, les provocaba nauseas, les mareaba de tal forma que preferían no pensar en ello durante mucho tiempo, porque no funcionarían como pareja, o no querían creerlo, por mucho que Craig y compañía dijeran lo contrario. Porque los sentimientos de Stan por Wendy seguían allí, intactos, como la primera vez. Porque Kyle estaba seguro de que su corazón latía con más furor cuando observaba a Cartman siendo amable con él, se sentía inquieto, agitado, alterado con frenesí. Y esos sentimientos eran reales, no eran un capricho, un antojo por lo desconocido, la tontería de turno. Por supuesto que también se querían, desde niños siempre habían sido ellos dos, Stan y Kyle, Broflovski y Marsh ¡Cuántas veces no bromearon con haber sido separados al nacer! Había algo más allá de ser amigos porque sus padres se conocían o porque vivían en el mismo vecindario y no tenían de otra, casi podían jurar que se amaban, sí, se amaban tanto que, ahora que se paraban a pensarlo, la línea que debían respetar era bastante difusa y tenían miedo, evidentemente, estaban aterrorizados por aquellos que creían en ambos como una pareja por defecto. No. No querían. Aunque se complementaran, aunque se vieran bien juntos, a pesar de que podían ser el uno para el otro y que Kyle era la mejor persona que podría desear y viceversa. Era así de complicado.

¡Y cuánta era la desdicha!

— Aunque se diera la oportunidad, seguiría queriendo a Wendy – Había dicho Stan en un arrebato por la incomodidad que le provocaba el repentino silencio, casi había hablado sin pensar mucho en su mejor amigo.

— ¿Quieres decir que no estarías con Kyle, aunque Wendy no te perdone? – Dijo Kenny con voz suave y se arrepintió por haber indagado de esa forma cuando vio el rostro perturbado de Stan.

— Qué idiota – Bufó Kyle – No hay forma en que Wendy no te perdone, Stan – Habló con firmeza, ni siquiera les sostuvo la mirada – Y si no lo hace, eso sólo confirmaría que es estúpida.

— Oye – Stan arrugó el entrecejo, a pesar de no haber forma sana de refutar sus palabras.

— Pienso que jamás le dimos razones para que desconfiara – Kyle detuvo sus pasos y el de los otros dos. Presionó sus labios y le dedicó una mirada inquieta a su mejor amigo – Y yo nunca quise acaparar tanto tu atención, no intencionalmente. Si Wendy no quiere entenderlo, tú puedes encontrar a alguien más, alguien que esté a tu altura, alguien que sea exactamente lo que buscas.

Y Stan sólo atinó a asentir con lentitud, de esa forma tan mecánica que dejaba entrevisto que realmente no sabía cómo responder. Sentía como si su corazón no le entrara en el pecho, porque ahí estaban esos sentimientos de nuevo, esos que le decían que la persona que tenía enfrente era todo lo que en realidad buscaba.

— Además ¿tú por qué nos emparejas tanto, Kenny? – Replicó Kyle. El aludido sonrió encogiéndose de hombros.

— ¿Y por qué no? ¿Acaso te gusta alguien? – Incitó el rubio y el repentino enrojecimiento del judío devolvió a Marsh de vuelta a la tierra.

— ¿Te gusta alguien? – Se sobresaltó incrédulo. Kyle desvió la mirada.

— Puede… que sí – Intentó sonreír, Moisés sabía que sí, pero su sonrisa más parecía una mueca del viejo trágame tierra.

Continuó caminando a pesar de las incesantes preguntas de Kenny sobre la persona que le gustaba, como si no fuera ya lo suficientemente obvio para él, como si no lo hubiera prácticamente gritado cuando demostró que le importaba la opinión de Cartman sobre él en el salón de eventos. Ciertamente Kenny estaba intentando que fuese un poco más honesto con la persona que consideraba fácilmente como su hermano del alma. Y tenía razón, el que estaba siendo injusto era él y se preguntaba de qué forma reaccionaría Stan de decirle la verdad.

Aunque definitivamente no sería en aquel momento. Antes debía aclarar un par de cosas con cierta morena que tanto daño le había hecho a su mejor amigo. Ya pensaría más tarde en cómo confesar sus sentimientos.

Capítulo 11. Confusos sentimientos por Marsh.