Nuevo capítulo de El sabor...por fin! No me había dado cuenta de que hiciera tanto tiempo desde la última vez.
Anteriormente habíamos visto cómo Lisbon le cuenta a Jane su cruzada contra el terrorista Sebastián Bauer (flashbacks, asesinatos, explosiones...); emotivo funeral, mientras una ansiosa Lisbon espera el momento para volver a verse las caras con el famoso criminal...
Disfrutad!
Capítulo X
Lisbon suspiró agotada; Jane y ella habían pasado una larga hora hablando, el té se había acabado y el tiempo también…
Sabía que nada sería mejor que tener cara a cara al asesino y no faltaba mucho hasta que aquello ocurriera. No era venganza, era justicia. El momento en que, si todo iba bien, se volverían a ver las caras, él se encontraría con la desagradable sorpresa de su presencia allí con todo un contingente de agentes del orden dispuestos a darle caza, los cañones de al menos seis pistolas sin contar a los chicos de operaciones especiales, todos apuntándole esperando a que aquel tipo diera la más mínima señal de amenaza; pero eso no ocurriría pues estaría tan vigilado y acorralado que no le quedaría más que rendirse, y entonces ella le colocaría por fin las esposas metálicas, las apretaría bien fuerte y le mandaría al infierno sin contemplaciones. Eso si todo salía bien…
Podía notar cómo la emoción por cerrar un caso sin resolver, de cerrar esa etapa, se entremezclaba peligrosamente con el nerviosismo producido por la inexorable llegada del encuentro. El corazón le latía en el pecho furiosamente, la sangre corría por sus venas a toda velocidad, sentía su cabeza estallar con mil ideas, casi le costaba respirar o mantenerse quieta. ¡Diablos! Se sentía como en su primera misión, sólo que contaba con la maravillosa ventaja de la experiencia, años de misiones que la habían preparado para lo que estaba por llegar. Cuando eso ocurriera ella estaría tranquila, lista para la batalla con la respiración relajada y el pulso firme. O eso esperaba. Ese hombre no se escaparía esta vez.
Por segunda vez consecutiva Lisbon exhaló y Jane se dio cuenta de que aquel debía de estar siendo un momento importante para ella. Estaba inquieta, nerviosa. No había que ser un psíquico (ni fingir serlo) para darse cuenta de cómo la perturbaba el tema. Conocía perfectamente el sentimiento de venganza y culpa, de querer cerrar el círculo y pensar que tenía que hacerlo, pues no tendría paz hasta que todo acabara. Obviamente, no se encontraban en la misma situación aunque el sentimiento era el mismo, pero ella nunca sería tan estúpida como para dejarse llevar por la misma ceguera y obcecación que él. La había visto muchas veces torturarse porque un caso no se cerraba y el asesino salía impune; esto, al parecer, iba más allá. El orgullo de policía, la necesidad de dar carpetazo al tema, cerrar el círculo y todo eso, la importancia de hacer justicia. Por supuesto él prefería la venganza (a veces incluso le pasaba por la cabeza la absurda idea de que con los años su lucha había dejado de ser tanto por Annie y la niña y más por él y John el Rojo), pero para ella se trataba únicamente de hacer lo correcto. Y lo hacía muy bien. No perdía de vista su objetivo y seguía siendo lo bastante racional como para no dejarse absorber por la ira y la venganza como le pasaba a él; ni siquiera cuando el caso interfería personalmente se dejaba guiar por impulsos y oscuros motivos. Teresa Lisbon. A veces se preguntaba cómo podía aguantar con el peso de todo el mundo sobre los hombros. Intentando ser la mejor agente, la mejor jefa, la mejor persona… ¿No se cansaría nunca la mujer de ser siempre tan correcta? No, claro que no. Era cometido suyo ser un desastre y de ella arreglarlo. Él sí que había ido por el mal camino, haciendo siempre lo que le venía en gana sin importar los sentimientos de los demás o el peligro que él mismo corriera. Así había sido siempre y así sería hasta el mismo día en que exhalara su último aliento y ni siquiera las constantes quejas y suplicas de su compañera le harían cambiar de actitud.
Hacía un buen rato que ya ninguno de los dos hablaba, se había instaurado un agradable silencio a su alrededor una vez que las preguntas fueron contestadas y las explicaciones dadas.
Empezaba divagar nuevamente cuando el teléfono móvil comenzó a sonar. No le hacía falta mirarlo para saber que en la pantalla tintineaba acuciante el nombre de uno de los agentes del FBI.. "La llamada", suspiró mientras acercaba el móvil a su oreja.
- Lisbon.
- Agente. ¿Dónde está? El coche que tenía que llevarla al cementerio está esperando. Operaciones Especiales en posición y aguardando. Nada del objetivo aún.
- Está bien – contestó después de un largo silencio – Estaré preparada, sólo he tenido que tomar un desvío, agente O'Hara.
- Espero que ese desvío no suponga un peligro para la misión. – "yo también" estuvo a punto de decir, pero se contuvo pensando que era lo mejor, como siempre hacía ella, decir lo correcto, hacer lo correcto…
- Tranquilo, estaré en mi posición a mi hora. – informó.
- Bien.
- Bien.
Y así, sin más detalles colgó el teléfono finalizando la conversación. Estaba seria, pensativa, casi solemne. Jane la observaba con atención, como siempre, cada uno de sus movimientos. Miraba con aire ausente el aparato telefónico que sostenía en sus manos entre las rodillas flexionadas, entonces giró la cabeza hacia él con una media sonrisa que advertía cómo iba a continuar la velada.
- Tengo que irme. – levantó el teléfono para señalárselo – Mi llamada.
- ¿El carruaje te espera?
- Sí – sonó como un susurro aunque lleno de excitación por lo que le aguardaba.
El asintió, lo único que podía hacer ahora.
- Volveré a verte ¿verdad?
- Espero que sí – sonrió abiertamente antes de suspirar y levantarse aún mirándolo desde su altura. – Por si acaso, ha sido un placer…
- ¿De verdad lo ha sido? – preguntó sabiendo que nadie había vuelto la vida de Lisbon tan patas arriba como él. Ella hizo una mueca muy graciosa con la cara.
- Eso creo.
- Detén a los malos.
- Eso intento.
La última vez que la vio fue con ese movimiento tan particular que hacía al colocar la pistola en la funda de su cintura, dirigiéndole una mirada casi cariñosa antes de volverse ; luego desapareció por la puerta con misterio, como si nunca hubiera estado allí, dejando tan sólo un rastro de perfume a su paso, y a él, envuelto en el más absoluto silencio.
No podía ocultar la excitación y el nerviosismo mientras la conducían en el coche negro totalmente blindado que la resguardaba de la visión de curiosos y asesinos que pudieran ir en su busca antes de tiempo, porque...¿acaso no era a ella a quien Bauer buscaba aunque estuviera en un ataúd y cubierta por dos metros de tierra? ¿Era una especie de venganza por su "exilio" lo que quería de ella ahora que estaba "muerta"? ¿Querría Bauer decir "te lo dije"? "¿Quién sabe lo que lleva a un criminal a acercarse a un cementerio para enfrentarse a la tumba de su enemigo?" se dijo, ¿quién podía decir lo que hay en las mentes atormentadas de esas personas? Dudaba incluso que los psicólogos criminales lo supieran a ciencia cierta...
El cementerio estaba oscuro y fresco con esa aura misteriosa y tétrica que caracteriza a estos amplios lugares durante la noche, las lápidas brillaban blanquecinas bajo la luz de la luna y los ruidos ambientaban creando un perfecto marco tenebroso. Sin poder evitarlo se encontró pensando en Jane y en cómo le encantaría aquello…El misterio, la noche, la actuación.
El interior de la furgoneta estaba totalmente equipado, y allí, en medio de los cables y monitores se cambió de ropa tras una improvisada cortina ocultándose de la mirada de Shaw, O'Hara y Hugh.
- Forma parte del plan – aclaró al ver cómo la contemplaban sus colegas con cierta curiosidad e impaciencia por no poder averiguar que hacía mientras se colocaba unos zapatos de tacón que hacían juego con el vestido de luto que se había puesto. Se hizo una coleta baja y se colocó el flequillo hacia un lado sin dejar de mirarles. ¡Los locos eran ellos! ¿Por qué la miraban así cuando era obvio lo que hacía? La preparación era importante. Casi lo que más - Conozco a alguien en este trabajo que opina que la apariencia y la preparación para esta clase de trabajos es esencial. "¿No somos todos actores en realidad?" Suele decir. Y, por mucho que me pese, he de decir que tiene razón. - farfulló mientras se colocaba la pistola en la funda especial del muslo bajo el vestido.
- ¿Te ayudará tu nuevo look en la lucha contra el crimen?
- Oh, ya lo creo que lo hará.
No las tenía todas consigo, ni siquiera sabía si Bauer acudiría y tampoco habían tenido noticias de él en los últimos años, pero ahora todo lo que importaba era lo que se hallaba ante sus ojos: la expectativa de pillar a Sebastian Bauer.
