Si no fuera por ti.

Capítulo diez: Oportunidad.

Cuando su madre se desmayó después de haber tenido el comportamiento más raro de la vida, Kiui jadeó y se quedó estático en su lugar, sin tener ni idea de qué hacer. ¿Así se habrá sentido su madre cuando lo encontró desmayado en el baño? Porque no se sentía nada bonito.

-¡Oh, no!- por alguna razón, Shimo parecía aún más horrorizada de lo que él se sentía. -¡Mamá!- corrió en dirección a la mujer mayor, pero él no prestó atención a eso.

¿Mamá?

¿Era su imaginación o Shimo acababa de decirle mamá a SU mamá? ¿Había escuchado mal, acaso? ¿Por qué ella diría algo así? ¿Y por qué la extraña actitud de su madre? ¿Por qué todos actuaban como si se conocieran? ¿Qué demonios estaba pasando aquí?

Sacudió la cabeza y también corrió hacia su madre, arrodillándose junto a Shimo y mirando con desconfianza el modo en que acunaba suavemente el rostro de su progenitora. ¿De verdad escuchó bien y ella sí la llamó mamá? ¿Pero por qué? No entendía nada.

-Llevémosla al sofá.- dijo cuando encontró su voz después de unos minutos. –No está bien dejarla aquí en el piso.-

-Sí. Sí, tienes razón.- la adolescente se colocó detrás de la adulta y la alzó tomándola por debajo de los brazos. –Tú toma sus piernas.- él así lo hizo y luego le indicó el camino que debía tomar para llegar a la sala donde estaba el sofá. Una vez la colocaron, ambos suspiraron. –Afortunadamente parece que no se golpeó muy fuerte. Debería despertar pronto.- se llevó las manos al pecho mientras miraba a su madre con cariño.

Kiui entrecerró los ojos y miró con desconfianza al hombre que los había seguido hasta la sala y luego a la adolescente. Ambos no le quitaban la vista de encima a su madre. Ella obviamente se desmayó por culpa de sus invitados. ¿Pero por qué? Necesitaba saberlo.

Abrió la boca para comenzar a decir algunas de sus muchas preguntas, sin embargo en ese momento su madre despertó sentándose de golpe con los ojos muy abiertos. Shimo jadeó y fue como si de repente hubiera perdido todo deseo de estar cerca de la otra fémina porque prácticamente corrió lejos de ella y pasando a su padre para asomar tímidamente la cabeza desde el pasillo, ocultándose como si tuviera miedo.

El padre de la chica estaba parado mirando de él a su madre con nerviosismo. Su madre rápidamente se levantó del sofá y miró con los ojos muy abiertos a ese hombre. Ellos definitivamente se conocían… ¿pero de dónde?

Para Kiui, este oficialmente era el día más raro de toda su corta vida.

.

Cuando Karin se despertó y miró en su dirección, Toshiro sintió todo su cuerpo entumecerse, como si llevara horas en agua congelada. Sus manos comenzaron a temblar levemente cuando se puso en pie y empezó a avanzar hacia él.

Ella parecía en trance, su mirada estaba desenfocada, sus pasos eran lentos y vacilantes, apenas parecía capaz de estar en pie y aun así seguía acercándose.

Después de nueve años, finalmente estaba frente a frente con Karin. No sabía que sentir, ni siquiera podía pensar correctamente, solo estaba nervioso y... tenía miedo. Sí ella quisiera golpearlo, gritarle o echarlo de su casa, no estaba seguro de tener la capacidad de defenderse a sí mismo. Tampoco sabía sí podía controlarse a sí mismo. Su mente y sus emociones eran un caos, una parte de él quería estrecharla en sus brazos y rogarle perdón, otra parte no quería nada más que tomarla por los hombros y sacudirla en lo que le gritaba sus muchos reclamos, y otra parte simplemente quería largarse ahora que tenía la oportunidad.

Cuando ella estuvo a solo unos pasos de él, no pudo evitar cerrar los ojos dejando a la cobardía dominarlo. Esperó una bofetada, empujón o patada, pero en cambio todo lo que percibió fueron los sonidos de sus pasos pasarle por al lado. Abrió los ojos y miró a Karin, notando que ella ni siquiera parecía haberlo visto, sino que lo ignoró por completo y su atención estaba realmente en Shimo.

Su hija estaba abrazada a la pared que daba al pasillo, ocultando su vista de su madre como sí todavía fuera una niña pequeña, con sus hombros temblando levemente tal vez por el llanto reprimido.

Karin ahora le daba la espalda, pero él notó perfectamente la duda en cada uno de sus movimientos cuando con mucha vacilación levantó un brazo y acarició con ternura los cabellos blancos de su primogénita. Shimo se estremeció y enterró más su rostro en la pared, alejándose del toque de su madre.

La Kurosaki retrocedió por un momento, probablemente herida al sentir el rechazo de su hija, pero ella nunca fue de las que se rindiera fácilmente, por lo que no le sorprendió ver cuando volvió a acercarse, esta vez tomando delicadamente las mejillas de su niña, apartándola de la pared para que se enfrentara a su mirada.

Cuando Shimo levantó la vista finalmente, Toshiro vio sus ojos cristalizados con las lágrimas a punto de desbordarse, y cuando todas esas lágrimas comenzaron a derramarse pudo sentir un nudo en su garganta comenzar a asfixiarlo. Odiaba ver llorar a su pequeña, y más el saber que él era en parte el responsable de su llanto. Sí hubiera hecho bien las cosas en el pasado ella no estaría sufriendo hoy.

-…Shimo…- Karin finalmente habló en un pequeño susurro con la voz rota que dejaba en evidencia su estado al borde del llanto. –Eres tú… De verdad eres tú. No puedo creerlo.- sollozó felizmente. –Mi bebé… mi hija… Shimo…- volvió a sollozar, antes de envolver sus brazos alrededor de la adolescente, que también estalló en llanto correspondiendo de inmediato el abrazo de su madre.

-Mamá…- ambas se abrazaron desesperadamente. –Te extrañé tanto…-

-También te extrañe, mi cielo.- besó amorosamente su cabeza, una y otra vez, como lo hacía cuando era pequeña. –No pasaba ni un solo día en el que no pensará en ti… Todos los días, todos los días pensé en ti, sin falta.- aseguró acariciando sus cabellos. –Mírate… eres una mujercita ahora…- le alzó el rostro con una mano y secó sus lágrimas suavemente con el pulgar. –Eres tan hermosa. Has crecido tanto.- besó su frente antes de apoyar su propia frente contra la de ellas. –Casi eres de mi altura… La última vez que te vi me llegabas apenas a la cintura.- ambas rieron entre lágrimas mientras frotaban sus naricitas juntas. –Imaginó que ya tienes novio y todo.-

-¡Mamá!- Shimo rió con las mejillas rojas, parpadeando para alejar las lágrimas. –No digas esas cosas.- suspiró apoyando su cabeza en el hombro de su madre, entonces las lágrimas volvieron. –Realmente te extrañé… Creí que nunca volvería a abrazarte.- enterró el rostro en el hueco de su cuello.

-Yo no dejaría que eso pasará, mi cielo.- aseguró frotándole la espalda. –Apenas cumplieras dieciocho tenía planeado buscarte.- ella frunció el ceño y Toshiro se sobresaltó al notar su mirada fija en él, pero solo fue un segundo antes de que volviera a centrar su atención en su hija. –Después de todo… quería que conocieras a tu hermanito.- eso provocó que ambas se apartaran de golpe y dirigieran su mirada hacia el más pequeño en la habitación.

Hitsugaya también se giró para mirar a Kiui, sin sorprenderse demasiado al ver al niño parado con la boca abierta y los ojos entrecerrados en una obvia mueca de confusión y tal vez un poco de desagrado. Obviamente él no entendía nada de lo que estaba pasando, por lo que no podía culparlo por reaccionar así.

-Kiui…- Shimo se secó las lágrimas y miró con pánico a su hermano menor. –P-puedo e-ex-explicarlo…- tartamudeó con las manos en alto, como sí tuviera miedo de que él saltara a golpearla en cualquier momento, lo cual teniendo en cuenta que se trataba del hijo de Karin era perfectamente razonable.

Kiui apretó los labios y miró a su madre, luego lo miró a él y luego a su hermana, repitiendo esto varias veces. Toshiro por un momento temió que fuera a desmayarse también, pero al final solo se quedó mirando a su madre, que se acercó vacilante a él y se arrodilló para quedar a su altura.

-Mi amor…- trató de llevar una mano a la mejilla del pequeño, pero él se alejó bruscamente. –Kiui, escucha.- tomó aire. –Ella es Hitsugaya Shimo.- miró hacia atrás a su hija con una pequeña sonrisa. –Es tu hermana mayor.- Kiui miró incrédulo a su madre, negando con la cabeza. –Parece que ya la conocías.- rió nerviosamente. –Y ahora sabes que es…-

-¿Mi hermana?- él la interrumpió todavía negando con la cabeza. –Eso no es posible. ¡Eso no puede ser posible así que no digas tonterías, mamá!- le gritó con el rostro pálido. –Nos encontramos por casualidad. Fue una simple coincidencia. Ella es una desconocida, tú no la conoces, yo apenas la conozco. ¡No puede ser mi hermana!- aseguró retrocediendo espantado por la idea.

-Kiui, escucha.- Toshiro vio claramente el dolor en los ojos de su hija, pero ella aun así habló con convicción. –El primer encuentro en Tokio sí fue una coincidencia, pero la verdadera razón por la que vine a Karakura, fue para encontrarte. Encontrarte a ti y a mamá.- confesó. –Me di cuenta de que debías ser mi hermano por tu edad, tu nombre y tu apariencia, entonces papá y yo…- volteó a ver a su progenitor, que solo pudo asentir en señal de apoyo. Los nervios no lo dejaban hacer nada más. –Papá y yo vinimos a buscarte.-

-¿Papá?- lo miró con obvio desagrado, haciéndolo estremecerse aunque intentó esconderlo. -¿Me estás diciendo que ese hombre… es mi padre?- observo con ojos incrédulos a Shimo, antes de volverse hacia Karin con la confusión escrita en todo el rostro. -¿Está diciendo la verdad, mamá? ¿De verdad ese tipo es mi papá?- Karin se mordió el labio, mirándolo de reojo no con menos desagrado.

-Sí, Kiui.- suspiró. –Él es Hitsugaya Toshiro. Él es tu padre.- el rostro de Kiui se quedó en blanco. –Kiui, amor, sé que debes estar confundido, pero…- calló cuando el niño repentinamente tomó una lámpara de una mesilla cercana y la arrancó desenchufándola, solo para arrojarla a la cabeza de Toshiro, que por la sorpresa apenas logró hacerse para atrás y esquivarla. -¡KIUI!- gritó Karin horrorizada.

-¡Quiero que se vaya!- exigió a gritos el niño. -¡Quiero que se vaya AHORA!- esta vez tomó un cuadro y quiso arrojarle eso también, pero Karin se lo quitó de las manos. -¡Haz que se vaya, mamá!- gruñó entre dientes. -¡No quiero tener nada que ver con este idiota!-

-¡Kiui!- Shimo jadeó. -¡Es nuestro padre! Sé que no lo conoces aún pero…-

-¡Cállate!- frenó el intento de razonar de su hermana. -¡También quiero que tú te largues! ¡Eres una mentirosa! ¡Estabas fingiendo ser mi amiga pero eras una farsante! ¡Quiero que los dos se larguen YA!-

-¡Kiui!- Karin se puso en pie y se cruzó de brazos. -¡No toleró este comportamiento! ¡En esta casa no mandas tú, mando yo!-

-¡Pues sí tú no haces que se vayan mamá, ENTONCES YO ME VOY!- antes de que ninguno pudiera hacer nada, el pequeño salió corriendo de la sala hacia la puerta principal.

-¡KIUI!- Karin corrió para perseguirlo, pero se detuvo y tomó un abrigo de un gancho cercano antes de reanudar su intención anterior. -¡Vuelve aquí! ¡No puedes estar fuera sin un abrigo!- salió dejando la puerta abierta.

Toshiro vio a Shimo con el rostro otra vez bañado en lágrimas, esta vez producto de las palabras hirientes de su hermano, pero la preocupación de que algo pudiera pasarle al niño le impidió consolarla y en cambió corrió al recibidor, tomó su abrigo y también salió fuera de la casa, corriendo tras Karin y alcanzándola rápidamente.

Se preocupó más al no ver al niño por ningún lado.

-¡¿Dónde está?!- le preguntó mientras corrían.

Ella lo miró con extrañeza, antes de fruncir el ceño. Dudó un momento, pero finalmente se decidió por hablarle.

-No lo sé.- exclamó muy preocupada. –No lo sé… pero él no es tonto. Irá a un lugar que conozca. Puede ser a la plaza, a la clínica Ishida o a la casa de Kelly-chan… Yo apuesto por la plaza, probablemente se escondió en un árbol.- lo miró de reojo. –Le gustan los lugares altos, en eso se parece a ti.- comentó en voz baja. –Sí fuera a la casa de Kelly-chan sus padres me llamarían. En la clínica están las enfermeras del turno tarde y noche, también me llamarían…-

Llegaron a la plaza y ralentizaron el paso, comenzando a mirar por los alrededores.

-Sí lo veo te avisaré, no creo que baje sí se lo pido.- comentó con amargura. -¿Puedo saber qué le dijiste para que me odie tanto?- una parte de su mente le dijo que cerrara la boca antes de decir algo de lo que pueda arrepentirse, pero otra parte simplemente le daba más motivos para hablar. –Tuve que estar nueve años lejos de mi hijo y a los nueve minutos de conocerlo ya ma odia.- quería reclamarle más, pero el modo en el que ella lo miró lo hizo morderse la lengua.

-¿En serio sacas ese tema ahora, Hitsugaya?- gruñó molesta. -¡Mi hijo está perdido en el frío! No tengo tiempo para tus reclamos sin sentido…- negó con la cabeza y siguió mirando.

-¿Oh, son sin sentido?- seguía mirando alrededor, pero sus puños se apretaron. -¿De verdad es sin sentido que te reclame algo? ¡Oh, perdóname, olvide que eras una santa, Kurosaki!- le gritó lleno de cinismo, pero aun mirando por todas partes.

-¡No empieces!- ella también le gritó. -¡No tengo tiempo para ti! ¡Puedes gritarme todo lo que quieras después de que encuentre a mi hijo!- sus ojos lo miraron con desprecio.

-Nuestro hijo.- la corrigió en un murmullo.

-Qué gracioso…- ahora fue su tono el que salió lleno de cinismo. -¿Ahora es "nuestro hijo"? Pensé que según tú no existía, o que era el hijo de Vorarlberna. ¿Por qué no…?...- ante la mención de ese maldito apellido, la visión de Toshiro se tornó roja y antes de que lo supiera ya tenía sus manos sobre los hombros de Karin y su cuerpo estampado contra uno de los árboles de la plaza. -¿Toshiro?- susurró su nombre con los ojos muy abiertos, temerosa por su mirada de furia enloquecida.

-No menciones… a ese bastardo.- advirtió entre dientes, con todo su cuerpo tenso.

-No me digas que hacer.- todo miedo se esfumó de su mirada. –Ahora quítate. Tengo que ir a encontrar a mi hijo.- posó sus manos en su pecho y lo apartó de un empujón que casi lo tira al suelo. –Sí no vas a ayudar lárgate.- él quiso replicar, pero en ese momento sonó el celular de Karin, que atendió de inmediato. -¿Hola? ¡Oh, Ishida-san! ¿Kiui está ahí?- hubo una pausa antes de que volviera hablar. –Oh, gracias al cielo.- suspiró aliviada. –Voy a… ¿Tú lo traerás a casa? No sabes cuánto te lo agradezco.- sonrió levemente. –Te estaré esperando allí, por favor regrésalo a casa.- suplicó antes de despedirse y colgar.

La vio guardar su celular y regresar por sobre sus pasos hacia la casa sin decirle ni una palabra. Frunció el ceño y dio largas zancadas para estar a la par con ella. Caminaron lado a lado y él no pudo evitar mirarla, notando como evitaba mirarlo deliberadamente.

-¿Qué tan lejos está la casa de Ishida de tu casa?- preguntó él finalmente, sin soportar el incómodo silencio.

-No mucho. Él llegó allá corriendo, lo traerán en auto así que llegaran en cualquier momento.- se encogió de hombros. El hombre asintió y guardó silencio. No sabía que otra cosa decir y no estaba muy seguro de querer hablar más con su ex mujer. –Toshiro…- desgraciadamente ella tenía otros planes. -¿Puedes explicarme cómo supiste que Kiui es tu hijo? Quiero decir, sé que Shimo se encontró con él en Tokio, pero no sé exactamente cómo pudo averiguar que era su hermano ni mucho menos sé cómo te convenció de que es tu hijo.- se cruzó de brazos, mirándolo con ojos cansados.

-Shimo es una chica inteligente, sabes eso.- suspiró. –Con la poca información que obtuvo de una pequeña plática logró deducir que ese niño que encontró por casualidad era su hermano… aunque le tomó más convencerme.- admitió con una mueca. –Al final tuve que ceder ante su terquedad.- eso hizo a Karin sonreír y él sintió el aliento escapársele de los pulmones. Se detuvo en medio de la calle y ella lo miró confundida.

-¿Y ahora qué te pasa?- se acomodó mejor el abrigo que se había puesto por encima después de que Ishida la llamara.

Él abrió la boca para hablar, pero las palabras simplemente no salieron y apretó los labios. Apartó la mirada y suspiró una vez más.

-Perdóname.- cuando por fin pudo hablar, eso fue lo primero que su mente le ordenó decir. –Perdóname.- cerró los ojos dolorosamente, dejando el sentimiento de culpa invadirlo. –No te escuché. Me dijiste que estabas embarazada y yo…- recordar el modo en el que la trató lo llenó de vergüenza y furia contra sí mismo. –Yo arruiné todo. Sí el niño me odia es algo que yo me busque.-la mirada de Karin se suavizó, no mucho, pero sí dejó de mirarlo con la frialdad calculada que había mantenido hasta el momento.

-Eso ya está en el pasado, Hitsugaya.- siguió caminando y él la siguió lentamente. –No hay nada que podamos hacer para volver el tiempo atrás. Créeme que sí hubiera una forma ya lo habría hecho.- sonrió con sequedad. –Es verdad que estuviste mal al no creerme y colgarme, es verdad que no me creíste cuando te dije que no tuve nada con Yukio y es verdad que…-

-Karin, tampoco tienes que mezclar las cosas.- rodó los ojos, sin poder creer que sacara ese tema. –El bebé era mío, no le di una oportunidad, fui un idiota, lo sé. Pero no niegues algo que vi con mis propios ojos, que nuestra hija vio con sus propios ojos. No quieras negar…-

-¡Es increíble que aún no seas capaz de creerme!- ahora ella se detuvo con los ojos ardiendo en indignación. -¡Te dije como fueron las cosas, y es verdad que estuve mal pero tampoco soy una prostituta como tanto te gusta pensar!- pisoteó antes de apresurar el paso en dirección a su casa.

Él sintió su enojo comenzar a bullir una vez más y la siguió con furia.

-Oh, disculpa. Olvide que eras una santa.- murmuró venenosamente. –Porque revolcarte con otro tipo en la cama donde duermes con tu marido es el epitome de la integridad.- su sangre hirvió solo de recordarlo.

-Por supuesto.- lo miró con una sonrisa llena de odio. –Y dejar sola a una mujer con tu hijo en el vientre para morirse de hambre, sola, sin empleo, sin dinero, sin familia, sin nada, solo porque estabas haciendo tu rabieta de macho con el orgullo herido es tan honrado.- las lágrimas empezaron a asomarse en sus ojos ardientes de ira. -¡¿Pero qué puede reclamar una PROSTITUTA COMO YO?!- estalló, pero eso no fue lo que más llamó su atención.

-¿Qué quieres decir con qué no tenías empleo?- la miró horrorizado. Ella se congeló con los ojos muy abiertos, como sí se hubiera dado cuenta de que había dicho algo que no tenía que decir. -¿Qué quieres decir con que no tenías dinero?- la tomó del brazo y la obligó a enfrentarse a él. -¿Acaso pasaste hambre durante el embarazo, Karin?- no podía estar hablando en serio. -¡Dime!- la sacudió cuando siguió guardando silencio.

-¡¿Y a ti qué demonios te importa?!- se zafó de su agarre bruscamente. -¿Qué te importa sí no tenía empleo, sí no tenía dinero? ¡¿Qué te importa sí pase hambre?! ¡¿Qué te hubiera importado lo que pase con una histérica insoportable a la que querías lejos de tu vida?!- él retrocedió como si lo hubiera golpeado al reconocer las palabras que le había dicho en esa llamada hace tantos años.

-Lo siento.- susurró con la culpa opacando su furia anterior. –Lo siento, Karin. Estaba molesto, no estaba pensando con claridad.- se llevó una mano a la frente. La cabeza le dolía como sí la culpa se hubiera materializado en dolor físico para hacerlo pagar por sus errores. –Perdóname… Fui irresponsable, y estúpido, y… te juró que sí el arrepentimiento matará ya estaría muerto.- Karin estaba demasiado ocupada secando sus lágrimas, ni siquiera parecía haberlo escuchado. –Lo siento, de verdad lo lamentó.- ella seguía sin mirarlo. –Debí escucharte, sé que debí… p-pero… sí estabas en una situación tan riesgosa ¿por qué no insististe? Sé que cambié mis números… lo siento por eso también, pero tenía una empresa a mi nombre cuyo número y ubicación sería fácil conseguir, tenías la posibilidad de contactar a Matsumoto o Hinamori, ¿y qué hay de Hanakari o tu hermano? Sí en verdad necesitabas tanto ayuda ¿por qué no insististe, Karin?- no estaba reclamando, solo que no entendía como con su carácter no había ido a jalar su oreja y forzarlo a escucharla. –Incluso sí en ese momento te odiaba con todas mis fuerzas, no te habría dejado pasando hambre de haber sabido que estabas tan mal… incluso sí el hijo no era mío.- bueno, puede que primero la hubiera mandado a reclamarle a Vorarlberna, pero sí ella le hubiera dicho más la habría ayudado, claro que lo habría hecho.

-¿Qué te insistiera?- soltó una risa tan falsa y amarga que lo hizo estremecer. –No me escuchaste cuando quise hablar contigo por teléfono, ¿por qué me escucharías sí volvía a llamar a tu empresa, o la buscaba e iba allí? Y después de que me dijeras "mantente lejos o no sé lo que soy capaz de hacer contigo" ¿crees que iba a arriesgarme a ir a cualquier lugar cerca de ti totalmente indefensa con mi bebé en el vientre?-

-¡Por favor, Karin! ¿Qué demonios te habría hecho?- se quedó sin aliento, sin creer que lo haya tomado en serio. -¿Qué creías? ¿Qué te golpearía o algo? ¡No soy un maldito psicópata!- se frotó las sienes. -¿De verdad me creías capaz de algo así?-

-¡SÍ, de verdad te creí capaz!- él la miró herido, pero ella no retrocedió. –No te creí capaz de quitarme a mi hija ¡y lo hiciste! No te creí capaz de dejarme sola y embarazada sin siquiera darme el beneficio de la duda ¡y lo hiciste! ¡No te creí capaz de amenazarme y lo hiciste! ¿Por qué no serías capaz de hacerme daño? ¡Creí conocerte y es obvio que no lo hago! ¡Ni tú me conoces sí piensas que iba a tirar mi dignidad y arrastrarme hacia ti para que vuelvas a tratarme como una mierda! ¡Somos dos desconocidos gritándonos en medio de la calle! Lo único que tenemos en común son dos hijos que deben estar esperándonos ahora.- se frotó los ojos y sacudió la cabeza. –Esto es ridículo. Cierra la maldita boca y déjame ir con mis bebés.- volvió a reanudar su andar, y esta vez él no hizo esfuerzo para caminar a la par de ella, simplemente la siguió a varios metros de distancia.

¿Ella había estado desempleada y sin dinero cuando lo llamó? ¿Había sufrido hambre estando embarazada? ¿Él podría haberlo evitado sí tan solo la hubiera escuchado? ¿Ella había salido adelante aún a pesar de todo? Pero claro que Karin había salido adelante incluso estando sola, era terca como el infierno y sí no había nadie para salvarla entonces claro que se salvaría a sí misma. Lo preocupante es que estaba embarazada, y tal vez no midió el esfuerzo que estaba haciendo.

Recordaba que cuando estaba con Shimo dentro del vientre, Karin siempre insistía en hacer demasiadas cosas aun cuando no debería, no medía cuando se estaba sobre-esforzando. Ella siempre fue de llevarse a sí misma al límite, cuando estuvo embarazada eso se redujo pero no desapareció. No quería ni imaginar lo que había pasado embarazada en medio de una crisis de tal magnitud sin él para cuidar de ella y su bebé.

Ella probablemente estuvo matándose a sí misma para cuidar de su hijo, y él todos esos años solo se la paso resintiéndola, maldiciendo hasta el aire que respiraba, odiándola por arruinar su familia cuando él mismo fue el que provocó que su familia se rompiera en dos.

Y aquí estaba, creyendo que todavía tenía derecho a reclamarle algo a Karin.

¿Qué hubiera pasado si ella no encontraba la forma de salir adelante? ¿Qué le habría pasado a ella y a su hijo? No quería ni siquiera imaginarlo, la sola idea de lo que pudo haber sucedido lo hacía querer tirarse de un puente.

Él tenía tanto dinero que no sabía ni qué hacer con él, siempre se aseguró de que su hija tuviera todo lo que necesitaba y más, y Karin estuvo criando a su hijo sola y probablemente matándose a sí misma para superar las dificultades que él podría haber resuelto sin siquiera parpadear.

¿Qué clase de padre era? Dejó que sus estúpidos sentimientos se antepusieran y perdió la oportunidad de ser parte de la vida de su hijo. Ahora el pequeño parecía no estar dispuesto a darle otra oportunidad y no sé sentía con el derecho a pedírsela.

Su vida estaba arruinada y todo era únicamente por su culpa.

.

Cuando llegó a la calle donde estaba su casa, Karin de inmediato notó la camioneta de Ishida y rápidamente corrió hacia allí, preocupándose más al ver a sus jefes y a Shimo parados frente al vehículo hablando con rostros angustiados.

-Mamá.- murmuró su hija al verla.

-Hola, mi cielo.- de inmediato se lanzó a abrazarla, todavía queriendo asegurarse de que realmente tenía a su pequeña aquí con ella. –Ishida-san, Videan-nee-san, ¿dónde está Kiui?- preguntó, pretendiendo no notar a Toshiro acercarse hasta estar a unos pasos de ellos.

-Hitsugaya-san… ha pasado tiempo.- Ishida asintió cordialmente hacia el otro hombre, que devolvió el saludo sin real interés.

-¿Con qué tú eres el mocoso roba-hijas ex esposo de Karin-chan?- Videan hizo una mueca de desagrado. –Solo para que sepas, mi marido y yo hemos sido los que ayudaron a Karin-chan todos estos años, así que sí quieres ir empezando a pagarnos lo que debería haber salido de tu bolsillo para empezar puedes enviar un cheque a…-

-¡Videan!- tanto Ishida como Karin le gritaron a la mujer de cabello verde para que se callará de una vez.

-Ishida-san, ¿dónde está mi hijo?- volvió a preguntar esta vez con más firmeza.

-Está dentro de la camioneta.- ajustó sus lentes sobre el puente de su nariz. –Costó bastante subirlo a la camioneta para traerlo aquí, y no quiso bajar porque vio que su hermana estaba presente.- señaló a Shimo, que suspiró tristemente en el hombro de su madre.

-Ese chiquillo…- Karin se apartó suavemente de su hija y pisoteó hasta la camioneta, abriendo la puerta de golpe. -¡Kiui, quiero que bajes en este instante!- ordenó al verlo enclavado en el asiento trasero con el cinturón aún puesto.

-Claro que bajare… ¡Bajaré una vez que quites a ese tipo y a la mentirosa de mi vista!- resopló cruzándose de brazos.

-¡Bajaras ahora porque yo te lo digo!-

-¡Oblígame!- gritó, solo para horrorizarse al darse cuenta de lo que había dicho.

Karin sonrió al ver el temor en sus ojos. Sabía que iba a decir eso.

-¡Tú lo pediste!- saltó dentro de la camioneta y solo le tomó un minuto desabrochar el cinturón, colocarle el abrigo y jalarlo del cabello obligándolo a salir del vehículo ignorando sus protestas. Una vez estuvieron fuera, soltó su cabello y en cambio tomó su oreja, forzándolo a mantenerse quieto y que no se le ocurriera escaparse otra vez. –Muchas gracias por traerlo, Ishida-san, Videan-nee-san. Nos vemos mañana en el trabajo.- se inclinó a modo de agradecimiento. El matrimonio se despidió alegremente y se marcharon en su camioneta, no sin antes dedicar miradas de desconfianza a su ex esposo. –Vamos adentro. Hace frío.- mandó a Shimo y Toshiro, que asintieron siguiéndola obedientemente mientras jalaba de la oreja a Kiui para que entre a la casa.

-¡Ya, mamá, suéltame! ¡Mi oreja quedara roja por semanas!- lloriqueó el niño aun intentando zafarse. -¡Prometo comportarme! ¡Por favor déjame ir!- suplicó, a lo que Karin finalmente soltó su oreja. -…Auch.- el pequeño frotó cariñosamente su oreja roja.

-¿Finalmente vas a escuchar lo que tenemos que decirte?- lo miró seriamente.

-No quiero.- siguió él con su terquedad. –Quiero que se vayan.-

-Kiui…- suspiró cansinamente. –Escucha, sé que…- su frase quedó inconclusa al escuchar el característico sonido de un estómago hambriento. -…Tienes hambre.- sonrió levemente. -¿Por qué no vamos a comer la cena? Solo debo ponerla unos minutos en el microondas.- propuso esperanzada.

-No voy a cenar con esa gente.- se cruzó de brazos, con las mejillas rosadas por la vergüenza.

Karin se frotó las sienes.

Por un lado, realmente quería acabar con todo esto y aclarar las cosas de una vez, pero por otro lado, sabía que esta conversación estaba hiriendo los sentimientos de su hija, y que sí no trataba el tema con cuidado su hijito también podría salir herido. Tal vez debería tomar el asunto con más calma, dejar que su temperamento se enfrié un poco.

-Bien, entonces cenaré contigo en tu habitación.- decidió finalmente. –Sube y espérame allí.- mandó, a lo que de inmediato se encogió de hombros y se fue corriendo sin mirar a su padre y hermana en ningún momento. Cuando Karin volteó hacia los dos de cabello blanco, pudo ver el dolor en sus rostros. –Imaginó que tampoco cenaron…- ellos negaron. –Siéntense a la mesa, les serviré antes de irme a comer con Kiui.-

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Cuando su madre dejó varios platos frente a ella y su padre para luego tomar dos bandejas y retirarse, Shimo finalmente se permitió hundirse en su silla y soltar un largo suspiro.

-¿Estás bien, cariño?- su padre preguntó con preocupación, también reclinado en su asiento apenas mirando de reojo el plato humeante frente a él.

-La verdad… no.- se enderezó, apoyando un codo en la mesa y su mejilla en un puño. –Kiui me odia…- sus ojos se aguaron, pero parpadeó para alejar las lágrimas. –Finalmente tengo la oportunidad de comer otra vez lo que prepara mamá, pero ella no cenará conmigo porque Kiui no tolera verme a la cara.- miró nostálgica el plato frente a ella.

Hace años que no comía algo preparado por su madre. Claro que su padre en realidad cocinaba mejor que ella, pero Shimo amaba de todos modos la cocina de su madre simplemente porque era de su madre.

-Kiui realmente es un niño con mucho carácter.- suspiró él. –Sí queremos acercarnos a él, tendremos que esforzarnos mucho. Debes tener paciencia, hija.- finalmente tomó sus palillos y empezó a revolver en el tazón de curry.

-Lo sé, lo sé, es solo que… realmente dolió todo lo que dijo.- su voz se quebró un poco. –Yo no quería mentirle, ni siquiera me dejó explicar que…-

-Hija, tienes que entender que a veces, cuando están muy molestas o asustadas, las personas hablan de más y dicen cosas sin realmente pensarlas. Kiui es un niño y se está enfrentando a una situación que desconoce, no sabe cómo afrontar las cosas y por eso recurre a este comportamiento. Las cosas se ven mal, pero no es imposible reparar la situación… al menos para ti.- eso último lo dijo en un susurro que probablemente no quería que escuche, por lo que fingió no hacerlo.

-Supongo que tienes razón.- tomó sus palillos y comió un bocado de la comida de su madre. –Mmm…- se deleitó. –Está pasado de sal… ¡Justo como lo recuerdo!- comenzó a comer con entusiasmo.

-Al menos no se le quemó.- comentó su padre divertido también comenzando a comer de su plato.

Sí solo su madre y su hermanito estuvieran aquí, sería una cena perfecta. Desgraciadamente las cosas no iban como a ella le gustaría. Solo le quedaba tener paciencia y esperar que todo pueda mejorar… y su familia pueda estar un poco menos rota.

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-¿Terminaste ya?- preguntó Karin cuando Kiui se llevó el último bocado de comida a la boca, dejando el plato vacío.

-Hmm…-

-Entonces supongo que ya no tienes excusa para no hablar conmigo.-

-No hay nada de qué hablar.- dejó las bandejas con los platos en su pequeño escritorio y se sentó en su cama a su lado pero dándole la espalda. –Solo dile a esos dos de abajo que se vayan y no vuelvan.-

-Vamos, Kiui… Dijiste que Shimo era tu amiga ¿o no?- intentó razonar.

-Pues ya no lo es. No quiero una amiga mentirosa.- refunfuñó. –Quiero que se vaya y que se lleve a su padre.-

-Kiui…- se mordió el labio, sin estar muy segura de qué decir. La verdad sea dicha, gran parte de ella no quería defender a Toshiro, pero su consciencia seguía recordándole que eso era lo correcto, y que además era lo que Shimo querría. –Sé que nunca te hablé mucho de tu padre… o bueno, más bien que nunca te hablé de él en lo absoluto.- todo lo que dijo respecto a él fue que no estaba muerto. –Pero ahora ya sabes que tienes un padre, y una hermana. Y ellos están dispuestos a conocerte y pasar tiempo contigo, eso no es algo malo.- posó una mano en su espalda y la frotó cariñosamente. –Sí les das una oportunidad… tal vez hasta te guste pasar tiempo con ellos. Tener a tu hermana… y a tu padre.- sonrió vacilante. –Tener una familia grande, completa.-

-¿Familia completa?- la interrumpió bufando. -¿Qué? ¿Planeas volver a casarte con el tipo? Porque ustedes están divorciados ¿o no?-

-Bueno, sí.- parpadeó, un poco abrumada por sus palabras. –Pero claro que no voy a volver a casarme con él, pasaron muchos años, él ya debe estar casado con otra mujer.- le dolió decir eso, pero lo dijo de todos modos para intentar aplacar los posibles celos de su hijo muy apegado a ella, pero extrañamente él solo se tensó más.

-Sí ya tiene una familia ¿por qué tiene que venir a fastidiar la nuestra?- susurró en voz baja.

-Kiui, esto no va a fastidiar nuestra familia.- frunció el ceño, tratando de pensar la manera de explicarle las cosas. –Tienes una hermana y un padre, es agrandar tu familia. Tú y tu hermana son mi familia, ella y tu padre serán parte de tu familia. Pasar tiempo con ellos te hará bien.- intentó razonar.

-Pero no sería una familia real.- hizo una mueca. –Está dividida, tú no quieres llamar a "mi padre" tu familia porque él te dejó ¿no es así?- ella se congeló cuando volteó a verla con ojos llenos de rencor. –Aún lo recuerdo, mamá. Recuerdo la única vez en mi vida que te pregunte por mi padre… recuerdo que esa fue la primera vez que te vi llorar.- Karin torció la boca, avergonzada ante el recuerdo de su debilidad. –Desde ese momento decidí que sí mi padre era una persona que te hacía llorar, entonces no me agrada. Así que dile a Hitsugaya y su hija que dejen de molestarnos, diles que se vayan y no vuelvan.- frunció el ceño con acidez goteando de sus palabras.

Karin se mordió el labio, sopesando mentalmente sus opciones. Tal vez debería dejarlo calmarse, o quizás debería contarle todo lo que sucedió en el pasado para que lo pensara dos veces. No estaba dispuesta a hacer lo último pronto, pero tampoco le gustaba del todo la primera opción.

-Kiui, tu hermana no tiene la culpa de que tu padre y yo tengamos… nuestros problemas. Ella está en la misma posición que tú. No deberías apartarla solo así sin darle ni siquiera la oportunidad.- hizo una pausa, sin poder evitar la sensación de que ya le había dicho algo parecido a Toshiro.

-No me importa sí debería, no quiero darle una oportunidad.- insistió tercamente. –Ella ya tiene a su padre. ¿Por qué quiere quedarse con mi madre también? Los tuvo a ambos cuando era pequeña ¿no es así? Y luego se fue con él y no se quedó con nosotros, es su problema. No quiero tener nada que ver con ellos. Sé que los papás lastiman a las mamás y luego vienen a molestarlas solo para dejarlas de nuevo. ¡Veo esas novelas de la tía Riruka! Por mí pueden irse de nuevo ahora.- resopló.

Karin se frotó las sienes, maldiciendo mentalmente a Riruka por dejar a su hijo ver ese tipo de cosas. Tal vez debería conseguirse otra niñera predilecta. Dejando eso de lado, Kiui también parecía estar un poco celoso de que Shimo pudiera acaparar su atención, y aparte… él pensaba ciertas cosas que no eran del todo ciertas.

-Hijo, las novelas son solo novelas, no las tomes de forma tan literal.- golpeó suavemente su cabeza. –Y sí, tu padre y yo estábamos casados cuando tu hermana era pequeña, pero no la trates como a una privilegiada por eso, ella ha pasado por algunas cosas bastante… malas.- traumáticas más bien, y por su culpa. –Y ella era muy pequeña cuando se fue con su padre y no sabía nada de ti, no puedes culparla por no haber estado con nosotros.-

-Aun así, ella me mintió.- continuó el chiquillo obstinado. –Se burló de mí y no se lo perdonaré.- alzó la barbilla tercamente. –Desearía que nunca hayamos ido a ese tonto partido en Tokio.-

Karin suspiró, alzando las manos a modo de rendición.

Parecía que hoy era inútil tratar de hablar con este niñito. Le daría tiempo para que pudiera pensar las cosas y luego volvería a insistir mañana o muy pronto. Él tenía que entender que no podía simplemente tratar de ese modo tan cruel a su pobre hermana, y sí quería que reparara su relación con Toshiro sería aún más difícil, pero al menos con ese tipo de comportamiento hacia Shimo no lo dejaría estar por mucho tiempo.

-Bien, me rindo.- al menos por ahora. –Te dejaré para que duermas.- tomó los platos y las bandejas y se acercó a la puerta. –Pero ¿sabes una cosa, hijo?- suspiró, sintiendo el dolor instalarse con fuerza en su pecho. –A veces son las mamás las que lastiman a los papás.- sintió su mirada confundida, pero solo le deseó buenas noches y cerró suavemente la puerta de su habitación.

Bajó las escaleras cargando las bandejas y al llegar a la cocina las puso para lavar. Cuando se dio vuelta, casi brinca en su lugar al ver dos pares de ojos turquesas mirarla atentamente.

…Había olvidado que seguían aquí…

Era raro y nostálgico tenerlos allí sentados como si nada. Bien que soñó muchísimas veces con reencontrarse con su hija de mayor, pero ver lo mucho que había crecido hasta convertirse en una bella mujercita aún la hacía tener que contener las ganas de llorar, por más tonta que se sintiera por ser tan emocional. Tampoco creyó que volvería a ver a su ex esposo y ahí estaba él como en antaño, sentado en su mesa después de haber terminado de comer la cena que ella le sirvió.

Shimo sonrió levemente al verla mirándolos y juntó las cosas de la mesa, llevándolas al mismo lugar que las bandejas con los platos que habían usado ella y Kiui.

-¿Quieres que te ayude a lavar, mami?- sonrió emocionada, a lo que de inmediato Karin se vio inundada de recuerdos de cuando su hija se paraba en un banquito para ayudarla a ella o a su padre a lavar los platos. Su pequeña realmente amaba hacer eso.

-Claro, mi cielo.- cedió sin dudar.

Mientras lavaban los platos, le comentó la situación de Kiui y que costaría convencerlo de darles una oportunidad, pero le aseguró que se encargaría de hablar con él y eventualmente lo haría entender que estos cambios y oportunidades eran para mejor.

Puso una tetera al fuego y siguieron hablando mientras preparaba todo para hacer un poco de té, incluso le preguntó a Toshiro, que hasta ese momento había estado callado aún sentado en la mesa, sí quería uno, y este asintió aunque después de mucho dudar.

Una vez tuvieron su té listo, movieron la conversación a la sala de estar, sentándose en el sofá en el que se había despertado luego de desmayarse. Toshiro se sentó en un sillón cercano y miró hacia otro lado mientras fingía no escuchar la conversación entre las dos pese a que era obvio que sí lo hacía.

Karin y Shimo hablaron de todo. Bueno, no de todo exactamente, no hablaron del evento horrible que fue el que arruinó su familia ni hablaron de cómo hicieron para encontrarlos ni nada que pueda ser remotamente doloroso. En lugar de eso hablaron de sus lecciones de piano, kendo y diversas artes marciales, de sus amigos Kimi y Hei (Karin por supuesto no perdió oportunidad de burlarse del obvio afecto de su hija hacia ese chico) y de muchos de sus recuerdos de infancia. Karin le contó de su trabajo en la clínica y en el restaurante y del matrimonio Ishida y su hija Kelly, aparte le comentó que estaba bastante segura de que en un futuro se convertiría en su nuera y por tanto en su cuñada.

Y hablaron muchísimo sobre Kiui, le contó de lo mucho que le gustaba el futbol, de que era un poco holgazán en la escuela pero muy inteligente, no al punto de ser superdotado como ella y su padre pero sí podría estar entre los mejores de su clase sí se esforzara más pues a diferencia de ella era muy bueno en matemáticas, ciencias y todo eso, definitivamente heredado de su lado Hitsugaya.

Karin siguió hablando sin parar acerca de su hijo, sintiendo una gran calidez en su pecho cada vez que su hija se reía o sonreía, aumentando un poco ese sentimiento al mirar de reojo al padre de sus hijos y verlo sonreír levemente con las anécdotas del menor de sus niños.

Después de un rato de seguir parloteando acerca de su niñito, la Kurosaki se detuvo abruptamente al notar que a su niñita bostezando con ojos cansados. Su cabeza estaba apoyada en su hombro y parecía hacer esfuerzos por mantenerse despierta.

-¿Por qué paras, mamá? Continua. Quiero saber más acerca de Kiui…- murmuró con voz soñolienta, sus parpados cayendo.

-Nada de eso, señorita.- le acarició suavemente el cabello. –Ya es muy tarde y estás cansada. Fue un día muy largo, necesitas dormir.- ella bufó descontenta, viéndose bastante como su hermanito hace solo unas horas. –Vamos, no es como si fuera a irme. Mañana continuaremos nuestra plática.- no había manera en el infierno de que la volvieran a alejar de su hija ahora.

-Bueno, pero…- vaciló, antes de mirarla con sus grandes ojos turquesas suplicantes. –Sé que suena estúpido pero… ¿Podrías… cantarme?- pidió tímidamente.

-¿Qué?- pestañeó, muy sorprendida.

-¿Me cantarías, mami?- se abrazó a ella como cuando aún era una niña pequeña. –Solo esta vez. Por favor.- Karin sonrió enternecida.

-Por supuesto que sí, mi cielo.-

Hace casi una década que no le cantaba a Shimo, solía pensar mucho en eso los primeros meses de separación, preguntándose sí su hijita tendría pesadillas y cómo harían para tranquilizarla sí ella no estaba ahí para cantarle una de esas canciones de cuna que tanto le gustaba escuchar. A Kiui también le gustaba que le cante, pero después de cumplir los siete ya no le gustaba admitirlo, por lo que desde entonces solo podía cantarle después de una pesadilla excepcionalmente horrible o cuando estaba demasiado enfermo como para que se preocupe por verse como un niño grande.

Cantó suavemente la canción de cuna favorita de la pequeña, una que su madre solía cantarles a Yuzu y ella, la misma canción que había estado tarareando cuando casi se mata a sí misma y a su bebé por estúpida. Cuando la canción terminó, Shimo había caído profundamente dormida contra su hombro.

Acarició tiernamente el rostro de su pequeña. Ya era una adolescente pero a sus ojos seguía siendo su pequeña bebita, siempre lo sería. Le hubiera gustado verla crecer, pero al menos esto era mejor que esperar a que tuviera dieciocho años.

Después de un par de minutos, Toshiro se levantó del sillón y se paró frente a ella.

-Debería llevarla a casa e irnos ya.- murmuró él en voz baja.

-Oh… sí, claro.- suspiró tristemente. -¿La llevaras así dormida en tu auto? ¿Necesitas ayuda?- preguntó al verlo tomar a su pequeña en brazos con facilidad.

-Me ayudaría bastante que trajeras su abrigo.- solo dijo.

-Hecho.- rápidamente corrió al recibidor, pero entonces notó algo al mirar por la ventana. –Uhh… Toshiro…-

-¿Qué?- indagó al entrar al recibidor también.

-Está nevando.- informó ella mirando la suave pero constante lluvia de copos de nieve. –Parece que se pondrá feo.- murmuró preocupada cuando de pronto los copos empezaron a caer con más fuerza y el viento a soplar despiadadamente.

-Maldición.- se quejó él. –En ese caso Shimo tal vez debería quedarse aquí. Vendré mañana temprano por ella.-

-¿Planeas conducir hasta tu casa con este clima?- lo miró como si estuviera loco. –Puede ser peligroso.-

-¿Dónde más planeas que me quede?- alzó una ceja con frialdad.

-Shimo se quedará en la habitación de invitados, así que tú puedes quedarte con el sofá.- señaló cordialmente el espantoso sofá amarillo con rosas rojas y rosadas en el respaldo.

-¿De qué basurero sacaste esa cosa?- miró el mueble con obvio desagrado.

-Venía con la casa.- rodó los ojos. –La dueña anterior no tenía el mejor gusto, por decir lo menos.- se encaminó a las escaleras. –Ven, te llevaré a la habitación de invitados.- subió hasta el segundo piso mientras él la seguía con su hija aún en brazos. –Recuéstala aquí.- apartó las mantas para que la dejé en la cama y luego cubrió con ellas a su pequeña, arropándola como hace mucho no hacía. Siguió mirándola aun así, todavía teniendo miedo de que con cualquier parpadeó desapareciera. –Es tan hermosa…- murmuró acariciando sus mejillas. –Me imaginó que tienes problemas alejando a los chicos de ella.- rió volteando hacia su ex esposo, que se había retirado hasta estar apoyado en el marco de la puerta.

-No tienes idea.- hizo una mueca.

-Bueno… iré a buscar una almohada y mantas para ti.- salió de la habitación que le alquilaba a Kouzu que afortunadamente ese día se quedaba con su novia y cerró la puerta suavemente no sin un último vistazo a su bebita dormida.

-No dije que me quedaría.-

-No puedes conducir en una tormenta de nieve, Toshiro, es una locura.- rodó los ojos. –Además es tarde, y todavía tenemos cosas que discutir.- bajaron las escaleras y ella fue a su habitación por unas mantas y una almohada extra.

-¿Cosas para discutir cómo cuáles?- alzó una ceja al verla poner la almohada y las mantas en el sofá.

-Bueno, cosas como el hecho de que yo quiero estar cerca de mi hija, y tú quieres estar cerca de Kiui, así que tendríamos que organizarnos de algún modo.-

-No veo necesaria ninguna organización.- bufó. –El niño no quiere verme. Shimo ya es una niña grande así que puedes discutir con ella cuando puede venir a verte y esas cosas, incluso sí quisiera interponerme entre ustedes no me dejaría, ya sabes lo terca que es.-

-Sí, supongo que sí.- sonrió un poco, antes de mirarlo tristemente. -¿Entonces no planeas hacer nada para acercarte a Kiui? ¿Ni siquiera lo vas a intentar?- lo miró un poco herida. –Dijeron que se mudaron de Tokio a Karakura. ¿Te tomaste todas esas molestias solo para rendirte tan fácilmente?-

-No digas tonterías. Nadie dijo nada sobre rendirse.- la miró con exasperación. –Simplemente creo que es mejor darle tiempo al niño. Hoy parecía dispuesto a asesinarme, no creo que mañana cambie de opinión.- tomó su abrigo. –Voy a irme, Karin. No quiero que me vea aquí mañana y vuelva a causarle malestar.-

-Él no es un madrugador como tú, no te verá.- le aseguró. –Vamos Toshiro, creo que deberíamos hablar acerca de qué hacer de ahora en adelante. Acabemos con esto de una vez.- ella nunca fue de esas a las que les gustaba postergar las cosas.

-No es una buena idea. Solo acabaríamos gritándonos.- bueno, eso era una probabilidad bastante alta. -¿Y por qué demonios estás tan interesada en ayudarme a reparar mi relación con mi hijo? Los desprecié a ambos y los hice pasar momentos difíciles, él me odia y no me vengas con que tú no porque maldita sea que no te creeré Karin.- se colocó el abrigo y camino hasta la puerta.

-Estoy interesada no por tu bien sino por el de mi hijo.- ella lo siguió pisando fuerte. –Te necesita. Tal vez diga que no pero te necesita, necesita a su padre y a su hermana. Ahora estás aquí y no dejaré que te alejes otra vez porque conozco a Kiui y sé que aunque no lo diga eso le dolería aún más.- se le adelantó y se colocó frente a la puerta antes de que pudiera salir.

-Por favor, corta la mierda, Karin.- entrecerró los ojos. –A ti lo único que te preocupa es que las cosas no funcionen y yo vuelva a Tokio llevándome a Shimo ¿o acaso piensas negarlo?- ella se mordió el labio, puesto que en parte tenía razón. –Lo sabía. Deja de fingir que me quieres aquí y quítate de la puerta.-

-No.- se cruzó de brazos. –No hables como sí supieras lo que pienso. Es obvio que no siempre tienes razón en todo lo que me dices.-

-Tal vez.- apretó la mandíbula. –Pero también es obvio que no es buena idea que me quedé aquí. Deja que me vaya antes de que suceda algo que lamentaremos.- advirtió con una mirada de advertencia.

-Por todos los cielos, Toshiro. Sí hemos podido hablar como personas civilizadas hasta ahora creo que podremos seguir conversando sin gritarnos, sobre todo porque ninguno de los dos quiere despertar a los niños.- se frotó las sienes. –Es obvio que vamos a discutir y estar en desacuerdo en varias cosas, pero no vamos a portarnos como estúpidos psicópatas con los niños durmiendo.- se cruzó de brazos, sin poder creer que fuera tan paranoico.

-No estoy hablando de discutir o gritarnos, Karin.- dijo con voz mortalmente seria.

-¿Qué?- alzó una ceja, completamente confundida por sus palabras. -¿Entonces de qué hablas?-

-Creo que lo sabes…- siguió mirándola de esa manera tan intensa, pero solo entonces Karin notó que no era una mirada de enojo o disgusto en lo absoluto, todo lo contrario, él la estaba mirando como si se estuviera conteniendo de no estamparla contra la pared y…

Oh, Dios.

Fue instantáneo, el deseo estalló en todo su cuerpo con fuerza devastadora. Su libido renació de sus cenizas ardiendo más que nunca. Sus ojos volvieron a repasar a Toshiro con más atención, esta vez no solo fijándose en que se veía como sí no hubiera pasado un solo día desde la última vez o que seguía conservando el mismo estilo de ropa formal e informal que siempre le gusto, sino fijándose en su buen físico, en sus músculos marcados por la camisa ajustada, en su boca, sus manos, todo. Sus mejillas enrojecieron y literalmente empezó a jadear, volviendo a mirarlo a la cara con los ojos muy abiertos.

Oh, Dios…

-Sí.- asintió tratando de recurrir a la última pizca de sentido común que le quedaba. –Sí, debes irte. Debes irte ya.- o podría quedarse, quedarse y mandar al diablo al sofá y hacerle una pequeña visita a su habitación. -¡Debes irte ahora!- se abofeteó mentalmente, apartándose de la puerta.

Él pasó por su lado lentamente, haciendo que se le llenaran las fosas nasales con su aroma masculino. Cerró los ojos fuertemente y soltó un pequeño gemido, literalmente clavando las uñas en la pared para no hacer algo estúpido como saltarle encima.

Desgraciadamente, el destino no estaba de su lado ese día.

-No me estás haciendo las cosas más fáciles, Karin.- susurró él contra su oído, su cuerpo de repente pasando a estar a solo pocos centímetros de distancia del suyo.

Ella no era tan fuerte, no con este hombre, no cuando la miraba de esa manera, no cuando usaba esa voz, no cuando habían pasado casi diez años desde que no la tocaba y ella como una mujer patética y necesitada soñaba constantemente con su última noche de pasión donde también concibieron a ese pequeño que dormía en la habitación de arriba.

Acercó su boca a la de él, pero el pensamiento de sus hijos la detuvo.

-Realmente deberías irte ahora, Toshiro…- susurró con sus narices juntas, sus labios rozándose.

Él tendría que haberse apartado, tendría que salir por esa puerta y marcharse, pero en cambio terminó pegándola más a la pared usando su cuerpo, pegando su torso a sus pechos y su pelvis a sus caderas, dejándola sentir que estaba tan deseoso de ir a una habitación como ella. Karin no pudo evitar contenerse y gimió descaradamente esta vez.

-Debería, es verdad. ¿Eso es lo que quieres, Karin? ¿Quieres que me vaya?- hablaba contra sus labios, casi besándola pero no realmente, nublando aún más sus sentidos.

-No.- confesó. –No quiero que te vayas…- confesó levantando una mano para acariciar su rostro, sin embargo él atrapó su muñeca antes de que lograra su cometido y uso su mano libre para alzar su barbilla, apartándose un poco para mirarla correctamente.

-Te lo advierto.- la miró lleno de deseo. –Sí no me pides que me marché ahora, te llevaré a tu habitación, te haré el amor y por la mañana ambos nos arrepentiremos. Última advertencia, Karin.- volvió a pegarse a ella. –Pídeme que me vaya.- suplicó en su oído.

Una parte de su mente escuchó con temor sus palabras, sabiendo que probablemente tenía razón, pero esa parte solo le susurraba vacilante las terribles consecuencias que esto podría tener. La otra parte, en cambio, le estaba gritando que mandara todo al diablo, este era el hombre de su vida y todo su cuerpo se estaba derritiendo en desesperación porque la poseyera otra vez.

Debería empujarlo, debería decirle que se marche, que ellos ya no eran nada, pero su deseo era más fuerte, y en cambió se zafó de su agarre solo para saltarle encima, rodeando sus hombros con sus brazos y enredando sus piernas en su cintura.

-Quédate.- unió sus labios a los suyos sin pensarlo más. –Quédate, quédate, quédate.- rogó entre besos, deliciosos besos que había anhelado por años. –Quédate, por favor.- quería que se quedé, pero también quería que nunca volviera a irse.

Sin embargo, esa última parte no tuvo el valor de decirla, porque no quería que él dejara de besarla, no quería que recordara lo rotas que estaban sus vidas ya sin posibilidad de reparación y se marchará dejándola sola con todo su deseo por él. No podría soportar no volver a sentirse su mujer aunque sea por un instante, aunque sea solo esa noche.

.

Toshiro mantuvo fija la vista en el techo de la habitación de Karin mientras ella dormía acurrucada en su pecho desnudo.

La verdad sea dicha, estaba agotado, absurdamente exhausto después de horas y horas de comprobar que no había perdido su capacidad de hacer gritar a su mujer. Aun así no podía dormir, no con el pensamiento recurrente de que realmente ella ya no era su mujer pese a todo lo que se dijeron en medio de la pasión.

Ella le había dicho muchas cosas, y él en esos momentos de verdad llegó a creerle. Ahora que estaba menos… menos desesperado por tenerla entre sus brazos, se daba cuenta de que ambos se habían dicho mentiras demasiado descaradas. Por ejemplo, él le había dicho que la perdonaba por sus errores, y ella le había dicho que en toda su vida solo había estado con un hombre, él. En esos momentos ella le creyó, y él también creyó esas tonterías. Ambos fueron solo dos idiotas borrachos de lujuria.

Tal vez podría dudar de su convicción teniendo en cuenta que Karin había dicho la verdad sobre su embarazo y que el bebé era, efectivamente, su hijo, y que le debía un poco de crédito por eso y haberla abandonado, pero cada vez que quería creerle que en realidad no se había acostado con otro hombre, recordaba ese día hace seis años cuando fue a buscarla a Karakura.

Sí Yukio y ella jamás fueron amantes en realidad ¿qué demonios hacía con él en ese entonces? ¿Por qué habían estado en el mismo auto? ¿Por qué habían hablado tan animadamente? Sí lo que decía era cierto, entonces Vorarlberna era el hombre que arruinó su vida y su familia. Sí Karin realmente lo amaba ¿no debería odiar al hombre que los separó? Tal vez no tuvo un hijo con él y nunca se casaron, como afirmaron sus sobrinos, pero sin duda algo tuvieron. La evidencia solo señalaba una única opción, y esa era que su ex esposa mentía.

Por lo tanto, después de pensar con la cabeza fría, se dio cuenta de la verdad, y se dio cuenta de que él también le había mentido cuando le dijo que la perdonaba, porque no lo hacía. No podía. No cuando ella ni siquiera estaba dispuesta a admitir que se equivocó.

Tenía que corregir ese error, no podía dejarla pensar que lo que le dijo era cierto, no quería que tuviera alguna esperanza de que volvería a estar con ella cuando lo cierto es que nunca podría perdonarla. Debía cortar de raíz cualquier posible cosa que quisiera crecer a partir de este estúpido encuentro.

Frotándose los ojos para quitarse la somnolencia, apartó con delicadeza a Karin y se levantó de la cama. Tomó su ropa y se dirigió a un cuarto de baño adjunto a la habitación. Se dio una ducha fría en un intento de despertarse un poco más y se vistió. Regresó a la habitación y miró hacia la cama viendo a Karin aún dormida.

Vio una libreta y una pluma en la mesilla al lado de la cama y sin pensarlo mucho arrancó una hoja y se dispuso a escribir una nota para dejarle en claro a su ex esposa que él había tenido razón cuando le dijo que ambos se iban a arrepentir de esto.

Dejó la nota a la vista y salió de la habitación haciendo el menor ruido posible. Todavía no había ni amanecido, sí volvía a la mansión ahora todos estarían dormidos y no harían preguntas que sinceramente no quería contestar, la tormenta de nieve ya había cesado así que probablemente no tendría muchos problemas para conducir.

Maldición… Sabía que se arrepentiría de no haberse marchado, solo no esperaba que tanto.

.

Cuando Karin despertó, le tomó un momento recordar cómo había acabado desnuda y adolorida, y al recordar, sintió el rostro arder de vergüenza y su consciencia comenzar a regañarla a niveles agigantados.

¿Qué había hecho? Solo habían pasado un par de horas desde que volvió a ver a su ex marido y acabó dejándolo meterse entre sus piernas solo con un par de palabras y miraditas. Este era el hombre que la había abandonado embarazada e indefensa, y sí bien entendía que haya estado muy molesto con ella, todavía no lo perdonaba por ni siquiera querer escucharla. ¿Y solo así como si nada olvido todo y se lanzó a sus brazos?

Y el bastardo ni siquiera tuvo la decencia de dormir a su lado, por supuesto que no. No estaba sorprendida por eso y aun así quería llorar, pero no lo haría, se contendría y lo mandaría al infierno.

Se frotó los ojos y volteó hacia el reloj en su mesilla para ver qué hora era, notando que eran las seis de la mañana, y que aparte Hitsugaya al menos se tomó la molestia de dejar una nota. Tomó la nota y la desdobló rápidamente, leyendo curiosa el contenido.

Karin,

Gracias por el sexo, supongo que quisiste darme un buen regalo de cumpleaños.

Esperó que no te hayas creído ninguna de esas tonterías que dije, porque yo no creí ni una sola de las tuyas.

Por favor dile a Shimo que vaya a la casa luego de la escuela.

-Hitsugaya.

Cuando las lágrimas finalmente se le escaparon, estas fueron de pura rabia mientras destrozaba el pequeño papel despiadadamente entre sus dedos.

¡Pero qué bastardo infeliz hijo de puta! ¿Quién la creía? ¿Acaso pensaba que era una adolescente ingenua otra vez? No había necesidad de aclararle que era un cretino de primera, el solo hecho de que no haya despertado a su lado decía más que suficiente, pero no, aun así tenía que dejarle por escrito sus palabras hirientes.

Se sentó con dificultar y se paró con muchísima más, caminar, ducharse y vestirse le resultó un verdadero desafío. Estaba completamente adolorida y por algo que no había valido la pena, algo que fue un error en toda su extensión. Solo terminó sintiéndose sucia y usada, como un trapo desechable.

Un trapo desechable. Así la había hecho sentir hacer el amor con el hombre de su vida, el padre de sus hijos, el único al que había amado. Ella fue un mero objeto con el que se entretuvo por una noche y como no tuvo el valor para decírselo en la cara lo escribió por sí no se lo había dejado en claro abandonándola en la cama.

Sus sollozos inundaron el cuarto de baño mientras pasaba más tiempo del necesario en la ducha, tratando de quitarse la sensación de suciedad del cuerpo, tratando de lavar la humillación, como sí eso pudiera disminuir un poco el dolor en su corazón.

Lo peor es que él se lo había advertido. Le dijo que se arrepentiría. Ella sabía que tenía razón, él normalmente siempre la tenía en este tipo de cosas, solo que nunca podría haber imaginado que se arrepentiría tanto, con tal magnitud, con tanto odio hacia sí misma y a él.

Se arrepentía. Se arrepentía muchísimo de ese estúpido error. Al menos esta experiencia la ayudaría a nunca repetirlo. No otra vez.

Continuara...


Holaaaaa! :D

Bien, aquí tienen el cap, al final me convencieron de subirlo pronto uwu Ahora si, para la proxima actualizacion se tendran q esperar hasta diciembre :'v Tengo examenes, y ahora si q no podran convencerme u.u

Al principio este cap iba a tener lemon, pero luego pense q me retrasaría aun más... y ademas, quiero mantener el fic en Rated T y no M... Sorry para las amantes de lo pervert :P

Ojala les haya gustado, muchisimas gracias por sus hermosos reviews :'D Y lo siento pero las actualizaciones no van a ser semanales porq simplemente aunq lo intento no me sale x'D Cada semana y media es lo maximo q obtendran de mí... a menos q quieran pagarme, claro, si ustedes me mantienen con gusto actualizo cada dos días XDDD

En fin, este cap fue dificil de escribir, ojala q les haya gustado y les repito q ahora voy a estar ocupada, así q las actualizaciones constantes vuelven en diciembre, eh! Lo digo para q tengan paciencia xP

Los personajes de Tite Kubo! Me despido!

COMENTEN! *o*

CELESTE kaomy fueraaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!