Christian y Ana pertenecen a E.L. James pero el viaje en tren es nuestro
Editada por thenewEmily
Capítulo 9: Celos
No puedo dejar de mirar mis manos, mientras Christian tiene su mirada fija en el horizonte. Hay tanta rabia en sus ojos, tanto dolor... Quisiera abrazarle, decirle que le amo, que no le he olvidado, que todo estará bien, pero en el fondo sé que no es verdad. El tiempo no ha pasado en vano y nada volverá a ser como antes, lo sé. Estoy aún mirando mis manos cuando suena el teléfono de casa. Inconscientemente contesto desde la consulta
— ¿Hola mami te desperté? — mierda, es Teddy. Calma Ana, calma, ellos no se ven.
—No tesoro, mami está despierta hace mucho. ¿Tú estás bien? ¿Cómo van esos días lejos de casa?
—De lujo mamá, el abuelo me ha llevado con él a todas partes, he conocido lugares hermosos y hemos comido mucha pizza
—Teddy, sabes que la comida chatarra no es buena para la salud...
—Sí mamá, lo sé, te prometo que también he comido vegetales
—Está bien, tesoro, por favor cuídate mucho sí, te amo
—Yo también te amo, mami. El abuelo quiere hablar contigo—, siento los pasos cansinos de mi padre al otro lado del teléfono y sonrío pensando en el trabajo que debe estarle dando mi Teddy.
—Hola, hija. ¿Qué ha pasado en el hospital?
— ¡No lo puedo creer! ¿Pero quién te ha ido con el chisme? Por Dios
—Jack
— ¡Qué chismoso! No ha pasado nada, una cuarentena preventiva a causa de un virus muy agresivo, nada más. Estoy bien
—Me alegro, Ana. Por favor dime si necesitas algo—, sonrío nuevamente, siempre tan protector.
—Seguro podrás hacer algo desde el otro lado del país, jajaja
—Bueno, tengo mis conexiones, jajajaja. Cuídate pequeña ¿Sí? Te amo mucho
—Y yo a ti, un beso a los dos.
Cuando corto el teléfono Christian está sentado en la camilla mirándome muy serio.
—Tienes un hijo
— ¿Es una pregunta o una certeza?— Digo tratando de evadirlo.
—Contesta—, su voz es fría
—Sí, tengo un hijo
Asiente, me mira, observa a su alrededor y luego dice —tengo que irme ahora. Estoy estorbando en tu vida—, respiro hondo para no saltar a sus brazos, besarle y recordar nuestros mejores momentos, en cambio, respondo a su seriedad con solemnidad.
—Escucha bien Christian Grey y pon atención, porque esto lo diré una sola vez. Fui yo la que te siguió esa mañana en el tren, sí, me bajé y te seguí hasta tu trabajo. Fui yo quién se escondió bajo un periódico y vio cómo la señorita Grace te daba desayuno. Luego fui yo quién se metió en tu trabajo y tomó más cervezas de las recomendadas esperándote en ese antro en el que trabajas. Fui yo quien se desmayó y Elliot tuvo que ayudarme. Me llevó a su oficina, me mostró tu foto y luego me condujo hasta tu casa. Fui yo quien entró en tu departamento y te vio en el suelo, inconsciente, bañado en sangre— los ojos se me llenan de lágrimas al recordar ese momento, pero sigo.
—Fui yo quien convenció a Elliot de traerte hasta mi casa. Sí porque este lugar es mi hogar, mi templo y solo está aquí quien yo quiera que esté. Así que si te encuentras aquí es porque eso es lo que deseo. Ahora te diré lo que haremos. Elliot viene llegando con las compras, yo iré a la cocina y prepararé desayuno para tres, luego hablaremos, como viejos amigos, Grey... como viejos amigos.
¡Lo hice! Hablé de sin tartamudear más de 5 palabras, lo he mirado a los ojos y no he sucumbido a su mirada, qué orgullosa estoy de mi misma. Sin pensarlo más y muy seria aun le extiendo la mano para que la tome y me siga, él duda, pero lo hace, luego me mira y habla.
—Nada me gustaría más que desayunar con usted doctora Steel, pero me temo que no voy vestido apropiadamente para tal evento.
A la mierda mi discurso, el hombre está casi desnudo y yo proponiéndole tomar desayuno. Me sonrojo al punto que siento que voy a explotar, Dios, qué vergüenza.
— ¿Habrá algo de tu esposo que puedas prestarme?—, callo. En qué minuto este hombre me ha atribuido esposo
—No tengo esposo, señor Grey, pero creo que podría encontrar algo que le quede.
¿Le he dicho que no tengo esposo? ¡Ay Ana, estás perdida! Coqueteando con el hombre que destrozó tu vida. Debías haber dejado que creyera que tienes marido, hijo, casa, perro. Le dejo solo en la consulta y voy en busca de algo de ropa, seguro Jack ha dejado algo suyo por algún lado. Abro y cierro cajones, pero solo hay ropa mía y de Teddy. Entonces entro al cuarto de invitados y reviso las cajoneras, en la última hay un pantalón de pijama y una polera de papá. Bueno, es lo que tengo, auque claramente no es de su talla.
De regreso, veo a Elliot en la puerta. Le abro y le indico que deje todo en la cocina, yo estaré ahí en cinco minutos.
Vuelvo con la ropa y me acerco a Christian.
—Ven, que te ayudo a vestirte
—No gracias puedo solo
—Vamos, no seas tozudo, que no podrás solo con esa herida
—He dicho que puedo solo
No le hago caso y le pongo la camiseta por su cabeza, pero cuando voy a tocarlo me grita. — ¡No me toques, mierda, puedo solo!
Me quedo petrificada mirándolo y se me llenan los ojos de lágrimas. ¿Qué le pasa?
—Perdona, yo solo te quería ayudar—, él guarda silencio, y me contesta cuando está más calmado.
—No, perdóname tú, es solo que no me gusta que me toquen
—Antes no eras así
—Muchas cosas han pasado desde que te fuiste, Ana
—Lo sé
Aunque en realidad no sé nada. Este hombre que tengo enfrente ocupa el cuerpo de mi gran amor, pero no es él. En su mirada solo veo desesperanza, rabia, tristeza. No quiero pensar que he sido yo la culpable de todo eso, nunca fui tan importante en su vida.
—Estoy listo, ridículo, pero listo.
Lo miro y sonrío con tristeza, este no es mi amor y sí, se ve ridículo en las ropas de mi padre. Caminamos con cuidado hacia la cocina, mientras él se burla.
—Sí que es pequeño tu esposo y algo gordo para su estatura
—Ya te he dicho que no tengo esposo
Entramos a la cocina y Elliot explota en risa, —pero de dónde has sacado esas prendas, seguro el difunto era más pequeño.
Se ríe de buena gana y nos contagia su buen humor. Elliot es un buen hombre y, además, un gran cocinero, ha preparado un gran desayuno con huevos, pan, queso, wafles, tostadas francesas.
—Como no sabía qué te gustaba, he hecho un poco de todo, Ana. Espero que no te moleste, pero incluí en tu lista de compras un poco de comida para hombres: tocino, mantequilla de maní, carne…
—Jajaja está bien Elliot, mi hijo estaría feliz con esa "comida de hombres". Poco saludable, pero deliciosa
Christian no dice nada, come en silencio y nos mira.
"Ey, hermano, al terminar iré a la tienda por algo de ropa de tu talla y luego iré al bar. A la tarde paso por tu casa y te traigo más ropa—.Le entrega una bolsa, —dentro encontrarás, todo lo necesario para volver a ser un hombre decente.
Este chico ha pensado en todo. Dentro hay una escobilla de dientes, una hoja de afeitar, desodorante...
—Todo con el gentil auspicio de la doctora Steele
—Te lo pagaré apenas tenga mis cosas—, dice.
—No es necesario
—Sí lo es.
Acá vamos de nuevo, discusión estúpida por quién paga cuanto… ¿Diez dólares? No tiene sentido, decido no continuar.
—Si tanto significa para ti, entonces bien.
Por fin se ha callado. Sonrío, punto para Steel. Elliot comienza a ayudarme y Christian se pone de pie para imitarlo, pero le detengo.
—No, no, no señor Grey, no está usted en condición de ayudar en este minuto. Por favor, quédese quietecito, yo en seguida lo ayudo.
No discute, le duele.
Al terminar, Elliot se va a la tienda y nos deja en la sala. Sé que le duele, pero no dirá nada, orgulloso, como siempre, es capaz de sufrir en silencio. Me siento frente a él en la mesa de centro con mi instrumental médico.
—Señor Grey, necesito revisar esa herida, tomar sus signos y aplicarle un antinflamatorio que le ayudará con los dolores. Le tocaré lo menos posible.
Él asiente y comienzo descubriendo la lesión de su abdomen, su cuerpo es, perfecto y ahora que sé que no puedo tocarlo, daría lo que fuera por besar uno a uno los músculos de su vientre. Qué calor siento, compórtate Ana. Todos mis deseos se desvanecen cuando subo la mirada y veo el rostro contraído de Christian.
— ¿Duele?
—No, doctora, solo no me toque, por favor…
—Ya te dije, lo menos posible—, vuelvo a colocar el parche, registro sus signos vitales y le inyecto una medicación para el dolor, —hemos terminado, señor Grey.
Él abre sus hermosos ojos y veo cómo pasan del miedo a la calma con solo verificar que mis manos están lejos de él.
—Gracias, doctora
—Ya dejémonos de estupideces. ¿Quieres? Solo Ana si te parece
—Fuiste tú la que puso las distancias
—Lo sé pero… ¿Solo Ana?
— ¿Solo Christian? —, sonrío y él lo hace devuelta.
—Mataría por esa sonrisa.
Me dice y me coge la mano, yo no la retiro, en cambio bajo la mirada y no contesto. Son solo palabras bonitas, él no fue capaz de cambiar su vida por ti, no mataría por tu sonrisa, Ana, no te dejes embaucar. Recuerdo el rostro de Jack describiéndome una y otra vez en los estados que lo encontraba cada vez que yo le pedía que lo buscara. Suena el timbre y me suelto de Christian, Jack, pienso, estoy frita, luego recuerdo que debe ser Elliot que regresa de la tienda y voy hacia la puerta. Es él, me entrega un paquete con ropa y se va, volverá por la tarde, antes de abrir el bar.
Regreso y le entrego las cosas a Christian. Sé que no me permitirá ayudarle, así que quizás sea mejor que salga de la habitación, pero de pronto él me sorprende con una pregunta.
— ¿Te gusta?
— ¿Qué? ¿La ropa?
—No, Elliot
— ¿Es en serio?—, pero qué mierda se ha figurado, preguntándome algo así
—Por favor, contéstame
—Pero si apenas lo he visto una vez…
— ¿Te gusta o no?, su voz no está alterada, pero suena… ¿Celosa?
—No, no creo, es como tu hermano, no podría…
—Pero… ¿Si no lo fuera?
— ¿A qué va todo esto? No, no me gusta, no tengo tiempo para pensar en esas cosas.
Se pone de pie con esfuerzo y camina hasta a mí, — ¿Estás segura de que no te gusta?
— ¿Pero qué te pasa? ¿Estás celoso?
—Sí, muy celoso.
Está cerca, muy cerca de mí. Su mirada es oscura y no aparta sus ojos de los míos. Mi respiración se agita, mi corazón se acelera por la certeza de su contacto. Ana, aléjate. Pero mis pies no responden, es igual que en mi sueño.
—No me gusta cómo se miran
—Estás alucinando—, logro articular con esfuerzo y trago saliva
—Eso espero.
Se acerca aun más, me coge las manos y las restringe sobre mi cabeza, me apoya contra la pared y me besa. No puedo resistirme. He esperado nueve años por esto, nueve largos años de sequía de sus labios. Nos besamos como si el mundo se fuera a acabar. Su cuerpo aprisiona el mío contra la pared y siento su erección hundirse en mi vientre. Cuánto deseo este momento, quiero que me penetre, que me haga recordar cómo nos comunicábamos cuando estábamos juntos y sin duda mi entrepierna está de acuerdo conmigo, porque está absolutamente húmeda cuando Christian baja una de sus manos hasta mi sexo y lo toca.
Dios, tengo que para esto. Intento separarme, pero no lo logro, Christian es muy fuerte. Sus dedos sabios, entran y salen de mi vagina y no puedo evitar disfrutar cada uno de sus movimientos, jadeo, sudo mientras sus dedos me hacen llegar al mejor orgasmo de los últimos años.
—Muy bien, ana, córrete para mí, quiero oírte
Pero Christian no se detiene, quiere más, puedo sentirlo y ahí va, otro orgasmo solo con sus dedos. De pronto hace un moviento brusco y gime de dolor. Entonces recuerdo dónde estamos y por qué está aquí.
—Detente—, le ordeno. Christian me mira sorprendido.
—Pensé que…
—No pienses nada, esto no está bien
—Ana, somos adultos, solo es sexo y…
—No es eso. Tu herida no sanará si no haces reposo…
—Vamos, no me hagas esto, te deseo tanto…
—Y yo a ti, pero vamos a esperar unos días
Malhumorado asiente. —Necesito una ducha…fría.
—Te muestro por dónde
Y lo guío hasta el baño, le doy un juego de toallas blancas y le beso en los labios.
—Estaré aquí fuera por si necesitas algo—, y cierro la puerta.
Dios mío, qué he hecho, Christian Grey está de vuelta en mi vida.
