Esta historia no me pertenece... es una obra original de Miko Fleur quien muy amablemente me permitió y autorizo compartirlas con ustedes usando los personajes de CANDY CANDY...

Galaxylam84: vieras que creo que nuestro galan tiene cola que le pisen...

Sakura93 : mmmmm. tengo la ligera sospecha que vas a favor de Terry?

cotapese: gracias... y realmente estoy tan desconsertada como tu?

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Labios del pecado

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I parte Capítulo VIII

Debía admitirlo. Por un momento se dejó llevar por el decadente sabor de los labios de Terry. Era una sensación que solo había experimentado a su lado, algo que inconscientemente había extrañado hasta la última célula. Estar entre sus brazos, sintiendo su torso duro, apreciando el inigualable aroma a hombre que despedía cada uno de sus poros, los escalofríos que le provocaba por toda la columna vertebral el simple roce de sus dedos.

Sin embargo, cuando fue consciente de lo que estaba haciendo, de la vehemencia con la cual contestaba la caricia y lo vulnerable que era ante su presencia, se separo alejándolo lo más que pudo. Esto tomo por sorpresa al castaño que había bajado la guardia, permitiéndole a la rubia abandonar sus confortables brazos. El remordimiento la golpeo de una manera que desconocía, ella no podía herir los sentimientos sinceros de Albert.

- No vuelvas a hacer eso- le ordeno molesta, retrocediendo mas cuando el dio un paso para acercase- No juegues conmigo, Terry Grandchester.

- No es un juego- respondió rogando que le creyera.

- Por supuesto que lo es para ti- sentencio tratando de convencerse con sus propias palabras- Tu tiene el maldito complejo de "Adán y la fruta prohibida". Solo me quieres, porque no puedes tenerme. No tiente mi paciencia, Terry. No hagas que me arrepienta de la oportunidad que te di con Arthur.

El rostro del empresario se alarmo ante lo dicho, abandonado cualquier intento de acercarse nuevamente. Candy advirtió este cambio y aunque le dolía tener que amenazarlo con su propio hijo, necesitaba alejarse del lugar, alejarse de él y de su maldita seducción. Sin agregar nada, dio media vuelta y se retiro nuevamente al salón.

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Camino por el lugar a paso lento. Conocía a casi todas las personas que se encontraban en el nuevo restaurante, pero no le interesaba hablar con nadie. Con nadie más que la hermosa rubia acurrucada en los brazos de Albert.

Suspirando, Terry se acerco a la barra donde se desplegaba en la pared una cantidad increíble de botellas de diversas formas, colores y tamaños. Cuando el barman se acerco a él, pidió simplemente un whisky "On de Rocks".

- Que raro verte acompañado de un escocés- señalo a su lado, dando un trago a su champagne espumante- Hay costumbres que parecen no se pierden en tu vida.

Terry sonrío por el comentario de Karen. Le hizo frente y la admiro unos instantes. El vestido le sentaba de maravilla en su silueta perfecta.

- En cambio tu, con tu cuerpo siempre perfecto y en la mano un francés, eres la personificación de una ninfa griega- afirmo levantando su vaso en señal de "salud"- Nadie diría que es una costumbre, aunque también lo es.

Karen rió suavemente por lo dicho, respondiendo con la misma seña y dando un trago a su espumosa bebida dorada. Se alejaron de la barra, ya que otras personas también deseaban pedir algo para tomar. Se acomodaron cerca de una de las amplias ventanas con vista a la ciudad.

- ¿Por qué tan solo?- consulto simplemente la joven- Si mal no lo recuerdo, Terry Grandchester jamás se encuentra solo en las fiestas. Si no es la perfecta acompañante, es tu inseparable amigo Anthony.

- ¿No me encuentro ahora mismo siendo la envidia del lugar?- contesto sonriente- En estos momentos me encuentro sin ánimos de soportar a ninguna acompañante, en tanto Anthony disfruta de su nueva novia. Sin embargo, estar contigo es un honor.

- Siempre tan diplomático- sentenció malvadamente divertida.

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Luego de varios minutos insistiendo, logro convencer a Albert de regresar a su casa. La excusa fue de la preocupación por su pequeño, del cual no se separaba nunca. Pero la verdad, era simplemente que deseaba estar lo más lejos posible de Terry.

Albert, paciente como siempre, le pidió que aguardara solo unos minutos ya que no podía dejar el lugar sin pedir a George que se encargue de todo y despedirse como correspondía de algunas personas. La dulzura con la que le hablaba apuñalaba de culpabilidad a la pobre rubia, quien no lograba sacar de su mente al castaño.

Una vez que ya estaban casi listos fue cuando se percato donde se encontraba su pesadilla. Al lado de una ventana, se encontraba conversando junto a Karen quien reía muy divertida y se notaba la estaban pasando bien. Albert también se percató de la escena, lo cual le molesto mucho ya que había estado buscando hacia un rato a Karen para despedirse.

- Partamos- sentenció serio.

Candy alarmada, pensando que la había descubierto mirando en esa dirección, lo siguió sin decir palabra.


Desde aquella noche, la culpabilidad acompañaba a Candy. No podía negar lo bien que se había sentido con aquel beso y todos los sentimientos que había aflorado en su apagado corazón, pero a la vez, esas sensaciones de alegría eran asechados por su impiadosa conciencia. Por ello se encontraba frente a aquella puerta, esperando pacientemente a ser recibida.

La sorpresa de Karen se reflejo en su rostro al encontrar a la rubia, quien llevaba en sus manos una caja con masas finas, seguramente para compartir en la hora del té.

- Candy, no te esperaba- dijo sonriente- De saber que venias, me hubieses arreglado un poco. Pasa, por favor. Ponte cómoda.

La modelo llevaba simplemente una remera holgada con un short de jeans y descalza. Su cabello se encontraba revuelto, como si no se hubiera gastado aquella mañana en peinarse demasiado. Candy le aseguro que se veía bien tal como estaba. La sonrisa que le devolvió Karen le dio a entender que la modelo no tenía una elevada autoestima como aparentaba.

Ambas caminaron a la elegante sala de estar decorada con colores blancos, negros, rojos y violetas, en un estilo minimalista. Candy se sentó en el cómodo sofá y espero hasta que Karen regreso con un exquisito juego de te japonés.

- Espero te guste este té- deseo sentándose a su lado- Lo traje de Inglaterra, y es muy delicioso a mi parecer.

Mientras tomaban el té, la charla se dirigió a temas triviales: lo bello que era el penthouse, la magnífica ubicación del edificio, etc. Karen le enseño su último trabajo, muy orgullosa. Era una producción con estilo tanto japonés como europeo. En algunas fotografías, Karen modelaba unos kimonos realmente espectaculares, en tanto en otras llevaba ropa europea con el contraste del paisaje que otorgaban los árboles de cerezo. Candy alabó el trabajo expresándole su completa admiración.

- Niel me comentó que alguna vez modelaste para él- le dijo Karen- Me gustaría ver eso sinceramente.

- No fue la gran cosa- simplifico un poco ruborizada- Fue simplemente una ayuda para el desesperado Niel quien se quedo sin su musa a causa de una pelea.

Karen le aseguro que Niel siempre la alababa y aseguraba que nunca había fotografiado un cuerpo más bello y sublime. Aunque no habían trabajado demasiado juntos, la modelo admiraba al fotógrafo y consideraba su opinión sagrada.

- Karen, me gustaría preguntarte algo- dijo un poco seria- Quisiera que me contaras un poco de lo que ocurrió con la antigua novia de Albert, Kelly.

En cuanto dijo eso, la joven agacho la mirada suspirando pesadamente, perdiéndose en un fugaz recuerdo.

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Una muchacha caminaba ansiosa por llegar pronto al café donde ambos la esperaban. En toda la semana no los había podido ver ya que entre la universidad y la agencia de modelos se encontraba con poco tiempo.

Doblo en la esquina y los vio a ambos conversando amenamente como siempre. Rápidamente llego hasta la mesa y saludo a ambos para tomar asiento en una de las sillas que estaba en el medio de ellos.

- Te has tardado Karen- la acuso fingiendo molestia- Con Albert estábamos a punto de irnos.

- No te creo, Terry- sentenció cruzada de brazos- Se que jamás se irían. Aunque traten de fingirlo, no pueden ser malos conmigo.

- Sigue tentando nuestra paciencia- le advirtió sonriente Albert- Y serás testigo de cómo te dejamos plantada.

Molesta como una niña, Karen frunció las delgadas cejas y le dio un golpe con el puño cerrado en el brazo derecho del rubio. Ante exclamo frotando su brazo mientras Terry soltaba una carcajada sostenida. Sintiéndose compensada, Karen hizo como si nada y tomo la carta buscando que era lo que tomaría aquella tarde.

- Bueno, ahora que llego la princesa- dijo dando un sorbo a su café- ¿Puedes contarnos la buena nueva?

- Claro- sonrió Albert- Estoy de novio. Con Kelly Cartwright . ¿La recuerdan? La joven que conocí en la fiesta de los Johnson.

-Te felicito amigo- sonrió entusiasmado Terry- Ya era hora de que buscaras estar con alguien. Tú no sirves como compañero de libertinaje. Ahora seré el único soltero del grupo. ¡Qué honor!

- Felicidades, Albert- le sonrió y continuó con su búsqueda en el menú.

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Paladeó y miro nuevamente a Candy, regalándole una sonrisa. La rubia aguardaba en silencio. Ansiosa por que comenzara a contarle.

- Kelly era una joven de alto nivel social que conoció en una fiesta a las que solíamos asistir Terry, él y yo por presión de nuestras familias- le explico suavemente.

- ¿Terry y Albert? ¿Juntos?- consulto sorprendía.

- Antes eran muy buenos amigos- le aseguro- Nos conocimos en diferentes reuniones. Terry y él provenían del mismo instituto por ello se conocían desde antes. Mi padre comenzó a trabajar con el tío de Terry y entonces los conocí.

Aquel dato le sorprendió mucho. Albert no había mencionado el hecho de que antes había sido amigos. Simplemente le contó únicamente que Terry le había robado al amor de su vida.

- Eran tal para cual- comento mirando su taza de té- El tan serio y centrado, siempre conservador. Ella silenciosa, introvertida, siguiendo siempre las reglas. Albert siempre se quejaba de las cosas que hacíamos con Terry, aunque al final lo convencíamos para que se nos una. Cuando llego Kelly, eso cambió completamente.

- Si eran tan buenos amigos ¿Por qué Terry se metió en su relación con Kelly?- pregunto extrañada por lo que le contaba, ya que no había lógica.

- Terry nunca salió con Kelly- le respondió extrañada- Con Terry nos enteramos de que Albert termino su relación cuando llegamos a Barcelona. Puedo darte fe de que no salió con ella, porque en ese momento estaba conmigo.

- ¿Contigo?- consulto frunciendo el seño.

- Si, salimos unos meses- le comento simplemente- Vivimos un tiempo en Barcelona y luego nos separamos ya que cada uno tenía proyectos diferentes. El volvió a New York, yo me instale en Lyon.

Repentinamente la realidad cayó encima de Candy. Albert se había molestado con Terry, porque había salido con Karen quien era la persona de quien se enamoró.

- Supe que se pelearon cuando Terry viajo a Paris y nos encontramos- continuó- Nunca entendí que fue lo que enojo a Albert para levantarle la palabra a su mejor amigo. Pero Terry tampoco me lo contó.

- Comprendo- murmuro Candy, perdida en un mar de pensamientos.


Arriesgándose, Terry llamo a la puerta. Se encontraba bastante nervioso pero como siempre, disfrazó sus emociones de la mejor manera que pudo. No sabía cuál sería la reacción de Candy al verlo después de lo de la fiesta, pero no podía pasar un día más sin ver a Arthur.

Sintió que alguien se aproximaba caminando a la puerta y escucho el sonido de las llaves abriendo. No sabía qué hacer, no sabía que decir. La puerta se abrió lentamente hasta que ambos se miraron.

- ¿Niel?- interrogo sorprendido.

- Hola Terry- lo saludo amablemente, como siempre- ¿Qué esperas? Pasa de una vez.

El castaño obedeció y entró a la acogedora y hogareña casa de la rubia. Sin decir nada más, Niel fue por Arthur quien jugaba animadamente sobre una manta en el suelo con sus juguetes. Terry no perdió tiempo y fue con su pequeño quien lo recibió con una sonrisa y extendiendo sus manitos para que le alzara.

- ¿Dónde está Candy?- consulto luego de algunos minutos, cuando ya le pareció raro que no apareciera.

- Salió- se encogió de hombros.

El empresario suspiro un poco más relajado y volvió su atención a su pequeño. Aprovecharía el tiempo con su hijo al máximo hasta que llegara la joven madre, quien seguramente lo correría de su hogar aun molesta.