Comentarios de la Autora (aclaraciones, notas y comentarios).
¡Nuevamente muchas gracias a todas aquellas personas que han dejado sus lindos comentarios! Ya saben que a todos ustedes les deseo lo mejor :)
Y por todos ustedes es que subo este nuevo capítulo con (relativa) prontitud.
Este capítulo va dedicado a aquellos que esperaban más acerca de los gemelos dorados… Disfrútenlo…
Capítulo IX: Entendimiento II
Era de noche en el Santuario y un ambiente de relativa paz se podía respirar en el territorio de Atena, pues evidentemente las tensiones que los dorados estaban resolviendo afectaba profundamente el ambiente.
Saga miraba a Kanon dormir profundamente en la cama que ahora ambos compartían, sin duda cómodamente disfrutando el descanso.
Aunque el mayor de los gemelos sentía una gran paz y felicidad en estar finalmente con Kanon como habían vivido hace ya más de veinte años cuando aún eran niños inocentes, no podía negar el hecho que ahora eran hombres, y bastante altos para el caso.
Y compartir una cama ya no parecía una buena idea, por mucho que ambos quisieran vivir ese vínculo de gemelos que estuvo en letargo durante más de trece años.
En más de una ocasión desde que su hermano menor se había aparecido en la Tercera Casa y ambos habían iniciado el proceso de apertura y aceptación para con el otro hacía ya cinco días, tanto Saga como Kanon habían estado a punto de caerse de la cama mientras dormían.
Los hermosos gemelos siempre habían sido inquietos a la hora de dormir, pues parecía que esa energía traviesa por la que su signo se caracterizaba y que estaba en calma cuando estaban despiertos salía a flote cuando dormían. Sumándole a eso, ahora estaban las pesadillas que ambos tenían pero que aún ninguno compartía.
El resultado era que continuamente uno de los hermanos había tenido que despertarse abruptamente cuando sentía, aún en sueños, que la cama se terminaba.
Un día alguno de los dos despertaría en el suelo, Saga estaba seguro.
La solución habría sido volver a compartir la Tercera Casa en diferentes horarios, pero eso ya no era una opción. No si querían conocerse nuevamente y solucionar sus asuntos.
Suspirando, recargó su cabeza en la almohada.
"No sabía que suspiraras tanto" la voz adormilada del menor de los gemelos lo sorprendió. No se había dado cuenta que Kanon estaba despierto, si el estado del menor podía llamarse así. Cuando Saga lo volteó a ver, Kanon estaba recostado de lado, con su rostro del lado interior de la cama, por lo que el mayor podía ver sus ojos aún cerrados.
"¿Estás despierto?" Saga decidió sesionarse.
"Mmmm" dijo Kanon
"¿Eso es un sí?"
"Mmmm"
"¿Un no?"
"Mmmm"
"¿Un tal vez?" Saga sonrió, disfrutando el juego, aunque este era unilateral ya que parecía que su hermano en verdad estaba dormido.
Kanon se acomodó la almohada y no volvió a emitir ruidito alguno.
Contento, Saga también se acomodó para dormir. Se colocó en la misma posición que su hermano, pero en sentido contrario, lo que lo dejó mirando ese rostro idéntico al suyo. Cuando Kanon dormía y si sus sueños eran tranquilos, sus facciones se relajaban mostrando a un hombre menos intimidante e incluso tierno.
Saga lo miró por largo rato en silencio, mientras suavemente le acariciaba la nariz en un gesto fraternal [1] sintiendo la calidez del otro.
¿Cuántas veces en los primeros años en los que Ares se posesionó de su cuerpo y Saga aún tenía momentos de control no se había recostado frente a un espejo fingiendo que su hermano gemelo aún estaba con él y no muerto como él pensaba?
En ese entonces, sólo la fría superficie del espejo había sido la que lo había acariciado, pero ahora tenía una nueva oportunidad, pues era consciente de lo que había perdido y recuperado.
Poco a poco, la suave respiración de Kanon arrulló a Saga, quien se durmió paulatinamente.
Y no fue sino hasta poco antes del amanecer que ambos despertaron.
La luz aún era pálida en el Este, y el mundo aún era gris pues la penumbra ni siquiera estaba presente todavía. El ambiente era fresco y el rocío cubría con pequeñas gotitas las piedras y pilares de los templos y construcciones del Santuario.
Todo era calma y paz, un nuevo día lleno de promesas y esperanza.
Y en estas circunstancias fue que los gemelos sintieron cómo la cama se les terminaba abruptamente y de manera tan rápida que ambos sólo lograron abrir los ojos y hacer contacto visual con el otro para luego resbalarse por su respectiva orilla.
"Ouch" dijo Saga rodando en el piso hasta colocarse mirando al techo. "Ya sabía que tarde o temprano algo así pasaría"
Esperando al comentario de su gemelo Saga guardó silencio, pero Kanon no emitió palabra alguna. Frunciendo el cejo, el mayor se levantó y se dirigió al lado de su hermano, y cuál no fue su sorpresa cuando vio que Kanon de alguna manera había jalado una sábana sin perturbar las demás, se había hecho ovillo y se había vuelto a dormir.
Saga sonrió un poco. Tenía un recuerdo de él y su hermano cuando eran pequeños y que compartían la cama como en ese momento. Según su memoria, a Kanon siempre le costaba trabajo despertarse temprano, aunque por lo general era quien más tarde se dormía de los dos.
La sonrisa del mayor se ensanchó cuando comenzó a entender que ese recuerdo sí era real y no había sido una invención de su mente en cautiverio, como lo había temido.
Su sonrisa se convirtió en una queda risa que fue aumentando hasta que tuvo que sentarse en el suelo. Saga sentía cómo algo dentro de él se rompía, liberándolo por completo.
La risa de Saga despertó a Kanon, quien lo primero que notó fue que estaba en el suelo y no sólo eso, Saga estaba junto con él riendo como nunca lo había visto.
No sabiendo qué hacer, pero intuyendo que el mayor no necesitaba que le detuvieran, Kanon se cruzó de piernas y esperó expectante a que Saga terminara de reír.
Finalmente y después de algún tiempo, Saga cerró sus ojos, tomó aire y se tranquilizó. Cuando volvió a abrir esos faros de esmeralda, se dio cuenta que su hermano lo estaba mirando atónito.
"Ummm… ¿Hola?" preguntó el menor arqueando una ceja.
Saga sonrió tiernamente y abrazó a su hermano, quien le correspondió contento.
"Ummm Saga" dijo finalmente Kanon, cuando el mismo Saga se separó de él y se levantó "Creo que hay un pequeño inconveniente con respecto a dormir en la misma cama."
Saga lo miró divertido "¿Tú crees?"
"La verdad es que ya me imaginaba que tarde o temprano alguno de los dos acabaría en el suelo"
"¿Sabes? Yo pensé lo mismo, aunque al parecer ambos nos equivocamos, ya que fuimos ambos quienes terminamos fuera de la cama"
Kanon levantó una ceja.
"Así es hermano. Sin embargo, a ti no pareció molestarte mucho, porque terminaste durmiendo igualmente contento en el suelo"
"¿En serio?"
"Pues sí. Hasta terminaste con sábana y todo… Dime Kanon ¿cómo quitaste esa sábana sin desacomodar las demás?" Dijo Saga curioso al ver el estado de la cama.
"Ni idea" Kanon respondió, poniéndose de pie y parándose junto con Saga, estudió también el estado de la cama.
"Interesante…" Saga lo miró divertido "En cualquier caso ¿qué sugieres que hagamos?"
"¿Asegurar mejor las sábanas en la cama?" le contestó Kanon arqueando nuevamente una rubia ceja.
Saga lo empujo juguetonamente "Sabes a lo que me refiero"
"Si… lo sé" dijo Kanon sonriendo. "Tengo la solución, suponiendo que tenga libertad de acción" el menor aún se sentía extraño en Géminis.
"¿Libertad de acción en tu propio Templo?¿No es un poco ilógica tu pregunta?"
"Saga…"
"Kanon… por favor. Perteneces aquí tanto o más que yo"
"Saga, no digas eso." Kanon suspiró "Es muy temprano para sumirnos en dramáticas tragedias, al menos espera después del desayuno"
"El comal hablándole a la olla" dijo Saga levantando ambas cejas.
"¿Cómo?"
"Ya sabes… una analogía que…"
"Si, si… Saga, sé a qué se refiere" dijo Kanon boquiabierto "Lo que me sorprende es que uses esas expresiones."
"Bueno… mejor que recitar una retórica de Sófocles ¿no crees? Entonces sí que sería muy dramático. Además las expresiones coloquiales quedan bien entre nosotros, porque nosotros… somos gemelos y…" Saga se encogió de hombros "… bueno… tu sabes… entre gemelos todo es diferente"
Kanon asintió con una suave sonrisa. "Entiendo. Retomando la cuestión, antes de desviarnos del tema tan radicalmente, me falta trabajar en algunos detalles para solucionar la cuestión de una cama y dos hombres de casi 1.90 de estatura. Dame un par de días."
"De acuerdo. Y ya que tienes tu mente trabajando en eso ¿crees que también puedas solucionar la cuestión de un baño para dos personas?"
"Me temo, hermano, que tu sistema de horarios es la única solución para ese dilema en específico" negó Kanon divertido.
"Tendré que trabajar en ello entonces"
"Mientras lo haces permíteme bañarme primero, después de todo la doncella que atiende la Tercera Casa llegará pronto con las provisiones y quiero revisarlas antes de aceptarlas, ya que la última vez trajo una masa amorfa de dudosa procedencia que no me causó simpatía"
"Maestro, tengo hambre" dijo Kiki suspirando.
"Lo sé Kiki" dijo el rubio frunciendo el entrecejo "Pero no tenemos nada para que puedas desayunar. La doncella que se encarga de la Primera Casa ya está retrasada más de un par de días"
"Si quiere puedo ir con el Señor Aldebarán"
"No Kiki" dijo Mu con tristeza "Dudo que él esté en su Templo, casi nunca está"
"¿Maestro?"
"Vamos pequeño. Mejor vayamos con Aiolia, no quiero que entrenes sin haber comido algo antes"
"Ummm Kanon… lejos estoy de criticar tus platillos, tú eres el experto cocinero aquí, pero habías comentado que hoy desayunaríamos huevos con salsa de jitomate, espinacas y queso de cabra y la verdad yo no veo donde están los huevos… ni el queso… ni la espinaca y ¿qué es esa verdura blanca?"
Kanon suspiró "Es un platillo en camuflaje"
"¿Cómo?"
"Pues sí, los huevos están camuflajeados junto con todo lo demás"
Saga lo miró seriamente y Kanon no pudo evitar esbozar una media sonrisa divertido.
"Kanon…"
"Lo sé Saga, mi intensión era preparar el platillo que te había comentado, pero entonces tenía la idea de que tu cocina tenía suficientes provisiones"
"Nuestra cocina" corrigió el mayor
"No, tú cocina. Cuando sea nuestra cocina, no va a faltar más de la mitad de los alimentos que debería haber. "
"¿Cómo?"
"Pues sí. Al parecer, la doncella brilla por su ausencia"
"Bueno, yo le di la orden de que sólo trajera las provisiones y se marchara de inmediato. Sabes que no me gusta gente merodeando por aquí…"
"Eso lo entiendo, y sabes que yo soy de la misma idea. Pero la muchacha no ha dejado nada de nada. Lo que es más, siéntete afortunado que pude preparar jitomates rellenos de berenjena porque en verdad casi no hay nada… a menos que quieras desayunar sopa de lenteja"
"No, la verdad es que eso no me apetece tan temprano… en absoluto"
Máscara de la Muerte miraba enojado la parte privada de su Templo, el cual parecía una zona de guerra devastada por un huracán ¿dónde se había metido la doncella?
A Ángelo no le gustaba recoger el tiradero que por lo general dejaba a su paso, pero tampoco le gustaba vivir en el desorden.
Ya hablaría severamente con esa muchacha, a la cual asustaría de muerte si era necesario, con tal de que ese descuido no se repitiera.
Fastidiado, decidió ir a desayunar a Piscis, y considerando que aún era muy temprano no era muy probable que se encontrara a los otros guardianes dorados.
Aiolia había dormido nuevamente en la mesa de la cocina. Cada vez estaba más desesperado por su hermano, que parecía que nunca saldría de la conmoción.
Sabía que no era bueno guardarse toda la rabia y frustración, pero no quería perturbar a sus amigos. No ahora que sabía que Milo había arreglado las cosas con Acuario y que Camus y el mismo Aiolia comenzaba a cruzar más de tres palabras en el día. Tampoco quería molestar a Mu o Shaka, pues sabía que cada uno estaba lidiando aún con sus problemas propios.
Si tan solo pudiera estar a solas con Géminis y Capricornio… esa sería una excelente catarsis…
"Aiolia… ¿podemos pasar?"
"¿Mu?" Leo empujó sus pensamientos en lo profundo de su mente y su corazón. Sonriendo, se dirigió hacia la entrada de su templo, donde encontró al caballero dorado de Aries junto con su aprendiz esperando educadamente la autorización del guardián.
"Buen día, Señor Aiolia" dijo cortésmente Kiki
"Bueno día a ambos. ¿Sucede algo?" dijo Aiolia cálidamente.
"Caballero, me parece increíblemente impertinente lo que estoy a punto de solicitarte, pero en verdad agradecería mucho tu ayuda"
Leo miró a Mu, que en verdad parecía un poco apenado y después a Kiki, quien a su vez miró al griego expectante. Aiolia abrió sus ojos verdes como platos y dando unos pasos hacia atrás negó efusivamente con sus manos.
"No. No, no, no, no, no. Yo no."
"Señor Aiolia…" Kiki lo miró sorprendido, pero Mu tuvo curiosidad por saber qué estaba pensando su amigo. Después de todo, tenía que ser algo bastante interesante para que el noble y tierno Aiolia se negara a prestar ayuda a alguien.
Por su parte, el caballero de Leo se había remontado a una conversación que había tenido varias semanas atrás, cuando aún Mu no se integraba con Milo, Shaka y él. Una conversación que involucraba las complicadas, pero hermosas relaciones entre un hombre y una mujer.
"¿Por qué no vas con Escorpio o Acuario? Estoy seguro que ellos te pueden ayudar y con mucho más detalle y más gusto"
"Aiolia… ¿qué estás pensando?" dijo Mu divertido finalmente.
"¡Nada!" Aiolia sintió cómo sus mejillas estaban rojas. Cuando Mu vio el rubor de su amigo, rió contento, pues ya había asociado ese particular tono de rojo con cierta amazona, lo que le ayudó a descubrir en qué estaba pensando Leo.
"Aiolia, antes que te de un aneurisma, déjame explicarte. La doncella que se encarga de la Primera Casa ha desatendido sus obligaciones, aunque sólo hasta esta mañana me he dado cuenta de cuánto. No tengo nada para que Kiki desayune, y tu sabes lo nocivo que es para un aprendiz de su edad que entrene sin alimento alguno. Por eso te quería pedir si aceptarías que Kiki desayunara contigo hoy" Mu explicó tranquilamente, aunque por dentro estaba bastante divertido.
"Ah. Bueno… en ese caso… estaré feliz de ayudarte" Aiolia se tranquilizó inmediatamente.
"Tienes mi agradecimiento" Mu inclinó levemente su cabeza y se dio la media vuelta para retirarse.
"Maestro…" dijo Kiki frunciendo el entrecejo "No se vaya… ¿usted qué va a desayunar? Tampoco puede ir por allí entrenándome con el estómago vacío"
"Por supuesto que no" dijo Aiolia dirigiéndose hacia donde se había detenido Aries y tomándolo del brazo lo condujo hacia la cocina de Leo "Tú desayunas con nosotros"
"Aiolia, no quiero causarte molestia alguna"
"Molestia sería si no te quedas. ¿Qué no has aprendido nada estas últimas semanas? Entre amigos no hay favores, sólo apoyo"
Shaka estaba meditando tranquilamente, disfrutando la paz y el silencio que se respiraba en Virgo. Sabía que algo faltaba, pues no era usual conseguir esa paz a esa hora del día, pues siempre había una presencia que lo interrumpía.
Pero ese día todo era armónica calma, aunque por su vida no podía entender el por qué.
Sin darle mucha importancia, se concentró más. Ya sabría la razón en su momento.
Dokho estaba tan contento desayunando con Shion en el Templo Central que por un momento pensó que la idea de su amigo de responsabilizar a los caballeros dorados por sus respectivas casas era una buena idea.
Especialmente si uno era amigo del Patriarca y podía tomar el pretexto de la falta de doncellas para pasar más tiempo con él. A Shion bien le convendría compañía que no lo mirara como el salvador de todo y la solución a todo.
"¿Sabes Shion? Siempre me han gustado las ciruelas en el desayuno… En Rozán, generalmente no podía comerlas porque no eran típicas de la región ¡y no sabes cuánto me apenaba eso! Aunque Mu me llevaba algunas de vez en cuando…"
"¿En serio? Debió de ser una verdadera lástima para ti, después de todo conozco lo mucho que te gusta disfrutar de tu comida preferida"
"Si… aunque yo no sé por qué Mu siempre también me llevaba duraznos, aunque yo no se los solicitaba. No es que no apreciara el gesto, y créeme, los comía gustoso, es sólo que… bueno, era peculiar"
"No tanto. La fruta favorita de Mu son los duraznos. Supongo que no imagina que en el mundo pueda existir alguien quien no considere a esa fruta extraordinariamente deliciosa"
"Supongo que ahora que tendrá que encargarse de su templo como los demás dorados, podrá abastecerse de su fruta adorada. Deberé hablar con Kiki al respecto, por si de repente la dieta del pequeño aprendiz se ve reducida drásticamente"
"Mu jamás haría algo así, Dokho"
"A veces es un poco despistado"
"Más bien soñador"
"Lo defiendes" Dokho sonrió.
"Siempre"
"Por cierto, Shion ¿Cómo tomaron la noticia los demás caballeros dorados acerca de esta nueva regla tuya con respecto a las Doce Casas? Ya que no he recibido ninguna convocatoria oficial, supongo que se los comunicaste personalmente uno por uno… En realidad te admiro amigo, teniendo tanto en qué pensar y aún te das el tiempo de… ¿Shion? ¿Qué pasa?"
El Patriarca se había quedado totalmente quieto al escuchar las palabras de Dokho, incluso con la taza de café en el aire. Shion maldijo en chino, algo que no había hecho hacía al menos doscientos años. "¡Sabía que algo se me olvidaba!"
"¡Shion! ¿En serio?" Dokho lo miró divertido entendiendo la reacción del rubio.
"Me temo que sí. No les he dado la noticia"
"Pues ya se enterarán y yo creo que más pronto que tarde"
"Voy a tener que convocar a una reunión inmediatamente. No quiero que Ángelo o Aphrodite vayan a desquitarse con las pobres doncellas"
"Si las encuentran… Amigo, esta es una clara señal que tienes que tomarte las cosas con más calma. Nunca había visto que se te olvidara algo así"
"Es que me parte el alma Dokho. Me parte el alma ver a todos esos niños sufriendo tanto…"
"Lo sé, pero en nada ayudará que tú también te pongas mal. Anda… terminemos de desayunar tranquilos. Después podrás convocar a la reunión"
En el Octavo Templo, Milo y Camus se miraban sorprendidos a la entrada del pequeño baño.
"¿Te parece lógico?" preguntó Milo.
"No. En absoluto"
"A mí tampoco. ¿Qué rayos hace mi bolígrafo en la tina?"
Escorpio se había levantado muy temprano ese día para redactar un informe que Shion le había solicitado con respecto a la organización de los Caballeros de Bronce. Habiendo recopilado la información los días previos, Milo planeaba escribir el reporte para entregarlo ese mismo día, pero cual no fue su sorpresa cuando no encontró su bolígrafo favorito (y el único que tenía, pues todos los demás los había perdido)
Alarmado, inmediatamente se dirigió hacia Acuario (feliz que todo era ya normal) donde encontró a Camus sentado leyendo una carta, que el francés le comentó era de Hyoga.
Milo alentó a su amigo de escribirle a su aprendiz, pero cuando Camus le dijo que primero tenía que resolver las cuestiones con los demás Caballeros Dorados, el griego no insistió más.
Y recordando el motivo de ir hasta Acuario, le contó el caso de su bolígrafo desaparecido. Divertido, Camus le prestó uno, pero Milo en lugar de regresar a Escorpio decidió escribir el reporte en el escritorio de Camus.
El pelirrojo simplemente se dirigió a la cocina a preparar un desayuno para dos. Una vez que Milo terminó su informe y ambos habían desayunado, el rubio le pidió que le ayudara a buscar su preciado bolígrafo en Escorpio.
Cuál no sería la sorpresa de ambos, cuando después de casi una hora de búsqueda (no es que las Doce Casas tuvieran tantos lugares para que algo se perdiera) encontraron el dichoso instrumento de escritura en la tina.
"Milo, te he dicho infinidad de veces que debes ser más organizado"
"Bueno, si… pero sólo ahora comprendo la necesidad ¿Dónde rayos está la doncella que se encarga de mi Templo?"
"Seguramente con la que se encarga del mío"
"¿También desapareció?"
"La gente no desaparece Milo, sólo se va"
"No si es secuestrada por entidades sobrenaturales, como fantasmas"
"Ai, no empieces con eso"
"¿Qué tal si ellas eran fantasmas? Tal vez estaban penando por algo que hicieron, o no hicieron, en nuestras pasadas reencarnaciones y querían solucionar la situación. ¡Cielos Cam! Hemos estado viviendo con espíritus"
Camus sólo lo miró muy divertido. "O tal vez" dijo finalmente Acuario "Simplemente sucedió algo que les hizo dejar sus obligaciones"
"¿Cómo una aparición que las aterrorizó?"
"O una orden superior… ¿del Patriarca tal vez?"
"¿Tú crees?"
"Eso o fueron secuestradas por algún fauno. Ya sabes que ellos tienden a atraer a hermosas jovencitas y la doncella que se encargaba de mi casa era bastante bonita y muy dulce"
"Pues que suerte, porque la que se encargaba de Escorpio tenía cara de caballo y el carácter de Ophidius"
"Como diría Shaka, Milo: algún mal karma estarías pagando"
Aioros estaba recostado con la cabeza hacia el techo y su mirada perdida. ¿Cuánto tiempo había pasado desde que había vuelto a la vida? No lo sabía. Ni le importaba.
Estaba terriblemente desconcertado, aunque no por las razones que los demás caballeros dorados creían.
En el Muro de los Lamentos había adquirido una forma más adulta que cuando murió, pero primero el encuentro con su hermano pequeño, con Saga, Shura y con los demás niños convertidos en caballeros dorados, y luego con el grado de concentración que tuvo que tener para disparar la flecha dorada no le habían permitido meditar sobre la situación.
Y luego… cuatro meses después…Ciertamente se había llevado una gran impresión cuando volvió a respirar con los pulmones de un hombre de 27 años, pero pronto lo había superado.
El problema era otro mucho más complejo que podía resumirse en una palabra: confusión.
No recordaba todo el tiempo que estuvo muerto, sólo unos atisbos de memoria aquí y allá, dándole consejos a su hermano, aún cuando este ya se había convertido en caballero dorado y luego cuando había ayudando al Caballero de Pegaso, en más de una ocasión, a proteger a Atena.
Pero nada más.
Y ahora, después de trece años en blanco, tenía que hacerse a la idea nuevamente de conceptos que ahora le parecían inverosímiles, como la noción del tiempo, el día, la noche, el espacio que ocupaba su cuerpo, el movimiento…
Lo que más le llamaba la atención era el latido de su corazón ¡tan extraño!
¿Por qué se sentía así? ¿Acaso no había estado vivo el mismo tiempo que muerto? ¿Acaso no debería simplemente retomar donde dejó todo? ¿Por qué era tan extraño estar vivo nuevamente?
Shion no parecía tener ese caos de sensaciones y había sido asesinado incluso antes que él. ¿O en realidad se sentía igual que él, pero lo disimulaba? ¿O las pocas horas que había estado aparentando serle fiel a Hades le habían ayudado?
Aiolos no lo creía así, pues él ya llevaba definitivamente mucho más tiempo que doce horas y aún no podía pensar con claridad. Dudaba que Shion, aunque fuera el Patriarca, se hubiera adaptado en doce horas.
Aunado a eso, estaba el asunto de tres personas fundamentales con quien no sabía cómo comportarse.
En primer lugar estaba Aiolia, su hermano pequeño que ahora ya era un hombre, además de un poderoso caballero dorado en todo su derecho. ¿Apreciaría que su hermano mayor se acercara a él con la actitud que mostraba antes de su muerte? ¿O preferiría que la relación fuera diferente?
Luego estaba Shura, su mejor amigo que lo asesinó. Claro, Shura había sido engañado, pero aún así le costaba trabajo presentarse frente a Capricornio ¿qué le diría? ¿Y cómo reaccionaría el español? Lo último que Aiolos quería era que se sintiera culpable por algo que escapaba a su control. Pero la verdadera pregunta era ¿podría él, Aiolos, volver a ver a Shura como amigo, pese a todo? La respuesta lo asustaba.
Finalmente estaba Saga.
Saga…
Aiolos no sabía ni cómo empezar con el caballero de Géminis.
Así, Sagitario se pasaba en queda contemplación, y no se dio cuenta que el polvo comenzaba a acumularse en su Templo, pues no había actividad en él. Tampoco notó que los platos de comida que aparecían junto a él en determinados momentos del día, ya no estaban más.
Shura comenzó a pasar más tiempo fuera de las Doce Casas después que Camus nuevamente estuvo en buenos términos con Escorpio, pues el español se sentía cada vez más solitario y miserable.
El silencio proveniente de Sagitario en verdad le estaba matando y prefería estar lejos de ahí, así que siguiendo el ejemplo de Aldebarán, Capricornio se avocó a resolver conflictos que lo alejaban en el día de los Doce Templos.
Sólo se presentaba en la noche, cuando ya todo estaba en calma y el silencio no era exclusividad de la Novena Casa.
Sin embargo, Shura no pudo evitar percibir, aún con la tenue luz de las velas el polvo que se estaba acumulando, además que la entrada de la Novena y Décima Casa permanecían a oscuras al caer la noche, como si las doncellas encargadas no estuvieran más a su servicio.
Cuando Aphrodite vio a un molesto Máscara de la Muerte cruzar la puerta de su habitación, lo primero que Piscis pensó fue que Ángelo había tenido un encuentro no muy cordial con alguno de sus compañeros dorados.
Sin embargo, cuando Cáncer se quejó de la doncella que se encargaba del Cuarto Templo, Aphrodite no pudo evitar pensar que él tampoco había visto a la que atendía a Piscis desde hacía al menos un par de días ¿o más?
"Ya investigarás qué es lo que pasa Ángelo, mientras tanto ¿no podrías arreglar tu propio desorden?"
"¿No podrías tú arreglar el tuyo?" dijo el italiano hablando en sueco.
"¿Desorden? ¿Yo?" Aphrodite lo miró divertido. "No lo creo"
"¿Qué hay acerca de tus plantas, hierbas y sobre todo, tus rosas?"
"¿Qué hay con ellas?"
"¡Dite!" dijo molesto Ángelo "¿Sabes qué? No me importa. Sólo invítame algo de desayunar"
Aphrodite arqueó una ceja. Sus ojos turquesa brillaban divertidos ante la exasperación de su amigo, aunque otras personas ya hubieran huido muy lejos de donde Máscara de la Muerte estuviera… y más con ese humor.
"Sabes dónde está la cocina, sabes dónde coloco todo lo necesario para cocinar. Yo voy a tomar un baño" y sin más, el rubio salió de su habitación.
"Eso sí que no. Yo aquí te espero" y Ángelo se acomodó en la cama de Piscis para disfrutar de un ligero sueñecito.
Continuará…
No olviden dejar comentarios…
[1] ¿Alguna vez han visto la película de Practical Magic con Sandra Bullock y Nicole Kidman? ¿Recuerdan la escena donde Gillian (Kidman) siente la tristeza de Sally (Bullock) por la pérdida de su esposo y viaja hasta la casa Owens para estar con su hermana? Pues hagan de cuenta… Ya saben... nada aquí es yaoi (muchísimo menos incesto)
