Disclaimer. Los personajes le pertenecen a LJ Smith, gracias por crear a estos maravillosos personajes. La historia no me pertenece, es de la maravillosa Martina Bennet. ¡Gracias por dejarme adaptar esta maravillosa historia!

N/A: Esta historia puede tocar temas como las vidas pasadas, violencia, Lemmons y demás asuntos que pueden afectar la sensibilidad del lector o ir en contra de sus creencias.

¡Disfruten!


CAPÍTULO 9

Me seduces al extremo,

y me haces caer en tú juego.

Te aprovechas de mi deseo,

y te sacias con todo mi cuerpo.

Pero yo no estoy dispuesta a continuar,

lo antes posible debo marchar.

—No entiendo para qué me haces venir hasta aquí, si podía perfectamente llegar sola al aeropuerto —preguntó Caroline, mientras acomodaba la maleta junto a la mesa de juntas de la oficina de Klaus.

— ¿Para qué quieres llegar al aeropuerto? —Klaus la miró con confusión.

—Niklaus no entiendo, vamos a viajar a York, Katherine ayer habló de unos vuelos, así que… —Caroline se detuvo cuando su mirada se fijó en el helicóptero negro con las letras plateadas MW que se encontraba en el helipuerto, fuera de la oficina—. ¡Oh Dios! No me digas que vamos a viajar en esa cosa —dijo lo último señalando con un dedo hacia el lugar donde estaba el aparato.

—Claro, cuando Katherine hablaba de vuelos se refería a los permisos para despegar y aterrizar. —Klaus sonrió al ver que Caroline aún no había bajado la mano—. Nena, demoramos más llegando al aeropuerto y embarcando, que en el propio vuelo si viajamos en avión.

Caroline tragó en seco y miró a Klaus con el ceño fruncido.

—No tienes un avión privado o ¿Algo así?

—Yo no, prefiero los helicópteros. Cuando los vuelos son largos viajo en la aerolínea de la familia. Considerando que solo reservamos para volar en primera clase, tenemos que esperar a que la otra se llene; no nos gusta monopolizarlos sin ninguna necesidad —contestó Klaus encogiéndose de hombros.

— ¡¿Tu familia tiene una aerolínea?! —Caroline estaba asombrada, una cosa era un avión, pero una aerolínea era demasiado para procesarlo fácilmente.

—Es de mi tío Alaric en realidad, el padre de Katherine y Kol —explicaba mientras recogía unos documentos y los guardaba en un maletín ejecutivo—. Era piloto por hobbie, siempre llevaba a mi tía Isobel con él en sus vuelos, pero cuando ella murió, él no volvió a pisar ningún avión de la compañía, prefiere hacerlo en cualquier otra.

—Lo entiendo. —Claro que Caroline sabía lo que era perder a una pareja, no lo había sentido en carne propia, pero sí por medio de su madre—. Y ¿Cómo se llama la aerolínea?

—Lizzy Airlines.

— ¿Lizzy? La universidad también lleva el nombre de Elizabeth —comentó Caroline.

—Mi bisabuelo quien fundó la universidad, le puso el nombre de su esposa, y mi abuelo el nombre de su madre a su hija —explicó Klaus.

—Al parecer las mujeres causan grandes pasiones en los hombres de esta familia —comentó Caroline sin darle mucha importancia a sus palabras.

Klaus se le acercó y mirándola fijamente le contestó:

—No sabes cuanto —Sin esperar respuesta salió de la oficina.

Caroline se quedó mirando la puerta con el ceño fruncido. No sabía muy bien por qué, pero eso le sonó más como una amenaza que un simple comentario, algo así como si le estuviera avisando algo.

La semana siguiente iría a migración, y todo se arreglaría, sabía que no había cometido ningún delito y sus documentos no eran ninguna falsificación, por lo que consideraba que dando la cara todo se solucionaría más rápido que por medio de un abogado.

Pensó que era mejor no atormentarse con los comentarios de Klaus, estaba segura de que él solo lo hacía para provocarla y ella no se amargaría su vida en las pocas semanas que le quedaban en ese país. Ahora tenía otra preocupación, una más próxima y que la angustiaba más que cualquier comentario mal intencionado de su jefe.

Media hora después, Caroline se aferraba fuertemente al brazo de Klaus, al tiempo que mantenía los ojos cerrados.

—No sabía que le tenías miedo a las alturas —habló Klaus por el micrófono que estaba unido a los audífonos, y que ya había desconectado de la conexión con el piloto.

—No le tengo miedo a las alturas, pero nunca me había montado en uno de estos… —Caroline se interrumpió cuando el helicóptero empezó a elevarse. El vacío que sintió en su estómago, fue mucho más fuerte que el de un avión cualquiera. En el momento no supo qué le impidió gritar como una posesa por la sensación, pero cuando sintió a

Klaus forcejear para zafar su brazo, su rostro se tornó excesivamente rojo por la vergüenza. Mientras su estómago sufría los efectos del ascenso, ella hincaba los dientes, inconscientemente, en el brazo de Klaus.

— ¡Maldición Caroline! —se quejó él frotando su brazo—. No me molesta que me muerdan mientras follo, pero nunca había conocido a una mujer con la mandíbula tan fuerte como la tuya.

—Lo siento, lo siento, es que… ¡Oh Dios! —Caroline volvió a aferrarse al brazo de Klaus. No le gustaba demostrarle esa familiaridad, pero en ese momento su vida valía más que cualquier prejuicio.

—Tranquila mi amor, solo estamos girando —explicó Klaus riendo. Zafándose de nuevo del agarre de Caroline, pasó el brazo por la espalda de ésta y la atrajo a su pecho—. Relájate, tienes el cinturón puesto y las puertas están bien cerradas. Mejor abre los ojos y disfruta de la vista.

Caroline que se aferraba fuertemente al saco de Klaus, abrió primero un ojo y luego el otro con temor. En el momento solo divisó el cielo londinense, pero cuando bajó un poco la vista, pudo observar la ciudad como tal.

— ¿Ese es el Big Ben?

—Así es. —Klaus sonrió, ordenó al piloto que sobrevolara la zona y la apretó más contra su pecho—. Y junto a él, el Palacio de Westminster, esa de ahí atrás es La Abadía, y por este lado… —La hizo voltear para la ventanilla de ella—. Está el puente del mismo nombre. Ese de ahí es el llamado "El Tesoro de su Majestad" que es el Departamento

Gubernamental del Reino Unido… —Uno a uno, Klaus iba nombrándole a Caroline los grandes monumentos y edificaciones importantes que sobrevolaban.

Ella miraba todo con fascinación. Nunca se imaginó poder sobrevolar Londres en un helicóptero. La vista era magnífica, aunque desde tierra se podían ver con más detalle, desde el aire era como observar una maqueta perfectamente diseñada.

—Tienes que ver todo esto de noche —comentó Klaus aún sonriente—. La iluminación hace que la vista sea impresionante.

—Gracias por todo esto Klaus, jamás habría tenido la oportunidad de ver algo así, si no fuera por ti —dijo Caroline apartándose un poco de él pero sin soltar su agarre.

Klaus la miró a los ojos intensamente.

—Te dije que puedo poner el mundo a tus pies si así lo deseas.

—No eches a perder este momento, por favor. —Caroline lo miró con algo de súplica y exasperación. Ese tema estaba cerrado para ella, era algo que no tenía futuro, por lo que no valía la pena perder tiempo hablando de eso.

Klaus no le contestó, solo giró su cabeza y se quedó mirando a lo lejos, sin ninguna expresión en el rostro. Ella lo observó por unos segundos más. Tus silencios me asustan. Pensó, no sabía por qué, pero así era. Algo dentro de ella le advertía de las tormentas que se podían esconder bajo esa aparente calma. Sin embargo mientras él no decidiera hablar y contarle qué era lo que pensaba en realidad, a ella solo le quedaba rogar porque lo que fuera que estuviera formándose, no la tomara como su objetivo, como su presa.

Varios minutos después se encontraban sobrevolando los campos de Keyston. Las diferentes tonalidades de verdes, divididas en cuadrados, rectángulos, y otras figuras geométricas, mostraban un panorama rural hermoso. A Caroline siempre le había gustado el campo más que la ciudad. El olor de la tierra húmeda por el rocío de la mañana, el verde extendiéndose por doquier coloreando las perfecciones de la naturaleza, el sonido de los animales en el bosque, todo eso la hacía recordar a su padre y el bosque cerca de su antigua casa. Habían sido los años más felices de su vida, pero aunque sintiera que estaba traicionando el tiempo que pasó con su padre, no podía negar que agradecía haber conocido a personas como Stefan, Zach y Elena —quienes ahora eran su familia—.

— ¿En qué piensas? —preguntó Klaus acariciándole el brazo. Aún no la había soltado, y ella por precaución seguía levemente aferrada a él.

—En mi padre —susurró—. Y en cómo ha cambiado mi vida desde su muerte.

Klaus frunció el ceño.

— ¿Para bien o para mal? —preguntó con tono preocupado.

—No lo podría decir realmente, solo cambió. Conocí personas que ahora son muy importantes en mi vida. —Caroline sonrió al pronunciar esas palabras.

—Entre esas personas está Elena, supongo.

Caroline rió al escuchar el nombre de su amiga. Tenía varios días que no hablaba con ella y le hacía mucha falta, tendría que llamarla para contarle que había viajado en helicóptero, y que si todo salía bien, pronto estaría con ella.

Asintió en respuesta al comentario de Caroline.

—Me gustaría conocerla, ¿Cuándo crees que pueda viajar? —continuó él.

—Lo que tiene reunido es para los gastos de la universidad —respondió Caroline mirando distraídamente un pequeño grupo de casas junto a unos grandes pastizales.

—Nadie está hablando de dinero. —Klaus se encogió de hombros—. Es cuestión de tiempo y disposición, los gastos corren por mi cuenta.

Caroline se enderezó por completo en su asiento, pero sin soltar el brazo de él. Al parecer volvían a lo mismo del control sobre los amigos y eso la disgustaba.

—Te he dicho muchas veces que no me gusta que hagas eso —habló firmemente y con el ceño fruncido—. De nada te servirá tu dinero conmigo.

—Puedo asegurarte Caroline, que el dinero es muy eficiente al momento de conseguir lo que deseas.

Otra amenaza que Caroline dejó pasar por alto. Ella sabía que Klaus no era solo lo que mostraba, pero como una joven que no conocía las grandes pasiones y los poderes que las acompañaban, creía que solo eran eso, formas de amedrentarla, sin ningún actuar peligroso. Perro que ladra no muerde. Pensó, sin saber cuán equivocadas eran sus palabras.

—Quién mejor que tú para decirlo ¿No es así? —dijo sarcásticamente y giró su cabeza bruscamente para dejar de mirarlo.

Klaus suspiró y se acercó un poco a ella.

—Mejor olvidemos el asunto del dinero, que me enfermo cada vez que te molestas conmigo —pidió Klaus en tono suplicante.

Cuando Caroline giró para verlo de nuevo, lo encontró con una mirada de niño bueno y un leve puchero en la boca. Ese hombre era capaz de cambiar de expresión en el rostro con una facilidad asombrosa, y lo que más le sorprendía a Caroline, era que en ninguna de esas facetas, lograba atisbar ningún signo de falsedad; obviamente no era experta en eso, pero al menos a simple vista, todas sus emociones eran honestas.

Esa cara era capaz de derretir el corazón de cualquier mujer, y en ella se estaba mostrando un leve ablandamiento.

Bajó su vista un poco y miró sus labios. Una sensación de deseo se empezó a formar en su vientre. Su cuerpo quería volver a experimentar la sensación del beso en el Pub, su primer beso, dado precisamente por esos labios que ahora la provocaban de nuevo. Sin ser consciente de lo que estaba haciendo, lamió sus labios lentamente, como saboreando el recuerdo de aquel beso que tanto deseaba repetir.

Klaus de inmediato cambió su expresión a una de total picardía, en su boca se extendió una sensual sonrisa, y acercando un poco su rostro al de Caroline, como si leyera sus pensamientos le dijo:

—Yo también deseo repetir ese beso, preciosa.

Esas palabras, escuchadas por medio de los grandes audífonos que traía puestos, vibraron en todo su cuerpo como ondas de placer esparcidas por cada célula. Quiso besarlo, quiso acortar la distancia que había entre los dos, apartar los micrófonos que se encontraban cerca de sus labios y besarlo sin importarle quién era él, ni ella, ni dónde se encontraban.

Klaus pasó una mano por la cintura de Caroline, y la atrajo a su cuerpo lo más que el cinturón de seguridad permitió.

— ¿Alguna vez te han besado en pleno vuelo Caroline?

En el momento justo en el que Klaus se apoderaba de sus labios, la razón de Caroline se reactivó y la hizo apartarse rápidamente.

Si permitía ese segundo beso, estaba segura de que ese viaje sería todo un infierno para ella. Él aprovecharía su debilidad y sería capaz de meterse en su habitación, pero esta vez no a dormir, sino a seducirla, a provocar lo que él ya seguramente sabía que bullía en su interior, y ahí ya no tendría ninguna salvación. No estaba segura de que su razón pudiera combatir con su deseo y ella prefería prevenir antes que lamentar. Después de todo, su tiempo ahí estaba llegando a su fin.

Klaus al ver el rechazo de ella, cerró los ojos y con un suspiro de resignación, se enderezó en su asiento.

—Crees que de haberme conocido —dijo Klaus con claras intensiones de evitar alguna respuesta insultante por parte de Caroline—. Tu padre me… ¿Crees que le caería bien?

— ¡Obviamente no! —contestó Caroline bruscamente. Se había librado por poco de volver a caer en el juego de él, y eso la tenía más molesta consigo misma que con el propio Klaus.

Klaus se acercó nuevamente para susurrarle al oído sin ninguna necesidad, pues el pequeño micrófono junto a su boca, permitía que entre los dos escucharan cualquier sonido.

—Entonces somos la pareja perfecta. —Esperó a que ella girara su cabeza y cuando así lo hizo con una expresión interrogante, él completó—: Pareja que se respete el suegro odia al novio. —Le guiñó un ojo, y con una carcajada, se acomodó en su puesto decidido a no importunarla por el momento.

—Eres insoportable.

—Es una de mis mejores cualidades. —Sonrió con satisfacción y giró su cabeza para mirar por la ventanilla.

Caroline seguía molesta, pero tuvo que hacer un esfuerzo por no sonreír con las últimas bromas de Klaus. Se mordió el labio, y no queriendo agarrar de nuevo el brazo del hombre a su lado, se aferró a su asiento y se dedicó a admirar el paisaje que se extendía varios metros bajo sus pies.

El vuelo duró hora y media, por lo que a los pocos minutos, el piloto avisó que ya se estaban acercando al aeropuerto de Yorkshire, donde aterrizarían.

—Cuando aterricemos colócate la chaqueta antes de salir, la temperatura aquí es un poco más baja que en Londres — indicó Klaus a Caroline, entregándole la prenda que se encontraba en el asiento de adelante.

Caroline asintió, acomodó la chaqueta en sus piernas, y poniéndose nerviosa por el aterrizaje, se aferró de nuevo al asiento.

—Si quieres de regreso, podemos viajar en tren —comentó Klaus sonriendo de manera comprensiva.

—Nunca he subido a uno pero estoy segura que es mucho mejor que esto. —Miró a Klaus y le preguntó con timidez—: ¿Estás seguro que no te importará hacerlo?

—Por ti haría cualquier cosa, amor —Klaus le acarició la mejilla con un dedo.

Caroline le sonrió y dándole las gracias sin ser muy efusiva, giró el rostro para prepararse para el momento del aterrizaje.

Luego de un aterrizaje algo tenso para Caroline, se bajaron del helicóptero y subieron a una limusina parecida a la de la familia, pero algo más pequeña, y tomaron la Elvington Ln rumbo a York, serían solo unos cuantos minutos, por lo que Caroline se dedicó a observar los grandes campos de cultivo que se extendían a lado y lado de la carretera, hasta donde la vista alcanzaba.

Minutos después llegaron al Cedar Court Grand, un hotel y spa cinco estrellas, ubicado en el corazón de York frente a las antiguas murallas de la ciudad. Al bajar un botones se acercó para recoger el par de maletas y guiarlos a la recepción.

—Es hermoso —comentó Caroline admirando la fachada de la edificación que estaba toda cubierta en ladrillos expuestos, y tenía un aire de elegancia antigua y sofisticación.

—El sábado antes de irnos te mostraré la ciudad —dijo Klaus colocando una mano sobre la espalda de ella para guiarla al interior del hotel.

Se acercaron a recepción y Klaus indicó a la joven vestida de negro sus nombres y mostraron sus documentos.

—Señor Mikaelson, lamentablemente ha habido un error con la habitación de la Señorita Forbes.

Caroline frunció el entrecejo y prestó atención, no le gustaba cómo sonaban esas palabras.

— ¿A qué se refiere con eso? —Se adelantó a Klaus.

—Señorita, al parecer su reservación no fue ingresada con éxito y solo se registró la suite Penthouse como única habitación para… —Se detuvo por un momento mientras revisaba su pantalla—. El Señor y la Señora Mikaelson.

— ¡¿Qué?! —Caroline gritó sin poder evitarlo. Sintió una punzada de dolor en la cabeza. Estaba segura de que terminaría con un derrame cerebral antes de lograr volver a su país.

—Amor cálmate, estás armando un escándalo por nada —le reprochó Klaus suavemente.

— ¡Esto es obra tuya, estoy segura! —habló entre dientes, mientras su cara se tornaba de un color rojo, muestra de la rabia que estaba sintiendo.

—Yo no hice las reservaciones, si quieres llama a Katherine y pregúntale qué pasó. —Klaus le entregó su teléfono celular, pero algo en la expresión del rostro de él, le indicaba a Caroline que no era tan inocente como aparentaba.

Caroline le arrebató el teléfono de las manos y buscó rápidamente en la lista de contactos; al par de timbrazos, la mujer contestó.

¿Qué quieres?

— ¿Katherine me puedes explicar por qué hay reservada una sola habitación a nombre del Señor y la Señora Mikaelson? —Caroline ni siquiera respiró al pronunciar toda la frase.

Katherine se carcajeó fuertemente desde el otro lado de la línea antes de hablar:

Esas cosas solo te pasan a ti Caroline. —Volvió a reír—. Pero yo no tengo nada que ver con eso, yo solo llamé a la agencia y di las indicaciones. Si la chica que me atendió era una estúpida no es mi culpa.

—Katherine por Dios, no me salgas con esas. Tú más que nadie sabe que no puedo dormir en la misma habitación que Klaus. —La voz de Caroline sonaba suplicante y angustiada.

Mira Caroline, eso se soluciona pidiendo que te den otra habitación y ya está, eso no tiene complicación alguna. —Se escuchó en el fondo una voz que le indicaba a Katherine que podía seguir a algún sitio—. Tengo que colgar, estoy aprovechando los días de libertad para consentirme un poco, cálmate y pide otra habitación. —La mujer colgó sin decir más.

Katherine tiene razón, estas cosas solo me pasan a mí. Pensó Caroline con angustia, pero todavía le quedaba la opción que la misma mujer le había dado. Se acercó de nuevo a la recepcionista, ignorando por completo a Klaus.

—Señorita, debe haber alguna otra habitación para mí, cualquiera, no importa qué clase sea.

—Permítame un momento. —La mujer tecleó unas palabras y revisó en su pantalla—. Lo siento Señorita Forbes, no hay ninguna habitación disponible, ahora mismo hay una convención de médicos especialistas en cardiología infantil y el hotel está totalmente ocupado, solo la suite Penthouse está disponible, y es la que está reservada para ustedes dos.

—Señorita entienda, este hombre y yo somos jefe y asistente, no marido y mujer —dijo señalando a Klaus sin siquiera voltear a mirarlo.

—Lo siento Señorita Forbes, pero no puedo hacer nada, permítanos disculparnos con usted y con el Señor Mikaelson por el error cometido, pero así fue como se registró y no está en nuestras manos poder ayudarla. —La mujer hablaba sinceramente y con algo de vergüenza, por lo que Caroline asintió con una media sonrisa para indicarle que la entendía, y se giró hacia Klaus.

— ¡Debes estar feliz! —dijo Caroline con ironía.

—No me puedo quejar —respondió Klaus encogiéndose de hombros.

Caroline se acercó a él y lo miró de forma amenazante para tratar de enfatizar sus palabras:

—Procura no pasarte de listo conmigo Niklaus, porque juro que mientras duermas, tomo el abrecartas de tu portafolio, y te castro.

Klaus sonrió cínicamente, haciendo caso omiso de la amenaza de la chica.

— ¿Por qué querrías deshacerte del que será tu juguete favorito? —Le guiñó un ojo, y giró a su derecha para ir a la zona de ascensores.

Caroline tomó aire profundamente. Sentía rabia con Klaus, pues aunque no estaba segura, sospechaba que él tenía algo que ver en todo el asunto, pero lo que más temía era su propia fortaleza. Sabía que ese hombre era capaz de hacer caer en sus brazos rogando por placer, a la más pura e inocente de las vírgenes. Ella había empezado a desearlo desde que él rozara sus labios con su lengua aquella vez en la oficina. Parecía ilógico para Caroline desear a un hombre que rara vez soportaba, pero al mismo tiempo comprendía que el cuerpo no atendía a las razones de la mente cuando era provocado por alguien tan sexy como él.

Lo siguió al ascensor privado que daba directo a la habitación ubicada en el último piso, y al abrir las puertas de éste, Caroline sintió como si entrara a la guarida de un lobo que está dispuesta a devorarla. El mayordomo de la suite, un hombre alto, casi de la misma edad de Klaus y rubio, se presentó ante ellos como William, y se ofreció a mostrarles las diferentes estancias.

Caroline notó cómo Klaus colocó posesivamente una mano en su cintura y la atrajo hacia él, ella intentó zafarse, pero él no se lo permitió, por lo que decidió dejarlo pasar por el momento para no discutir delante del mayordomo.

Todo el lugar era puro lujo, tenía un salón con cómodos sofás y un escritorio en madera; todo en colores sutiles y una decoración elegante.

Al entrar a la zona del dormitorio, lo primero que Caroline observó fue lo que en la guarida del lobo sería algo así como la piedra sobre la cual el animal pensaba devorarla: Una cama super-king vestida con lujosas sábanas de algodón egipcio. Ni loca me meto a esa cama con este hombre. Pensó Caroline, tratando de convencerse de ese hecho. Al menos agradecía que los cuartos de baño fueran por separado, porque no quería tener sorpresas "desagradables" mientras se duchaba.

Cuando el mayordomo se retiró, Klaus aflojó el agarre y se giró para mirarla.

—Ese hombre va a estar revoloteando fuera de esta habitación por si necesitamos algo. —Se acercó aún más a ella para acentuar sus palabras—. No te quiero ver andando ligera de ropa por la suite, y mientras te duchas, si yo no estoy aquí, cierra primero la puerta de la habitación. No quiero que él escuche como el agua cae sobre tu cuerpo.

— ¡Estás completamente loco Klaus! —Caroline habló entre dientes y con el ceño fruncido.

—Solo haz lo que te digo si no quieres averiguar tan rápido cuan loco estoy —Klaus habló rechinando los dientes.

Caroline notó que no estaba bromeando, y aunque estaba dispuesta a hacer lo que él decía, no porque se lo ordenara, sino porque era lo más lógico; se giró bruscamente y se encaminó a la cama para sacar unas cosas de su maleta.

—No pienso dormir en esta cama contigo —dijo Caroline en tono tajante—. Así que si estás empeñado en dormir en ella, yo lo haré en uno de los sofás de afuera, o en el de aquí para no incomodar al mayordomo.

—Dormiré en el sofá —refunfuñó Klaus con su típico tono de niño regañado y salió de la habitación sin decir nada más.

Caroline se giró para darle el frente a la enorme cama y suspiró.

—Solo espero no encontrarte sobre ella a media noche —susurró para sí misma.

Al poco rato bajaron a almorzar al salón comedor. Caroline pudo comprobar que lo de la convención de médicos era cierto, pues hombres y mujeres con batas blancas se paseaban de un lado a otro. Luego de almorzar, Klaus le pidió que se cambiara de ropa, pues debían recibir a los ejecutivos con los que se reunirían en uno de los pequeños salones del hotel.

La tarde pasó entre presentaciones de propuestas y charlas de negocios. Caroline solo tenía la tarea de estar junto a Klaus para alcanzarle cualquier documento, e incluso algunas veces él se acercaba a ella para comentarle o explicarle algún asunto del que se estuviera hablando. Ella en el corto tiempo que había estado trabajando para él, se había dado cuenta que le gustaba todo lo referente a los negocios. Mientras ayudaba a April, había aprendido bastante, y aunque no tenía aún la capacidad para entender en su totalidad la reunión en la que se encontraba, sí se atrevía a dar su opinión sobre si era algo viable o no, o lo que opinaba sobre cierta idea, así fuera solo una opinión general. Pero en ese momento su mente no solo no estaba concentrada en la presentación, sino que tampoco en las palabras que se decían. Su atención yacía más que todo en el hombre a su lado, su jefe. Lo miraba de reojo, para que éste no se diera cuenta que estaba observándolo. La forma de Klaus de sentarse, de mover las manos cuando hablaba, de mover la cabeza cuando algo no lo convencía o de parpadear si estaba de acuerdo con un comentario era algo fascinante para Caroline. No había estado con él antes en una reunión, por lo general solo entraba, dejaba algo y salía, pero ahora que podía verlo actuar como el gran empresario que era, se daba cuenta de cuánto podía ese hombre llegar a gustarle de verdad, no solo físicamente, pues con solo verlo bastaba, pero el empezar a sentir interés por él, iba más allá de su cara, su cuerpo o su dinero. Lo que a ella verdaderamente le importaba era la esencia misma, y ahora que lo veía dominar a esos hombres sentados a su alrededor, de forma cortés pero firme, sin ningún tipo de titubeo; le hizo desear poder extender su mano y tomar la de él para decirle que podría contar con ella, así solo fuera para apoyarlo en las simples tareas que su escasa experiencia le permitía.

—Caroline si estás aburrida puedes ir a relajarte en el spa o salir en la limusina a donde desees —le susurró Klaus en un momento de una presentación.

—No, quiero estar aquí, me gusta esto —le contestó de vuelta con una pequeña sonrisa.

Klaus también sonrió y asintió.

Al terminar la reunión, los hombres se despidieron respetuosamente de Klaus y afectuosamente de Caroline. El menor de ellos tenía unos cuarenta y cinco años, y todos estaban encantados con la chiquilla hermosa e inteligente que Klaus tenía a su lado, porque aunque ella no participó de la reunión, sí se integró a la conversación luego de ésta, en la que todos le preguntaban por América, cuáles eran las empresas más conocidas, cómo se encontraba la economía, y ella que estaba acostumbrada a escuchar de esos temas por Stefan y las noticias, se desenvolvía lo mejor que podía ante ellos, tanto así que le pidieron a Klaus que debía llevarla al día siguiente y la hicieron prometer que almorzaría con ellos para seguir charlando.

Mientras comían juntos en el salón del hotel, Klaus le dijo lo orgulloso que se sentía de ella y que apenas llegaran se lo contaría a Stefan personalmente, pues estaba seguro que él se sentiría igual.

— ¿No has pensado en dedicarte a esto al igual que Stefan? —le preguntó Klaus mientras cenaban solos.

—Me gustan las matemáticas —comentó Caroline como respuesta—. He notado últimamente que esto me gusta también, pero sigo prefiriendo mi elección original y es algo que ya tengo planeado desde hace tiempo.

—A lo que sea que te dediques, estoy seguro que serás la mejor —le dijo Klaus con una sonrisa y ella le agradeció con una igual.

Al poco rato terminaron de cenar y Caroline decidió quedarse a leer en un pequeño espacio del primer piso del hotel, que era como una sala de descanso; a esa hora eran pocas las personas ubicadas en los sofás y así podía tener un momento para relajarse a su manera. Al menos eso le dijo a Klaus, pero la verdad era que quería alargar lo más posible el tiempo que le quedaba para entrar en esa habitación sola con Klaus y sus hormonas.

—Amor son las 10:30 de la noche, vamos para que te acuestes, ya es muy tarde. —Klaus hablaba de una forma tan conciliadora, que a Caroline le daban ganas de sonreír.

—No te preocupes Klaus, ve a acostarte tú, yo no tengo sueño todavía y el libro está en lo mejor, quiero saber qué pasará —dijo mostrándole su ejemplar de Drácula el no muerto de Ian Stoker. Era la tercera vez que se lo leía, pero Klaus no tenía por qué saberlo.

Klaus asintió no muy conforme y se marchó.

Luego del asesinato de Jonathan Harker, Caroline no supo en qué momento se quedó dormida, solo se percató de que al despertar, ya no se encontraba en el salón de descanso, sino en una cama grande y mullida. Se frotó los ojos para aclararlos y giró la cabeza a su derecha para ver la hora, eran casi la una de la mañana.

—Lo siento, no quería despertarte. —Caroline se sobresaltó al escuchar la voz de Klaus a su lado.

Estaba acostado junto a ella, con un pantalón de pijama largo, pero sin camisa. Caroline enseguida se miró el cuerpo y jadeó angustiada al darse cuenta que ya no estaba usando la ropa de la tarde, sino una bata de pijama corta.

— ¿Qué… qué me hiciste? —preguntó aturdida, pensando en que Klaus la había desvestido para cambiarla de ropa.

—Yo no te cambié, dos empleadas del hotel te ayudaron, según me dijeron te despertaste en el proceso, pero tenías tanto sueño que caíste rendida casi enseguida.

Caroline suspiró aliviada, recordaba vagamente la cara amable de las dos mujeres que le indicaban que levantara los brazos, pero la presencia de Klaus en la cama no la dejaba estar totalmente tranquila.

— ¿Por qué no estás en el sofá? —preguntó sin atreverse a mover un músculo, no estaba molesta, en realidad estaba asustada.

—Quería verte dormir. —Klaus apoyó suavemente una mano sobre el abdomen de ella.

Caroline se tensó aún más. Intentando apartarlo, apoyó un puño sobre el pecho de Klaus, y empujó, pero este en vez de alejarse, se acercó más y rodeándola por la cintura, la haló hacia su cuerpo y se posesionó levemente sobre ella.

—Caroline, no me apartes por favor, te necesito y no te imaginas cuánto —habló mientras enterraba su rostro en el cuello de ella y empezaba a besar apasionadamente toda la piel de esa zona.

—Klaus… no —rogó Caroline.

Klaus ignoró la súplica de la chica y se acomodó totalmente sobre ella. Metiendo una pierna entre los muslos de ella, los separó al tiempo que se apoderaba de su boca con un beso intenso.

Caroline gimió al sentir el cuerpo de Klaus presionando el suyo, pero lo que más la conmocionó en el momento, fue el bulto duro y grande que apretaba contra su vientre bajo, contra su intimidad. Como las veces anteriores, su mente inició una lucha feroz contra su cuerpo, pero mientras se llevaba a cabo la contienda, Klaus aprovechaba para tomar sus brazos y levantárselos por encima de la cabeza.

—Quiero saborearte Caroline, déjame saciarme de ti.

Esa petición provocó en Caroline lo que más temía: La inclinación de la balanza a favor de su cuerpo. Klaus volvió a tomar su boca. Los movimientos de sus labios eran apasionados, llenos de necesidad, de deseo. Presionando un poco con su lengua, hizo que Caroline abriera los labios y lo recibiera gustosamente, para que él pudiera recorrer toda su boca con ella. Casi al instante, Klaus empezó a mover sus caderas rítmicamente, una y otra vez, al tiempo que con su lengua entraba y salía de la boca de Caroline como si estuviera poseyéndola con ella. Caroline tenía los ojos cerrados. Poderosas lenguas de fuego lamían todo su cuerpo, y en el lugar en que el miembro de Klaus presionaba con cada movimiento, podía sentir cómo una lava ardiente empezaba a bullir, preparándose para la inminente erupción.

Pero al parecer Klaus no solo deseaba saborear su boca, pues liberando sus labios, comenzó a bajar por su barbilla, y luego su garganta, dejando un camino de besos ardientes que hacían estragos en la poca razón que le quedaba a ella.

Para cuando finalmente liberó sus brazos, fue para empezar a apartar los tirantes de la bata que Caroline tenía puesta, sin dejar de besar la piel del nacimiento de sus pechos.

—Klaus… yo nunca… —Caroline no pudo terminar de hablar, pues uno de sus senos fue cubierto completamente por la boca de Klaus.

Ella jadeó fuertemente y arqueó su espalda en un movimiento instintivo de su cuerpo.

La lengua de Klaus se movía en círculos alrededor de su pezón, que para ese momento ya era una dura piedrecita color rosa, con un capullo del mismo color a su alrededor.

—Lo sé… —dijo Klaus mientras movía su boca al otro pecho para hacer lo mismo con él.

Caroline podía sentir la necesidad de la lengua de Klaus por reclamar sus senos como suyos. Los dientes de él rozaban por momentos la sensible piel, y eso la hacía emitir gemidos y jadeos, mientras tomaba aire para no ahogarse en su propio deseo. Necesitándolo más cerca, aferró la cabeza de Klaus con sus manos y la apretó más contra su pecho, pero él tenía otros planes para su propia boca.

Zafándose de las manos de Caroline, Klaus bajó mucho más, hasta posesionarse en medio de sus piernas y levantó su cabeza para mirarla.

Caroline estaba completamente agitada, su pecho desnudo —brillante por la saliva que él había dejado al saborearla—, subía y bajaba de forma irregular, y su mente era un caos incapaz de enlazar ideas u ordenar movimientos lógicos.

Desde esa posición pudo ver la mirada de Klaus, sus ojos verdes se veían mucho más oscuros de lo normal, el deseo estaba explícito en su expresión, y la necesidad y la locura, se mostraban en sus facciones claramente.

—Lo sé… —repitió él lo que había dicho anteriormente—. Pero esta noche no voy a tomarte, solo voy a saborearte… a beber de ti. —Y diciendo eso, levantó la pijama de Caroline y enterró su cara entre sus muslos.

La chica jadeó tan fuerte que se podría decir que fue más un grito. En ese momento se dio cuenta que todavía tenía la panty puesta, pero eso no era ningún impedimento para Klaus, quien succionaba, lamía y mordía suavemente toda la intimidad de Caroline oculta bajo la fina tela.

Sin embargo, Klaus no se conformaba con solo saborear la tela, quería más y lo obtendría. Tomando la panty con las dos manos, la haló hacia abajo y la sacó rápidamente por las piernas de Caroline, quien las levantó para ayudarlo.

— ¡Dios! ¿Qué estoy haciendo? —susurró Caroline impresionada por su manera de actuar, pero no impidió que Klaus, ignorando sus palabras, volviera a enterrar su cara en su sexo y esta vez Caroline no pudo evitar gritar. Klaus la atacaba con una necesidad voraz que encendía sus sentidos y entorpecía su razón. Sonidos de goce y lujuria se escuchaban de entre sus piernas: Succiones, relamidas, gemidos del mismo Klaus formaban una música salvaje y alucinante que a Caroline la hacía suspirar y gemir sin control.

Bajó la vista hacia donde se concentraba su locura, y pudo ver cómo el cabello rubio oscuro de Klaus, se mezclaba con sus rizos.

—Mmmm… Klaus… así, más…

En un rápido movimiento, Klaus pasó los brazos alrededor de las caderas de Caroline y la atrajo más hacia su cara, haciéndola levantarlas un poco para tener más acceso a su sexo, y sacando la lengua, la enroscó un poco y buscó con ella el agujero de su entrada y la enterró en el.

— ¡Klaus! Ah… Dios… mmm —Caroline no lograba formar una frase coherente. Sus manos estaban fuertemente aferradas a las sábanas de la enorme cama, y sus caderas se balanceaban sin permiso al ritmo de la lengua de él.

Podía sentir cómo su cuerpo se quemaba por dentro, cómo algo desconocido para ella se formaba con fuerza en su vientre y la hacía retorcerse de pura pasión y lujuria.

—Klaus… Ahh… no puedo… no puedo más.

Pero Klaus no se compadeció de su ruego, si no que atacó con más vehemencia, regresando su atención a su clítoris hinchado que servía de botón de encendido a la excitación sin límites de Caroline.

Sentía que ya no aguantaba más, no sabía si eso era normal, pero aunque sentía que iba a explotar, deseaba hacerlo sin importar las consecuencias. Su cuerpo anhelaba esa liberación que solo la boca de Klaus podía provocar en ese momento, y en un fuerte apretón de los labios de Klaus en su punto más sensible, y luego un jalón, el mundo de

Caroline estalló.

Todo en la habitación desapareció, la cama en la que estaba acostada, la pequeña bata que tenía enrollada en su cintura, incluso el aire que respiraba ya no le llenaba los pulmones. Solo existían ella y el placer tan intenso que estaba sintiendo en ese momento.

Su cuerpo se convulsionaba sin control, sus caderas temblaban aún sujetas por los brazos de Klaus, y los flujos calientes que emanaban de su coño, eran bebidos y saboreados sin piedad por la boca del hombre, quien estaba empeñado en no desperdiciar la más mínima gota.

—Mmmm… deliciosa —gemía Klaus una y otra vez.

Pocos minutos después, su cuerpo ya se encontraba más calmado, su mente ya se empezaba a centrar en el contexto, y su respiración se estaba normalizando; pero ese era precisamente el momento en que la culpa la atacaba y su cabeza empezaba su función de recriminarla por lo que acababa de suceder.

Klaus se acostó a su lado e intentó abrazarla, pero ella se giró para darle la espalda.

—Caroline…

—Ahora no Klaus… por favor. —La voz de Caroline salió entrecortada. Estaba llorando.

—Care, no te arrepientas de esto. —Klaus hablaba en tono bajo y conciliador.

—Te lo suplico… déjame sola —pidió llorando un poco más.

Klaus suspiró y se levantó de la cama por el otro lado, pero antes de dirigirse al sofá en el que se suponía debía dormir, se giró para hablarle de nuevo:

—No te servirá de nada arrepentirte. —Se encaminó de nuevo al sofá y se acostó en silencio.

Caroline se acurrucó en la cama y extendiendo el brazo, se tapó con la sábana. Su cabeza era un total caos, las sensaciones que había sentido fueron intensas y excitantes, jamás se había sentido de esa manera, nunca había experimentado un placer tan penetrante como ese, y ni en sus sueños más eróticos, podía encontrar imágenes como las que sus ojos acababan de contemplar.

Pero esos mismos ojos ahora derramaban lágrimas de confusión, no era exactamente arrepentimiento como pensaba Klaus, era confusión total por no sentirse arrepentida. No estaba feliz por lo sucedido, pero si pudiera volver el tiempo atrás, le permitiría a Klaus hacerle lo mismo.

Su sollozo se hizo más fuerte ante ese pensamiento, pero ella lo amortiguaba con la almohada. Su tormento se acrecentaba al pensar que si Klaus hubiera querido hacerla suya en ese momento, ella no se lo habría impedido, no por opción de su mente o su corazón, sino por dictamen de su propio cuerpo. Ese hombre tenía la propiedad de manipular una parte de ella, que nunca había tenido la necesidad de controlar.

No podía seguir permitiendo esa situación, ella no sería una más en la lista de Niklaus Mikaelson; tenía que darse a respetar y lo haría, no iba a dejar que su cuerpo le ganara de nuevo. Ella era una mujer, aunque joven aún, madura y razonable, y no estaba dispuesta a seguir cayendo en los juegos eróticos de un hombre como Klaus, así tuviera más experiencia que ella.

Entre cavilaciones, reproches y más sollozos, Caroline se quedó dormida.

Cuando despertó, unos cuantos rayos de sol se filtraban por las lujosas cortinas. Sentía sus ojos algo pesados por el llanto, pero su cuerpo se sentía más relajado a pesar de lo sucedido hacía varias horas. Miró hacia la mesa de noche y se dio cuenta que faltaba una hora para el medio día. Se giró de nuevo para mirar a las ventanas y se dio cuenta de algo sobre la almohada que antes no había notado: Una rosa roja sobre un papel doblado.

Apartó la rosa y tomó la nota para leerla.

No te preocupes por la reunión, yo te disculparé con todos.

Tienes reservado un día en el spa para que te relajes.

Pide todo lo que desees pero no salgas sola del hotel, y menos aún sin avisarme.

K.

PD: Toma el maldito día de spa y no me contradigas…

— ¡Y aparte de todo, tiene el descaro de darme órdenes! —dijo Caroline en voz alta.

No es solo su culpa Caroline, tú se lo permitiste. Le recriminaba su conciencia.

—Pero ¡¿Qué mujer se podría resistir a un avance como ese?! —Se tapó la cara con las manos y negó con la cabeza—. Estoy peleando conmigo misma.

Caroline pensó que quizás Klaus tenía razón en lo del spa. Nunca había ido a uno, lo más cercano que había estado de experimentar algo así, eran las sesiones de belleza que tenía con Elena en su habitación.

Media hora después se encontraba terminando de arreglarse para bajar a almorzar con los ejecutivos, no tenía por qué perderse de verlos de nuevo y charlar amenamente con ellos y de paso le demostraría a Klaus que aunque siguiera sus consejos, o sus órdenes, lo haría cuando deseara y no cuando él lo dispusiera. Ya tendría toda la tarde para consentirse como decía Katherine.

Sabía que no podía mostrarse asustada o tímida ante Klaus, pues él aprovecharía eso para acosarla y tratar de seducirla otra vez. Así muriera por dentro cuando lo viera de nuevo, tenía que mostrarse segura y sin ningún tipo de complejo.

Al verla entrar al salón comedor, Klaus automáticamente saltó de la silla y se apresuró a salir a su encuentro.

—Care, te dije que no era necesario que vinieras, no quiero que te sientas mal por…

—Lo que pasó anoche Klaus—dijo ella completando la frase de él—, no fue nada, eso no me va a impedir reunirme con ustedes, al menos para almorzar.

—No puedo creer que estés tan indiferente a lo que sucedió —Klaus hablaba con el ceño fruncido.

—No soy indiferente, solo estoy resignada a aceptarlo y te aseguro que no se repetirá —respondió Caroline entre dientes.

— ¡Yo no me arrepiento! —afirmó él vehementemente.

—Ese es asunto tuyo, no mío. —Se apartó de él y caminó hacia la mesa para saludar a los presentes.

A las siete de la tarde, Caroline se encontraba acostada sobre la cama mirando fijamente el techo de la habitación. Nunca se imaginó que unas hábiles manos combinadas con piedras volcánicas, aceites esenciales y cremas, podían hacerla sentir como si flotara sobre nubes de algodón.

— ¿Puedo pasar? —preguntó Klaus al entrar a la habitación.

—Ya lo hiciste —contestó Caroline sin ninguna emoción.

— ¿Cómo te fue en el spa? —preguntó frunciendo el entrecejo al verla en esa posición.

—Morí y renací.

Klaus rió ante la simple respuesta de la chica, se acercó a la cama y se sentó junto a ella.

—No me toques, no quiero quitar esta sensación de relajación en mi cuerpo con una rabieta. —Caroline hablaba sin despegar la vista del techo. Tenía puesta una pijama de pantalón largo y una blusa de tirantes. Sus brazos estaban extendidos a los lados y sus piernas completamente estiradas.

—Puedes estar tranquila, no vengo a importunarte, solo quiero saber si ya cenaste, yo lo hice con tus nuevos amigos.

Caroline sonrió ante ese comentario.

—Son personas muy amables. Me caen bien.

—Lo que me mantiene tranquilo es que todos son mayores y te ven como a sus hijas.

Caroline cerró los ojos por un momento y suspiró.

—Klaus no empieces, que si se me quita esta sensación que tengo, tendrás que pagar otro día mañana —dijo Caroline en tono de advertencia, pero sin moverse ni mirarlo.

Klaus rió fuertemente, se levantó de la cama y caminó hasta colocarse en la piecera de esta.

—Por mí puedes hacer lo que desees siempre y cuando sepa dónde estás, así que si para que te tomes otro día tengo que molestarte —dijo Klaus maliciosamente—. Qué mejor que con un beso. —Y agachándose rápidamente, le besó la punta del dedo gordo del pie derecho.

Caroline se mordió el labio para no reír y sacudió el pie como si estuviera espantando un insecto. Klaus se carcajeó y saliendo de la habitación le gritó:

— ¡Haré que te traigan la cena!

Es tan difícil estar enojada con él por largo tiempo. Pensó Caroline con pesar.

Esa noche Klaus no durmió en la habitación, sino en uno de los sofás de afuera, por decisión propia, y Caroline se lo agradeció en silencio.

Al día siguiente, en la mañana Caroline probó nuevos tratamientos de Belleza y relajación que no había tenido tiempo el día anterior, y se encontraba tan relajada, incluso aún más, tanto que decidió almorzar en la habitación y despedirse de los ejecutivos de Gray&Jones en la tarde, al término de la última reunión.

—Podemos irnos ahora en helicóptero, o esperar hasta mañana para irnos en tren. Tú decides —le comentó Klaus luego de haber despedido a los hombres, quienes en una semana, recibirían la primera consignación de la inversión acordada.

—Klaus no es necesario que hagas estos sacrificios por mí… —Se detuvo por un momento y frunciendo el ceño, continuó—: ¡Un momento! Sí tienes que hacerlos, por todo lo que me has hecho pasar, así que nos iremos mañana en tren y esta noche dormirás afuera de nuevo.

—Como el perro que soy.

—Como el perro que eres —afirmó Caroline para enseguida gruñir con desesperación al descubrir su juego—. ¿Por qué tienes que convertir mis reproches en una burla?

—Porque me gusta verte patalear como niña chiquita.

Caroline golpeó el suelo con el pie inconscientemente y mientras Klaus se carcajeaba, ella se dirigía furiosa al ascensor.

El sábado antes de partir, Klaus decidió hacer primero un recorrido por la ciudad en la limusina, para que Caroline pudiera conocerla un poco. Pasaron por lugares históricos de la ciudad como la Catedral de Todos los Santos, el Castle Museum y La Abadía de

St. Mary.

— ¿Estás segura que no quieres bajar y conocerlos por dentro? Podemos viajar en la tarde sin ningún problema.

Caroline negó con la cabeza. —No es necesario, en serio.

En realidad lo habría preferido, pero también quería llegar rápido a su apartamento y alejarse lo más posible de Klaus.

Luego del recorrido, regresaron casi por la misma vía al hotel, pues la estación de trenes quedaba a pocas cuadras. Viajaron en un espacio privado en el vagón de lujo de la empresa Cross Country Trains, el viaje tardaría cerca de dos horas y media hasta la estación de King's Cross en Londres. Tiempo en el que Klaus, sentado al frente, se dedicó a revisar unos documentos en su computadora, y Caroline a tomar decisiones importantes.

Está decidido, el lunes mismo voy a la oficina de Migración a resolver mi problema, ésta situación ya no da más espera.


Uff, este capitulo si que me emociono ¿fui la única a la que le sucedió?

Te comprendo Caroline, yo también caería en la tentación.

Espero les haya gustado, gracias por agregarla a favoritos y a sus alertas.

Me encantaría saber lo que piensan así que dejen su review.

Otra cosa, estoy editando de nuevo la historia, para corregir los errores de adaptación. Así que por eso, me estoy tardando en actualizar.

Un abrazo, nos leemos pronto.