¿Qué si tarde mucho en subir el capitulo? Respuesta, si, tarde mucho. Lo sé pero, aquellos que leen "Lagrimas de Cristal" saben que mi computadora recibió un golpe donde todo fue borrado de existencia, le pedí a mi papa que hiciera lo posible por recuperar por los menos los documentos pero, no pudo hacerlo, así que aquí estamos, de nuevo. Perdonen de todo corazón, perdón por tardarme mucho.

Este capítulo estaba escrito en mi libreta pero…tuve que hacerle MUCHOS ajustes. Bueno, quiero informarles que…como cada cuento…tiene su principio y su final, así que ya nos estamos acercando. Por eso es un poco más largo comparado a los demás.

Es muy raro decirlo pero, Hetalia no me pertenece en ninguna forma, ni color ni nada parecido

Advertencia: Erradicación del mundo (para aquellos que me preguntan cuantos han muerto) NO SE TRAUMEN.


¿Qué pasa cuando ya no sirves como nación? ¿Qué sucede cuando tu pueblo te cree una amenaza y quiere destruirte? ¿Para donde va todo el esfuerzo que hiciste? ¿En qué libro queda la historia hecha? ¿En qué record quedan las guerras ganadas y vencidas? ¿Quiénes te van a recordar?

¿En qué lugar, si hay alguno queda aquello que sentiste, aquello que soñaste, aquello que a flor de piel viviste? ¿Dónde queda los sentimientos que sentiste sin inclusive ser…un humano?

Después de todo esto, y de ver lágrimas rodar, si salen porque ya tus ojos no pueden y brota sangre, solo queda una incertidumbre y un vacio que como un agujero negro en el espacio, lentamente te va despedazando, te va desgarrando por dentro…y no hay escapatoria.

Pero, en especial… ¿Dónde queda el amor sentido? O… ¿Acaso fue fingido? ¿Los besos, las caricias, los abrazos, los golpes…todo fue solo…una actuación?

— ¿West? De verdad no tienes que hacerlo…vuelve a Austria— el alto alemán volteo su mirada fría a su izquierda donde estaba su hermano mayor vestido de militar, un rifle en sus manos. Hacía años que no veía a su hermano vestido así, el tampoco se había vestido así desde la ultima presentacion que habia dado meses atras. Era una sensación extraña, como un deja vu. No dijo nada solo se miro a sí mismo en la fuente frente a él. Al parecer tener esa ropa era como si su piel se estuviera quemando, sus manos les ardían y en sus pies un cosquilleo no hacia señal de detenerse. Si, el se había vestido de militar antes pero, solo fue por presentación pero, ahora era para luchar. — ¿West? —

—Sí, te escuche ya Gilbert, y no, no volveré a Austria. Luchare hasta el final, además Austria al parecer no quiere a nadie al lado de él— levanto su mirada pero, no miro a su hermano, el cual estaba parado a su lado. Solo fijo su mirada a las casas de campañas improvisas que se interponían entre las carreteras. No había silencio, todo se movía sin importar la lluvia que caía. Camiones iban y venían, soldados corrían y gritaban mientras que las órdenes no paraban de llegar. —…Roderich…le afecta la situación…—

—Bastante egoísta de su parte…que se cree… ¿Muñeco de porcelana? — dijo el albino medio molesto mientras se amarraba los cabetes sueltos de sus botas. Su uniforme militar mojado bien pegado a su cuerpo mientras las gotas de agua bajaban por todo su cuerpo, esto gracias a la lluvia torrencial que caía, parecía como si el mismo planeta ya supiera la suerte de ellos y lloraba sin remedio. —…estúpido aristócrata… —

— ¿Gilbert? — el albino fijo su mirada al alemán, su cara no reflejaba ningún tipo de preocupación. — ¿Puedo hacerte una preguntas? No te las hice antes porque no pensé que fuera necesario pero, ya que después de esto nos espera la muerte quiero saberlo—

—…no sé si podre contestártelas…pero, adelante, este que está aquí quiere oírlas— sonrió pícaramente el albino sentándose el piso, seguido por su hermano.

— ¿Por qué cuando me presentaste por primera vez ante todos…Austria y Hungría parecían molestos, y decían que dejaras de mentir? — dijo el alemán, viendo como las expresiones de la cara del albino cambiaban.

—…cambiemos de tema…— dijo el albino mordiéndose los labios, levantándose del piso y dando dos pasos al frente. Ludwig no pudo evitar sentirse molesto ante la reacción de su 'hermano'. Solo aclaro la garganta, se levanto y se dirigió a una de las casetas que estaba más cerca a él.

El albino al escuchar los pasos se volteo y puso su mano en el hombro del hombre. —Lo único importante aquí es lo que eres hoy día, el pasado…solo es historia. Lo pediré una vez más…regresa a Austria—

—Puedo regresar pero, las heridas que esta guerra inútil causara no las podrás detener, yo moriré con mis ciudadanos, no lucharan solos ante el ejercito de Bielorrusia— dijo fríamente sin voltearse y cuando sintió que la mano dejo su hombro se marcho, dejando atrás a un albino que pese al rechazo de su hermano solo sonrió.

—…lo hice una vez…lo puedo hacer dos veces…— murmuro entre dientes.

—Te estaba buscando Gilbert, tarde un poco por todo lo que está pasando pero, al fin te encontré. ¿Y Ludwig? — el albino sonrió nuevamente al ver al holandés frente al él, vestido también de soltado y con un rifle de alto calibre entre sus brazos, detrás del algunos, como 23 soldados holandeses se unían a la fuerza alemana.

—Ludwig está un poco molesto conmigo pero, no sé porque, nadie puede molestarse conmigo— dijo sonriente, el holandés solo suspiro no encontrando mas nada que decir ante la situación. Luego de esto hubo un silencio entre ellos, el albino comenzó a caminar por los alrededores mientras que el holandés lo siguió. Gilbert, aunque no se notaba por los aires de superioridad que reinan sobre él, sus pensamientos estaban dirigidos hacia una sola cosa…el final de todo esto.

El holandés mantenía el silencio mirando a los alrededores, parecía como si estuvieran metidos en una enorme nube negra donde la única escapatoria era la muerta, muerte que el llevara con orgullo cuando todo acabe…quizás en el mas allá se encuentre con Bélgica y Luxemburgo pero, mientras siga de pie vengara su muerte cueste lo que cueste.

— ¿Qué te trae por aquí? — tuvo que preguntar dos veces la misma pregunta porque el holandés se había perdido en sus pensamientos. Ambos se detuvieron al llegar hasta donde se les permitía, ya que algunas calles habían sido bloqueadas. —Debe ser algo importante—

Hans Henri Dietrich, su nombre humano que porta por seguridad; ambos se sentaron en una estación de bus más cercanas. El holandés encendió un cigarrillo ya que era mucho el estrés que había, se podía hasta ver. Le ofreció un al albino pero, este dijo que no. —…si…creo que es importante—

El albino coloco sus manos en la parte de atrás de la cabeza y se recostó en la pared cerrando sus ojos, sus oídos solo escuchando el sonido de las llantas de los camiones de guerra que pasaban, y cuando pasaban solo la lluvia se oía golpear contra el techo. —…ummm y cual sería…—

—Vengar la muerte de todos los que murieron…además impedir la derrota de tu hermano— dijo imitando la posición del albino pero, al otro lado, felizmente aprovechando el corto tiempo que tenían después de esto, quizás sea el último de sus vidas. Gilbert solo soltó una leve carcajada y abrió un solo ojo para mirar al holandés frente a él. —…además vi a Francia antes de venir, estaba esperando la visita de China y los últimos dos de su pandilla…—

— ¿Qué te dijo? ¡Oye no soples esa mierda a mi cara! — musito el albino, tratando con una mano eliminar el humo que había soplado el holandés a su cara, este solo se rio ligeramente.

—Haya tu, te los pierdes— murmuro dándole un pequeño empujón con su pie al albino que le lanzo una mirada molesta.

—Si claro. ¿Qué Francis te dijo? — volvió a repetir la pregunta, esta vez en un tono demandante e impaciente.

—…van a detener una operación que se yo de que, en realidad no me importa si Alfred se vuela en mil pedazos, al fin y al cabo todos vamos a terminar así— murmuro el holandés volviendo a colocar el cigarrillo entre sus labios mirando la cara de espanto que había puesto el albino. —Somos muchos los que no vamos a ir diablo, porque dudo que el cielo nos quiera—

—…eso creo…— ambos se sentaron de frente al escuchar unos pasos pero, recobraron su previa postura al ver que solo se trataba de Ludwig. — ¿Sigues molesto conmigo? —

—…no…— respondió fríamente. — ¿Holanda, que quieres decir con Alfred volándose en pedazos? —

— ¡Oh! Francia mando un mensaje. Que hagas todo lo posible por detener el avance del ejercito de Bielorrusia hasta que encuentre una solución con Japón y China a este problema— murmuro el holandés soplando a la cara del albino nuevamente, al parecer encontró una manera de divertirse.

— ¿Entonces qué hacemos aquí? — comento el rubio alemán, sorprendiendo a ambos. Gilbert miro al holandés que sonrió lanzando el cigarrillo a un pequeño pozo de agua, de los muchos que había alrededor por la lluvia. Ludwig fue el primero en irse mientras que los otros le siguieron los pasos.


— ¡NO! ¿Qué no me estas escuchando? — Matthew miraba desde la ventana del auto al pelinegro hablando por un teléfono. Ya casi iban a salir del país, algo que él no quería. Se sentía cobarde, se sentía poca cosa, ya que su hermano va hacer una acción desesperada y el no está ahí para ayudarlo. Y tampoco significa que lo va a ayudar, eso sería un ataque suicida, pero, quizás ayudarlo a entender que no va a ganar nada con esto, sino más sufrimiento. —José Daniel me llamo, y el Matthew Williams… ¿Qué más quieren? —

No podía dejar que su hermano se fuera así tan fácilmente, no puede huir. Huir… ¿Para qué? al final será encontrado y traído a justicia. Miro nuevamente al mexicano que seguía entretenido en su conversación con el guardia y luego a su oso aun dormido a sus pies. No quería poner a ningunos de los dos en riego, así que lo más silencioso que puede ser salió del auto y siguió, con su paso aligerado, su camino pero, de vuelta.


Hungría estaba sentada en el jardín, arrodillada entre las flores detrás de unos altos arbustos mirando a su alrededor. Su cuerpo estaba todo tembloroso y su respiración era entre cortada. Era mucho, ya no podía más. No quería ver a nadie más muerto, no quería escuchar una notica más. Además, todas eran malas. Ella no quería ver a nadie aunque los iba a extrañar pero, no quería ver a nadie más sufrir. Lo más que le dolía a Elizaveta era saber el dolor que iba dejar atrás pero, era que ella misma no quería sufrir.

— ¡Elizaveta! ¿Elizaveta, donde estas? — ni siquiera la voz distante de Austria la iba a sacar de las garras de esta decisión que iba a cometer. ¿De que valía su vida si los mas que ama se les están yendo? Y tampoco quería ver como Austria y Gilbert morían, porque ella sabía que al final no habrá escapatoria.

— ¿La encontraste? — ni tampoco Antonio iba a detenerla, nadie. Nadie la iba a impedir.

—No… ¿Alcanzaste a Feliciano? — Tampoco la iba a detener la noticia de que Suiza había sobrevivido el ataque y que sabia quien era el traidor pero, no lo iba a decir. Según él, sufrirían mucho y él no quería ver nadie sufrir por su confesión pero, que lo iba a matar y cuando lo mate los que quedaran vivos se enteraran pero, ella no quería estar ahí para verlo porque tenía sus sospechas. Eso la asustaba y quería estar ajena a todo.

Austria le dijo que no se pusiera con esas cosas que ya quedaban pocos, tan pocos que se podían contar con la mano, y sería una perdida. El no contesto pero, nada, absolutamente nada la iba a detener, ya era suficiente…el veneno la llamaba para combatir sus penas. La solución a los problemas aunque es un acto de cobardía.

—…se que llegara donde esta Alemania, Austria. Por esa cuenta estará bien— veneno, la única opción silenciosa que encontró para no llamar la atención. Y los pasos eran tan fáciles, unas manos porcelanas cubriendo el vaso más fino de cristal. Vaso lleno de agua de lluvia, agua pura y cristalina. Sabor, quizás dulce que es remplazado por el sabor amargo del polvo blanco que está siendo vertido.

—…ya veo…— un borde dorado se posa en sus labios pálidos como una mariposa en los pétalos de una flor bañada en roció mañanero. Así, se sentía ella, como una mariposa sedienta de miel pero, una miel tan amarga que la matara. Una miel que solo probará una sola vez en su vida.

—…Austria…he estado aquí por meses…tengo que ir por Lovi. ¿Tú me entiendes? — Al final cae al suelo verde, en sus manos ya no posaba el vaso maligno. Sus ojos contemplaban a cielo gris mientras la lluvia parecía caerle lentamente en todo su cuerpo…

—…si…puedes irte…que más nos queda—…que hermosa manera de morir…aunque haya sido un acto de cobardía. La única testigo una paloma blanca que se poso cerca del árbol donde esta ella.

Ajeno a todo Austria entro a su casa, ya Antonio se había marchado para buscar a Romano, suerte, es lo único que desea el austriaco, aunque sabe que ella no está de su lado. Ella ha decido pasear lejos de ahí.

Camino por el pasillo principal, miro hacia la sala donde estaba Rusia sentado al lado de la ventana, sus ojos violetas tristes miraban la gotas de agua bajar lentamente por el cristal empañado mientras su hermana menor estaba sentada a sus pies, tranquila, sus manos cruzadas sobre las piernas de Rusia, su cabeza descansando en ellas, para Roderich esto era raro pero, quizás por la situación que estaba pasando no tenía tiempo de pensar en casarse. En cuanto a Suiza no estaba por ningún lado. Eso le preocupaba a Austria…sobre todo si sabe quién es el traidor. Por eso se decidió a buscarlo.


— ¿Fin'n…'stas 'en? — ya se había acostumbrado a ser llamado por ese nombre o por Tino, aunque le resultaba un poco raro que lo único que hacía era sonreír. Solo sabía, gracias a ellos, que había recibido un balazo a la parte de atrás de su cabeza pero, no le habían brindado más información. Miro a su lado y estaba un chicho de pelo plateado al que aprendió a decirle Islandia con su mascota a su lado… cuanto daría por saber su relación con ellos. Al otro lado estaba el pálido noruego con su cabeza enterrada entre sus brazos sobre la mesa.

—…creo que si…— sonrió el joven amablemente al sueco que estaba sentado junto a él.

— ¿Berwald? — susurro el islandés.

—…'m — tanto Finlandia como Suecia voltearon sus miradas confundidas hacia el joven. Joven el cual estaba suavemente acariciando a su mascota, la cual estaba dormida a su lado, una de las muchas razones por lo que reinaba un silencio en la residencia.

Levanto su mirada hacia los mayores. — ¿Qué crees que pasara después de esto? ¿Estaremos bien?—

—…D' ver'ad…n' s'q'e decir'e— fue lo único que contesto el sueco antes de regresar su mirada al finlandés, el cual en un abrir y cerrar de ojos se había desaparecido y ahora yacía al lado del noruego, imitando la postura de este.

— ¿Qué te sucede? — susurro el joven al pálido noruego que solo abrió uno de sus ojos para ver la persona que había decidido hablar con él. Lukas, como se hace llamar al ver la sonrisa inocente del joven no pudo evitar sentirse culpable. ¿Por qué tuvo que haber aceptado la invitación? ¿Por qué para otras cosas era listo y para las que realmente importan, tiene que ser tan…tan…tan estúpido?

Si, estúpido. Así se siente. Es su culpa de que Finlandia haya recibido el tiro, no supo protegerlo. Estaba seguro si Suecia se encontraba ante la situación en vez de él, el sueco no hubiera ni pensado dos veces en dar la vida por el…

Mientras tanto el fue un cobarde que se paralizo al instante que sus ojos se posaron en la pistola. En ese instante sintió un pánico inexplicable, difícil de encontrar palabras para explicar, lo que vio y sintió. ¿Cuál es la razón de todo esto? Simple, que él es y siempre será un cobarde que depende de los demás. Una nación que se refugia en la paz para no luchar porque no sabe llevar una guerra. Una nación fría, misteriosa y callada que no pudo evitar, inclusive con la ayuda incansable de Inglaterra, que los alemanes entraran y lo dominaran tan fácil. Una nación…que lo único que supo hacer en su vida fue pasar de mano en mano.

—…—

Sintió una mano en su frente y era la del finlandés que lo obligaba a que levantara su mirada para que mirara a la cara. —…sé que es difícil, yo ni recuerdo pero, no significa que tienes que tirarte al rio sin primero buscar el puente…—

—* ¿Cuál es la única forma de vencer la tentación? — el finlandés arqueo la ceja en confusión mientras el noruego parecía estar en otro mundo que no era la tierra.

—…ummm…no sé, dime tu Lukas— sonrió en joven nuevamente. El noruego desvió la mirada hacia la pared para no verle los ojos, se sentía culpable de que Tino haya perdido la memoria, y quizás nunca la vuelva a recobrar.

Noruega se levanto y se acomodo su sombrero mirando a su alrededor. Solo estaba Islandia, Suecia, Finlandia y el. Dinamarca ya se había marchado con su hacha diciendo que esto hay que resolverlo como sea…y la violencia no es buena pero, en estos momentos, te hace sentir tan bien y lleno plenamente como si fuera una plegaria dirigida al cielo.

—…dejarte arrastrar por ella…— dijo caminando hacia la puerta, todas la miradas posadas en el.

—N' t' hi'as—

La mano de Noruega volteo la cerradura y lentamente abrió la puerta. Lo recibió un golpe de aire frio pero, más fría esta su alma que la brisa. —…entiende…—


¿Por quién él está luchando? ¿Por quién él va a dar la vida? ¿Por quién se va a sacrificar? Esa pregunta es fácil de contestar. El va a perder la vida por todos los que han muerto por su culpa. El creyó que no iba a suceder nada grave pero, todo fue un efecto en cadena. El hubiera preferido quedarse ignorante antes la noticias pero, ellas llegaban sin ser llamadas, simplemente lo perseguían.

Y después de oírlas… ¿Por quién va a luchar?

Simple…

Va a luchar por Ucrania que murió cruelmente protegiendo a Natalia, por Polonia que murió por ayudar a escapar a Lituania que simplemente al salir fue baleado hasta que fue irreconocible. Por Estonia y Letonia que no tuvieron la oportunidad ni de despertar, no supieron ni que estaban muertos. Por Bulgaria que se suicido por la presión y por Rumania que no resistió ver a Bulgaria muerto. Por Taiwán, Corea del Norte, Vietnam, Filipinas, Tailandia, Singapur y Hong Kong que rehusaron rendirse, lucharon hasta el final por sus vidas. Por Bélgica, Portugal y Luxemburgo, que con bandera en alto defendieron a sus hermanos. Por Eslovaquia, Kosovo y República Checa, que su desgaste físico no los dejo continuar. Por todos los de África…Egipto, su amigo. Por Irán y inclusive Iraq, aunque no se llevaban bien. Por Australia, India y todas las islas cercanas a ellos. Por el Caribe…

…por todos ellos, por los muertos y por los vivos. Por los que tienen miedo, por los que están a punto de rendirse, a los que, aunque saben su futuro, se lanzan al vacio como fieles guerreros. Por ellos será el héroe que nunca fue pero, pensó serlo. Vengara toda la sangre derramada por diversión…eso…traerá justicia porque al fin vio quien es…y lo va a arreglar.

—…Romano, hasta aquí llego el camino…— murmuro en un tono de voz seca.

—…che palle, Alfred…— fue los único que pudo decir antes la oración que acababa de decir el americano.


Bueno, bien largo ¿No? Aquí creo que hay dos capítulos juntos. Trato de juntarlos para que no se hagan tantos, porque muchos capítulos hacen que se pierda el hilo. Bueno. Como dije arriba, el final pronto vendrá, no quiero pero, tiene que ser así.

Gracias por leer y venir de nuevo aquí.

*¿Cuál es la única forma de vencer la tentación? Frase de Oscar Wilde pero, pegaba mucho con lo que hará Noruega.

aunque saben su futuro, se lanzan al vacio como fieles guerreros: Referencia a los personajes latinos.

Hasta el próximo

Review.