Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, todo lo que se reconozca no es de mi autoria, lo demás sí.

DISFRUTEN LA LECTURA.


Capítulo 10:"Cielo".

Se vistió rápidamente sin quitarle un ojo de encima a la chica que tranquilamente se colocaba prenda por prenda. Se relamió los labios resecos y sonrió levemente cuando los ojos grises de ella se toparon con los marrones de él.

— ¿Por qué estás mirándome fijamente? —Preguntó Jade con una sonrisa entre nerviosa y divertida.

Beck se encogió de hombros en silencio.

¿Por qué la miraba fijamente? Por tantas cosas, primero porque sin duda era la mujer más hermosa que podría llegar a conocer, con su cabello oscuro y rizado, sus ojos grandes redondos y que cambiaban de color como el mismísimo cielo, con sus labios carnosos y carmín, su piel blanca con sus mejillas ligeramente sonrojadas.

Jade era hermosa, la muchacha más hermosa de todo el universo y de todos los mundos. Del cielo, la tierra, el limbo e incluso el infierno.

No podía mentirse a sí mismo, también la miraba porque estaba muerto de miedo, un miedo que si lo dejaba aflorar podría incluso apoderarse de su cuerpo y dejarlo congelado en aquel lugar. Podía perder a Jade, en un parpadeo y ella podía desaparecer, ¿eso realmente podía pasar? Él lo creía posible, después de todo estaba en el limbo y en ese lugar muy pocas cosas tenían sentido.

Y lo último y no por eso menos importante, ¿sería posible que Jade supiese que realmente estaba muerta? No. No había ninguna posibilidad, no le darían la satisfacción de que alguna cosa fuese fácil.

Jade no sabía que estaba muerta, no sabía dónde estaba tampoco. ¿Qué pensaría?, ¿pensaría que se encontraba en alguna clase de apocalipsis?

— ¿Entonces? —Preguntó, terminando de ponerse el suéter negro. Se cruzó de brazos.

Beck enarcó una ceja y sonrió torcidamente.

—Entonces, ¿qué? —Rebatió a la pregunta.

Ella rodó los ojos y se acercó un paso hacia él.

— ¿No puedes dejar de mirarme fijamente? —Sonrió casi de manera perversa y añadió—, no desapareceré Beck, no es como si fueses a parpadear y yo me fuese a otro lugar.

Beck abrió sus ojos con sorpresa y su sonrisa trastabilló, ¿cómo era posible que Jade supiese exactamente qué pensaba en el momento indicado? Bufó y bajó su vista hacia los zapatos de ella.

— ¿Y qué pasa si sucediera otra vez y desaparecieras? —Preguntó.

Los brazos antes cruzados de la chica cayeron a ambos lados de su cuerpo, Beck volvió a pegar sus ojos castaños en los grises de ella y torció el gesto al notar la mueca de confusión en el rostro de la pelinegra.

—No desapareceré —aseguró e intentó sonreírle con confianza, sin embargo, su sonrisa trastabilló—, estamos juntos otra vez y nada podrá separarnos, ¿verdad?

Su pregunta final fue una clara señal de que no sabía si era real lo que ella estaba diciendo, ¿cómo podría asegurarse de que nada podría separarlos? Entonces confiaba en él para que él le aseverara aquella afirmación.

Y él lo hizo.

—Verdad.

Jade sonrió de manera sincera, agradecida por la respuesta de Beck.

—Y ahora saldremos de este pueblo fantasma —susurró Jade y bajó la vista al suelo, Beck la conocía tanto que sabía que ella no creía poder salir de aquel lugar tan espantoso.

—Tienes que creer que así es —susurró Beck acercándose hacia ella lo suficiente como para poder colocar ambas manos en los hombros de la chica, cuando sus ojos grises se toparon con los castaños de él, Beck sonrió con confianza—. Debes saber que nada de lo que está pasando en este lugar es culpa tuya, Jade.

Ella entrecerró levemente sus ojos.

— ¿De qué hablas? —Preguntó.

—Sé que te sientes culpable por lo sucedido en el accidente, pero no es culpa tuya, tu solo querías proteger…

—Ya pasó —susurró Jade—, y si lo nombras nuevamente las imágenes vuelven a pasar continuamente por mi mente y no puedo soportarlas —lo miró fijamente con la mirada nublada por las lágrimas que aparecieron en sus ojos ahora de color verde claro—. Solo olvidémonos de lo ocurrido, salgamos de este lugar y buscaremos a los demás.

Beck sacudió la cabeza.

—No puedes olvidar lo ocurrido ni aunque quisieras, las imágenes te atormentarán por siempre si es que no te perdonas por lo ocurrido —le aseguró Beck.

Jade lo miró con el entrecejo fruncido y se alejó un paso de él.

Beck sintió como el ácido le quemaba el estómago.

— ¿Por qué debería culparme? —Torció el gesto en una mueca adolorida—, tú me culpas, ¿verdad?, tú crees que yo quería deshacerme de él, ¿cierto?

Él sacudió la cabeza negativamente.

—Claro que no lo pienso —aseguró elevando un tanto la voz—, sé que lo hiciste por protegerlo, lo hiciste por nuestro…

— ¡No te atrevas! —Gritó y una lágrima se resbaló por su mejilla—, no digas esa palabra —sollozó y se giró para darle la espalda al chico.

—Jade —la llamó, dando un paso hacia ella—, por favor escúchame —rogó.

Ella se limpió las lágrimas con la manga de su suéter, suspiró con fuerzas y cerró sus ojos. Negó con su cabeza.

—No quiero escucharte —susurró.

—Jade… —La llamó—, necesito que me entiendas, si quieres realmente salir de aquí debes perdonarte primero.

Se giró y miró fijamente al muchacho, aun con los ojos nublados y rojos por el llanto que no quería dejar salir.

—No tengo nada que perdonarme —dijo y entrecerró los ojos—, quizás tú creas que hay algo que debes perdonarme.

—Ya te dije que no te culpo de nada, de nada de lo que está pasando, no te culpo siquiera de estar yo aquí —dijo todo de manera rápida.

Jade abrió sus ojos y luego dio un paso hacia atrás, alejándose aun más de Beck.

— ¿Por qué sería mi culpa que tú estuvieses aquí? —Preguntó Jade—, yo no tengo la culpa de nada de lo que está pasando, ni menos de que tú estés acá.

—No —respondió él y bajó su vista hacia sus pies—, no tienes la culpa de nada, pero si tú realmente no te sintieras culpable entonces no estarías aquí.

— ¿Por qué estás tan seguro de eso?

Los ojos de Beck se pegaron en los de Jade. Ella pudo ver como detrás del iris del muchacho un sentimiento de desosiego crecía en su interior.

—Porque es la culpa la que te trae a este lugar.

—Beck no entiendo qué diablos estás diciéndome, ¿podrías ser más claro?

El moreno suspiró y estiró su mano hacia su novia, Jade se encontraba mirándolo con los brazos cruzados a la altura de su pecho, él sabía el porqué ella lo hacía, oh, que la conocía tan bien que sabía incluso porqué hacía cada gesto exactamente en qué situaciones. Y Jade mantenía sus brazos cruzados en ese momento porque quería protegerse de algo, quizás de sus palabras. Se sintió especialmente mal por eso.

—Ven aquí —susurró, tendiéndole la mano. Ella estiró la suya también y tomó la de Beck—, salgamos de este bote.

Jade asintió, olvidando de pronto toda la conversación anterior.

*.*.*.*

El bote se movía con suavidad de un lado a otro, Beck no había notado el movimiento hasta el momento en que pisó la cubierta y parecía que a Jade le había ocurrido lo mismo, ya que, a penas pisó el exterior, su ya de por sí pálido rostro, se volvió aun más blanco, un escalofrío pareció recorrerle y apretó con mucha más fuerza la mano que tenía entrelazada con Beck.

Se aferró con fuerzas a la puerta de salida y se congeló allí.

Beck se giró para mirarla fijamente. Ella le devolvió la mirada, con los ojos abiertos como platos y la mandíbula tensa.

—No puedo hacerlo —susurró entonces, mirando por sobre de él—, ¿cómo saldremos de aquí? Estamos muy lejos de la orilla y yo no sé nada —aseguró.

Beck pestañeó una, dos, tres veces y luego observó el barco en una rápida ojeada. Luego, después de mucho tiempo pensando volvió a pegar su mirada en su novia, sonrió abiertamente, casi feliz y sabía que Jade se estaría molestando al ver esa estúpida sonrisa en su rostro en una situación como esa.

—Nos acercaremos con este barco —respondió antes que Jade le gritase por la sonrisa.

La muchacha se encogió ligeramente en su puesto y miró fijamente a Beck.

—¿Cómo…? —no pudo terminar de formular la pregunta, porque luego de aquello Beck ya se encontraba soltando su mano y caminando cerca de la cabina hacia la popa, rodeando la cabina.

El castaño por un momento olvidó realmente el pánico que Jade sentía, él necesitaba averiguar dónde se encontraba la cabina del "capitán" para así encontrar el timón. Notó como una escalera se escondía por entre el musgo, frunció el gesto y corrió el moho.

Comenzó a subir las escaleras con suavidad.

—¡Beck! —gritó Jade desde su puesto, Beck sintió como un pinchazo cruzaba su pecho, por poco y había olvidado que Jade se encontraba más abajo.

—Está bien, Jade —respondió él al grito de su novia—, estoy buscando la manera de irnos hacia la orilla.

La chica volvió a gritar justo en el momento en que Beck subía al tercer escalón, el grito de Jade, sin embargo, esta vez fue diferente y él pudo notarlo, fue un grito de terror, como de alguien que acabase de ver a un muerto…O a un demonio.

—¡JADE! —gritó el castaño con ansiedad, se giró para ir en su ayuda y resbaló de la escalera cayendo fuertemente de trasero por la escalera de hierro.

—¡AYUDA, BECK! —volvió a gritar con desesperación.

El moreno no perdió el tiempo pensando en el dolor que le había provocado en el coxis la caída que recientemente había tenido, con rapidez, una rapidez que había obtenido en el tiempo que había pasado en el limbo se levantó del suelo y corrió hacia donde debía estar Jade. La vio encogida tras la puerta, sin ninguna protección además de su mano, mirando hacia el frente como una cosa alargada con el rostro contrariado, casi como si se tratase de un cuerpo congelado que recién está en pleno proceso de descongelación. Parecía estar en los huesos y sus uñas, alargadas y afiladas estaba negras por la mugre.

Beck no lo pensó dos veces, se colocó frente a Jade y sacó la pistola que aun guardaba en su cinturón, apuntó hacia la bestia y apretó el gatillo ¡Pum! La bestia salió disparada hacia atrás soltando un chorro de oscura sangre, una sangre que Beck estaba segura que no era roja, sino negra.

Fue entonces cuando vio varias manos más escalando por el barandal. Jade agarró la camiseta de Beck por detrás, lo jaló.

El castaño la miró por unos breves segundos por el rabillo de sus ojos, sin querer apartar la vista de aquellos brazos morados que escalaban por el barandal, pronto se dio cuenta que no era solo frente de ellos, habían más, muchos más, escalando por cada rincón del barco.

—Hay que entrar —susurró Jade con voz ahogada.

Beck no le discutió y ambos entraron rápidamente a la cubierta del barco, cerraron la puerta y bajaron las escaleras al trote, desesperado él buscó algún fierro o palo con la que pudiese trabar la puerta, rápidamente se fue hacia la cocinilla para abrir un cajón, ahí encontró una tubería de fierro, con fuerzas comenzó a intentar sacarla, Jade llegó por detrás y también comenzó a ejercer fuerzas, unos segundos después pudo sacar el fierro de la tubería, haciendo que un chorro de agua los empapara y comenzara a salir sin parar del lavadero.

A nadie le importó.

El muchacho corrió escaleras arriba para poder trabar la puerta, fue en ese mismo momento en que sintió como varios cuerpos chocaban con la puerta, colocó el fierro por entre la manilla y la traba de la puerta con fuerzas e intentó doblarlo un poco intentando hacer que este sea aún más resistente, manteniendo a los demonios congelados fuera y a ellos dentro…Aunque de seguro que aquello no era el mejor plan que había tenido.

Jade se encontraba a los pies de la escalera, las piernas le tiritaban y se abrazaba su cuerpo con fuerzas, como si con aquel gesto pudiese infundirse algún tipo de calor. Él ignoró olímpicamente el sonido que hacían los cuerpos de aquellos monstruos, caminó hacia ella y la estrechó rápidamente con sus brazos.

Caminó junto con ella detrás de la cocinilla, tomó con su mano libre (la que no tenía la mano de Jade) las tijeras que aún estaban encima y se sentó en el suelo del a cocina junto con Jade, abrazándola estrechamente, ella descansaba su cabeza en el pecho de Beck mientras este le acariciaba los alborotados rizos oscuros.

Cada vez que se oían los cuerpos de los demonios chocar con la cabina, Jade daba un brinco y volvía a colocarse luego en la misma posición, aferrada al castaño, tiritona.

—No se irán —susurró ella con voz rasposa.

Él sacudió su cabeza con suavidad y luego se encogió de hombros, sintió un peso dentro de su estómago, se estaba rindiendo, realmente lo estaba haciendo...Él se sentía mal, pero sabía que estaban perdido, habían miles de esos demonios afuera y sabía que ya solo le quedaba una bala.

—Shh... —masculló con suavidad—, tranquila —besó la coronilla de su cabeza con suavidad, en ese momento el barco se ladeó, debía suponer que más demonios estaban escalando por el barandal.

Jade se tensó, pero él no dejó de acariciar su cabello y acercarla cada segundo más hacia él, intentando quizás fusionar sus cuerpos.

—Te contaré una historia —propuso Beck de pronto, mientras se oían horribles quejidos desde afuera.

—Nunca has sido bueno contando historias —medio bromeó Jade elevando su mirada para observarlo directamente, él jugueteó con un rizo de su chica y sonrió haciéndose el ofendido.

—Oye —murmuró y soltó una ligera risilla, de pronto todo el ruido de afuera ya no se oía, aunque él sabía que no se habían ido, si no que solo lo ignoraba—, esta historia es realmente...interesante.

Jade lo siguió mirando, se irguió levemente y alcanzó sus labios, fue un ligero roce, sin embargo, funcionó para devolver todo el valor a Beck, de pronto, él ya no sentía miedo. Jade volvió a descansar su cabeza en el pecho de Beck y él lo estrechó aun más fuerte con sus brazos.

—Está bien —dijo al fin mientras cerraba sus ojos y dejaba que el dulce sonido de las palpitaciones del corazón de Beck llenasen sus sentidos.

Él tragó aire y luego lo soltó con suavidad, dejó caer su cabeza en la pared y cerró sus ojos.

—Había una vez...

— No empezarás la historia con ese cliché, ¿verdad? —Beck soltó una risilla, sintiéndola nacer desde el interior de su cuerpo, Dios, tanto tiempo que no la oía hablar así, no se había dado cuenta de cuánto realmente la extrañaba hasta ese momento en que la tenía ahí, entre sus brazos, como si lo único de lo que debían preocuparse es que el cuerpo del otro no les dé mucha calor.

—Solo déjame contarlo, ¿vale? Sin interrupciones —Jade asintió.

—Bueno, continua —murmuró la muchacha.

—Había una vez —procedió el castaño, cerrando nuevamente sus ojos, sintiendo como las mejillas le dolieron levemente, recordándole el tiempo que había transcurrido en el que él no había reído de esa forma—, un muchacho que tenía todo, amigos, familia y un tesoro que él realmente cuidaba con su vida, sin embargo, aunque él cuidase ese tesoro, no había garantía en que nada le iba a pasar.

»Un día, más bien fue más tiempo que apenas 24 horas, él descuidó ese tesoro, no porque ya no le importase, sino que jamás pensó que algo realmente malo podía pasarle, creyó que aquel tesoro estaba bien protegido, bien cuidado y que no le pasaría nada si él solo lo dejaba estar. Pero, obviamente, como puedes verlo venir, a aquel tesoro le pasó algo realmente terrible.

—¿Qué? —preguntó con suavidad, sin despegar su cabeza del pecho del moreno—, ¿qué le pasó?

—Desapareció, puf, se desvaneció de la faz de la tierra —continuó—. Él muchacho supo, en el momento en que le informaron de la desaparición de su tesoro que él lo había perdido…Y enloqueció.

—¿Qué tipo de locura? —preguntó con cautela la muchacha, al parecer, bastante interesada en la historia.

—Una locura bastante…Extraña —susurró—, desconocida —siguió—, él creía que su tesoro no había desaparecido y lo creyó con tanta fuerza que comenzó a recibir señales de su supuesto paradero.

»Un día, él creyó con tanta fe que su tesoro se encontraba en un puente, que pescó su auto y se fue rápidamente hacia donde creía que se encontraba…Sin embargo, al llegar tuvo un accidente automovilístico.

—¿Y qué le sucedió?

—Murió —contestó sintiendo como su estómago se oprimía, decirlo…Realmente decirlo en voz alta por primera vez le daba una cierta sensación de vacío.

—Vaya, eso es triste —comentó la pelinegra, aferrándose aún más al cuerpo del chico, se oyó un golpe sordo y unos gritos, pero nuevamente la voz de Beck los opacó.

—Aun no término —rió el castaño—, déjame continuar.

Jade sonrió y asintió mientras cerraba sus ojos suavemente y se dejaba inundar por los sonidos del latir del corazón de Beck y de su voz.

—Entonces, cuando todo se volvió oscuro y él sentía mucho dolor en su cuerpo, oyó una voz, una voz preguntándole qué es lo que realmente quería, como un deseo…Y él pidió, encontrar su tesoro —murmuró el muchacho, sus ojos, instantáneamente se llenaron de espesas lágrimas, recordar todo eso, realmente no le hacía sentir bien—. Después cuando por fin despertó, se encontraba en un lugar cálido y a la vez frío, cubierto por una espesa niebla que no dejaba ver mucho, él no lo supo de inmediato, pero se encontraba en el lugar en donde todas las cosas perdidas terminaban.

»Debía buscar el tesoro, encontrarlo y sacarlo de ahí para poder volver a ser feliz. Pasó por muchas cosas, monstruos que lo perseguían, niños demonios y gigantes enfermos que querían matarlo, más bien, echarlo del lugar para quedarse con el objeto. Él no lo supo hasta que se encontró con alguien, alguien que no sabía era muy importante…

—¿Quién era? —preguntó entonces Jade.

—Su hijo —respondió él—, era su hijo no-nato, un hijo que él no alcanzó a conocer, porque jamás pudo nacer. El hijo le recordaba a él mismo, tenía los ojos de su madre y su nariz, pero en todo lo demás era igual a él y quiso ayudarlo —sonrió sin poder evitarlo al recordar el rostro de Aaron, algo dentro de su pecho revoloteo—, pero cuando él descubrió quién era, entonces, su hijo tuvo que desaparecer.

»Luego, cuando por fin pudo encontrar su tesoro, se dio cuenta que no podría salir de ahí, que no había escapatoria hasta que, al menos, el tesoro pudiese olvidar lo pasado, pudiera recordar qué pasó y pudiese darse cuenta que nada, nada de lo ocurrido ha sido su culpa. El tesoro debía perdonarse a sí mismo.

»Y supo entonces, él, que salir no sería fácil, que casi era imposible, porque el tesoro era terco y porque él temía contarle la verdad, porque no quería asustarla, porque quería mantenerla feliz —continuó él y estrechó aún más el cuerpo de Jade entre sus brazos, apoyó su cabeza en el cabello de ella con suavidad y prosiguió—. Y…Lo entendió, a él ya no le importaba llevarse el tesoro al cielo, al paraíso, porque ya lo tenía entre sus brazos y mientras estuviese así, junto el tesoro, no importaba si se encontraba en el infierno o en el limbo. Junto a él, se sentía como si estuviese en el paraíso y nada lo podría hacer más feliz.

Oyó un sollozo entonces y estrujó a Jade con mayor presión sin querer dañarla, depositó un beso casto en los cabellos de la chica y se mantuvo así, en silencio, oyendo, de pronto como un fuerte ruido de metal llenaba el lugar y unos gritos agudos y aterradores se oían cerca, demasiado. Sin embargo, fueron ignorados por la pareja que se mantenía en el suelo del barco, aferrados el uno al otro.

Jade sollozó.

—Soy yo —susurró—, yo soy el tesoro y tú eres el tipo de la historia, ¿v-verdad? —hipó.

—Lo eres —murmuró Beck, sintiendo como una lágrima resbalaba por sus ojos, observó hacia el frente, como las criaturas asquerosas, los demonios se adentraban al lugar, dispuesto a quizás qué cosa.

Beck cerró sus ojos y con su mano cubrió los de Jade.

—No veas —susurró el castaño—, no veas, Jade…No permitiré que nos separen y si eso sucede, espérame. Porque volveré a encontrarte.

Jade sollozó.

—Estoy muerta…Y tú lo estás —dijo ella, escondida entre los brazos de Beck—, no sobreviví a la caída al río, morí de inmediato. Y tú, mientras me buscabas, viste al que sería nuestro hijo…Al que yo…

—Chist —le hizo callar—, él no te culpa, yo tampoco lo hago. Te amamos, Jade, de verdad lo hacemos.

—¿Él? —preguntó ella en un murmullo apenas audible—, iba a ser un chico.

—Uno con tus ojos —respondió él.

Jade sonrió entre el llanto, aun con la mano de Beck tapándole los ojos. Se oyó el ruido de un grito aterrador seguido por varios pies arrastrándose hacia ellos.

—Yo me perdono, Beck —dijo ella en un murmullo tan suave que él apenas alcanzó a oír—, solo quería, solo quería que nada dañara al bebé, porque era mío…Y parte de ti, jamás hubiese querido que todo esto pasara, yo solo…Yo merezco ser feliz.

Beck volvió entonces a besar los cabellos oscuros de Jade mientras su respiración se volvía acelerada. Fue cuando todo se movió.

Todo tembló.

Y todo se volvió negro.

*.*.*.*

—¡Mamá!, ¡mira está flor!

La chica de cabellos castaños miró a la pequeña niña de rizados cabellos también castaños y grandes, y redondos ojos de color oscuros, quien sonreía enormemente mostrándole una rosa de color azul profundo.

La mujer sonrió al tiempo que se acercaba a su hija y la alzaba en brazos, besó sus cabellos rizados.

—Eres muy inteligente, Rosie —le susurró sin dejar de sonreír—, sabes exactamente qué flor es perfecta para tu tía.

La niña rió con suavidad mientras se removía entre sus brazos para que su madre la bajase, ella así lo hizo para luego, comprar la flor e internarse en el lugar.

Camino con tranquilidad tomando la mano de la pequeña niña saltarina.

Llegaron al lugar conocido lugar, la muchacha de cabellos (ahora castaños y cortos) sonrió como siempre. Era casi una cinta que se guardó y se rayó, porque cada día sábado en la tarde, llegaba la misma mujer, ahora con una pequeña niña y se dirigía al mismo lugar, con siempre una flor diferente.

Esta vez, la flor había sido elegida por su hija y había sido una gran elección.

Depositó la flor en el frío mármol y luego se relamió los labios con suavidad, mientras su pequeña hija seguía con la mirada una linda mariposa multicolor, sin darse cuenta lo tan significativo que era ese momento para su madre.

En silencio se quedaron por varios segundos, sin decir nada. Rosie no sabía el peso que tenía ese momento, sin embargo, parecía intuirlo, porque ella de igual manera no decía ni una sola palabra en ese lapsus de tiempo, siendo que ella era muy buena habladora.

Y parecía siempre que el día era tranquilo, siempre, desde que hace años atrás comenzó a crear esta rutina, que incluso el clima respetaba su tradición, siempre era tranquilo.

—Cat —susurró un hombre de cabellos cortos y anteojos anchos que tapaban la mitad de su rostro, sus gruesos labios estaban tan apretados que creaban una perfecta línea recta.

La ahora mujer se giró para mirarlo, con los ojos oscuros llenos de densas lágrimas que luchaba por aguantar como cada semana.

—¡Papi! —chilló la pequeña niña al darse cuenta de la presencia de Robbie, saltó hacia los brazos de su padre y él la elevó al tiempo que depositaba un dulce y casto beso en sus rizados cabellos.

—¿Estás lista? —preguntó entonces el ex-nerd.

Cat sacudió su cabeza hacia su esposo de manera negativa, se relamió los labios y volvió la vista hacia la tumba de sus amigos.

—Iremos por un dulce a la tienda de afuera, te esperamos ahí —y sin decir nada más o esperar alguna contestación, Robbie se fue junto con Rosie dejando sola a la chica, él la conocía tan bien, que sabía que eso era lo que Cat quería en ese momento. Soledad.

Era siempre lo que quería cuando iba a visitar a su amiga, tiempo a solas…Tiempo con ella.

—Está grande, ¿verdad? —comentó de pronto la chica en un susurro, al tiempo en que se arrodillaba frente a la tumba de Jade y Beck.

Tiempo atrás decidieron entre todos, Tori, André, Robbie, los padres de Beck y los de Jade, que lo más prudente sería sepultarlos juntos, sin cuerpos (porque estos nunca fueron encontrado) pero sí con objetos de ambos, como por ejemplo, una croquera en la que Jade escribía, una fotografía de ambos, guiones que Beck debía aprenderse y sus prendas favoritas, todo eso fue enterrado ahí, como un "monumento" simbólico de ambos chicos. Porque nadie podía discutir el hecho de que eso era lo que ambos hubiesen querido, un lugar al cual sus amigos pudieran visitar en memoria a ambos.

—Rosie siempre me pregunta por ti —susurró al tiempo que se enjuagaba una lágrima caprichosa que cayó por una de sus bronceadas mejillas—, yo le muestro vídeos, canciones que ambas cantábamos, le muestro vídeos de ti y de Beck juntos…Y ella, y ella piensa, o sabe, que habrías sido su tía favorita. Perdón —se retracta—, que eres su tía preferida.

»El otro día Tori fue a visitarnos junto a su esposo y los mellizos —continuó—, y nos recordamos de ustedes, de sus peleas y de qué comentario harían si estuviesen en ese lugar…Terminamos llorando, ambas y nos abrazamos y Tori me dijo que le hubiese gustado estar más tiempo que ustedes dos, para contar tantas historias como cuento yo. Después llegó André junto con su hijo y terminó llorando también, oh, con Tori han sacado una nueva canción y ha sido un real hit en todo el mundo, los paparazzi los siguen por todos lados, ¡es tan gracioso! —Cat rió con suavidad y luego tuvo que apretar sus labios para no terminar en un gemido—. No le digan a Robbie, ¿eh? Que quiero hacerle una sorpresa —susurró—, estoy esperando nuevamente un bebé —sonrió radiante y los ojos le brillaron más que antes—, Robbie estará emocionado y llorara de nuevo, se los aseguro…Sabes Beck, cuando le conté a Robbie que estaba esperando a Rosie, él se puso a llorar y después dijo que realmente le hubiese gustado que tú fueses el padrino del bebé, porque quería que tú le enseñaras, pensando que era un chico —volvió a reír—, pero resultó ser toda una princesa como yo.

»Lo sé, Jade, sé que ya debo estar aburriéndote, pero, si yo no te cuento qué está pasando con todos, ¿quién lo hará? —preguntó la ex pelirroja—, sé que donde sea que estás, estas con Beck y, cuando estás con él, no hay nada que te importe, es por eso que te cuento todo esto, para que luego no andes perdida con lo que está pasando.

Se levantó del pasto con suavidad y gracias, se pasó una mano por su cabello corto y luego suspiró con suavidad.

—Los extraño, tanto, a ambos —susurró—, y pienso en cada momento en lo injusto que fue todo, en que algo, lo que sea, les debe una oportunidad más, una vida más larga, en la que podamos envejecer, en la que pueda conocer a sus hijos y decirle a Jade, gritarle "¡ves lo buena madre que eres!" y ella se sonroje y yo me ría, ría con ella y…Ría con ambos.

Tragó aire y luego lo botó, deseo que el amargo nudo en su garganta desapareciera y luego cerró sus ojos.

—Nos veremos, chicos, vendré el próximo sábado como siempre, creo que vendré con Tori —comentó como todo el tiempo a la nada—. Y Jade —dijo antes de girarse—, no cortes esas flores, Rosie realmente pensó que te gustarían.

Se marchó a paso cauteloso por el lugar, encontrándose con su esposo y su hija en el negocio, sintiendo como cada sábado una fuerza renovadora para continuar. Sabía que tanto Beck como Jade no hubiesen querido que todos ellos tiraran por la borda sus vidas, lamentándose dos trágicos y extraños hechos.

*.*.*.*

—Ey, Jade —susurró Beck con suavidad, moviendo el cuerpo de la chica que se encontraba encima de él con cuidado.

La pelinegra se removió en su puesto, quejándose quizás porqué, aunque tenía razones, dormir en el suelo ocupando el pecho de su novio como cojín no era una buena opción de descanso.

Abrió sus ojos azules encontrándose con la cabina del barco, de pronto sintiéndose desesperanzada, creyendo que al abrir los ojos se encontraría nuevamente en el camper de Beck, durmiendo junto a él en su cama, no en aquel lugar, no en el limbo.

—Aún estamos aquí —susurró ella con voz ronca.

Beck con la yema de sus dedos rozó la frente de la muchacha, asintió pero sin borrar su sonrisa dijo.

—Lo estamos, pero creo que podemos salir —aseguró él con suavidad—, creo que podemos llegar adonde queramos.

Jade no dijo nada, no cuestionó nada, por primera vez, Jade solo sonrió creyendo en cada una de las palabras de su novio.

Se levantaron ambos del suelo y se tomaron de la mano, entrelazaron sus dedos y salieron de aquel tétrico lugar.

La neblina seguía tan espesa como siempre, nada se oía por ninguna parte, pero ellos ya no se encontraban en el medio del mar, más bien se encontraban con que el barco estaba enterrado en la arena.

Bajaron con cuidado, Beck primero y luego Jade con ayuda del castaño, volvieron a entrelazar sus dedos y caminaron sin prisa por las desoladas calles.

El silencio era tenso, pero no era algo que los ahogara, más bien era algo cómodo, un silencio en el que podían vivir si el calor del otro se sentía de esa manera. Caminaron por la carretera hasta llegar a la camioneta del chico.

Beck le abrió la puerta del copiloto a ella y Jade rió.

—Eres un cursi —susurró pero le robó un beso en los labios antes de subir.

Luego Beck rodeó el auto y se subió en el asiento del piloto, las llaves estaban puestas en la camioneta y él no recordaba si realmente siempre estuvieron ahí. Encendió el motor y no se sorprendió cuando este rugió.

Apretó el acelerador mientras retrocedían y dando un giro de 180 grados se comenzaron a alejar del maldito pueblo.

—Beck…—susurró Jade con suavidad sin despegar su vista del perfil de su chico—, me gustan, realmente los atardeceres —comentó.

Beck a tientas, sin despegar sus ojos del camino tomó la mano de Jade y le besó los nudillos.

—Lo sé, Jade —reconoció—, lo sé.

Ambos sonrieron al tiempo en que una blanca y potente luz los comenzaba a envolver a ambos y a la camioneta, la luz era fuerte, pero a ninguno les dañó los ojos, ni tampoco temieron, porque de pronto realmente se sentían en paz, tranquilos, con las manos entrelazadas, sabiendo, que adonde sea que esa luz los llevaran iba a estar juntos.

Y como Beck lo había dicho, no importaba si iban al infierno, al cielo, al limbo o a la tierra, con tal de estar juntos, se sentirían como en el paraíso.


Hola! ¿Cómo están?

Sé que me demoré mucho más de la cuenta, sin embargo, no tenía inspiración para seguir, y bueno, ya saben lo que dicen, no escribas a menos que lo sientas salir como una explosión, hasta el día de ayer no me salió la escritura y bueno, hoy lo terminé y tarán!

Sé realmente que es un final completamente abierto y que muchas cosas quedan inconclusas, pero realmente amo los finales así, siento que estos son los reales finales que hacen pensar al lector, cada lector puede decidir qué es lo que pasará luego, quizás puedan volver a renacer, quizás se irán al paraíso, quizás todos se reencuentran en el cielo. Ustedes son libres de juzgar eso.

Sin embargo, yo pensé en un epilogo, pero no lo publicaré a menos que ustedes lectores lo quieran así.

Pueden pedirlo por medio de un lindo review o un comentario privado.

¡Muchas gracias todos quienes me dejaron un comentario! Realmente agradezco cada uno de ellos, está historia realmente me gustó escribirla tanto que es muy triste dejarla, espero que ustedes me hagan saber lo que creyeron de la historia, si el final les gustó o si no por medio de un comentario. Los estaré esperando.

Adiós y nos volveremos a leer.

Besos y abrazos. Emilia.

PD: Aprovecho ahora para invitarlos a leer mi otra historia, 248 días! Estoy segura que les gustará. Hasta pronto (publicidad).