MAGIA GITANA.

¿Cómo me metí en esto?

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Capítulo 10: The windy

SAKURA

La media luna nos iluminaba un poco el camino, el frío calaba hasta los huesos, había muy escasa vegetación y la carretera parecía no tener fin. Habíamos pasado ya por varias curvas y ahora todo se había vuelto una infinita línea, que para nuestra desgracia no parecía tener fin.

El señor Li caminaba a duras penas con mi ayuda, el único calor que sentía era gracias a él, el resto de mi cuerpo se estaba casi entumido de frío, pero no tenía pensado dejar de caminar, si lo habíamos probablemente amaneceríamos como un par de paletas heladas.

Y definitivamente no estaba dispuesta a brindarle calor corporal al señor Li, suficiente había sido dormir con él en la misma cama. Hey, eso suena muy comprometedor, debo evitar decir eso a nadie. Me sonrojé hasta las orejas, ese pequeño detalle no se lo comentaría jamás a Yue o a mi hermano, ya que le había salvado la vida no debía permitir que la perdiera a manos de mi prometido o mi hermano.

Lo cierto es que ya estaba cansada y el peso del hombre sólo contribuía a cansarme más.

Pero pronto otro sonido de un motor, mi mente adormilada comenzó a trabajar a marchas forzadas.

- Creo que sé como pararán.

- ¿Cómo? – escuché su voz muy apagada.

- Finja que esta muy mal.

- ¿Acaso no parezco que me sienta mal? – preguntó irónico con mejores ánimos.

- No seas tonto, le haré señas y justo cuando pase a un lado de nosotros se tira como si se estuviera desmayando, cualquier persona que sea se detendrá.

- Bien - vaya aceptó rápido.

Y así lo hicimos, sólo que la "persona" que manejaba el auto no se detuvo.

Pisoteaba la carretera enojada - pero que pedazo de... - comencé a sacar toda mi ira en forma de palabras.

- Que lenguaje tan florido - se rió el - tranquila, tal vez el siguiente auto si se detenga seguiremos con el plan.

- Grrr... - el rechinido de mis dientes era todo lo que escuchamos después de dos horas y nada de autos - tenían que ser payos - se me ocurrió decir.

- ¿Payos? - preguntó.

- Sí, así les decimos a los no gitanos.

- Oh, y ¿se supone que es una ofensa?

- No, sólo que los gitanos si nos detendríamos a ayudar.

- No creo.

- Claro que sí.

- No lo creo. No todos somos iguales - defendió.

- ¿Te hubieras detenido a ayudar?

- Probablemente – contestó después de unos segundos.

- A eso me refiero, ustedes se la pasan pensando que todos quieren hacerles daño, que todos quieren quitarles sus preciadas posesiones - dije enojada, recordando un muy mal momento que paso mi hermano Touya cuando un idiota lo culpo de ladrón sólo por ser gitano, al final se comprobó su inocencia.

- Tranquila - dijo con voz suave y fue hasta entonces que noté que prácticamente le estaba gritando.

- Lo lamento - traté de disculparme.

- Esta bien, si no tuvieras prejuicios no te creyera que fueras humana.

- ¿Cómo? – lo miré en forma asesina.

- ¿Qué? Es un cumplido.

- No te ofendas, pero no sabes hacer cumplidos y… ¿por qué dudas de mi humanidad? – bueno una cosa era que mi hermano me llamara monstruo pero esto…

- Por que... es difícil creer que alguien tiene el poder de leer el destino, y es más difícil creer que hay un destino preescrito para cada persona.

- Bueno... la verdad es que yo aún no comprendo como funciona exactamente. Pero le puedo asegurar que lo que vi en las cartas es real, si no lo fuera no estaríamos aquí.

- ¿Qué más decían? – preguntó curioso.

Tuve que desempolvar y descongelar mi memoria, pero pronto recordé lo que leí en las cartas.

- Que te preocupas mucho por tu familia.

- Bueno, creo que algo hay de eso.

- Además, eres muy perfeccionista, buena persona pero...

- ¿Pero?

- Ocultas muchas cosas, entre ellas tus sentimientos, parece que antepones el bienestar de los demás al tuyo.

- ¿Qué más?

- Tu negocio.

- ¿Qué con él?

- Esta muy relacionado con lo que pasa... es cierto – recordé entonces - ¿de qué se trata? – no lo hice con mala intensión, sólo quería comprender el por qué habíamos llegado a esa situación.

Se quedo en silencio y luego se soltó de mi apoyo, se alejó de mí dejándome bastante sorprendida, y gracias a la tenue luz de la luna pude notar que me dirigió una férrea mirada, como si lo hubiera insultado.

- Eso no le interesa – dijo bastante fuerte y la verdad me pareció insultante.

SUFICIENTE, me habían herido por salvarlo, fui raptada por él, casi muero en la carretera, luego de sed y de hambre y...

- ¡BASTA!, así jamás podré ayudarlo – todos tenemos un límite y yo había llegado al mío, no sé de dónde salieron mis palabras con bastante convicción - Nuestro trato esta roto me voy por mi lado y usted por el suyo, estoy segura de que sus asesinos lo encontrarán antes de que pueda hacernos algo a mí o a mi familia - estaba enojada, encolerizada, harta por toda esa serie de situaciones por las que había pasado y sufrido por SU CULPA.

No sé que paso después, sólo supe que caminaba más rápido por la desolada carretera sólo quería alejarme de él.

Estaba arriesgando mi vida por él y aún no era suficiente para que pudiera confiar en mí, yo sólo quería encontrar la manera de terminar con la pesadilla.

SHAORAN

Todo el maldito día sintiéndome mal, que el estomago y el mundo me daban vueltas, la debilidad y tener que soportar ser ayudado por esta niña, y ahora me pedía una explicación.

Agrr... si no le debiera tanto la hubiera mandado a freír espárragos, tal vez si me sintiera mejor lo hubiera hecho, pero para ese momento me sentía muy... odio admitirlo, vulnerable. ¿Cómo no? después de varios días de persecución y que ella me salvara una y otra vez.

Tal vez era el dolor de cabeza, o que mis piernas temblaran, tal vez el acelerado latido de mi corazón o que simplemente cierre la bocota pero comencé a hablarle.

- Espere por favor - diablos, todo esto era confuso, pero en cierta forma tenía mucha razón, no cooperaba con ella tenía recelo tenía la idea de que me traicionaría, pero seguía sin hacerlo y realmente quería confiar en ella pero no podía.

- Lo siento - grité con la esperanza de que se detuviera.

Estaba seguro de que sin su ayuda ya estuviera muerto, me habrían matado, si no los asesinos sí una tonta hormiga, el hambre o la insolación.

- Esta bien, lo haré - grité ya cansado y deteniéndome respirando trabajosamente - lo lamento, sólo que esto es muy extraño, no acostumbro a confiar en nadie – confesé más para mí mismo que para ella.

- Pero lo harás – dijo de pronto y me la encontré de frente ¿cómo lo hizo? y por poco brinco del susto.

- Sí - dije no muy convencido - lo haré. Pero sinceramente dudo que pueda hacer algo.

Me miró y sonrió al fin, vaya que rápido pasaba de una emoción a otra.

- Lo perdono.

- Gracias, no habría podido dormir si no lo hace.

- Tonto - frunció el ceño, luego sin decir más tomo mi brazo y comenzamos a caminar de nuevo.

No tenía idea de cómo empezar, jamás había tenido que dar explicaciones a nadie, bueno claro que a mis padres después de haber cometido una estupidez en mi adolescencia pero nada más.

Ella iba en silencio y podría jurar que iba sonriendo, creo que lo único que deseaba escuchar era que confiaba en ella, no estaba seguro, pero le dije que cooperaría y eso haría, aunque no estaba seguro de cómo reaccionaría, o si me ayudaría después de confesar.

- Mi padre tiene una empresa en Honk Kong que le costó mucho forjar, tanto a él como a mi abuelo y...

- No tiene que decírmelo - dijo algo arrepentida creo, pero la ignoré, ella lo había pedido ahora tendría que soportarlo.

- Cuando era niño, estuvimos a punto de la banca rota, pero mi abuelo era muy hábil y logro que nos recuperáramos. Era un hombre entregado a su familia, mi padre era su único hijo y deseaba que él tuviera todo lo que él no tuvo, así que cuando murió le encargo que amara a sus hijos y luchara por hacerse y hacernos felices.

Ella no dijo nada y continué.

- Fue con mucho esfuerzo que la empresa creció y creció, mis hermanas mayores y mi madre se involucraron con ella, y todos luchamos porque cada día sea mejor pero...

No me había resultado fácil decir esa parte de mi vida, pero luego recordé que ella lo sabía, sabía que tan importante para mí, mi familia. Pero contarle el resto era demasiado.

- Hace pocos meses, estuvimos de nuevo al borde de una banca rota, necesitábamos dinero y no sabíamos que hacer, nuestros amigos nos ayudaron un poco, pero no fue suficiente. Yo había equivocado una inversión y amenazaba el futuro de la empresa. Necesitaba dinero - creo que para ese momento intentaba justificarme a mí mismo - alguien me dijo de un negocio que dejaba dinero en poco tiempo y la verdad es que no lo dude mucho.

Ella permanecía en silencio, sin hacer preguntas ni presionar, sólo escuchaba lo que yo le quería decir y eso creo que fue lo que finalmente me hizo decidirme continuar.

- Los narcóticos son un negocio que da mucho dinero - confesé y ella no pudo evitar soltar una leve exclamación de impresión, más no quise voltear a verla, no quería ver su cara de reproche o decepción, espere un regaño pero jamás llegó, sólo permaneció en silencio.

- El hombre que me conectó con los traficantes era un viejo conocido, una vez anterior me lo había insinuado, según él por mis habilidades en los negocios, yo... necesitaba dinero y acepté. En poco tiempo pude ayudar a recuperar el dinero perdido, fabricando inversiones inexistentes que me daban tan buenas ganancias.

- Mi función era lavar el dinero de los traficantes y logré hacerlo al encontrar agujeros legales en algunos países. Cuando al fin tenía lo que necesitaba intenté salirme, pero había hecho un trabajo tan bueno que uno de los traficantes se negó, trabajo para él buscando compradores pero ahora la competencia es mayor por las drogas sintéticas, el negocio va mal.

- Es el traficante entonces – concluyó ella.

- No - me apresuré a negarlo - soy abogado no deje que me chantajee y logré meterlo en una trampa si él intenta delatarme o matarme él también se irá conmigo sin remedio y no le conviene, no creo que sea él.

- ¿Entonces?

- Eso quisiera saber, sé que hay otros traficantes que luchan por los territorios y probablemente alguno de ellos tenga que ver con esto, pero en realidad no estoy seguro.

Ya no quise hablar, era vergonzoso.

Jamás podré decírselo a mi padre de frente se decepcionaría de mí, ni se diga de mi madre o mis hermanas. Cometí un error y cuando desee resolverlo sólo me metí en más problemas. Lo acepto fue una decisión torpe, estúpida, infantil, impulsiva.

- Lo hizo por su familia – dijo de pronto y me sorprendió.

- No, creo que en realidad fue por egoísmo, no quise aceptar que hice algo mal, lo mantuve en secreto, lo único que logré fue empeorarlo – no pude ocultarlo y la decepción era evidente en mi voz.

- Ahora lo entiendo – dijo ella y me brindó una sonrisa.

Levanté una ceja extrañado.

- Creo que después de todo también eres humano – me miró casi burlonamente.

- Camina y calla por favor.

No puedo describir lo que sentí, era extraño hablar con una desconocida y sentirme mejor. La terrible culpabilidad parecía ser más llevadera, no me había juzgado tan duramente como esperaba, no se había alejado, sólo me había sonreído.

Tal vez estaba loca, bueno es una posibilidad, pero si esta loca la prefiero así.

SAKURA

¿Qué decir después de semejante confesión? Sinceramente no se me ocurría nada, y a pesar de todo sentía que confiaba en mí y eso me daba más ánimo de ayudarlo.

Mientras llegaba el amanecer, mi cuerpo se recuperaba con la tenue luz del sol trayéndonos de nuevo a la vida. La luz solar roja se volvió blanca y continuamos con la caminata, el peso del señor Li se había vuelto menos y supe que estaba mejor.

Escuchamos el ruido del motor.

- ¿De nuevo? - pregunté y él asintió.

Era un auto grande por lo que pude ver.

Se acercó y antes de pasar a nuestro lado el señor Li se desvaneció.

- ¡Shaoran! - grité espantada.

Pero él abrió un poco los ojos y me guiño uno.

Uff... por un momento pensé que fue real, ¡que tonta!

- Finge - susurró.

El vehiculo, que era una camioneta pequeña, se detuvo unos metros adelante.

De él bajaron un par de hombres, uno era un señor de unos 40 años con algunas canas y el otro era apenas un joven de 20 años.

- ¿Se encuentran bien? – ambos se acercaron y seguí con la actuación.

- Se desmayo - dije apretando el cuerpo del señor Li en mis brazos, me sentía nerviosa, pensaba que se darían cuenta de que fingía y nos dejarían votados ahí.

- Tranquila - dijo el señor sonriéndome y quitándomelo de los brazos.

- ¿Tuvieron un accidente? - preguntó el joven.

- Eh... - cielos tenía que explicárselos todo - sí, desde ayer que caminamos por la carretera creo que sufrió insolación.

El chico me sonrió y regresó a la camioneta trayendo una botella con agua, se la dio al hombre mayor y él con cuidado le dio al señor Li. Al verlo, la verdad es que dudaba que fuera una actuación, se veía sumamente pálido a pesar de estar algo quemado por el sol.

Cuando sintió el agua en su boca bebió un poco y abrió los ojos.

- Tranquilo estará bien - dijo el hombre en un tono casi paternal.

Él le brindó una sonrisa que me pareció muy sincera.

- Gracias a los espíritus - dije en voz baja.

- ¿A dónde van? - me preguntó el joven.

- A Tomoeda.

Los dos hombres se vieron entre sí y asintieron.

- Hijo por favor ayúdame a subir al joven a la camioneta - dijo el mayor y el otro obedeció, fue hasta entonces que noté que ambos se parecían bastante, tenían unos hermosos ojos grises llenos de bondad, pocas personas había visto así.

Entre los dos subieron al señor Li a la parte delantera de la camioneta y le pusieron el cinturón de seguridad, cuando estuvo dentro por fin pude suspirar.

- Mi nombre es Ryu Kishida - dijo de pronto el joven y me ofreció su mano.

- Soy Sakura Kinomoto y él es Shaoran Li - el señor Li sólo asintió.

- Mi nombre es Kuno Kishida, es un placer señorita Kinomoto - dijo el anciano ya dentro de la camioneta en el lado del conductor.

- El placer es nuestro - dijo con voz suave el señor Li.

- Por favor suba señorita - dijo el joven Kishida.

- ¿Qué? no, no, no por favor, yo iré atrás.

- Por supuesto que no señorita - dijo en forma amable el más joven - el camino es aún largo.

- Pero...

- Por favor señorita Kinomoto - pidió el mayor - el joven Li puede necesitar de usted.

- Je - sonreí como estúpida y miré al señor Li que se mantenía con los ojos cerrados - esta bien.

El joven Kishida se subió atrás y comenzamos el retorno. La verdad sentía un gran alivio, mis pies palpitantes por fin podían descansar, no era que me quejará pero después de 5 días de huida cualquiera se agotaría.

- ¿Estas bien? - le pregunté mientras él mantenía los ojos cerrados.

- Sí, no te preocupes.

- Todo estará bien - dije para convencernos a ambos que todo terminaría pronto.

El señor Kishida no era muy conversador que digamos y Shaoran se quedó dormido, quizá el hombre lo hizo a propósito y minutos después yo también me quede dormida, ambos estábamos muy cansados.

No sabía cuanto habíamos dormido pero por la posición del sol ya atardecía.

- ¿Descansaron? - preguntó el señor, fue hasta entonces que noté que él recién se despertaba también.

- Si gracias - respondimos ambos.

Yo me sentía llena de energía de nuevo, sólo un poco cansada por estar en la misma posición, pero a comparación de los días anteriores era estar en el paraíso.

- Lo lamento, pero sólo podemos llevarlos a la avenida principal de Tomoeda, debemos entregar la carga a tiempo.

- No hay problema, han hecho mucho por nosotros - contestó el señor Li y pude notar su voz volvía a ser la de antes.

Después de dos horas de camino, en las que prácticamente sólo él y el señor Kishida hablaron, de cosas como la economía y el clima o algo así, yo iba perdida en mis pensamientos. No cabía de alegría de pensar que pronto volvería a ver a mi familia, pero para mi desgracia note que llegamos a Tomoeda por otra dirección y no pasaríamos cerca de las carpas.

Cuando por fin llegamos ambos bajamos de la camioneta y noté con sorpresa que el señor Li ya se podía mantener en pie solo y su mirada regresó a ser la de antes. Nos despedimos con ambos, agradeciéndoles reiteradamente su ayuda y comenzamos a caminar por las calles.

Nuestra apariencia de inmediato llamaba la atención de los demás, creo que parecíamos pordioseros, todos empolvados, despeinados y quemados por el sol. Me sentí intimidada, pues al parecer nos habían dejado en la zona más exclusiva de Tomoeda, con grandes tiendas de prestigio o eso me pareció. A nuestro paso nos lanzaban miradas nada discretas.

De pronto sentí que mi mano fue sostenida por otra, me encontré que el señor Li me sonreía.

- Mantén tu cabeza en alto, no importa la apariencia sino la actitud, nadie puede hacerte sentir mal si no lo deseas - dijo con una sonrisa.

Me sonrojé un poco, era cierto, me había dejado intimidar. Levanté la cabeza orgullosa y le agradecí con una sonrisa.

Entramos a una tienda de electrónica y compró de inmediato un teléfono móvil, el vendedor no paraba de vernos de forma nada agradable, cuando el señor Li le entregó el efectivo lo miró como si viera a un ladrón. Por su parte el señor Li le envió una fiera mirada - no me lo robe si eso se pregunta - dijo casi de forma escalofriante.

Salimos de la tienda y la verdad es que temí que el vendedor llamara a la policía.

- ¿Qué haremos? - me atreví a preguntar.

- Llamar a un amigo - me sonrió y de inmediato marco el número de memoria.

Habló con el escasos segundos y luego colgó soltando un suspiro - vendrá por nosotros en algunos minutos - me tomó de la mano y comenzamos a caminar a un lugar menos concurrido.

- ¿A dónde iremos?

- A casa.

- ¿A su casa?

- Claro.

- Pero ¿y mi familia?

Nos detuvimos cerca de una avenida grande donde había menos gente transitando, me dio el celular - llámelos.

- Eh... - yo veía el teléfono y luego a él y así un buen rato.

- ¿Qué espera? O acaso ¿no tienen teléfono?

- Claro que sí, mi hermano tiene uno para casos de emergencia... pero ¿qué les voy a decir?

- Oh, cierto. Tenemos que inventar algo.

- ¿Inventar?

- Claro, ¿o quiere involucrarlos en esto?

- ¡NO! por supuesto que no, mientras menos sepan menos corren peligro.

- Entonces... no lo sé.

- No quiero decirles que me raptó y he estado con mi secuestrador todo este tiempo.

- No la rapté...

- Entonces ¿cómo le llama a eso de ser llevada sin mi consentimiento con un extraño?

- La tomé prestada, es todo.

- Cínico.

- Lo lamento.

- Si con eso se solucionara todo.

- En serio – me miró y sonrió levemente.

¿Qué puedo decir? Ya no pude dudar, con esos ojos de borrego hambriento, me convenció.

Por lo menos se veía mucho mejor, caminaba con gran soltura y sin aparente debilidad, era eso o era el mejor actor que he conocido.

ERIOL

Un día había pasado desde aquella alucinante noche, debo decir que me quedé con una resaca marca demonio. Me sentía fatal, como si un trailer me hubiera pasado encima unas tres veces, no me lo explicaba, es decir, yo podía con eso y mucho más.

Pero al siguiente día ya no fui a las conferencias y prefería hacerme unos análisis, sabía que algo no estaba bien en mí. Me dieron los resultados a la mañana siguiente y cual fue mi sorpresa, aparecía una sustancia extraña en mi cuerpo, bastante parecida a una droga. Ninguno de mis colegas supo decirme qué era exactamente.

Mientras observaba el resultado de los análisis, no lo podía creer. ¿Acaso...? sí era la única explicación, Tomoyo me había drogado, por eso había sentido la experiencia tan... extrema, sólo había sido resultado de una droga.

- Maldita sea - dije tirando los papeles al piso, me había engañado, todo fue sólo una ilusión de mi mente. Claro, después de todo lo hacía sólo por dinero.

Ahora lo entendía, esa mujer sólo era una... agrr... logró engañarme. La copa que me dio antes de comenzar todo, seguramente ahí estaba la droga y por eso se sorprendió que yo fuese doctor, tal vez imaginó que yo la podría descubrir y lo hice. Ahora yo me sentía usado, todo aquello tan hermoso que viví fue una mentira causada por la droga.

Cuando me di cuenta de lo que hacía, estaba lanzando todas las cosas de la habitación que me habían asignado en la mansión Li, pero... ¿por qué me importaba? Obtuve el placer por el que pague, entonces... ¿por qué me dolía?

Tal vez porque había alimentado de más mis ilusiones, mis expectativas, la mañana después del encuentro estuve pensando en lo que paso y sólo podía pensar en volvernos a ver y yo lucharía por comenzar una relación con ella, por supuesto no aceptaría de inmediato pero al cabo del tiempo lo haría y entonces dejaría su mala vida y se establecería conmigo. YO sería su príncipe azul que la ayudaría a salir de la prostitución.

- ¡Que estupidez! - si eso fue.

Por la noche fui al teatro donde se presentaba y fue grande mi sorpresa al ver que el lugar estaba cerrado, los carteles que anunciaban la obra tenían un gran letrero de cancelado encima. ¿Qué pasaba? Fui directamente al bar de la noche anterior y no había rastro de ellos, ni del hombre ni menos de ella, pregunté por ellos varias veces pero nadie supo o quiso decir nada.

Esto era muy sospechoso.

Regrese a casa de los Li, con toda mi impotencia y enojo, pero la situación en la casa me hizo olvidarme momentáneamente de mis preocupaciones por Tomoyo.

Luin no podía ocultar la desesperación por la ausencia de Shaoran, y él dudaba que lo quisiera. Su hermano en cambio parecía más tranquilo y no dudaba en tratar de tranquilizar a su hermana, yo me limitaba a hacer bromas de como Shaoran desaparecía por semanas y luego regresaba con una mujer diferente, creo que Bryan me creyó pero Luin no.

El señor Wey y su esposa eran más discretos y no preguntaban tanto, pero se leía la preocupación en sus rostros. Para mi mala suerte el señor Hien llamó ese día por la mañana y me dolió mentirle, pero le dije que él estaba de paseo con una chica, eso le extrañó, aunque no lo veía estaba seguro que no me creía del todo, claro conociendo a su hijo.

El que no dejaba de hablar ni un día era Yaichiro, el secretario de Shaoran, por supuesto no creyó mi historia pero seguía insistiendo que era muy importante hablar con él, me las ingeniaba para colgarle y no confesar. Pero me apegaría a mi historia de que estaba muy "entretenido" con una mujer, ya me las vería con Shaoran pero por lo pronto sólo esperaba que llamara o tendría que decirles la verdad. No tenía idea de dónde o con quién estaba.

Mi padre me colgaría vivo, las hermanas Li me desollarían, me partirían en pequeños pedazos para dárselos a los perros, y la señora Ieran era a la que más le temía. Era una mujer elegante y fina, pero en lo que concernía a sus seres queridos podía ser muy cruel si alguien los dañaba. Ni se diga de las chicas de las oficinas de los Li, Shaoran era su dios viviente.

Me recorrió un escalofrío por la espalda de sólo pensar que algo malo le pasara, y claro todo sería mi culpa.

¡Que suerte la mía! Tomoyito y Shaoran desaparecidos y ambos tenían mucho que explicarme.

El cielo me odiaba y yo sólo que quería un par de días de diversión con mi amigo.

Era ya de tarde y me sentía mucho mejor.

Mi celular sonó y sonó, sin nada de ganas miré la pantalla.

- On no - dije internamente, me acosté y apreté el botón para contestar - Hola Yaichiro, Shaoran aún no regresa.

- Señor Hiraguizawa, POR FAVOR - resalto esa parte - Si habla con él dígale que es URGENTE que se comunique conmigo.

- Se lo diré, hasta luego - colgué.

La verdad es que jamás pensé que Shaoran dejara apagado su celular, al marcar el número sólo escuchaba una grabación de que decía el aparato estaba apagado o fuera del área de servicio. Eso no me daba buena espina, pero le daría un par de días más para aparecer y después si no regresaba me prepararía para una confesión y una muerte lenta y dolorosa.

- Dos días más Shaoran, si no llamas te juro que...

Me interrumpieron unos toques en la puerta.

- Señor Hiraguizawa su cena esta servida - dijeron del otro lado.

- Gracias - bajé sin muchas ganas de cenar pero tenía que hacer acto de presencia.

Me fui directo a la cocina, no me agradaba cenar solo y algunas ocasiones cenaba con Luin y Bryan. Ambos eran unas buenas personas, Bryan era callado, pero Luin cuando estaba contenta hablaba hasta por los codos, claro que últimamente estaba más callada y yo sabía la razón. Así que en las últimas noches yo era el que hablaba a más no poder, y en varias ocasiones arranque una sonrisa de ambos chicos.

Cenábamos tranquilamente cuando mi celular sonó de nuevo, rogué al cielo que no fuese Yaichiro o Hien o sus hermanas y vi un número desconocido. Imaginé que era una de las tantas chicas que les había dado mi número eso me animó un poco, así que tome la llamada - ¿Hola?

- Eriol, soy yo Shaoran - escuché del otro lado y juro que por poco grito de alegría.

- ¿Shaoran? - disimulé mi alegría y de inmediato ambos hermanos me observaron, sobre todo Luin con cara de felicidad - ¿dónde te has metido?

- Luego te explico, necesito que vengas por nosotros a la avenida principal cerca del hotel Principal, lo más pronto posible ¿entiendes?

- Sé donde es pero...

- Hazlo, trae un auto con vidrios polarizados, dos mudas de ropa y rápido.

- Eh...

- Gracias - y colgó.

Un momento, un momento... mucha información, cerca de un HOTEL, VIDRIOS POLARIZADOS, MUDAS DE ROPA, GRACIAS y finalmente pero no menos importante NOSOTROS.

- Era Shaoran - afirmó Bryan.

- Si, iré por él.

- ¿Esta bien? - saltó la chica asustada.

- Sí, con su permiso - salí hecho un rayo a la habitación de mi amigo y salí con la ropa a la dirección. Tendría una explicación que darme.

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Hola, ¿cómo están?

Yo aquí con un nuevo capi y maquilando cosas para mis queridos personajes de CCS je je (risa macabra)

Y bien, muchas gracias por sus comentarios y sugerencias, que son muy importantes.

-Mokonayamileth

-Yuki Magister

-belen

-gabyhyatt

-Valentina LaNus

-Celina Sosa

-Johanna-Ikari

Saludos

Yoalitzin