¡Hola a todos! ¡Feliz Año Nuevo! Aquí llego con el penúltimo capítulo del fic. Le había escrito hace un par de días, con una inspiración repentina, pero me he atacado una gastroenteritis que me ha tenido baldada y sin fuerzas. Estoy comenzando a remontar poco a poco.

Hemos llegado a 1980 con lo que, ya sabéis, ¡Harry ha llegado al mundo! Tenía tantas ganas de introducirlo en el fic! Me lo he imaginado mil veces y ésta es mi versión de un Harry bebé, adorable e hiperactivo. Y James y Lily convertidos en unos padrazos, por cierto. Espero que os guste el resultado.

El título viene por motivación del propio capítulo, que se me ocurrió tras ver un adorable dibujo de un Harry bebé disfrazado de calabaza. Si la encontráis, os moriréis de amor.


1980: Mi pequeña calabaza

Lily siempre ha querido ser madre.

Es su sueño más secreto. Por supuesto que es ambiciosa y hubiera querido tener una carrera pero, en su mente, siempre ha visto el futuro con algún bebé.

Y Harry es lo mejor que le ha pasado. Es, realmente, el niño más bueno del mundo. Apenas llora, solo cuando se siente mal, que encima son pocas veces porque es un niño con muy buena salud, y es risueño casi a cualquier hora, además de muy juguetón. Incluso es demasiado activo para su edad.

Cuando se despierta con energía de sobra a primera hora de la mañana, recuerda cuando su madre le dijo que, siendo tan pequeños, los bebés lo único que hacen es dormir y comer. Es una pena que no haya vivido lo suficiente para conocer a su nieto… Y que se equivocara del todo porque, aunque Harry come como una lima, eso de dormir parece que no le gusta tanto.

James, quien también es muy madrugador por naturaleza, gruñe cuando llega a sus oídos el sonido de la risa del pequeño.

- No puede ser –murmura, abrazándola fuerte y enterrando su cara en el cuello de Lily.

Ella aún lucha contra el sueño cuando la risa de Harry vuelve a oírse. Es una suerte que siempre se despierte riendo pero también podría esperar un par de horas más. Apenas está amaneciendo.

- En estos momentos es claramente tu hijo –acusa a su marido, arrullándose contra él.

James es de esas personas que se despiertan con energía y una sonrisa. Lily, que suele necesitar un buen café antes de ser persona, suele odiarle hasta que lleva una hora despierta. Le irrita verle de tan buen humor por la mañana, que es algo que parece que ha heredado su hijo, si el tiempo no lo cambia.

Es injusto que eso le pase a ella, que está tan a gusto en la cama. Desde allí, abre un poco el ojo y atisba por la ventana un día lluvioso y frío. Lo que hace que se pegue más a James, buscando su calor. Harry sigue riéndose en la cuna que está al lado de la cama.

- Si no nos oye, quizá piense que seguimos dormidos y él también se vuelva a dormir –susurra, más como un deseo que esperando que sea real.

Pero, obviamente, Harry tiene a quien salir y James se ha despertado totalmente. Y, para demostrarlo, se pega a su espalda, dejándole notar que toda su anatomía se ha levantado y comienza a besar su cuello poco a poco.

- No –protesta Lily, dándole un manotazo.

No puede apartarla de su dulce sueño así como así. Ni siquiera con semejante incentivo…

La mano de James se cuela por debajo del pijama y comienza a acariciarle el estómago, provocándole cosquillas. Pero ella no se ríe porque no tiene humor. Antes de eso, necesita su dosis de café.

- James –gruñe.

Y su marido se aparta, riéndose.

- Captado. Lo dejamos para la hora de la siesta –asegura. Después le da un beso en la mejilla-. Yo me encargo de Harry, duerme un poco más.

Le siente moverse a su espalda, dejándola sola en la cama. Odia esa sensación de vacío cuando él se levanta. No le gusta quedarse sola en la cama. Aún con los ojos cerrados sabe cuándo James ha llegado a la cuna porque Harry suelta un gritito de alegría y vuelve a reírse con ganas.

Pese a su malhumor mañanero, Lily no puede evitar que se le escape una sonrisa. Aún rezagada, abre un poco los ojos y alcanza a ver a su marido y su hijo abandonando la habitación con idénticas sonrisas. Y sabe que no tardará en seguirlos, por mucho sueño que tenga. La imagen que ofrecen es tan adorable que no quiere perderse ni un segundo de ella.


Cuando se levanta, James ya ha puesto perdida la cocina al preparar su desayuno, mientras Harry está cómodamente instalado en su cuco y mira a su padre atentamente mientras retuerce su mantita de dormir entre sus dedos.

- ¿Cómo puedes manchar tanto para hacer un café y unas tostadas? –le riñe Lily, ya resignada a que su marido nunca será un buen cocinero.

James pega un salto al electrocutarse, por quinta vez esa semana, con la cafetera.

-Ese bicho muggle me odia.

- Anda, déjame.

Su marido es un desastre en la cocina pero reconoce que, al menos, es colaborador. Cuando ella toma su lugar con destreza y organiza en un momento lo que él lleva un rato tratando de resolver, él se dirige a Harry.

- ¿A qué huele por aquí, colega? –le pregunta teatralmente, cogiéndole en brazos mientras su hijo de parte de risa. James le eleva y acerca su nariz a su culito, fingiendo horror-. ¡Pero qué peste, chaval! ¿Qué tienes ahí guardado?

Como toda respuesta, Harry se retuerce en sus brazos y se ríe más fuerte.

- Cámbialo mientras como algo, por favor –le pide Lily-. Enseguida le doy el pecho.

James le guiña un ojo, echándose a Harry al hombro.

- Vamos, colega. Vamos a ponerte presentable para mamá.

Cinco minutos después, vuelven a bajar por las escaleras, tan alegres como han subido. Pero Lily ya ha tomado su taza de café y tiene el carácter más dispuesto a soportar su buen humor.

- ¿Dónde está mi niño? –pregunta extendiendo las manos hacia Harry que, todo babas, prácticamente se tira en sus brazos-. ¡Harry! ¡Ten cuidado!

- No ve el peligro –observa James, sentándose frente a ella.

- Pues como su padre. Solo me faltaba en mi vida otro Potter en busca de problemas.

Lily acomoda a su hijo en su regazo y deja descubierto un pecho para alimentarle, que el bebé agarra con ansia. Esa noche solo le ha pedido el pecho una vez y tiene que estar hambriento.

- Venga ya –protesta James ante su ataque-. Además de ser un Potter problemático, es un Potter simpático. Y eso lo saca de mí.

- Es adorable –le corrige Lily, mirándolo con una tierna sonrisa y subiendo la mirada hasta su marido-. Y eso sí que lo ha sacado de mí.

- Touché –reconoce él, levantándose y llevando los platos y tazas al fregadero.

Lily se pierde en su bebé que, cuando come, no atiende a nada más. Verdaderamente es adorable, piensa. Y no, no es amor de madre. Está tan abstraída que no se ha percatado de que James ha acabado de fregar los cacharros y la abraza con cuidado por la espalda.

- A veces no me puedo creer que sea real –dice, mirando a su hijo por encima del hombro de su mujer.

Lily se reclina sobre él un poco. Esos íntimos momentos familiares le hacen olvidar que el mundo es un asco, que la guerra está peor cada día y que ellos mismos están en el punto de mira de su peor enemigo. En esos ratos, ella siente que solo están ellos tres en el mundo.

- Es real –asegura, mirando a Harry, que ha cerrado los ojos pero sigue comiendo con ansias. Después se gira hacia James-. Y solo podría ser real contigo.

Su marido la mira con una sonrisa. La misma que tendrá su hijo el día de mañana. Con apenas tres meses, ya sabe que será igual que su padre. Tiene su mismo pelo imposible, su idéntica sonrisa y los mismos hoyuelos en las mejillas al reírse. Aunque sus ojos cada vez son más verdes, como los de ella.

- Por cierto, señora Potter. Feliz aniversario –le dice James, tomándola delicadamente de la barbilla y besándola suavemente.

Y Lily le mira con una amplia sonrisa. Si le llegan a decir tres años antes que estarían ya casados y con un hijo, no lo habría creído. Pero la realidad, en ese sentido, es mejor que la imaginación.

- Por muchos aniversarios más, señor Potter –le desea, sintiéndose absolutamente feliz y devolviéndole otro tierno beso en la boca.


Harry ha llegado a este mundo para volverlo del revés. En el buen y en el mal sentido. Ambos lo tienen claro cuando se dan cuenta de que su casa lleva semanas sin estar medianamente limpia ni recogida. Lily está segura de que, si Petunia viera el estado de su casa, se espantaría. Afortunadamente, no espera en breves la visita de su hermana.

Cómo un niño que no sabe ni gatear puede tener tantos juguetes esparcidos por toda la casa es un misterio que desconocen. Y tampoco saben de dónde saca la energía y las fuerzas para tener siempre ganas de jugar, de que su padre le cargue y le dé volteretas en el aire y que su madre haga teatro, fingiéndose enfadada por sus travesuras.

Estar amenazados por el mago más oscuro de todos los tiempos les impide salir de casa. Y James y Lily, aunque algunas veces se desesperan y se deprimen, tratan de mirarlo por el lado positivo. Y es que disfrutan de su hijo como no lo hacen la mayoría de los padres.

Se pasan la mañana retozando con él en el salón, fingiendo caerse o darse golpes y lanzando chispas de colores con sus varitas. Eso le encanta a Harry. Es curioso con la magia desde que nació. Se nota que la lleva dentro.

El día es tranquilo e íntimo. Comen, ríen, echan la siesta y vuelven a jugar. Siempre juntos los tres. Apenas son conscientes de que las horas pasan hasta que, cuando comienza a atardecer, perciben que una sombra hace formas extrañas en la pared.

James se incorpora para mirar por la ventana, ya que nota que ésta viene de la calle.

- Vaya –dice sorprendido, mientras Lily se pone en pie, con Harry en brazos-. Había olvidado que era Halloween.

Su mujer se ríe por su despiste.

- Me has felicitado el aniversario nada más levantarte –le recuerda, revolviéndole el pelo.

- Sí, pero no recordaba que coincidiera con Halloween. El encierro me está volviendo loco.

Y Lily le acaricia la mejilla con ternura, al captar que, en medio de la broma, James está melancólico. A ambos les está costando mucho el encierro que les ha aconsejado Dumbledore, pero si es lo mejor para Harry no van a dudarlo.

- Me da rabia que el primer Halloween de Harry pase así –dice su marido, acercándose a la ventana para ver a los niños del pueblo pasar con sus disfraces, pidiendo caramelos-. Tenía tanta ilusión por disfrazarle…

Lily se acerca a él y le abraza por la cintura, con Harry entre ellos.

- En algún momento, la guerra tiene que terminar. Y habrá muchos Halloween por delante –augura.

James asiente, pensativo. Lily odia verle así. Sabe que se siente impotente por no poder proteger mejor a su familia pero no es algo que dependa de él, ni de ella, ni de una sola persona.

- Toma a Harry –le dice, entregándole al bebé-. Voy a hacer un poco de té.

Se dirige a la cocina mientras escucha a James señalarle a Harry los niños y niñas del vecindario y explicarle cómo van vestidos cada uno. Ella también se había imaginado el primer Halloween de su pequeño, al igual que su primer cumpleaños. Si la guerra no acaba pronto, también tendrán que cambiar planes para entonces…

De repente, unos fuertes golpes en la entrada le sobresaltan, haciendo que suelte la cafetera, que se estrella contra el suelo.

Llega a la entrada, varita en mano, antes que James, que se ha entretenido en dejar a Harry a salvo en su pequeño parque. Los dos apuntan a la puerta, que vuelve a ser aporreada con fuerza.

- ¡Familia! –grita la voz de Sirius Black al otro lado-. ¿No pensaríais celebrar el primer Halloween de mi ahijado sin su padrino, no?

Los dos se miran y sonríen a la vez. Es de locos haber pensado que Sirius les fallaría ese día, si podía escaparse de sus misiones con la Orden del Fénix. El día acaba de mejorar considerablemente.


Sirius no llega solo. Junto a él aparecen Peter y Marlene, que asegura haberse enterado de los planes por casualidad y haber querido unirse. Lily se exaspera en que ella y Sirius se empeñen en ocultar lo evidente.

Pero no tiene tiempo de protestar porque, en cuestión de minutos, han decorado por completo su salón y han revuelto a Harry lo suficiente como para que las esperanzas de Lily de que esa noche se duerma pronto sean en vano.

- ¡Tengo un disfraz para ti, enano! –anuncia Sirius con alegría, ante su alborotado ahijado, que tira del pelo a Peter y da patadas a James de los nervios.

- ¿Le has traído un disfraz? –James se emociona por ese hecho especialmente.

- ¡Por supuesto! ¿Por qué tipo de padrino me tomas? –protesta Sirius.

Lily sonríe encantada, al lado de Marlene. Una carcajada se escapa de su boca ante el horror de James por el disfraz escogido por su mejor amigo.

- ¿En serio, tío? ¿De calabaza?

- No es que sea muy original –apunta Peter, inseguro, mientras trata de quitarse las manos de Harry de encima.

- ¿Qué? –protesta Sirius-. ¡Es genial!

- Es cutre, colega. Mi hijo es más guay que todo eso.

La ofensa de Sirius es tan auténtica que Lily se adelanta, aguantándose la risa, para poner paz antes de que esos dos discutan a lo tonto.

- A mí me encanta –asegura, poniendo fin al debate-. Mi pequeña calabacita…

Toma a Harry en brazos y le enseña el gorro, que hace las veces de rabo de la baya. Harry lo toma con sus manos y lo lanza al otro lado de la habitación, entre risas.

- Mi pequeña calabacita –murmura James, pasándose la mano por la cara.

Y Sirius duda al escucharlo en voz alta.

- Pues igual sí que es poco varonil, ¿no?

Lily les mira entonces ofendida.


Por mucho que digan los hombres, el disfraz le queda genial a Harry. Es adorable verlo como una pequeña calabaza, tan naranja y regordete mientras agita brazos y piernas con diversión.

Aprovechando que los hombres se lo pasan de maravilla cuidando de él, Lily se escapa con Marlene a la cocina para tener un rato de tranquilidad.

- Os hemos invadido –se disculpa su amiga.

- En absoluto. Estábamos lamentando estar aquí, solos y encerrados. Sentíamos que no pudiéramos celebrar Halloween con Harry y justo parece que Sirius nos haya leído el pensamiento. No sé ni cómo agradecérselo. James llevaba días sin reírse tanto…

- No tienes que hacerlo –asegura Marlene-. Ya sabes que adora a James y que está loco por Harry. Le menciona constantemente. Estoy segura de que lamenta no poder venir a verlo más.

Lily compone una sonrisa triste.

- ¿Sabes por qué no ha venido Remus? –pregunta, sin poder evitar echar de menos a su amigo en el grupo.

Sabe que James también lo piensa pero que ya no lo menciona tanto en voz alta. No delante de Sirius. Algo ha pasado entre Remus y él que ha teñido su amistad de desconfianza. Marlene se encoge de hombros.

- Hace mucho que no sé nada de él. Está muy perdido con las misiones para Dumbledore y creo que se está aislando. Sé que a Sirius no le gusta mencionarlo.

- Llevo mucho tiempo sintiendo que le estamos perdiendo –se lamenta Lily-. Supongo que el hecho de que sus misiones sean constantemente con los licántropos y perciba la desigualdad entre ellos y los magos, no ayuda. Pero no sé cómo hacer para hacerle ver que su caso no es así y que él nos tiene a nosotros.

- Es difícil –concede Marlene que, de todas formas, nunca ha tenido mucha confianza con Remus-. Y esta guerra está generando más divisiones entre todos.

Lily asiente, tristemente, e inclina la cabeza sobre su taza de té.

- A veces siento que esto no va a acabar nunca…

Una lágrima rebelde se escapa por su mejilla y Marlene se levanta rápidamente, para sentarse a su lado y pasar un brazo por sus hombros.

- Vamos, Lily, tienes que ser fuerte. Sé que han sido muchas emociones para vosotros y que os sentís impotentes. Me consta que Frank y Alice también lo están pasando mal. Pero tenéis que ser pacientes y pensar que esto es por el bien de Harry. Y, por él, todo esto merece la pena.

La pelirroja asiente pesadamente con la cabeza, inspirando hondo y entrelazando los dedos sobre la taza de porcelana.

- Lo sé. Y, créeme, suelo tenerlo muy claro. Pero a veces es tan duro… ¿Y si se alarga mucho en el tiempo? ¿Qué tipo de infancia puede tener Harry, siempre encerrado en esta casa?

- Todo acabará antes –le anima Marlene-. Estoy segura.

- ¿Cómo están yendo las cosas? Sirius apenas nos cuenta nada del exterior, igual que Dumbledore. Y Remus ni siquiera ha vuelto desde el día en el que se acercó a conocer a Harry.

Marlene la mira, suspirando.

- No me mientas –le suplica Lily.

- No están bien –confiesa la rubia-. Pero conseguiremos darle la vuelta. Te lo prometo, Lily. No dejaremos que venzan.

- Me gustaría estar apoyándoos –le confiesa la pelirroja-. Aquí, encerrada, me siento tan inútil… Y sé que James se siente igual.

- Cuida bien a ese niño y eso nos ayudará –le asegura su amiga, ganándose una sonrisa.

Cuando Lily se repone, Marlene vuelve a su sitio para tratar de calentar con las manos el té, que se le ha quedado templado.

- Y, ¿cómo os va a vosotros? –pregunta Lily, dando un sorbo y tratando de cambiar de tema.

La rubia se encoge de hombros.

- Todo igual –asegura, sin dar detalles-. Mis padres os mandan saludos.

Lily la mira fijamente y después se asegura de que en el salón están muy ocupados, antes de inclinarse hacia ella.

- Marlene- le dice con tono más serio-. ¿Vamos a seguir fingiendo que no sé nada de lo que hay entre Sirius y tú?

La cosa lleva aproximadamente un año gestándose. Puede que no sea serio, eso lo reconoce, porque conoce a Sirius. Pero tienen algún tipo de relación. Él la menciona a menudo, como si pasaran tiempo juntos. Aunque no ofrece detalles. Es demasiado discreto sobre su vida privada. Y el hecho de que ella le haya acompañado a su casa dice mucho.

Marlene la mira insegura, su labio le tiembla un poco. Lily supone que son los nervios.

- Igual crees que tenemos algo más serio de lo que hay –le advierte.

La pelirroja se encoge de hombros.

- Yo no supongo nada, Marlene. Aquí somos todos adultos y tenemos las relaciones que queremos. Pero no me digas que no hay nada porque no te creeré. Sirius no le suelta prenda a James pero él le conoce mejor que nadie.

- Algo hay –le reconoce. Y Lily percibe que el tema la confunde y la agobia-. Pero, no sé… Nunca parece convertirse en serio. Yo ya sabía todo esto cuando empezamos… ya sabes, a tontear. Sirius no es de los que se comprometen. Y me pareció bien en su momento porque no quería nada serio con él. Merlín sabe que no es un chico para tomárselo muy en serio.

- Puede ser maduro cuando quiere –Lily se siente en la obligación de defender a su amigo.

- Sí, pero no con las chicas.

Y la pelirroja no puede refutar eso.

- El caso es… -Marlene se muerde el labio y suspira, mirándola con culpabilidad-. Por favor, no te enfades conmigo.

- ¿Por qué iba…?

- He conocido a alguien en el Ministerio. A un hombre –le confiesa Marlene, dejándola boquiabierta-. No ha pasado nada entre nosotros, te lo juro. Antes, se lo diría a Sirius. Aunque no creo que a él le importe, la verdad. Pero Jack es… No sé, más sencillo. Es serio, es mayor que nosotros, maduro, centrado… Y está muy interesado en mí.

- ¿Te gusta? –le pregunta Lily.

Marlene hace un gesto ambiguo.

- Es agradable. Y me estoy planteando darle una oportunidad. A fin de cuentas, Sirius jamás sentará la cabeza y, como aventura, ha estado bien pero no le veo futuro a esto…

Lily se siente algo desolada porque estaba convencida de que, si alguien conseguiría convencer a Sirius de madurar y tener una relación, esa sería Marlene. Ella le importa. Lo sabe, se lo nota. Pero Sirius tiene que superar muchos demonios para tratar de tener una relación de verdad; la mayoría de ellos procedentes de su propia familia y del tipo de relaciones que le han enseñado toda su vida.

Y quizá algo de competencia le ayude a reaccionar, quién sabe.

- No puedo juzgarte –asegura tras unos segundos de silencio-. Me encantaría tenerte de cuñada pero sé lo complicado que puede ser Sirius.

- A veces, creo que su atractivo no siempre compensa lo demás –le reconoce Marlene, haciéndola sonreír.

- Aunque me gustaría que, si se lo cuentas, reaccione luchando por ti. No sabría decirte si está enamorado pero tú eres importante para él. Lo sé.

- A mí también me gustaría eso –reconoce Marlene, con un suspiro-. Pero no soy tan ingenua. Y no me parece justo darle una oportunidad a Jack si, por dentro, sigo esperando que Sirius aparezca con su moto bajo mi ventana. No es justo.

Lily asiente con la cabeza. A veces, el amor es demasiado complicado. Y ella no tiene más que agradecer que su marido sea un hombre normal. Normal y enamorado.


En el salón, James hace bailar a Harry, que ya ha perdido el gorro de su disfraz. Sirius, varita en mano, hace volar una calavera y la hace bailar al son que James, provocando que el bebé se parta de risa.

- ¿No se asusta con nada? –pregunta Peter, alucinado con que ese niño no llore nunca cuando la mayoría se mostrarían temerosos de calaveras andantes.

- ¡Claro que no! –presume James, hinchado de orgullo-. ¡Es mi hijo, todo un Gryffindor!

Sirius agita la varita y hace que la calavera le pegue una colleja a James.

- Menos cuentos, Jimmy. Todo lo bueno que ha sacado mi ahijado es herencia de su madre.

- ¿Cómo…? –James finge ofenderse y le ofrece a Harry a Peter-. Colagusano, agárrame a Harry. Voy a darle una buena lección a Canuto.

- Eh… no. Prefiero no cogerlo –asegura Peter, echándose hacia atrás, con los brazos en alto.

Sirius se adelanta y le arrebata al bebé, que le sonríe ampliamente con pompas de saliva en los labios.

- Colega, tú y yo vamos a ser grandes amigos cuando crezcas –le asegura, mirándole atentamente-. Te enseñaré a ligar. Alguien tiene que hacerlo porque, entre tú y yo, tu padre no tiene ni idea.

- Te recuerdo que me llevé a la chica más guapa de Hogwarts –apunta James recogiendo el gorro del traje y volviendo a colocárselo a su hijo.

Éste le dura puesto apenas unos segundos, hasta que Harry nota que tiene algo en la cabeza y se lo arranca, enviándolo lejos.

- Eso es porque nunca lo intenté con Lily, Cornamenta. Ya sabes que no eres rival para mí.

Sin que su mejor amigo lo vea venir, James agita la varita y le envía una descarga eléctrica justo en el culo, haciéndolo pegar un salto.

- Además, ¿quién más va a enseñarle a ligar? –prosigue Sirius, mirándole con censura-. ¿Colagusano?

Él y James se echan a reír mientras Peter les mira ofendido.

- Qué raro, Canuto, tú humillándome…

El tono de censura en su protesta es evidente. Pero Sirius le resta importancia con una mano.

- Es una broma, tío.

Y vuelve su atención a Harry, haciéndolo volar por toda la habitación mientras James echa chispas con la varita que ellos deben perseguir. Ninguno capta que Peter les lanza una mirada resentida y llena de una envidia que ni se han llegado a imaginar.

- Por cierto, Sirius -dice James, poniéndose más serio-. Vuelve mañana, si puedes. Hay una cosa que quiero comentarte.


Cuando se quedan solos, Harry ya ha caído rendido. Sirius ha conseguido agotarlo por completo y Lily está segura de que dormirá unas cuantas horas antes de despertarse esa noche.

James y ella están sentados en el sofá, uno junto al otro, mirando el desorden y las decoraciones que siguen en pie.

- No tengo fuerzas ni para levantar la varita y arreglar esto –le confiesa ella a su marido, apoyando la cabeza en su hombro.

James se echa a reír.

- ¿Sabes lo que remataría este día? –le pregunta, besándola la cabeza.

Lily se gira hacia él, curiosa y su marido le da otro beso en la punta de la nariz.

- Un baño calentito –confiesa él.

Ella le ofrece una sonrisa perezosa y se arrulla entre sus brazos, besándole suavemente el cuello.

- Deberíamos aprovechar para descansar ahora que Harry está dormido.

Lo dice en serio pero también con un tono que indica que no va a ocurrir porque los dos prefieren hacer otras cosas. James la mira con una sonrisa pícara.

- Te advierto que mi propuesta viene con un masaje incluido.

Y ella se ríe en voz baja.

- ¡Qué chollo de marido tengo! Si es que eres tan dedicado –se alegra, abrazándose a él.

James la mira con picardía.

- No creas, yo también gano con esto. Una preciosa mujer desnuda en la bañera, que me deja tocarla donde me apetezca y que acabará dispuesta a devolverme el favor. ¿Qué idiota rehusaría una oportunidad así?

Lily se ríe, golpeándole en el hombro juguetonamente. James se inclina sobre ella, besándola y tumbándola en el sofá antes de ponerse en pie con ella en brazos.

- Tú recoges aquí y yo preparo la bañera y subo al enano a su cuna –propone, echando a correr antes de que Lily pueda protestar.

Ella abre los ojos, sorprendida por su jeta.

- ¡James! –protesta, al comprender que él ha conseguido que a ella le toque recoger todo sola.

Pero la risa de él baja ya por las escaleras.

Ella bufa y, rindiéndose, agita la varita para conseguir que la habitación quede como antes. No es experta en hechizos de limpieza pero, al menos, el salón vuelve a quedar presentable. Al nivel de ella, no al maniático de Petunia.

Con una sonrisa resignada, apaga las luces y se dirige al segundo piso. Le espera un baño muy prometedor y un marido muy dispuesto a complacerla antes de que su pequeña calabacita reclame sus atenciones de nuevo. Aunque monótona y agotadora, su vida sigue mereciendo la pena mientras están ocultos de todos en su pequeño e íntimo mundo.


Quiero a James de marido. Eso o nada, decidido jajaja

Aquí he querido plasmar un día rutinario en su vida encerrados. Es muy confuso el canon sobre cuándo se produjo el encantamiento Fidelio porque, en el 'Prisionero de Azkaban', Fudge dijo que había sido una semana antes del asesinato de James y Lily. Pero más cosas que se han sabido lo rebaten, ya que luego Rowling nos muestra que ellos estuvieron ocultos desde el momento en el que nació Harry por precaución.

Supongo que también se escondieron Frank y Alice, ya que su hijo también estaba en el punto de mira. Pero la carta que Lily le envió a Sirius tras el primer cumpleaños de Harry muestra que ellos ya llevaban una temporada encerrados y que James se sentía claustrofóbico al no tener, ni siquiera, su capa para poder escapar porque se la había prestado a Dumbledore.

Además, el hecho de que Dumbledore no dudara de que Sirius era el culpable supone, para la mayoría, que él hizo el hechizo con Sirius como guardián y luego ellos hicieron otro con Peter. Eso es lo que he dejado caer que James quiere comentarle a Sirius.

He lamentado no tener a Remus en el capítulo pero, una vez más, es la muestra de que está aislado de sus amigos. Marlene ya deja caer que, entre Sirius y él, se ha generado una gran desconfianza. Me imagino que se separó mucho de su grupo, ya hemos visto que es lo que tiende a hacer cuando se siente avergonzado, culpable o acorralado.

Y Marlene y Sirius es mi aportación libre al fic, como ya dije. No me le imagino realmente teniendo una relación seria si me atengo al canon, así que la relación de ellos es… complicada… En el próxima capítulo os contaré cómo terminó pero seguro que algo podéis imaginar.

Contadme qué os parece este capítulo. Nos leemos pronto.

¡Un besazo!