Todos los personajes son propiedad de Sunrise.

Purpura, brillas

-No creo que sea una buena idea- Murmuró la morena, reculando hacia atrás nuevamente, la castaña tiró de su brazo derecho, esbozando un ligero puchero para motivarla.

-Natsuki, es la quinta vez que intentas desistir- Rezongó, intentando convencerla a través de la pena. La mirada inquieta de su mujer la hizo decidir cambiar de táctica –Oh… ara, ara, ¿Tal vez es que no quieres bailar conmigo?- Inquirió, soltando levemente su agarre y bajando la cara hacia el suelo, completando así su actuación y logrando evitar, además, que la ojiverde viera su sonrisa triunfante. Natsuki sintió que la castaña le perforaba el corazón, murmuró un par de maldiciones más antes de tomarle la mano con fuerza y seguir recorriendo el camino hacia su horrible perdición, su destino cruel, su desastre definitivo, el caos absoluto, esa maldita escuela de baile que Shizuru había visto pocos días atrás. Maldijo en silencio a los estúpidos que cerraban las calles para arreglarlas, de no haber sido por el imbécil que reclamó por el pequeño bache de la calle no habría tenido que virar de improviso en la esquina, cambiando el trayecto usual que tomaba para volver a casa. Y, de no haber sido por esa desviación, Shizuru no habría visto desde el asiento trasero la famosa escuela de baile, por tanto, sumó la morena pateando desganada una piedrecilla hacia la calle, no habría insistido la semana completa en que fueran a probar.

Lo asumía, la idea la aterraba. Prefería darse a puñetazos contra todo el bar de borrachos que poner un solo pie en ese lugar. Natsuki sintió pánico ante la insistencia de su esposa, al principio fue solo nombrarlo, pero, día tras día, hora tras hora, Shizuru asentó las bases de la idea en su cabeza y, una vez ahí, era imposible moverla de su posición. La morena sintió el tirón en la mano que la guiaba, incluso llegó a considerar la huelga de sexo. Pero, recordó ruborizándose y bajando la vista sin notarlo, la castaña podía ser muy persistente, mucho más persistente que su fuerza de voluntad, cuando tenía una noche libre y un frasco de mayonesa. Las luces juguetearon en el asfalto seco, la estación de primavera le agradaba bastante a la morena, podía usar cosas que le acomodaran sin cubrirse en exceso, pero tampoco sin sentir la necesidad de desnudarse completamente como sucedía en verano. Shizuru bromeaba con eso, la morena se ruborizó nuevamente, hundiendo la cabeza entre los hombros, Shizuru amaba bromear con eso. Observó a la castaña delante de ella, caminando livianamente, con un porte que dejaba emanar su toque de dignidad y elegancia. Sonrió, tenía un porte aristócrata. Pocas personas adivinarían a la pervertida que se escondía tras esos ojos rojos cálidos. La sonrisa se ensanchó, pensando que harían los subordinados de la mujer si esta rogara en frente a ellos que fuera verano siempre, para que su Natsuki pudiera andar desnuda siempre. Las luces verdes de neón la sacaron de sus pensamientos. La mujer Fujino apretó su mano nuevamente, con una sonrisa pícara en los labios.

-Llegamos- Tarareó, ante la turbación de la morena, que solo atinó a murmurar algún gruñido. Shizuru sonrió y empujó la puerta de vidrio suavemente. Natsuki escaneó el lugar mientras se quitaban los zapatos y anunciaban su llegada. No había puesto atención a lo que le comentaba su pareja sobre el lugar y en su mente solo flotaba vagamente la noción de una academia de baile a pocas cuadras de su departamento. Un escalofrío le recorrió el cuerpo, estaba mal, muy mal, se dijo al notar que la academia no solo era una academia de baile, sino que era una academia de bailes latinos. Sudó frío mientras se acercaban al mostrador, donde una joven mujer les sonreía mientras le explicaba a Shizuru los programas de las lecciones, los horarios y toda la información que la castaña pudiera desear. Natsuki tamborileó los dedos, nerviosa, una imagen de ella intentando seguir el ritmo a música muy movida con una canasta de frutas en la cabeza inundaba su cerebro. La fruta era para comerla, no para ponerla en su cabeza. Estaba mal, muy mal. Debía huir, a como diera lugar.

-Ara, me parece que este nos acomoda- Comentó su mujer, poniéndole un papel bajo las narices, cortando así con su escape mal disimulado. La ojiverde fulminó con la mirada a su pareja, pero esta se mantuvo impasible sonriendo, manteniendo el control de la situación. El dichoso papel promocionaba una noción básica de los principales bailes latinos que debían conocer como la Salsa, el Merengue y el Tango. –El horario nos queda muy bien- Insistió, Natsuki solo dejo caer los hombros, asintiendo, no podía luchar contra ella. Shizuru sonrió, victoriosa y las inscribió a ambas para la siguiente clase. La siguiente maldita clase que sería en una hora más. La mujer tras el mesón observó el aspecto algo descuidado de la peliazul. Unas botas pesadas junto a unos pantalones holgados y una sudadera no era seguramente el mejor aspecto para ponerse a bailar, mucho menos el que se esperaría encontrar en una academia de baile, pensó, mientras asesinaba con la vista a la descarada secretaria. -¿Vamos?, tenemos tiempo antes de que empiece la clase para que te cambies…- Sonrió Shizuru, tomando posesivamente su muñeca y arrastrándola hacia la calle.

-¡Debiste esperar a otro día!- Reclamó la joven Kuga, en cuanto estuvieron lejos de los indiscretos oídos de la mujer.

-Ara, ¿Otro día habrías aceptado de buen grado?- Inquirió la ojirubí, levantando una ceja. –No lo creo…- Camino hacia su casa, dejándola atrás con largas zancadas. Natsuki la alcanzó rápidamente, resoplando. Seguramente Shizuru estaba molesta por el escaneo gratuito que le había dado la secretaria. Bufó por lo bajo, situándose a su lado pero sin tomarle la mano, no podía estar al pendiente de cada persona que la mirara. A paso rápido y silencioso llegaron al edificio. Su departamento, pequeño pero acogedor, las recibió con la calidez de siempre, recordándoles inevitablemente su vida juntas. La castaña suspiró y dejó las llaves sobre la mesa cercana a la puerta, Natsuki la siguió en la rutina y se dirigió a la cocina, para poner algo de agua a calentar. No había caso, pensaron ambas al mismo tiempo, no podían enojarse por mucho tiempo, no cuando se encontraban de frente con todo lo que habían construido juntas.


-Entonces… ¿Este es el último?- Más imploró que preguntó la peliazul. La clase, para ella, había resultado en un completo desastre, sus pies, hábiles en las artes marciales, en la conducción y en el sigilo, resultaron inútiles para descifrar unos simples y básicos pasos de baile. Se encontraba aliviada de que no le hubieran puesto una canasta de frutas en la cabeza, pero el color rojo ya se había estacionado en sus mejillas debido a error tras error que cometía. Shizuru sonreía, una gran sonrisa dividida entre la ternura y la picardía. La castaña dominaba a la perfección sus pies, y los pasos de baile habían resultado un dulce juego de niños que conquistaba con la gracia y la experiencia de una bailarina. Gracias a ella, la peliazul había logrado llegar al final de la clase sin estrangular al profesor o lanzar la radio por la ventana. Ahora, ante ella, su pobre mujer le rogaba que terminaran luego con esa tortura china especialmente diseñada para ella. Con cierta malicia negó levemente.

-Solo queda la última práctica de tango- Respondió. Casi pudo ver como la morena caía al suelo derrotada. Pero la mujer se sostuvo firme, esperando el fin de toda esa locura. Shizuru sonrió y le tomó la mano, llevándola a su esquina en el gran salón de baile mientras el instructor se dedicaba a corregir a una pareja cercana. –Solo sígueme a mí…- Susurró, tomando sus manos y pegándose a ella sin temor alguno. Natsuki tragó duro al sentir el cuerpo de la castaña cubriéndola, pero se mantuvo firme, asiendo sus manos y asintiendo para indicar que estaba lista. La música sonaba suavemente atrás, acompañando a quienes practicaban sus primeros pasos torpemente. La joven Fujino sonrió y, antes de que su pareja pudiera siquiera notarlo, la impulsó al centro de la pista, guiándola con pasos rápidos y certeros, envolviendo con su cuerpo y su energía a la morena descolocada por completo de la situación. Fue un remolino de emociones, olores y colores. Pronto Natsuki se encontró en el centro de la gran masa de actividad y magnetismo que era Shizuru bailando alrededor de ella, con ella, llevándola a ella hacia la pasión que dejaba traslucir la envasada música de la radio. No supo cómo, ni cuando, pero pronto sus piernas envolvieron su cintura, guiándola en giros erráticos para ella, exigiéndole a su cuerpo el poder y la fuerza para sostenerla entre los brazos. De pronto, Natsuki comprendió, eso no era más de lo que hacia todos los días, vivir junto a la castaña y sobrevivir agriosa a la bola de energía y acción que ella significaba. Escuchó lejana la música, acompasando ya los tones finales. Shizuru se impulsó levemente y la guió para el salto final, tras el cual debería dejarla en el suelo con gracia y terminar de una vez por todas esa larga lección. Sin embargo, la morena tomó en brazos a la castaña y la abrazó fuertemente, sintiendo su corazón latir descompasado y acariciando cada segundo del momento. La música estaba bien, el baile estaba bien, pero nada se comparaba a sentir a la joven Fujino entre sus brazos, tibia y viva, riendo, bailando, amando. Shizuru se sorprendió ante el inesperado final, pero correspondió el abrazo, enterrando su nariz en el cuello oculto de la peliazul y sonriendo por el giro en los acontecimientos. Ahí estaban ahora, guiadas por la música y el baile hacia ellas. Era imposible no terminar en eso cuando ambas estaban enamoradas.

-Natsuki… podríamos hacer esto más seguido, ¿No crees?- Inquirió la castaña, olvidando por completo a quienes las observaban contrariados.

-Olvídalo- Respondió la morena, sonriendo y jurándose nunca más pisar ese horrible salón de baile.

NdA: ¿Tango?, ¿Por qué tango?, no tengo idea, no sé bailarlo, sin embargo me gusta mucho tanto la música como el baile... en fin, aquí otro capítulo de esta serie (mucho menos oscuro y violento, dios, creo que ya puedo separar lo que quiero escribir xD), como ya saben, les agradezco que lean y espero lo disfruten, hasta la próxima actualización. Casi lo olvido, debo admitir que no sé casi nada sobre bailes, por lo que preferí omitir cualquier tecnica o cosa por el estilo, por lo que si hay algún error en la descripción del baile, es mi culpa por ignorante.