*Disclaimer: Los personajes de Inuyasha son propiedad de Rumiko Takahashi, únicamente me pertenece la historia.


Dolor, solo eso podía sentir. Las ganas de llorar denotaban en mis ojos aguantando las lágrimas. No quería pestañear, sentirlas sobre mi mejilla solo probaba que era débil. Verlos juntos no fue la mejor opción y el que hayan venido tampoco lo era. El paso del tiempo me había cambiado, ya no era misma y lo sabía pero había partes de mi ser que siguen aferradas al pasado. Cosas que quizás jamás podría cambiar.

Por fin podía entenderlo, la sensación de debilidad no era linda. Entendía a Inuyasha cuando quería seguir a pesar de ya no poder más. El peso decayendo sobre mis hombros, la responsabilidad de toda una aldea y yo sin saber que hacer de mi vida. ¡PARA YA! No tenía que llorar. Bruscamente me seque las lágrimas.

-Ni siquiera paso un día desde que ustedes están aquí y ya trajeron problemas a la aldea-hable duramente en voz alta mientras preparaba una flecha en el arco para disparar a los insectos de Naraku.

-Deberías ser más cortes, después de todo nosotros te ayudamos- Vete Sango. Ya no hables más.

-Su entrada solo provoco destrucción por un ser que, según yo, los persigue y no precisamente para ser amables con ustedes-seguí disparando mientras hablaba. Mi corazón latía con fuerza en mi pecho cuando lo vi venir saltando entre los árboles y luego corriendo.

-¡Entonces vete y deje que nosotros solucionemos nuestros problemas!

-¡NO PUEDO HACERLO SI ESO INVOLUCRA A LO QUE DEBO CUIDAR!-con una fuerza más allá de lo normal, para mí, tense la cuerda del arco provocando que esta se rompa, mi brazo presento un dolor aún más punzante, la sangre seguía saliendo sin control alguno manchando mi ropa. Mire a los lados buscando algún arma pero no había nada, la nieve se había encargado de cubrir todo. Mi visión se iba distorsionando y agradecía internamente el conocer perfectamente este lugar.

-Acá tienes- una voz de niño hablo, no lo había sentido, esto estaba muy mal. Baje la mirada y me encontré a Shippo tendiéndome la espada. Lo observe como si fuera la primera vez que lo hacía: ojos color verde esmeraldas que irradiaban inocencia, tan pequeño y frágil que sentía la necesidad de protegerlo de todo, un pasado tan cruel para un niño como el, la comisura de su labio tirando de un costado mostrando una sonrisa. Shippo demostraba que no todos los demonios eran malos, que podían ser como los humanos, que sentían y sufrían igual que nosotros.

-Gracias…- deje la frase a medio decir disimulando que no me acordaba de su nombre, me senté de cuclillas haciendo peso en mis ante píes y con el brazo izquierdo tome el arma que él me tendía.

-Shippo, ese es mi nombre. Hikaru me dijo que traiga esto- una sonrisa apareció en su rostro mostrando sus pequeños colmillos y cerrando los ojos.

-Shippo- susurre suavemente apreciando cada letra de su nombre. Tanto sin poder decirlo. Le sonreí de vuelta y mire a los demás. Inuyasha, que se encontraba al lado de Sango, estaban boquiabiertos mirando sorprendidos a Shippo.

-¡Oye enano!-llamo Inuyasha Shippo. Él lo miro intrigado- ¿Con que te gusta la sacerdotisa? ¿No?-una sonrisa pícara apareció en sus labios, camino cerca de Shippo y mío, y se sentó al igual que yo, ubico su mano en la cabeza de él y empezó a sacudirla, despeinándolo. El rostro de Shippo estaba completamente colorado así que decidí salir en su ayuda.

-Ya déjalo en paz Inuyasha. Aba...-mi respiración se atascó en mi garganta, el nerviosismo se hizo presente. Empecé a titubear palabras sin sentido. Inuyasha frunció el sueño, su rostro lo decía todo, me había descubierto.

-¡ABAJO!-grito Shippo al tiempo que ubicaba sus manos en mi cabeza y la de Inuyasha tirándonos al suelo. Un estruendo se escuchó, levante la cabeza y vi una especie de cadena con una cuchilla (Hoz) golpear abruptamente una cabaña destruyendo la madera de inmediato. Lo mire intrigada, de algún lado la conocía, la había visto… ¡KOHAKU!

Me levante en cuando la cadena desapareció de mi vista. Mi brazo reclamaba ser curado cuando antes, no podía seguir así pero no podía dejarlos solos en su pelea. Logre divisar a Kikyo caminando apresuradamente al lado de Sango que miraba impactada a una figura distorsionada por la oscuridad y la nieve escondida en el cielo.

-K-ko-haku-su voz temblorosa se hizo presente. La tensión se sentía en el aire. De una gran pluma bajo Kohaku y Kagura. Esta última sonrió cínicamente demostrando estar satisfecha con la situación.

-Tanto tiempo Inuyasha- hablo Kagura mientras agitaba su abanico y gritaba al aire-¡DANZA DE LAS CUCHILLAS!-gire sobre mi misma y alce a Shippo de un brazo y lo abrace a mí previniendo que le hicieran algo. Fue un acto casi involuntario. Espere el impacto pero este jamás llego y al girar mi rostro pude ver a Inuyasha que había desvainado su espada, desviando el ataque. El me miro. Yo lo mire. Parecía tan irreal. Tan lejano pero a la vez tan cerca. Pensé que lo había olvidado pero ese sueño se alejaba y sus ojos me hipnotizaban atrapándome en aquella mirada tan decidida y alegre color miel. El odio que alguna vez creí sentir por él se disipo. Cualquiera que observara su mirada gélida y aspecto de demonio huiría despavorido, pero solo pocas personas conocían al verdadero Inuyasha… y yo era una de ella. Casi de inmediato al darse cuenta de la situación se giró hacia su oponente, pude divisar, por un breve momento, sus mejillas teñirse de un tono carmín. Tan lindo.

Volví en si cuando escuche un estruendo, seguido de un grito femenino. Solté a Shippo suavemente en el suelo.

-Ve con Hikaru y escóndanse- el solo asintió, se convirtió en una gran esfera rosada y voló lejos. Mi ropa no era mi mejor armadura pero no había tiempo, debía continuar peleando.

Gire apresuradamente y vi a Sango tirada boca arriba con los brazos a sus costados y a su Hiraikotsu lejos de ella. Un rastro de sangre se asomaba desde su estómago. Asustada corrí hacia ella agachándome para observar mejor su herida. El veneno estaba haciendo estragos en ella, su respiración acelerada y su rostros denotando de dolor era suficiente para darme cuenta de la situación, además de que lo sentía. Estire mis manos sobre su vientre pero sin llegar a tocarla y mi poder espiritual se encargó de hacer el resto. No esperaba gastar tanto poder espiritual para poder purificarla, la energía se me iba agotando. El sonido de las fechas siendo lanzadas llego a mi oído. Kikyo. Diversos estruendos y gritos de enojo y frustración. Inuyasha.

Me sentía adolorida una vez que termine. Poco a poco Sango fue abriendo sus ojos, ni siquiera espere a que se levantara cuando me pare y corrí a Kohaku que quería atacar a Kikyo. Sabía que la sacerdotisa podía llegar a ser una persona fría, después de todo así fue educada. No pretendía que alguien dejara este mundo si yo podía evitarlo. Blandí mi espada justo en frente al hermano de Sango. Nos miramos desafiantes esperado a que uno diera el primer paso y así fue. El me lanzo su arma queriendo lastimarme pero con la espada la lance lejos aún así la condena seguía en su mano. Corrí hacia el antes que tuviera control completo de ella.

Golpee la cadena con la mano y soltó la cuchilla. Estaba desarmado, sonreí interiormente. Apoye mi espada en su pecho tratando de intimidarlo y lo hice retroceder alejados de los demás. Algunos demonios habían aparecido y Kikyo se encargaba de destruirlos. Inuyasha peleaba con Kagura y Sango seguía herida.

-No tienes que hacer esto Kohaku. Piensa en tu hermana, en todo lo que le debes. Debes vivir para ti y para ella. No eres un juguete de Naraku. Deja que purifique tu fragmento- sus ojos cambiaron abruptamente, dejaron de ser negros y solo así supe que era él. Kohaku estaba de vuelta. Deje caer la espada y me arrodille frente a él, sin siquiera dudarlo el hizo lo mismo y se acercó a mí.

-¿Señorita Kagome?- retire la tela que cubría gran parte de mi rostro y sonreí. Me abrazo y deje que lo hiciera.-Naraku está convencido de que usted está con vida, pero se ocultó tan bien que empezó a dudar de si estaba en lo cierto o no-empezó a hablar aun en el abrazo.

-Shh… eso no importa ahora, debo purificar tu fragmento. Date la vuelta- y así lo hizo, ubique mis manos juntas en su cuello, donde se encontraba parte de la perla de Shikon dándole la vida. Una luz violácea salió y comenzó el proceso.

-¿C-cómo sobrevivió?-hablo el joven exterminador.

-Un sacerdote se encargó de cuidarme-le respondí.

-¿Los demás saben que esta con vida?- Cerré mis puños, el poder dejo de fluir pero inmediatamente las abrí.

-Nadie lo sabe excepto tú, no debes contárselo a nadie por favor.

-Por mi parte nadie lo sabrá- prometió.

-Gracias Kohaku- en cuanto dije eso, él se volteo apresuradamente, una cuchilla escondida en su manga salió disparada directo a mi herida del brazo. Grite mientras lo mirada anonadada.

-Si llegase a cortar una vez más en el otro brazo, ya no podrás usar la espada.

-¡SACERDOTISA YUMIKO!-se escuchó la voz de Shippo. El exterminador de ojos completamente negro sonrió malévolamente

-No te atrevas Kohaku- mi voz salió dura y entrecortada. El me miro por última vez y corrió perdiéndose entre los árboles. Tome el trapo que se encontraba tirado en el suelo pero no tenía tiempo para cubrirme. Shippo estaba en peligro.

Kohaku al ser solo un niño corría más lento que yo así que logre divisarlo fácilmente. Su cadena junto con la cuchilla en una mano amenazando al chico que se encontraba frente a él. ¡No Shippo!

-¡NO TE ATREVAS KOHAKU!-grite aún más fuerte que anteriormente. Corrí hacia el empujándolo al suelo antes de que lastimara a Shippo. Estaba completamente indefenso, mi espada apuntando directo a su cuello. Mis piernas se encontraban a cada lado de su cuerpo, el cual estaba tendido inerte con la espalda en el piso esperando mis movimientos. Mis manos temblaban por dos cosas: parte de mi peso estaba concentraba en mi brazo lastimado ubicado al lado de su cuello y otra porque… no podía matarlo. Simplemente no podía. Sabía por lo que Kohaku sufría, él no tenía la culpa.

-K-Kagom-me-Shippo. Me había olvidado por completo de él. Las lágrimas brotaban de mis ojos libremente. Él me estaba viendo en mi estado más vulnerable.

-Y-yo..y-o lo s-sien-to por todo Shippo-mi voz apenas audible, las ganas de escapar era grandes. Sentía mi corazón latiendo apresuradamente. Sus ojos esmeraldas me hacían sentir culpable, por todo. La cabeza me dolía y el valor se escapó de mis manos. Llore como una niña, llore por mí, por él, por Inuyasha, Sango y Miroku. Llore por mi mamá, mi abuelo y Sota. La carga en mis hombros aumento, alguien más sabia mi secreto. De pronto me vi empujada hacia el suelo y Kohaku escapo. No pude meterlo y no quería hacerlo.

Me quede sentada en suelo con mis ropas ensuciándose de tierra. Lleve mis rodillas a mi pecho y las abrace. Quería que todo sea un mal sueño y mi madre me levantara sonriente para ir a la escuela. Quería jugar con Sota y escuchar las historias del abuelo. Necesitaba saber que alguien me quería después de lo hice, aunque no mate a nadie, estaba segura que casi lo hacía. No podría vivir así.

Sentí un par de pequeñas manos agarrar las mías y separarlas. Mire hacia adelante y su sonrisa inocente estaba ahí. ¿Me perdonaba? Pero no necesite respuesta, su abrazo lo significo todo. Me brindo todo lo que necesitaba. Envolví mis brazos alrededor de él correspondiéndole.

-No tuviste la culpa Kagome-sus palabras me tranquilizaron y deje de sollozar. Todo estaba bien.

-Lo siento Shippo.- hizo presión en su abrazo y supe que alguien me había perdonado. Nos quedamos así por un largo rato pero decidí romper el maravilloso momento aunque no quería hacerlo.-Debemos ir con los demás.- demande mientras me separaba de él.

-Tengo tanto para preguntarte Kagome… ¡¿Cómo es que sobreviviste?! ¡¿Por qué no nos buscaste?! …-siguió parloteando mientras daba vueltas sobre sí mismo enumerando con sus manos.

-Ahora no hay tiempo para contestarte. Tenemos que ayudar a los demás-le dije mientras volvía a ponerme la tela cubriendo mi rostro.

-¡SI! ¡TENEMOS QUE IR A CONTARLES A LOS DEMAS QUE ESTAS VIVA! ¡ESTARAN CONTENTISIMOS!-grito lleno de felicidad mirándome mientras yo me levantaba del suelo.

-Shippo… ¡No! No puedes.-hable firmemente.

-¿Qué? ¿Por qué?-su era pura tristeza.

-N-no podemos decírselo a nadie porque…-mi mente buscando alguna excusa-quiero ser yo la que se los digas. ¡Sí! ¡Eso! Tengo mucho que hacer todavía y no puedo dejar la aldea. Hay mucha gente que me necesita y yo necesito tiempo.

-¡Pero nosotros también te necesitamos!-por primera vez vi a Shippo enojado conmigo.

-Ustedes tienen a Kikyo… y a mí me necesitan aquí-

-Nos haces mucha falta Kagome-de sus ojos caían gruesas lágrimas.-Tienes que seguir con nosotros. Por favor. Sé que todavía no perdonas al tonto de Inuyasha pero…-

-¡NO ME IRE SHIPPO! ¡NO LO HARE!-mi enojo aumento considerablemente. El me miro indignado de que le haya gritado así y huyo sin siquiera dudarlo. No lo seguí. No podía irme de aquí. Aquí estaba lo que necesitaba.

Camine de vuelta a donde había dejado a Sango. No entendía como podía caminar sin tambalearme por la cantidad de sangre que había perdido. Pero hable demasiado pronto, mi vista se distorsiono, un ligero mareo que invadió, sentía al suelo moviéndose debajo de mí. Todo me daba vueltas. ¿Dónde estoy? Mi brazo lastimado se encontraba entumecido. Lograba sentir algo, una presencia cerca pero ¿De qué?

-¡GARRAS DE ACERO!-una voz profunda llego a mis oídos. ¿Inuyasha? ¿Qué hacía…? ¿Qué había pasado? –Deberías tener más cuidado. Casi te matan.-Abrí mis ojos abruptamente. ¿Cómo no me di cuenta? Mis ojos enfocaron mejor el frente. Miles de demonios dispuestos a asesinarnos acercándose peligrosamente. Sostuve mi espada dispuesta a pelear.

-¿Te vas a quedar ahí observando patéticamente o vas a pelear?- hable.

-Por lo menos dame las gracias por haberte salvado-contesto.

-Yo no te he pedido que me salvaras-

-Eres una malagradecida-

-Y tu un idiota-

-Testaruda-

-Tonto-

-Terca- seguimos peleando por un rato más hasta que escuche como alguien hacia una tos fingida.

-Ya basta chicos, dejen de pelear, sean como Sango y yo- dijo posando sus manos debajo de su espalda. Habían vuelto, a pesar de estar heridos ellos daban y eran capaces de todo por Inuyasha. En sus ojos se notaba el cansancio

-¡Monje libidinoso!- grito Sango golpeándolo en su cabeza con su Hiraikotsu. Kirara hizo acto de presencia posicionándose a su lado.

-Perdóname Sango, es culpa de mi maldición- sosteniendo su mano izquierda con la cual la había tocado, soltando su báculo.

-Excelencia, su maldición se encuentra en la otra mano-le contesto Sango con el ceño fruncido y la mandíbula tensa. Empecé a reír. No sabía dónde se encontraba Kikyo, la busque con la mirada y la encontré, estaba mirando hacia el cielo, sus ojos se encontraban entrecerrados desafiantes., había creado un campo de energía que rodeo toda la aldea pero sabía que esto sería solo temporal. Ella se empezaría a cansar. Los demonios no se acercaban, solo esperaban pacientes el cansancio de Kikyo para seguir la batalla. Parte de su rostro se encontraba cubierto por pequeñas gotas de sangre y rasguños. Poseía todo el pelo alborotado y tierra también sobre este y su cara. Apuesto a que yo lucia peor.

-Dejen de jugar y prepárense- ordene a Sango y Miroku, ellos callaron de inmediato y cada uno se preparó para batalla. El campo de energía se desvaneció. Unos fuertes ruidos como gruñidos aparecieron. Luchando como en los viejos tiempos con mis amigos. Moviendo mi mano cada vez que alguien se acerba con la espada la cual desprecia un color violáceo. Era el momento.


Bieeen, no me maten. Revise lo más que pude el capítulo pero estoy tan apurada que apenas tengo tiempo. Estoy cansada así que no se escribí algo mal pero espero que no, igual seguro que si. Es mi último año de colegio y apenas puedo actualizar pero como soy muy terca estoy empezando a trabajar con otra historia que en muy poco tiempo voy a publicar, también de Inuyasha.

miu39:Holaa aquí estoy de nuevo, sé que estuve desaparecida pero siempre tengo en cuenta tus comentarios. Esto es solo el inicio de la historia, todavía queda mucho mas. Si, alguien va a ver la cicatriz pero es un secretito mío que planeo contárselos luego. Sh sh. Sesshomaru si va a aparecer, solo es cuestión de tiempo. Besos

Fumie16: En el próximo capítulo narra Inuyasha y vamos a verlo sufrir un poco más. ¿Se lo merece? ¿No? Jajaja… muchas gracias por tu comentario, me anima a seguir. Entonces estas por terminar la escuela, me imagino… mucha suerte en todo lo que te propongas. Besos

aby2125:Holaaaaa… Poco a poco se irá descubriendo todo… Inuyasha en el fondo quiere a lo sabemos menos el *empieza a llorar* jajajjaa gracias por tu comentario… Besos

Riri-chan: Bienvenida, espero que te este gustandoo y que la disfrutes. Besos

¿Qué opinan de Shippo? Como verán no hubo mucho inuxkag pero bueno. Cabe aclarar que ya es mas Aome, si no Kagome a partir de ahora.

Comenten que opinan, enserio me anima a seguir. Es mucha responsabilidad del colegio pero aquí sigo porque amo escribir. Disfruten leer tanto como yo disfruto escribir.