Aunque no era un día tranquilo, la falta de misiones en Konoha había causado una baja importante en internos al hospital. Muchos de los ahora internados eran accidentes o resultado de enfermedades curables. Este era un resultado de la paz relativa entre las naciones: a menor conflictos, menor gente internada. Esto daba cierta oportunidad a los nuevos médicos, enfermeras y camilleros de convivir y aprender de los superiores, además de cierto tiempo libre. Era divertido ver que Ino incluso avanzaba con esa manía adquirida de maniobrar pinceles y plumas. No era adecuado, pero era entretenido. O al menos así lo veía ella.

Sakura recién había iniciado turno esa mañana. No había siquiera desayunado cuando el deber ya le había causado resquicios. Atender a los enfermos del hospital era relajante para ella, aunque siempre desearía haber desayunado antes de ver ciertos resultados de ciertas enfermedades. Los "gajes del oficio" ahora le parecían realmente una maldición. Tal vez por eso Ino había solicitado su lugar en recepción, aun cuando en verdaderas emergencias ejercía su labor de enfermera.

Terminando su ronda, Sakura se retiró a la tranquilidad de la sala de doctores, donde ya le esperaban algunos de sus compañeros que charlaban con una taza de café en manos.

–¡Ahh! Sakura. Estábamos esperando para hablar contigo.

–Mizaru, espero que no sean una de esas charlas que hemos tenido recientemente –Sakura se servía algo de café. Aunque no estaba cansada, esta bebida le había hecho surgir cierta adicción–. De verdad no quiero hablar de Sasuke por el momento.

–No, esta vez quería hablar de Naruto. Desde que se supo que ustedes dos eran las elegidas por el rubio para compartir una vida muchos se han preguntado si realmente esto ocurre. Compartir a un chico es como de locos.

–Naruto nunca ha sido realmente cuerdo del todo. Aunque supongo que yo tampoco. Es decir, acepté ser su esposa.

–¿Realmente aceptaste serlo? No recuerdo que te lo haya pedido.

–Bueno, formalmente no lo hizo, pero… es decir… Ambos llegaron al hospital, y yo estaba confundida…

–Ahórratelo cariño. Mizaru solo intenta saber si ya eres oficialmente la prometida de Naruto.

–Si… eso creo. Es decir, después de este tiempo hemos compartido los tres una vida más o menos decente.

–¿Han compartido todo? –Preguntó Mizaru con cierto aire picaresco en su mirada.

–Bueno… no todo. Tenemos reglas, verás. No podemos tener citas si no estamos los tres, para evitar los celos y así. Naruto prometió que no habría una tercera mujer, y supongo que conforme pase el tiempo…

–Tendrán sus momentos privados. Sabes, Naruto se ha puesto galante. Desde que se recortó esa melena alborotada se ve mejor. Se parece más a nuestro Cuarto Hokage. Y él era realmente un primor. Se ha vuelto un partido increíblemente valioso.

–Creo que estás demasiado atrevida el día de hoy.

En ese momento la charla se vio interrumpida. Tsunade entró algo apresurada, aunque firme.

–Sakura, necesito que estés lista. Ve a la plaza principal. Hay un ataque cardiaco en proceso.

–¡Si señora!

Sakura salió apresurada de la sala tomando de paso una bata blanca. Antes de salir por completo, le robó a Mizaru una rebanada de pan con mantequilla.

–¡Oyeme…!

–Tengo prisa, luego discutimos.

Sakura se dirigía a la salida, notando a Ino maniobrando el pincel. Tomó de cerca de recepción un maletín de primeros auxilios y se detuvo para calzarse.

–Emergencia, ¿Eh? –dijo Ino deteniéndose un momento–. Estaré esperando con un equipo de ser necesario.

Sakura se quitó el pan de la boca sin haber probado bocado y sin detenerse.

–¡Gracias, pero es un posible paro cardiaco!

–Entiendo.

Sakura salió corriendo topándose con un repartidor en la salida.

–Sakura…

–Luego charlamos, Makoto… nos vemos.

La plaza principal no era lejos del hospital, y no fue difícil localizar la emergencia. La gente se había reunido alrededor de una banca, marcando así el lugar donde una anciana respiraba con dificultad. Sakura se abrió paso hasta ella, iniciando con un poco de chacra de recuperación.

–¿Se encuentra bien?

–Mi niña, hacía mucho que no te veía.

–Señora, por favor escuche con atención. ¿Le duele algo?

–El pecho. Apenas puedo respirar.

–El brazo, este brazo –Sakura le tomó el brazo izquierdo–. ¿Siente algo en este brazo?

–No, la verdad es que no.

Skaura supo desde ese momento que no se trataba de un infarto. Quizás solo era el sol, o quizás algo más grave. Detrás de ella llegaron otros médicos, esta vez camilleros. Mientras Sakura le daba los primeros auxilios, ellos la preparaban para llevarla al hospital. Apenas se marcharon, Sakura se dio cuenta de algo: la señora había dejado un sobre amarillo en el asiento. Apenas lo revisó un poco, notó que tenía su nombre, su número de identificación y su rango shinobi. Al darle un vistazo más profundo, el interior parecía vacío salvo por un pequeño objeto que consideró interesante. Aunque no tuviera el permiso, ella abrió el sobre y encontró una pieza de un rompecabezas. Al tenerlo en sus manos se preguntó del motivo de su existencia. ¿Por qué estaba en un sobre con su nombre y datos secretos. Debía revisar esto con inteligencia shinobi? Al mirar la ficha esta se encontraba en blanco. Al revisar el adverso había una imagen dibujada por tal vez un niño menor de edad.

–Naruto.

El misterio se esclareció. Sin embargo había algo que le intrigaba. Aunque de mala calidad, se daba a entender. Era su casa, la de sus padres más bien dicho. Y señalado con un círculo estaba un retrato al lado de lo que parecía una cama. No era difícil, Naruto le indicaba que fuera a su casa y revisara el retrato del equipo 7, o al menos esto parecía ser el caso. Solo había un problema.

–Supongo que no recuerda que mis cosas están ahora en su casa. Pobre iluso.

Sakura se dio vuelta y regresó al hospital. Su turno aún seguía corriendo. De camino al hospital miraba mucho la pieza de rompecabezas. Le sorprendía que Naruto le dejara este isterio para resolver. ¿Por qué estaba en blanco el sitio donde debía haber una imagen? La respuesta era sencilla: la pieza pertenecía a una parte blanca del mismo. De ser así la curiosidad le hacía pensar que la atraía a una búsqueda. Aunque no era fanática de los misterios como tal, este le intrigaba. Las reglas estaban puestas, pero Naruto ahora estaba interesado en llamar su atención. Le atraía esta faceta, era como si él deseara que le pusiera atención, solo a él.

Al cruzar la puerta del hospital, vio a Ino algo… pues… enamorada. Parecía estar mirando un pedazo de papel con cierto aire fantasioso. Luego noto que le vio, y de inmediato se puso en pie.

–¡Sakura! –Su voz sonaba dulce, demasiado dulce al parecer–. La señora que atendiste tenía un golpe serio de calor. Ella se está recuperando ahora en las habitaciones.

De pronto la necesidad de pertenencia. Ino era realmente su mejor amiga, y por ella daría lo que fuese. Sin embargo un factor les separaba y mantenía unidas al mismo tiempo. Naruto siempre le profesó amor a Sakura, desde que estaban en la academia hasta el día que ella le destrozó el corazón. No mucho después se dio la verdad: Ella lo amaba, y quería estar con él. Tal vez esta era la mayor razón de que aceptara ser una de dos mujeres en su vida. No así el deseo de que fuera para él antes que para Ino seguía dentro de su cabeza. Las reglas estaban establecidas, pero para ella había una razón para dejarlas de lado. Además, no era la primera de los tres que había roto las reglas. Naruto, al haberle dado esta clase de tentasiones ya había roto la regla más importante. Pero, ¿Y si a Ino también le hubiese llegado algo privado para ella? ¿Qué si Naruto estaba citándose con las dos, una a la vez? Solo podía intentar averiguarlo.

–Te noto feliz, Ino.

–¿Cómo no estarlo? El cielo es azul, el aire es fresco, estoy comprometida con uno de los mejores shinobis de la historia, y mi amiga es totalmente bisexual.

–¿Cómo dices?

–Acéptalo, Sakura. Tú y yo seremos mujer y mujer. ¿Sabías que es la única forma que dos mujeres terminen realmente casadas entre ellas? Se considera al trio legalmente casados, hombre, mujer y mujer…

–No lo había pensado así realmente.

–Suena curioso. No solo eres mi mejor amiga, pronto incluso serás mi mujer… –Sakura le miraba con total nerviosismo, como si no le gustase la idea. Ino de pronto comenzaba a dejar escapar una risita coqueta… luego esa risita cambio a una más burlesca sin que esta fuese sonora…

–Estás jugando.

–No del todo, pero deberías ver tu rostro.

–Supongo que no importa tanto. Después de todo somos los tres aldeanos con menos moral en Konoha…

–No es inmoral. Está permitido y no hemos hecho nada pervertido. Por desgracia aún no lo hemos hecho…

–¿Qué es ese sobre? –Preguntó Sakura notando un sobre en la mesa.

–Oh… esto. Es mío.

–Oh, ¿Qué es?

–Privado.

–Por favor…

–Si de verdad lo quieres saber, se trata de algo privado del clan. No puedo revelartelo aún, Sakura. Entenderás que, hasta que se consume nuestro matrimonio, sigo siendo una Yamanaka, con secretos de clan que no puedo revelar.

–¿Es de Naruto?

–No, Sakura. Realmente pertenece a mi clan. ¿Por qué piensas que rompería las reglas que impusiste cuando todo esto comenzó?

Sakura le miró directo a los ojos. Ino parecía decir la verdad, salvo por esta última frase. Era intuición, pero abordar el tema no era oportuno para ella. No en ese momento.

–Bien, no me interesa del todo. Sé que Naruto y tu me lo dirían si se tratara de nosotros tres. Después de todo…

–Somos los aldeanos más inmorales de Konoha.

Sakura se dirigió a Ino, y de un salto intentó arrebatarle la carta, siendo repelida por Ino con toda su envergadura. Ambas parecían niñas tratando de arrebatarse una muñeca, y esto fue lo que llamó la atención de su superiora.

–¡Ino! ¡Sakura!

–¡Lo sentimos!

–Esto es un hospital señoritas. Mantengan la compostura o retírense de una vez.

–Sí, maestra Tsunade.

.

Para el final del turno por la tarde, Sakura e Ino se separaron. Cada una tenía diferentes motivos ocultando la carta que cada una recibiera de Naruto. Mientras caminaba a casa, algo se estrelló contra ella, de hecho alguien. Un infante, quizás solo cinco años de edad corría en el mismo camino y dirección que ella. Llamó mucho la atención de la dama que el corte de cabello, color del mismo y construcción física eran muy similares a las de…

–¡Naruto, espéranos!

Tras del pequeño rayo de luz, tres pequeños infantes que corrían tras de él, aspirando a alcanzarle. Por instantes y solo por adivinar, Sakura reconocía a Kiba, Shikamaru y Chouji en edad de ingreso a la academia.

–¿Naruto? Pero mi Naruto… un segundo. Estás haciendo de esto un juego, ¿cierto?

Un cuarto personaje corría tras de ellos, y este hizo que el corazón le reventara a latidos. Una niña, evidentemente menor a ellos, corría sonriendo a carcajadas. Sakura se reconoció a ella misma en esa pequeña, y conforme se alejaba desaparecía como si de polvo al soplar se tratase.

–Pero…

Al verse a sí misma… algunos recuerdos venían a ella, como si recordara ese día. Si, ese día podía recordarlo. En efecto, y debido a haber reprobado algunas veces el examen Genin, Naruto era mayor que ella. Y recordaba que ver a este grupo jugar le hizo perseguirlos hasta perderlos. Más adelante en su camino, a unos metros de llegar a casa, se podía ver a si misma contándole a sus entonces jóvenes padres sobre lo que vio ese día.

–Mama, el día de hoy los encontré otra vez. Tres niños siguiendo a un chico de cabellos dorados.

–Ya te dije que no los siguieras. Algún día de estos te volverás a caer.

–Pero no puedo hacerlo. Sé que si los sigo sabré a dónde va el chico de cabellos dorados. Debe ser muy divertido estar con él…

–Te prohíbo que le alcances. Aléjate de ese monstruo lo más lejos posible. No permitiré que mi niña se junte con el zorro de nueve colas.

En aquel entonces no recordaba esta parte del día. Mientras que su madre le rechazaba, ella solo esperaba alcanzarle una vez más, estar con el chico que todos perseguían.

–No lo recordaba. Solía perseguirte para divertirnos. Nunca pude alcanzarte en aquel entonces. Creo que aún no lo hago.

Al entrar en casa, fue recibida por sus padres. Ellos estaban felices de tenerla con ellos. Le invitaron a comer con ellos, lo que Sakura aceptó con gusto. Tras de una cena y una corta charla, llegó a su habitación. Según el "mapa" mal hecho, Naruto señalaba al buró de la fotografía grupal, el antiguo equipo siete. Por algún motivo, la imagen de Sasuke tenía un bigote pintorrajeado con marcador borrable, Naruto tenía un monóculo pintorrajeado y un diente de menos, y Kakashi unos enormes labios. Los tres eran burlas, las que hicieron reir a la chica un rato.

–Oh, Naruto. Siempre has sabido ridiculizar lo más serio.

En tanto a Sakura, no estaba alterada, solo resaltada con un brillo en su sonrisa y una flor pintada en su oreja. Aunque no lo parecía, esta era una pista. Esa flor estaba dibujada con mayor empeño. Era la flor que estaba pintada en uno de sus cofres, a saber por ser más un logo que una flor. Al reconocerla, fue al cofre y lo abrió, encontrando una carta nueva. En esta venía escrita una nueva instrucción:

"Siguiendo al conejo blanco

Hasta ahora has mostrado que eres buena siguiendo pistas y yo malo ocultando secretos. Mucho espero al menos poderte llevar al siguiente punto. Aunque intentabas perseguirme, tras de todo fui yo quien intentaba alcanzarte. Por ello no podía permitir que fueras por delante de mí en aquella ocasión. Y aunque tarde, me puse a la par al menos en rango. Sé que en aquel entonces no me prestabas tanta atención. Pero, ¿sabes donde me sentaba al terminar las clases?"

–¿"No ponerte atención"? Es difícil no ponerte atención cuando siempre te señalaban –Por más en broma que hayase dicho esto, en el fondo sabía que en esa época…–. De verdad te sentías solo.

La respuesta era obvia: el columpio del colegio. Salió de su habitación por la ventana, pasando a toda prisa por los tejados de Konoha. Allí arriba otro de los recuerdos vino a sus ojos: esta vez en forma del temprano equipo siete: Kakashi, Sasuke, Naruto y Sakura corriendo bajo ella en una de las calles principales camino a los portones de Konoha. Podía escuchar la emoción de Naruto embriagando sus alrededores con energía. Pero algo le llamó la atención.

–Pese a haber quedado con el idiota de Sasuke, me agrada que pude quedar al lado de Sakura. Solo por eso podría soportar este equipo. ¿No lo crees, Sakura?

Y como siempre, ella dejaba a Naruto hablando solo mientras miraba bobamente a quien ella entregó su corazón.

–Sasuke, ¿No te parece increíble? Es casi como si el destino hubiera dicho que debíamos estar juntos.

–Aléjate de mí.

Sakura parecía comprender lo que Naruto trataba de decir con estos acertijos en cadena.

–Supongo que estás tratando de que lo entienda. Si no lo recuerdas, hace mucho que dejé de seguir a la luna. Demasiado frío y sin corazón. El calor del sol es más… acogedor.

No tardó mucho para que llegara a la academia, donde al parecer algunos niños jugaban con el columpio. Esperar a que dejaran de usarlo no era una opción si quería resolver este acertijo de búsquedas. Sin embargo, mientras el niño tomaba altura, debajo en el asiento notó un Kanji, el mismo que estaba inscrito en el letrero de la puerta principal del Colegio. Al girar su cabeza, encontró que en el logo del colegio había un sobre pegado. Al tomarlo y dar lectura al mensaje del interior su corazón dio un giro hacia la culpa.

"Dos años persiguiéndome, lo que pensé que era un juego. Cinco años tratando de alcanzarte, lo que fue un juego para ambos. Alcanzarte a ti era una de mis metas, pero los roles cambiaron mucho en este tiempo. Mientras yo te perseguía a ti, tú tenías un camino diferente. Era un punto de quiebre muy extraño: yo te amaba a ti, tú lo amabas a él, y él no podía amar".

–Oh, Naruto. Yo no quise…

"Sin embargo no era estúpido, y mientras lidiaba con mi ilusión hacía por ti, también estaba consciente de que no era a mí a quien elegirías. Siempre acepté tus decisiones. Pero no me puedes culpar por intentar cambiarlas".

Eso era todo. No había pistas, no había nada extra tras de esto. Al menos no una pista escrita. Mientras Sakura buscaba por algo más que le diera algo que seguir, miró al suelo del patio. Había algunos dibujos que en un principio ella creyó eran garabatos de los niños más pequeños hechos con tiza. Pero visto desde arriba, Sakura pudo distinguir que los garabatos no eran sino una imagen más. Entre rallas y colores estaba dibujado la casa que compartía con él, y en una enorme "x" estaba marcada la habitación, donde los tres dispusieron que sería el dormitorio. Que los niños la hubiesen dibujado estaba más allá de las probabilidades, sobre todo siendo lo que ocurría en el transcurso del día.

–Debo aceptar que es creativo. Pero tiene mal pulso al dibujar… o es que acaso lo hizo demasiado a la carrera. No, me inclino por que dibuja mal.

Sakura se puso entonces en marcha. De alguna forma esperaba saber del siguiente recuerdo, quizás esta vez con Naruto y Sakura ya mayores, cuando ella era de un rango mayor que el de él. Estaba en lo cierto, pero no se esperaba lo que vería. Camino a la casa de Naruto varias veces se vio a ella y a Naruto: en la plaza, en las calles, corriendo por las azoteas. De algún modo creía entender de qué se trataba esto: durante un tiempo prolongado, Naruto y ella estaban más juntos que nunca. Ambos habían formado un lazo más profundo en los tiempos entre el regreso de Naruto y antes de que iniciara la guerra. De vez en cuando estaban acompañados por el nuevo equipo siete, por los originales nueve de la hoja o por el equipo médico elite de Konoha. Sin embargo y aunque de vez en cuando había altercados, permanecieron más juntos que nunca durante esta época.

Al llegar a casa, ella encontró en la habitación un sobre pegado al armario. No tardó mucho en darle lectura, encontrando lo que ya había descubierto.

"Al volver a Konoha la primer persona con la que me reencontré fuiste tú. Y de allí en adelante comenzamos a sacar adelante una relación de amistad que se convirtió en una nueva esperanza para mis deseos. Y mientras más pasábamos juntos, más crecía este deseo de que las cosas se dieran".

En la habitación entró Naruto, interrumpiendo a Sakura en la lectura. Sin embargo, al verlo de frente algunos recuerdos de lo que asesinó ese amor y lo convirtió en una alternativa desesperada por que este amor se diera daban vueltas dentro de la cabeza de la pelirosada. Verlo entrar por la ventana le recordó esa noche, cuando deseando verlo feliz lejos de ella rompió su integridad. De hecho…

–Fueron tantas mis esperanzas que simplemente no pude soportar el hecho de que no se pudiera realizar el milagro. Pronto esa esperanza fermentó hasta convertirse en una necesidad de saber si era posible… si todavía tenía una oportunidad. Y mientras pasaban los días, mi paciencia presionaba mi esperanza provocando lo de aquella noche.

"Y mis ideales cayeron. No solo trunque uno de los caminos que juré seguir, sino que además perdí todo deseo de continuar. Al perder ambos, no pude siquiera pensar a futuro. Mi camino ninja fue saboteado por mi honor más que por mi deseo. "jamás me rendiré. Ese es mi camino ninja". Y sin embargo… me rendí. Renuncié al regreso de Sasuke, renuncié a buscar la paz en el imperio y más que nada renuncié a ti. El único motivo que me mantuvo peleando, el motivo por el que dejé de lado todo: misiones, ascenso en mi rango, avance en mis posibles relaciones con Hinata… quien me confesó su amor y arriesgó su vida por mi. Mi amor se convirtió en ira, mi ira en frustración y mi frustración se volvió depresión. Todo en una sola noche. Ya no podía regresar atrás el tiempo.

–¿Por qué me cuentas esto?

–Sakura, siempre te he amado. Aún te amo… y quiero que recuerdes nuestra relación por un solo motivo: deseo que no pienses que te acepto como segunda mujer por que sea algo que me ha obligado el consejo de Kages en la futura aldea de las cenizas. –Naruto se acercó a Sakura tomándola de sus manos. Mirándola a los ojos podía transmitirle incluso sin palabras todo cuanto quería decirle desde lo más profundo de su corazón. El viento, que nuevamente estaba de intermediario entre ellos, soplaba una fresca brisa poco digna Quiero que recuerdes que antes de que todo esto ocurriera, siempre quise que fueras mi amada, siquiera que me miraras como lo haces hoy. Y... a decir verdad no estoy cien por ciento seguro de que estés convencida de todo esto. Es decir, de un año para acá las cosas han cambiado mucho. Ino, la aldea de las cenizas, Sasuke aliado de Konoha… las cosas se fueron muy lejos de lo que tenía planeado. Y quiero saber si de verdad es esto lo que quieres. Jamás pude sentarme contigo a preguntarte si de verdad te gustaría compartir tu vida con Ino y conmigo…

–Toda la seguridad que tenías hace un momento se fue al garete.

–Sakura, de verdad te amo. Y estoy… confundido por esto. Amar a Ino, y amarte a ti al mismo tiempo me…

–Naruto, no tienes por qué confundirte. Me amas a mí, amas a Ino y nosotros a ti. Eso no cambiará pronto. Podemos vivir juntos, y estoy segura que serás un gran padre para nuestros hijos.

–Padre… si, por eso comenzó todo esto.

–¿De qué hablas?

–Que me mires como un padre y no como una pareja me tira mucho para abajo.

–¡¿Qué?! ¡no! ¡No me malentiendas! ¡Sé que eres un buen chico, y me gusta ser tu pareja! ¡No cambiaría nada de lo que somos ahora!

–Mírame a los ojos, Sakura. Dime que sea lo que sea que nos depara lo que viene estarás dispuesta a conservar esto que acabas de decir.

Sakura miraba a los ojos a Naruto, y aunque podía ser honesta al cien, había historia, había culpas y había una gran razón por la que el mirarlo a los ojos resultaba tan incómodo para ella. Tomando un poco de aire, se armó de valor para decirle lo que sentía realmente, no sin antes asegurarse de algunas cosas.

–¿Eres el auténtico Naruto?

–Lo soy –Para asegurarse de decir la verdad, Naruto extrajo un Kunai y se hizo un pequeño corte en el pulgar que comenzó a sangrar.

–Siéntate, quiero que me escuches –Tras de ser obedecida, Sakura comenzó a caminar de un lado a otro de la habitación, recapitulando en el espacio de un segundo toda una vida–. No sé de qué se ha tratado todo este día, y no entiendo por qué me has hecho recordar toda mi vida –Sakura se movía de un lado al otro, frotándose las manos y sudando frío–. Yo… ni siquiera recordaba que te seguía cuando era una niña. Todo este día me has recordado que solo te he tratado mal, te he hecho de menos, te he ignorado y dejado pasar una vida que estabas construyendo para mí.

"Sí, yo amé a Sasuke más que a nadie en este mundo. Pero él jamás… Jamás ha mostrado interés real por mí. –Se detuvo un momento, mirando al suelo. Sus manos se separaron, pasando a frotarse con la zurda el antebrazo derecho–. Luego… esa noche me pediste que te diera una respuesta definitiva, lo que consideré una reverenda estupidez. En el amor jamás hay una respuesta definitiva. Tampoco yo lo entendí ese día… y… consideré que serías más feliz con alguien más. Después de todo… solo te había rechazado en ese momento. Rechazar tu amor se volvió una rutina. Y… cuando ya no lo intentaste, creí que serías feliz por fin. Tu felicidad me importaba tanto, que no me di cuenta de lo mucho que me interesabas. –A estas alturas, Sakura necesitaba estar más cerca de Naruto. Se sentó al lado de Naruto en la cama, respaldando su cabeza en el hombro del joven.

"Cuando comenzaste a salir con Ino… consideré que habías superado mi rechazo… y… cuando la besabas… cuando la acariciabas… cuando los dos estaban juntos… yo… comencé a desear que esa mujer fuera yo. Los miraba juntos y sentía envidia. Deseaba que terminaran, pero no quería lastimar a ninguno. Me sentí tan mal entonces, que me encerré en el hospital, resolviendo los problemas de otros en lugar de los míos propios. Y, considerando la vida ocupada que me obligué a vivir, y comparándolo con estos últimos meses juntos nosotros tres… a tu lado, al lado de Ino… es una familia que no pude imaginar. Y me encanta. Si tengo problemas de mujer acudo a mi madre o a Ino, y si tengo problemas con ellas, acudo a mi padre o a ti. Es una experiencia que siento es privilegiada. Y… además de eso… te tengo a ti… –Sakura buscó los labios de Naruto. Este beso, pese a no haber sido el primero, tocó su corazón. Estaba confesando lo que ocultaba su corazón, y su corazón lo buscaba a él–. Siempre estuviste a mi lado, y siempre busqué que permanecieras allí. Creí que te había perdido, y sin embargo seguiste buscándome. Me perseguiste hasta que te atrapé, Naruto.

La puerta principal se abrió, o al menos eso fue lo que se escuchó desde arriba. Tres pasos de lo que Sakura pudo entender eran zapatillas de tacón se detuvieron en la entrada reveló que su compañera estaba de regreso.

–Ino… está en casa.

–Sí. Se supone que no tardaría tanto…

–¿De qué hablas?

–Supongo que debo acelerar un poco.

–¡No! –Dijo Ino entrando–. ¡Quiero verlo! ¡Quiero ver cómo reacciona!

–¿De que habla?

Naruto se aclaró un poco la garganta, se rascó un poco la cabeza y atinó a las palabras. Era un poco más difícil hacerlo una segunda vez en el día, pero para todo esto era. Se removió la chaqueta mostrando el traje del "Gorrion negro", un guerrero que Sakura reconocía de su familia, y un héroe que ella admiraba por su historia de amor.

–Espera, no será que…

–Sakura Haruno… aunque llegaste primero a mi vida, tardamos mucho en reunirnos como era debido. Te conozco mejor que nadie y, por desgracia, me conoces mejor de lo que desearías.

–Naruto –Sakura sentía el corazón palpitar con fuerza, y a la vez sentía detener su pulso.

–Aunque lo intenté, jamás pude olvidar el amor que sentía por ti, y mientras amaba con todo el corazón a otra mujer, jamás me podré sacar de la cabeza que eres la primer mujer que he amado, y a quien le entregué por completo mi corazón en las buenas y en mitad de una guerra –Al arrodillarse frente a ella, Sakura dio un paso atrás, topándose con pared mientras su respiración aceleraba–. Sakura Haruno, aunque aceptaste compartir tu vida con nosotros dos, deseo escucharlo de tus labios, tanto o más como deseo preguntártelo el día de hoy: Sakura… ¿Te casarías conmigo?

El silencio, quien siempre fue el emperador en tiempos donde la cabeza y el corazón se detienen tuvo su imperio extendido por un largo tiempo. Mirarlo a él, el shinobi más poderoso de la aldea y quizás el más poderoso del imperio entero, subordinándose a sus pies, arrodillado frente a ella pidiéndole matrimonio. Mientras Ino en la puerta le miraba sonriente. Verla a ella… mostrándole el anillo que Naruto le hubiese dado antes que a ella… Le había pedido matrimonio a ella también.

–¿Le dijiste que si? –Susurró Sakura.

–Oye, yo lo había aceptado mucho antes que me lo pidiera. ¿Cómo decirle que no? Lo amo, me ama, ama a otra mujer... Bueno, no es como lo soñé de pequeña, pero me basta.

Sakura volvió a ver a Naruto, quien seguía mirándola a ella. No creía que tuviera la iniciativa para pedirle la mano, y por ello había pactado algo diferente con Ino. Con una mirada le dio la orden, y con esto, ambas se sentaron alrededor de Naruto, quien no comprendía lo que ocurría.

–Naruto, creímos que no debías pedirnos matrimonio a las dos, por el simple hecho de que pensamos que no tenías corazón para pedirle a ambas matrimonio. Creímos que tu moral era demasiado para pedirnos matrimonio.

–Debió ser difícil armarte de valor para pedirles a ambas matrimonio.

–Y sin embargo, lo hiciste. Nos diste nuestro lugar a cada una. Estamos alagadas.

Sakura tomó un tablón del piso y lo removió con sutileza, mostrando un pequeño compartimiento que ella creó para almacenar objetos pequeños. De allí sacó dos cajitas: una morada y otra roja. Ino tomó la primera, y sentadas a modo dogeza se dirigieron a Naruto.

El verlas en una postura más humilde, sosteniendo ambas una cajita y con las mejillas colorada. Los tres se miraban entre sí, esbozando una sonrisa que se convirtieron en carcajadas de felicidad. Esto era bastante para ellos, los tres se proponían matrimonio entre ellos.

–¿Tanto me tardé en pedirles matrimonio?

–bueno, no –dijo Ino.

–No quisimos que gastaras en un anillo de compromiso. Mucho menos en dos. Pero ya que lo has hecho…

–Y que no nos aceptarán los anillos de regreso…

–Muy bien –Naruto tomó una postura similar a la de ellas y se dirigió a Sakura, quien era la única sin anillo de las dos. Lo curioso es que ellas parecías imitarle, listas para preguntarle a Naruto a la par que él. Y de hecho:

–Sakura.

–Naruto.

–Mi amor

–"¿Te casarías conmigo?"

Nueva ronda de risas. Antes de que Ino dejara de reír, Sakura se lanzó hacia Naruto tumbándolo de espaldas y comiéndoselo a besos. Naruto por supuesto que disfrutaba de esto. Ino seguía riendo, solo que ahora al ver a su amado siendo besado, la risa se distorsionaba de a poco. Con el tiempo, Naruto comenzaba a tomar confianza, removiéndole la camisa y dejándola en ropa interior.

–Naruto, yo también te pedí matrimonio –Naruto detuvo el beso y le hizo señales a Ino para que se acercara. Ino, ni tarde ni perezosa, se acercó a Naruto, recostándose en el suelo junto a ellos. Sakura, del mismo modo, se recostó a la derecha de Naruto, acurrucándose en su pecho feliz.

–No me acostumbro a compartirte –dijo Ino–. Pero esta será nuestra vida a partir de hoy. Aceptando casarme contigo, acepto lo que venga. Con todo y la frentona a nuestro lado.

Sakura, que no soportaba ser criticada por el tamaño de su frente, buscó tomar a Ino por la cabeza. Acercándose a ella, le besó la frente, apenando a la dama.

–No más "frentona", Ino. Desde ahora Sakura nada más.

–Si. Solo Sakura-sama.

–Naruto, ¿Será posible que puedas amar a las dos al mismo tiempo?

–Con todo mi corazón, y dando la vida.