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Nada más sentarse con sus amigas en el Grill, Elena fue sometida a un "interrogatorio" sobre su viaje del día anterior.
-Así que, ¿cómo te fue ayer con el Cazador? –preguntó Caroline sin dar rodeos.
-¿Se lo has contado? –le recriminó la chica Gilbert a su amiga bruja.
-Lo siento –se disculpó Bonnie-. Pero me preguntó por ti y ya sabes cómo es… No puedo mentirle.
-Cómo me haya enterado no importa –intervino la rubia dirigiéndose a Elena-. El tema es que te has ido a Atlanta con ese tipo, tú sola. ¿Es que no eres consciente de lo peligroso que es?
-Damon no me hará daño –les aseguró ella-. Lo sé.
-Sí, claro. Lo que tú digas… -resopló cansada Caroline.
-¿Cómo fue entonces? –quiso saber la bruja-. ¿Encontrasteis a ese vampiro?
-Sí, lo encontramos.
-Apuesto a que Damon le mató –dijo la rubia-. ¿Ahora le ayudas a acabar con los nuestros? ¿Eres su nueva compañera de caza?
-Ese vampiro no era de los nuestros –le respondió Elena con dureza en su voz-. Mató a Stefan. Damon lo vengó y yo le ayudé a hacerlo.
-¿Por qué? –volvió a intervenir la bruja-. Quiero decir, no le debemos nada. No le debes nada.
-No, no lo hago. Es solo que…
-Te gusta –se dio cuenta Caroline, ganándose la atenta mirada de sus amigas-. Se te nota en la forma en que hablas de él, en cómo le defiendes…
-¿Eso es cierto, Elena? –preguntó ahora Bonnie.
-Ayer nos besamos –les confesó esta, sin responder la pregunta-. Bueno, él me besó.
-Así que, ¿ahora estáis saliendo juntos o algo así? –dijo con cierta burla la rubia.
-No lo sé, no hemos hablado desde que volvimos de Atlanta.
-Pero es lo que tú quieres, ¿verdad? Quiero decir, Damon te gusta, ¿no? –volvió a insistir la rubia.
-Me gusta –confesó al fin Elena-. Muchísimo.
-Estoy convencida de que él también siente lo mismo por ti –sonrió ampliamente Bonnie, alegre al ver esa sonrisilla de ilusión que se le escapó a su amiga-. Sino sintiese algo tan fuerte, jamás habría renunciado a sus principios de Cazador por ti ni te habría besado.
-¿Tú crees? –se animó Elena-. No sé qué hacer, esto es tan complicado…
-Siempre lo es. Míralo por el lado bueno, él ya sabe que eres vampira. ¿No ha sido esto la principal razón por lo que no funcionó tu anterior relación?
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Elena, motivada por la charla con sus amigas, decidió llamar a Damon:
-¿Diga?
-Hola, Damon. Soy yo.
-¿Elena? –se extrañó él al oír su voz-. ¿Cómo has conseguido mi número?
-Bueno, ser la amiga de la hija de la sheriff tiene sus ventajas.
-Tiene que tener muchas para soportar a la Barbie todo el día.
-¡Damon! –le regañó ella, aunque no pudo evitar reír con su broma.
-Bueno… ¿A qué se debe tu llamada?
-Solo estaba pensando, y… ¿Podemos quedar para vernos? Tenemos que hablar.
-Estoy algo ocupado ahora mismo, Elena –se disculpó él-. Los del Consejo están nerviosos desde lo de Stefan y me han pedido que eche un vistazo por la zona.
-¿Necesitas ayuda con eso? –se ofreció la vampira voluntaria por tal de pasar tiempo con él.
-Solo voy a visitar las comisarías de los pueblos cercanos, no tienes de qué preocuparte. Estaré bien.
-¿Estarás de vuelta para el sábado?
-Claro, no me perdería nuestra cita en el cementerio por nada en el mundo.
-Te veré allí entonces –sonrió ella como boba al oírle llamar de esa forma a sus "reuniones".
-Adiós, Elena.
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La mañana de sábado, Damon y Elena estaban en el cementerio, sentados sobre las hojas caídas de los árboles que cubrían todo el suelo a su alrededor, uno junto al otro mirando el paisaje que tenían ante sus ojos.
-Vale, te toca.
-¿Color favorito? –le preguntó él lo primero que se le pasó por la cabeza-. El mío es el negro.
-Me lo imaginaba –rió ella divertida-. Me gusta el azul. Pero no uno oscuro, más bien como el azul de tus ojos.
-Así que te gustan mis ojos, ¿eh?
Elena se colocó ligeramente de lado para poder mirarle a la cara.
-Me encantan tus ojos -le dijo esta alzando una mano para acariciarle el rostro dulcemente-, sumergirme en la profundidad de tu mirada y ver dentro de tu alma.
Damon cerró los ojos para sentir su contacto y, cuando volvió a abrirlos, sus miradas se cruzaron y Elena bajó la mano tímidamente.
-¿De qué querías hablar hoy? -recordó el chico cambiando de tema.
-Bueno... Aún no hemos hablado del hecho de que me besaste.
-Tú fuiste la primera que me besó –le recordó él con tono divertido.
-Pero tu beso fue más largo.
-¿Has contado el tiempo?
-El tiempo se detuvo a mi alrededor cuando nos besamos –le confesó ella mirándole a los ojos intensamente.
Damon le devolvió la mirada y ella tuvo que retirar la vista hacia el suelo por un momento algo avergonzada por la intensidad de esta.
-Solo quería que supieras que estoy bien con esto –continuó hablando Elena en un tono seguro, alzando la vista de nuevo para mirarle a los ojos-. Sí, estamos bien –añadió sonrojándose levemente al recordar su último beso-. Muy bien.
-Así que, ¿esta ha sido la charla?
-Más o menos.
-Perfecto –sonrió Damon de medio lado-, porque yo también estoy bien con esto.
Como el chico no se atrevió a dar el siguiente paso, solo se dedicó a mirarla fijamente a los ojos, la vampira tomó la iniciativa de inclinarse para unir sus labios. Por suerte para ella, Damon correspondió el beso por unos segundos, hasta que acabó rompiéndolo cuando sintió cómo su instinto de Cazador le obligó a apartarse.
-Lo siento -se disculpó él separándose un poco y respirando profundamente para tratar de recuperar su autocontrol.
-Tranquilo.
Pasaron unos segundos hasta que Damon se recompuso por completo.
-Ven aquí –invitó este a la vampira extendiéndole los brazos para que se uniese a él.
La chica no dudó ni un segundo en aceptar su propuesta, apoyando la cabeza en su pecho y abrazándose a él con fuerza, quien rodeó su cintura con los brazos para pegarla más a su cuerpo. Así permanecieron un buen rato en silencio, disfrutando del momento, hasta que Elena decidió continuar con las preguntas:
-Mi cumpleaños es el 22 de junio -le contó ella en un susurro, no queriendo romper el relajado clima que se había creado-. ¿Cuándo es el tuyo?
-Hoy.
Elena, muy sorprendida por eso, se retiró un poco para mirarle a los ojos en busca de una confirmación de lo que sus oídos acababan de oír.
-¿De verdad? -le preguntó esta en un tono de riña-. ¿Y por qué no me has dicho nada?
-Te lo estoy diciendo ahora.
-Sabes a qué me refiero, ni siquiera he podido hacerte un regalo...
-Sí que lo has hecho -le sonrió él colocándole un mechón de pelo tras la oreja-, tu compañía. Es todo lo que quiero y necesito.
-Pues te prometo que de eso vas a tener de sobra -dijo Elena inclinándose para darle un corto beso en los labios antes de volver a recostar la cabeza en su pecho y seguir jugando con sus manos entrelazadas.
El sonido del móvil del chico les sacó de esa burbuja de paz en la que estaban.
-Es la sheriff –dijo él al leer el mensaje que acababa de recibir-. Quiero que me reúna con ella en la comisaría. ¿Vienes conmigo?
-Claro.
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Una vez llegaron a la comisaría, Elena se quedó esperando en el banco que estaba junto a la puerta del despacho de la sheriff mientras Damon entraba a hablar con la mujer.
Pese a que sabía que el chico le contaría de qué se trataba la reunión, la vampira no pudo evitar agudizar el oído para escuchar la conversación. La sheriff Forbes le había hecho llamar para saber cómo iba su caza de vampiros y para saber cómo estaba llevando la pérdida de su hermano, algo a lo que Damon respondió con un simple y apagado"estoy bien".
Una vez terminaron la conversación, La sheriff acompañó al chico hasta la puerta, donde esta se sorprendió mucho al ver quién estaba allí:
-Elena, cielo. ¿A qué se debe tú por aquí?
-Vino a acompañarme, Lizz –le explicó Damon, colocándose junto a la chica y pasando un brazo por detrás de la cintura de esta.
-Ya veo –sonrió ampliamente la mujer al ver que eran pareja, muy contenta por ellos, pues pensaba que con lo mal que lo habían pasado ambos, podían hacerse mucho bien estando juntos-. Que disfrutéis de la tarde, entonces.
-Gracias, señora Forbes –le agradeció Elena dedicándole una amable sonrisa-. Eso haremos.
La pareja salió en silencio del edificio y, una vez fuera, Damon habló:
-¿Qué tienes pensado hacer esta noche?
-No lo sé, pero quiero pasarla contigo –dijo Elena con una sonrisa sincera.
-Suena bien, ¿alguna idea de a dónde ir?
-Ya se me ocurrirá algo –le dijo ella mientras sacaba su móvil del bolso para preguntarle a sus amigas dónde estaban.
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Caroline le había dicho a Elena que estaban todos reunidos en el Grill, así que la chica pensó que podía ser una buena oportunidad para integrar a Damon en el grupo y hacer que estos dejasen de verle como una amenaza. Pero antes, aprovechando que los tíos de Elena no estaban, fueron a casa de ella porque esta quería adecentarse primero.
Damon nunca había estado en la habitación de una chica antes, así que no sabía con qué se encontraría, pero lo que vio en el dormitorio de Elena le hizo sonreír ampliamente. En la pared había colgados varios pósters de grupos de música que Damon conocía, además de un dibujo que intuyó que la chica había pintado de pequeña. También tenía colocadas fotos de sus familiares y amigos en los bordes de un espejo que había sobre un pequeño escritorio donde había varios libros.
-Sé que no eres muy fan de las fotos –le dijo la chica al percatarse de la dirección de su mirada-, pero no vas a librarte de hacerte una conmigo.
-¿En serio tengo que hacerlo? –se quejó él haciendo pucheritos con los labios.
-Quiero que tu rostro sea lo primero que vea al despertarme cada mañana.
-Para eso no necesitas una foto.
-Ya lo creo que sí, a mis tíos no les haría ninguna gracia tenerte merodear por aquí.
Ante la mueca de disgusto del Cazador, Elena le dio un dulce beso en los labios.
-Voy a darme una ducha –le informó esta-. Ponte cómodo.
Volviendo a prestar atención a la decoración de la habitación, Damon vio que la chica aún conservaba cosas de cuando era pequeña, como un osito de peluche que estaba sentado en el centro de la cama. Al verlo, el Cazador no dudó en tumbarse en la cama y colocarse el osito en su regazo.
Cuando minutos después, ya lista para irse, Elena salió del baño, esta sonrió ampliamente al ver al chico haciendo el tonto con el peluche. Sin poder resistirse a tanta monería, la vampira se subió de rodillas a la cama para robarle un beso. Damon la atrapó entre sus brazos y la hizo girar para acabar tumbados ambos con él encima.
-Hmm… -murmuró el chico contra los labios de Elena-. Creo que empieza a gustarme esto.
-¿El qué? –preguntó ella enterrando sus manos en el cabello de este.
-Estar contigo de esta forma –susurró él acariciándole la mejilla.
-A mí también me está gustando estar contigo así –coincidió la joven, rozando su nariz con la de Damon-. ¿Quién iba a imaginarlo, eh? Tú y yo…
-Sí, al final resultaste no ser tan creída y aburrida como pensaba –se burló el Cazador.
-¡Ey! –le regañó ella dándole una palmadita en el pecho.
-Es broma, Elena –rió él por su reacción-. Nunca pensé que fueras creída.
-Eres increíble… -protestó esta sonriente, tirando ligeramente del chico para robarle un dulce beso en los labios.
A esto le sucedió varios minutos de más besos cortos que la pareja intercambió entre risas y tímidas caricias.
-Venga –le dijo ella dándole un golpecito juguetón en el pecho-, que vamos a llegar tarde.
Damon asintió obedientemente y le robó un último beso antes de dejarla ir.
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Los amigos de Elena estaban en el Grill tomando un refresco. Todos estaban riendo divertidos, pero se pusieron serios de inmediato al ver a Elena entrar en el local de la mano de Damon.
-Hey, chicos –saludó sonriente ella.
-Hola –murmuró el joven Cazador sintiéndose algo intimidado por sus miradas asesinas.
-¿Qué hace este aquí? –preguntó de mala gana la rubia.
Vale que Caroline aceptase que Elena tuviese un rollo raro con Damon, pero de ahí a traerlo a sus quedadas…
-¡Caroline! –le regañó la chica Gilbert.
-No, está bien, Elena –le dijo Damon con voz apagada-. Tienen razón, no debería estar aquí.
-Estamos juntos, ¿no? –le preguntó ella, a lo que este asintió levemente-. Pues, entonces, sí tienes por qué estar aquí.
Bonnie y Jeremy rápidamente les hicieron un hueco a su lado para que la pareja se sentase.
-¿De qué estabais hablando antes que os reíais tanto? –les animó Elena a contarles.
Viendo que nadie decía nada y que miradas asesinas se lanzaban contra Damon, Jeremy decidió salir en ayuda de la pareja.
-Matt estaba contando una cosa que le pasó el otro día con un cliente –le explicó su hermano-. Cuéntaselo a Elena, Matt.
El rubio miró a Caroline no muy seguro, como pidiendo permiso, pero cuando Jer le dio una patada por debajo de la mesa, acabó por contárselo.
Poco a poco, el ambiente se fue relajando. Eso sí, Damon siguió manteniéndose en un segundo plano sin hablar con nadie. Elena no le soltó la mano en ningún momento, es más, se dedicaron toda la noche a jugar a hacer caricias en la mano del otro e intercambiar miradas cómplices.
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Tras salir del bar horas después, Elena insistió en llevar a Damon a un sitio en medio del bosque, lugar donde había un pequeño lago y la gente joven del pueblo solía ir para celebrar alguna fiesta loca. Extrañamente, aquella noche no había nada más allí que ellos dos.
-¿Qué hacemos aquí? –preguntó él sin comprender.
-Ven, ponte aquí –le indicó ella jalándole ligeramente del brazo-. Sí, justo aquí.
-¿Y ahora qué?
-Bésame.
-¿Qué?
-Llevo todo el día intentando dar con el regalo de cumpleaños perfecto y esto es lo mejor que se me ha ocurrido –le explicó ella encogiéndose de hombros tímidamente.
-¿Un beso en medio del bosque?
-Aquí fue donde Matt me dio mi primer beso.
-¿Y quieres que te bese donde él lo hizo para revivirlo? Eso es un poco raro, ¿no crees?
-¿Revivirlo? ¡No! Todo lo contrario, quiero que me beses de tal forma que me hagas olvidarlo. Quiero que seas mi nuevo primer beso.
-Así que, en realidad esto es como un regalo para ambos, ¿ah? –bromeó él con sonrisa traviesa mientras rodeaba la cintura de la vampira con sus brazos y la pegaba contra su cuerpo.
-¿Vas a hacerlo o no?
-¿Darte el mejor beso de tu vida? Será un placer –sonrió Damon inclinándose para besarla románticamente.
El instinto de Cazador no tardó en hacer acto de presencia en el interior del chico, pero Damon luchó con fuerza contra este porque no quería que la chica se sintiese culpable por hacerle pasar por ese "mal" momento ni que se sintiese rechazada por él. Además, le había prometido darle el mejor beso de su vida y eso era lo que iba a hacer. Por eso, Damon logró ignorar lo que su mente le decía y centrarse exclusivamente en Elena, tanto fue así que esta casi no pareció notar su lucha interna.
-¿Con quién fue tu primer beso, Elena? –le preguntó él en un susurro al separarse para tomar aire.
-Hmm… -ronroneó ella contra sus labios-. Damon Salvatore.
El chico sonrió ampliamente, complacido con su respuesta, y no dudó en volver a unir sus labios.
