Disclaimer: Naruto y todos sus personajes pertenecen a Masashi Kishimoto. Sólo los uso con fines de entretener, de fans para fans :)

Notas de autor: ¡Holaaaaa! Gracias por leer está humilde historia. Y por tomar de su tiempo para escribir comentarios :)

Kaguya's heir: No es exactamente que la intentará hacer desagradable, aunque me ha salido así... Quería mostrar lo aferrada que está Hinata respecto a su matrimonio. Disculpa por hacerla tan insoportable :'v

El Ignaro: ¡Gracias por comentar y seguir está humilde historia! :)

Cherry.Lizz: Pues realmente no lo sé, siento que tengo una percepción media de Hinata, no me agrada ni desagrada.

Sobre Sakura, pues es verdad, nunca se le ha visto triste en el Canon por la ausencia de Sasuke. Sin embargo, en esta historia pasa mucho tiempo más y creo que como es natural, lo extrañaría.

No he leído ningún NaruSara, no he encontrado ninguno D:

¡Gracias por comentar! :)

RoseGold09: ¡Hola a ti también, Rose! :) Me alegra ver tus comentarios de nuevo. Hahaha apenas y la pobre Hinata a logrado negarse a Naruto, me ha hecho mucha gracia lo de sacarle el divorcio s rasengans xD

Sobre Sarada y Sakura, pues Sarada no comprende a su madre y por ello a reaccionado de esa forma. Pobre u.u

¡Gracias por seguir la historia! :)

Leo323: Si, para Sarada Sasuke está metiéndose en su vida de la nada y ella simplemente no lo acepta.

Y sobre Sakura, creo que llevas algo de razón. Pero eso ya es mi percepción del Canon y creo que cada fan tiene la propia :)

¡Gracias por comentar!

Y como me gusta usar caritas felices, pues aquí otra para todos los lectores tímidos :)

¡A leer!

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Capítulo diez: Decisiones

Sarada se sentía horrible y estaba tan perdida al mismo tiempo. Pero ella en definitiva no entendía a su madre en nada, ¿cómo podía aceptar a Sasuke Uchiha así tan de repente. Su corazón latía desenfrenado debido a las palabras de Sakura defendiendo a su padre a pesar de todo. Ni siquiera iba a intentarlo por ella, porque Sarada sentía que Sasuke no merecía nada de eso; prefería su abandono e indiferencia, porque al menos, eso sí le parecía algo real.

Apretó su almohada con fuerza, luchaba contra sus propios impulsos de gritar y marcharse como la vez anterior. Tenía que controlarse por el bien de su madre, no quería añadirle más preocupaciones de las que ya debía tener en ese momento sobre sus hombros. Sakura Haruno no era de hierro y eso Sarada lo sabía perfectamente, tantas veces que la vio cansada de estar sola, anhelando la compañía de Sasuke en su hogar y ahora... que él finalmente se dignó a volver tras años y años de abandono, ella parecía tan dispuesta a hacer todo funcionar aunque fuera por la fuerza y con calzador. Aquella mirada que Sarada vio en los ojos esmeralda de su madre nunca la había visto; desesperación y una terrible confusión. Nunca fue conciente de lo mucho que Sakura amaba a Sasuke hasta ese día allá en la cocina de su casa. Y si, Sasuke Uchiha podría ser el esposo legítimo de Sakura y su padre verdadero, pero eso no la obligaba a ella a tratarlo como tal o a siquiera reconocer su existencia por más cerca de estuvieran.

No fue, era ni sería considerado nadie en su vida.

Deseó que Naruto estuviese ahí junto a ella para que la consolara y la abrazara diciéndole que mañana sería un día mejor. Él siempre sabía que decir para hacerla sentir mejor, tenía un poder extraordinario de tranquilizar a los demás con sus palabras y nada de lo que salía de sus labios sonaba en vano o vacío. Naruto Uzumaki era la persona más reconfortante y cálida que existía en el mundo. Abrazó sus rodillas tras arrojar la almohada hacia el otro lado de la habitación y sus emociones la traicionaron, sus lágrimas calientes rodearon por sus mejillas haciéndola sentir enferma de estar en ese lugar que se suponía era su hogar. Sarada quería salir huyendo de ahí sin mirar atrás, pero no podía y la única razón era que sin importar que, ella amaba a su madre muchísimo como para escapar.

Sentía la fuerte necesidad de salvar a su madre de la fría presencia indiferente de Sasuke. Cerró lo ojos y lo vió su rostro sin expresión junto a la radiante sonrisa de Sakura hacia unos años atrás, cuando ella finalmente, lo conoció por accidente cuando junto a su amiga Chochō Akimichi siguieron a Naruto Uzumaki.

¿Cómo olvidarlo?

Si precisamente por aquel fatídico encuentro, cuando ella siendo una niña de solo doce años, impulsada por la curiosidad y las dudas fue directo a él llena de emoción e incertidumbre con el estómago lleno de mariposas y las lágrimas amenazando con escapar de sus ojos, ansiosa por conocerle. Había temblado en mitad de la penumbra por una mezcla de miedo y ansiedad cuando él empuñó su reluciente katana contra ella, apuntandole amenazante desconociendo a su propia hija en el acto.

Los pasos de alguien por el corredor aledaño la hicieron regresar al presente, levantó la mirada hacia la puerta y vio una sombra tapar la luz que traspasaba por abajo.

Se enjuagó las lágrimas con el brazo.

—¿Mamá? ¿Eres tú? —Se aventuró a decir la chica con voz temblorosa acercándose a la puerta para abrirle y hablar, se daba cuenta de que le había hablado muy duramente a su madre allá abajo en la cocina hacia un rato. Se sentía muy mal por ello, pues le había gritado como nunca antes a nadie en toda su corta vida—Mamá, yo... lo..

—Sarada—Pronunció la presencia detrás de la puerta y no hizo falta que Sarada oyera más para saber de quién se trataba. Y no deseaba escuchar nada que viniera de él.

Nada.

—Vete—Replicó secamente recuperando su tono normal de voz al instante.

La sombra debajo de la puerta desapareció mientras lo oía avanzar de largo.

Se había ido. Ella se alegró de que, por lo menos, respetará sus deseos y desistiera de insistir. El deseo de irse de ahí incrementó, bien podría tolerar las presencia de su padre en casa sin dirigirme la palabra o mirarle directamente, pero el hecho de que él trata de siquiera hablarle sobre cualquier cosa la hacia sentir molesta y en un enorme conflicto.

Exhaló buscando un poco de paz.

Quiso ir corriendo a los brazos de Naruto como las veces anteriores, sin sopesar los riesgos o las miradas de desconcierto que esa acción podría desencadenar. Realmente sentía la necesidad de estar a su lado en ese momento, mirar su sonrisa y sus alegres ojos azules que siempre relucían radiantes ante toda situación.

La cabeza me daba vueltas, debía recostarse para recuperar la calma y el control sobre sí misma. Debía pensar mucho, sobre todo en su vida.

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—¿Y porque no solo firmas y ya?—Dijo Hanabi Hyuūga a su hermana mayor, Hinata, como si fuera la opción más obvia.

Ambas hermanas se encontraban tomando té caliente en los amplios terrenos del clan Hyuūga, hacia muy buen tiempo esa mañana y la locación era preciosa; rodeada de la naturaleza. Hanabi bebió otro sorbo de su té en espera de la respuesta de su hermana mayor, llevaban casi una hora hablando; Hinata le había contado toda la situación de su familia casi ahogándose con sus lágrimas con un hilo de voz apenas audible. Hanabi era de las pocas personas en que Hinata sentía que podía confiar para cualquier cosa, siempre había sido mucho más sensata que ella; más fuerte emocionalmente, mejor ninja y la digna representante de su clan que tanto enogullecía a su padre. Hinata no le guardaba ningún rencor, la amaba con todo su ser y la apreciaba muchísimo y está segura que ella podría brindarle un consejo sobre su matrimonio. Se quedó helada al oír eso, los ojos claros de Hanabi se clavaron en ella ansiando una contestación. Hinata titubeó si estar segura de que decir, cuanta razón en esa simples palabras.

—Bolt, Himawari... —Comenzó dudosa ante su hermana como si estuviera justificando algo—... Ellos sufrirían mucho.

Hubo un silencio que a la mayor de las hermanas Hyuūga le pareció una eternidad. La expresión de Hanabi era indecifrable, sólo la miraba sin reflejar nada en sus ojos.

—Hinata—La interrumpió dejando el té de lado, parecía entenderlo todo sin que la aludida tuviera que agregar algo más y al mismo tiempo, se veía sumamente confundida respecto a todo lo dicho. La Hyuūga mayor guardó silencio de repente al escucharla pronunciar su nombre—¿Estás segura que así es?

La pregunta quedó en el aire flotando junto al tumulto de pensamientos de Hinata, todos revueltos e intercalados entre sí sin orden alguno. El recipiente lleno de té entre las manos de Hinata tembló debido a los nervios de ella que se veía encasillada, las situación familiar y matrimonial estaba sobrepasándola por mucho.

Hinata quiso llorar nuevamente como hacia unas horas, cuando Naruto, formalmente le dijo que quería divorciarse. Hanabi lo veía todo muy fríamente desde su lugar, pero ella no había estado en aquellos momentos preciosos de su larga historia con Naruto Uzumaki. No lo percibía de la misma forma que ella, siendo su esposa por tantos años; no veía el daño que quería evitar a sus amados hijos y secretamente, a ella misma.

Porque tenía miedo y no sabía que hacer.

No quería estar sola como sabía que Sakura Haruno estaba. Dudaba pero al tener esa sensación de no estar segura, negaba con la cabeza y buscaba hacer desaparecer esos pensamientos de su mente.

—Sí—Respondió son seguridad bebiendo un sorbo del té aliviada.

Sin embargo, Hanabi Hyuūga no se movía ni despegaba sus perlados ojos de su hermana con una expresión dura.

Hinata sintió que la juzgaba.

—¿En verdad?—Habló Hanabi con un tono de voz que sonó a escepticismo puro, no tenía que ser adivina para notar que su hermana creía que debía firmar los papeles. Cómo si fuera tan fácil.

Asintió con la cabeza a modo de confirmación.

—¿Estás segura?—Le cuestionó nuevamente insistente. Casi lucía como si estuviera esperando por algo en especial de la boca de su hermana, Hanabi no parecía convencida para nada de sus palabras—Yo no estoy tan segura de ello...

El té en el recipiente se enfríaba, ninguna de las dos agregó nada más a la conversación que dieron por zanjada trabajo esas últimas y definitivas palabras de la menor de las Hyuūga. Sólo un silencio incómodo y el sonido de los pajarillos de fondo; Hanabi no había dicho nada que alguna vez le hubiera cruzado a Hinata por la cabeza, ciertamente, todos en la familia Uzumaki sufrían mucho en ese bucle interminable de abandono, ausencia y frialdad entre sí. Muchas veces ella misma se sentó pensativa en su cama matrimonial en la habitación, que se suponía compartía con su esposo, a meditar sobre todo; sus hijos, su matrimonio y su vida en la actualidad. La inevitable conclusión era casi siempre, que separarse era la solución a todo ese sufrimiento, pero...

No podía.

Cuando pensaba en ello, siempre daba un paso atrás. Negándose a siquiera plantearse el divorcio.

Tenía miedo.

Mucho miedo.

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Inojin Yamanaka gustaba de Sarada Uchiha. En silencio y sin dejarlo entrever a nadie, había pasado muchas horas haciendo dibujos con carboncillos en sus blogs de dibujo y muchas veces se veía regalándole uno de ellos mientras ella le sonreía halagada por el gesto.

Aquella mañana tras una salida con su equipo a la barbacoa que fue idea de Chochō, decidió quedarse a dibujar sentado en una banca de la aldea. Hacía muy buen tiempo, el clima estaba agradable el general y estando ahí podría relajarse. Dibujar era su único pasatiempo a decir verdad y lo disfrutaba mucho, siempre paseaba por la aldea posando sus brillantes y enigmáticos ojos verdes sobre todo para después plasmarlo en papel; personas extrañas, paisajes, animales o situaciones cotidianas.

Miró al frente expectante.

Y sus claros ojos aguamarina se tomaron con la figura de Sarada Uchiha, caminamos apresurada sin molestarte en mirar a ningún lado que no fuera el frente, se veía mortalmente sería y decidida. Iba tan rápido que creyó, por un momento, que estaba huyendo del alguien pero un vistazo hacia atrás le hizo constar que nadie la seguía.

Rápidamente, Inojin se levantó y fue disimuladamente hacia ella, siguiendola. Pensó que quizás esa sería la única oportunidad de encontrarla sola y poder darle aquel dibujo que con tanto empeño hizo solo para ella, sin la mirada furtiva de sus compañeros de equipo o amigos.

La siguió por unos minutos, ella no parecía haberse dado cuenta, cuando llegó hasta una banca vacía luego de perderla de vista un segundo, ella ya no estaba más.

Como si la tierra se la hubiera tragado, se encontró solo en esa parte desolada de la aldea en medio de la naturaleza. Era la banca donde alguna vez el legendario equipo siete había perdido a Sasuke Uchiha.

¿A dónde había ido?

Quizás, solo había imaginado verla.

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Notas finales: Aquí el capítulo diez y disculpen si no esta lleno de acción pero tampoco ir tan rápido y todo sea de golpe :)

Nos vemos en la próxima.

Unicornio out.