John no protestó; para entonces, el móvil de Sherlock se había cargado por completo y aguantaría un par de días. A fin de cuentas, no le daba uso. Tras echárselo al bolsillo junto con el suyo, se dispuso a seguir al detective, que le esperaba en la puerta con una bolsa de papel que contenía un bocadillo caliente y una botella de agua.

No es la comida que más me gustaría para ti, pero no tenemos tiempo.- explicó entregándole dicha bolsa.

¿A qué viene tanta prisa? - insistió John una vez en la calle.

Dentro de media hora será la hora de los hechos de la grabación. Tenemos que estar allí antes, y ver qué ocurre con este lugar a esa hora.- explicó Sherlock, alzando un brazo para detener un taxi.

Tal vez les entreguen el pedido a última hora, en vez de a primera.- propuso John. Sherlock se giró en redondo hacia él.

Eso es, precisamente, lo que creo.

Vale, pero... ¿por qué tengo que ir yo?

Porque sin ti no puedo hacerlo.

Sherlock, no vas a usarme como conejillo de indias para infiltrarme y ponerme en peligro como has hecho otras veces.

¿Cuándo he hecho yo algo así?- Sherlock abrió la puerta del taxi para John y entró detrás de él.

En Baskerville, por ejemplo. Me llevaste al pánico más absoluto.

Fue un experimento científico al ciento por ciento.- repuso el detective con calma.

¿Y qué hay de la banda del loto negro?

Bueno...- Sherlock se encogió de hombros sin apartar la vista de la carretera que veía frente a él, en un claro intento por esquivar la inquisitiva mirada de John, que estaba fija en él.- para sorprender al enemigo a veces hay que recurrir a la teatralidad.

Llegaste tarde. Y estabas encantado de ello.

Salió bien, ¿no?

¡De milagro!

Bueno... a veces... esas cosas pasan, John...- Sherlock le sonrió conciliador.

Nos metiste en un vagón con una bomba. Me dijiste que no sabías apagarla.

Sólo era una broma, John...- Sherlock ahogó una risilla.- Aunque ya te dije que no te mentí. No sabía, ni sé, a día de hoy, cómo apagar todas esas lucecitas. Jamás te expuse a un riesgo el tiempo suficiente como para que fuera real.- añadió poniéndose serio.- Siempre intervine antes. Y ahora requiero de tu apoyo y tu presencia, o no podré resolver esto. Si tanto te preocupa ser mi conejillo de indias, no sufras. No es eso lo que haré.

Entonces, ¿qué plan tienes?- Sherlock se limitó a sonreír ligeramente y a posar la vista de nuevo en la carretera. Minutos después, el taxi paró a dos calles de la tienda. El lugar estaba desierto. Sherlock no dudó un momento y condujo a John, a través de callejones secundarios, a la trastienda del Camera World.

Bien, si van a recibir algún envío, es más que obvio que no se lo darán a cualquiera. Yo entraré en la tienda para distraer a Christian. Tú vigila y avísame en cuanto llegue el camión del reparto. Un tono corto será suficiente. No dejes que te descubran. Si te preguntan, di que trabajas aquí desde hace poco. Evita mostrarte profesional, ¿llevas un arma?

Sabes que sí.- demasiado bien sabía John que si iba a resolver algo con Sherlock, lo mejor que podía hacer era ir armado. Siempre.

Bien. Cárgala y sal fuera. Lo bueno de tu aspecto actual es que nadie pensará que puedes defenderte por ti mismo.

Gracias, supongo.- espetó John, un tanto ofendido por aquellas palabras. Sherlock le miró fijamente.

Obviamente, yo sé que puedes hacerlo de sobra, aún con una sola pierna hábil.- añadió rápidamente.- Y esa será tu mayor ventaja por el momento. Yo, por mi parte, voy a hacer una visita.- tras sonreír con ese halo de misterio tan característico en él, Sherlock se dio media vuelta y se apresuró a desaparecer en dirección a la entrada principal del Camera World. John se dirigió a la trastienda, donde ya había algunas cajas apiladas en un rincón. El clima húmedo de la noche estaba empezando a estropear el cartón, pero a juzgar por su aspecto, parecía que contenían algo rígido. John se extrañó. ¿Quizá habían llegado tarde? Extendió la mano y apartó una solapa de la caja. El interior estaba lleno de objetivos réflex de diferentes marcas y tamaños. El médico se apartó rápidamente y miró a su alrededor, comprobando que estaba solo allí. Aquello iba de mal en peor. ¿Quién dejaría un equipo tan delicado a la intemperie, apilado de aquella forma?