Capítulo 10. Las voces de la sombra

lamento la tardanza.

Capítulo beteado por Pichi LG, Beta FFAD www facebook com / groups / betasffaddiction


Capítulo 10. Las voces de la sombra

Al pagar con la misma moneda, la primera cara se siente traicionada, cuando fue ella la primera en el juego.

Edward POV

Este viernes no tenía mucho que hacer, revisaría los papeles de mi empresa y luego iría a ver a mi hermana.

Estaba por enviarle los documentos de vuelta a Dimitri, el vicepresidente de mi empresa, cuando entró una llamada.

—Cullen —contesté.

—Señor Cullen, soy Tanya —Mi secretaria y esposa de Dimitri.

—¿Qué pasa Tanya? —Me recosté en el sillón.

—Le tengo malas noticias, el señor Guzmán ha solicitado su presencia en la presentación del proyecto que hizo para él —Resoplé.

—¿Qué día tengo que estar allá? —Esperaba que no fuera pronto.

—Tiene que volar el día martes para llegar el miércoles por la tarde, ya que el jueves es la presentación —Maldije internamente, ese día daba clases en la escuela de música.

—Trataré de estar ese día, ¿eso es todo? —Pasé mis manos por mi cabello.

—Sí, eso es todo señor Cullen —Sin más terminé la llamada.

Estaba por levantarme cuando tocaron la puerta, me levanté y me apresure para abrir.

Al abrirla, me quedé tieso.

—¿Acaso no le darás un abrazo a tu madre?

¿Qué hacía mi mamá aquí? Reaccioné y me acerqué a abrazarla.

—Hola mamá, ¡qué sorpresa! —Terminamos el abrazo y ella me hizo a un lado para poder entrar. Cerré la puerta y la seguí—. ¿Y ese milagro que estás aquí? —Tomamos asiento en la mini sala.

—¿Es que no puedo venir a tomar unas vacaciones con mis hijos? —Esto se me hacía raro.

—Claro que puedes, pero yo tengo que regresar a Nueva York el martes.

—¡Oh, no, hijo! Tú te quedas, cancela ese viaje. Quiero pasar tiempo de calidad con ustedes luego del mal rato que he pasado —Me levanté y fui por algo de agua del mini-bar.

—¿Qué ha pasado mamá? —Serví el agua.

—¿Recuerdas a Isabella Swan? —Sentí helarse mi cuerpo y mi corazón detenerse.

—¿No era la hija de los Swan? —Fingí recordar.

—Sí, ella —Le entregué su vaso con agua.

—¿Y, qué pasó? —Tomé asiento de nuevo.

—Que luego del funeral de su padre ella se marchó, dejando a su madre sola con el dolor del duelo —Tomó un sorbo de su agua—, y al parecer le han dejado todo a ella.

Eso me sorprendía.

—¡Vaya, qué sorpresa! —Terminé el contenido de mi vaso.

—Sí, hijo. De hecho, no sabíamos nada de ella desde que fue el anuncio del bebé que Irina y tú iban a tener. —Eso lo tenía claro y dolorosamente presente.

—¿En serio? No tenía idea —Pasé mis dedos por mi cabello.

—Sí, rumoran que se metió con un hombre casado. Realmente espero que no sea cierto, esa muchacha se merece todo lo mejor del mundo y terminar como "la otra" no es algo que ella deba merecer —Tragué grueso.

—Tienes razón, mamá —Miré mi reloj—. Se me hace tarde para ir por Alice, ¿deseas que te lleve a tu hotel? ¿Por cierto, donde te estás hospedando? —Bebió el poco contenido que le quedaba.

—Estoy en este hotel y, ya que vas por Alice, te acompaño —Internamente bufé, me merecía esto por gilipollas.

Salimos de la habitación hacia el elevador, y cuando llegamos a la planta baja, nos dirigimos a la salida.

—Buenas tardes —saludó el portero.

—Buenas tardes —Devolvimos el saludo.

Le pedí al valet parking que trajera nuestro auto y mi madre se puso hablar mientras yo esperaba el auto.

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Era un horror salir de compras con mi hermana y mi madre.

Me habían tomado como su carga bolsas, no se les escapaba ni una sola tienda y si entraban, compraban algo.

Yo ya me moría de hambre, así que las convencí de ir a comer comida coreana.

Nos estábamos saliendo de la plaza cuando pasamos por una tienda de niñas.

—Mamá, ¿te imaginas a tu nieta con ese conjunto? —preguntó Alice señalando hacia la tienda. Era un jumper rosado, estaba lindo y más para mis hijas.

—Se vería hermosa, lástima que no te decides a tener una hija y Edward, bueno de él no creo —Me sentí mal al ver como mi madre se ponía triste.

—Tal vez mi hermano tiene alguna hija escondida —Mi madre se rio ante el comentario de mi hermana y yo me sentí morir.

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Llevé a Alice a casa de su cuñada, Rosalie que, por cierto, era muy amiga de Isabella.

De regreso, Esme puso su música preferida, el tango.

—Hijo, me acompañarás a tomar el té ahora que lleguemos al hotel, y a degustar uno de esos ricos panqués de moda que hay —Solo asentí y disfruté de la música.

Al llegar al hotel, nos ayudaron a bajar las bolsas, las subí mientras mi mamá iba a pedir su té y su panqué.

Cuando llegué a mi habitación, dejé las bolsas sobre un sillón y saqué mi celular. Busqué el número de Bella y le envié un mensaje.

Urge que hablemos, por favor, acepta vernos.

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No recuerdo nada de lo que me dijo mi madre mientras hablábamos, fueron dos largas horas de puro parloteo.

—Deberías ver a Irina, la pobre quedó destrozada luego de su divorcio —Rodé los ojos.

—Ya no me interesa su vida, madre, así que mejor ni me hables de ella —Miré mi reloj y vi que ya era tarde.

—¿Saldrás?

Asentí. —Sí, iré a dar una vuelta. Nos vemos al rato— Me levanté, me acerqué a ella y le dejé un beso en la cabeza.

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Llevaba media hora reuniendo valor para poder cruzar la acera y hablar con Bella.

Solo había una luz prendida, así que sospechaba que estarían dormidas.

Estaba por irme cuando abrieron la puerta y me topé con la escena más corajuda de mi vida… Él tipo que era su ayudante la besó.

Ella le dijo algo y le dio una nalgada, se veía muy feliz, jovial, él le respondió algo y se rió, esa risa que solo yo escuchaba. Se mordía el labio, como lo hacía cuando yo le decía cosas sucias o le proponía algo. Él se acercó a ella y la besó nuevamente.

Sentía coraje, impotencia.

Él tipo se despidó y se subió al auto.

Isabella aún no me había visto, cuando su mirada quedó al frente, la miré, mi rabia era profunda, me sentía muy traicionado, la miré de arriba abajo haciéndola, o mejor dicho, transmitiéndole que no valía nada más para mí.

Subí mi cristal y arranqué a toda velocidad, hoy sería mi último día en este infierno de dolor.

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Esme POV

Hoy, antes del viaje, iría a ver a Renée para hablar sobre Isabella, porque mis sospechas ya eran muchas.

Le pedí a Mauro, mi chofer, que alistara el coche ya que saldríamos antes.

Terminé de vestirme, de maquillarme y bajé a la sala.

—Ya estoy lista Mauro, ¿ya subiste las maletas? —Nos encaminamos a la salida.

—Sí, señora Esme —Me abrió la puerta del auto y esperó a que subiera.

—Iremos a casa de los Swan primero, y luego, al aeropuerto —Mauro solo asintió.

Realmente me sentía mal por las acciones de Edward, yo no lo había educado para que cometiera aquellos actos. Sin duda, me decepcionaba, y más porque se había metido con una muchacha como Bella.

Traté de dejar esos pensamientos de lado porque me emocionaba la idea de tener unas nietas, y se veía que eran muy hermosas.

—Señora, hemos llegado —Alcé la vista cuando el chofer lo anunció y la mansión Swan abarcó mi vista.

—Espérame aquí —le ordené antes de abrir la puerta y salir del auto.

Subí los tres escalones que había para llegar a la entrada, respiré profundo y toqué el timbre.

Después de dos minutos abrió María, el ama de llaves.

—Hola María, buenas tardes. ¿Se encuentra la señora Renée? —La mujer me brindó una sonrisa.

—Señora Esme, ¡qué gusto! Sí se encuentra, pase —Se hizo a un lado y entré.

—Gracias —Llegamos hasta la sala.

—Iré a visarle a la señora —Tomé asiento en uno de los sillones clásicos de color azul rey que predominaba en la enorme sala.

La casa de los Swan carecía de alegría, de ese toque de ilusión, de la luz que claramente le brindaban Charlie y Bella a la casa.

Ya no había ninguna foto de ellos en la repisa encima de la chimenea.

No pude seguir admirando la abandonada sala porque pude ver a Renée que se acercaba.

—Hola Renée, buenas noches —La saludé apenas entraba a la habitación.

—Hola Esmeralda, ¡qué milagro que vienes a visitarme! —Escuché cierto reproche en su voz.

—No había tenido tiempo... —Pero no dejó que terminara de hablar.

—Deja de excusarte, dime para qué has venido —Se sentó frente a mí.

—Quiero saber si tu hija puede ayudarme en un negocio —Sus facciones y postura cambiaron apenas dije "tu hija".

—No me hables de esa perra, que de hija no tiene nada. Y si supieras la verdad, jamás querrías verla —Mis sospechas estaban más cerca de confirmarse.

—¿Por qué no querría verla? —indagué. No me iría sin la verdad.

—Porque ella ha sido amante de tu hijo. Se han revolcado y convivido ante nuestros ojos y, por si eso no fuera suficiente, han tenido unas hijas… Esas bastardas… —Me dolió como se refería a ellas pues, a pesar de todo, no tenían la culpa.

—No puedo creer lo que me dices.

Cruzó las piernas y yo me reacomodé en el sillón. —Pues dile a tu querido hijo que te cuente la verdad, yo no sé más, solo que le ofrecí mucho dinero a la estúpida de Isabella para que abortara y se buscara a alguien que la acogiera a pesar de la estupidez que había cometido.

Se levantó del sillón y me dejó sola en la sala, con mil dudas.

Cuando recuperé la compostura, salí silenciosamente de la casa, y Mauro me abrió la puerta del auto para dirigirnos al aeropuerto. Esto no se quedaría así, Edward e Isabella me darían explicaciones.

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Bella POV

Anoche no pude dormir después de haber visto a Edward. Sabía que no debía importarme, pero esa mirada me había calado hasta los huesos.

Estuve tentada a marcarle miles de veces y saber que quería, decirle que volviera y habláramos, pero no, tenía que resistir, si quería algo, que él viniera y me lo dijera.

Eran las seis de la mañana cuando decidí levantarme a prepararles algo de desayuno a mis pequeñas renacuajos y a su amiga.

Entré al cuarto de baño y abrí la ducha, mi cuerpo recibió agradablemente el agua caliente. Cerré los ojos y me transporté a mis muy buenos recuerdos.

¿Sabes una cosa, Bella? —Me encontraba acostada en el pecho de Edward, recuperándome del maravilloso sexo que habíamos tenido.

¿Qué cosa? —Alcé la mirada.

Eres la mujer más hermosa —Recorría mi cuerpo con la palma de su mano derecha— que he conocido. Es como si estuvieras diseñada para encajar conmigo —Me giró he hizo que quedara debajo de él.

Ujum… —Fue besando la base de mi cuello y no podía responder más.

Tu sonrisa contagia alegría, ganas de vivir —Fue bajando poco a poco, dejando besos por mi suave piel.

Eres más bella que la propia luna, tu luz es única e inigualable —Fue entrando en mí, lenta y tortuosamente.

No me tortures, Edward —Traté de aclarar mi voz.

¡Oh, cariño! —Introdujo uno de mis pezones a su boca y fue succionando, mordiendo —Eso será un dulce placer—. Ten paciencia.

Dio lentas embestidas mientras, con su otra mano, torturaba el pezón libre. Me sentía en la vil Luna, como si la cama fueran nubes y yo gozara del cielo eterno.

Sabía el lugar exacto donde torturarme para tenerme temblando de placer, besaba, mordía, soplaba, masajeaba, lamía.

Edward… Edward —Mi voz temblaba de la excitación.

¿Qué pasa, cariño? —Su voz caliente y sexy.

Más rápido —Logré decirle y fue en ese momento en que me penetró rápido y rudamente.

Tus órdenes, son mis súplicas, cariño —Mordió mi cuello y ambos nos entregamos al placer carnal.

Regresé a mi realidad, en la cual extrañaba a ese sexy hombre que compartía mi cama. Terminé rápidamente mi baño y salí de la ducha.

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Bajé a la cocina y encendí el horno para que se precalentara. Saqué harina, azúcar, huevos, mantequilla, pasas, pan, arándanos, moras, vainilla, polvo para hornear, leche, canela, nutella, y naranjas.

Busqué un bowl, una cuchara de madera, los moldes para muffins, el extractor, una sartén y capacillos.

Agregué azúcar y mantequilla, las revolví muy bien, para luego echar los huevos de uno en uno, una cucharada de vainilla, luego los polvos y las pasas. Coloqué la mezcla en el monde y los metí a hornear a 180° por 25 minutos.

Limpié la isla y busque otro bowl, donde serví una taza de leche, puse a calentar la sartén, pasé el pan por la leche y luego los puse en la sartén. Hice unos diez.

Luego piqué las frutas y saqué los muffins cuando el timbre sonó.

Dejé los platos en la lavatrastos y fui a abrir.

—¡Qué delicioso huele! En serio que envidio a mis sobrinas por tenerte como mamá —Me reí y saludé a Emmett y a Ros.

—Ni que Ros no te diera un delicioso desayuno —Me reí por el doble sentido de mis palabras.

—Qué sucia eres Swan —Me dio un leve golpe en el hombro.

—¿Qué? Yo no he dicho nada malo —Los tres nos fuimos a la cocina.

Pasamos un corto rato platicando, cuando tres renacuajos entraron a la cocina bostezando.

No tardaron mucho desayunando, y después subieron a bañarse para poder ir de compras. Emmett se había despedido ya que iría a ver unos pendientes de su trabajo.

Estábamos por salir cuando Kevin me llamó para decirme que nos acompañaría al centro comercial.

Finalmente, los cinco nos subimos a la camioneta.

—Mamá, ¿puedes poner el disco de One Direction, por favor? —Me pidó Jena.

—¡Ay! Ya me tiene harta ese disco, creo que ya me lo sé de memoria, Jena —Por el espejo retrovisor vi como rodó los ojos.

—Y nosotras ya tenemos grabadas las canciones de Jenni Rivera, Shakira y Carla Morrison, mamá —Ros se empezó a reír.

—Ni modo, Bells, tienes que ponerles su disco a tus hijas —Y así tuvo que ser, todo el camino me pasé escuchando a esos niños cantar, sumándole las voces de mis hijas.

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—Kevin, ¿te gusta este conjunto? —Las gemelas lo habían hecho entrar a una tienda de niñas.

—Sí, está muy bonito, aunque si lo escogieras en amarillo se te vería muy hermoso —Era un jumper con estampado de rayas.

—¿Y este, te gusta? —Le habló Melanie enseñándole un jumper de estampado de cebra.

—Sí, muy hermoso —Se veía muy feliz comprando con ellas.

Me acerqué a él. —En un momento regreso, iré a ver con Ros unas prendas —asintió y me dio un beso.

Nos alejamos para ir al departamento de damas.

—Bells ese hombre es simplemente maravilloso. En serio tienes que casarte con él. ¿Te imaginas tener un hijo con él? ¡Sería un dios! —Me reí de ella mientras buscaba un vestido.

—¡Qué cosas dices, Ros! Apenas vamos a empezar a salir, así que no puedo imaginar teniendo más hijos… por el momento.

Busqué tres vestidos sexys y regresé a buscar a las niñas para pagar la ropa, cuando me llevé la sorpresa de que Kevin había pagado la cuenta.

Fuimos a comer, luego a unos juegos, y Ros se despidió de nosotros inventando que tenía unos compromisos que cumplir. Habíamos almorzado comida Italiana y luego fuimos por unos helados.

De regreso a los juegos nos topamos con una tienda de mascotas.

—Mamá… entremos, ¿sí? —Nos pusieron sus ojitos de cordero y, como siempre, Kevin no resistió y entró con ellas.

—Hombre tenía que ser —murmuré, llevé para atrás un cabello suelto y entré.

Los encontré en la sección de perros, buscando cosas para Black y contándole como era su mascota.

Decidí salir, dejándolos ver las cosas y a las mascotas. Me daba cuenta que realmente mis hijas necesitaban la imagen de un padre.

Dejé que mi mente se hiciera telarañas pensando cosas sin sentido, y cuando regresé en sí, me di cuenta de que ya había pasado mucho tiempo, así que me levanté y empecé a ir hacia donde estaban, cuando los vi salir con un perrito blanco.

—Espero que Kevin se haga responsable de esa mascota —Realmente me encontraba molesta con los tres.

—Mami, no te molestes, nosotras solo queríamos darle una casa a este perrito —Seguí caminando.

—Bella realmente lo siento, no te molestes con las niñas, solo conmigo —Sentí una ternura en mi pecho.

—Hablaremos los cuatro cuando lleguemos a casa, mientras tanto, silencio —Los tres parecían soldaditos siguiéndome.

Nos subimos en la camioneta, esta vez Kevin manejaba. Busqué mi estación de Jazz en la radio y cerré mis ojos.

Sentí que pasó una eternidad para llegar a la casa, y cuando Kevin se fue acercando divisé un coche en la entrada.

—¿Qué les parece si vamos a cenar? —Todos se quedaron sorprendidos por mi radical cambio.

—Sí, podemos ir a comer al restaurant de un buen amigo mío —agregó Kevin.

—Vamos —dijeron las dos al mismo tiempo.

—Adelántense, yo tengo que ir a enviar unas cosas —Miré a Kevin y le supliqué con la mirada que me hiciera caso.

Él asintió, me bajé del auto y esperé a que se fueran. Me quede esperando a que la persona del auto se bajara, pasaron unos segundos y nada, así que me di la vuelta y me encaminé a la puerta de entrada.

Estaba por entrar cuando alguien tocó mi hombro. Me giré y me topé con la madre de Edward. Sentí como el aire abandonaba mi cuerpo.

—Buenas noches, Isabella —La voz cálida y maternal que siempre tenía Esme me recibió.

—Buenas noches, señora Cullen. ¿En qué puedo ayudarla? —Abrí la puerta.

—Sabes muy bien en qué me puedes ayudar, Bella, así que no te hagas la desentendida.

—Pase —Entré y esperé que ella la hiciera para cerrar la puerta.

La guié hacia mi estudio. El silencio era muy tenso y me ponía nerviosa que estuviera observando todo. Abrí la puerta y la hice pasar.

—¿Deseas algo? —Le indiqué que tomara asiento.

—Un té estaría bien —asentí y salí del estudio.

Saqué mi celular y le envié un mensaje a Kevin.

Por favor, ve que cenen mis hijas, surgió un imprevisto.

Alguien vino de visita y no quiero que vea a las niñas. Gracias, te debo más que una.

Entreténlas. Te quiero.

Bella.

Llegué a la cocina y calenté el agua de la tetera, saqué unas tazas y le coloqué el sobrecito de té. El agua no tardó en estar a su punto, la agregué y volví al estudio.

Entré y ella se encontraba viendo la foto de las gemelas cuando tenían seis meses.

—Son muy hermosas —Asenté su taza junto a ella y yo me quedé con la mía.

—Sí, son muy hermosas e inteligentes —Era una madre orgullosa de sus hijas.

—Te preguntarás qué hago aquí —Tomó un sorbo de su té viéndome.

—Así es. ¿Qué te trae por estos lares? —respondí e igual la observé con una mirada intimidante.

—Pues que me he enterado que tengo unas nietas —bajé la taza.

—¿Ah, sí? —Crucé los brazos sobre mi regazo.

—Mira, Bella, vamos al grano. Sé que Edward y tú tuvieron algo que ver, así que quiero la verdad —¿Y esta quién se creía?

—Esto no es asunto tuyo, Esme, así que te pido que no te incumbas —Frunció el ceño y se reacomodó en la silla.

—Claro que mi incumbe, son mis nietas —Realmente sentí ganas de reírme por lo que me decía.

—¿Tus nietas? —asintió— Perdóname que te lo diga, pero tu hijo renunció a ellas, así que ahora no vengan a joder —Me estaba molestando y cuando eso sucedía mi vocabulario callejero salía.

—Estaba en una situación difícil. Deja que nos acerquemos a las niñas, especialmente él.

Oh, no, señor. Eso nunca.

—Lo siento mucho, Esme, pero lo que ha hecho tu hijo, no tiene perdón —Y así era. Y no porque su madre viniera hasta Argentina a suplicarme, lo dejaría acercarse.

—Lo es, Bella, pero por lo menos deja que conozca a sus hijas —Respiré profundamente.

—Él tomo una decisión y ahora debe pagar sus consecuencias —Tomé el último sorbo de mi té.

—¿No tienes corazón para apiadarte de él?

—Retírate de mi casa, por favor —Sin temor a nada me levanté de mi asiento y caminé hacia la puerta—. Esto no es asunto tuyo. El único con el que puedo hablar de esto es tu hijo.

Estaba por salir cuando habló. —Mañana hablaremos los tres y quiero toda la verdad, Isabella —Sin más, salió de mi casa y yo quedé con una furia inmedible.

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¡VOLVÍ! jajaja resucite del los mares infernales, ¿me extrañaron? pero bueno hablemos de este capitulo ¿que les parecio? si yo aun sigo con eso de que odien a Renée por perra, desgraciada, hija de la gran fruta- me disculpo me he exaltado pero es la verdad.

las niñas ¿no son un amor? y ¿kevin? ¡dios! ¿porque no hay un hombre así en mi vida? pero en fin, yo creo que mamá Esme le viene a torturar la vida a su hijo.

y esa es otra me no me gusta como esta actuando.

en fin ya veremos que pasa en el siguiente capitulo, espero no tardar en actualizar.

recuerden el grupo de facebook de mi sabes solo el nombre y allí he dejado una publicacion para las que quieren ser agregadas al grupo de whatsapp.

nos vemos pronto chicas, muy deliciosa noche ¡besos!