No podían entender que pasaba, pero tampoco querían...
Félix miro a la azabache, tenía la cabeza baja, su cabello estaba recogido en una coleta alta corta, su vestuario ahora consistía en un short blanco, una blusa de manga corta bolada de color celeste y arriba un chaleco gris, junto a unas converse azules, simplemente hermosa a los ojos del ojiceleste.
La ojiazul dirigió su mirada al rubio al sentir su intensa mirada casi queriéndola desnudar, el inmediatamente corrió la mirada al sentirse atrapado viéndola.
Ninguno podía hablar, no sabían que decir, después de todo, no había nada que hablar...verdad?
Los dos negaron...
Habían muchas cosas que tenían y querían decirse, después de todo...ellos no podían olvidar todo tan fácil, ellos simplemente no podían borrar el pasado, todo lo que habían pasado, el tiempo juntos y el tiempo desgarrador como lo fue cuando estuvieron separados, ahora estaban frente a frente, y por dios, si que necesitaban hablar, pero...el otro querría hablar también...se preguntaban los dos.
Permanecieron en silencio...como romper esa incomodidad, no lo sabían, pero alguno debía intentarlo, debían quitar ese orgullo/timidez que tenían, pero como hacerlo, si no querían salir mal de esto, como...si solo querían estar como siempre...como siempre, esa era la respuesta, pero como hacerlo, ella amaba a su hermano, y él era orgulloso como para expresarse abiertamente a pesar que con ella siempre había sido diferente, ninguno sabia que hacer.
Mientras tanto afuera del invernadero...
Un ojiverde veía exasperado la situación incómoda de los dos ojiazules, sabía que no podía interferir pero le frustraba ver eso, había sacrificado una tarde con su princesa, su ángel, para que su hermano se arreglara con ella y aun así no lo valoraba logrando esa situación, no lo soportaba, así que sin más ganas de ver eso se fue del lugar siendo percibido por el rubio mayor que se encontraba adentro del invernadero, encerrado obviamente, Adrien había planeado que la cerradura se abriera 5 horas luego de cerrada, pues sabia podían tardar bastante.
De vuelta con los ojiazules...
El rubio dio una pequeña sonrisa, e hizo una señal para que su kwami saliera y así dejarlos solos puesto la kwami moteada también había decidido dejarlos solos acompañando a su viejo amigo, solo esperaba que cierto gato negro no apareciera..., mientras tanto el rubio se acercaba a pasos lentos a la azabache que lo veía con un sonrojo muy notable, con cautela se acerco al oído de la chica.
—ahora estamos solos, my Queen—hablo seductor cosa que hizo estremecer a la azabache
—f-Félix...y-yo es decir...nosotros...ahh soy patética—se reprimió la azabache con su típico tartamudeo a causa de los nervios que le había provocado el rubio
—my Queen, no te digas esas cosas tu eres magnifica—hablo el ojiazul aun al frente de Marinette—tanto como para que yo entienda que no debí dejarte escapar, pues alguien te podía robar de mi lado—el ahora triste rubio bajo la cabeza, logrando en la azabache una opresión en el pecho al verlo sufrir
—no es tu culpa—hablo apenada—yo fui quien no cumplió, y caí ante alguien que nunca me vería, es mi culpa por no poder evitarlo, por creer que te habías olvidado de mi y querer olvidarte siendo una chica normal, y con eso terminando enamorada de quien creí nunca estarlo de pequeña—rio suave—que irónico no?, siempre lo rechace de pequeña, y termine enamorada de el por ver lo que de pequeños vi en ti—el ojiceleste subió la cabeza con clara sorpresa...lo que había visto en el de pequeños, que significaba...no entendía
— ¿lo que viste en mi de pequeño? —hablo en voz alta sin querer pero no se avergonzó pues en realidad lo quería entender, así que siguió con un semblante serio esperando a que su amada azabache le respondiera aquella duda
La azabache sonrío leve mientras se sentaba en una de las bancas del invernadero para luego indicarle a Félix que se acercara y se sentara a su lado, no tuvo que esperar mucho para tenerlo al lado de ella.
P.O.V Marinette
Me sentía nerviosa, Félix estaba a mi lado, pero ya no era como antes, no podía ser cariñosa como desde pequeña había sido con él, solo estábamos aquí para arreglar lo que había destruido nuestra amistad actual...mi enamoramiento por su hermano.
Con timidez puse mi cabeza en su hombro, extrañaba estar así, mi cabeza apoyada en su hombro mientras él hablaba y yo le escuchaba exhalando su fragancia, una hermosa fragancia a lirios blancos mezclados con una pequeña mezcla a sakuras y vainilla, me hipnotizaba...pero esa fragancia había cambiado en los últimos años, ahora podía oler una fragancia más fina, proveniente de su cabello y nuca, sabía que nunca utilizaba un shampoo con olor ni siquiera utilizaba colonia, le era irritante pues tenía una nariz muy sensible, así que sabía que esta era su fragancia natural, lo cual me fascinaba, me dedique en esos momentos a oler su nueva fragancia, una que era más adulta, los lirios seguían ahí pero ahora con mayor intensidad, un aroma muy brusco pero suave al mismo tiempo, las sakuras habían sido sustituidas por moras silvestres y la vainilla ahora era opacada por un ligero olor a menta.
Volví a la realidad al sentir como mi gran amigo me acariciaba el cabello y me miraba pícaramente, algo que solo una vez se lo había visto, siendo White Cat en la primera y última transformación que me había mostrado sabiendo que era muy fácil de intimidar y más si se trataba de él, sonreí sonrojada al recordar y ver de nuevo esa sonrisa que me seguía poniendo nerviosa.
P.O.V Félix
Sonreía coqueto, mi pequeña azabache estaba sonrojada y me fascinaba ser yo quien era el causante de esto, pero debía concentrarme en lo que antes le había preguntado. Así que aun con mi sonrisa coqueta me acerque a su oído, lo lamí un poco solo para verla estremecer, me fascinaba ver lo que provocaba, yo la amaba, como nunca amaría a nadie, seguía teniendo ganas de molestarla de una forma que solo me pertenecía a mí, con el pensamiento de molestarla solo un poco mas puse mi boca en su cuello para lamerlo logrando arrancarle un pequeño gemido que me hizo gruñir, pero debía controlarme, subí poco a poco de su cuello a su oído aun lamiendo y al llegar a su lóbulo lo mordí un poco sacando otro pequeño gemido de su parte seguido de un suspiro, me detuve tratando de controlarme y no hacerla mía en ese mismo instante.
(Igual yo, la escritora no lo permitiré 7u7r...u.u aun no las quiero traumar)
—Ahora my Queen dime—hable serio pero aun con picardía—que es lo que viste en mi—me separe de ella, no debí haberlo hecho...
P.O.V Normal
El rubio no pudo evitar la acción que hizo al ver a su preciada ojiazul así, sonrojada, jadeando, frágil, y en sus ojos una pequeña chispa de deseo había, algo que logro que Félix no se controlara mas y la besara.
Un beso que para su grata sorpresa fue correspondido y que para el infortunio de cierto ojiverde era una granada en su corazón y un detonador de celos felinos.
