¡Hola! siento el retraso, ayer me fue imposible actualizar porque no estaba en mi casa y no había Internet... De nuevo muchísimas gracias por los comentarios y por los apoyos, y deciros que no os preocupéis por la edad de Emma que todavía tiene que desenlazarse la historia, no me seáis impacientes. :P

Espero que lo disfrutéis.


Con el paso de los días Emma había seguido yendo al bosque, había conseguido tener un trato hasta amigable con la alcaldesa, al menos ésta ya no hacía malas caras cuando la veía, es más, parecía hasta aliviada cada vez que veía a la rubia esperándola.

Emma había observado el comportamiento de Regina, sabía que por las mañanas iba a trabajar de lunes a viernes y por las tardes cuando salía del ayuntamiento, le gustaba ir a relajarse al bosque. Los sábados y los domingos le gustaba ir mucho antes y pasar el día entero allí. Comía y en ocasiones cenaba allí.

Le había costado recopilar esa información. Habían sido muchos días observándola, pero por fin lo sabía e iba a comenzar con su plan de seducción.

-Mamá- se pronunció por fin la rubia después de que llevara 5 minutos dándole vueltas a los cereales en su tazón.

-¿Dime?- respondió Mary Margaret que la había estado observando.

Emma siguió dándole vueltas a los cereales, quería pedirle algo a su madre pero sabía que iba a empezar a preguntarle.

-Hija- dijo James con una sonrisa -como sigas así vas a acabar mareando a los cereales.

Emma sonrió y dejó la cuchara en el cuenco, levantando la mirada se dispuso a hablar.- Mamá me gustaría que me ayudases a preparar un pastel.

Mary Margaret se sorprendió con lo que había dicho su hija. Emma nunca se había interesado en la cocina y mucho menos en la repostería. Era un auténtico desastre, un día quiso hacerse un huevo frito y cuando volvió a la cocina se encontró a Emma con un colador en la cabeza, un tenedor en una mano y una tapa de una olla en la otra a modo de escudo. Cuando vio a su madre, corrió hacia ella diciendo que el huevo no paraba de escupirle. Esbozó una sonrisa al recordarlo y pensó que quizás era el momento de que Emma aprendiera algo de cocina, en el fondo eso había pasado cuando tenía 9 años.

-Claro que si cariño, ¿cuándo quieres que hagamos el pastel? ¿Quizás mañana por la mañana?-preguntó.

-Esto... la verdad es que no… había pensado hacerlo hoy por la mañana. Ahora mismo si no tienes nada que hacer.

-¿Ahora?... pero cariño, ahora no puede ser, no he hecho nada en casa, ni he ido a hacer los recados, ni siquiera a comprar, no hay nada en casa cariño.

Emma necesitaba ese pastel para el medio día, no podía retrasarlo más o perdería el valor que tenía. – Ohhhh, venga mama por favor, papá está de vacaciones, sabes que puede hacer las tareas de casa y que puede ir a hacer tus recados, porfí porfí porfí- insistió Emma mirándola con ojos llorosos, pues sabía que la táctica de dar pena siempre funcionaba con sus padres.

-¿David?- preguntó indecisa.

-Claro que sí, no hay problema, yo me encargo de todo hoy. Vosotras hacer ese pastel para que luego yo pueda comer un trozo y dar el veredicto-

-La verdad papá, es que no va a poder ser, había pensado en que me lo iba a llevar para comérmelo con… una amiga.-Emma dudó, casi se le escapa el nombre de Regina.

-Oh vaya- dijo bajando la cabeza apenado -Bueno no pasa nada, de todas formas yo me encargo de todo hoy Mary Margaret.

-¡Bien!- Emma pegó un salto de su silla y corrió hasta donde estaba sentado su padre.-Te prometo que el próximo pastel que haga será solo para ti- le besó la mejilla.

-Eso espero pequeñaja- tiró de ella para que se sentara en sus piernas y comenzó a hacerle cosquillas ante la mirada divertida de Mary Margaret.

-Aun así Emma, no tenemos casi nada en casa.- dijo ella

-No te preocupes mamá, nos las apañaremos con lo que haya-. Se levantó de las piernas de su padre, se acercó a su madre y la cogió de la mano – venga, vamos a ver que tenemos en la despensa-. Dijo levantando a su madre de la silla y casi arrastrándola por la cocina.

Abrieron la despensa y vieron que les quedaba un paquete de azúcar y uno de harina.-Coge eso Emma- los señaló -vamos a la nevera que creo que tengo masa todavía que compre para hacer una tarta, coge también esas manzanas de ahí. Creo que lo único que podemos hacer con las cosas que tenemos es una tarta de manzana, ¿te parece bien?-sacó la masa de la nevera y unos cuantos huevos.

-Claro que si mamá cogió las cosas que su madre le había pedido y las llevó a la encimera donde ella había dejado las otras. Casi se carcajea en el momento en el que su madre dijo que iban a hacer tarta de manzana. Pues había recordado aquella conversación con la alcaldesa, el día en el que la había invitado a comer, que le dijo que ella era más de envenenar manzanas. Se moría por ver la cara que iba a poner Regina, al verla aparecer con una tarta de manzana.

Finalmente observó con orgullo su obra, había quedado muy bien, solo esperaba que también estuviera igual de sabor.

Emma miró el reloj y vio que eran las 11:00 – ¡Oh no!- se le había hecho algo tarde –mamá voy a comer fuera y llego tarde, ¿podrías por favor ponerme un poco de la carne en salsa que sobró ayer en una fiambrera, mientras yo me ducho en un momento?

Sin dejar contestar a su madre, salió corriendo subiendo las escaleras hacia su cuarto.

Unos minutos después, Emma bajaba corriendo las escaleras con las zapatillas desabrochadas, el pantalón también desabrochado y la camiseta del revés.

-Emma cariño, que prisa tienes… haz el favor de abrocharte los pantalones y las zapatillas y ponerte la camisera del derecho-. Se acercó a ella y le acomodó el cabello mojado detrás de la oreja -y sécate el pelo, que un día de estos te vas a resfriar- dijo su madre poniendo la fiambrera y el pastel dentro de una nevera pequeña de tela.-Me alegro mucho cariño de que últimamente salgas de casa y hagas amigos. Ya sé que en el pueblo apenas hay amigas para que quedes y la gente que hay es un poco mayor que tú. ¿Con quién has quedado? ¿Con Rubi o Bella?

-Esto…. Sí, he quedado con Rubi y me voy ya…que llego tarde- decidió mentirle y decirle que iba con Rubi porque era una de sus mejores amigas, y a la única que le había dicho que iba con la alcaldesa y que empezaba a sentir cosas por ella aparte de atracción sexual. Ésta se sorprendió pero acabó confesándole a Emma que ella se consideraba Bisexual, puesto que había estado con chicos y chicas. Emma le contó su plan y Rubi decidió ayudarla a planear su seducción. Lo que más le gustaba de Rubi es que era alguien que le encantaba el peligro tanto como a ella. A Bella también la quería mucho, pero era muchísimo más precavida y nunca la hubiera animado a arriesgarse como Rubi había hecho con ella.

-¿Quieres qué te lleve en coche a dónde hayas quedado cariño?- Le preguntó su padre.

Era una oferta muy tentadora, pero no podía arriesgarse a que la vieran con Regina, ni a que descubriera el lugar donde se veían.- No papá, tranquilo, que llego bien a donde he quedado. Se acercó a darle un beso a su padre y otro a su madre y cogiendo la nevera se dirigió a la puerta.

-Emma te he metido dos refrescos y una botella de Agua en la nevera.-dijo su madre.

-Gracias mamá- contestó cerrando la puerta de la casa.

Decidió pasar antes por Granys, para avisar a Ruby de que les había dicho a sus padres que había quedado con ella. Ésta había acabado ya su turno y le deseó muy buena suerte. Le dijo que no se preocupara, que ella también había quedado con una muchacha y que no iban a estar en la ciudad. Le había dicho a su abuela que se iba a ir a comer con Emma.

Ambas se rieron por sus mentiras en común y abandonaron un poco el pueblo juntas antes de separarse para hacer más creíble su coartada.

Una vez se despidió de Rubí siguió el sendero hacia el lugar donde sabía que ya estaría Regina. Y no la defraudó. Un rato después vio aparcado el coche de la alcaldesa y un cosquilleo de nervios inundó su cuerpo. Se hizo visible por detrás del coche, justo cuando la morena levantaba la cabeza del libro que tenía delante. Se quitó los auriculares que tenía puestos y sonrió a la Rubia.

-Buenos días Emma, ya creí que hoy no ibas a venir e ibas a dejarme tirada sin nadie con quien comentar nuestro libro.

Lo llamaban nuestro libro porque ambas tenían el mismo y habían decidido leerlo a la vez para comentar cada capítulo en sus quedadas.

-Claro que no te iba a dejar tirada, y menos con lo interesante que estuvo ayer el capítulo- dijo Emma con una sonrisa boba en la cara -Es solo que estaba haciendo unas cosas en casa antes de venir.

-Vaya, vaya, así que Mary Margaret te tiene como a la cenicienta, limpiando la casa ehh… ¿Quieres qué vaya yo allí?, creo que se me daría bien eso de ser la bruja mala-. Terminó la frase con una mirada maliciosa y un brillo de travesura en los ojos.

Emma le dio un manotazo cariñoso en el brazo. Antes hubiera sido imposible tener ese gesto con la morena. En otra ocasión, probablemente estaría sin una mano, pero ahora solo había conseguido que la morena sonriera más -No seas tonta, no estaba haciendo de cenicienta, de eso ya se ha encargado mi padre. Yo estaba haciendo otras cosas, que luego descubrirás.

-Uhh no puedo esperar- dijo fingiendo impaciencia mientras volvía la mirada al libro -lee y calla que me desconcentras, y ya te he adelantado. Sé que no te gustan los spoilers, así que no me hagas ser mala y decirte alguno.

¡Ni se te ocurra!- dijo Emma sentándose al lado de Regina en la manta que ésta había traído, poniendo la nevera al lado del árbol a la sombra y sacando de un lateral de ésta el mismo libro que tenía la morena.

Ambas se sentían muy a gusto en compañía de la otra y deseaban que llegara el momento en el que se encontraban y pasaban las horas juntas.

Continuará...