HOLAAAAAAAA, YA ESTOY AQUÍ!

He conseguido escribir más de lo pensado estos días, así que

he adelantado la fecha prevista para publicar!

Espero que os guste el capi... :-)

.


CENIZAS, Tu existes


.

.

.

- Bella… ¿En serio no quieres que te acompañe a cambiarte a tu casa? - Era la tercera vez que me lo preguntaba, y la voz de Emma, en cada ocasión, subía de preocupación y agobio.

- No, tranquila. Estaré bien, en serio. Ellos… - Respiré profundo – No van a hacerme daño – Rodé los ojos. - ¡Para nada! Por ese aspecto puedes estar tranquila. - Em hizo un mohín de disconformidad con la boca.

- Podías ponerte algo mío… No hace falta que vayas a tu casa… Yo podría ir a recogerte los libros y lo que necesitases para que pases aquí unos días.

La gentileza de Emma no tenía parafin. Era encantadora al extremo.

Su preocupación, y suposición, era que me hicieran algo; que mi angustia era debida a que les tenía miedo. Visto desde fuera, imagino que daba esa sensación.

Una vez convencida, Emma me dejó en la puerta de mi casa para que me cambiara y recogiera mis libros.

- ¿En serio no quieres que suba contigo? - En su voz se palpaba el miedo.

- No, espérame aquí. Bajaré en seguida y nos iremos a desayunar un muggin de esos que tanto nos gustan; ya que hemos madrugado tanto… - Me giré, pero me volví - Emma – La llamé con tono muy serio – No les tengo miedo, no van a hacerme daño; simplemente no quiero verlos… - suspiré – me hicieron mucho daño en el pasado y ahora, teniéndolos aquí, hacen que mis demonios, los que tanto he tratado de echar, vuelvan. Y eso… puede llegar a ser peor que el daño físico en el que tú estás pensando. - Emma pestañeó sorprendida por mi explicación, pero sonrió triste y asintió.

- Empiezo a contar desde que entres en el portal. - Le saqué el pulgar y anduve rápida para dentro.

.

Según iba subiendo escaleras, mis pulsaciones ascendían de igual manera. Estaba segura como que me había levantado esa mañana, que alguno de ellos estaría en mi apartamento, esperándome.

Nunca imaginé que sacar unas llaves de un bolso pudiese convertirse en una tarea tan difícil; las manos me temblaban tantísimo, que no atinaba a encontrarlas.

Después de casi un minuto, la puerta de mi apartamento se abrió; y mi corazón abandonó mi cuerpo.

Enfoqué la mirada hacía el suelo, a una zona segura, y allí me encontré con unas bailarinas y unas piernas blancas y esbeltas.

- Pasa Bella… Vas a acabar por hacerle un agujero a tu bolso – Su tono era chistoso al punto de molestar. Solté un bufido. Aunque sabía que Alice intentaba ser simpática y romper de alguna forma el hielo.

- Espero que estés sola… - dejé la frase en el aire, justo en medio de la puerta y Alice me lanzó un suspiro.

- Edward no está. - Respondió con "tonito". - Está Jasper. Espero que no te importe. - Fruncí la boca, pero asentí.

Entré casi sin mirarla; su sola presencia me afectaba a niveles desorbitados.

¿Cuántas veces había imaginado este momento?:

Nos abrazaríamos durante tanto tiempo que los brazos se me dormirían, nos miraríamos, adorándonos, y comenzaríamos a dar brincos (manía que me había pegado en nuestro tiempo juntas), incluso gritaríamos de alegria… Pero nada de eso sucedió.

Lo que reinaba entre nosotras era tirantez y distanciamiento. Podía sentir el trabajo del don de Jasper sobre mi sistema, intentando mandar oleadas de calma.

"Demasiado tiempo… Demasiadas cosas..."

- Puedes parar Jasper. Estoy bastante controlada – Bufé. Escuché como él reía bajito. Me volteé casi con violencia. - ¡No me puedo creer que halláis entrado sin permiso en mi apartamento! - Gruñí, alzando la voz. - ¿No podéis esperar a picar y que os abran, como la gente normal?

Me fui a mi escritorio donde tenía los libros pasando por su lado sin mirarlos; comprobé los que necesitaba para ese día; una vez revisada mi bolsa, me paré dándoles la espalda.

- ¡Seis añosssss! SEIS MALDITOS AÑOS… y os presentáis así, de golpe. - Paré para respirar, estaba a punto de ahogarme con mi propio veneno – No encuentro palabra para describiros. - Los miré con rabia, con desconcierto… y con dolor.

- Si… bastante controlada – Comentó Jasper con un toque de sarcasmo. Lo fulminé con la mirada.

Me dirigí a mi dormitorio a cambiarme de ropa cerrando de un sonoro portazo.

- Buena idea… No creo que sea muy original ir por ahí con una camiseta manchada de sangre – Su voz volvió a adquirir un tono chistoso y risueño, pero tenía un deje de molestia.

- Alice… - Pude sentir a Jasper regañándola.

Me senté unos instantes en la cama. Necesitaba tomar aire, sentía que me ahogaba, que me faltaba el oxígeno en los pulmones ya que estos me quemaban. Pero no era falta de aire; eran las tremendas ganas de llorar que estaba aguantando.

Pero no les permitiría verme derrumbarme. Eso jamás.

- Como supongo que no estoy invitada, aún, a desayunar con vosotras… - soltó con voz cantarina – tendré que pedirte audiencia y que me apuntes en tu apretada agenda social. - Sarcástica, mucho. Su comentario, por mucho que lo evité, me sacó una sonrisa.

- Alice… - la enfrenté una vez cambiada y fuera del dormitorio – Ahora no tengo tiempo, en serio. No… no sé para que habéis venido, - los miré a ambos; pestañeé y meneé la cabeza, confundida - pero si esto es un juego, os diré que me parece muy macabro y ruin. - Les lancé una breve mirada de advertencia y volví a moverme, no podía estar quieta y menos teniéndolos delante.

Alice me sujetó del brazo haciéndome parar y enfrentarla; Jasper dio un paso acercándose a Alice, me quedé pasmada al ver su rostro serio y compungido. Ella jamás me había mirado de esa forma.

"Esto debe ser serio… serio y grave"

- Bella... Nadie está jugando contigo. Aunque habrá tiempo para las explicaciones y disculpas, te adelanto que todos sentimos muchísimo habernos ido así, de repente y de esa forma tan atroz. Pero todo tiene una explicación, créeme. - Rodé los ojos, y ella omitió mi gesto - Hemos venido por algo muy serio. - Esperó lo que un humano necesitaría para recuperar aire. - Estas dos semanas van a ser complicadas, en el máster, digo. Tenéis exámenes duros e importantísimos, por lo que no queremos desconcentrarte.

- Un poco tarde para eso… - solté con malicia; fue su turno para rodarme los ojos.

- Acabas las clases el día 1 de septiembre, y te dan el título el 2, ¿verdad? - Asentí. Estaba sobradamente informada - Bien, el domingo 3, no hagas planes, tienes una cita con nosotros, - dejé de respirar - donde todo quedará explicado… - Alice al ver cómo me había agitado de pronto, dejó de hablar, mirándome con el ceño fruncido.

- No… ni lo sueñes… - Jadeé – Con todos no. - Le hice una señal negativa a Jasper para que no usara su don. Alice me miró condescendiente. - Os escucharé… os doy mi palabra. - Me mostré rotunda y sincera – Pero, y escucharme bien, si él… si Edward, - tuve que hacer una pausa; nombrarlo en voz alta hacía que mi brecha del pecho vibrara, descontrolándome; Jasper me miraba fijamente - se acerca a mí, se acabó el trato. No os escucharé ¿entendido? Ni una sola palabra.

Alice dejó escapar un suspiro lastimero, agachando el rostro compungida, dolida y Jasper mantenía su rostro completamente sombrío y el entre cejo fruncido. Eso me hizo achinar un segundo los ojos; era raro que a sabiendas del daño que su hermano me hizo, mostrasen un dolor y desconcierto tan palpable al escuchar mis palabras en contra de Edward.

- Está bien. Cuando nos escuches, lo entenderás todo. - Jasper fue quien tomó la palabra. Resoplé, vencida.

- Si tú lo dices…

Justo cuando estaba sujetando el pomo de la puerta, me volví a girar:

- Recuerda mi condición, Alice… Y… - Inspiré aire, notaba como me ahogaba por segundos – que él lo recuerde también. –imaginaba que él no andaría lejos, así que lo dije con doble intención. – Nada de juegos como el del otro día en la cena – Rodé los ojos molesta.

- No te molestaremos. Dejaremos que te concentres en tus exámenes. - Asentí. – Pero… reconoce qué fue divertidísimo – Alice hizo un mohín con los labios, en un vano intento de aguantar la risa. Le rodé los ojos. - ¡Oh vengaaaa! ¿Me vas a decir que cuando estabas en el baño, por muy ebria que estuvieras… ¿no lo reconociste? – Preguntó con una sonrisa casi hasta infantil. De pronto la tenía otra vez a mí lado, mientras Jasper sonreía de lado viendo la escena - ¿Vas a decirme que tu cuerpo y tu alma no sintieron que era él? – Recalcó con malicia ese "él". Pero su rostro seguía mostrándose ilusionado.

- Alice… Tengo que irme. Y por favor… dejar de perseguirme, me molesta muchísimo. – Mi tono fue algo más duro del que pretendía.

.

No podía permitirme estar más tiempo, porque me pondría en evidencia delante de Alice, y eso sería cavar mi propia tumba, ya que ella lo usaría siempre contra mí.

Porque… Claro que en el fondo sabía que eran ellos. Lo supe siempre, desde el principio… Pero mi mente, aterrada de volver a recaer, bloqueaba cualquier sentimiento y reconocimiento.

.

.

Esa noche la pasé en casa de Emma; más por calmarla a ella que por estar yo agobiada. El sentimiento de miedo se disipó una vez confirmado que eran ellos los que estaban detrás de todos los acontecimientos "raros" de estas últimas semanas; debía reconocer que la sensación de protección que ellos me enviaban al estar cerca, me hacía rozar el éxtasis.

Después de estar estudiando como locas casi toda la tarde, Emma y yo, nos tomamos un descanso. Ninguna tenía ganas de cocinar, por lo que pedimos unas pizzas. Mientras llegaban nos turnamos para darnos una ducha y despejar.

La primera en entrar al baño fue Emma y yo me dediqué a recoger un poco la mesa del salón, la cual habíamos invadido de libros y apuntes.

Entre estas, mi móvil sonó: Un correo electrónico nuevo.

"Pues sí que ha durado poco el tiempo de concentración…" Pensé mordaz.

Recogí mi teléfono para abrir los correos, con curiosidad. Pero cuando la aplicación se abrió, lo que leí me dejó congelada y con el pulso martilleándome con violencia.

.

"Tiene un correo nuevo en su bandeja de entrada: Remitente: Edward Cullen"

.

- ¿Qué…? – Respiré varias veces, de forma profunda. El aire no llegaba a mis pulmones y sentía que me asfixiaba.

¿Cuántas veces había soñado con recibir un mensaje de él? ¿Cientos? ¿Miles? ¿Miles de millones, tal vez?

Me había obsesionado tanto, hasta el punto de dejar de vivir, de existir, esperando noticias de él, deseando recibir un mensaje diciéndome que se había equivocado, que no podía vivir sin mí… Después de un tiempo me hubiese conformado con cualquier cosa.

Cuando comencé a recuperarme y ser un poco más consciente del mundo a mí alrededor, cerca de un año después, seguía deseando esa comunicación. Aunque por aquel entonces ya me había dado por vencida ante la idea de recibir cualquier clase de noticia y eso, me hacía no acabar de salir del pozo negro en el que se había convertido mi mente y mi alma.

Y ahora, tras seis años, una fortísima depresión que casi me cuesta la vida y la cordura, y que he rehecho mi vida… Ese mensaje tan anhelado, llega.

Y lo más irónico de esto, es que sí que estuve recibiendo esos mensajes; desde siempre, él estuvo pendiente de mí. De mí vida, de mis progresos… incluso de aquel percance con aquellas pastillas.

Cerré los ojos y le di al botón de abrir...

.

22 de Agosto:

Me parece absurdo seguir escondiendo mi identidad, ya que te lo ha dicho Alice.

Sí. Siempre fui yo el que te envíaba aquellos mensajes.

¿Todos menos yo?

No tengo ningún derecho a pedirte nada, pero…

¿Tanto me odias… o tanto me temes para no querer verme?

Antes o después nos encontraremos, de eso estate segura.

Tengo tanto qué decirte, tanto qué explicarte…

No ha pasado un solo día en que no haya pensado en ti…

No olvides eso.

Edward

.

Lancé el móvil contra la pared con rabia, estrellándolo en mil pedazos; maldiciendo para mí misma.

Sentí el agua de la ducha parar, así que me apresuré a mi dormitorio para cambiarme y meterme en la ducha lo más rápido que pudiera sin tener que cruzarme con Emma.

- Voy a vestirme… Pasa a ducharte – Emma pasó del baño a su habitación sin fijarse en el destrozado móvil.

- Sí. La cena no tardará en llegar – Tal cual dije eso, me metí en el baño con premura. Ya tendría tiempo a explicar el "incidente" del móvil.

.

Me introduje bajo el chorro de agua, me agaché sobre mis rodillas sosteniéndome la cabeza entre las manos y me deje ir… Lloré. Lloré y gemí expulsando todo el dolor y la rabia que sentía. Liberando así a mis pulmones, los cuales quemaban como un fuego intenso por aguantar esas lágrimas dentro de mi alma.

Al cabo de un rato, no sabría identificar cuánto tiempo habría pasado, Emma picó a la puerta del baño.

- Bella, las pizzas acaban de llegar – Su voz sonaba suave y cuidadosa.

Me aclaré la garganta.

- Si, ya salgo. Un minuto.

Me lavé el pelo y el cuerpo en un tiempo record y salí apresurada, a medio secar. Me di un vistazo rápido en el espejo y tenía la cara completamente enrojecida de llorar.

- Me visto y cenamos – Me metí en la habitación para ponerme el pijama a la carreras.

En menos de dos minutos aparecía en el salón dispuesta a cenar mi deliciosa pizza.

.

Cuando fui a sentarme, comprobé que Emma había recogido todos los trozos de mi maltratado móvil y los había depositado en la mesa alta que usaba de escritorio.

Nuestras miradas se encontraron, mirando en la misma dirección.

- No tiene arreglo – Murmuró Emma – Pero los he recogido, para no cortarnos en los pies con los trozos.

- Emma… yo… lo siento… - Suspiré, avergonzada – Perdí los papeles… y… - no sabía qué decir.

Nos miramos un instante y de repente, estallamos en carcajadas.

Después de estar riéndonos durante minutos, fuimos tranquilizándonos.

- La verdad es que ya tenía ganas de cambiar de móvil – comenté chistosa, sacando la lengua.

- Pues no tendrás mejor escusa que esta. – Emma usó el mismo tono jocoso que el mío.

Tras cenar, volvimos a estudiar para darle el último repaso antes de ir a dormir.

Esa noche, volví a soñar con Edward. Aunque me desperté sobresaltada, no lo hice empapada en sudor y asustada como habituaba a pasarme, porque realmente, no había sido una pesadilla.

Fueron atisbos de recuerdos de él; de nuestro tiempo juntos. Fue un sueño... bonito.

.

Emma decidió por mí, que me quedará lo que restaba de semana con ella. Tras pasar el fin de semana, ya hablaríamos, había dicho.

Aunque me parecía abusar, su tono de voz no dio lugar a réplicas.

Cuando llegamos a casa al día siguiente, después de estar toda la tarde en la biblioteca, nos encontramos con un paquete envuelto para regalo delante de la puerta de su piso.

- ¡Ahí va! ¿Y esto? – Preguntó ella sorprendida, recogiéndolo del suelo.- Es para ti – murmuró, girándose y entregándome el paquete. Asentí.

- ¿Qué te apuestas a que es un móvil? – La pregunta me salió con más sorna de la que pretendía. Emma abrió los ojos con gracia.

Entramos en casa y abrí el paquete. No sé cuál de las dos sentía más curiosidad por ver el contenido.

- ¿Quieres apostar algo, o no? – Volví a preguntar, esta vez sin ironías. Emma negó con una grandísima sonrisa curiosa que le atravesaba la cara.

-¡Ábrelo Bella! Va a acabar dándome un infarto – Unas carcajadas abandonaron mis labios.

No me equivoqué ni un ápice. Un móvil de última generación, un Iphone 7 Plus resplandecía nada más abrir la caja.

- ¡Joderrrr! – Emma se quedó mirando mi móvil embobada. Para luego mirarme a mí – Bella… ¿Tienes idea de lo que vale ese móvil? – Me incliné de hombros. – ¡La friolera de mil dólares! – Dejé escapar un bufido de resignación - Además, no está a la venta normal. Solo se vende de forma exclusiva hasta dentro de un mes, que hagan su lanzamiento comercial. – Me explicó. Enarqué una ceja.

- Te veo súper enterada sobre móviles.

- ¡Noooo! No sobre móviles, sobre ¡Ese móvil! Desde que lo anunciaron, he estado ahorrando para poder comprarlo cuando bajase de precio – Rodó los ojos de forma lastimera.

Lo cogió entre sus manos como si fuera un auténtico tesoro.

- No está protegido, debes ponerle un patrón. – Comentó sin separar la vista del móvil. - ¡Guauu! Ya está configurado. – Me tendió el teléfono. – Eso es una pasada, porque son bastante trabajosos para configurarlos – Rodó los ojos – Tanta tecnología, es lo que tiene – Se inclinó de hombros.

Me fui directa a los contactos. Quería comprobar algo que ya sabía de antemano me iba a encontrar.

A parte de tener todos mis contactos, tenía siete nuevos miembros en mi agenda, con sus respectivas fotos, teléfono y correo electrónico.

"¡Vaya…! ¿Ahora si dejan señas?"

El pensamiento me hizo estremecer.

Pero más me estremeció el ver la foto de Edward, ya que fue la primera que pinche.

"Si... masoquismo puro... ¡Qué le vamos a hacer!"

Y ahí estaba… Glorioso. Hipnótico. Fascinante. Sensual… Irradiando esa seguridad, ese punto de dulzura que te dejaba sin aliento.

- Ese es el señor Cullen – No fue una pregunta. Asentí – Si me permites la expresión… - Emma abrió los ojos como platos – Está… ¡Tremendo! ¡Madre míaaaaa, menudo pivón! – No pude hacer otra cosa que reírme.

- Si… está tremendo. – Sonreí con picardía. – Pues cuando lo veas en persona… - Gesticulé con los ojos – Te vas a caer de culo – Le di un suave codazo y ambas nos echamos a reír.

Dentro de la caja, debajo de donde estaba el móvil, había una nota. Nada más desdoblarla reconocí la letra sin duda alguna:

.

"Siento que mi correo de ayer te afectara tanto como para destruir tu móvil.

Sé que es excesivo y que es lo que estarás pensando, pero por favor, déjame compensarte.

Me pareció perfecto para ti.

Entre Alice y Rose lo han configurado para que no perdieras tiempo haciéndolo tú.

Atentamente,

Edward Cullen"

.

- Y el regalo es de él… personalmente - Murmuré, lo justo para que Emma me escuchara.

- No lo dudaba – Respondió rápidamente ella. Me giré para mirarla, y sus ojos brillaban expectantes.

- No voy a indagar sobre por qué me estás mirando así. – Fui camino a mi dormitorio, mientras meneaba mi mano al aire, dándole la espalda a Emma.

La cual, se quedó embobaba con el móvil y la foto de Edward.

.

.

.

Qué frialdad entre Bella y Alice, verdad? Pero bueno... Era de esperar.

Y el lanzamiento de móvil? Creo que van a añadirlo como especialidad en los próximos juegos olímpicos... jajajajaja!

Menudo genio nuestra Bella... pobrecito móvil.

Pero... ¿Por qué creéis que Bella reaccionó así al mensaje? Solo por rabia, o por algo más...

Y como no... al día siguiente, móvil nuevo. Cortesía de Edward Cullen. Este vampiro nuestro, siempre atento a todo. ;-)

En unos días... mássssssss!

Gracias por los reviews... No sabéis lo que me animan y lo contentísima que me pongo cada vez que recibo uno!

Las que no comentais... ¡Venga, animaros a dejar unas letras, que solo es un minuto!

BESITOSSSSSSSSSS!