Mis queridos nargles... ya volvió por quién llorabais -¿Zac Efron? ¿Tom Felton?, No, me refería a mi.- Okno. Bueno, me he ausentado unos días, ya que este capítulo me estaba colapsando completamente, es bastante largo y tedioso, pero quiero empezar a partir de él una pequeña transición en los personajes, es tan sutil que quizá ni os deis cuenta de que está allí, pero en algún momento cobrará sentido. Este capítulo conitene un poco más de Blaise x Ginny, y me encanta ver como ella se desenvuelve con el idiota pero amado Zabini. También os spoileo que habrá una escena bastante tierna entre Hermione y alguién más (tanto no os iba a spoilear) que creí que representaría la verdadera naturaleza de la relación entre ambos, aunque al final dicha escena termine causando unos problemas ínfimos al principio que finalmente serán una bola de nieve decidida a arrollar a nuestros queridos protagonistas. El título se refiere a las dos parejas, Blaise y Ginny y Draco y Hermione, pero ya descubrireis a cual se refiere cada "blood"
Sin más dilación, les dejo con la lectura. Espero sus reviews, me dan mucho ánimo :3
~Topi
BAD BLOOD, HOT BLOOD
-¡Hermione, Hermione!- Harry y Ron se abalanzaron sobre ella en cuanto la vieron.- ¿Qué te ha hecho el hurón estúpido?- A pesar de su ruptura, el menor de los Weasley y ella seguían teniendo la hermosa amistad de los años anteriores.
-Nada, Ron, estoy bien.
-Tu cara no dice lo mismo.
-Solo estoy agotada, nada más.
Después de aparecerse en Hogsmeade con Charlie y Malfoy, tuvieron que caminar hasta el castillo y luego ir al despacho de McGonagall, que extrañamente no estaba enfadada. Solo preguntó qué había sucedido y los dejó marchar, no sin antes recordarle a Hermione que su amiga Weasley se encontraba en la Sala Común de Gryffindor con sus amigos, pues tenían permitido estar allí al menos una hora y media por día.
Ginny la miró, desconfiada, y decidió que quizá lo mejor sería volver a sus habitaciones en Slytherin y hablar con tranquilidad, la conocía, y en cualquier momento explotaría.
-Venga, dejadla, tenemos que irnos.- Tampoco iba a admitir que le incomodaba un poco estar cerca de Harry, no porque se arrepintiera de la decisión que habían tomado juntos, sino porque ninguno de los dos sabía cómo comportarse cerca del otro.- No os metáis en problemas.
Cuando salieron por el retrato de la Dama Gorda, Hermione suspiró. Su pelirroja amiga clavó la mirada en ella y luego en las bolsas que llevaba, de una de ellas sobresalía un marco de fotos antiguo de aspecto caro.
-¿Y eso?- dijo cabeceando en dirección a dicho marco.
-Es una larga historia, vamos.
Las dos caminaron tranquilamente, conscientes de que deberían ir más rápido para poder dejar sus cosas e ir a cenar, ni siquiera debían cambiarse de ropa, pues los fines de semana, se les permitía a los alumnos usar su ropa normal.
Ginny no se atrevió a mediar palabra, pues sabía que cuando su amiga quisiera hablar, lo haría, aunque esta vez todo parecía más complicado de lo que había parecido las anteriores veces que la vio de ese modo; por ejemplo, las repetidas veces que su hermano fue incapaz de tratarla adecuadamente, o sus escasos escarceos amorosos con Viktor Krum y algún otro chico de Hufflepuff o Ravenclaw. No estaba así cuando la dejaron con Malfoy, por lo que eso solo podía significar que él tenía su parte en el comportamiento de la castaña. No había nada que le gustara más a Ginny Weasley, que solucionar problemas, por lo que se prometió que hablaría con aquel estúpido Slytherin y le haría pedirle perdón a Hermione.
Lo que Ginny no sabía era que, la castaña, en el fondo se estaba sintiendo muy culpable por su comportamiento irracional con Malfoy, aunque en verdad, él también había sido muy grosero con ella. Él no sabía nada sobre su vida ni sobre sus padres, ni siquiera podía echarle en cara nada, ella era una víctima de la guerra, él también lo es y le reprochas todo lo que puedes, le recordó una pequeña vocecita en su mente. Ya, pero yo no fui una mortífaga, se dijo, y ahí estás otra vez, que si mortífagos, que si Voldemort, al final Draco va a tener razón. Se reprendió a sí misma, y luego volvió a hacerlo, pero esta vez por llamarle Draco, aunque fuera en sus pensamientos llamarle así estaba prohibido, sonaba demasiado amistoso.
Miró de reojo el marco de plata con el león mientras entraban a las mazmorras, él había tenido el detalle de comprárselo para tener una tregua, y ella había enviado todo a paseo. Se sentía irremediablemente triste y ni siquiera comprendía el porqué, su humor había decaído en picada desde su discusión, e incluso le pidió a Charlie que la dejara irse, pues no soportaba las constantes palabras cargadas de odio ciego por su parte a Malfoy, y eso le extrañaba aún más. Antes de irse, el pelirrojo mayor le había dado un sobre y le pidió que lo leyera cuando estuviera tranquila. Por cómo iban las cosas, poca tranquilidad iba a tener, y como si eso no fuera suficiente, en cuanto entró a la pequeña sala que compartían ambos grupos, un silencio tenso la invadió.
En cualquier otra ocasión, Hermione agradecería el silencio, pero aquello parecía que iba a terminar en una guerra. Dean, Cormac, Daphne, Parvati y Flora se enfrentaban silenciosamente a Draco, Blaise y Goyle, que se encontraban en el sillón opuesto.
-¿Qué está pasando aquí?- preguntó muy despacio, como si se temiera la peor respuesta del mundo.
-Oh nada, Granger, solo que tus amiguitos opinan que soy la peor persona del mundo por ponerte en tu sitio y creen que soy un sucio manipulador sin corazón que va destrozando la alegría de la heroína de guerra sin ningún motivo sustancial.- pronunció con asco y sorna.- Oh, olvidaba que tú también opinas eso.
Esa última frase le retorció las entrañas a Hermione, sin siquiera saber por qué.
-Quizá porque así es.- Le dijo Daphne convencida.
-Tú cállate sucia traidora.- contestó con reproche Zabini.- ¡Dónde se debe haber visto! ¡Una Slytherin defendiendo a una Gryffindor en contra de alguien de su propia casa!
Daphne se estaba poniendo en pie, varita en mano, dispuesta a lanzarla una variedad extrema de maleficios a su compañero, pero por suerte, Cormac y Dean la sujetaron con fuerza y Flora le quitó la varita.
-Aunque no sé por qué me sorprendió todo esto. Imaginé que irías corriendo a contarles a la Comadreja Mayor y a tus amiguitas lo despreciable que soy o te habrás inventado como te hice llorar y amenacé con torturarte como haría mi padre el mortífago.- Le dijo Draco, recalcando las mismas palabras que ella había usado en su contra.
-Yo no le he contado nada a nadie, solo a Charlie.- contestó en voz muy baja.
-Fue él quien nos dijo, Herms.- interrumpió Dean.
-¿Ves? Lo sabía. ¿Dónde está tu valentía Gryffindor para enfrentar tus problemas tu solita, eh Granger? Si a la primera de cambio vas a buscar a San Potter o en este caso a la Comadreja mayor.
El tono de voz de Draco estaba cargado de rencor, quería hacerla sufrir lo más que pudiera, pero a su vez se estaba sintiendo asquerosamente mal por cada palabra que iba dirigida a su compañera.
-Chicos, no necesito que me defendáis. No quiero a nadie peleando por algo que no os incumbe.- intervino por fin Hermione, con el mismo tono de voz casi inaudible y se metió en su habitación dejando a todo el mundo perplejo, mucho más al rubio platinado, que imaginaba que estallaría y le diría cosas hirientes que darían paso a una discusión a gran escala. Y por algún motivo, le molestó que no fuera así, porque imaginó que si la chica no tenía energías suficientes para discutir, quizá en verdad se sentía mal por lo acontecido en esas horas.
Aquella noche, Hermione no fue a cenar, y al día siguiente tampoco salió de su habitación ni en el desayuno, comida o cena. Todos se encontraban nerviosos por aquel comportamiento, imaginaron que por lo mínimo saldría para ir a la biblioteca, pero tampoco lo hizo.
El lunes de mañana, en el Gran Salón, sus amigos se habían percatado de que por allí faltaba una pequeña cabeza castaña de pelo enmarañado, y tanto Luna, como Harry y Ron se dirigieron hacia la mesa de Slytherin.
-Ginny, ¿y Hermione?´- preguntó con su dulce y armoniosa voz Luna.
-No se encuentra muy bien.- la pelirroja no quería dar muchos detalles, pues su hermano y Harry se encontraban tras ella, si se enteraban de la discusión entre ella y Malfoy, lo despedazarían.
-Oh, pobrecita, deben ser los Torposoplos, o quizá algún bilbly invisible de alas rojizas.
Todos miraron confundidos a Luna, jamás se acostumbrarían a sus divagaciones sobre criaturas mágicas que solo ella podía ver. Con una sonrisa, se marchó dando saltitos hacia la mesa de Ravenclaw.
-Espero que no nos estés mintiendo, Ginny, Charlie quiere ir a verla, pero cree que quizá no sea una buena idea.- dijo Ron.
Ante la mención del Weasley de los dragones, Draco, que estaba mirando su plato con el semblante turbado, apretó tan fuerte el cuchillo en su mano, que terminó cortándose, pues no se había dado cuenta de que sujetaba el cubierto del lado opuesto. Cuando se percató, lo soltó con tanta rapidez que cayó al suelo con un fuerte estrépito, mientras la sangre manaba sin control. Se levantó sin decir ni una palabra y salió del Gran Salón, pero en vez de dirigirse a la enfermería, se fue directo a su Sala Común.
-¿Y a este que rayos le sucede?- preguntó asqueada Parvati viendo como la sangre se extendía por el mantel que cubría la mesa.
Ni Ginny, Blaise o Daphne pasaron por alto el momento exacto en que el puño de Draco se había cerrado con tanta vehemencia sobre el cubierto, y mientras la pelirroja trataba de hacer cavilaciones sobre porque le había molestado la mención del nombre de su hermano, Daphne y Blaise se miraban con complicidad, pues sabían que le sucedía a su amigo incluso aunque ni él mismo lo supiera.
-Señorita Granger.
Un plop despertó a Hermione, que estaba sumida en una horrible pesadilla.
-Kreacher, ¿qué haces aquí?
-El amo Harry envió a Kreacher a comprobar que su amiga se encontraba bien y a traerle algo para que se alimentara. El amo cree que no ha comido en días.- le colocó sobre la mesita de luz una bandeja con una taza de café, tostadas y un trozo de tarta de melaza, la preferida de Harry, justo encima del sobre de Charlie que aun no había abierto.
-Muchas gracias, Kreacher, dile a Harry que está todo bien.- mintió. Por lo menos todos creían que se debía a una fiebre o resfriado.
-Pero señorita, el amo le pidió expresamente a Kreacher que llevara a su amiga a la enfermería.
-Eso no será necesario, si ves a Harry dile que puede venir a verme, pero solo él, y que no se lo comente a nadie.
Con un asentimiento, el extraño elfo desapareció, volviendo a dejar la estancia en un completo silencio.
Hermione se incorporó y apoyó su espalda contra las mullidas almohadas de color azul noche de su cama. Le sorprendió ver que aún eran de ese color, pues había descubierto que su habitación cambiaba según sus necesidades o emociones. Hasta el sábado por la tarde, sus sábanas eran de un tono rosado muy claro y femenino con flores bordadas, ahora, incluso el dosel de terciopelo, eran de tonos diferentes, pero muy oscuros, de azul. Miró a su alrededor. A su derecha, junto a su enorme armario de roble macizo, se encontraba su escritorio atestado de libros, pergaminos y plumas, suerte que hice todas las tareas el viernes, pensó, podría estar muy triste pero nunca dejaría de ser una sabelotodo estudiosa. Y junto este había una ventana artificial, pues se encontraban bajo el Lago Negro, que cambia según el humor de la joven, como había podido darse cuenta, ya que por la ventana llovía a cántaros, y hace dos días, apenas salió, había un sol espléndido que no tenía nada que ver con el exterior.
A su izquierda, se podría decir que la habitación tenía un deje más personal, una gran estantería estaba repleta de todo tipo de libros, desde sus libros muggles preferidos como Orgullo y Prejuicio, Cumbres Borrascosas, y las obras completas de Shakespeare, hasta libros de magia, en los que estaba incluido el ejemplar de los Cuento de Beeddle el Bardo que Dumbledore le había dejado en su testamento.
Pero lo que más resaltaba de esa parte, era la cantidad de fotos, posadas en cualquier repisa o espacio libre que había. Hermione se puso en pie y las observó una a una; estaba la del día que Ron consiguió la victoria en Quidditch para Gryffindor mientras ella y Harry estaban cuidando a Grawp, también había una muy tierna de ella abrazando a su amigo de anteojos redondos antes de su primera prueba del Torneo de los tres magos. Había muchas fotos con sus dos amigos, con Ginny, y con Neville, pero hubo una que la hizo sonreír deslumbrantemente; era de una de las vacaciones en casa de los Weasley. En ella, Ron y los gemelos peleaban por algún extraño cachivache, mientras la señora Weasley regañaba a su marido, que tenía la cara llena de hollín por haber estado tratando de hacer magia con unos enchufes que Harry le regaló y Ginny salía mirando a Harry embelesada. Pero el verdadero motivo de esa sonrisa en el rostro de Hermione eran las dos personas que se encontraban en el centro de la imagen, sentados en la mesa, concentrados mirándose a los ojos entornados… eran ella y Charlie y sonreían espléndidamente. Hermione recordó el momento en que esa imagen fue tomada, ella y el pelirrojo trataban de practicar Legeremáncia pero no lo lograban por que se ensimismaban y terminaban riendo. No podía creer que esa foto fuera de tan solo dos años atrás, en su sexto año. Los recuerdos la invadieron y tuvo ganas de llorar.
Había estado a punto de perder todo cuanto amaba, y eso la atormentaría el resto de su vida, era incapaz de dejar el pasado atrás, sabía que eso la consumiría, pero no podía evitarlo. Buscó una foto de sus padres, estaban los tres en el Callejón Diagon comprando los materiales para su segundo año, pocos minutos antes de encontrarse a Malfoy y a su padre. Bufó… Malfoy.
Seguía dándole vueltas al asunto, y su pecho se contraía cada vez que miraba el marco de fotos que éste le había comprado. Para cualquiera, incluido él, ese detalle hubiera sido mínimo, pero para ella era mucho más, no solo porque se tratara de Malfoy, sino porque desde que había desmemoriado a sus padres, los recuerdos equivalían para ella, el doble. Tomó el delicado obsequio entre sus pequeñas manos y puso la foto de sus padres en él, con un suspiro se metió en su cama otra vez. Trató de dormirse, a pesar de que eran las siete de la mañana, hasta que escucho un fuerte portazo.
-Weasley, siempre es algún estúpido Weasley.- murmuraba por lo bajo Draco mientras se dirigía con la mano sangrando hacia su habitación. Cualquiera que lo viera, hubiera pensado que se trataba de un loco.
No comprendía porqué se había sentido tan furioso, ni porqué seguía tan ofendido con ella por todo el drama del sábado, él también le había dicho cosas horribles durante muchos años, pero eso no justificaba que fuera así con él ahora que estaba tratando de llevarse bien. Era una estúpida sabelotodo prejuiciosa e incomprensible. Entró a las mazmorras, subió a su habitación y tras un portazo, gruñó con ira. Golpeó la pared por sentirse tan inútil. ¿En qué momento había llegado a esto, a sentirse mal porque Granger estuviera dolida? Sabía que era así, no era un simple resfriado o una gripe, estaba así por su culpa, y en cierta forma eso le hacía sentir bien y mal a partes iguales; si estaba así por lo que él le había dicho era porque de algún modo le importaba lo que opinara tanto como a él lo que ella pensara. Sacó su varita y detuvo el chorro de sangre que manaba de su mano, pero no cerró la herida del todo, se había acostumbrado al dolor en esos años y había aprendido a cicatrizar como un muggle para comprender en parte lo que era ser uno de ellos, era una especie de tributo a la gente que su padre mató por que sí. Se sentó en el borde de su cama y se agarró la cabeza, exasperado, era momento de calmarse y enfocar las cosas desde otra perspectiva.
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Hermione se sobresaltó al escuchar un gruñido proveniente de alguna habitación cercana a la suya, prestó más atención, seguramente era Draco. Pegó un bote en su cama cuando escucho el sonido de algo golpeando una pared. ¿Qué le habría sucedido para actuar así? ¿Y si estaba mal?, preocupada, la chica se puso sus pantuflas y salió de su habitación con la idea de ir a ver que sucedía. Estaba por tocar la puerta de su rubio enemigo, cuando un par de voces a sus espaldas la dejaron paralizada.
-Hermione- exclamó Ginny con un tono de voz más alto de lo normal- ¿Qué haces fuera de la cama? Podrías empeorar. Y, exactamente ¿por qué estabas frente a la habitación de Malfoy?
-Sí, leona, ¿por qué estabas aquí?- dijo Blaise guiñándole un ojo.
Daphne entró y al verla, estalló en carcajadas. Estaba roja desde el cuello hasta las orejas, y no es que combinara mucho con su pijama azul de leoncitos. Ginny y Blaise rodaron los ojos, pero luego la miraron esperando una respuesta.
-Yo… es que… bueno, un ruido… y yo dormía, y luego, puerta, y grito- nada de lo dicho tenía coherencia alguna, pero cualquiera pagaría por ver a la chica que había destruido horrocruxes a punto de colapsar frente a sus amigos.
-Hablas como el troll ese que os cargasteis en el baño de chicas en primero, Granger.- murmuró con una sonrisa Daphne. Hermione trató de calmarse, no estaba haciendo nada malo.
-Estaba acostada, y escuché un portazo. Me preocupé, y luego escuché un gruñido y alguien golpeando con fuerza la pared. Pensé que a Draco quizá le había…- enmudeció. Había dicho "Draco" no Malfoy, se puso de un color escarlata enfermizo. Las caras de sus compañeros lo decían todo, miraban con los ojos desorbitados de Hermione a la puerta que esta tenía atrás y viceversa. Ahí es cuando el miedo embargó a la castaña, se fue girando lentamente hasta que frenó en seco de espaldas a sus amigos.- Ma…ma…Malfoy.
- Gracias por preocuparte, Granger, estoy bien- dijo monótonamente.- Blaise, no iré a clase, intenta tomar apuntes por mí.
Y sin decir nada más, se metió en su habitación, esta vez con el máximo cuidado de cerrar su puerta sin apenas hacer un ruido. Todos se miraron desconcertados, y Ginny miró con preocupación a su amiga, mientras Daphne y Blaise contemplaban tristes la puerta de su amigo platinado. Hermione se metió en su habitación, y Daphne a la suya. Solo quedaban Ginny y Blaise.
-Oye comadreja, al final no me enseñaste que te compraste el sábado.- murmuró pícaramente mientras alzaba las cejas sugestivamente. Tenía curiosidad por saber si ya había visto su regalo.
-La verdad, ni pienso enseñártelo ni lo he sacado de las bolsas. Con todo esto de Hermione enferma a penas saqué el libro nuevo y el vestido para la fiesta, lo otro sigue en sus bolsas.-bufó.
-Es una lástima, me hubiera encantado ver un desfile de ti en ropa interior de abuela.- la chinchó.
-Que sepas- pestañeó siguiéndole el juego- nunca he tenido quejas de nadie por mi ropa interior, debe ser porque no es de abuela como tú dices.
-Eso suena a invitación, creo que necesitas mi veredicto, ese Dean es demasiado pazguato como para distinguir entre buena lencería.- tragó saliva, su mente estaba yendo a lugares insospechados. Ginny lo notó, se acercó a él lentamente, disfrutando del juego, le rozó la barbilla con el índice a penas, lo miró intensamente mientras se mordía el labio y lentamente se acercó a su oído mientras oía la respiración alterada de su moreno compañero.
-Ni en tus sueños, Zabini.- le susurró y se marchó con un golpe de melena dejando a un petrificado Blaise tratando de reaccionar después de aquello.
Ginny se metió rápidamente en su habitación, con miedo a que él la siguiera, había sido divertido provocarle así pero no se hubiera imaginado ni en mil años que su aliento y pulso acelerado la pondrían así. Sentía como su sangre se agolpaba en sus mejillas, caliente. Estaba muy nerviosa, sonrojada a más no poder y tratando de aplacar un pensamiento que no quería marcharse… Blaise. Aún tenía una hora libre, por lo que se tumbó en su cama frustrada y miró al techo. Le encantaba que la habitación fuera cambiante, pero le molestaba a sobremanera que ahora sus sábanas y cortinas hubieran cambiado de un bonito lila a un rojo profundo y aterciopelado, mientras que sus paredes se tornaban negras. Ahora era de lo más sugerente y sensual… y no ayudaba en nada. Para despejarse, tomó las bolsas del sábado sin abrir y las colocó en la cama. Primero, sacó todos los productos de belleza que había comprado en un lugar raro con un nombre aún más extraño Mybabilin, no, Maybellin leyó en la bolsa, eso era. Había comprado maquillaje y un par de potingues para la piel que Hermione le había recomendado una vez. La siguiente bolsa contenía ropa muggle muy hermosa, infinidad de blusas de todo tipo, jeans como los de su amiga castaña y dos chaquetas, una común de cuero y otra más elegante, blazer, había dicho quién la atendió. Miraba expectante las tres siguientes bolsas, en una estaba el maravilloso y caro par de zapatos que se había comprado para la fiesta, negros clásicos pero muy altos, en la contigua, un vestido vaporoso pero sencillo hasta la rodilla de un hermoso color violeta con gruesas tiras que acompañaria a sus zapatos nuevos, y en la siguiente la ropa interior. No quería abrirla porque le recordaba a lo que había sucedido minutos atrás con Zabini, pero debía reorganizarla y guardarla, por lo que fue sacando los conjuntos uno a uno.
Se había pasado un poco comprando, pero le parecieron tan bonitos, sencillos, en tonos claros, menos uno negro, no eran de abuela pero tampoco realmente sensuales. Iba a guardar la bolsa cuando notó un paquete rectangular envuelto en papel de regalo. Pensó que quizá la dependienta se había equivocado, pero allí había una nota.
"Para Ginevra Weasley"
Abrió el paquete con la pequeña convicción de que sabía quién había sido exactamente el que lo había metido ahí, sacó las prendas de la caja y suspiró ruborizándose. Un hermoso conjunto blanco de encaje elegante, muy elegante, y bastante diferente a los que solía usar. Era la viva imagen de la sensualidad inocente. Blaise se las iba a pagar, no pensaba usar eso ni en mil años, pero no significaba que no fuera a hacerle la vida imposible de la manera más sutil, sobretodo viendo sus reacciones ante ella.
Blaise se había encerrado en su habitación y decidió que no iría a clases ese día, así no vería al de los dragones que Draco tanto detestaba. No podía creer como había sido tan débil frente a la pequeña comadreja, la había dejado acercarse y notar su estado. Si se hubiera acercado más, tan solo unos milímetros más podría haber notado su… su entrepierna. Y eso lo perturbaba. ¿Por qué se había sentido así? Era solo una chica más, había estado con mujeres más exuberantes y sexy que esa niña… y aun así se volvió loco al tenerla tan cerca de su cuerpo e imaginar cómo le sentaría lo que le había comprado. Esto no podía seguir así, o se calmaba o la pequeña lo aprovecharía y se burlaría de él constantemente. Se alejaría de ella lo máximo que pudiera y sería frío y distante, se convenció con determinación. Con lo que Blaise Zabini no contaba, era con la convicción de Ginny Weasley de hacer completamente lo contrario.
Casi a la hora de la cena, Hermione se encontraba sentada en la salita que compartía con el grupo, leyendo acurrucada, cuando unos gritos provenientes de la Sala Común la interrumpieron. Alguien parecía estar muy enojado. Bajó a toda prisa, a sabiendas de ni siquiera estar vestida adecuadamente y con el pelo atado en un moño desaliñado.
-¿Qué sucede aquí?- preguntó nerviosa. Todos se la quedaron mirando más de la cuenta, no solo porque se habían olvidado de la presencia de la leona en su mazmorra, sino porque además ella estaba vistiendo unos diminutos pantalones cortos de tela negros, una camiseta sin mangas y una camisa de pijama rojo y dorado desabrochada demasiado grande como para ser de ella. Tenía bonitas piernas, o eso pensaban los allí presentes. Alguien carraspeó. Era Harry.
-Tu amiguito, Dean ha querido entrar aquí a San Potter- comentó con asco Montague, sin dejar de mirarle las piernas.
-¿Por eso hacéis tanto barullo?- preguntó cansada y bufando.
-Solo un verdadero miembro Slytherin puede hacer entrar a alguien de otra casa, y este no cuenta, mucho menos tú. Así que yo que tú, me largo de aquí, Potter.- le replicó.
-Pues yo le doy permiso para hacerlo.- una voz fría silenció la sala. Hermione y Harry miraban con ojos desorbitados a la persona a la que le pertenecía dicha voz.
-Pero… Astoria.- la joven le lanzó una mirada intimidante y le sonrió a Harry.- Ve con tu amiga, Potter, antes de que me retracte y te saque a patadas.
Tanto Harry como Hermione corrieron a la salita del grupo y rieron. No podían creer como Astoria plantaba cara a sus compañeros. Se sentaron en uno de los sillones anchos y mullidos.
-Estas bien Herms? No te vemos el pelo hace dos días, y Kreacher cree que deberíamos arrastrarte a la enfermería.
-Estoy bien enserio, Harry, no te preocupes.- pero su voz indicaba exactamente lo contrario. Escucharon una puerta abrirse, era Ginny.
-Oh hola Harry… yo bueno, es que pensé que no había nadie y venía a…- su amiga notó el nerviosismo de la pelirroja, y decidió que lo mejor sería ir a su habitación.
-Vamos a mi habitación, Harry,- dijo tomándolo del brazo y guiñándole un ojo a su amiga, que la miraba agradecida. Una vez dentro de la habitación, Harry comprendió que su amiga en verdad no estaba para nada bien, se había imaginado la habitación en color rosa y blanco, dulce, cálida, pero todo allí era azul, negro y realmente deprimente. – Veo que Gin y tu aun no os habéis acostumbrado, se os pasará.
Harry asintió, observando todo a su alrededor, el escritorio, los libros de la estantería junto a sus fotos. Miró la mesita de luz en la que Kreacher debía haberle dejado la comida, estaba intacta a excepción del café. Junto la bandeja, se encontraba un hermoso marco de fotos en plata, con un león grabado y una foto de sus padres, lo tomó y vio cómo su amiga dirigía la mirada hacía él, entristecida. Hermione le hizo un hueco en su cama y él la abrazó. Si los vieran pensarían que eran más que amigos, pero no era el caso, estaban acostumbrados el uno al otro, se veían como a hermanos, y si tu hermana está mal y triste, tú vas, la abrazas y le dices que todo irá bien. Ella fue bajando su cabeza hasta posarla en el pecho de Harry, y ambos se recostaron contra las almohadas del respaldo.
-Herms… deberías hablar de esto, tratar de sentirte bien.- murmuró en voz baja.
- Pero no puedo, y quizá si Malfoy hubiera mantenido el pico cerrado y no me hubiera gritado todo eso estaría bien y lo dejaría estar.- dijo con rabia, sabía que estaba mal echarle la culpa al rubio tratando de justificar su patético comportamiento, pero al menos así desviaba la atención de su amigo a otra cosa.
-Así que es eso. No puedo creer que lleves encerrada en tu habitación dos días solo porque Malfoy dijo un par de estupideces.
-`Pero no fueron estupideces, él tiene razón, Harry, soy una niñata patética que juzga a los demás sin sentido.
-Sabes que no es así, eres la mejor persona que conozco Hermione, y nunca harías daño ni a una mosca.- la castaña comenzó a sollozar silenciosamente, aun no había llorado en los últimos días, y Harry la estrechó más contra su pecho, conmovido.
-Harry, insulté a su padre muerto y a su madre viuda, ¿entiendes? Soy un monstruo.- lloró más fuerte.
-Hermione Jean Granger, tú precisamente no eres un monstruo, admito que quizá no estuvo bien que dijeras eso, pero Lucius si era una persona detestable, y aun así, no deberías mortificarte y llorar por haber dicho un par de cosas inadecuadas a Malfoy, quién ha estado torturando durante seis largos años.
-Ese es el problema Harry, que él parece que ha dejado lo de los sangresucia atrás y la que no lo olvida soy yo.- estaba más calmada, las palabras de su amigo surtían un efecto balsámico sobre ella. Harry no supo que más decir, así que la miró, y reparo en un detalle que le hizo sonreír con ternura.
-Eras tú quién tenía la camisa de mi pijama. Llevo toda la semana buscándola.- le dijo riendo.- te queda un poco grande ¿no crees?
-Lo siento, fue sin querer, cuando preparamos los baúles en Grimmauld Place debí equivocarme, y cuando la vi el sábado no tenía ganas de salir y devolvértela, así que me la puse, me hace sentir en casa. Si quieres puedo devolvértela.
-No te preocupes, pelo arbusto- dijo revolviéndole el pelo y riendo ante la expresión ofendida de ella.- tengo uno nuevo, puedes quedártela.
Estuvieron una media hora hablando plácidamente, hacía mucho que eso no sucedía. Hablaron de cómo estaba llevando su ruptura con Ginny y que tal iban las cosas por la Sala Común de Gryffindor.
-Pues la verdad es que va mejor de lo que creía, Greengrass se está comportando muy bien y hemos hecho una especie de alianza o tregua, la cuestión es que a excepción de las rabietas de Ron y Pansy cada cinco minutos, el resto marcha sobre ruedas. ¿Y por aquí?
-No tan mal, al menos no hasta el sábado. Las chicas estamos todas muy unidas, incluida Daphne, solemos pasar mucho tiempo juntas, y estaba todo bien entre Dean, Cormac, Blaise y Goyle, pero parece que Malfoy les ha liado la cabeza a sus dos secuaces y está todo muy raro.
-No te preocupes, la peor parte se la está llevando Luna en Ravenclaw- le dijo sonriendo.
-¿Por qué?- pregunto curiosa y preocupada por su amiga águila.
- Por lo visto, Millicent se pelea con cualquier persona que le venga en mano, típico de Slytherin, pero lo peor es que, se ha ido rumoreando que Luna suele pasar demasiado tiempo con Theodore Nott. O eso me ha dicho Parv…
La puerta se abrió bruscamente y unos ojos azul pálido y fríos traspasaron a Hermione como si quisiera agujerearla. Harry palideció.
-Venía a traerte los apuntes, pero veo que estás muy ocupada.
Y la puerta se cerró con un fuerte portazo capaz de hacer temblar los cimientos de la escuela.
