Y traje a Edward de vuelta. Lo tenia planeado mucho despues, pero me vino esta idea,y aqui esta. Comenten para ver si le esta gustando esta historia o no.
Yo soy Swifty, por lo que la mayoría de mis capítulos son canciones de ella. Pero esta en especialmente, va a un discurso que ella dio en uno de sus conciertos que quedo grabada en mi corazón.
Los personajes no me pertenecen, son propiedad de Stephenie Meyer.
Espero que disfruten.
Capítulo 9
Estaba escuchando al Sr. Barner sobre la genética mientras Esteban dormía incómodamente en su asiento. El siempre dormía en clases y de igual forma aprobaba y era uno de los primeros de segundo año en tener mejores notas. La primera era yo.
- Isabella,¿podrías despertar a tu amigo?.- pregunto el Sr. Barner.
Le di un codazo a Esteban y este gruño. Escuche a la clase reírse mientras intentaba pobremente despertar a Esteban de su muy buen sueño profundo. En serio, este chico se dormía en cualquier lado. Y generalmente cuando uno le despertaba tenía un humor de perros.
- Esteb, vamos, despierta.- dije en un susurro.
Como último recurso le apreté la nariz y la boca. A los segundos él se despertó de un salto y me lanzo una mirada de muerte. Lo siento. Susurre. El solo me miro y después vio que toda la clase lo estaba mirando y algunos se estaban riendo. Vi como sus mejillas se ponían rojas de vergüenza.
El señor Barner siguió con la clase y Esteban apoyo su cabeza en mi hombro mientras suspiraba dramáticamente. El generalmente hacia eso cuando estaba muy aburrido y necesitaba cariño. Él era un chico de piel. Le encantaba abrazar, dar cariños y toda esa clase de cosas. Al principio me resultaba incomodo, pero al paso del tiempo me acostumbre a ello y le devolvía el cariño.
Cuando toco el timbre, me dirigí hacia afuera para ir a la siguiente clase, gimnasia. Ahora no era tan torpe como antes, pero seguía teniendo problema de coordinación de manos y pies. Lo único bueno, es que compartía la clase con Esteban. Él siempre se burlaba de mi al final del día, pero me ayudaba en el momento en el que me caía o me accidentaba. La mayoría era por su culpa. Él era muy competidor y cuando jugábamos juegos de pareja, conocía mis puntos débiles y la mayor parte de las veces por intentar vencerlo pasaba vergüenza.
Recuerdo cuando nos tocó jugar futbol y a Esteban le toco el equipo contrario al mío. Él era el delantero en su equipo y a mí me tocó ser defensa. En ese juego jugo sucio. Yo estaba viendo como él se acercaba rápidamente al arco, Mike me gritaba desde el arco que corriera y lo detuviera. Lo intente. Lo juro. Pero el muy maldito se tiro al piso y me boto. Pero fue más que eso, su pie llego a mi rodilla y sentí como me faltaba el aliento cuando llego el choque. No queda más que decir que estuve con un mes sin poder caminar bien por el esguince de rodilla. Esteban se disculpó como un loco, no se despegó de mí en todo ese mes. Prácticamente fue mi perra en ese tiempo. Y disfrute de mi poder en ese tiempo.
- Bells, apúrate. Llegaremos tarde.- dijo el jalándome del brazo.
- ¿Y tú desde cuando te preocupa llegar tarde?.- pregunte mientras quitaba mi brazo y seguía su paso rápido.
- Desde que supe que hay una profesora nueva.
- Dios, ella no te mirara dos veces.
- Pero yo si la mirare a ella.- dijo pícaro mientras levantaba las cejas.
- Eres un bruto.- dije asqueada.- Además, ¿Cómo sabes si es bonita?, quizás es de esas profesoras que más dicen que hacen.
- Tú eres una persona negativa, Bella. Por eso no tienes novio.
- No tengo uno, porque no quiero tenerlo.
- ¿A si?, bueno te reto a invitar a alguien salir a una cita. O acepta una si es que te invita.
- ¿Y para que sería eso?, ¿para demostrar mi punto?, no señor. Yo saldré con alguien cuando YO esté lista, no cuando un niño lleno de hormonas y engreído me rete.
- Pero no te costara nada
- No, pero no seré forzada a salir con alguien porque mi mejor amigo lo dice. Lo acepte con Alice, pero contigo no.
- Pero la diferencia mía con Alice, es que yo lo quiero hacer por tu bien, mientras ella era una niña mimada que no tenía con que más perder el tiempo que jugar a Barbie contigo.
- Pero la similitud de ustedes, es que ustedes, no aceptan un NO por respuesta.- contraataque.- Y fin de la discusión, no, es no, Esteban.
- Mojigata.
- Al menos yo no tendré una enfermedad sexual antes de los 20.
Llegamos al gimnasio del colegio. Y para mi mala suerte y buena suerte de Esteban, la profesora nueva si era bonita. Vi como Esteban miraba descaradamente los pechos de la profesora y le di un golpe en la cabeza. Estúpido niño con hormonas. El solo me miro y se encogió de hombros. Me fui a los vestuarios y me puse los short junto la polera, cuando estuve vestida salí de los vestuarios y vi a Esteban haciendo músculos a las chicas de la clase. El chico tenía un buen cuerpo, quizás porque el practicaba artes marciales mixtas o solo era su genética. Pero entendía porque las chicas babeaban por él. Inteligente, con buen cuerpo y con dinero. Era un farol para chicas como Jessica que ahora me odia más que antes. Según ella, yo me llevo a los chicos más guapos y eso me convertía en una puta. Envidia, una enfermedad tan grave que te hace ser ciega. Esteban nunca se fijaría en ella.
- Aléjense, señoritas. Dejen al hombre tranquilo.- dije mientras me acercaba al grupo. Ellas me miraron con odio y yo solo les di una sonrisa.
- Tú siempre me arruinas la diversión, Swan.
- Bueno, soy buena amiga, Esteb. De no ser por mí, ya tendrías herpes y tu pequeño aparato no funcionaria.
- De pequeño no es, Bella. Si quieres compruébalo.
- No gracias, prefiero quedarme así.
- Chistosa.
- Mucho.
Escuche el silbato de la profesora para llamar la atención de la clase. Se presentó como la profesora Williams, tenía 24 años y recién graduada en pedagogía de educación física. Nos mandó a trotar por 10 minutos, y supe en ese momento que la odiaría de por vida. Mientras trotaba, Esteban estaba al lado mío igualándome el paso, para el minuto 5, yo ya estaba jadeando y sudando como una cerda, y él estaba como si hubiera caminado una cuadra. Maldito hijo de perra. Lo siento, Kate.
- Te he dicho muchas veces que deberías ejercitarte conmigo, bells. El sedentarismo no es bueno para la salud.
- Cállate.
Seguí trotando en silencio, concentrándome en no caerme de culo o algo por el estilo. Cuando el cronometro sonó, avisando que el tiempo había terminado, yo ya no daba más. Esteban me trajo agua mientras me concentraba en la respiración, me la bebí de un sopetón y le devolví la botella vacía. Cuando la profesora aviso de que íbamos a jugar a las quemadas, en ese momento, quise lesionarme algo para evitar que millones de balones llegaran hacia mí.
…
- Vamos, Bells. Di que me acompañaras a la fiesta en La Push. Solo unas 3 horas, lo prometo.
- No tengo ganas de salir, Esteb.- dije con cansancio.
- No quiero ir a otra fiesta sin ti. Se una buena amiga y acompáñame.
Lo medite por unos segundos. Una de las promesas que le hice a Katherine, fue que intentaría hacer cosas de un adolecente normal cuando dejamos las citas solo una vez al mes. Y ya han pasado dos meses y no he cumplido con mi promesa. Algo que en mi moral no está permitido.
- Está bien.- dije con derrota. Cuando lo vi emocionarse vi en cómo me arrepentiría de esto.- Pero con una condición.
- Lo que sea, Bells.
- No tomare ni una sola gota de alcohol, y lo digo en serio.
- No te forzare a hacer nada de lo que tú no quieras, Bells. Pero yo sé que igual tomaras.
- No lo hare.- dije frustrada.
- Sí, sí. Claro. Te pasare a buscar a las 10. Así que ponte bonita a esa hora, ¿vale?
- Sí, sí.
- Adiós preciosa.- dijo el besándome la mejilla.
- Adiós.
Escuche como el bajaba las escaleras y cerraba la puerta de golpe. Me levante de la cama y decidí tomar una ducha. Ya bañada, depilada y toda esa mierda, baje a la cocina a preparar la cena. Puré de papas con carne a la olla seria el menú de hoy. Mientras dejaba las papas y la carne cociéndose, subí a mi habitación y busque entre mis ropas que ponerme. Encontré varias poleras que Alice había comprado. Encontré un vestido negro, que antes me quedaba un poco suelto en los pechos. Me lo probé y me sorprendí con lo que vi cuando me mire al espejo. El vestido era de encaje, muy anti-Bella, se moldeaba a mi como un guante, mi cintura se pronunciaba junto a mis pechos y trasero. Me gusto lo que vi en el espejo. Me saque el vestido y me volví a poner mi ropa deportiva. Ese conjunto más unas botas sin tacón seria mi atuendo para la fiesta.
Cuando baje nuevamente a la cocina, las papas ya estaban listas junto con la carne. Justo cuando estaba ya todo servido, Charlie entra a la casa.
- Hola, papá.
- Hey, Bells.- dijo el besando mi frente. Él se sentó y empezó a comer. Aun me faltaba la aprobación de Charlie para poder ir a la fiesta. Internamente suplicaba que digiera que no.
- Hoy hay una fiesta en la playa. Estaba pensando en ir junto con Esteban. ¿te parece bien?
- ¿En La Push?.- pregunto él. Yo solo asentí con la cabeza. Vi como lo pensaba por un tiempo.- si vas con Esteban, ¿Por qué no?
- ¿En serio?
- Si, Bella. Puedes ir. No sé ni porque preguntas, ya eres mayor de edad.
- Quizás porque vivo contigo y no quiero faltarte el respeto.
- Yo confió en ti, Bells.
Cuando termine de comer, retire los platos y los dejes en la lava vajillas con la promesa de Charlie de lavarlos. Subí las escaleras, me cepille los dientes y me maquille. Me delinee los ojos, encrespe las pestañas, les puse mascara de pestañas y me puse un labial color vino. Me cepille el cabello y me lo deje suelto con ondas al final. Cuando estuve lista, fui a mi habitación y me puse mi vestido negro junto a las botas hasta las rodillas. Aún quedaban 30 minutos para las 10, por lo que me senté y leí cumbres borrascosas para matar el tiempo.
Escuche la bocina del auto de Esteban tocar, deje el libro encima de mi cama y baje las escaleras a paso reducido. Tome las llaves y mi chaqueta de cuero y me despedí de Charlie con un beso en la mejilla. Cuando salí de la casa vi a Esteban apoyado en la puerta de su auto, un jeep color negro.
- Si no fueras como mi hermana, ten por seguro que saldría contigo, Bells.- sentí como me ruborizaba.
- Tu no están nada mal tampoco.
Y era verdad, él tenía su cabello negro despeinado, vestía sus típicas camisas a cuadros y sus jeans ajustados, con sus botas de combate. Su tatuaje en el brazo se notaba y lo hacía parecer sexy y peligroso a la vez.
Cuando entro a su auto, el enciende la radio y vamos cantando canciones de rock clásicas. En estos momentos lo regañaría por no poner atención en la carretera, pero hoy quiero ser la Bella sin preocupaciones.
- No esperaba que aceptaras, pero tú eres esa clase de persona que sorprende a la gente, ¿lo sabes?
- Que puedo decir, no me gusta ser tan predecible.
- Nunca lo eres, Bells.
Cuando llegamos al estacionamiento de la playa, nos bajamos y veo las fogatas desde aquí. Recuerdo la primera y última vez que vine aquí. En ese tiempo estaba recién conociendo a Edward y había venido con Jessica y su grupo. Me acuerdo de Jacob y como él me conto sobre sus leyendas y en como él creía que eran solo eso, leyendas. Pero yo supe la verdad, y esa verdad vivirá conmigo hasta que muera.
Cuando llegamos a donde estaba toda la gente, escuche silbidos de los chicos cuando me miraron. Escondí mi cara en el hombro de Esteban mientras el saludaba a toda la gente y me presentaba a algunos que no conocía. Cuando vi que él iba a conversar mucho con Robin, me fui a sentar a unos de los asientos improvisados que en realidad eran troncos. Vi cómo la gente se reía, tomaban y drogaban. Una pareja a unos metros más allá de mí, se comían la cara, aparte la mirada incomoda. Sentía que no pertenecía aquí, este no era mi estilo. Y dentro de mí, me arrepentí de venir. Iba a pararme y decirle a Esteban que me quería ir, pero me frene. Él lo estaba pasando bien y yo le iba a arruinar eso. Por lo que cambie de dirección y fui donde estaba el barril con la cerveza, tome un sorbo y no me gusto. Pero seguí tomando de todos modos y después de 4 vasos, yo ya estaba borracha. En ese momento Esteban aparece y me quita el vaso.
- ¿No dijiste que no tomarías, bells?
- Sip, lo dije. Pero me comeré mis palabras y seguiré tomando. ¡Porque soy una mujer independiente y puedo hacer lo que quiero!
- Y ahora estas borracha.
- No Esteban, solo estoy feliz.- intente hacer la figura del 4, pero rápidamente perdí el equilibrio y él me tuvo que atrapar.
- Estas súper borracha.- dijo sorprendido.
- Si Esteban, estoy borracha. Deja de aclarar eso y vamos a bailar.- antes que el respondiera fui a lo que parecía una pista de baile improvisada y empecé a moverme. Me deje llevar por la música y en ese momento me sentí libre.
Sentí unas manos en mis caderas apretándome, y yo solo seguí bailando, suponiendo que era Esteban. No sé cómo, pero empecé a bailar bien, y me refiero a que bailaba súper bien. No estaba torpe como usualmente era. Algo raro porque se supone que si uno esta borracho tiene menos coordinación de pies y manos. En algún momento estuve más apretada al cuerpo con el que estaba bailando y sentí sus manos moverse de mis caderas a agarrar mi trasero. Pero antes de que lo hiciera, alguien me separo de él y vi que Esteban estaba empujando al tipo que creía que fuera él.
- No la toques.- Esteban me empujo detrás suyo mientras miraba ferozmente al tipo con el que bailaba. Era alto, con el pelo rubio y algo feo.
- Tranquilo, no sabía que era tuya, viejo.
- Bueno ahora lo sabes. Vete antes de que te de una golpiza.
- Adiós.- me despedí del tipo. Me la estaba pasando bien.
- Vamos, Bella.
- Pero si me estoy divirtiendo.
- Bueno, tú te estas divirtiendo. Yo estoy más ocupado vigilando a que ningún tipo se propase contigo.
- Nadie te mando hacerlo.
- No, nadie lo ha hecho. Pero es mi deber protegerte.
- ¡No entiendo que tienen los hombres en protegerme!, primero Edward, después Charlie y ahora tú. No soy ninguna damisela en apuros como para que me estén vigilando todo el tiempo.
- ¡Te protegemos porque te queremos, Bella!
- ¡NO! Edward no me quería, pero aun así me dictaba lo que era bueno para mí. ¡Incluso tuvo el descaro de hacerlo cuando termino conmigo!
- ¡Yo no soy Edward, Bella! Nunca dicto nada en tu vida, pero yo soy el que está en su sano juicio aquí. Te estoy protegiendo de algo que sé que te arrepentirás por la mañana.
- No tienes que hacerlo. Déjame cometer mis errores, Esteban. Tengo que hacerlo. Quiero ser normal.
- Ya eres normal, Bella.
- ¡NO LO SOY! ¿Qué quieres que diga? Sigo enamorada de un tipo que se fue sin mirar atrás. Yo ya debería de haberlo superado. Pero no. No lo supero. Y lo peor de todo es que lo comparo contigo todo el tiempo.
- Tal vez entendería su tú me digieras algo sobre ustedes dos. Porque sinceramente, no sé cómo ayudarte, Bella.
- ¿No lo entiendes? No quiero que me ayudes.
- Y yo aun no entiendo el por qué.
- Porque no quiero que me veas como la frágil chica que estuvo a punto de matarse porque un chico la dejo. Y si, lo pensé muchas veces, no funcionaba bien, Esteban. No podía vivir sin él. El simple hecho de saber que el ya no me quería, que todo fue mentira, me mato. No sabía que hacer. Pasaron días, noches, sin poder dormir sin no tener esas pesadillas. En las que él me decía que yo no era suficiente para él. Y quería morir.
- Yo nunca te trataría diferente por tu pasado, Bella. Esa ya no eres tú. Ahora eres una hermosa chica de 18 años que sabe lo que quiere o algo por el estilo. Yo te quiero, Charlie te quiere. Tu mamá te quiere. Eres una chica súper valiosa. Si, tu relación no funciono, supéralo y sigue adelante. Ya lo has hecho, yo no te veo como una zombie, como todos dicen que eras. Yo veo a una chica con sentido del humor que no se deja pasar a llevar por nadie. Mira todo lo que has avanzado, Bella. No tienes un ataque de pánico en meses. Yo creo que ahora te estas aferrando a tu pasado porque tienes miedo de pensar en el futuro. Noticia de última hora, Bella. Seguirás adelante, iras a la universidad, te casaras, tendrás hijos y después morirás.
- Lo dices como si fuera tan fácil.- tenía la cara empapada, y sentí sus brazos rodeándome.
- No lo es, cariño. No lo es. Pero uno aprende a vivir con ello. Y te acostumbras que los pequeños hábitos que tu tenías con él; los mensajes de texto, las llamadas telefónicas y las sorpresas ya no estarán, se fueron. Pero después pasaras más tiempo con tu familia, amigos, cuando la oscuridad se haya ido, vivirás tu vida como tú puedas y un día te levantaras y veras que estas limpia. Ya no intentaras reemplazar los viejos hábitos. Ya no dependerás de alguien y solo confiaras en tu instinto. Pero si eres una persona cínica, que no cree en el amor porque tu pareja te boto, eso no te hace valiente. Porque el amor es ser vulnerable, en confiar en alguien que estas conociendo. Y cuando esa persona termina contigo y sientes que lo odias, no deberías. Porqué esa persona te dio bonitos recuerdos. Y está bien recordarlos, porque son enseñanzas. Y es tu pasado. Y mientras aceptes el pasado, te ira bien en el futuro.
- ¿Desde cuándo te volviste tu madre?.- dije mirándolo a los ojos. El me limpio la lágrima con su mano.
- Porque yo estuve enamorado, estuve con ella desde que tenía 15. Pero terminamos porque descubrí que me engaño con mi mejor amigo. Tiro por la borda 2 años de relación. Y me dolió. Pero ahora veo que de todos modos, a estas alturas, no estaríamos juntos.
- Lo siento.
- Tu no me engañaste.- dijo el simplemente.- Y siento lo de Edward, ten por seguro si es que yo lo llego a ver, le daré una buena golpiza por lo que te hizo.
- No le ganarías ni aunque lo intentaras.
- ¿Eso es un reto?
- No, es un hecho.
- Ya lo veremos.
Nos quedamos apartados de la fiesta y escuchamos el mar. Este momento es el que más recordare. Porque me siento más liviana. Por algún motivo, me sentía más liviana con él. Sin preocupaciones. Solo él y yo, escuchando el mar. Pensando sobre nuestro pasado. Y eso me encanto.
…
- Gracias por venir a dejarme.- dije mientras salía del auto. Son las 5 de la mañana e intentaba no ser tan ruidosa.
- De nada, preciosa.- vi cómo me giño un ojo mientras el avanzaba hasta no verse por la calle.
Subí silenciosamente las escaleras, intentando hacer el menos ruido posible. Cuando llegue a mi habitación encendí las luces y tuve que abrir mis ojos nuevamente. Una figura que conocía demasiado bien, estaba sentado en mi cama, inmóvil.
- Edward.- dije en un susurro.
- Hola, Bella.
