N/A: Muchas gracias a todos por leer y comentar... Siento mucho no haber actualizado el viernes o ayer, pero tuve muchas cosas que hacer y no tuve ni un segundo para el ordenador... Para que me perdonéis, voy a subir dos capítulos! Así compenso la espera...
Bruja Inocente, muchas gracias. Has hecho un gran resumen... Por fin reconoce que está enamorado pero lo tiene muy jodido... Siento haberte hecho esperar, pero aquí tienes dos capítulos para compensar... Espero que te gusten... Besos
CAPÍTULO 10: UN AVANCE
Blaine caminó con una sonrisa hacia Sebastian un viernes por la mañana después de varias semanas de relación. El castaño le devolvió la sonrisa nada más verlo y se dieron un rápido pico en los labios nada más estar juntos. Llevaban mucho tiempo saludándose así y ningún alumno del McKinley se extrañaba al verlos juntos y cariñosos, todos sabían que estaban juntos.
– Pareces animado. – El ojiverde comentó, su corazón latía acelerado al ver la felicidad de su novio. A pesar de eso, seguía teniendo ese sentimiento de culpa que sentía por la apuesta y por haberle sido infiel. No quería que se enterara, sabía que de ser así lo perdería y empezaba a no estar dispuesto a eso.
– ¿Tienes planes para esta noche? – El moreno preguntó.
– Estar contigo. – El jugador de fútbol respondió con una sonrisa pícara.
– ¿Estarán tus padres en casa? – El ojimiel quiso saber.
– Sí, pero podemos ir a la casa del árbol si quieres algo de privacidad. – Smythe informó mientras le acariciaba la mejilla.
– Perfecto... Me encargaré del postre... – Anderson lo besó con pasión antes de alejarse. Después de unos pasos, se volvió y vio que Sebastian lo miraba algo extrañado, aunque disfrutando de la vista del trasero de su novio en los ajustados pantalones de animador. Blaine decidió guiñarle un ojo, algo seductor y el otro no tardó mucho en hacer el mismo gesto. El moreno lo tenía todo preparado para esa noche y no iba a dudar ni un segundo.
Blaine y Sebastian estaban en la casa del árbol terminando de cenar. Habían conseguido comida china y la habían llevado allí para pasar un rato a solas sin nadie que los molestara. El castaño había intentado abrir la caja roja que su novio había llevado pero éste no le había dejado mirar lo que contenía.
Cuando el moreno comió el último trozo de carne que quedaba, el ojiverde lo miró con una amplia sonrisa.
– Hora del postre... ¿Qué es? – Smythe estaba nervioso, deseaba saber qué había traído su novio.
– He hecho unas fresas recubiertas de chocolate. – El ojimiel abrió la caja para enseñar la media docena de fresas que había preparado. Sebastian fue a coger una pero recibió un golpe en la mano, aunque realmente suave puesto que era en forma de broma. – No puedes usar las manos para comerlas... ¿Quieres una?
El castaño se sorprendió por la actitud de su novio pero no dijo nada, simplemente se dejó guiar. Vio como el cheerio cogía una fresa y se la llevaba a su boca para sostenerla entre los labios. Al ojiverde le costó entender lo que su pareja quería pero sonrió antes de acercarse y besarlo para "robarle" la mitad de la fruta.
Un poco de chocolate quedó en la comisura de los labios de Anderson y el jugador de fútbol se acercó para limpiarlo con su lengua antes de volver a besarlo. Sus bocas sabían a fresa y chocolate y ellos no podían parar de besarse, moviendo sus labios de forma hambrienta y sujetándose con fuerza para no distanciarse.
Comieron las fresas de esa manera, disfrutando de la sensualidad de cada gesto y de la pasión de cada beso ya que nunca habían estado así. Smythe tenía miedo porque su deseo aumentaba cada segundo y no sabía si sería capaz de resistirse a las ganas que tenía de arrancarle la ropa a su amado y hacer que perdiera la noción del tiempo y del espacio mientras tenían el sexo más salvaje que jamás nadie había tenido.
Cuando terminaron las fresas, Blaine besó con más pasión a Sebastian mientras lo empujaba hacia atrás para que acabara tumbado boca arriba sobre los cojines. El moreno se colocó sobre él, obligándolo a separar las piernas para colocarse entre ellas. Todo eso lo consiguieron sin separar sus labios.
El castaño llevó sus manos a la parte baja de la espalda de su novio, sin ejercer demasiada presión para que no se sintiera presionado. Sin embargo, se sorprendió cuando el ojimiel abandonó sus labios para besar su mandíbula y bajar por su cuello para comenzar a besar y morder un punto cercano a la clavícula.
El jugador de fútbol hacía todo lo que podía para no gemir por todas las sensaciones que su amado le estaba produciendo. Tenía que ser bueno si no quería perderlo pero saber que estaba dejando una marca en su cuello estaba consiguiendo que quisiera hacerlo suyo esa misma noche.
Anderson llevó una de sus manos hacia atrás para agarrar con suavidad una de las manos de Smythe que se situaban en su espalda. Bajó la mano del ojiverde lo suficiente para situarla sobre su trasero.
– No quiero que nos quitemos la ropa pero sí quiero avanzar un poco... ¿Estás de acuerdo con eso? Sé que no es mucho pero...
El ojiverde se incorporó para besar a su amado, causando que éste dejara de hablar a mitad de frase, pero sabiendo que su pareja estaba dispuesta a aceptar cualquier avance que él quisiera. A partir de ahí, todo volvió al punto anterior, con Anderson besando y mordiendo el cuello de su pareja, aunque esa vez en un lugar más visible y en el otro lado. Iban a disfrutar de la intimidad sin necesidad de llegar al sexo.
Volvieron a juntar sus labios, sin detener sus movimientos, simplemente deseando sentir cada vez más el cuerpo del otro. Era un poco frustrante no sentir piel pero Smythe no aceleraría las cosas, no quería asustar a su amado. Sin embargo, el motivo por el que respetaba los deseos del animador eran muy diferente al que lo había llevado a hacer eso en un principio. Lo amaba y ese era el único motivo para querer que se sintiera cómodo.
Cuando se sintieron satisfechos, los besos dejaron de ser hambrientos y necesitados para ser dulces y suaves. Las manos del castaño abandonaron el trasero ajeno para colocarse en la mejilla de su amado. Todo se volvió demasiado romántico esa noche y así siguió durante un rato, hasta que volvieron a estar listos para una segunda ronda.
Al día siguiente había una fiesta en casa de Sugar y la mitad del McKinley estaba invitado. Ni Blaine ni Sebastian hicieron nada para ocultar las marcas que se habían producido durante su noche de pasión. Ellos sabían que todos los miraban cuando llegaron, pero no les importaba. Sin embargo, después de una hora, el moreno empezaba a estar incómodo por las miradas que Noah les dirigía.
– Puck no para de mirarnos y no de forma agradable... ¿Le ocurre algo? – El ojimiel preguntó. El castaño lo miró y supo que eran celos por los avances que había conseguido para ganar la apuesta, pero no podía decirlo en voz alta.
– No creo... Y aun así, no me importa. Sólo quiero pasármelo bien... ¿Bailamos? – El jugador de fútbol agarró su mano para dirigirlo a la pista de baile pero el otro lo detuvo.
– Es tu mejor amigo. – El Cheerio argumentó.
– Últimamente no estamos muy bien, no te preocupes. Todo se solucionará. – Smythe besó a su novio con pasión. Sabía que estaba jugando con fuego y que eso podía enfurecer aun más a Puckerman, pero él no iba a dejar de disfrutar del chico que le había robado el corazón sólo porque su amigo no soportara que ganase una apuesta... Aunque para él, hacía días que había dejado de ser una apuesta.
