Advertencias: Violencia gráfica, muerte de personajes.
Gracias a 19'Mika-chan'91 por betear este capítulo.
Capítulo 10: El Fin del Juego
Cuando pasó Febrero y la temporada de reproducción empezaba a desvanecerse lentamente hasta el punto en que podían cumplir con sus tareas sin tener que frotarse contra el suelo para aliviar el dolor en sus bolas a cada hora y Harry podía caminar sin el miedo de que sus piernas fueran a doblarse al dar cada paso, la manada parecía asentarse mejor y volverse más unida, la fusión era menos obvia, los miembros se llevaban mejor que antes y ahora Harry se sentía lo bastante cómodo como para delegarle la vigilancia de sus hijos a Adam u Oscar tanto como a Miles y Nick, pero todavía no confiaba en Tavin, no tenía nada que decir con respecto al hombre de la otra manada, pero en serio dudaba ser capaz de confiarle algo vivo, mucho menos a un cachorro y especialmente sus hijos, no es que a Tavin le importara, el hombre de treinta y dos años admitió fácilmente que no era del tipo paternal y habría odiado a sus propios hijos, pero le aseguró a la pareja alfa que no le haría daño alguno a sus hijos siempre y cuando no tuviera que hacer de niñera, más tarde confesó que temía alimentarlos mal o ponerle los pañales al revés. No los lastimaría a propósito, pero probablemente los lastimaría por negligencia o ignorancia ya que no sabía cómo cuidar de unos pequeños cachorros tan dependientes.
Harry se sentó cansado y se acurrucó en la calidez de Fenrir, aceptando el pequeño puñado de carne que le ofreció y comenzó a comérselo con delicadeza. Hoy se sentía verdaderamente cansado y no podía desenterrar la energía para comer, no quería comer, sólo quería dormir por varias horas más, pero de todas formas se forzó a hacerlo, así no preocuparía a Fenrir o a alguno de sus otros compañeros de la manada, quienes siempre estaban preocupados por sus hábitos alimenticios después del estado en el que se encontraba la primera vez que llegó con ellos y también más tarde después de las caminatas en busca de un nuevo territorio, aunque nunca volvió a verse tan mal como cuando solía ser un lobo solitario.
- ¿Estás bien? – gruñó Fenrir.
Harry asintió mientras masticaba lentamente la última mordida de carne. – Sólo estoy cansado, – insistió. – Hemos jodido tanto y tan a menudo que casi no puedo esperar por el tiempo fuera, sería bueno ser capaz de caminar en línea recta de nuevo.
Sonrió y besó la boca de Fenrir, pasando ambos pulgares ensangrentados sobre la barbilla sin afeitar de Fenrir y por sus mejillas antes de lamer la sangre.
- ¡Estaría feliz de dejar que mi Alfa me follara tan a menudo como deseara! – insistió Emily.
- Si no quieres terminar tragándote tus dientes, es mejor que te calles. De otro modo yo estaría más que feliz de evitar que hables a través de una mandíbula triturada, – exclamó Harry.
- Desafortunadamente para ti, tu Alfa ni siquiera quiere tocarte. No las jodería a ustedes aún si Harry no estuviera aquí, – gruñó Fenrir, su cólera se acrecentó con facilidad mientras continuaba en dónde lo había dejado Harry. – Hice mi decisión más que clara. Harry es mi perra alfa, el resto de ustedes no son nada para mí.
- Gracias, Alfa, también te amo. – Jonas hizo un puchero; su labio inferior sobresalía exagerada y grotescamente.
Harry se rio con tanta fuerza que casi se ahogó. Fenrir palmeó su espalda, no muy gentilmente, pero estaba sonriendo.
- Sabes que no me refería a todos ustedes, sólo a las tres perras. No podría dar una mierda por ellas, aunque espero que estés disfrutando de tu perra omega, ya que jamás voy a rebajarme a tocarla, incluso si a Harry le pasara algo.
- No va a pasarme nada, soy más joven que tú, ¿recuerdas? Puede que tengas sexo como si fueras un veinteañero, pero no lo eres, – dijo Harry de forma descarada.
Fenrir lo mordió, pero Harry se estaba riendo tanto que no le importó.
- Pienso que disfrutaríamos más de nuestra perra omega si fuera más bonita, y estuviera menos usada y menos desgastada. Aunque te agradecemos por el regalo, – dijo Bryan con una tremenda sonrisa, miró a Harry de soslayo. – Ahora, si nuestra perra omega luciera como nuestra perra alfa, dudo que alguno de nosotros lo dejara solo el tiempo suficiente como para hacer nuestros deberes.
- Ese es el por qué Harry es la perra alfa, no el omega, – gruñó Fenrir, sujetando a Harry con más firmeza contra su regazo en una muestra de dominio y posesividad.
- ¿Esa es la única razón? – Harry frunció el ceño.
- Por supuesto que no, pero es la única que van a saber.
Harry sonrió y se rió, envolviendo sus brazos alrededor de Fenrir, antes de que su atención fuera robada por sus gemelos de ocho meses de edad.
Ulric estaba balbuceando y Felan le respondía con otro balbuceo, tenían una conversación el uno con el otro la cual sonaba completamente adorable para Harry. Se les unió a ellos, sentándose justo en frente de Fenrir, les balbuceó a cada uno y ellos se rieron intentando alcanzarlo, todo lo que podía hacer era sostenerlos con fuerza y sonreírle a Fenrir.
- No puedo creer que ya casi haya pasado un año desde que nacieron, – dijo Harry con suavidad.
- Podríamos tener más pronto, – dijo Fenrir monótonamente, pero agachó su cabeza para que no pudieran ver su sonrisa. Harry ya conocía bien ese gesto y eso que su sonrisa se ampliara aún más.
- Estaría más que feliz de darte más, – dijo Harry con orgullo.
- La temporada de cría ya se acabó, – señaló Liang bruscamente. – Si no estás embarazado ahora, no tendrás cachorros este año.
- Podría estar embarazado, – dijo Harry con los ojos entrecerrados. – El año pasado no supe que estaba embarazado hasta fines de Marzo.
- Eso fue sólo porque estabas vomitando demasiado, – concordó Loren. – No empezaste a mostrarlo hasta dos o tres meses después. Aunque ahora estás en mejor condición física, más saludable, no te veías mucho mejor que un saco de huesos o como si fueras a caer muerto en cualquier momento.
- Entonces puede que empiece a mostrarlo más tarde, – concordó Harry. – Me pregunto si esta vez estaré igual de enfermo.
- ¡Dejen de hablar como si ya estuvieras embarazado! – espetó Emily.
Fenrir dejó salir un gruñido gutural, Emily palideció y se hizo más pequeña.
- Podría estar embarazado, puede que no, eso no importa. – Harry se encogió de hombros despreocupadamente. – Estoy seguro de que puedo disfrutar de Ulric y Felan por otro año hasta la próxima temporada de reproducción, ¿no es cierto? – se volteó en dirección a Fenrir.
Fenrir asintió. – No quiero que pienses que unos cachorros más jóvenes reemplazaran a Ulric y Felan, siguen siendo mis cachorros, siempre serán mis cachorros, sólo porque vayamos a tener más no significa que me olvidaré de ellos.
- ¡¿Por qué lo escogerías de nuevo la próxima temporada de cría si no está embarazado esta vez?! – Bernice no parecía ser capaz de evitar hablar e interferir.
- Él es mi compañero de cría, – gruñó Fenrir por milésima vez. – No es un compañero temporal. Eso significa que en cada temporada de reproducción que venga, él es mío y voy a reclamarlo, eso quiere decir que, incluso si no me da cachorros por cinco años consecutivos, seguirá siendo mi compañero de cría y que año tras año siempre volveré a él.
- ¿Eso quiere decir que al sexto año escogerás a otra pareja? – preguntó Emily llena de esperanza.
- ¿Qué parte de lo que acabo de decir no entendiste? – exigió Fenrir. – ¿Eres tan cabeza dura y tan retrasada que no puedes comprender una simple declaración? Cinco años, seis años, cincuenta putos años eso no importa, él es mío, nadie más podrá tenerlo y yo no voy a reclamar a nadie más.
Las tres mujeres se quedaron quietas y taciturnas. Harry regresó con sus hijos, quienes habían vuelto a empezar su conversación, balbuceando extrañas consonantes mezcladas con vocales, palabras como "ba", "ca", e incluso "ma" y "pa" cuando replicaban.
- Di mamá, – le animó Harry.
- Aún encuentro escalofriante que te refieras a ti mismo como "mami", – señaló Bryan.
- Soy su madre, – dijo Harry. – Yo los concebí, tuve a esos dos niños en mi cuerpo, demonios, todavía los llevo en ese maldito portabebés cuando los llevo al río y no voy a permitir que nadie los aleje de mí. Soy su madre, fin de la discusión.
- Eres la mejor madre que he visto jamás entre los lobos – dijo Grant con una sonrisa y una reverencia de su cabeza.
Fenrir asintió con una sonrisa orgullosa y estuvo de acuerdo. – Claro que sí.
- No me viste con mis cachorros, – lo cortó Bernice, tratando de desacreditar a Harry y sus habilidades maternas mientras atraía la atención de vuelta hacia ella, incapaz de contener su lengua mientras Harry y sus cachorros eran elogiados por algo que, según ella, no se merecían o justificaban.
- Gracias por eso, – vituperó Jonas. – A partir del estado del agujero negro entre tus piernas no creo que ninguno de nosotros quisiera verte dando a luz. Tu última camada probablemente salió caminando y no me hagas mencionar el estado de esos sacos de carne vacíos a los que te atreves a llamar senos. Tus cachorros anteriores debieron haber succionado la leche, la grasa y los tejidos y te dejaron con dos montones de piel suelta con unos pezones gigantes y rotos.
Fenrir bufó y Harry se rió en voz alta junto con el resto de los machos beta. Burne se ruborizó y evitó su mirada. Harry se encontró sintiendo lástima de Burne, pero Bernice no le importaba en lo más mínimo, no cuando ella intentaba quitarle a su compañero de cría con tanto ahínco. Fenrir era suyo y hasta que ella y las otras dos putas no aprendieran eso nunca iba a ser amistoso con ellas y seguiría luchando para proteger su reclamo en su macho alfa.
El Señor Oscuro, Voldemort, se hallaba sentado en su silla y acariciaba ausentemente a su serpiente, Nagini, mientras pensaba largo y tendido sobre el plan que le habían traído sus seguidores, cogiendo las piezas y tratando de evaluar cada ángulo con un severo ojo crítico.
Era un plan sólido en la superficie, había riesgos involucrados, naturalmente, pero después de una reflexión más profunda no podía dejar de preguntarse a cuántos seguidores diezmarían los lobos. Los hermanos Lestrange primero querían maldecir y controlar a los seguidores quienes fungirían como alimento para los lobos y luego, cuando los lobos estuviesen distraídos, los Mortífagos los acorralarían, cortándoles cualquier escape.
De todas formas, él tenía otros planes, si aquellos que le eran más leales iban primero, era menos probable que hubiese grandes pérdidas en su bando que enviando primero a gente bajo el maleficio Imperius, de ser así perderían el factor sorpresa. Los lobos desgarrarían a las personas maldecidas fácilmente, eso hacía que se preguntara a cuántos seguidores leales perdería mientras éstos perseguían a las personas malditas, necesitaban ese factor sorpresa.
Aunque, entre más pensaba en ello, puede que ya hubieran perdido el elemento sorpresa y ya había reprendido a Rookwood por permitir que la loba se fuera sin asegurar su silencio a través de una maldición que le impidiera hablar. Él había insistido en que no había hecho nada para mantener su confianza. Rookwood seguía pagando por pensar de más y se aseguraría de que siguiera de esa manera, pero había estado vigilando a la manada de lobos y ellos todavía no se movían, así que tal vez la mujer mestiza realmente era tan estúpida como el Mortífago había alegado. Las maravillas nunca cesan.
Alzó la mirada cuando alguien en la mesa se reacomodó, miró al delgado, calvo y pálido hombre, observando cómo la sangre se drenaba de su rostro haciendo que pasara de blanco como el papel a gris pálido, los ojos demasiado grandes le recordaron a una presa acorralada. Una pequeña presa.
- ¿Tienes algo que decir, Mulciber? – preguntó sedosamente.
- No… no, mi Lord. Nada. No. – Tartamudeó y tropezó con su propia lengua en medio de su prisa por contestar, era divertido y molesto al mismo tiempo.
- Rodolphus, – dijo, dirigiéndose al hombre a su derecha, justo al lado de Bellatrix. – Creo que sería beneficioso mantener el elemento sorpresa, si los alimentas con los seguidores controlados los desgarrarán y les dará tiempo para entrar en una sed de sangre, entonces comenzarán las pérdidas graves.
Rodolphus inclinó su cabeza. – Cómo desee mi Lord, vivimos para servirlo.
Sonrió, más que otra cosa fue un cruel gruñido sin labios. Los hermanos Lestrange no habían perdido sus lenguas melosas en Azkaban, aunque al parecer Bellatrix había perdido algo más que su mente y su cordura, los hermanos no estaban tan afectados, la mayor parte del daño parecía estar en sus, una vez, gloriosos cuerpos, ahora estaban delgados, pálidos y demacrados, eran sombras y cascarones de su antiguo ser. Lamentaba que hubiesen perdido la habilidad de moverse tan bien como antes, habían sido dos de los más agiles, más leales, talentosos y osados duelistas, ahora estaban en la ruina, aunque sus esfuerzos por recuperar su antiguo peso estaba funcionando, pero lenta, muy lentamente y eso era laborioso y frustrante, lo sabía, podía sentirlo en sus pensamientos, podía sentir cuan furiosos e impacientes estaban, cuan enojados los hacía sentir el ser tan débiles e inútiles.
- Ya no podemos seguir aplazando esto, a la mujer mestiza le tomará unos meros momentos tener una crisis de consciencia y contarle a Greyback lo que hizo y entonces nuestro elemento sorpresa se habrá ido, estarán esperándonos, incluso si los atrapamos antes de que consigan moverse. Necesitamos un ataque sorpresivo al inicio para acorralarlos.
Le dio una mirada a Augustus Rookwood y toda la mesa se giró a mirarlo. El hombre se sonrojó y agachó la cabeza.
- Ha pasado un mes, mi Lord, ella no les ha dicho todavía, siguen sin enterarse de nuestros planes o lo que ella hizo, – dijo Rookwood suavemente.
La rabia fue instantánea y podía sentir que su boca se contraía para emitir un gruñido mientras hacía girar su varita y le lanzaba el maleficio Cruciatus. Observó a Rookwood gritar y rodar en el piso por un rato hasta que se aburrió, levantó la maldición y volvió a girarse hacia los hermanos Lestrange.
- Esta mujer podría exponer lo que ha hecho en cualquier momento, le tomará unos cuantos segundos decirle a Greyback y entonces ellos estarán esperándonos, no importa donde vayan, perderemos nuestro elemento sorpresa, ¡no dejaré que eso pase! – siseó con furia.
Rodolphus asintió con su cabeza una vez más. – Lo comprendo mi Lord, finalizaré los planes bajo sus especificaciones, le informaré a los otros y nos movilizaremos para atacar y capturar en una semana.
Voldemort asintió, pero no pudo evitar el destello de fastidio debido a que no sucedería más pronto. Sus dedos picaban y acariciaban su varita, ignorando los encogimientos que se ganó de sus seguidores y cómo Rookwood palideció aún más después de arrastrarse lenta y dolorosamente de regreso a su silla como una sabandija.
No podía esperar para tener a Potter a sus pies, rogando por misericordia. El día se había tardado en llegar y había esperado dieciséis largos años para cobrar su venganza, ahora que el niño se acercaba más a su último día de vida, se encontró incapaz de esperar mucho más tiempo.
Finalmente aplastaría a Potter bajo su pie y entonces por fin todo caería en su lugar, estaba extendiendo su influencia de forma lenta y segura. Estaba recobrando su poder y fuerza, y la gente lo estaba notando. El Ministerio seguía aguantando, pero ahora que Draco por fin había completado su deber -tenía que admitir que fue con una ayuda considerable por parte de los Mortífagos, por lo cual estaba muy disgustado y se aseguraría de dejarle claro su disgusto- atrajo a Dumbledore a una trampa la cual finalizaría con la muerte del anciano, la población caería presa del pánico y se fragmentaría, aunque ya estaban corriendo como pollos sin cabeza y lo único que impedía que fueran una gran masa histérica era la opresión del Ministro, Rufus Scrimgeour, quien los mantenía a todos unidos mediante un puño de hierro y un carácter inflexible. Él era el siguiente objetivo en su lista. Todo estaba cayendo en su lugar y tan pronto como Potter cayera en su mano no quedaría nadie que lo detuviera, sólo sería cuestión de tiempo antes de que tuviera el control completo y Gran Bretaña caería en su reinado, ya había planeado eso, pero no podía implementarlo hasta que Potter desapareciera, era imperativo que Potter fuera asesinado y pronto se encargaría de eso. Tenía otros planes que quería realizar, esto había sido aplazado por demasiado tiempo, sería casi un alivio físico hacer que ese niño estuviera fuera del camino de una vez por todas, pero primero lo primero, tenía que deshacerse de Scrimgeour mientras sus seguidores tramaban y planeaban el ataque sorpresa a la manada de lobos, y entonces, cuando toda la población estuviera corriendo en búsqueda de su siguiente líder les arrojaría el cuerpo sin vida de Potter y se declararía como el gobernante de la Inglaterra mágica, entonces todo lo que tendría que hacer era exterminar a los Muggles y a los Sangre Sucia y, por fin tendría a su Inglaterra mágica y pura.
Al parecer, Febrero iba a ser un mes de sorpresas, especialmente en lo que concernía a sus cachorros gemelos. Harry observaba con entusiasmado orgullo como Ulric usaba la pierna de Fenrir para ponerse de pie.
Haciendo vergonzosos y excitados sonidos, Harry se agachó y extendió sus brazos hacia Ulric, animándolo a caminar la pequeña brecha entre ellos. Sus ruiditos también se las arreglaron para atraer la atención de media manada, lo cual atrajo la atención de la otra mitad.
Fenrir observaba ávidamente cómo Ulric usaba su pierna como soporte, una de sus manitas siempre se apoyaba en su muslo revestido de jean, incluso cuando Ulric se volteaba para enfrentar a Harry haciendo el silencioso acto inconsciente de agarrar con su mano, lo cual usualmente terminaba con Harry recogiendo entre sus brazos al cachorro en el suelo. Hoy no. Hoy Harry se quedó en donde estaba y en su lugar animó a Ulric a ir hacia donde se encontraba él.
Frunciendo el ceño profundamente, y luciendo como si fuera a hacer un berrinche en cualquier momento, Ulric se negó a mover su pie hacia adelante y continuó intentando agarrar a Harry, demandando su toque y atención. Fenrir presionó una gran mano en la diminuta espalda del cachorro y le dio un pequeño empuje, causando que su hijo mayor diera un tambaleante paso hacia adelante.
Fenrir sonrió cuando Harry comenzó vibrar de emoción visiblemente rebotando en cuclillas; sus brazos se estremecían y vibraban cuando Fenrir le dio otro empujoncito a Ulric, incitándolo a mover su otra pierna. Otro empujón y otro pasito y la mano de Ulric se apartó de su rodilla.
Parándose solo con la mano de Fenrir en su espalda como único apoyo, Ulric decidió que no le gustaba no ser capaz de tocar algo y trató de volver a retroceder hacia Fenrir, pero su padre no lo permitiría y en vez de ello le dio otro pequeño empujón.
- Vamos Ulric. – Harry le engatusó gentilmente, consiguiendo que la atención de su hijo regresara con él. – Ven aquí. Ven conmigo.
- ¡Ah ma! – sollozó.
- Lo sé, ven aquí amor.
Lentamente, Fenrir retiró su mano de la espalda de Ulric y se cernió detrás de él, sólo por si acaso, mientras Ulric daba sus primeros pasos -no incentivados por alguien más- hacia Harry, luego otro y otro, y Fenrir sintió cómo se hinchaba de orgullo y proteccionismo mientras observaba a su hijo dando sus primeros pasos. Ignoró el hecho de que eran titubeantes, temblorosos y torpes. Fue en el quinto paso cuando cayó en los brazos y el regazo de Harry mientras era arrastrado por el entusiasmo, la alegría y el orgullo de Harry. Los cuatro pasos previos habían sido perfectos a sus ojos y, además, sin demasiada ayuda. Se negó a permitir que le importara otra cosa o que lo disuadiera.
Harry le dio una mirada llena de tanto amor, orgullo y deseo ardiente que Fenrir dejó escapar un bajo y casi inaudible gemido mientras sentía como se endurecía.
- Espero que esté embarazado, – le dijo Harry mientras arrastraba los pies con Ulric y lo tiró para darle un duro beso de dientes y lengua. – Quiero más hijos. Quiero tus hijos.
Ante eso Fenrir gruñó un poco más alto y volvió a tirar de Harry para darle otro violento y demandante beso. Felan se unió a ellos arrastrándose. Harry odiaba que alguno de sus hijos se arrastrara por el claro. El suelo del claro principal estaba demasiado duro debido a las décadas de uso y acababan raspando terriblemente las manos y rodillas de sus cachorros. Prefería que se arrastraran por las áreas más suaves de césped, pero como la nieve seguía cayendo, no había césped y arrastrarse por la nieve no era una opción. Bryan lo había intentado, Felan se hundió en la nieve y salió aterrado, gritando y empapado. Harry lo había golpeado por eso y soltó una diatriba sobre no hacerlo de nuevo en el futuro. No podía esperar a que llegara el puto verano de esta forma toda la nieve se derretiría.
Sosteniendo a sus dos hijos en su regazo, Harry besó a Fenrir una última vez y alzó a sus dos hijos sobre su hombro. Fenrir le golpeó el culo lo cual hizo que Harry rodara los ojos, pero por lo demás fue ignorado como siempre.
La unificación ya casi estaba completamente implementada, las hembras eran las únicas que se resistían, ya que los machos beta que estaban en un lugar mejor junto a Fenrir que el que habían tenido con Bruno y que Fenrir no jugaba juegos estúpidos con su comida, peleas o sexo. Harry había estado disgustado de oír que Bruno no sólo había estado matando de hambre a los miembros de su manada, sino que también los había forzado a luchar y había forzado a la mayoría de sus machos beta a realizar actos sexuales los unos con los otros para su morboso entretenimiento, una práctica que su hijo mayor, Bryce, también había adoptado, pero tan pronto como se dieron cuenta de que Fenrir no les haría hacer ese tipo de cosas y les permitiría tener lo que querían, a menos que necesitara algo, todos dejaron de estar nerviosos y asustados de su nueva pareja alfa, como si estuvieran esperando un ataque en cualquier momento. Salían mucho más seguido de sus caparazones y compartían mucho más de sí mismos, por lo tanto, se mezclaban más, se hacían amigos y se incorporaban apropiadamente a la manada "invasora".
Aunque Harry seguía refunfuñando que sería mejor matar a las otras tres perras. Emily era demasiado malditamente vocal en cuanto a los fallos y deficiencias de Harry, se burlaba de sus cachorros (por supuesto, nunca dentro del rango de audición de Fenrir), despedazaba el vínculo que tenía con Fenrir señalando que no hacían todo lo que hacían las otras parejas de lobos o viceversa y había tratado de atacar a Harry dos veces más, ambas veces Harry la había golpeado hasta dejarla tirada en el piso, no sin herirse a sí mismo, lo cual lo estaba desgastando, pero Emily seguía intentándolo, seguía lastimándolo y cuando se detenía, continuaba una de las otras. Era un círculo vicioso sin fin.
Bernice, quien ya había terminado su celo, una vez más estaba siendo usada por los machos beta para aliviar las tensiones y frustraciones ahora que no podía quedar embarazada. Su comportamiento había cambiado, estaba más tranquila, retirada, nerviosa, siempre saltaba ante cada ráfaga de viento o el chasquido de una ramita, pero la manada se lo atribuyó al brusco cambio de poder, había sido la perra alfa cuando se apoderaron de la manada, había sido la perra alfa más veces que Emily o Liang, había sido la madre de los cachorros del Alfa, la manada nunca antes había tenido una perra omega, por lo que, naturalmente, pasar del rango más alto de la manada al más bajo produciría un cambio de comportamiento en cualquiera, pero a menudo Harry y Fenrir la ignoraban y la dejaban de lado, era una perra omega, no valía su atención y se había ganado su rango omega por atacar a Harry por la espalda, además de que uno de los cachorros del Alfa no estaba a más de un pie de distancia, en su opinión, eso la convertía en el equivalente a un caracol aplastado.
Sin embargo, era Liang por quien estaba más preocupado. Era demasiado calmada. La estaba mirando ahora, la encontró mirándolo a él y a los dos cachorros, siempre estaba mirando. Le dio su mejor mirada y se negó a demostrar cuánto lo enervaba la sonrisa que le respondió. Tenía a Jonas, Bryan y Grant observándola todo el tiempo y mantenía a Loren cerca de Ulric y Felan. Había intentado que Miles y Nick se le acercaran, pero ella se negó a mirarlos siquiera, incluso les había escupido que eran intrusos y que Fenrir era un usurpador, si Fenrir hubiese oído lo que dijo entonces la hubiese matado al instante. Ella lo sabía… era demasiado lista y eso también le preocupaba. Era su nueva obsesión, se pasaba la mayor parte del día observándola, tenía a los machos beta siguiéndola y vigilándola, apenas notaba a las otras dos, aunque era difícil ignorar a Emily cuando se le lanzaba encima en un nuevo ataque físico todos los días.
Harry se sentó junto al ciervo que acababan de atrapar, la sangre estaba caliente y espesa, dejó que Ulric y Felan jugaran con el cuerpo muerto, les permitió saborear la sangre del animal cuando colocaron sus manos ensangrentadas en sus bocas con curiosidad. Había empezado a quitarles la leche, Felan se acostumbró más fácilmente, después del desastre que causó cuando obligaron a Ulric a tomar algo diferente a la leche antes de que estuviera listo, pero su hijo mayor se estaba acostumbrando lentamente y ahora que ambos tenían dientes, o más bien, un diente cada uno, querían más que sólo leche en sus dietas.
- ¿Enseñarles a jugar con su comida no son malos modales? – bromeó Grant mientras se sentaba a un lado de Harry y le daba un rápido abrazo antes de volver a acomodarse y agitarle su ya alborotado cabello.
Harry bufó. – Yo creo que es más cómo hacer que se acostumbren a su futura dieta. Parece que les gusta el sabor de la sangre.
Loren bufó. – Por supuesto que sí, son pequeños hombres lobo. No es que podamos distinguir si son gatos, perros y oseznos cuando se transforman, sólo son pequeñas bolas de pelo de colores que se tambalean y mordisquean nuestras orejas y colas cuando estamos durmiendo.
Harry sonrió y aceptó el pedazo de carne que Fenrir sacó para él. Debido a que la manada era tan grande, normalmente tenían que comer dos ciervos para cada comida, así que, como Harry era la perra alfa, comía de uno y Fenrir del otro porque era el macho alfa, pero Fenrir siempre le entregaba la primera mordida de su carne, ahora sólo era un hábito a diferencia de cuando Fenrir declaró sus intenciones hacia Harry hace un año atrás y ninguno quería romper la tradición, a pesar de que Emily señaló que ninguna otra pareja alfa hacía eso después de aparearse, trató de plantar esa idea en sus cabezas, y también en la de los betas, su vínculo era raro y no era normal en la sociedad de hombres lobo.
Harry odiaba que Emily y Liang comieran en la misma "mesa" que él, pero se negaba a dejarlas cerca de Fenrir, incluso si el lugar en donde estaba sentado Fenrir estaba dentro de su rango de audición y podía seguir su conversación con Jonas y Warren tan fácilmente como la conversación entre Bryan y Oscar quienes estaban a su lado.
Estaba cansado, no, estaba exhausto de las constantes afrentas y amenazas a su posición en la manada por parte de las tres mujeres, a pesar de que una de ellas se encontraba en el rango más bajo de la manada, Bernices seguía tratando de tomar su lugar, como si pensara que Fenrir no merecía algo más que una perra omega, incluso como compañera temporal. Nunca sería la perra alfa de nuevo, incluso si le pasaba algo a Harry, pero no lo entendía o no lo aceptaba, y eso era preocupante. Era como si Bruno hubiese jodido por completo a las tres mujeres, Tackett señaló que, de hecho, había jodido la mente de las tres mujeres, alentando a que pelearan unas con otras para satisfacer su propia diversión, las golpeaba y maltrataba, además de que las usaba por turnos durante cada temporada de cría. Bruno no tenía idea de que su segundo y tercero al mando, Warren y Worrick, estaban filtrando pociones para matar a sus cachorros antes de que se formaran, de otra manera, habrían sido ejecutados, pero Bernice fue la única que veía el mundo color de rosa, lo suficiente como para pensar que Bruno de verdad la amaba, porque creía la mentira de que era la única fértil y podía darle cachorros a su Alfa, por lo que creía que era más "grande" a los ojos de Bruno debido a su "fertilidad superior" y utilizaba eso para tratar de pisotear a Liang y Emily, de esta forma también ganaba importancia ante los ojos de Fenrir, no es que él le diera miradas fugaces siquiera, pero ella estaba lo bastante loca como para seguir pensando que tenía una oportunidad con Fenrir.
Pero volviendo al punto, estaba cansado de defender su reclamo sobre Fenrir, estaba cansado de los insultos y calumnias, la falta de respeto y la presión. Era una sola persona contra tres experimentadas mujeres mayores, todas intentando sacarle un pedazo de carne y derramar su sangre. Incluso cuando pensaba en esto, agarraba una de las manos de Emily y la retorcía porque ella intentó escoger una de las partes más blandas del venado, sabiendo que era la parte favorita de Harry. Le gruñó y Fenrir les prestó más atención para ver a Harry y la perra beta enfrentándose una vez más. Estaba tan harto de esto como Harry, pero no podía matarla sin razón aparente, aún si lo tuviera hasta la coronilla, lo cual era un hecho. No podía abusar de su posición como Alfa, sus machos beta nunca confiarían en él de nuevo y él valoraba la confianza y lealtad que le tenían.
- Toca la comida de Harry y terminarás comiendo como omega, – le dijo bruscamente, mientras arrancaba un pedazo blando de la carne.
Harry le dio una fugaz sonrisa feroz y rebuscó en el venado hasta que encontró algo antes de obsequiarle un nutritivo riñón, la parte favorita de Fenrir sin importar el animal que fuera.
Fenrir le sonrió y la tomó, tras varias mordidas la devoró inmediatamente, antes de estrellar su boca contra la de Harry y besarlo con brusquedad.
Harry se quedó ahí sentado con un aire presumido y el pecho hinchado mientras se adueñaba de su comida, sonriéndole a Emily, quien no quería terminar comiendo como una omega, nadie quería comer la escasa dieta de un omega, especialmente en invierno cuando necesitaban una capa extra grasa para mantener el calor.
Desde el año pasado Harry había estado aprendiendo un montón sobre los hombres lobo y todavía aprendía más cada día, pero no fue hasta que llegó aquí que aprendió a profundidad con respecto a los lobos omega y al observar a Burne y a Bernices sentados lejos del resto de la manada, solos, esperando a que la manada terminara de comer para poder raspar las sobras de los huesos e intestinos estaba causando emociones extrañas y conflictivas dentro de él. Bernice no le importaba, pero se preocupaba por Burne cuya única transgresión fue nacer de Bruno, algo por lo cual no podía culparlo, no tenía control sobre ello y no podía cambiarlo sin importar cuanto quisiera hacerlo.
Cuando terminaron de comer, Harry se aseguró de que quedara un poco de carne para Burne, aunque el cadáver que tenía Fenrir casi estaba vacío ya que había tenido a varios hombres grandes comiendo de él, Harry no era tan grande y no necesitaba tanto y tampoco las dos mujeres que comían con él, así que quedaba más.
- Burne, – le llamó Harry. – Hemos terminado de comer; puedes venir y comer ahora.
Burne se acercó y se sentó con timidez, tratando de acurrucarse y esconderse de los ojos de sus propios compañeros de manada. Sin embargo, mientras se retraía, Harry le entregó la parte del hígado lo cual era un gran problema ya que usualmente sólo a la pareja alfa se le permitía comer los órganos.
Burne lo miró impactado y sorprendido, Harry se agachó con una suave sonrisa y con su mejilla dejó una marca de olor en Burne, de la misma forma en que lo hacía con sus hijos.
- Sólo porque eres el hijo de Bruno no significa que seas malo y sólo porque seas el omega de la manada no significa que no nos preocupemos por ti o por tu bienestar. Nos preocupamos por los nuestros, pero tú tienes un rol especial en la manada, se necesita ser un lobo fuerte y valiente para absorber las tensiones y las frustraciones de su manada y aun así mantenerse cerca y quedarse con nosotros, te necesitamos para que la manada no acabe despedazándose entre ella, ninguno de nosotros sobreviviría si la manada empezara a disolverse, tenemos demasiados machos egocéntricos y no suficientes escapes, hay un límite de cuanta ayuda pueden aportar las luchas y las cacerías para eliminar la tensión y el estrés, pero a pesar de eso te cuidaremos, no te abandonaremos ni vamos a echarte, eres parte de esta manada, Burne, sin importar tu posición dentro de la jerarquía.
Harry palmeó ese hombro fuerte y se puso de pie, ignorando que Burne tenía los ojos húmedos y estaba a segundos de sollozar. Se fue y acostó a Ulric y Felan para su cambio de pañales de la tarde antes de estirarse para bostezar.
- ¿Qué fue eso? – demandó Fenrir mientras envolvía sus brazos alrededor de Harry, sus manos se deslizaron bajo el grueso y suave sweater de Harry para tocar su piel.
- Odio verlo tan desolado, sé quién y qué es lo que es, no voy a cambiar eso y ni siquiera voy a intentarlo, pero odio verlo tan triste, tan derrotado. Así que, le informé que su rol de omega es muy importante, que necesitamos que absorba toda la tensión antes de que nos matemos los unos a los otros. No creo que lo estuviera viendo de esa manera, tal vez ahora pueda sentirse un poco mejor con respecto a su rango.
- Tienes un corazón suave y una mente aún más suave, – bufó Fenrir.
- Prefiero pensar que estoy preocupándome por todos los miembros de mi manada, – espetó Harry.
- ¿En serio? – le desafió Fenrir.
- ¡Por supuesto! – se defendió Harry acaloradamente, antes avistar a Bernice arrastrándose por el piso buscando los restos del ciervo de Fenrir, raspando los pequeños pedazos de carne de los huesos, lo atravesó una puñalada de perverso placer. – Bueno, al menos todos los que me importan.
- No puedes aclamar que te preocupas por toda la manada cuando no es así, – le dijo Fenrir con brusquedad.
- ¿Qué quieres que haga? – le siseó Harry furioso. – ¿Que juegue bonito con ellas cuando sé que me apuñalarían por la espalda y treparían por mi cuerpo cuando todavía siga caliente saltando directo a tus brazos?
- Eso nunca va a pasar, – desestimó Fenrir. – Ellas nunca van a reemplazarte, ¿por qué no metes eso en tu cabeza dura? Nada de lo que hagan va a cambiar las cosas que siento por ti, así que, ¿por qué sigue siendo un problema?
- ¡Porque ellas lo convierten en un muy buen problema! – gruñó Harry, sintiéndose insultado al ser llamado estúpido por su propia pareja.
- ¡No te pongas a su nivel!
- ¡No voy a dejar que pasen sobre mí y no voy a permitir que me falten el respeto!
- ¡Entonces díselos! – gruñó Fenrir. – ¡Deja de pelear y enfrentarlas y abre tu maldita boca para decírselo!
Harry estaba tan enojado que no sabía qué decir, no creía ser capaz de aflojar su mandíbula para poder decir algo. Se giró sobre sus talones y se fue hacia el bosque dando grandes zancadas; ignorando las sonrisas de suficiencia que esbozaron las tres mujeres. Habían visto la pelea, incluso si no pudieron oír lo que dijeron, era obvio que él y Fenrir acababan de pelear. Estaba tan enojado que no podía pensar, su mente seguía dándole vuelta a las palabras que Fenrir le había espetado, la acusación de que no se preocupaba por la manada, la orden de rendirse ante las tres mujeres después de pelear por tanto tiempo para proteger su reclamo. Estaba enfocado en su rabia, alimentó su enojo hasta que su lobo sacó por completo a la perra que se alojaba en su interior.
Le lanzó puñetazos a un árbol repetidamente hasta que el dolor por fin serpenteó hasta su cerebro, finalmente tomó el control de la furia que sentía, se dio la vuelta y colapsó contra el árbol que había estado golpeando, acunó su mano, la cual hinchada y la herida expuesta y sangrando. Probablemente se había roto unos cuantos nudillos, pero en realidad no le importaba.
Las lágrimas aparecieron antes de que pudiera contenerlas. Nunca antes había peleado con Fenrir y lo odiaba, odiaba saber que Fenrir estaba decepcionado y molesto con él; odiaba saber que Fenrir estaba tan harto de él que le gritó en frente de toda la manada.
Se sentó y sorbió un poco, tratando de no pensar en el claro, sabiendo que las tres mujeres se habrían trasladado de inmediato hacia Fenrir mientras él estaba lejos y estaba tan enojado al saber que tomaron ventaja de la pelea que acababan de tener para tratar de captar el interés y los afectos de Fenrir, lo estarían rebajando ante los ojos de Fenrir, aunque parecía que no necesitaba ayuda con eso.
Una parte de él se preguntaba si Fenrir disfrutaba de toda esa atención, seguro que saber que cuatro perras estaban luchando y compitiendo por su atención le subía el ego. Eso hacía que volviera al pasado para preguntarse en cuando se cruzó en el camino de Fenrir por primera vez, si hubiera tenido competencia desde el comienzo como habían dicho las hembras, si desde el inicio Fenrir hubiera tenido otras perras a su disposición, si las cosas hubieran acabado de la misma manera. Se instaló un pequeño murmullo de duda antes de que pudiera detenerlo, las otras tres perras eran lo bastante bonitas, eran lo bastante fuertes aún después del trato que les dio Bruno y todas eran fértiles, así que, ¿quién decía que si las cosas hubiesen sido diferentes Harry hubiese terminado siendo la perra alfa? ¿Era tan descabellado creer que las otras tres, a pesar de las afirmaciones de Fenrir, tuvieran una oportunidad de reemplazarlo después de todo?
Alguien se sentó junto a él, tomó su mano herida entre sus enormes manos y la besó. Harry alzó la mirada a través de las lágrimas que empañaban sus ojos, vio a Fenrir, quien maldijo y usó su pulgar para limpiar las lágrimas, la áspera piel de su palma destruyó los rastros previos de las lágrimas que recorrían sus mejillas y su barbilla.
- ¿Te duele tanto? – gruñó Fenrir, comprobando su mano en la débil luz solar del invierno.
Harry parpadeó y esnifó un poco. – No estoy llorando por mi maldita mano, – dijo con un pequeño temblor en su voz que arruinó su obstinada indignación.
- ¿Entonces por qué estás llorando? – preguntó Fenrir con un pliegue entre sus cejas.
- Hice que te enojaras y te decepcionaras de mí, – admitió. – Me odio a mí mismo por eso.
Fenrir lo atrajo con rudeza y repentinamente hacia su regazo y lo sostuvo. Maldijo bruscamente de nuevo.
- Es mi culpa, – dijo con brusquedad. – Te vi dándole esa parte de hígado al bastardo y me puse celoso, no sabía cómo manejarlo sin arremeter contra alguien. Me sentía especial cuando me diste uno de los riñones de tu ciervo, me sentí sorprendente, presumido y superior a los otros porque tenía tu afecto, ¡luego te diste la vuelta y también le diste un regalo al omega de la manada! Casi el mismo obsequio que me diste.
Harry parpadeó y tragó mientras se daba cuenta de que todo esto, la pelea, la rabia, y el rechazo provenía de los celos de Fenrir. Se relajó entre los brazos de Fenrir y dejó que el hombre más grande lo acunara entre sus musculosos brazos.
- Te amo, – dijo Harry con suavidad, alzando la mirada para ver esos oscuros ojos azules, vertió todos los sentimientos que tenía hacia el hombre encima de él. – Te respeto, me preocupo y confío en ti. Te seguiré a donde sea que me lleves, te protegeré con mi vida si es que tengo que hacerlo. Amo las pequeñas cosas que haces por mí y por nuestros hijos, los sentimientos y la calidez al acurrucarme junto a ti durante la noche, acostarme entre tus brazos cuando vamos a dormir, la seguridad y la protección que siento cuando estoy cerca de ti, cuán feliz me haces cada día. Amo hablar contigo; amo cómo juegas con mi cabello y cómo lo apartas del camino para morder mi cuello para marcarme como tuyo. Amo cuando acaricias mi piel y cómo me haces sentir, puedes hacerme sentir mejor con sólo una mirada, nadie más puede hacerme eso, sólo tú. Es a ti a quien amo, no importa lo que haga con alguien más, eres tú quien me sostiene, sólo tú podrás tocarme voluntariamente, eres el padre de mis hijos, Fenrir, nadie más. Así que, sí, le ofrecí unas palabras amables a Burne porque sentía lastima por él, le di un poco de comida extra porque se ve como si fuera a enfermarse, le di un poco de hígado porque sabes que no me gusta, te di un riñón porque es tu favorito, esos eran los pensamientos detrás de los regalos. Burne no nos ha hecho nada ni a nosotros ni a nuestros hijos ni a la manada, su único pecado es haber nacido del hombre equivocado, ¿cómo podemos castigarlo por eso cuándo fue el único hijo de Bruno que no saltó a atacarnos cuando luchamos por apoderarnos de la manada, cuando fue el único hijo que lo odiaba y quería que se fuera? Él estaba feliz de que se fuera, Fenrir, y nos admira por habernos deshecho de ese bastardo sádico. Comprendo por qué tiene que ser el omega de nuestra manada, pero ¿por qué debe ser maltratado también? ¿Por qué no podemos ser amables y preocuparnos por él también, al igual que con nuestros machos beta?
- ¿Entonces no te gusta? – preguntó Fenrir tranquilamente, la duda estaba en guerra contra el anuncio de amor que Harry le había declarado.
Harry suspiró y agarró las mejillas de Fenrir, lo tiró hacia abajo para darle un beso mientras levantaba la cabeza para reunirse con él a medio camino.
- No, ni siquiera un poquito y nunca lo hará. Sólo siento lastima por él, eso es todo. Es a ti a quien amo, tú eres mi Alfa y mi pareja, el padre de mis hijos y todos los otros niños que tengamos en el futuro. Nadie te remplazará jamás, Fenrir, nadie. No quiero a otro más que a ti, ni siquiera pensé que lo que estaba haciendo estaba mal o iba a lastimarte; si lo hubiera sabido no lo hubiese hecho en primer lugar. No veo a Burne de esa manera así que, ni lo pienses; no veo a ninguno de ellos de esa manera, es que no me di cuenta de que te pondrías celoso por cómo estaba actuando. Pensé que sólo estaba siendo amable y preocupándome por los miembros de nuestra manada. Lo lamento.
Fenrir bufó y tiró de Harry para besarlo en su boca. – Soy yo quien tiene que disculparse, – gruñó suavemente. – Yo… yo me preocupo mucho por ti y verte actuar de esa manera con alguien más hace que me moleste tanto. ¿Así es como te sientes cuando esas mujeres andan rondándome?
Harry asintió. – Me pongo tan celoso, tan enojado no puedo pensar bien, creo que me dañé los dientes por apretarlos tanto, a veces creo que voy a desencajarme la mandíbula o mi cabeza va a explotar, pero no hago nada porque la última cosa que quisiera hacer es faltarte el respeto, al menos públicamente o frente a toda la manada. Odio que te anden rondando, me pone muy celoso porque te quiero mucho, me preocupo mucho por ti y cuando veo que les estás prestando atención me hace sentir enfermo y molesto, y entonces, me dices que las deje solas, que deje de proteger mi reclamo sobre ti. Empiezas a tratarlas como si no estuvieran sobre ti y me enojé, tenía que alejarme porque… en realidad pensé que tal vez disfrutabas que todos estuviéramos peleándonos por ti.
Fenrir hizo un ruido de molestia y abrió su boca, pero Harry presionó su dedo en su boca para detenerlo.
- No, déjame terminar. Debe acariciar tu ego, tu orgullo masculino y el de tu lobo también, tenernos a los cuatro en las gargantas del otro sólo por ti, sometiéndonos, rogando por tú atención y aprobación, rogando por tu semilla para que podamos tener a tus hijos. Entiendo eso, eres un hombre, es natural, pero si empiezas a prestarles atención, incluso un poquito, no seré capaz de quedarme tranquilo. Eso va a alentarlas; dales la suficiente esperanza para seguir luchando contra mí… me estoy cansando. Estoy tan cansado de luchar contra ellas, Fenrir; estoy cansado de pelear para mantener mi reclamo, tengo miedo de darles la espalda en lo que se supone que es mi hogar, sólo en caso de que sea atacado de nuevo. Estoy aterrado por nuestros hijos, nunca me perdonaré si, debido a que me relajé a la hora de prestarles atención o de protegerlos ellos salen lastimados o incluso son asesinados. Esas perras están dispuestas a hacer cualquier cosa y tengo miedo de que se desquiten con nuestros cachorros porque no puedo atacarlas, nuestros hijos no pueden pelear.
- ¿Por qué no me dijiste eso antes? – demandó Fenrir.
Harry frunció el ceño. – Tienes más que suficiente con lo que lidiar sin que añada mi mierda emocional a tu carga.
- Eso no es mierda emocional, – le dijo Fenrir con severidad. – ¡Tienes miedo en tu propia casa, la casa que gané para que ambos viviéramos con nuestra manada, un lugar en donde estaríamos seguros! ¡Eso no es mierda, esto es serio!
Harry bajó la mirada, sintió que las lágrimas regresaban. Era un desastre emocional y no estaba seguro de a qué culpar, ¿la pelea con Fenrir? ¿Todo se había vuelto demasiado y por fin lo sobrepasó? No lo sabía, pero ahora mismo sentía como si pudiera llorar hasta dormirse de cansancio.
- Ven aquí. Quédate cerca de mí durante las próximas semanas, resolveré esto.
- ¡Debería ser capaz de hacerlo yo mismo! – insistió Harry con un suave sollozo.
- ¿Cuál es el punto de tener un macho alfa que te cuide si no le permites cuidarte? – bromeó Fenrir con la voz ronca.
Harry no pudo evitar romper su rabia y frustración con una sonrisa y una débil risa.
- Sólo quiero probarles que no me están afectando.
Fenrir se mofó. – Es muy obvio que te están afectando y no sólo eso, sino que están metiéndose bajo tu piel e infectando todo, así que están empeorando las cosas. No voy a soportarlo, por respeto a ti te dejé lidiar con esto por tu cuenta, pero esto ha llegado demasiado lejos. No quiero que tengas miedo por ti o por nuestros cachorros en nuestra propia casa. No voy a permitirlo y no voy a seguir aguantando, te respetarán o voy a golpearlas para que lo hagan.
Harry se estremeció de alivio cuando se acurrucó en los brazos de Fenrir, apoyándose contra su pecho. Confiaba en que Fenrir solucionaría todo esto por él. Confiaba en que Fenrir lo detendría por completo y si decía que iba a encargarse de esto, Harry iba a dejarlo.
- Bueno, ahora que ya tenemos esto solucionado y bajo control, ya arreglamos nuestros celos causados por un malentendido y quedó en el pasado, creo que tenemos una hora o algo así antes de que alguien venga a buscarnos, ¿qué dices?
Harry se rió ante la mirada hambrienta en el rostro de Fenrir, envolvió sus brazos a su alrededor y besó a Fenrir con la boca abierta.
- Yo digo que hagamos un buen uso de nuestro tiempo antes de que seamos interrumpidos por nuestros compañeros de manada quienes vendrán preocupados pensando que nos matamos entre nosotros.
Fenrir se rió, Harry se dio la vuelta así que quedó sentado a horcajadas en el regazo de Fenrir, una parte dura de la anatomía de su pareja se presionó justo contra la suya y eso hijo que Harry suspirara suavemente.
Compartieron un beso lento, las manos tocaban por todas partes mientras las lenguas se enredaban y luchaban, sus labios se presionaron con fuerza mientras Harry reacomodaba sus caderas y se frotaba contra el regazo de Fenrir justo de la forma que más le encantaba a su pareja.
Efectivamente, Fenrir pronto lo despojó de su ropa y estaba besando su cuerpo, su piel; besaba, lamía, pellizcaba y dormía, dejando su olor y sus marcas detrás. Preparó a Harry rápidamente y besó todos los lugares que podía alcanzar su boca, murmurando palabras de ánimo y amor sin decir explícitamente la palabra "A", lo más cercano que parecía ser capaz de decir era que se preocupaba por él, pero Harry comprendía, sabía que Fenrir lo amaba, no necesitaba que se lo dijera, no presionaría a su pareja por una simple palabra cuando cada toque y acción demostraba cuánto lo amaba en realidad.
Estaban a punto de comenzar. Harry gemía y jadeaba suavemente, rogándole a Fenrir, al menos hasta que Jonas lo interrumpió apareciendo por entre los árboles y llegando a la orilla del río en estado de pánico, disculpándose profundamente cuando Fenrir le gruñó e insistió en que Loren había oído a gente en su bosque, muy cerca, además.
Gruñendo incluso con más ferocidad, y sin los ánimos para lidiar con personas, Fenrir volvió a meter su polla en sus jeans mientras Harry se ponía su propia ropa lentamente y un poco débil y tembloroso ya que había estado a punto de tener lo que hubiese sido un orgasmo espectacular, sólo para que se le negara casi al último minuto debido a una amenaza hacia toda su manada.
Fenrir y Jonas lo acompañaron de regreso al claro, en donde Warren los estaba organizando a todos, Loren tenía a sus dos cachorros en brazos, preparado y listo para correr o Aparecerse en cualquier momento. Grant estaba junto a él, tenía una mano en la parte posterior de la cabecita de Felan. Harry fue hacia ellos y tomó a sus hijos entre sus propios brazos, los sostuvo con fuerza ignorando la corriente de dolor que atravesó su mano rota.
Worrick se apresuró de regreso al claro, venía de su operación de exploración, su pecho agitado, sus ojos abiertos con el pánico escrito en todo su rostro.
- ¡Hay magos aquí! – dijo sorprendido y aterrado.
- ¿Estás seguro de que son magos? – demandó Fenrir.
Worrick asintió con su cabeza. – Tienes varitas, Alfa, listas para atacar; están rodeándonos tratándonos de acorralarnos en nuestro claro por todos lados.
Bryan les entregó las varitas de los miembros de la manada, a Harry le entregó dos, la suya y la varita que le robó a Sirius. Él le entregó un cachorro a Loren así podría sostener su varita con firmeza; listo para pelear para defender su hogar y su familia, ignorando el dolor que todavía tenía en su mano.
- ¿Cómo pasó esto? – gruñó Fenrir. – ¡¿Cómo saben dónde estamos, exactamente dónde estamos, como para acorralarnos en un solo lugar?!
Nadie respondió, Harry respiró profundamente y tragó con fuerza. – Lo descubriremos después de que los matemos, – le aseguró Harry. Pensando que nadie más tenía que rendirse antes de la pelea siquiera hubiese empezado y no podía rendirse, toda su vida se encontraba aquí en el claro, tal vez no en el claro en sí mismo, sino en la gente dentro de él, siempre podían conseguir un nuevo claro, pero la gente era irremplazable. Bajó la mirada al pequeño rostro de Ulric, luego la dirigió hacia Felan en los brazos de Loren. Por sus hijos podría pelear hasta la muerte si era necesario, nadie lo atraparía con vida, nadie tocaría a sus hijos.
- Pónganse espalda con espalda, – ordenó Fenrir severamente. – Harry, quédate en el medio con nuestros cachorros.
- Puedo…
- ¡NO! – le rugió Fenrir, sus ojos adquirieron una pizca de locura. – Tal vez ahora estés embarazado de nuevo con mis cachorros, permanecerás a salvo y mantendrás a los cachorros que ya tenemos, a salvo. ¿Me entiendes?
Harry tragó y asintió, dejando que Loren le acomodara un porta-bebé con una manta y metió a ambos niños en ella para que aun así pudiera defenderse a sí mismo si todo se iba a la mierda. Los niños eran tan grandes y pesados ahora que la manta colgaba y amenazaba con entorpecer sus movimientos, pero hizo que Loren la apretara y Harry presionó una mano contra la espalda de Fenrir mientras su manada se cernía a su alrededor, tratando de calmar su respiración y tranquilizarse.
Cuando los Mortífagos irrumpieron en el borde del claro, Harry se encogió violentamente. De todos los que estaban tras, -la Orden y el Ministerio- ¿por qué tenían que ser Mortífagos? Él sólo quería vivir en paz con su familia, ¡por qué no podían dejarlo en paz!
- Aquí, Harry, Harry, Harry, – se burló de él una mujer a quien conocía demasiado bien, tensó su cuerpo. Había visto a esta mujer loca en la mente de Voldemort, siempre estaba presente en sus visiones, a duras penas abandonaba su compañía y había oído muchas historias de horror de parte de Sirius, la mujer que había destruido la vida de Neville al torturar a sus padres junto con su demente esposo y su cuñado igualmente demente. Bellatrix Lestrange era uno de los Mortífagos que lo rodeaban.
- Greyback, que sorpresa encontrarte aquí, y junto con compañía también. – La sedosa y educada voz de Lucius Malfoy provino directamente de enfrente de Fenrir.
Fenrir dejó salir un gruñido bajo. – Váyanse. Ahora, – gruñó.
- Oh, lo haríamos, pero parece que tienes algo que quiero, entrega a Potter y te dejaremos en paz. Nadie tiene que salir lastimado.
- Es un buen trato, Alfa, – dijo Bernice con rapidez. Demasiado rápido. El corazón de Harry se desplomó y su mano apretó con fuerza la pretina de los pantalones de Fenrir. Jonas estaba en lo cierto; nunca debería haber confiado en ella. Si salían de esto, la mataría el mismo.
- Cállate o nunca hablarás de nuevo, – le amenazó Fenrir furiosamente, llegando a la misma conclusión que Harry. Su viaje de compras para conseguir "productos femeninos" le había tomado medio día, más de lo que debería haber tardado. Si había sido una mentira para escaparse de los ojos de la manada y se había reunido con alguien antes de volver, entonces ella era la razón por la que estaba pasando esto, era la razón por la que ahora estaban rodeados por Mortífagos y sería su culpa si alguien salía lesionado o moría, aunque sabía que él se sentiría muy culpable si alguien salía lastimado o moría, ambos, él y Fenrir. Ahora sabían que habían sido descuidados y negligentes, Jonas había tratado de advertirles y no habían escuchado, y ahora estaban pagando el precio de su traición y por pensar demasiado.
- Tsk, tsk. Semejante rabia y amenazas hacia una mujer, aunque luce como si ya hubieras ido tras ella, veo que todavía sigues siendo una bestia grosera e incivilizada, algunas cosas nunca cambian.
Fenrir dio un enfurecido y amenazante paso al frente, pero Harry sujetó su pretina con fuerza.
- Están incitándote, Fenrir. – Harry le habló suavemente. – Quieren que rompas filas, así yo y los cachorros estaremos expuestos.
Fenrir exhaló una rabiosa respiración y dio un paso atrás para volver a cubrir a Harry una vez más.
- Qué maravilloso oír tu voz, Potter, hemos estado buscándote por un largo tiempo.
- Temo que no puedo decir lo mismo, – respondió Harry con furia.
- ¡Ya basta! – Una voz profunda salió de un hombre algo y delgado que apareció en el claro. – Entrega al muchacho y a las bestias y nos iremos.
- Eso no va a pasar, Rodolphus, – gruñó Fenrir. – ¡Son míos!
- Entonces tenemos una diferencia de opinión. Es un pequeño problema, – dijo Malfoy sedosamente.
- ¡Sal de mi puto territorio! – gruñó Fenrir, su cuerpo se estremeció con la fuerza de su lobo interno. Cuánto deseaba dejarlo salir y transformarse para poder despedazarlos, pero faltaban dos semanas hasta la próxima luna llena, no podría cambiar y hacer lo que de verdad quería.
- ¿Eres estúpido, lobo? – demandó bruscamente un hombre al que Harry no conocía. – Ya hemos pasado por esto, entréganos a Potter y a los cachorros mutantes y los dejaremos vivir, o nos lo llevaremos de todas formas y mataremos a cada una de tus viles bestias.
Harry tragó. No podía entregarse sabiendo que había una posibilidad de que estuviera embarazado, definitivamente no les entregaría a sus hijos a los Mortífagos, pero tampoco quería que mataran a nadie. De verdad estaba atrapado en la trampa 22*, entre una roca y un lugar muy duro y no podía ver ninguna salida.
- No los entregaremos, así que ¿qué harán ahora? – gruñó Jonas furiosamente, presionando sus hombros con los de Warren y Fenrir quienes estaban a sus costados.
- Entonces nos los llevaremos por la fuerza, – insistió Rodolphus Lestrange, antes de dar una señal, los hechizos comenzaron a volar a diestra y siniestra por sus costados.
Era un caos, pero Harry fue agarrado por la cintura y sacado del círculo. Reconoció el olor de Loren, había estado en esta posición tantas veces antes de que pudiera reírse en medio del miedo y el estrés.
- Tú y yo contra el mundo, Loren, – dijo Harry mientras sujetaba con fuerza a Ulric y Felan.
- Dímelo a mí, nunca estuve tan en forma hasta que llegaste a la manada y me tuviste corriendo por todos lados, – respondió Loren con una única bocanada suave de su respiración mientras caminaba con dificultad sobre la nieve.
Sólo fueron unos minutos después que se dio cuenta que había sido una trampa para atraerlo. Habían más Mortífagos en el bosque, Harry gritó con fuerza hasta que pensó que su garganta se desgarraría cuando Loren fue derribado por una maldición cortante en medio de su huida.
Se sintió miserable mientras corría alejándose de Loren, abandonándolo en el suelo manchando la nieve con su sangre. Sólo esperaba que su amigo y hermano de manada siguiera vivo y que al correr en dirección contraria Harry se llevara el peligro lejos de él mientras los Mortífagos lo seguían, era a él a quien querían después de todo, a él y a sus dos cachorros, los tres se dirigían en dirección opuesta al cuerpo de Loren.
Cuando su cicatriz comenzó a quemar, su corazón casi se detuvo. Voldemort estaba en este bosque. Harry viró a la izquierda repentinamente; tenía que regresar con Fenrir. Se detuvo repentinamente y tragó, mirando a sus dos hijos. No podía llevarlos a la batalla, pero no podía dejar a Fenrir a la merced de Voldemort. Estaba dividido y no tenía idea de qué hacer. Lo pensó mucho, pero no llegó a ningún lado, el dolor en su cabeza se incrementaba con cada latido de su corazón antes de lanzar un hechizo protector sobre la manta que estaba usando y dirigirse hacia el claro. No protegería a su hijo de maldiciones letales, pero esperaba que pudiera vislumbrar la maldición y bloquearla o recibirla con su propio cuerpo, pero eso detendría las maldiciones más oscuras, así que tenían tanta protección como podía brindarles, ya que no podía dejarlos solos, desprotegidos en el bosque inundado de Mortífagos, carroñeros astutos y depredadores hambrientos deseosos de conseguir su próxima comida de cualquier forma posible.
Apareció en el claro para descubrir que la mayoría de los miembros de su manada se hallaban capturados, pero también había cuerpos en el piso. Cuerpos que no se movían y que sangraban, uno de los cuerpos lucía como si hubiese perdido una mano, Harry sintió que sus rodillas se debilitaban, no podía creer que esto estuviera pasando.
Fenrir seguía vivo y aún estaba de pie, pero estaba atrapado en una jaula de plata. La plata liquida, muy similar a la mano de plata que Voldemort le había creado a Colagusano después de su renacimiento en el maldito cementerio. Apenas se había estado formando la esquina de la jaula cuando salió corriendo hacia el claro y, cuando se detuvo para supervisar todo, la esquina se solidificó como el resto de la jaula, atrapando a Fenrir en su interior.
- Ah, ahí estás Harry, – ronroneó Voldemort, eso hizo que Fenrir se volteara a verlo, Harry vio el miedo desolador en sus ojos y su corazón dejó de latir. Nunca antes había visto esa mirada en el rostro de Fenrir; nunca quería volver a verla. – Supongo que mis leales seguidores hicieron lo que les ordené y te persiguieron guiándote hacia mí. Bien. Ahora, ¿por qué no vienes aquí para que pueda matarte tranquila y fácilmente?
- Tranquilo y fácil nunca fue tu estilo, – masculló Harry mientras mantenía su mirada en Voldemort, pero trató de examinar por el rabillo de sus ojos tanto como podía.
- Eso no es cierto, tu padre murió pacíficamente con una simple maldición asesina al igual que tu madre, después de ella dejara de rogar y suplicar por piedad. Puedes morir de la misma manera, Harry, puedes unírteles de nuevo.
- No quiero hacerlo, – espetó Harry. – Mi vida está aquí.
- No puedo permitir que vivas, Harry.
- Entonces tenemos un problema, – gruñó Harry mientras cubría a sus hijos con un brazo y sujetaba su varita de acebo y pluma de fénix en su mano rota.
- ¿Vas a luchar conmigo? – dijo Voldemort alegremente, sus ojos rojos brillaban con diversión. – ¿Con tus gemelos atados alrededor de tu cuerpo?
- ¿Esperabas que te los entregara? – demandó con incredulidad.
- Mataría a uno; el otro me lo quedaría…
- ¡Como una garantía, así podrías usarlo para controlar a Fenrir! – gruñó Harry.
- Veo que te has vuelto más insolente y grosero desde que te convertiste en un híbrido. – Voldemort chasqueó la lengua, sus seguidores se reían como ovejas sin cerebro. – Te dejaría escoger cual quieres que viva.
Harry se rió sin alegría. – En realidad no entiendes el amor, ¿verdad? Dumbledore, a pesar de cuánto lo odio, tenía razón en eso. ¡Amo a mis dos hijos, no quiero a uno más que al otro, los amo a ambos y los amo por igual! ¡Me comería mis dos piernas antes de escoger a uno para llevarlo a su muerte y que el otro viviera una vida de tormentos sólo para controlar y torturar a su propio padre!
- ¿Tu madre nunca te dijo que tengas cuidado con lo que deseas? – dijo Voldemort sádicamente.
- ¿Tu madre nunca te enseñó a jugar limpio con los demás? – respondió Harry.
La sonrisa desapareció de los delgados y pálidos labios de Voldemort, Harry lanzó un escudo justo a tiempo para que la maldición explosiva revotara contra él. Respiró profundamente y se calmó, su brazo siguió asegurando a sus hijos. Hubiera preferido explotar antes que moverse y arriesgar a sus hijos a que fueran golpeados por una maldición.
Oyó a Fenrir enfurecido dentro de su jaula, los miembros de su manada gritaban mientras luchaban con los Mortífagos para tratar de alcanzarlos, pero bloqueó eso, incluso cuando varios Mortífagos llegaron por detrás, saliendo del bosque y adentrándose en el claro. Allá afuera tenían que haber más de los que podía contar, aun así, sabía que Voldemort quería acabar con él con sus propias manos, les habría dicho a sus seguidores que lo dejaran lidiar con él personalmente, así que los ignoró, sólo se volverían una amenaza una vez que matara a Voldemort, pero cuando llegaran a ese punto su magia había caído junto con él, liberando a Fenrir de su prisión temporal, y su pareja y amante estaba más que lívido.
Se negó a ser incitado, se negó a jugar a los juegos de Voldemort mientras, por lo que se quedó ahí parado tranquilo y calmado mientras el Señor Oscuro se burlaba e intentaba lograr que se enfadara de este modo cometería un desliz. Eso no iba a pasar. Mantuvo su cabeza clara y sus escudos fuertes, ahora era madre, tenía en más que pensar que sólo en sí mismo.
- ¿Quizá tienes muchas ganas de morir? – Voldemort hizo su último intento. – Quizá estás tan desesperado por deshacerte de Greyback, de dejar atrás la vida del juguetito del hombre lobo que quieres que te mate.
Harry sólo alzó una de sus negras cejas. – ¿Terminaste de jugar? – preguntó. – Antes de que llegues a algún lado se habrá hecho de noche y sabes que la visión de los hombres lobo en la oscuridad es mejor que la tuya, a menos que… las serpientes vean en la oscuridad. Ahora eres parte serpiente, ¿cierto? Deberías serlo después de beber todo ese veneno de serpiente para mantenerte con vida.
Aquellos ojos rojos brillaron peligrosamente y esa mano de color blanco se alzó, los delgados y pálidos labios pronunciaron un maleficio el cual Harry bloqueó, contratacó con una maldición cortante que una vez utilizó para recortar los dobladillos desgastados de sus viejos pantalones de escuela, cuando Voldemort desvió la maldición hacia uno de sus propios seguidores y cayó rociando sangre se dio cuenta de que funcionaba igual de bien en la gente.
- Entonces, ya basta de esos juegos, Potter, si estás tan ansioso por morir, déjanos seguir jugando a nosotros.
Harry tragó y se armó de valor, Voldemort atacó tan rápido como la serpiente que Harry acusó que era, eso era todo lo que Harry podía hacer para mantenerse al día con él. Los Mortífagos se burlaban y reían a medida que era forzado a utilizar una postura defensiva, no podía ir directamente a la ofensiva ya que no podía arriesgara a sus hijos, no arriesgaría a sus hijos, pero fue capaz de aguantar el tiempo suficiente como para lanzar algunos hechizos ofensivos entre sus escudos, ninguno estuvo cerca de tocar a su objetivo, sintió que la desesperación se aferraba a él, incierto y preocupado, ¿qué haría? ¿qué iba a hacer?
Ni siquiera había terminado su educación y no había sido el mejor estudiante de su año antes de que huyera cuando tenía quince, no como Voldemort, quien había sido el primero de la clase todos los años; él, quien más de cincuenta años contra sus meros quince, su posición se había visto afectada por tener a dos bebés atados alrededor de su cuerpo, parecía tan desesperanzador… Eso fue hasta que oyó un fuerte crujido surcando el aire y más gente se unió a la batalla. Las personas de la Orden del Fénix.
Harry se mantuvo enfocado en Voldemort, sus hijos se balanceaban y emitías suaves ruiditos de incomodidad mientras él se movía rápida y bruscamente para esquivar las maldiciones que le lanzaban. Vio muchas características conocidas, incluyendo el cardigán de colores suaves que le gustaba usar a Lupin el cuál se contrastaba a la túnica y al cabello negro hasta los hombros de Sirius, pero Harry se negó a distraerse de la vil criatura frente a él. Entonces, en un momento de déjà vu lanzó un encanto para desarmar al mismo tiempo que Voldemort siseó el maleficio asesino y sus varitas se conectaron una vez más en el priori incantatem tal como sucedió años atrás en ese cementerio de pesadilla, pero esta vez, Harry preparó toda su fuerza y determinación y disolvió la conexión antes de que pudiera ser difícil de contener, lanzó la maldición asesina hacia Voldermort, dotando el hechizo de todo su odio y aversión por el hombre. Se aferró a su pecho el deseo de querer asesinarlo por matar a sus padres e ir arruinando su vida desde hace dieciséis años, su necesidad de que la criatura se fuera para que de esta forma no fuera una amenaza para él, para su manada, para su Alfa y sus dos pequeños cachorros. La muerte lo golpeó en el centro de su delgado y esquelético, la fuerza del hechizo de Harry lo envió volando hacia atrás hasta que chocó contra los árboles con un repugnante crujido, ahí cayó, su rostro tenía gravada la expresión de shock, sus ojos abiertos ampliamente con un reconocimiento y temor que hablaba de su conocimiento acerca de muerte aproximándosele y no sería capaz de apartarse del camino lo suficientemente rápido.
No fueron festejos provenientes de la Orden o los gritos de Bellatrix Lestrange lo cuales lo alertaron de su éxito a la hora de matar a Voldemort, ni siquiera fue ver al hombre deslizándose del árbol mientras se hallaba en un estado de negación ante lo que acababa de hacer, -acababa de matar a alguien con una varita- fueron los brazos fuertes que se envolvieron a su alrededor, recogiéndolo del piso y acunándolos a él y a sus hijos gentilmente hasta que por fin se dio cuenta de lo que había hecho.
La magia que Voldemort había usado se estaba disipando lo cual sólo hubiese pasado si de verdad estuviera muerto. Fenrir ni siquiera había esperado a que la jaula se disolviera por completo antes de liberarse de la misma para ir en su busca, esto había hecho que quedaran marcas de rasguños causados por la plata, marcas de rasguños los cuales sangraban y debido a la plata debían de estar ardiendo, pero Fenrir parecía ajeno e inconsciente de sus heridas mientras sostenía a Harry con fuerza.
- ¿Estás herido? – preguntó Fenrir, ignorando a los magos que los rodeaban mientras Jonas, Bryan y Warren mantenían sus cuerpos entre los magos y su pareja alfa, ambos, los miembros de la Orden y los Mortífagos, quienes estaban siendo rodeados rápidamente y asegurados con cuerdas mágicas. Es decir, los que no estaban siendo apaleados por los miembros de su manada.
Harry sacudió su cabeza. – No, estoy bien. ¿Estás bien? Estás sangrando y vi que te pusieron en una jaula de plata.
- Ningún daño permanente, – gruñó. – ¿Los cachorros?
- Absolutamente bien, tuvieron un viaje un poco ajetreado ya que estaban atados a mi pecho, pero… ¡LOREN! – gritó Harry mientras recordaba a su amigo, su hermano de manada quien había arriesgado su vida incontables veces por él y por sus hijos, había sido cortado en el bosque y Harry ni siquiera sabía si estaba vivo o no, incluso ahora podría estar muriendo lentamente mientras él perdía el tiempo acurrucado con Fenrir.
- Fenrir, tienes que ayudarlo, lo cortaron en el bosque cuando estábamos huyendo, tuve que correr y abandonarlo… ¡no sé si está bien o no!
Fenrir le asintió a Jonas, quien estaba sangrando, pero de otra manera parecía libre de daños y corrió atravesando el bosque en la dirección que Harry había señalado.
Sirius se acercó y trató de aparentar estar calmado, pero Harry podía ver en su mirada que quería lanzarse sobre Fenrir.
- ¿Qué quieres? – preguntó Harry con los ojos entrecerrados.
- Cuando Snape vino a decirnos que los Mortífagos iban por ti, nos reagrupamos rápidamente para venir a protegerte.
- Hicieron un trabajo maravilloso. – Fenrir fulminó al hombre.
- Llegamos en cuanto Snape nos contó. Él venía con otros Mortífagos para capturarte, pero en su lugar fue a la Orden. Las cosas no han sido las mismas desde que Dumbledore fue asesinado, pero…
- ¿Dumbledore está muerto? – preguntó Harry mientras compartía una mirada con Fenrir antes de volver a mirar a Sirius.
- Sí, el joven Malfoy lo atrajo con alguna historia triste sobre querer enmendar su camino, que estaba aterrado y que quería una vida real lejos de la esclavitud, los Mortífagos lo emboscaron y lo mataron. Eso fue hace dos meses.
- En realidad nosotros no prestamos atención a las noticias aquí afuera, – señaló Harry secamente.
- El Ministerio también cayó, hace una semana, pensamos que las cosas iban a volverse muchísimo peor. Los nacidos de Muggles estaban siendo cazados y aprisionados, algunos fueron asesinados, pero ahora, podemos empezar a reconstruir y deshacernos de los Mortífagos.
Harry podía ver claramente la invitación en los esperanzados ojos de Sirius.
Sacudió su cabeza. – No. No voy a ir a ninguna parte. Este es mi hogar ahora, Sirius, mi familia. Necesitas aceptar eso. Amo a Fenrir, es mi pareja, mi compañero, tenemos dos hijos y tal vez vienen más en camino. – Presionó una mano en su vientre plano. – Aquí es donde pertenezco ahora, aquí es dónde quiero estar, necesitas respetar eso.
- Estás en la lista de 'se busca' del Ministerio. – La voz baja y profunda de Kingsley cortó la conversación.
- El Ministerio ha caído, ¿de verdad importa que se escapen unos cuantos hombres lobo? – preguntó Harry, casi rogando. – Acabo de matar a Voldemort, la única razón por la cual me han estado persiguiendo era para que lo matara y eso ya está hecho, ¿por qué no pueden dejarnos en paz? No hemos lastimado a nadie; ni siquiera nos hemos encontrado con humanos desde que llegamos aquí. Sólo quiero vivir en paz.
- Él torturó y mató a Moody y a Tonks. No quedó suficiente de sus cuerpos como para darles en entierro que se merecían y no pudimos darle a Ted y Andrómeda Tonks el cuerpo completo de su hija, estaban devastados. Los mutiló hasta hacerlos pedazos, – dijo Lupin, señalando a Fenrir con un dedo a acusador y el ceño fruncido.
- ¿En serio lo hiciste? – Harry echó su cabeza hacia atrás para mirar a Fenrir, quien no apartó esos penetrantes ojos azules de las otras tres personas frente a él.
- Así es. No tenían derecho a lastimarte de esa forma o amenazarte a ti y a nuestros cachorros.
- Fue una cosa natural de los hombres lobo, – dijo Harry encogiéndose de hombros ante el grupo que tenía en frente.
- ¡No nos engañes, también soy un hombre lobo! – gruñó Lupin.
- Una pobre excusa de hombre lobo, – masculló Fenrir.
- ¡Sólo porque no como humanos como tú!
- ¡Ya basta! ¡YA-BASTA! ¡Ser un hombre lobo no se trata de comer gente! Comemos ciervos, muchas gracias, ¿quieres venir y ver nuestro depósito para que puedas comprobar que no tenemos humanos despellejados ahí adentro? – demandó furioso. – Sólo estamos tratando de vivir, a veces necesitamos matar para evitar ser detectados, en ocasiones incluso matamos cuando nos estamos muriendo de hambre, pero han pasado años desde que Fenrir mató a alguien por despecho. Mató a Moody y a Tonks porque estaban poniéndome en peligro a mí, su pareja, y a sus dos hijos recién nacidos, ¿qué se supone que hiciera, quedarse sentado y observar? ¡Y quiero recordarte que nunca he matado a alguien por despecho! Así que, por qué no se llevan el cuerpo de Voldemort de regreso al Ministerio, capturan a los Mortífagos, reorganizan las cosas y se olvidan de que alguna vez se toparon con nosotros, ¡es lo mínimo que pueden hacer después de la mierda que acabo de hacer por un mundo en el que ni siquiera vivo!
Nadie se movió, nadie dijo nada, todos parecían demasiado impactados como para decir algo, al menos hasta que Kingsley asintió con su cabeza calva y Harry inhaló profundamente, sintiendo como si la presión similar al peso de una pared de ladrillos se levantaba de su cuerpo, así que expresando su alivio.
- Si lastiman, mutilan o matan a algún humano, este acuerdo se acaba, – le advirtió Kingsley, luciendo incomodo ante la mera sugerencia de dejarlos ir, pero aun así siguió adelante con su tregua tentativa. – En el momento en el que comiencen a perseguir a humanos a propósito de nuevo será el día en que todos mis Aurores vendrán tras ustedes, ¿entendido?
Harry asintió. – Sí, lo entiendo. Aunque no me preocupa, no es divertido cazar humanos. Son demasiado lentos, demasiado estúpidos y la persecución no vale la pena.
Las miradas que recibió le hicieron reír.
- Estoy bromeando, – dijo con una sonrisa. – Nunca he cazado humanos, sólo en mi forma de lobo y sólo para comer, no lo he hecho desde que encontré mi manada, tenemos comida más que suficiente para sobrevivir, sólo queremos que nos dejen en paz, por favor.
- Le prometí a tu padre…
- Sirius, – dijo Harry con suavidad. – Mi papá está muerto y no va a volver. Soy un adulto y ya no necesito que alguien me cuide. Para eso tengo a Fenrir, mi compañero. Diablos, tengo mis propios hijos ahora. He tenido que arrastrarme durante toda mi vida, estoy feliz de haberte conocido, pero esa parte de mi vida ha terminado y nada puede cambiarlo, soy lo que soy y no me avergüenzo de eso. Soy un hombre lobo sumiso, mi pareja es Fenrir y he dado a luz a sus cachorros. Estoy haciendo lo que quiero y en realidad, nunca he sido más feliz. Claro, el invierno es frío y sombrío y me preocupo por mis niños cada día, pero sabemos cómo sobrevivir, sabemos cómo conseguir lo que necesitamos, sólo queremos que nos dejen en paz.
Kingsley asintió de nuevo. – Entonces lo anunciaré en el Profeta tan pronto como pueda. Harry Potter y Fenrir Greyback fueron asesinados en la batalla la cual también acabó con la vida de Voldemort. Haré que dejen de cazarlos.
Harry tragó, eso era mejor de lo que podría haber esperado.
- Yo… yo sé que esto está pasando un poco sobre los límites, especialmente después de esto y lo que ya han hecho por mí, pero puedes… no quiero que nadie diga que alguna vez estuve del lado de Voldemort, – dijo con voz suave.
- Por supuesto que no, – añadió Kingsley. – Lo mataste y luego sucumbiste ante tus heridas poco antes de que se te pudiera ser administrado la ayuda médica. Los dejarán en paz.
Entonces, Harry les sonrió, una verdadera sonrisa, sostuvo a sus hijos contra su pecho y los apretó con fuerza.
- ¿Puedo… puedo verlos? – preguntó Sirius. – Casi eran unos recién nacidos la última vez que los vi, ¿cómo se ven ahora? puedo ver que han crecido mucho.
- Ya casi tienen nueve meses. – Harry sonrió. – Tienes dientes, pelo, gatean. ¡Ulric ya está caminando!
Harry se retorció y Fenrir dejó pararse por sí mismo, pero mantuvo un brazo alrededor de su cintura, a Harry no le importó ni trató de alejarse de los brazos de Fenrir. Sacó a uno de sus hijos del portabebés improvisado para enseñar a Felan con sus ojos azul claro haciendo un mohín.
- Este es Felan, es el que siempre se estaba quejando. Pronto empezará a comer sólidos, – dijo orgullosamente.
- Recuerdo a este, ¿todavía sigue gimoteando?
Harry asintió. – Sí, todavía lo hace. Lo disfruta demasiado.
- Aunque esto es muy conmovedor, realmente deberíamos sacar esas cosas del claro y ayudar a los heridos, – gruñó Fenrir, con ganas de ir y comprobar a la manada, aun así, no quería dejar a Harry y a sus cachorros con varios de los magos que lo había secuestrado e hicieron de todo para mantenerlos separados.
- ¿Jonas ya encontró a Loren? – preguntó Harry con nerviosismo, miró a su alrededor y los avistó a ambos al lado de Worrick.
Caminó hacia ellos, su corazón en su garganta mientras observaba a Loren acostado, parecía estar… quería decir inconsciente, no podía pensar en que Loren se hubiese ido, simplemente no podía, pero yací atan quieto y estaba tan pálido y cubierto de sangre.
- Está bien, – le aseguró Jonas mientras notaba el pálido rostro de Harry. – Necesita un poco de TLC,* pero estará bien. Fue una pequeña maldición cortante en su pierna, no se levantó porque es un maldito perezoso, cuando se cayó golpeó su cabeza en una roca que estaba enterrada bajo la nieve.
Harry sonrió con alivio y acarició el cabello rubio, sucio y desordenado de Loren. Aquellos ojos cafés se abrieron y Loren le sonrió.
- Estoy feliz de que estés bien, – graznó Loren.
- Estoy bien, también estoy feliz de saber que vas a estar bien.
- Estaré mejor si sigues haciendo eso con mi cabello. – Sonrió, cerrando sus ojos e inclinando su cabeza bajo los dedos de Harry.
Harry se rió y lo acarició, pasando con suavidad los dedos por el pelo rubio de Loren. De hecho, pensó que si fuera un gato estaría ronroneando, sin duda estaba haciendo ruidos suaves similares a un ronroneo.
Jonas le impidió abandonar la compañía de Loren y tampoco lo dejó darse la vuelta, estaba frustrado, cuando no estaba mirando Fenrir debió haberle dicho a Jonas que hiciera eso. Podía oír los ruidos de arrastre y de crujidos. Hubo algunos muertos y los miembros de su manada estaban tratado de protegerlo evitando que viera los cuerpos.
- ¿Cuántos son? – preguntó con la garganta seca.
- Cinco, – dijo Worrick con el desconsuelo grabado en el rostro mientras observaba lo que estaba pasando al otro lado de Loren, mirando a los muertos que estaban arrastrando.
- Warren no es uno de ellos, supongo, – dijo Harry horrorizado ante la idea de que los dos hermanos fueran separados por tal tragedia.
Worrick sacudió su cabeza. – No, mi hermano está bien.
- ¿Quién? – le preguntó Harry a Jonas.
- Tavin fue asesinado al inicio del ataque, – dijo Jonas con suavidad. – Nathan murió protegiendo a Tackett, es algo por lo que va a culparse a sí mismo, necesitaremos apoyarlo a través de todo esto. Adam también está muerto, no sé qué le pasó.
- Eso nos deja a dos más, – señaló Harry cuando Jonas paró de hablar. La comprensión lo inundó cuando Jonas permaneció quieto y lamió sus labios, de repente su garganta estaba seca. – Formaban parte de la manada original, ¿cierto?
Harry tragó cuando nadie le respondió y se volteó para inspeccionar los daños. Jonas bloqueó su vista rápidamente, por lo que se giró hacia Loren de nuevo.
- ¡¿Quién fue?! – demandó Harry con la voz quebrada.
- Miles se ha ido, – dijo Jonas con tristeza. – Y… y…
Harry se volteó a mirar a Jonas y sintió que su corazón se rompía ante la mirada en su rostro. Deslizó los brazos alrededor de su cintura y lo abrazó, permitiendo que Jonas lo sostuviera, esos brazos fuertes envueltos alrededor de sus hombros.
- ¿Quién? – replicó Harry en un susurro.
- Grant.
Harry apretó los ojos al cerrarlos y se enterró entre los brazos de Jonas, sujetándolo con más fuerza.
- Acabamos de perder a Nick también, – anunció Fenrir suavemente, yendo hacia ellos, su rostro tenía las líneas marcadas y sus manos estaban manchadas de sangre.
- ¡¿Cómo?! – dijo, las lágrimas emanaron de sus ojos.
- Estaba herido, muy herido. No hubo nada que pudiéramos hacer a tiempo y sucumbió ante sus lesiones, – le dijo Fenrir, dejando que Harry se cambiará de lugar y se enterrara entre sus brazos, sintiendo los silenciosos sollozos tensando el cuerpo de Harry, las lágrimas humedecieron su camisa. – ¿Cómo está Loren?
- Tiene una severa contusión cerebral, pero la herida en su pierna fue atendida fácilmente, no era muy profunda, dejará cicatriz, pero detuvimos el sangrado a tiempo lo cual fue lo más importante. – ¿Cómo está el resto de la manada? – dijo Jonas.
- ¿Cómo estás tú?
- Apenas recibí unos rasguños, – desestimó Jonas con indiferencia. – ¿Cómo está el resto de la manada?
- Tackett está muy mal, en este momento está inconsolable y no se aparta del cuerpo de Nathan. Bryan está lesionado, pero él piensa que Oscar necesita más atención qué él, a pesar de que apenas lo golpearon durante la batalla. Warren está bien y dos de las tres mujeres están acurrucadas junto a Burne, como resultado, no salieron heridas.
- ¿Qué pasa con la tercera? – preguntó Jonas.
- Salió corriendo al comienzo de la batalla y no ha sido vista desde entonces.
- No fue ella, ¿cierto? – preguntó Harry, separándose del cuerpo de Fenrir para poder mirarlo. No tuvo que especificar quién era ella.
- No, Bernice está acurrucada con Burne, trató de huir con él, pero él no iba a irse y ella no quiso abandonarlo. Emily fue la que corrió.
- Había más gente en el bosque; no creo que haya llegado muy lejos, – señaló Harry.
- Seguro que no, – dijo Loren con un gruñido, sus ojos seguían cerrados.
- Nosotros llegamos bastante lejos, además de que había nieve, lo cual lo hace más difícil, – dijo Harry, empezando a acariciar el pelo de Loren de nuevo. – Estoy muy agradecido de tenerte conmigo.
- Fallé a la hora de protegerte.
- Te cortaron, Loren. Hiciste más que suficiente por mí y los cachorros, y estoy feliz por eso. Gracias por protegerme y sacarme del peligro.
- ¿Incluso si fallé?
- No fallaste; nosotros cuatro seguimos con vida. Eso no es fallar.
- Aun así, no te alejé del peligro.
- No necesitabas hacerlo, todo salió bien al final. – Harry acarició a Loren gentilmente, quitando los pedazos de ramitas de su cabello el cual estaba húmedo por la nieve derretida. – Descansa un poco; necesitas dormir para recuperarte.
Loren asintió y sus ojos cafés se cerraron de nuevo. Harry regresó con Fenrir, se acurrucó con él e ignoró a la Orden llevándose a los Mortífagos capturados, la mayoría aturdidos o bajo encantamientos para dormir para que no opusieran resistencia.
Había muertos cuyos cuerpos yacían lado a lado en una línea, pero Tackett seguía sollozando, llorando y disculpándose sobre el cuerpo muerto de Nathan, Warren estaba agachado detrás de él, tratando de consolarlo, pero no tenía efecto alguno. Harry dudó que Tackett siquiera supiera que estaba ahí.
Bryan estaba parado vigilando a Liang, Burne y Bernice, evitando que fueran a algún lado, tenía a Oscar a su lado y estaba pasando una mano arriba y abajo por el brazo del hombre más joven para ofrecerle consuelo, pero tal como dijo Fenrir, Oscar lucía casi ileso, sólo estaba asustado.
- No se supone que pasaría esto, – dijo débilmente.
- Deberías estar bien y deberían dejarte en paz de ahora en adelante, en su mayoría, – le aseguró Sirius quien venía a pararse junto a él.
- ¿En su mayoría? – gruñó Fenrir, alzando una ceja.
- Bueno, obviamente querré pasarme por aquí y ver cómo están Harry y los cachorros, – dijo Sirius como si fuera la cosa más natural del mundo. – No seré invasivo, sólo… Harry es la única razón por la que sigo vivo, sólo necesito comprobar que está bien. Es mi único ahijado, son el hijo y los nietos de mi mejor amigo.
- Puedes venir a visitarnos a veces, – Harry cedió, tragando el bulto en su garganta ante cuanto había llegado a aceptarlo Sirius, a él y a su decisión de permanecer con su manada, su familia. – Pero no todo el tiempo, ¡y manda un búho primero! Fenrir y yo… bueno, nosotros... – Harry se apagó con un sonrojo.
- Tenemos sexo a menudo, – completó Fenrir desvergonzadamente. – Merlín te ayude si nos interrumpes cuando nos estamos reclamando el uno al otro.
Sirius dejó salir una de esas risas similares a un ladrido y el sonido familiar se llevó algo de la vergüenza que trajo la descarada declaración de Fenrir. Harry sonrió hacia el suelo del bosque; parecía que las cosas estaban yendo bien después de todo. Dumbledore estaba muerto, Voldemort estaba muerto, los Mortífagos estaban siendo capturados e iban directo a Azkaban y esta vez nadie irrumpiría para sacarlos de nuevo, Kingsley iba a declarar que él y Fenrir estaban oficialmente muertos, así que ya nadie los cazaría. Finalmente podían estar en paz y con suerte nunca volvería a ocurrir algo como esta emboscada.
Perdieron a Scott, luego a Stacey y Sidney, y ahora perdieron a Grant, Miles, Nathan, Tavin, Adam y Nick. Tal vez a Emily también, pero Harry no se preocupaba mucho por ella.
La mayoría de los Mortífagos estaban ocultos en el bosque, aparentemente los hermanos Lestrange pusieron una barrera anti-aparición alrededor del bosque entero, un tipo de magia impresionante, y como ambos seguían con vida y no tuvieron tiempo para remover la barrera, ésta seguía en su lugar, lo cual permitía que los miembros de la Orden capturaran a los Mortífagos que todavía deambulaban por ahí. Al final Emily estaba muerta, un miembro de la Orden cargó su cuerpo de regreso a la claro, su estómago estaba abierto debido a un hechizo cortante, casi desde la ingle a el hombro y su corte era mucho más profundo que el de Loren, su garganta también estaba desgarrada, rajada tan profundamente que podía ver parte del hueso en su interior. Harry apartó su mirada rápidamente, pero el recuerdo de Hermione, su propia columna sobresaliendo a través de su cuello, su lengua envolviendo el hueso expuesto, lamiéndolo para limpiar la sangre caliente que seguía emergiendo para burlarse de él.
Palideció, sacó a Ulric y Felan de su portabebés improvisado y se los entregó a Fenrir antes de salir corriendo sólo hasta la línea de árboles y vomitó en un arbusto cubierto de nieve. No podía dejar de agitarse, su vientre no se asentaba, la presión que crecía en su cabeza la hacía palpitar, y su garganta se sentía áspera. Terminó babeando bilis e incluso entonces no podía detenerse o respirar.
Una enorme mano tocó su espalda, ahora conocía esa mano tan íntimamente que ni siquiera necesitó mirar para saber que Fenrir estaba detrás de él.
- Nuestros hijos, – graznó Harry, su pecho se agitaba mientras trataba de succionar el tan necesitado aire antes de que su vientre se retorciera de nuevo y volviera a vomitar bilis amarilla, su estómago se contrajo y relajó en una rápida y continua sucesión, forzando a que más bilis subiera por su garganta y saliera por su boca, evitando que respirara, sus ojos empezaron a aguarse y su nariz empezó a arder por la falta de oxígeno y la fuerza del vómito, su garganta se apretó, ardía mientras la bilis escurría por su boca.
- Con Jonas, – dijo Fenrir bruscamente, cerniéndose sobre él. No estaba seguro de qué se supone que tenía que hacer o qué ayudaría. Era un inútil frente a este tipo de cosas y ambos lo sabían.
- ¿Cómo puedo ayudar? – preguntó, lo cual hizo que Harry se sintiera cálido en su interior como una niña con su primer flechazo hacia su joven y sexi profesor.
El vientre de Harry dejó de agitarse lo suficiente como para inhalar profundas respiraciones, se secó los ojos y la boca con una de sus manos.
- Nada, Fen, ya pasará, – gruñó Harry, presionando una mano en su adolorido vientre.
- ¿Puedo hacer algo para que te sientas mejor?
Harry sacudió su cabeza. – Sólo quédate conmigo.
- No voy a irme, – dijo con brusquedad.
Harry se puso en cuatro patas y respiró tan profundamente como podía, tratando de aliviar el dolor en su estómago mediante masajes en su vientre. Cuando dejó de agitarse y no continuó vomitando cuidadosamente se acomodó en una posición sentada, cuando no pasó nada, se reclinó contra Fenrir y siguió respirando.
- ¿Qué pasó? Pensé que estarías feliz de que esa perra estuviera muerta – gruñó Fenrir.
- Oh, claro que sí, – le aseguró Harry, su voz ronca y su garganta adolorida. – Fue la herida en el cuello, – admitió.
- ¿Por qué te molesta algo como eso? – preguntó Fenrir completamente confundido, incluso sus cejas estaban haciendo esa cosa en donde bajaban tanto que casi se unían en el medio.
- Una de las primeras personas que maté, la misma noche de mi primera transformación, era una buena amiga mía, le quebré el cuello de tal manera que su columna sobresalía de un lado de su cuello. Recuerdo… recuerdo envolver mi lengua a su alrededor y lamer la sangre caliente. También vomité la primera vez que lo recordé y ver esa herida me recordó lo que le hice a mi mejor amiga y mi estómago se puso en mi contra.
Fenrir lo acarició con rudeza, pero a Harry no le importó, Fenrir no era una criatura gentil y estaba acostumbrado a las caricias y los toques rudos, era familiar y bienvenido, le hacía sentir mucho mejor.
- ¿Te sientes mejor?
Harry asintió. – Sí, mucho. Aunque necesito beber algo.
Fenrir le entregó una jarra de agua, demostrándole que había pensado en las necesidades de Harry y era capaz de tener pensamientos empáticos.
- Gracias, – graznó Harry mientas tomaba el primer sorbo para enjuagar su boca, antes de empezar a escupirlo. El agua helada alivió su garganta adolorida.
- ¿Quieres más? – preguntó Fenrir cuando Harry se terminó la jarra.
Sacudió su cabeza. – No, estoy bien.
Puso la jarra en el piso y se acurrucó junto a Fenrir, dejó que su pareja lo calmara sólo por el hecho de estar ahí para él.
Fenrir lo levantó desconfiando de su vientre enfermo, lo llevó lentamente de regreso al claro y lejos de su charco de vómito.
- ¿Estás bien, Harry? – preguntó Sirius.
Harry asintió. – Sólo me molesta el estómago.
- ¿Estás embarazado de nuevo? – preguntó Bryan. Ulric estaba en sus brazos, el pequeño miraba curioso a su alrededor, aunque Bryan estaba manteniéndolo protegido con su hombro de la masacre que había detrás. – La única vez que te he visto vomitar fue cuando estabas embarazado.
Harry se encogió de hombros. – Todavía no lo sé y no creo que una ronda de vómitos pruebe que estoy embarazado.
- ¿Pero es una posibilidad? – preguntó Sirius luciendo un poco verde.
Harry asintió. – Una gran posibilidad. Nuestra temporada de reproducción acaba de terminar. Temo pensar lo que hubiera pasado si hubiésemos estado en el medio de la temporada cuando nos atacaran.
- Ahora se han ido y nadie nos atacará de nuevo, – le dijo Fenrir.
Harry respiró profundamente y asintió, apoyándose en Fenrir con confianza.
- Ahora nos vamos, – les dijo Kingsley. – Todos los Mortífagos han sido capturados, removimos la barrera anti-aparición y limpiamos todo. No quiero volver a verte de nuevo.
Harry le sonrió y asintió. – No lo harás, aquí tengo todo lo que necesito.
La Orden se despidió y se fueron, Sirius le aseguró que volvería pronto para comprobarlo, y cuando Harry se lo recordó le dijo que sí enviaría un búho primero.
Muy rápidamente en el claro sólo quedaban ellos y sus muertos. Tragó y se retorció para que Fenrir lo bajara.
- ¿Estás seguro? – le gruñó su pareja de forma suave.
Harry asintió y Fenrir lo bajó cuidadosamente. Harry se agachó y se arrodilló frente al primer cuerpo de la línea. Grant. Tan fuerte, tan sólido, tan seguro de sí mismo y de todos los demás. Había sido una roca dentro de la manada. Era difícil creer que se había ido. Se sintió enfermo.
Las lágrimas aparecieron antes de que pudiera detenerlas. No quería detenerlas; necesitaba dejarlas salir, afligirse por los seis miembros que había perdido su manada, no le importaba Emily. Había abandonado a los otros, abandonó a la manada cuando habían sido atacados, cuando la necesitaban, de todas formas, si hubiese quedado viva habría sido exiliada.
Harry se trasladó hacia Adam, luego a Tavin, Miles, Nick y finalmente a Nathan, un devastado Tackett lloraba sobre él. Lloró por todos ellos, les dijo adiós a todos y cuando por fin llegó al final de la línea, se secó las lágrimas y volvió a ponerse de pie. Bajó la mirada hacia los seis y luego la alzó hacia el cielo oscurecido.
Los brazos de Fenrir envolvieron su cintura y lo sujetaron con fuerza. Apoyó su cabeza en el cabello de Harry, olfateando su cuello, lo mordió ligeramente, no quería lastimarlo o marcarlo, sino darle consuelo y familiaridad.
- Pronto empezaremos a cavar sus tumbas, – le prometió Fenrir. – Mañana en la mañana, después de que hallamos dormido un poco.
- ¡No podemos dejarlos aquí! – dijo Harry horrorizado.
- La nieve preservará los cuerpos y un rápido encantamiento enmascarará su olor y la sangre para no alertar a los depredadores, estarán bien durante la noche. Está demasiado oscuro, pero aun así haremos algo antes de ir a dormir.
- ¿Qué?
Fenrir lo besó y se giró para mirar a Bernice, quien estaba siendo custodiada, separada del resto de la manada, por un silencioso y vigilante Worrick.
Harry alzó la mirada y asintió para demostrar su comprensión mientras la miraba maliciosamente. Se dirigió a Jonas y Bryan y tomó a sus dos hijos; se dirigió a la cueva y los acostó a ambos, arropándolos en su cuna hecha de mantas, los acarició y los besó a ambos antes de regresar al claro iluminado por la luz del atardecer.
- Burne. A la cueva, ahora, – le ordenó Harry con firmeza. – Vigila a mis cachorros.
- Yo… ¿Qué va a hacer el Alfa? – preguntó con una voz temblorosa.
- ¡Eres un omega! ¡No puedes desobedecer una orden directa de tu perra alfa! – espetó Fenrir cruelmente y Burne saltó violentamente cayendo de rodillas como disculpa.
- Ve a la cueva, siéntate junto a mis cachorros y no los dejes solos. Sabes qué vamos a hacer, – dijo Harry con suavidad, dándole una caricia gentil al cabello castaño de Burne.
Brune lucía ansioso y pálido. Asintió y se paró sobre sus temblorosas piernas, las lágrimas ya rodaban por sus mejillas y al cuarto paso empezó a sollozar. No miró a su madre ni una sola vez mientras se dirigía a la cueva para cuidar a Ulric y Felan, quienes estaban dormidos.
- Por favor, – rogó Bernice mientras se acurrucaba contra los pies de Worrick mientras Fenrir daba grandes zancadas hacia él.
- ¿Por favor qué? – espetó. – ¡Confiamos en ti lo suficiente como para enviarte a la ciudad a conseguir artículos femeninos porque los necesitaban, a pesar de ser una perra omega!
- En vez de eso nos vendiste, – dijo Harry suavemente, parándose junto a Fenrir. – ¡Vendiste a toda tu manada y siete de ellos murieron por tu culpa!
- ¡No se supone que sucedería de esta manera! – gritó. – ¡Tienes que creerme, me lo prometió! ¡Prometió que sólo te quería a ti!
Fenrir gruñó con furia, sus puños se cerraron con fuerza y su cuerpo se estremeció lleno de energía asesina.
- ¿Le creíste? – demandó Warren con furia, flanqueando a Fenrir. – Pusiste a toda la manada en peligro; ¡hiciste que mataran a siete miembros de la manada! ¿Sólo porque creíste que un hombre iba a venir y hacer qué? ¿Secuestrar a nuestra perra alfa bajo la oscuridad de la noche sin que el resto de nosotros lo supiera? ¿Te olvidaste que desde que te convertiste en una perra omega dormimos todos juntos, envueltos uno alrededor del otro? ¡Abríamos sentido cuando se llevaran a nuestra perra alfa!
- También querían a los cachorros, – señaló Harry. – Le dijiste dónde estaba y le pediste que se llevara a los cachorros también, ¿no es así?
- ¡No se supone que alguien saliera lastimado! – insistió Bernice, tenía un brillo de locura en sus ojos.
- ¡Vendiste a tu manada, a mi pareja y a mis cachorros! – rugió Fenrir.
- ¡Todo por tu propio bien, mujer egoísta! – siseó Harry. – ¡Míralos!
Harry dio un paso al frente, agarró un mechón de cabello y la tiró para que callera frente a la hilera de muertos de su manada.
- Tú los mataste. ¡Murieron porque eres una maldita puta egoísta y pensaste que sería una buena idea decirle a los MORTÍFAGOS donde vivíamos, perra estúpida!
- ¡No sabía que…!
- ¿Cómo es posible que no lo supieras? – demandó Jonas mientras rodeaba a Harry para quedar frente a ella. – ¿Qué pensaste que harían? ¿Qué se esconderían y se robarían a Harry y a los cachorros y luego se irían? ¿Sin que ninguno de nosotros estuviera despierto o fuera alertado? ¿O tal vez pensaste que sólo nos quedaríamos sentados observando mientras nos quitaban a nuestra perra alfa y los cachorros de nuestro Alfa? ¿Que no lucharíamos con todo lo que tenemos para traerlos de regreso?
Harry gruñó ante la mirada en su rostro. Eso es exactamente lo que pensó que pasaría y quiso golpearla, sólo por entregarle la vida de sus cachorros a los Mortífagos, pero quería hacerla sufrir mucho tiempo por los seis miembros de su manada que habían muerto protegiéndolo a él y a sus cachorros debido a la información que ofreció la perra omega.
- Cómo te atreviste a vendernos, – espetó Fenrir, sus ojos ardían como un fuego azul en su rostro delineado por la furia. – ¡Cómo te atreviste a reunir las bolas para mentirme en mi maldita cara, saliste corriendo con un plan para matar a mi pareja y a mis cachorros y guiaste a unos extraños a donde vivimos! ¡Sólo porque tenías una ridícula fantasía sobre convertirte en mi pareja! Eso nunca iba a pasar. ¡Jamás!
- Si él no estuviera aquí…
- ¡Prefiero a los hombres antes que a ti escoria asquerosa! – gruñó Fenrir.
- Estuviste con mujeres en el…
- ¡En el pasado! – espetó Fenrir. – ¡Cuando era mucho más joven, antes de comprender que prefería a los hombres como pareja en vez de a las mujeres! ¡Si tu pequeño plan hubiese tenido éxito, ¿qué piensas que hubiera pasado? ¿Qué olvidaría a Harry y a mis cachorros, dejaría pasar y confesaría que cometí un error y después te querría como mi perra?!
Harry bufó ante tal idea y Fenrir colocó una mano en su cadera para calmarlo y tranquilizarlo.
- Si ellos hubiesen desaparecido habría tenido una oportunidad, – dijo Bernice con simpleza, hablando con una convicción que demostraba cuan segura estaba de ese hecho.
Los puños de Fenrir se cerraron tan fuertes que sus nudillos crujieron y se pusieron blancos y pálidos, sus brazos se estremecieron conteniendo el deseo de arremeter contra ella.
Se acuclilló frente a ella y sujetó su mandíbula con una mano, apretándola con fuerza.
- Permíteme informarte cuan engañada estás. Nunca tuviste una oportunidad, la única cosa para la que útil es para entretener a mis betas e incluso entontes hiciste un trabajo tan jodidamente pobre que ellos se enfrentaban unos contra otros cuando terminaban contigo. Mataste a siete miembros de nuestra manada por nada, egoísta. Voy a hacer que pagues severamente por lo que has hecho, – le prometió Fenrir con calma y tranquilidad.
Volvió a pararse, respirando profundamente se giró para mirar a los miembros restantes de su manada.
- Cualquiera que no tenga estómago para esto puede irse; aquellos que están demasiado lastimados o demasiado cansados, vayan y descansen un poco. Esto va a durar toda la noche, o hasta que me aburra, lo que sea que suceda primero, – dijo insensiblemente.
Worrick se movió para tratar de llevar a Loren a la cueva, como era uno de los miembros más heridos de la manada nadie lo culparía por irse a descansar, pero luchó contra Worrick y se sentó en la nieve antes de que pudiera caerse y ser arrastrado a la cueva, inconsciente.
- Voy a quedarme, – dijo con terquedad. – ¡Ella nos vendió, admitió que quería deshacerse de Harry, mi amigo y mi perra alfa! ¡Lanzó a unos meros cachorros a las fauces de los Mortífagos! ¡Nuestros cachorros! ¡No voy a perderme esto por nada del mundo!
- ¿Tackett? – interrogó Fenrir, mirando al hombre que seguía acurrucado con el cuerpo muerto de Nathan, lágrimas silenciosas recorrían su fuerte rostro.
Tackett sacudió su cabeza vehementemente. – Quiero ver hasta que haya terminado. Quiero verla tomar su último aliento por lo que le hizo a Nathan.
- ¡No se supone que él saliera lastimado! – gimoteó Bernice. – No se supone que alguien saliera lastimado.
- ¡Él no está lastimado, hija de puta, está muerto! – gritó Tackett, había una nota de histeria en su voz antes de que murmurara tranquilamente, – está muerto, – mientras enterraba su cabeza en el cabello de Nathan.
Harry tragó con fuerza ante tal exhibición y se volteó hacia Bernice con un bulto en su garganta y un ardiente deseo de acabar con ella, pero Fenrir quería saborear esto, quería ir lentamente y Harry podía ver el atractivo en ello, así que se quedó quieto y calmó sus necesidades mientras dejaba que Fenrir liderara el show.
Fenrir se movió tan rápido que Harry se perdió lo que había hecho, pero no hacía falta ser un genio para darse cuenta de que había puesto toda su fuerza al pisar la espinilla, rompiéndole la pierna mientras ella gritaba y la agarraba con ambas manos.
- Para evitar que salgas corriendo, – siseó Fenrir con los dientes apretados.
- No la golpees en la cabeza o en el pecho, – ordenó Harry.
Fenrir se volteó para mirarlo inquisitivamente, Harry sintió la necesidad de explicarle a su pareja, quien se estaba hundiendo en tal estado mental que iba a terminar el juego antes de que Bernice hubiera sufrido la mitad de lo que se merecía. – Eres un hombre lobo Alfa grande, musculoso y poderoso, Fenrir. Si la golpeas en la cabeza o en el pecho, la matarás antes de que tenga la oportunidad de lamentar lo que le hizo a nuestra manada. No queremos eso, ¿cierto? Necesitamos hacer que sufra primero, es nuestro deber asegurarnos de que comprenda que lo que hizo estaba mal. No quería decirle a mi Alfa qué debe hacer, pero estoy seguro de que sabes lo grande y fuerte y poderoso que eres, así que, sin golpes fatales por el momento.
La mirada en el rostro de Fenrir era una feroz mezcla de orgullo, placer, satisfacción y excitación, tiró de Harry para darle uno de esos prolongados besos que curvan los dedos de los pies, antes de regresar lentamente hacia Bernice y agarrarle el brazo. Sujetándola de la muñeca y el codo, colocó su bota en su costado para mantener su brazo extendido, Fenrir miró a Harry.
- Golpéala, justo en el antebrazo. – Fenrir le animó salvajemente y Harry se tragó cualquier tipo de cargo de consciencia que tuviera hacia esto recordándose que era a causa de los siete miembros muertos de su manada, de que Loren, Bryan y Jonas estuvieran heridos, de que Tackett obviamente había perdido a alguien muy amado e importante para él y que ella había hecho todo esto sólo para deshacerse de él y sus dos bebés.
Tomó una profunda respiración y supo que no podía romperle el brazo con sus manos, no era lo bastante fuerte, así que se enfocó en donde quería golpearla y en su lugar la pateó. El sonoro crujido que desgarró el casi silencioso claro, esto le dio tal satisfacción a Harry que empezó a jadear, y no por el esfuerzo.
Fenrir permitió que todos los miembros de la manada que querían lastimarla por lo que había hecho tuvieran su turno también, Tackett fue uno de los más crueles y para cuando terminó con ella, Bernice ya ni siquiera podía llorar, dejó de suplicar ayuda poco después de que comenzaron, dándose cuenta de que nadie acudiría en su auxilio, ni siquiera su propio hijo.
El cielo estaba empezando a iluminarse de nuevo cuando Fenrir sacudió su cabeza y se agachó frente a la traidora rota y ensangrentada.
- Voy a matarte ahora, – le dijo, asegurándose de que supiera que se acercaba su fin.
- Por favor. Te amo – balbuceó a través de sus dientes faltantes y su pómulo hinchado. Su ojo opuesto era una ruina de carne hinchada, sangre y moretones que estaban de un lívido rojo, ya estaban adquiriendo la espantosa sombra oscura.
- Yo odio cada parte de ti y cuando haya terminado contigo voy a dejar tu cuerpo a varias millas de distancia para que te coman los carroñeros, – gruñó Fenrir, extendiendo su brazo y agarrando su mandíbula en su enorme y gruesa mano de nuevo. Esta vez aplicó más presión y la rompió antes de pararse y darle una patada con tal fuerza que el ruido del golpe hizo eco en el cráneo de Bernice. Harry estaba sorprendido de que su cabeza no saliera volando de sus hombros.
Bernice aterrizó en la nieve, el área ya estaba rosa con su sangre, manchas y salpicaduras creaban un patrón en la nieve el cual llegaba hasta cinco pies desde el lugar del castigo que le dio la manada. La mitad de su cabeza estaba hundida con la forma de la bota de Fenrir y Harry sintió que por fin podía respirar tranquilo.
Se dio la vuelta hacia el claro principal, mirando hacia la lejana cueva. Burne debió haber oído todo y Harry se sintió mal porque perdió a su madre, a su padre, su hermano y hermanas. Perdió a toda su familia, pero afortunadamente todavía tenía a su manada.
- Llévensela lejos y arrójenla en donde puedan encontrarla los carroñeros, – dijo Harry de forma fría. – La última cosa que quiero es que Burne la vea así. Él no se lo merece.
- ¡Él es…! – Tackett intentó exclamar, pero Harry lo calló con una mirada.
- No es su madre. No es su padre o su hermano o sus hermanas. Es Burne, una persona independiente y lo trataremos como tal. Sé que estás herido Tackett, – dijo con suavidad, su mirada se tornó comprensiva. – Pero desquitarte con personas inocentes no va a hacerte sentir mejor. El único responsable de la muerte de Nathan, de la muerte de todos, ya ha sido asesinado. Has la paz con eso y sigue adelante.
Tackett tragó lo que probablemente era una montaña de insultos hacia Harry y su declaración, y asintió.
- ¿Puedes deshacerte del cuerpo? Quiero mear sobre ella antes de que me vaya.
Harry miró a Fenrir y luego asintió. Fenrir lucía cansado hasta los huesos. – No la lleves demasiado lejos Tackett; sabes que eres mi cortaviento en la cueva.
Eso hizo que el hombre mayor sonriera, aún si fue con un poco de indiferencia. – Estoy seguro de que Worrick ocupará mi lugar para complacerte.
- ¿Dónde está la otra perra? – preguntó Bryan, luciendo confundido. – ¿Dónde está Liang?
Harry volteó la cabeza de golpe hacia donde solía estar hecha un ovillo, observando como la manada golpeaba, tortura y posteriormente, mataba a Bernice, sólo encontró una muesca en la nieve.
- Si esa perra huyó, déjenla que se quede el resto del invierno sola, – espetó Fenrir. – Debería haber matado a las tres cuando empecé a hacer me cargo de la manada. Una manada sólo de hombres es más fuerte y está mucho menos distraída.
La mente de Harry estaba trabajando horas extra y su mirada vagó hacia la cueva. ¿Fue tonto e ingenuo de su parte haber dejado a Burne vigilando a sus cachorros mientras ellos estaban afuera matando a su madre? La ultima familia de sangre que le quedaba.
Su corazón tartamudeó cuando tomó en consideración a la desaparecida Liang y se movió incluso antes de pensar. Hizo un sonido angustiado y corrió hacia la cueva, su manada lo observó con curiosidad. Lo que vio lo perseguiría para siempre. El pánico y el horror que sintió no era rival ante la escena en sí misma grabada en su mente, asegurándose de que nunca la olvidaría y, de hecho, jamás sería capaz de olvidarla.
Burne yacía en el suelo de la cueva, la sangre fluía alrededor de su cuerpo inerte e inmóvil y Liang sostenía un cuchillo en sus pequeñas manos, tenía plasmada la mueca de un gruñido en su rostro y los dientes al descubierto. Incluso mientras estaba clavado en su lugar tratando de que su cerebro fuera capaz de procesar todo lo que estaba pasando en la cueva, ella se agachó y cogió a Felan, quien estaba despierto, observándola, su pequeño cuerpo se retorcía tratado de alejarse de ella, pero estaba sujeto por las pesadas mantas en las que estaba envuelto.
El gritó en voz alta y entrecortada, sintió terror y furia en partes iguales, esto sorprendió lo suficiente a Liang como para que pudiera apresurarse hacia ella y taclearla antes de que pudiera retomar el control del agarre que tenía sobre uno de sus hijos. Sintió el dolor punzante del cuchillo hundiéndose en él, pero no le importó. La golpeó con sus manos desnudas y cuando le dio una buena patada en el pecho, Fenrir apareció para hacerse cargo del asunto.
- ¡Apuñaló a Burne para matar a nuestros hijos! ¡Iba a matar nuestros hijos! – gritó Harry histéricamente, asegurándose de que todos comprendieran lo que estaba pasando. Jonas lo tiró hacia atrás para comprobar sus heridas, encontró una profunda puñalada y rápidamente puso presión sobre ella.
No hubo reunión para Liang, no hubo tortura de parte de los otros miembros de la manada; Fenrir perdió el control de tan rápido que uno de sus grandes puños el cual contenía toda su fuerza y poder se enterró en su rostro tan fácilmente como si estuviera hecho de papel.
Harry no se quedó para mirar cómo es que Fenrir desahogaba toda su rabia y temor en el cuerpo muerto de Liang. Se separó de Jonas con molestia y se dirigió hacia sus hijos, los recogió acunándolos contra su pecho. Warren y Bryan estaban viendo a Burne, Harry no quería pensar si estaba muerto o no, sería su culpa si Burne estaba muerto, si estaba muerto nunca se perdonaría a sí mismo por ordenarle que se quedara en la cueva con sus cachorros.
Felan estaba gimoteando, tampoco era su usual quejido, sino un verdadero llanto. Harry lo sacó de la cueva y acarició su espalda suavemente y con dulzura, murmurándole.
Fenrir salió de la cueva hecho una tormenta y se fue en dirección al río. Harry no lo culpaba por su desvió, estaba bañado en la sangre de Liang y Bernice.
- ¿Estás bien? – preguntó Loren, tambaleándose con una mueca en su rostro y una mano presionando la parte superior de su muslo.
Harry asintió, sintiéndose desconectado de su propio cuerpo mientras continuaba acariciando y calmando a Felan, sujetando a Ulric con firmeza contra su pecho mientras escuchaba sus aterrorizados gemidos y quejidos.
- ¿Los cachorros están bien?
Harry asintió de nuevo mientras miraba a la línea de cuerpos muertos. Notó que Emily había desaparecido junto con los restos de Bernice.
- Vamos, háblame, Harry.
- Sólo quiero despertar de esta pesadilla, – dijo sin emoción.
- Lo lamento. No estás soñando, – le dijo Loren suavemente.
Harry asintió. – Lo sé, – contestó.
Fenrir regresó, su cabello estaba húmedo y estaba casi desnudo, su ropa ensangrentada había desaparecido. Despidió a Loren con un movimiento de su cabeza y abrazó a Harry, quien saltó ante lo congelado que se sentía.
- Necesitas calentarte, – graznó.
- Necesitamos dormir, – dijo Fenrir con la voz áspera y tensa.
- Agarra las mantas. Quiero que duerman entre nosotros esta noche. No quiero soltarlos.
Fenrir lo llevó hacia la cueva, Jonas se había deshecho del cuerpo de Liang y Worrick acababa de terminar de limpiar la sangre, pero no había nada que pudieran hacer con denso olor en el aire.
La manada se acomodó, nadie habló, aunque Harry estaba feliz de ver que Burne estaba vivo, pero estaba pálido y su rostro tenía una mueca de dolor. Harry ni siquiera sentía su propia herida de la puñalada, aun cuando Fenrir hizo que se sentara, lo desvistió antes de limpiarla y vendarla, sus movimientos fueron ásperos y bruscos, aun cuando trataba de ser gentil, pero estaba demasiado enojado y ver las heridas de Harry no ayudaba a calmarlo.
Muchos de la manada se acurrucaron juntos esa noche y aunque todos estaban en silencio, el ruido de sus pensamientos era lo bastante alto que Harry tuviera un dolor de cabeza. Hizo una mueca y tocó su cabeza, su mano tenía sangre. Debió haberse golpeado en algún momento, pero no podía recordar dónde. Fenrir envolvió su cabeza antes de arrastrar todas las mantas y edredones que la manada tenía dispersos sobre todos sus miembros. Todos tenían frío y no podían hacer nada contra la nieve y el viento y las mantas ayudaban muy poco.
Harry se acercó más a Fenrir, lo más cerca posible con sus hijos entremedio, Jonas se presionó contra su espalda y envolvió sus brazos a su alrededor. Cada miembro de la manada estaba presionado cerca del otro, Harry se sobresaltó cuando alguien apoyó su cabeza en la curva de su rodilla, pero sólo era Loren que tenía a Bryan envuelto alrededor de su espalda manteniéndolo caliente y seguro durante la noche.
Tragó con fuerza y se acomodó, sus trémulos pensamientos hicieron que dormir fuera muy difícil y cuando finalmente se sumergió en el mundo de los sueños el sol se estaba asomando por la entrada de la cueva. Su sueño no fue tranquilo o pacífico y estaban plagados de pesadillas y temores. Se hallaba inquieto y se quedó despierto hasta que se durmió debido al agotamiento. No durmió por mucho tiempo y al levantarse estaba igual de agotado que antes de irse a dormir. Las siguientes semanas iban a ser difíciles para todos ellos y la falta de sueño y el dolor no iba a ayudarle a nadie a medida que trataban de superar lo que había sucedido.
William "Bill" Weasley frotó su frente con tres dedos. Su vida había tomado un giro inesperado desde que su madre y cuatro de sus hermanos habían sido asesinados hace dos años. Pasaba su tiempo cuidando de los dos hermanos menores que le quedaban y asegurándose de que su padre se cuidara a sí mismo, el hombre delgado y calvo se había vuelto aún más flaco y calvo que nunca. Estaba preocupado.
Había visto un artículo en el periódico que aclamaba a Kingley Shacklebolt como el nuevo Ministro de Magia después de que llegara al Ministerio arrastrando el cadáver del Señor Oscuro Voldemort. Como miembro de la Orden había estado ahí para el drama del otro día. La población se había reunido alrededor de Kingsley como nuevo líder después de la muerte de Dumbledore y Scrimgeour y con las noticias de que ahora Harry y Greyback estaban "muertos" también, Kingsley nunca antes había sido tan popular entre las masas.
Sin embargo, él sabía la verdad; sabía que Harry y Greyback seguían en un enorme bosque virgen en Derbyshire. Kingsley los había perdonado debido a su participación en el asesinato de Voldemort junto con la promesa de que no volverían a cazar humanos.
La Orden había hecho un arduo trabajo buscando los Horrocruxes de Voldemort, Dumbledore no había tenido otra opción más que reclutarlos ya que Harry había desaparecido de nuevo. Ellos habían encontrado y destruido hasta el último sólo cinco semanas antes de que Voldemort hubiese lanzado su ataque y en ese momento agonizaban sobre la teoría de Dumbledore de que el mismísimo Harry era un Horrocrux, o más bien el Horrocrux era su cicatriz causada por la maldición.
Sirius se había negado rotundamente a matar a Harry, o incluso entretenerse con esa idea y Bill estuvo de acuerdo con él, al igual que Charlie. Ellos no matarían a Harry, se enojaron cuando algunos de los nuevos reclutas habían señalado que él mató a su familia así que, deberían querer matar a Potter.
Bill odiaba que Harry fuera culpado por lo que pasó cuando sabía que Harry no tenía control ni dominio de lo que había sucedido. Había sido mordido y la noche siguiente había sido encerrado por temor a que se transformara, cuando esto no ocurrió asumieron que estaba a salvo y no tomaron precauciones en la siguiente luna llena, la noche que Harry sí se había transformado. Si lo hubieran hecho quizá las cosas hubiesen sido diferentes, pero después de dos años Bill ya se había cansado de los juegos de "qué pasaría si", las cosas habían pasado como tenían que pasar y no podía cambiar eso, ahora haría las paces al igual que sus hermanos y su padre.
Luego apareció la idea de que quizá los genes de hombre lobo habían destruido el Horrocrux cuando se transformó, pero Emmeline Vance fue la única que señaló que Harry todavía tenía la cicatriz cuando lo capturaron unos meses antes, lo cual volvió a atar sus varitas ya que no podían simplemente salir a preguntar sobre Horrocruxes o cicatrices malditas a causa de maleficios fallidos. No tenían la información que necesitaban y no tenían idea de cómo deshacerse del Horrocrux dentro de Harry sin matarlo, algo que se negaban a hacer, así que se encontraban en una situación sin salida, matar a Harry para matar a Voldemort, o dejarlos a ambos con vida, o esperar a que los genes de hombre lobo hubiesen destruido el Horrocrux dentro de la cicatriz Harry, pero había dejado la cicatriz porque era sólo eso: una cicatriz permanente. No pretendían saber mucho sobre cicatrices malditas, pero tenía sentido que incluso si el Horrocrux fuera destruido permanecería el remanente de la cicatriz física.
Cuando Harry se enfrentó contra Voldemort con sus dos hijos atados contra su pecho, Bill nunca antes había estado más horrorizado o aterrado. No sabían si Harry podría matar a Voldemort, no sabían si el último Horrocrux estaba destruido o no, simplemente no lo sabían y que Harry estuviera ahí con sus dos hijos hacía que se te parara el corazón.
Sumergido en la batalla contra los Mortífagos, Bill se había perdido lo que pasó con Harry y Voldemort, pero cuando Harry rompió el Priori Incantatem y luego le lanzó la maldición asesina a Voldemort su corazón se fue a su garganta.
Ver a Voldemort volando hacia el árbol, obviamente muerto, por un momento Bill sintió sorpresa de que, al parecer, los genes de hombre lobo hubiesen destruido el Horrocrux después de todo, luego el júbilo de que Harry de verdad se las había arreglado para matar a Voldemort cuando la guerra se estaba volviendo peor y las garras de Voldemort habían llegado tan lejos y tan profundo.
En realidad, el final fue anti-climax. Harry había hecho todo el trabajo, la Orden principalmente había estado ahí para capturar y arrestar a los Mortífagos y detener a los furiosos, bueno… a los hombres lobo más que absolutamente lívidos, para que no atacaran a los Mortífagos atados. No es que los Mortífagos no sufrieran algunos magullones "leves" y casuales provenientes de los hombres lobo los cuales estaban molestos porque invadieron su territorio, matando a los miembros de su manada, enjaulando a su macho alfa y luego atacando a su perra alfa quien sostenía a los cachorros de la manada. No, decir que estaban molestos era una verdadera subestimación y querían sangre por ello.
- ¿Bill?
Bill miró a su hermano, Charlie, y le sonrió, asintiendo con su cabeza hacia la silla junto a la suya.
- Sólo estaba revisando el periódico, – dijo Bill mientras doblaba el papel. – Parece que todo se está reestableciendo como debería, casi es demasiado fácil, demasiado tranquilo. Sigo esperando que estalle algo o que caiga el otro zapato y todo salga mal. No lo sé, sólo… no confío en esta calma repentina, no se siente real.
- Sé a lo que te refieres, – Charlie balanceó su cabeza y se sentó, su cuerpo robusto flexionó los músculos, su piel estaba salpicada de cicatrices brillantes producto de las quemaduras. – la semana pasada andábamos corriendo, no había suficiente tiempo en el día para hacer todo lo que necesitábamos, revisábamos debajo de cada piedrecita buscando información sobre los Horrocruxes y cicatrices malditas y Tú-Sabes-Quien estaba ganando fuerza y poder cada día, el Ministerio acababa de caer, Scrimgeour estaba muerto y él estaba preparado para apoderarse del Ministerio y hoy día, nada. No tengo nada que hacer, es pacífico y calmado, es surreal.
- No puedo decir que no estoy feliz, – dijo Bill. – Pero deseo que mamá y los otros siguieran con vida para ver esta paz.
- No te castigues por eso, – dijo Charlie con una sonrisa, agarrando su hombro en una muestra de afecto fraternal. – Ya pasó Bill, no podemos cambiar eso y si lo piensas, si Harry nunca hubiese sido mordido, no sería la pareja de Greyback. No hubieran estado en ese bosque, diablos, no hubiésemos sabido dónde estarían Harry o Ron o Fred y George o qué habían estado haciendo. Todos salimos de esto con vida, tú, yo, papá, Percy. No hay garantía de que si las cosas hubiesen sido diferentes habríamos regresado todos con vida. Si las cosas hubiesen sido diferentes la batalla final puede haber sido muy distinta. Los Mortífagos hubiesen perseguido a Harry en vez de a todos ellos, lo cual los distrajo y Harry fue capaz de conseguir una ventaja mientras luchaba en su propio terreno. Si hubiese sido de otra manera, nada nos dice que alguno de nosotros hubiese sobrevivido a la batalla final. Incluso Tú-Sabes-Quien podría haber ganado ¿y dónde estaríamos nosotros? – señaló Charlie sabiamente.
- ¿Cuándo le robaste el cerebro a Percy? – bromeó Bill, golpeando a Charlie.
- Esta mañana cuando él estaba sumergido en ese aburrido reporte para Kingsley. Todavía no lo ha notado, – respondió sin perder el ritmo.
Compartieron una risa antes de ponerse serios.
- ¿Cómo está papá? – preguntó Bill.
Charlie asintió con su cabeza. – Sí, está mejorando. Creo que está feliz de que ahora todo se haya acabado. Creo que todos lo estamos.
- No crees que va a empeorar ahora que todo terminó, ¿cierto? – Bill compartió uno de sus grandes temores.
Charlie sacudió su cabeza. – No, creo que va a hacer lo que dijo. Creo que vivirá por nosotros y ahora que Percy y Audry están esperando, pienso que va a tener un nieto dispuesto a ayudarlo.
- Seguirá pensando en mamá, – dijo Bill suavemente. – Ella amaba a los niños y quería nietos, puede que se ponga peor.
- Yo no pienso eso, creo que un nuevo bebé en la familia lo ayudará a llegar a un acuerdo con todo.
- Espero que estés en lo cierto. – Bill suspiró.
- Por supuesto que sí. Anímate, Bill, papá va a estar bien. Tú, yo y Perce estamos bien y él va a ser padre, incluso puede que sea un gran marido. Nuestras vidas seguirán adelante, no podemos revolcarnos en nuestra miseria e insultar a la muerte, y mamá nos daría una paliza con una cuchara si se entera que estamos desperdiciando nuestras vidas.
Bill sonrió y tiró de su cola de caballo, recordando a su mamá rogándole que le dejara cortársela. Ahora le recordaba a ella y cada vez que pasaba las manos por su pelo podía oír la voz de su mamá. Eso lo ayudaba un montón.
- Siempre y cuando nos mantengamos juntos creo que estaremos bien, – acordó Bill con una sonrisa, palmeando el hombro de Charlie y por primera vez sentía que estaba haciendo algo por sí mismo, algo que no incluía a sus hermanos o a su padre.
Fue hacia la chimenea y viajó por flú hacia el banco de Gringotts, iba a reunir coraje para pedirle una cita a Fleur Delacour. Ella había estado tratando de ganar su interés por años, pero él había estado revolcándose y enterrándose en su dolor y su necesidad de ver a salvo a los miembros de su familia que aún quedaban con vida, ahora iba a ser egoísta e iba pensar sólo en sí mismo e iba a enfocarse completa y absolutamente en la gloriosa mujer que se aferraba a la esperanza de que algún día correspondiera sus sentimientos. Hoy era ese día y una cosa era segura, iba a tener que hacer un montón de servilismo para ganar su confianza y su corazón después de estar pisoteándolos estos últimos dos años, pero él era muy testarudo y no se rendiría, no ahora que ya no había amenazas hacia sus vidas o su felicidad.
Harry miró a Fenrir desde el otro lado del claro. No quería al hombre cerca de él y a pesar de sus esfuerzos Fenrir no podía cambiar de idea. Así que tenía que sentarse lejos de Harry y mirarlo mientras su pareja se retorcía y se quejaba sujetando su enorme vientre entre sus brazos.
Estaban a finales de Junio, sus primeros dos cachorros tenían más de un año, el cual había sido celebrado por un día entero y una noche. Ambos caminaban, o al menos lo intentaban ya que se tambaleaban torpemente.
Habían descubierto que Harry estaba embarazado a principios de Abril. No estuvo tan enfermo con este embaraza como en el de Ulric y Felan, pero estaba más emocional y sus estados de ánimo podían cambiar de un momento a otro, desafortunadamente el estado de ánimo al cual cambiaba más a menudo era la ira y se pasó la mayor parte de los últimos dos meses gritando y enojándose con todos.
En realidad, no estaba enojado con Fenrir, sólo sentía mucho dolor y volvía a respirar rápido y profundo. Pensaba que estaba en labor, el dolor punzante en su espalda sin duda apuntaba en esa dirección, pero todavía no era el momento.
- ¿Estás seguro de que estás bien? – preguntó Warren mientras pasaba por delante de él.
Harry asintió y su mirada se trasladó fácilmente de Fenrir a Warren, quien sostenía sus manos y se alejó. Todos habían aprendido con rapidez a evitar a Harry cuando estaba con dicho humor.
La manada había sufrido una devastadora pérdida, pero eso hizo que se volvieran más cercanos que nunca. Habían pasado cuatro meses desde el incidente, casi cinco. Tackett seguía taciturno, no es que alguien lo culpara, pero se aseguraron de andar torno a él para apoyarlo y él estaba sonriendo y riendo de nuevo.
Los seis hombres muertos habían sido enterrados junto a Stacey y Sidney; la manada presentó sus respetos a todos ellos. El cuerpo de Liang fue llevado al lugar en el que fueron tirados los cadáveres de Emily y Bernice, ya no quedaba nada de ellas. Los lobos salvajes se habían comido los restos y las aves carroñeras picotearon los huesos hasta limpiarlos. Una vez más eran una manada sólo de hombres, al menos por ahora.
Harry ahuecó su vientre y sonrió con tristeza cuando recordó a Stacey bromeando sobre darle una niñita a la manada, parecía que eso sucedió hace una eternidad. Se preguntó si ahora iba a cumplir el deseo de Stacey dándole una niña a la manada, aunque sospechaba que el hombre había estado bromeando con eso, pero ahora que Stacey estaba muerto, ya no importaba.
- ¿Qué pasa ahora? – demandó Fenrir desde el otro lado del claro y Harry alzó la mirada, sólo para darse cuenta de que su vista estaba empañada y estaba llorando.
- ¡Nada! – espetó.
Fenrir gruñó, se puso de pie y se dirigió hacia él.
- ¡No te me acerques! – siseó Harry.
Sin embargo, Fenrir ya había tenido más que suficiente y no le hizo caso, se dejó caer junto a él y tiró de Harry en su regazo sujetándolo en su lugar, incluso mientras Harry luchaba y pateaba para alejarse. Eventualmente se cansó, su embarazo lo mantenía exhausto la mayoría del tiempo y se cansaba con mucha facilidad.
Cuando Harry se calmó, estaba exhausto, ahí fue cuando Fenrir sintió las ondulaciones y espasmos que atravesaban los músculos de Harry. Frunció el sueño.
- ¡¿Estas en trabajo de parto?! – demandó con incredulidad.
La manada se detuvo ante aquella declaración en voz alta y miraron a su alrededor, algunas bocas estaban abiertas.
- ¡Anúnciaselo a todo el puto mundo, por qué no! – gritó Harry.
- ¡Estás en trabajo de parto! – gruñó Fenrir. – ¡¿Por qué mierda no me lo dijiste?!
- Porque todavía no es el momento para que venga el cachorro, – siseó Harry a través de sus dientes apretados.
- ¡Podría haberte ayudado a ahuyentar el dolor! – bramó Fenrir.
- ¡¿Cómo?! – gruñó Harry.
Fenrir bufó e inclinó a Harry hacia adelante para sujetarlo en su lugar, Harry iba a empezar a gritar y quejarse de nuevo cuando las grandes manos de Fenrir empezaron a masajear su espalda con la presión justa para hacer que sus músculos se relajaran y justo en los lugares precisos para alejar el dolor. Él se relajó y suspiró suavemente, sintiéndose mejor en unos minutos.
- ¡Ves, debiste haberme avisado! – gruñó Fenrir.
- Discúlpame. No sé de donde viene toda esta rabia, – dijo Harry con tristeza mientras su estado de ánimo volvía a dar un giro de ciento ochenta grados.
- Sientes dolor, tus hormonas y esa mierda te están poniendo violento y es probable que la idea de atacar a la manada ande jugando en tu mente. ¿Te sientes a salvo aquí? – preguntó Fenrir.
- Ahora sí. Confío en todos los que están aquí y estoy feliz de dejar a Ulric y Felan con cada miembro de la manada que tenemos, no creo que eso siga siendo un problema. Los otros puntos, sin embargo, los apoyo totalmente.
- ¿Está en trabajo de parto, Alfa? – preguntó Oscar con suavidad. – ¿Necesita que hagamos algo? ¿Traer agua? ¿mantas?
Fenrir asintió. – Enciendan una fogata; necesito agua hervida, mantas y un cuchillo. ¿El kit de sutura está guardado?
- Sí, Alfa, – respondió Loren. – ¿Lo quiere ahora o lo dejamos dónde está?
- Ve a buscarlo, quiero que todo esté preparado y listo, – ordenó Fenrir.
- Estoy feliz de que estés aquí esta vez, – dijo Harry suavemente.
- No estaría en ningún otro lugar, – le dijo Fenrir. – La última vez me fui porque necesitábamos suplementos, no es mi culpa que entraras en trabajo de parto antes de tiempo.
Harry bufó y rodó sus ojos. – Sí, porque yo tengo mucho control sobre esto.
Fenrir se rió entre dientes y volvió a tirar de Harry contra su ingle antes de volver a masajear su espalda, deslizando una mano alrededor de su torso y sobre su enorme estómago, entonces sintió a sus cachorros pateándolo.
Las manos de Harry estaban presionadas firmemente bajo su propia redondez, justo como la primera vez que entró en labor, tratando de usar la presión para deshacerse del dolor.
A la manada sólo le tomó una hora tener todo listo para el nacimiento, pero Harry todavía no estaba listo para dar a luz, insistiendo en que todavía no era tiempo.
Sin embargo, Ulric y Felan acababan de terminar su siesta y querían toda la atención de mamá, algo que Harry no podía darles ya que el dolor estaba empezando a hacerle sentir enfermo e irritable.
- ¡Mamá! – Ulric tenía el ceño fruncido mientras Harry hacía todo lo posible por ignorarlo, tratando de respirar profunda y regularmente, pero seguía respirando demasiado rápido casi jadeó cuando un latigazo de dolor recorrió la parte inferior de su cuerpo.
- ¿Qué quieres Ulric? – se forzó a preguntar a través de sus dientes apretados.
- Yo me encargo, – dijo Loren mientras cogía a Ulric y lo sujetaba con fuerza, este, por su parte, se retorcía y pateaba, gritaba y chillaba. – Se está volviendo fuerte. – Loren jadeó, sujetando con fuerza al niño retorciéndose, ignorando la mirada de orgullo que su Alfa le dio a su hijo, comprendía de donde venía ese orgullo, aunque no le gustaba mucho que fuera a costa suya.
- Definitivamente tiene una veta alfa, – concordó Fenrir, sonriendo.
Harry los ignoró a todos mientras Felan se arrastraba por su pierna y la palmeaba para conseguir su atención.
- Hey, Felan, – lo recibió tan suavemente como pudo, nunca tuvo ni quería gritarles a sus hijos, pero no pudo evitar cierto atisbo de éste mientras el dolor se construía en su garganta hasta que se tragó el grito de agonía.
- Mamá. – Felan lo acarició antes de darse la vuelta y sentarse junto a Harry, agarrándose sus zapatos y meciéndose igual que Harry.
Harry no pudo evitar la risa mientras movía una mano para meter un mechón de pelo negro detrás de la pequeña oreja de Felan. Siseó entre dientes y volvió a encorvarse, el dolor aumentó y se quedó sin aliento.
- ¡Ahora! – gruñó. – ¡Saquen al cachorro ahora! ¡Alguien mueva a Felan! ¡Mantengan lejos a Ulric!
Oscar cogió a Felan rápidamente, él y Loren se alejaron con los niños yendo hacia donde habían puesto sus juguetes esa mañana para mantenerlos entretenidos y distraídos.
Fenrir sostuvo el cinturón doblado frente a la boca de Harry y Harry aflojó la mandíbula lo suficiente como para que encajara, después mordió tan fuerte como podía. Su camisa y sus jeans fueron removidas y su enorme y distendido vientre quedó expuesto, pero llegado a este punto a Harry no le importaba así que permitió que Fenrir lo manipulara como encontrara necesario, hizo tal como le dijeron, esto fue: morder el cinturón, seguir respirando, quedarse jodidamente quieto y no levantar sus manos o brazos.
Fenrir pegó la parte superior del cuerpo de Harry bajo su brazo, se inclinó sobre su regazo para que su trasero todavía estuviera sobre el regazo de Fenrir, sus piernas estaban extendidas frente a él, pero la mitad superior de su cuerpo estaba doblada sobre la pierna de Fenrir y ésta yacía en el piso detrás suyo. Fenrir hizo una bola con la camisa de Harry y se la metió detrás de la cabeza.
- Mantén ese cinturón en tu boca y no me hagas sujetarte las piernas, – le advirtió Fenrir.
Harry asintió para demostrar que entendía, pero sabía que Fenrir podía ver el miedo en sus ojos, probablemente estaba escrito en toda su cara. Fenrir se dio la vuelta y le dio una suave sonrisa, eso sorprendió a Harry, lo suficiente como para olvidar todo lo que estaba pasando por un momento.
- Sólo quédate quieto, – le dijo Fenrir, tomó una de las manos de Harry y la presionó en la pretina de sus jeans. – No puedo detenerme una vez que comience, incluso si se vuelve demasiado para ti, así que has lo que tengas que hacer incluso si tienes que romperme la espalda con tus uñas, sólo hazlo.
Harry asintió afirmando su comprensión cuando enfocó sus ojos en los de Fenrir y se dio cuenta de que hablaba en serio. Fenrir se volteó y fijó su brazo alrededor de las costillas de Harry, ni siquiera era capaz de sentarse y entró en pánico.
Mordió el cinturón, pero su mano libre, la que no estaba sujetando la pretina de Fenrir, se dirigió hacia el brazo que Fenrir estaba usando para mantenerlo quieto. Trató de moverlo, pero no tuvo efecto, lo golpeó, pero Fenrir no se movió. Sintió la punta del cuchillo presionarse contra su piel y ahí fue cuando comenzó a llorar.
Con su mente le rogó a Fenrir, pero su mandíbula se negó a soltar el cinturón situado entre sus dientes, ni siquiera cuando trató de gritar cuando el filo trazó una línea a través de su piel, rápido y fácilmente.
Enterró sus talones en el suelo y tensó los músculos de sus piernas, pero no las movió, aun cuando gritaba y gritaba detrás del cinturón, el cuero viejo amortiguaba el sonido mientras Fenrir trabajaba con la ayuda de Warren, no es que Harry pudiera verlos, todo lo que podía ver desde donde estaba inmovilizado era la espalda de Fenrir y si giraba su cabeza, podía ver su hogar, la cueva, y al otro lado veía árboles y flores silvestres. No podía ver lo que estaba pasando al otro lado de su cuerpo, pero podía sentir perfectamente y el dolor era tan insoportable que vomitó alrededor del cinturón, asfixiándose y escupiéndolo como podía sin soltar el cinto.
Burne se acercó y agachó su cabeza, limpiándolo con una manta suave y limpia, tenía una expresión preocupada y una mirada ansiosa mientras empezaba a acariciar gentilmente el cabello de Harry, murmurándole con suavidad. No es que Harry tomara muy en cuenta lo que decía mientras se retorcía y gritaba detrás del cinturón.
Burne sujetó la mano libre de Harry, la que estaba tratando de arañar el brazo de Fenrir, la otra mano tiraba de la pretina de Fenrir y rasguñaba la piel de su espalda. Burne también sujetó sus hombros, lucía muy arrepentido y preocupado, pero a Harry no le importó cuando la rabia se apoderó de él, gritó más fuerte cuando el dolor llegó a un nuevo nivel de absoluta agonía y sacudió su cabeza. No podía lidiar con esto, no podía hacer esto, cómo es que alguien esperaba que pudiera ser capaz de aguantar este nivel de dolor, esta tortura, no podía hacerlo. Gritó más fuerte detrás de la correa, luchando con más ahínco contra Burne mientras el omega lo mantenía bien sujeto contra el piso, utilizando su peso para mantenerlo lo más quieto posible. Harry sollozó y lloró detrás del cinturón, no podía aguantar esta agonía.
- Puedes hacerlo, – le dijo Burne de forma suave. – Ya casi está terminado. Sólo un poquito más.
Harry lo miró, pero eso sólo hizo que Burne le sonriera levemente. Harry gruñó detrás del cinturón, pero el lamento de un cachorro recién nacido lo detuvo y trató de mirar a su bebé recién nacido, pero no podía ver, sólo entonces empezó a patear y hacer sonidos de dolor, frustración y rabia.
Burne tomó al bebé envuelto en una manta el cual fue entregado cuidadosamente por Warren, cuando Harry por fin tuvo al bebé entre sus brazos se calmó. Todo esto valía la pena, todo el dolor, toda la agonía de ser cortado, el parto, toda la incomodidad del embarazo. Apenas notó las lágrimas que se deslizaban por su rostro, el dolor de que sacaran a otro bebé de su cuerpo no le importó en el instante en que miró el rostro ensangrentado de su cachorro recién nacido.
Le entregaron otro bebé y los acunó a ambos con fuerza. Dejó escapar un gritó cuando sintió la aguja perforando su piel, la desagradable sensación en su piel al ser unida cuando se realizaban los puntos de sutura.
Burne presionó algo en su pecho. Harry parpadeó abriendo los ojos, -aunque no se había dado cuenta que los había cerrado- y vio a un tercer cachorro en su pecho, dejó salir un ruido suave y emocionado al mirar al bebé. Tres. Le había dado tres cachorros a Fenrir.
- Casi terminamos, – le alentó Burne y Harry le dio otra mirada hastiada mientras mordía profundamente el cinturón, pensó que, o se rompería los dientes o dejaría una marca permanente en el cuero, aunque era el cinto de Fenrir, así que tal vez su pareja disfrutaría de tener sus dientes impresos para siempre en su cinturón, aunque quizás no estaría tan emocionado por las manchas de vómito.
Gritando y creando surcos en la tierra cuando arrastraba sus pies trataba de ignorar las puntadas que atravesaban su vientre. Harry trató de enfocarse en sus tres pequeños cachorros, tratando de decidir si se veían como niños o niñas, pero todos lucían iguales: muñecas unisex, andróginas. Ensangrentados, regordetes y con una mueca en sus rostros se veían como muñecas, pero eran suyos, sin importar el género; eran suyos y de Fenrir.
- Listo, terminamos, – dijo Burne alegremente.
Harry le ofreció la mirada que se merecía su tono de voz, debido a que el dolor no se había detenido sólo porque Fenrir había dejado de dar puntadas. El dolor permaneció y seguía siendo una terrible agonía. Ni siquiera pudo darse cuenta de que Fenrir había terminado porque el dolor seguía siendo igual de horrible, lo único que quería era que Fenrir terminara y ahora que le había dicho que terminó ya no podía sentir el doloroso tirón en su piel.
Una suave manta limpió su vientre y sus muslos, el agua caliente se derramaba sobre él y volvieron a pasar la manta rozando sus puntadas, luego, Fenrir se giró cuidadosamente y Harry pudo mirarlo a la cara.
- Estoy tan orgulloso de ti, – dijo Fenrir tranquila y bruscamente mientras usaba una mano para acariciar su mandíbula antes de quitar le cinturón de entre los dientes apretados de Harry.
- Es mejor que lo disfrutes, porque no voy a volver a hacerlo nunca más, – dijo Harry con su voz rasposa, le dolía tanto la mandíbula que la mantendría apretada durante varios años.
Fenrir se rió y se inclinó para besarlo, ignorando el sabor agrio que persistía en la boca de Harry.
- ¿Vas a levantarte o te vas a quedar ahí?
- Aquí estoy bien, gracias, – susurró Harry, su voz casi se había desvanecido completamente, todo era doloroso e incómodo, las lanzas de dolor todavía recorrían su cuerpo.
- Bueno, si te sientas, tengo una poción para el dolor solo para ti, – le incitó Fenrir, haciendo que la pequeña botella danzara frente a él.
Harry se forzó a erguir su cuerpo, jadeando y gruñendo en medio del dolor y con uno de los brazos de Fenrir alrededor de su espalda para ayudarlo a mantenerse derecho y a sostener a sus tres bebés entre sus brazos, pero jadeó y gruñó, de hecho, casi chilló cuando el dolor se volvió demasiado.
Fenrir lo reclinó ligeramente, sostuvo la botella entre sus labios y la inclinó. Harry estaba casi avergonzado por la manera en la que engulló el contenido de la botella humedeciendo su garganta seca.
La poción empezó a funcionar casi inmediatamente y Harry se relajó con un gemido feliz de placer.
- Muchísimas gracias, – dijo felizmente.
- Sabes por qué no podía dártela antes, ¿cierto? – preguntó Fenrir.
Harry asintió. – Necesitaba ser capaz de mantener mis músculos tensos para que pudieras sacar a los cachorros, algo que no habría sido capaz de hacer si no hubiese tomado la poción primero ya que todas las pociones para el dolor contienen relajantes musculares.
Fenrir asintió. – Está bien, siempre y cuando no pienses que lo hice sólo para ser cruel.
- Nunca podría pensar que eres cruel. Sádico, sí, especialmente cuando me estás negando mis muy necesitados orgasmos, pero jamás cruel.
Fenrir bufó y frotó su fuerte nariz contra la de Harry, luego agachó la cabeza para besar a sus tres nuevos cachorros.
- Entonces, ¿Qué son? – preguntó Bryan, su sonrisa era tan amplia que Harry se sorprendió de que no se le escaparan los labios.
- Tres pequeños cachorros, ¿qué esperabas, pichones?
- ¡No! Niñas o niños, el fantasma de Stacey va a venir a perseguirnos si no tienes una niña.
Harry bufó. – Pensé lo mismo. – Admitió con una sonrisa.
Ahora que el dolor estaba completamente embotado Harry se sentó por sí mismo y acomodó a dos de sus tres cachorros en sus muslos, manteniendo al mayor en sus brazos mientras besaba al bebé con dulzura.
Desenvolvió la manta y movió una pierna que estaba manchada de sangre para mirar los diminutos genitales, luego alzó la mirada hacia Fenrir.
- No nos mantengas esperando, acabo de sacar a esos bebés de tu interior y le corté los cordones umbilicales, me merezco saber que te entregué.
- Este el que nació primero, ¿o es al que sacaron primero? – meditó.
Fenrir le dio un golpecito en su oreja y Harry se rió.
- ¡Okay, okay! – cedió, dándole una gran sonrisa a Fenrir. – Es un niño.
Fenrir tenía una sonrisa boba grabada en el rostro, tomó al bebé entre sus grandes brazos, haciendo que el diminuto cachorro luciera aún más pequeño.
- ¿Pensaste en un nombre? – preguntó Jonas con una sonrisa.
Harry sacudió su cabeza. – Tengo algunas ideas, pero nada sólido. No sabía qué o cuántos iba a tener; el difícil nombrar a un bebé sin saber el género y es incluso más difícil escoger un nombre cuando no sabes cuántos tienes creciendo en tu interior.
- Así que, ¿qué son los otros? – preguntó Tackett.
Harry le sonrió. Ellos habían hecho maravillas con el fin de apoyarlo después de perder a Nathan, pero esta era la primera vez que había visto que Tackett sonreía sinceramente desde la matanza provocada por la emboscada de los Mortífagos hace cuatro meses.
Harry cogió al más joven, el bebé que nació tercero, descubrió su diminuto cuerpo y tomó su pierna desnuda. Se rió y volvió a envolver al bebé, cuidadosamente le entregó el recién nacido a Fenrir quien lo miraba inquisitivamente.
- Otro niñito, – dijo Harry con una sonrisa satisfecha, Fenrir se le unió con su propia sonrisa.
Comprobó al último bebé, el segundo en nacer, de repente el bebé se quejó cuando Harry agarró su pierna.
- ¡Oh, no, que no sea otro bebé quejumbroso! – suplicó Harry mientras el bebé dejaba salir otro suave gemido.
Fenrir sólo se rió y acunó a los dos bebés que sostenía firmemente.
- Tiene que estar en tus genes, – señaló Harry, aunque estaba sonriendo. – No me he quejado ni un solo día de mi vida.
Eso hizo que toda la manada se pusiera a reír y Harry bufó simulando una ofensa. – No sé por qué se están riendo. – Frunció el entrecejo. – ¡Yo no me quejo!
Harry volvió a agarrar la pierna pálida y pequeña, bufó de nuevo y rodó los ojos.
- ¡Juro que tu virilidad no conoce límites! Todos son niños, – anunció Harry. – Cinco niños menores de dos años, eso sólo anuncia problemas.
- Deberías dejar que los limpien antes de que la sangre atraiga depredadores, ya hemos enterrado las placentas. Sólo había dos, ¿sabes lo que eso significa? – Jonas sonrió.
- ¿Que se te olvidó una y sigue dentro de mí? – dijo Harry con el ceño fruncido, luego su cerebro empezó a moverse y se puso pálido. – ¡Oh, por favor, dime que no tienen que abrirme de nuevo para sacarla! Prefiero mantenerla donde está, gracias.
Eso hizo que la manada se riera y Fenrir se inclinó para besarlo.
- Se me olvida lo joven que eres en realidad, – murmuró suavemente. – Que sólo tengas dos placentas significa que dos de ellos son gemelos idénticos. El segundo y el tercero en nacer.
- Ya sabías que el ultimo era niño, ¿cierto? – Harry sacudió su cabeza, su sonrisa creció cuando Fenrir le dio un avergonzado encogimiento de hombros.
- Fue agradable que lo confirmaras, – dijo Fenrir.
- Dos niños de un año y tres niños recién nacidos. Debes estar orgulloso, – bromeó Harry.
- Lo estoy. Muy, muy orgulloso, de ti y de los cachorros.
- No hice mucho, en su mayoría: cavé un agujero con mis pies, los fulminé un poco con la mirada, grité un poco, te dejé marcas en el brazo y en la espalda y casi rompo tu cinturón de una mordida. – Harry sonrió. – Ah, y vomité, perdón por eso.
- No minimices tu valentía al pasar por semejante procedimiento en primer lugar. – le dijo Fenrir seriamente. – Sin mencionar que llevaste a estos tres tanto tiempo como pudiste, aunque al final eso mermó tu paciencia y tu independencia.
- Tú hiciste el trabajo duro, – murmuró Harry. – No tengo idea de cuán difícil debió haber sido cortarme, sabiendo cuánto me lastimaría, lo hiciste de todas formas. Esa es la verdadera valentía en esta ocasión.
Fenrir lucía tan avergonzado que Harry suspiró y cambió el tema antes de que alguien pudiera notarlo y que Fenrir se pusiera gruñón cuando lo señalaran.
- Creo que este pequeñín debería ser nombrado en tu honor debido a tu valentía ante esta horrible situación, y las cicatrices mentales que te causó, – dijo Harry pensativamente, mirando a su hijo mayor, su primogénito.
- ¿Cómo, Fenrir Junior? – Fenrir bufó.
- No, creo que eso sería confuso. Creo que tener un Fenrir en esta manada es más que suficiente. – Harry sonrió, besando a Fenrir con dulzura. – Estaba pensando… bueno, no sé qué estaba pensando ya que esa poción para el dolor es verdaderamente fuerte, lo nubla todo y mezcla todos mis pensamientos, pero ¿qué piensas de Ferus?
- Pienso que es culpa de la poción para el dolor, – le dijo Bryan, le restregó el cabello mientras caminaba hacia el cuenco con agua recién hervida.
Harry bufó y desenvolvió al segundo bebé al cual seguía sosteniendo y lo metió en la fuente con agua usando un trozo de tela para deshacerse de la sangre seca y otras cosas más gruesas las cuales no quería saber cómo se llamaban o de dónde habían venido.
- Sea por culpa de la poción para el dolor o no, me gusta el nombre Ferus, – dijo Harry mientras lavaba la sangre del bebé.
- ¿Y los gemelos? – preguntó Loren. Los gemelos mayores de Harry, a los cuales se supone que Loren estaría vigilando, no estaban a la vista.
- ¿Ulric y Felan? – preguntó Harry, mirando a su alrededor, un poco atontado ahora que la poción lo estaba haciendo sentir mareado.
- No puedes llamarlos Ulric y Felan, eso es cruel, – bromeó Jonas. – No puedes tener a un par de Ulric y Felan senior y a Ulric y Felan junior.
Harry rodó sus ojos. – ¡Sabes a lo que me refiero!
Jonas se rió. – Lo sabemos. Burne está con Ulric y Felan, están llamando a su orgullosa mami, pero Burne los distrajo.
Harry asintió y volvió a calmarse, lavando a su nuevo hijo con gentiles caricias. Cuando hubo terminado, Harry le entregó el bebé húmedo a Warren, quien lo envolvió en una manta limpia antes de tomar a uno de los otros bebés y meterlo en la fuente con agua limpia que Bryan acababa de entregarle mientras Harry estaba entregándole su segundo hijo a Warren.
- Hola, pequeño Ferus. Te pareces mucho a tu papi, pero me pregunto si cuando crezcas también vas a parecerte a él. – Harry lo meditó con una sonrisa caprichosa.
La poción para el dolor hizo que se pusiera muy soñoliento y no pudo aguantar más después de bañar a los recién nacidos así que fue a acostarse acurrucado junto a Ulric y Felan. Se quedó dormido y lo siguiente que supo fue que Fenrir estaba gruñendo, había un sonoro y atronador llanto astillando su cráneo en cientos de fragmentos que apuñalaban su cerebro dolorosamente.
- Deja de hacer ruido, Fen, – gruñó Harry medio dormido, dándose la vuelta y envolviendo sus brazos alrededor de sus cachorros de un año.
- ¡No soy yo! – siseó Fenrir con incredulidad. Harry casi podía ver el ceño fruncido en su rostro a través de sus ojos cerrados. – Son los cachorros, tienen hambre.
Harry parpadeó y volvió a abrir sus ojos. – ¿Qué? – preguntó mientras volvía a darse la vuelta, esto sólo sirvió para que su rostro se retorciera en una mueca cuando lo atravesó una ola de absoluta agonía.
Dejó salir un pequeño grito, pero se contuvo metiendo un puño en su boca. Pataleó esperando a que el dolor cesara antes de abrir sus ojos.
Fenrir deslizó un brazo bajo su cuello y sostuvo la botella en su boca, Harry tragó el contenido como un hombre muerto de sed. Se relajó bastante pronto y suspiró.
- ¡Muchas gracias! ¡Te amo más que cualquier otra cosa, siempre y cuando sigas dándome esas pociones!
Fenrir bufó y luego alimentó a uno de sus cachorros recién nacidos. Harry se forzó a sentarse y alimentó a otro de sus cachorros, después volvió a acostarse mientras Fenrir alimentaba al último. Se acurrucó y suspiró mientras observaba a Fenrir haciendo eructar al bebé, lo volvió a acostar en la cuna de mantas. Ulric y Felan ya no las necesitaban, ya tenían un año y estaban en verano. Estaban acurrucados junto a la manada y estaban envueltos en mantas, pero ya no necesitaban estar enterrados en ellas, no cuando se acercaban a Julio y afuera hacía bastante calor, a pesar de estar en medio de la noche. Harry no estaba feliz de volver a las noches de biberones, en especial, por tener a tres niños que alimentar cada tres horas. Le gustaba dormir, pero valía la pena cuando miraba a los recién nacidos, y luego a sus dos pequeños de un año, a sus cinco hijos a los cuales amaba. Su último pensamiento antes de dormir fue que no los cambiaría por nada del mundo, incluso si sus bebés tenían estos terribles horarios de alimentación por los siguientes seis meses.
Harry volvió a caer en una tranquila rutina, no hacía más de lo que podía manejar y se aseguraba de delegar responsabilidades mientras se estaba sanando. Tres recién nacidos eran infinitamente peor que dos, todo estaba triplicado, cada hora del baño, cada comida, cada cambio de pañales. La manada entera se hallaba malhumorada y completamente cansada, además de que Fenrir desahogaba su falta de sueño sobre ellos cuando no tenían una caza exitosa.
A un mes desde que había dado a luz, ahora estaban a finales de Julio, casi en Agosto y se acercaba su cumpleaños número dieciocho. No es que le importara, los cumpleaños y las Navidades significaban muy poco en el bosque, pero sus compañeros de manada siempre sabían qué día era y lo felicitaban. Se preguntó si esta nueva manada haría lo mismo, aunque suponía que sí, se habían vuelto muy buenos amigos. Sin embargo, los regalos de Fenrir eran los mejores, se pasaba el día con él haciendo pequeñas cositas que lo hacían sonreír y a la hora de la comida, le daba a Harry sus partes favoritas del ciervo y se acurrucaban juntos durante toda la tarde, hablándole con su voz baja y grave, pero lo que Harry más ansiaba eran la noche. Las horas de sexo y gritos mientras Fenrir enfocaba toda su atención en él evitando su propio orgasmo para hacer que Harry se corriera tantas veces como le fuera posible antes de que su terca voluntad se desvaneciera y ya no pudiera seguir conteniéndose, el punto en donde le daría un orgasmo final antes de unírsele y luego sostenerlo entre sus brazos durante toda la noche hasta que llegara la mañana. Harry sonrió, no podía esperar.
El llanto de un bebé lo despertó de sus sueños lúcidos, se trasladó para tomar a Ferus antes de que alguien más pudiera hacerlo y acunó a su tercer bebé entre sus brazos, calmándolo y besando sus mejillas, limpiando las lágrimas de sus ojos mientras acariciaba el cabello negro azabache que habían heredado sus cinco hijos.
- ¿Se encuentra bien? – gritó Fenrir desde su nuevo punto de vigilancia.
Harry asintió y le respondió con un grito, – Está bien, probablemente se siente un poco abandonado.
Fenrir se había vuelto tan protector hacia sus hijos que Harry apenas reconocía al hombre inseguro y nervioso en el que se había convertido su pareja. Todo a causa de que su hijo menor, el gemelo idéntico, había desarrollado cólicos una semana después de nacer. Harry lidió con ello lo mejor que pudo, siguiendo los consejos del libro de desarrollo infantil, aunque todavía tenía que deshacerse del dolor e incomodidad.
Él había nombrado a sus hijos y todavía podía recordar el ceño fruncido de Fenrir, casi un puchero, debido a que Harry se había hecho cargo de todo y no lo "consultó" con él antes de escoger el nombre de sus hijos.
Pensar en ello siempre le hacía sonreír, pero lo entendía. Había sido secuestrado antes de dar a luz a Ulric y Felan y cuando regresó con Fenrir ellos ya habían nacido y tenían nombres, luego nombró a Ferus la misma tarde en la que nació y posteriormente nombró a sus dos hijos menores. Le dio un beso duro, profundo y apasionado a Fenrir jurándole que podría nombrar a la siguiente camada de cachorros.
- ¿A toda la camada? – le cuestionó Fenrir con una ceja alzada.
Harry había asentido. – A toda la camada, incluso si son seis. Puedes nombrarlos a todos, pero por favor, nada estúpido o voy a pedir el veto presidencial.
Fenrir había estado tan feliz que se deshizo de ese hosco mal humor en su nueva roca, el mirador encima de la cueva, aun cuando no era tan alta como la de su primer hogar, todavía disfrutaba de estar ahí arriba.
Ahora Harry lo estaba mirando, sentado en su roca con Felan entre sus brazos, acomodado a salvo en su regazo. Fenrir le murmuraba bajito, señalándole cosas y hablando. Harry sintió que su corazón se derretía. Sabía que Fenrir amaba mucho a sus cachorros y él, ¿quién diablos necesitaba unas simples palabras?
Ferus balbuceó suavemente y Harry empezó a mecerlo, esos ojos azules se cerraron casi de inmediato. Tal vez no se trataba sobre sentirse excluido, sino que estaba cansado, corrigió sus pensamientos anteriores cuando Ferus se durmió casi de inmediato. Harry le dio un beso y lo arropó en su cuna de mantas y lo cubrió con una frazada ligera, hacía demasiado calor para usar mantas más gruesas y calurosas.
En vez de reenfocar su atención en sus gemelos idénticos, los cuales eran completamente idénticos, desde su cabello negro azabache y ojos azules hasta la pequeña marca de nacimiento en forma de elipse en el muslo izquierdo. Harry sólo podía distinguirlos debido a que su cuarto hijo era más llorón al igual que su hermano mayor, Felan. Su hijo menor era silencioso, siempre estaba en silencio y casi nunca lloraba, apenas se movía, siempre estaba acostado e incluso sus personalidades eran como el día y la noche, incluso si sus apariencias eran como imágenes frente a un espejo.
Fue hacia su hijo menor, Garvan, y suspiró cuando vio que el pequeño le fruncía el ceño a todo y a todos con su boquita haciendo un puchero. Parecía que nada lo satisfacía. Se parecía tanto a Fenrir que Harry bufó.
- Te pareces mucho a tu padre, Garvan; si no tienes cuidado vas a terminar siendo igual que él.
- ¡Escuché eso! – espetó Fenrir desde donde estaba sentado con Felan.
- ¡Qué bien! Mira este maldito ceño fruncido; podrías pensar que estuve bailando desnudo con un puto alce sobre mi espalda.
Sus compañeros de manada bufaron y lo miraron. Harry se dio la vuelta hacia ellos con una sonrisa.
- No he dormido lo suficiente. Mi cerebro no trabaja si no duermo. – Harry les hizo un puchero antes de girarse hacia Garvan cuando ellos empezaron a reírse de nuevo.
Harry había nombrado a su hijo menor por su rudo inicio con los cólicos. Garvan significaba "rudo" y con todas esas muecas y ceños fruncidos, él también era rudo, lo cual hacía sonreír a Harry. Su gemelo idéntico y hermano mayor fue llamado Lorcan, lo cual significa "fiero", también le encajaba como un guante.
Harry lo arropó, pero cuando Garvan sólo se quedó mirándolo, casi fulminándolo detrás de su pequeña frente arrugada, su boca tenía una línea severa que le recordaba a la Profesora McGonagall, Harry lo cogió de nuevo y lo acunó.
- Creo que me diste a un sociópata. – Harry se quejó a Fenrir, quien alzó la mirada apartándola de Felan y también frunció el ceño.
Harry levantó a Garvan frente a sí mismo y se rió cuando lo comparó con Fenrir. – ¡Mira! ¡Expresiones perfectamente iguales!
Jonas se paró tras él, lo comprobó y se rió en voz alta. – ¡Tiene razón, Alfa! ¡No hay forma de que no sea tuyo!
Jonas besó a Garvan y su hijo profundizó su ceño fruncido, esto hizo que Jonas se riera más fuerte.
- Vas a tener tus manos llenas con este pequeño. ¡Va saber cazar antes de que aprenda a caminar!
- ¿Tú crees? – preguntó Harry pensativamente mientras volvía a acercar a Garvan a sus brazos para acunarlo con gentileza, besó su frente y esta se relajó de modo que ya no parecía que su bebé estuviera estreñido.
- ¡Si no es así, puedes golpearme con un palo! – le dijo Jonas con una sonrisa.
- No sé qué me gusta más, – se burló Harry.
- Yo prefiero golpear Jonas con un palo, – Bryan sonreía mientras se acercaba, tirando de Jonas hacia abajo y tratando de hacerle una llave agarrando su cabeza, pero Jonas contraatacó y dejó a Bryan sentado en su trasero, Bryan tiró los tobillos de Jonas y ambos empezaron a luchar y gruñirse el uno al otro, jaloneándose y mordiendo.
- Juro que ustedes dos cada vez se parecen más a un par de animales. – Harry suspiró. – ¿También entran en celo cuando nadie los ve?
Eso hizo que Jonas se detuviera en seco, por lo que Bryan pudo asestarle un buen golpe. Se detuvo inmediatamente cuando Jonas cayó sobre su espalda y se rió, sentándose sobre Jonas.
- ¡No se supone que pierdas el enfoque cuando jugamos a las luchas, Jonas! Así es cómo se lastima la gente, – le regaño Bryan ligeramente.
- Sabes que no me gustan los hombres. – Jonas frunció el entrecejo, ignorando a Bryan y enfocándose en lo que según él era el tema más importante.
Harry sonrió. – Estaba bromeando, Jonas, – le explicó arropaba a Garvan en su cuna, su rostro ya no tenía esas líneas fruncidas ahora que estaba durmiendo. – Sé que sólo te gustan las mujeres, creo que algún tendrás una mujer que realmente te guste, siempre y cuando no sea una de mis futuras hijas, no quiero matarte por eso.
Bryan se rió y palmeó la espalda de Jonas, antes de levantarse e irse del claro, probablemente a mear o algo así.
- No me atrevería a tocar a las hijas de la pareja alfa. Me gustan mis bolas y mi polla donde están, – declaró Jonas con firmeza. – Y en este caso, también mi garganta.
- Hasta que no consigas una loba que te guste vas a tener que conformarte con tu mano y frotarte con Bryan bajo el pretexto de una lucha falsa.
- ¡Por qué…!
Harry se reía mientras huía de Jonas, siendo perseguido por todo el claro y a veces metiéndose entre los árboles. Jonas lo atrapó bastante pronto, Harry seguía recuperándose de su embarazo y el traumático nacimiento, no tenía la misma condición física que solía tener antes de quedar embarazado por segunda vez, esta vez fue una camada de trillizos, pero estaba adelgazando de nuevo, se volvía más saludable y más fuerte, lo cual sólo era un bonus, pero Jonas era un hombre fuerte y tenía buena condición física, además de que no había salido de un embarazo recientemente, ni paso por un parto y cesárea, así que atrapó a Harry con facilidad e incluso se las arregló para taclearlo tirándolo al piso aunque él recibió todo el impacto por lo que la salida no lo lastimó en absoluto.
Se empezaron a reír y Jonas lo cargó de regreso al claro, en donde encontró a Fenrir arropando a Felan con su hermano de camada, su gemelo, Ulric, quien había estado explorando la parte trasera de la cueva con Burne y ahora también estaba dormido. Ahora era mucho más estable cuando estaba de pie y podía tabalearse por ahí sin caerse tantas veces, a diferencia de Felan, quien tropezaba con cada piedra, rama y a veces con el aire.
Jonas arrojó a Harry a los brazos de Fenrir y asintió hacia su Alfa, antes de regresar con los otros machos beta y el único omega, el cual no había sido golpeado en tres meses. La tensión en la manada ya casi no existía, ellos se habían acostumbrado, estaban más calmados y todo era mejor, mucho mejor y a Harry le encantaba, ahora se sentía como un verdadero hogar y no le gustaría que fuera de ninguna otra manera, ningún otro entorno sería más perfecto para sus hijos.
- Hola. – Saludo a Fenrir con una gran sonrisa, envolviendo sus brazos alrededor de su cuello y tirando de él para picotear un beso sus labios.
- ¿Te cansaste jugando al gato y al ratón con Jonas? – gruñó Fenrir.
Harry sacudió su cabeza. – Nunca estoy demasiado cansado para tener sexo contigo, mi grande y fuerte macho alfa. – Sonrió.
- No estaba pensando en sexo, pensaba más en practicar para la siguiente temporada de reproducción. – replicó Fenrir con una sonrisa satisfecha.
Harry se rió. – Si crees que necesitas practicar, entonces definitivamente me apunto, tenemos que asegurarnos de que estás al nivel y a la altura que espero de mi macho alfa. No puedo dejar que te vuelvas viejo y débil, ¿verdad?
- Por supuesto que no, – gruñó Fenrir mientras se sentaba y lo besaba.
- ¿Qué bebé crees que nos va a interrumpir esta noche? – respondió Harry con una sonrisa.
- A partir de cómo ha estado actuando hoy día, creo que Garvan.
- Yo pienso que será Ulric, ha estado curioseando todo el día.
- Me pregunto qué tan lejos podemos llegar, – meditó Fenrir, incluso cuando su mano vagaba por todo el cuerpo de Harry, tocando su piel y hundiendo sus dedos en las curvas y llanos mientras lo acariciaba.
- Siempre y cuando no sea como ayer, ¡estaba tan cerca!
- Sentía como te apretabas a mi alrededor antes de tener tu orgasmo. – Fenrir se rió entre dientes.
- No es divertido. Nuestros propios hijos nos están causando unas bolas azules.
Fenrir lamió su cuello y chupó una marca en el punto en donde se unía el cuello y el hombro.
- Siempre podemos cedérselos a nuestros betas y escaparnos una hora.
- De verdad quieres practicar, ¿uh? – Harry se rió.
- Estoy perdiendo práctica; no te he reclamado en dos semanas completas. Eso no me sienta bien ni a mí ni a mi lobo.
Harry se rió y estaba a punto de estar de acuerdo cuando Lorcan empezó a llorar. Harry dejó salir todo el aire de sus pulmones en un profundo suspiro.
- Bueno, ambos nos equivocamos en adivinar quién nos interrumpiría, – dijo Harry malhumorado y sacó a Lorcan de su cuna de mantas. – ¿Por qué te estás quejando? – le preguntó al diminuto bebé.
Lorcan lloraba y no paró hasta que Harry lo sostuvo contra su pecho, apoyando su orejita contra su corazón, el fuerte y enérgico latido lo calmó más de lo que la voz de Harry podría hacerlo jamás. Lorcan amaba escuchar los corazones.
- Ahí va nuestra noche. – Fenrir suspiró, rascando su barbilla en la nuca de Harry.
- Yo podría vigilarlos, Alfa, – dijo Tackett suavemente.
- ¿No te importa? – preguntó Harry.
Tackett sacudió su cabeza. – Estoy seguro de que nosotros ocho podemos vigilar a estos cinco.
Harry sonrió y le entregó a Lorcan, gimió cuando fue apartado de los constantes latidos, al menos hasta que fue presionado contra el corazón y luego volvió a calmarse.
Entonces Felan vomitó y todos esos increíbles planes se fueron al desagüe con su pequeña familia. Harry lo cogió y lo calmó mientras este gritaba, Fenrir estaba en su elemento. Su elemento de mamá gallina, nerviosa y sobreprotectora.
- ¿Qué le pasa? ¿Va a estar bien? ¿Necesita un Sanador? – demando Fenrir con brusquedad.
- ¡Oh, caramba, no lo sé Fenrir! – espetó Harry. – ¿Qué tal si me dejas chequearlo primero?
Harry puso a Felan sobre su hombro, ignorando el vómito del bebé deslizándose por su espalda y pegándosele por delante. Se quitó su propia camisa y luego desvistió a Felan ya que su vómito cubría su ropa, y lo revisó.
Felan se sorbía la nariz y gemía un poco mientras Harry volvía a colocarlo contra su pecho, piel contra piel. Lo comprobó superficialmente y luego frunció el ceño, comprobando el vómito e incluso olfateándolo.
- ¡¿Quién fue el idiota que lo dejó comer pasto y unas putas hojas?! – demandó Harry enojado.
- ¿Qué? – preguntó Fenrir.
- Hay pasto y hojas en su vómito. Por eso está vomitando, ¿quién estaba vigilándolo?
- Yo lo cuidé esta mañana, – admitió Oscar. – No fuimos a ningún lugar cerca de los límites del claro, lo mantuve a él y a Ulric en el centro con sus juguetes.
- Yo lo llevé al río, – dijo Bryan. – No dejé que él y Ulric estuvieran fuera de mi vista y ninguno de ellos estuvo cerca del pasto o de hojas, dejé que Ulric arrancara una flor, pero se la quité antes de que alcanzara a hacer otra cosa.
- Yo fui el último, – dijo Fenrir con el ceño fruncido. – No creo que haya comido follaje.
- ¿Pero podría hacerlo hecho? – sugirió Harry.
Fenrir se encogió de hombros. – Tal vez, estuvo parado en mi regazo y se asomaba por mi hombro cuando le hablaba, él agarró las ramas de los árboles, pero nunca noté que estaba comiendo algo.
Harry rodó sus ojos y acunó a su hijo, quien seguía resoplando y llorando un poco antes de volver a resoplar e incluso jadeó.
- Lo sé Felan; tu papi no te mantuvo un ojo lo bastante cerca y ahora estas sufriendo por eso, – dijo Harry clavándole agujeros a Fenrir con la mirada.
- Lo siento, ¿sí? – gruñó Fenrir.
Harry lo siguió fulminando con la mirada y no respondió, se giró hacia Felan y lo acarició hasta que se quedó dormido en sus brazos.
- Yo… yo me preocupo por… ¡esos niños son míos! – siseó Fenrir para que nadie más pudiera oírlos. – Nunca haría algo para lastimarlos.
Harry suspiró ante la falta de desarrollo emocional de Fenrir, llegaba a tal punto en que ni siquiera podía decir que amaba a sus propios hijos. Hizo una nota mental para ayudar a Fenrir con eso tanto como le fuera posible, él no necesitaba las palabras, pero probablemente sus hijos sí las necesitarían, pero Fenrir había tenido una vida difícil, había sido mordido casi con salvajismo, por un hombre lobo amargado y enloquecido en un ataque que casi lo había matado y luego había sido abandonado por su familia a la edad de nueve tan pronto como descubrieron que había sido convertido en un hombre lobo. Entonces había sido aceptado en una manada, la cual lo había ayudado, pero sólo siete años después el Alfa de dicha manada lo había expulsado para que muriera. Fenrir sólo había tenido dieciséis y había peleado y luchado por todo desde ese momento hasta que se reunió con Jonas durante una luna llena, otro lobo solitario que había estado luchando por sobrevivir, ambos estaban agazapados para cazar al mismo ciervo viejo. Una comida fácil. Juntos lo derribaron y compartieron esa comida y la mañana después, cuando volvieron a sus formas humanas, Jonas siguió a Fenrir y desde entonces no lo dejaría solo. Luego vino el debacle con Voldemort y siguiendo sus órdenes se le unieron Grant, Bryan y Nick a lo largo del camino, pero Fenrir se había liberado de Voldemort y lideró a su pequeña manada a un lugar seguro, pero para ese entonces el daño ya estaba hecho, y Harry lamentaba todo el dolor que Fenrir había tenido a lo largo de su vida.
- Sé que son tuyos, sé que te preocupas por ellos y sé que los amas, – dijo Harry con suavidad. – Pero por favor mantén un ojo sobre ellos, tenemos tres bebés de un mes, y dos de un año, uno Fenrir, ellos sólo tienen un año, necesitan vigilancia y supervisión constante. Por favor, no… no puedo perderlos, – dijo, su voz se rompió y evitó su mirada tragando con sonoramente.
Fenrir se sentó y colocó una mano en la cabeza de Felan.
- Lo siento. Yo no… no quería lastimarlos, no sabía, – admitió Fenrir con amargura.
Harry suspiró. – Lo sé. He visto la forma en la que actúas con ellos, la forma en la que los miras. – Sonrió y se giró para mirar a Fenrir. – Los amas tanto, sé que nunca los lastimarías a propósito, pero eres un hombre duro, a veces las cosas que haces son inapropiadas y sé que eres mi Alfa y no puedo decirte qué hacer, pero por favor, sólo vigílalos un poco más de cerca, por favor.
- Lo haré, lo prometo, nunca… ninguno de mis cachorros ha vivido tanto tiempo como Ulric y Felan. Estoy un poco fuera de mi elemento, ¿sabes?
- ¡Yo también! – señaló Harry. – Antes de Ulric y Felan nunca había tenido cachorros, como sabes, era virgen antes de conocerte.
Fenrir sonrió antes eso, Harry resopló y rodó los ojos.
- Sí, sí, sé que estás orgulloso de ser el único al que he tenido entre mis piernas y en darme cachorros, ese no es el punto, ellos son mis primeros hijos, no sé tanto como otros, y estoy seguro que no tengo la experiencia de Jonas y él realmente ha sido invaluable, pero estoy improvisando también, igual que tú.
- Sin embargo, tú los vigilas como halcón; tal vez debería tomar una hoja de tu libro, – reflexionó Fenrir. – Me estás volviendo suave.
Le dio un empujón a Harry y Harry bufó. – Creo que eso es un beneficio de ser una pareja monógama de hombres lobo con cinco hijos, – respondió con una sonrisa.
- Pronto serán más. – Fenrir sonrió. – También tengo que nombrarlos.
Harry rodó sus ojos y se rió. – Si vuelvo a quedar embarazado en un periodo de seis meses voy a castrarte mientras duermes. No puedo atravesar ese nivel de dolor cada año, así que quizás sería mejor que esperes saltarte un año antes de empezar a desear dejarme preñado.
- Siempre y cuando no te olvides de que voy a nombrar a toda la próxima camada, – refunfuñó Fenrir.
- No voy a olvidarme, – Harry sonrió juguetonamente.
Harry volvió a ponerle la camisa a Felan y lo arropó; su segundo hijo se quedó dormido rápidamente debido a las ligeras caricias y tonos suaves de la conversación de Harry con Fenrir.
Harry inspeccionó a los cinco bebés dormidos, Ulric y Felan estaban acurrucados juntos y sus tres casi recién nacidos, Ferus, Lorcan y Garvan yacían cubiertos bajo su monton de mantas. Acomodó una esquina suelta mientras les sonreía a todos.
- Creo que ahora podemos irnos y disfrutar del resto de nuestra tarde. – Harry sonrió, poniéndose a horcajadas sobre los muslos de Fenrir y lo besó con entusiasmo.
- ¿No estás demasiado cansado? Puedo decirte cuán "mata ego" es que tu compañero se duerma durante el sexo.
- No fue durante el sexo. No realmente. – le amonestó Harry con una sonrisa avergonzada. – Tus toques eran tan agradables que sólo me quedé dormido. Estaba muy cansado en ese entonces, así que en realidad no fue mi culpa.
- ¡Te quedaste dormido cuando te estaba acariciando para prepararte PARA tener sexo! – señaló Fenrir.
Harry se rió y se acurrucó en el pecho de Fenrir, sintiendo su ardiente calor.
- Eso te enseñará a ser gentil con tus toques cuando ya estoy cansado. – Harry sonrió.
- Estaba tratando de ser cuidadoso después de cortarte el vientre y sacarte a los tres cachorros antes de volver a coserte. No quería lastimarte. Nunca querría lastimarte.
Harry no pudo contener la sonrisa en su rostro. – Fuiste muy amable; tus toques suaves me enviaron directo al mundo de los sueños.
Fenrir resopló y apartó su mirada con el ceño fruncido. Harry pensó que su puchero era adorable, pero no le diría tal cosa a su compañero de cría, no quería recibir un manotón.
- La última vez que soy amable y considerado contigo, – gruñó Fenrir.
Harry no pudo contener la risa que se escapó por su boca.
- Disfrútalo; llegado a este punto ya tengo problemas para dormir.
Fenrir lo lanzó de su regazo tirándolo al piso y Harry se rió más fuerte.
- En cualquier otra noche habría sido un cambio muy bienvenido, pero cuando estaba tan cansado, fue un poco… demasiado, – explicó Harry.
Fenrir le dio la espalada y la sonrisa de Harry se amplió. Avanzó y se aferró a la espalda de Fenrir, envolviendo sus brazos alrededor de su cuello y presionó su pecho contra la musculosa espalda de Fenrir.
- Todavía te amo, – dijo Harry, besando su mejilla barbuda antes de lamerle un oído. – Incluso si tus avances sexuales me hacen dormir.
Harry estalló en carcajadas mientras Fenrir gruñía y lo tiraba sobre su hombro hasta su regazo, pasando sus dedos por sus costados y su vientre haciéndole cosquillas sin piedad, no dejó que se escapara ni detuvo su asalto, incluso cuando Harry le rogó que lo dejara ir.
- ¡Por favor! ¡Por favor, Fenrir, lo siento! ¡No quise decir eso, lo siento! – jadeó entre risas.
- No creo que estés verdadera, verdaderamente arrepentido, – le dijo Fenrir sádicamente mientras los miembros de su manada los miraban divertidos.
- ¡Es cierto! Es verdad, lo juro. ¡Por favor, Fenrir! ¡Por favor suéltame! ¡Para! ¡Para por favor! – le rogó entre jadeos de incontrolables carcajadas y risas, rodó su cuerpo y lanzó patadas, trató inútilmente que las manos de Fenrir que lo tenían capturado dejaran de hacerle cosquillas.
Fenrir lo soltó y dejó de hacerle cosquillas, pero sus manos todavía tenían a Harry fijado en su regazo, le sonrió a su amante, a su pareja. Sintió la oleada de emoción que había llegado a asociar con Harry burbujeando en su pecho, se inclinó para besar suavemente los labios de Harry, incluso sonrió como respuesta a la sonrisa que estaba plasmada en el rostro de Harry.
Harry soltó una risita, reacomodó su cuerpo por completo hasta quedar sentado cómodamente en el regazo de Fenrir.
- Te amo, – le dijo Harry de forma tranquila.
La boca de Fenrir se abrió y gruñó. Cuanto daría por ser capaz de decirle esas palabras a Harry, pero cada vez que lo intentaba, sólo salían meros gruñidos, las palabras quedaban pegadas a su garganta y siempre volvía a tragárselas como una bola de bilis la cual le hacía sentir peor por tragársela, necesitaba dejarlo salir, pero era tan difícil pronunciar esas palabras. Sólo eran palabras, pero era la profunda y sincera emoción tras ellas lo que le hacía atragantarse antes de poder expulsarlas y era el miedo lo que le hacía tragarse esas emociones en cada ocasión.
- Está bien, – dijo Harry desde su regazo, alzando la mirada con tanto amor y cariño que su sonrisa permaneció en su rostro. – Sé que me amas, no tienes que decirlo. Me demuestras que me amas tan a menudo a lo largo de cada día que no necesito oír unas palabras que ya sé, solo asegúrate de que tus hijos sepan que también los amas, si cuidas de ellos tanto como lo haces conmigo, entonces no tengo duda de que lo sabrán, al igual que yo, que son amados y queridos por todos nosotros.
Una vez más Fenrir estaba ahogado por la emoción y no dijo nada mientras trataba de demostrar cuanto se preocupaba por Harry, no estuvo seguro de si tuvo éxito o no, pero Harry siguió sonriendo como si todo lo que necesitara era ver a Fenrir tratando de demostrarle su amor.
Parecía ridículo, estar ahí sentado con la cabeza y los hombros de Harry acunados en su regazo, mirándose a los ojos y tratando de transmitir su amor, pero de todas formas permaneció ahí sentado.
Harry levantó una mano y ahuecó su mejilla, sonriéndole antes de que se apoderara de él un gran bostezo aguando sus ojos. Fenrir resopló y apartó esas lagrimitas de esos grandes ojos verdes.
- Estás cansado, ¿verdad? ¡Lo sabía! – Fenrir le dio una sonrisa satisfecha a su pareja.
- ¡Ahora sí! – bufó Harry. – Tus cosquillas me dejaron medio muerto; sabes que revolcarme en el piso me deja cansado.
Los ojos de Fenrir se ampliaron y luego se rió. – Creo que necesitas dormir.
- Pensé que querías reclamarme, reconectarte conmigo físicamente.
- Claro que sí, – Fenrir asintió. – Pero estás demasiado cansado. Todavía estás recuperándote. El procedimiento para sacar a los cachorros fue brutal e invasivo y el daño aún persiste. Mejorarte te llevará meses y no creo que mi ego pueda soportar que te quedes dormido mientras tenemos sexo por segunda vez.
Harry suspiró y asintió. Alzó ambos brazos.
- Entonces llévame a la cama, a la cama aburrida y no a la cama en donde hacemos cosas divertidas y excitantes. – Harry suspiró. – Tal vez mañana podamos tratar de escabullirnos por una hora o tres.
Fenrir sonrió ante eso, lo tomó en brazos y lo cargó en dirección hacia sus hijos, en donde habían puesto una manta para que Harry no tuviera que dormir en el suelo en tal delicada condición. Puso su mano en su vientre y sintió el corte de la cesárea sanándose. Ya no era tan terrible, estaba relativamente sana, pero todavía lucía bastante mal cuando quitó la mano para mirarse.
- ¿Te duele de nuevo? – le preguntó Fenrir consternado.
Harry sacudió su cabeza. – No, sólo estaba pensando y mi mano fue a la cicatriz automáticamente. No me ha dolido mucho el día de hoy; ha estado bien y no me ha molestado en lo absoluto.
- Te estás volviendo más fuerte, estás sanando bien. – Fenrir asintió mientras lo acostaba y se acomodaba a su espalda en cucharita, Harry quedó frente a los gemelos y los abrazó.
- Lo sé, sólo deseo que pase más rápido. Sé que sano más rápido que un humano, pero aun así no puedo ayudar. Desearía que se diera prisa.
Harry le sonrió a Fenrir sobre su hombro, quien resopló y se inclinó para darle un beso.
- Deja de hablar y duerme un poco. Quiero que descanses para mañana.
Harry se rió. – Seguro que sí, pero primero tienes que asegurarte de que los bebés no nos necesiten.
- Los betas pueden cuidarlos por una hora. Siento la necesidad de reclamarte y eso no va a desaparecer hasta que te reclame otra vez.
- ¿Es parte de estar apareados? – preguntó Harry mientras rodaba sobre su espalda para mirar a Fenrir sin el doloroso torticolis en su cuello.
Fenrir asintió. – La necesidad física hacia nuestras parejas.
- Nunca antes lo había sentido. – Harry frunció el ceño.
- Nunca antes habíamos pasado tanto tiempo sin tener sexo, – señaló Fenrir con una sonrisa lasciva.
Harry rodó sus ojos y le dio la espalda, acurrucándose con sus hijos y Fenrir volvió a acomodarse contra su espalda.
Harry les dio una última mirada a sus tres hijos de un mes y se relajó con un suspiro cuando se dio cuenta de que todos dormían pacíficamente, sus gemelos dormían entre sus brazos y los de Fenrir estaban envueltos a su alrededor.
Habían sido un par de meses alocados, habían perdido a miembros de su manada y habían ganado otros tres nuevos. Harry esbozó una agridulce sonrisa mientras se acurrucaba con su familia, sintiendo a los machos beta acomodándose a su alrededor. Deseaba que no hubiesen perdido miembros de la manada, por supuesto, pero eso había sucedido y era tiempo de seguir adelante, tuvieron que pasar por eso para que su manada sobreviviera. La manada cuidaba de la manada y ellos habían ayudado a Tackett día a día, él estaba mejorando gracias a su amor, apoyo y cuidado. Le habían ayudado y ya estaba mejor, ahora, meses después todos se encontraban mejor y con la adición de Ferus, Lorcan y Garvan, una vez más había risas en la manada, así como lágrimas, llantos, vómitos de bebé, mocos y muy, muy malos olores, pero Harry no lo cambiaría por nada.
Se quedó dormido con una sonrisa en su rostro, rodeado por su familia y el conocimiento de que los dejarían solos, los dejarían en paz ahora que ya nadie estaba cazándolo, o a su amante. Finalmente había paz en la manada, la familia que amaba y ahora nadie podría quitársela. Se durmió tranquila y pacíficamente sin pesadillas o las visitas de Voldemort, con el conocimiento de que ya nadie los cazaría ahora que él y Fenrir habían sido declarados muertos.
Murmurando entre sueños, Harry se retorció un poco entre sus brazos. Fenrir sonrió y besó la nuca de Harry con dulzura, se acostó y apretó a Harry por la cintura para acercarlo mientras se acomodaba para dormir bajo esa noche de verano. Se preocupaba mucho por su familia y haría cualquier cosa por Harry y por sus hijos. Haría todo y nada para protegerlos, nadie los lastimaría, o trataría de lastimarlos mientras aún entrara aire en sus pulmones, no lo permitiría. Jamás.
Perdón por la demora a todos los que estuvieron esperando el capítulo el 5 de Septiembre, no recordaba que fuera taaan largo. Luego de eso sólo queda el epílogo y por fin se acaba esta historia para todos los que la disfrutaron. Nos leemos en el siguiente cap.
