DESEOS DEL CORAZÓN

(Desires of the Heart)

Por Zapenstap

Traducido por Inuhanya

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Capítulo 10 - Después de la Presentación

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Relena pensaba en Heero mientras miraba su reflejo en el espejo. Se veía ridícula. Su cabello estaba recogido en rizadores calientes y sujetados en su cabeza, trozos de papel se extendían detrás de sus orejas donde estaban los rollos de lo contrario serían muy calienten contra su piel. Suspiró, previendo el resultado final que valdría todo este problema. Su apariencia no solía preocuparle mucho, pero ahora que había alguien especial para quien arreglarse, se preguntaba si era bonita y cómo podría hacerse más bonita. No era que pensara que lo más importante en una mujer fuera su belleza, en lo absoluto, pero la sociedad sugería fuertemente que lo atractivo era una ventaja, y por qué no utilizar una ventaja si podías?

Además, Heero iba a sacarla esta noche, en público, donde personas importantes probablemente la reconocerían, y quería lucir lo mejor. Ayer fue a una tienda de maquillaje y compró maquillaje costoso que usualmente no usaba. Su rostro siempre era maquillado antes de salir al aire, por supuesto, pero eso era hecho por embellecedores. Recientemente había estado prestándole atención a cómo lo hacían. Aunque no era lo sofisticada suficiente para aprender todos sus trucos, y no lo glamorosa suficiente para gastar su dinero en diferentes pinceles y sombras y tonos y colores, escogió lo que pensó que podía hacer por sí misma.

Ahora era momento para una prueba.

Comenzó con un limpiador, removiendo todo el sucio y el sudor y algo más que pudiese estar tapando sus poros. Luego aplicó corrector, cubriendo sus pocos defectos con una barra de pasta del mismo tono que su piel. Relena también usó un poco de corrector bajo sus ojos. Algunas veces tenía sombras por la falta de sueño, y el corrector las escondía. Eso sólo era un dramático arreglo, y porque Relena tenía una buena complexión era afortunada de no tener que usarlo con frecuencia en otro lugar. Ese sólo fue el primer paso. El resto del maquillaje, descubrió Relena, venía de todo tipo. Había bases, bases en crema, bases líquidas, polvos, polvos sueltos, polvos compactos y polvos líquidos en uno. Lo único que sabía de seguro era que la que sea que usaras, era mejor que no fuera algo que hiciera ver tu rostro naranja. Lo más importante era comprar el tono correcto, aún si tuvieras que gastar un poco, pero mejor era cuidar de tu rostro para que no lo necesitaras. Personalmente a Relena no le gustaba el maquillaje facial. No le importaba usarlo cuando estaba ante las cámaras porque atenuaba las imperfecciones y quitaba el brillo en su cara que resultaba de las luces del estudio, pero usarlo era mucho trabajo para ella. Había tratado de aplicarlo, pero aún usando esponjas, el experimento resultó en líneas y grumos de polvo y rajas que hacía muy obvio que estaba usando mucho maquillaje. Cuando los maquilladores lo hacían, lucía genial, pero Relena decidió dejarlo sólo para uso personal. El corrector era suficiente para los peores días, y si su rostro brillaba, tenía un poco de polvo que prefería no usar.

Relena trabajó en sus ojos después. Porque era muy difícil para ella, primero aplicó delineador. Sólo usaba delineador si iba a algún lado en la noche porque el resultado siempre la asustaba. La elección de delineador de Relena fue líquido negro y aún cuando lo aplicó correctamente las líneas negras alrededor de sus ojos la hacían ver un poco más maquillada de lo que quería. Pero en combinación con la sombra, también hacía ver sus ojos luminosos y misteriosos. Aplicarlo fue difícil. Se acercó al espejo de su tocador, balanceándose en su codo, y haló ligeramente la esquina de su ojo con su dedo angular. Luego, usando su otra mano, pintó la línea justo sobre sus pestañas con el pequeño pincel. Tuvo que quedarse completamente quieta durante el proceso, pintando esa delgada línea rápida y eficientemente. Si lo arruinaba, podría corregirlo algunas veces, pero más probablemente tendría que comenzar. Cuando terminó con ambos ojos, fue cuidadosa de no parpadear mientras se secaba, y en vez fue a trabajar bajo su ojo usando la misma técnica. Sin embargo, bajo su ojo sólo pintó desde la mitad hacia afuera. De lo contrario, se vería como un mapache. Mientras esperaba a que se secara el delineador, ajustó uno de los rizadores en su cabello. Se estaban enfriando agradablemente, pero no quería que se enfriaran completamente porque quedaría muy ensortijado.

Heero iba a llevarla a una ópera esta noche. Relena había estado en óperas antes con su madre, pero Heero nunca había estado en una. Aún, cuando expresó interés aceptó llevarla. Ella le advirtió que era costoso, cantada en alemán, religioso y que podría no gustarle, pero le dijo que iba a llevarla y ese era el final de la conversación. Iban a ver Fausto, la versión de Goethe, y Relena prometió que había subtítulos así que podrían entender las palabras tan bien como sentir la acción a través de la música. Ella llamó al teatro sólo para estar segura.

Cuando el delineador estuvo listo, Relena aplicó una sombra de ojos base que era cercana a un color crema con un poco de plata. La aplicó sobre todo el párpado y hacia su ceja. Después, usando un pincel, aplicó una sombra dorada brillante sobre su párpado. Al aplicar la sombra oscureció el efecto del delineador, para su satisfacción, e hizo una diferencia inmediata en su rostro. Luego, aplicó un color rosa oscuro en el pliegue del ojo, el cual trajo la combinación a la vida. Sólo fue un poco, suficiente para acentuar el efecto que quería, pero sonrió con satisfacción mientras se sentaba. Después de la sombra, vino la pestañina, la cual sólo tomó un poco de paciencia y mano estable para aplicar, pero hizo ver sus pestañas como si hubiesen crecido un centímetro. Las pestañas de abajo eran un poco más difíciles, pero viéndolas alargarse valió el sudor. De nuevo, fue cuidadosa de no parpadear, pero en vez, miró su reflejo, sonriendo para sí. Sus ojos eran luminosos, y encantadores, sin exagerar. Pensó divertida que sus ojos nunca serían tan bonitos como los de Heero, pero en tanto como no le dijera eso probablemente estaría bien.

Después de los ojos y rostro, el resto fue fácil. Relena usó delineador de labios en sus labios para hacerlos ver más llenos, luego los pintó con un labial rosa que trajo un poco de color a su rostro pero aún la hacía ver natural e inocente. Dobló su sombra rosa por rubor, contenta del poco de brillo que le puso a sus mejillas. Sólo usó un pequeño toque, un poco de rosa oscuro frotado vigorosamente para darle a sus mejillas una apariencia sonrojada y saludable nada cercana a lo payaso. El toque final fue un suave brillo sobre sus labios. Usó el saborizado que a Heero tanto le gustaba porque sabía a azúcar. Lo usaba cada vez que lo veía desde que le había dicho eso.

Cuando su maquillaje estuvo terminado, Relena procedió a retirar sus rollos de su cabello. Eran los largos, usados para hacer ondas, aunque tendía a usar una plancha caliente para los pequeños mechones alrededor de su rostro. Mientras bajaba los rollos, su cabello cayó sobre sus hombros poco a poco. Estaban un poco enroscados en algunos lugares, pero eso sólo podría arreglarse con una plancha. El resultado final fue una abundancia de rizos alrededor de sus hombros, botando y ondeando cuando giraba su cabeza. La mitad la reunió en la cima de su cabeza, retorciéndola y sujetándola con pinzas hasta que una coronilla de rizos bordearan su cabeza y el resto su rostro. Fijó todo con spray, lo aplicó libremente y luego miró el espejo para evaluar lo linda que podría ser si se lo propusiera. Dos horas de preparación, incluyendo el baño. Nada mal.

El vestido era el siguiente.

Estaba colgando en la puerta de su clóset, cubierto en una bolsa plástica, la seda turquesa brillaba mientras atrapaba la luz de las lámparas en su habitación. Relena lo desempacó con cuidado, pensando en mantener intacta la bolsa para guardarlo después, y removió el vestido. Estaba vestida sólo en su ropa interior y panty medias y había sido por horas. Usaba medias para evitar que la seda se pegara a sus piernas cuando caminaba. Afortunadamente, este vestido podía ponérselo por sus caderas así no dañaría sus rizos. De lo contrario tendría que haber hecho su rostro y cabeza mientras usaba la seda. Se puso el vestido sin problema y se giró para asegurarse que el cruce en la espalda no se enredara. No lo hizo. Las delgadas tiras estaban bien también, arqueándose delicadamente sobre sus hombros para conectar un cuerpo levemente arqueado con la espalda. La seda caía fluidamente sobre sus caderas y en tanto como caminara con la espalda recta y mantuviera su vientre apretado, tenía un efecto muy elegante y estilizado.

Sus zapatos eran plateados, un sutil brillo que cubría sus pies y creaba la ilusión de piernas alargadas. Sus joyería también era plateada, incrustada con turquesas reales de brillante tono. Sus aretes colgaban, tres piedras en círculo. Su collar era una gargantilla con una turquesa gigante descansando en la hendidura de su garganta. Lo tocó con sus dedos, y sonrió. Sus uñas estaban arregladas, pintadas y manicuradas. Todo estaba hecho.

El timbre sonó exactamente a las siete. La ópera comenzaba a las ocho, pero era un corto camino al teatro, parquear podría ser difícil y siempre era mejor llegar ahí temprano. Relena descendió las escaleras con su bolsa en su muñeca, y respondió la puerta elegantemente.

Heero estaba muy vestido. Ella le había dicho que sería un evento elegante, una razón por la que algunas personas iban a la ópera, aunque no todos se vestían esos días. Pero Heero se había vestido ante su petición, y porque sabía que ella quería vestirse bien. Usaba un esmoquin, elegante y nada estaba fuera de lugar en él. Heero podía ajustarse al lugar y verse bien en todo. Podía verse bien en todo. Lo había visto hacerlo cientos de veces.

Él le ofreció su brazo. Ella cerró su puerta y la aseguró, luego tomó su brazo con una sonrisa. Cuando no la halagó por su apariencia, se preguntó si era porque estaba esperando un mejor momento, si no estaba así de atractiva o si no consideraba hacer tal cosa. No quería, pero en el viaje hacia el teatro se preocupó por eso, jugando con la seda en sus piernas, sintiéndose menos y menos confiada en cada faro de luz en el que paraban. Sabía que las apariencias no eran realmente importantes, pero había gastado tanto tiempo en su vestido, su cabello y maquillaje, habilidades en las que no era buena, que no podía evitar sentirse un poco burlada. Había tomado un poco más de coraje y confianza de la que solía ejercitar en temas diarios. Había alcanzado sus límites por él, todo para verse hermosa para él. Y él no decía nada.

"Qué pasa?" preguntó cuando casi estuvieron ahí.

"Oh, nada," dijo ella. Qué tonto, quejarse de que no la había halagado por su apariencia. Ella intentó sonreír. No era nada por qué molestarse.

Sus ojos se fruncieron. "Qué te molesta?"

Él podía decir que estaba molesta aún cuando intentara esconderlo. La hacía sentir extrañamente cálida. Bueno, ella podría terminar con eso o pasar el resto de la noche preocupada. "Cómo me veo?" preguntó, intentando parecer casual mientras bajaba el espejo. Ahora se sentía como si estuviera pescando cumplidos y eso no era lo que quería del todo.

"Siempre luces hermosa," le dijo él puntualmente. "No tienes que vestirte toda y hacer tu cabello y usar maquillaje. La naturalidad es muy bonita, así como lo eres tú. No tienes que gastar dinero en trucos que no necesitas."

Ella se tensó, sus emociones mezcladas en una masa de confusión. Seguramente ese era un cumplido. Pero estaba diciendo que todo ese trabajo fue por nada? Estaba diciendo que no lucía más encantadora ahora que cuando salía de la cama en la mañana, o de la otra forma? Realmente la había mirado, o siempre se la imaginaba de la misma manera? Decidió tomarlo como un cumplido, desde que era como lo había querido decir, y porque había usado la palabra hermosa, pero el vestido y el cabello y el maquillaje que había sido divertido de escoger y aplicar con él en mente ahora parecía un desperdicio. Emociones mezcladas. Por supuesto, si se quejaba él haría lo típico masculino sobre no poder hacer nada bien. Ella no quería eso. Quería ser graciosa, y era Heero después de todo, así que podría permitir un poco de indulgencia en su incomprensión sobre asuntos sociales. Él le había dicho que era hermosa. Eso era lo que quería, verdad?

"Realmente eso era todo?" le preguntó Heero.

Ahora se sentía estúpida.

"Sobre qué es esta ópera?" le preguntó Heero.

Ella agradeció la distracción y alcanzó en su bolsa por el panfleto que había sido enviado con sus boletos. Girándolo, resumió lo que leyó en la parte de atrás. "Es sobre un hombre llamado Fausto que hace un pacto con Mefistófeles… uh, ese es el demonio, creo, para tener una vida llena de riquezas y tesoros a cambio de su alma. Fausto conoce a Margarita, inmediatamente se enamora de ella, y demanda que Mefistófeles lo ayude a seducirla. Margarita olvida sus escrúpulos morales por amor a Fausto y usa un somnífero que Fausto le da para que se lo eche en la bebida para dormir de su madre para que ella y Fausto puedan encontrarse en secreto en la casa de su madre. Cuando el hermano de Margarita, Valentino descubre el romance, acusa a Fausto de arruinar a su inocente hermana y lo reta a un duelo. Fausto mata a Valentino y luego él y Margarita son forzados a huir al pueblo…"

"Vas a contarme toda la historia?" le preguntó Heero.

"No si no quieres," dijo Relena, algún leyendo para su propio beneficio. "Ayuda algunas veces, porque la historia puede ser difícil de seguir. Puedes querer prestarle más atención a la música. El escenario y los disfraces siempre son realmente hermosos."

"La trama suena muy antigua."

"Bueno, lo es," rió ella. "Fue escrita en 1800. Pero se supone que es una buena ópera. Todas las tramas de óperas son muy simplistas. La historia es narrada a través de la música, y se supone que sea más un ejercicio emocional que mental."

"Hmm. En cuántas has estado?"

Relena giró su muñeca para mirar la hora. "Mi padre solía llevarme cada año desde que tenía la edad suficiente para disfrutarla," dijo ella con un suspiro. "Desde que murió… no sé. No he querido ir sola."

Heero no dijo nada.

Ellos parquearon el auto en el parqueadero subterráneo en silencio y subieron hacia el teatro. Relena aún sostenía el brazo de Heero, sus dedos levemente tocaban su muñeca. Sus boletos fueron recibidos en la entrada. No tenían asientos en balcón, parcialmente porque Heero estaba pagando y parcialmente porque Relena no quería etiquetarlos como invitados importantes.

Heero se sentó en silencio durante el primer acto, con sus brazos cruzados y sus ojos fijos en el escenario. Relena descansaba en su silla, observándolo ocasionalmente y preguntándose qué estaba pensando, pero muy encantada con los colores, la orquesta, las voces de los cantantes para preocuparse por eso. Le maravillaba que tal sonido y canto fuera posible. Aún si hubiese sido en un idioma que conociera, no habría sido capaz de entender las palabras, pero las palabras no eran lo que importaba. La acción del escenario era tributaria a la música. Era la música la que contaba la historia, aunque los subtítulos y el resumen en un panfleto ciertamente ayudaron.

Durante el intermedio, Heero se quedó en el teatro, en silencio, mientras Relena visitaba un tocador del tamaño de una casa de baño. Luego pasó por el lobby superior. Inevitablemente se topó con personas que conocía.

"Señorita Darlian, qué placer verla en la ópera esta noche."

"Vice Ministra de Relaciones Exteriores, qué la trae al teatro?"

"Lady Relena, si hubiésemos sabido que tenía boletos."

Había políticos y debutantes, profesores de la escuela y gente ordinaria que disfrutaban de las producciones musicales. Se mantuvo ocupada saludándolos a todos hasta que las luces parpadearon, alertándolos que era hora de regresar al teatro, se giró para ver a Heero en las sombras. Estaba estrechando manos con el Sr. Greenwich, dueño y colaborador financiero de muchas de sus causas, cuando lo vio. Heero tenía sus brazos cruzados, observándola con esos ojos intensos mientras se inclinaba contra la pared. Ella le sonrió, y lo invitó con su mano libre para que pudiera presentarlo, pero para entonces era tiempo de regresar adentro. No terriblemente decepcionada, le agradeció al Sr. Greenwich por su patrocinio y en vez se le unió a Heero para sentarse por el resto del espectáculo.

"Te gusta, Heero?"

"Hm."

Las luces se apagaron, las cortinas se levantaron y la música comenzó.

Después de la producción, Heero se inclinó y besó a Relena en el cuello. "Nunca te abandonaría en prisión," susurró él. Su beso y aliento fue seductor. Relena tembló, cerrando sus ojos. Recordó lo que Heero le había pedido la última vez que había estado en su casa. Quedarse, pasar la noche. Imaginó cómo se sentiría tener a Heero abrazándola en la oscuridad, tenerlo cerca, capaz de tocarla… Se sintió cálida, y sus ojos se mantuvieron moviéndose para mirar al hombre a su lado. Se preguntó qué estaba pensando.

No estuvieron en el camino otra vez hasta las 10:30.

"Entonces Fausto se fue al infierno?" le preguntó Heero mientras se detenían en el siguiente semáforo. "Eso fue un poco confuso. No se fue a rescatar a Margarita en prisión? Por qué estaba en prisión? Se mantenía hablando de un bebé."

Relena arrugó su ceño y hojeó en su panfleto. "Margarita fue acusada de asesinar a su bebé ilegítimo, uno que tuvo con Fausto, supongo, y también a su madre. Supongo que la droga para dormir que Fausto le dio para darle a su madre era un veneno. Cuando Fausto descubrió el destino de Margarita, maldijo a Mefistófeles y luego pidió su ayuda para rescatarla." Relena volteó el panfleto. "En prisión, Margarita lamenta su destino, y luego escucha a Fausto llamándola. Le renueva su amor a Fausto, pero se horroriza de Mefistófeles y se rehúsa a ir con ellos. Entonces admite hacer lo incorrecto y le pide a dios salvarla. Cuando Mefistófeles pronuncia la condena de Margarita, los ángeles pronuncian su salvación."

"Y qué le pasa a Fausto?"

Relena frunció. "Bueno, vendió su alma y trató de hacer que el demonio corrigiera las cosas. Estaba infeliz de cómo resultaron las cosas, pero no estoy segura si admitió alguna culpa. Creo que se fue con Mefistófeles al final."

"Eso parece injusto."

"Creo que hay otras versiones de la historia," dijo Relena indefensa. "Fausto fue una persona real, pero históricamente creo que sólo era una especie de filósofo radical del que sospechaba la gente. La historia sobre él se supone que sea dramática y moralmente educativa."

"Supongo que eso tiene sentido."

"Te gustó, Heero?"

"Fue muy larga," dijo él. "Me gustó la música y la historia fue más interesante de lo que pensé, pero no creo en ninguna de esas cosas como el pecado y el demonio y estar condenado por llevar una plácida vida o ser salvado por admitir que eres una mala persona. Todas esas cosas."

"Sí, lo sé," dijo ella. "Crecí con fuertes principios cristianos, supongo, así que tal vez tenga más sentido para mi." Ella se encogió. "Vas a llevarme a casa?"

"Sólo si quieres ir a casa."

"Bueno…" ella pausó.

"Quieres venir?" preguntó él. La miró por el rabillo de su ojo cuando lo dijo, y ella vio acelerarse el pulso en su garganta. "Podrías quedarte."

Ahí estaba otra vez, la misma pregunta. Él también debe haberlo estado pensando. "Heero," dijo ella. "No tengo nada para usar, y…"

"Puedes usar algo de mi ropa," dijo él. "Tengo camisetas y shorts que te quedarán. Y un saco de sudadera si sientes frío."

"Yo…" su corazón se agitó, como alas de mariposas palpitando en su dirección, delicadamente. Quería. Oh dios, quería ir a donde Heero y pasar la noche. Quería sentir lo que era tener sus brazos envolviéndola, lo que era sentirse junto a él en la cama. Sólo… que lo que le había dicho a Heero era verdad. Había crecido con morales estrictas y lo que Heero estaba sugiriendo parecía tan confuso. Temía pedir clarificación, miedo de asustarlo también con muchas demandas, o pedir algo de él que fuese falso. Aún, quería quedarse. Sólo… "Qué es nuestra relación, Heero?"

Guardó silencio. "No lo sé."

"No somos amigos."

"No."

"Estás viendo a otras chicas?"

"No."

Ella mordió su labio inferior, mirando por la ventana mientras pasaban los autos. "Quieres… continuar viéndome?"

"Sí," dijo él, tan resuelto que su corazón palpitó.

"Entonces… por qué no puedo ser tu novia? O…" Sus mejillas se enrojecieron, su cara estaba caliente. "No sé si me sentiría cómoda quedándome y usando tu ropa y… no sé. Tal vez no es gran cosa, pero me gustaría saber dónde estoy parada?"

"Novia?" Él dijo la palabra tranquilamente, con sorpresa, y no dijo nada más, pero ella podía decir que estaba perturbado por eso. Condujo con mucha intensidad, ambas manos en el volante, leyendo cada señal en la oscuridad, observando las líneas en el camino, mirando los otros autos. "No sé si estoy listo para eso," dijo él después de un minuto. "Es… no eres tú, Relena. Realmente me gustas. Es sólo…"

"De acuerdo," dijo ella, comprendiendo inmediatamente, o intentándolo. "Realmente no quise presionar, Heero. Estoy confundida. Y… también me gustas de verdad."

Él asintió. Estaba pensando duro. Podía verlo en su cara.

"Estaría feliz de ir a quedarme," dijo ella. Sentía que se lo debía.

Cuando llegaron a la casa de Heero, le ofreció algo de beber y luego subió para encontrarle algo para usar además de seda, medias y zapatos de tacón. Regresó con lo que había descrito exactamente en el auto: shorts, una camiseta y un suéter muy grande para ella. Se cambió en el baño, soltó su cabello y lavó su rostro usando cualquier jabón que Heero tuviera en su mesón. Cuando su rostro quedó limpio y rojo del fuerte jabón y la áspera toalla, entró a la cocina sintiéndose decididamente extraña en shorts y una camiseta blanca. Heero le sonrió. No se sentía atractiva, pero a él pareció gustarle verla usando su ropa y le indicó que se sentara con él en el sofá. Ese sofá se estaba volviendo muy familiar.

Cuando se acercó la haló en su regazo, acomodándola por sus rodillas y alcanzando para retirar sus rizos - ahora cayendo sueltos - y besó su rostro. El roce de sus labios la quemaba y sintió a su estómago dar un salto mientras una línea de deseo la atravesaba. No se había dado cuenta de cuánto lo había querido tener a solas. Sonriendo, ella envolvió sus brazos alrededor de sus hombros y empujó su cuerpo contra el suyo, acariciando su nuca con su mano y frotando su cabello. Besó su quijada y luego su cuello, cerrando sus ojos mientras el calor entre ellos parecía reunir energía, una del otro, llameando más brillante y más caliente con cada caricia. Cuando murmuró algo sin sentido, él sujetó sus piernas por debajo de la rodilla y se movió de repente, su otro brazo se escabulló detrás de sus hombros mientras la acostaba en el sofá y gentilmente caía sobre ella.

"Relena…" susurró él acalorado.

Sus manos retiraron el cabello de su rostro, quitando el fijador mientras la besaba. Ella mantuvo sus ojos abiertos al principio, mirando su rostro, respirando fuerte, y luego se rindió cuando sintió su lengua pedir entrada en su boca. Estaba consciente de lo íntimos que estaban posicionados, pero nada en su cuerpo protestó ante la proximidad. Sin duda, se sentía maravilloso. Chispas dentro de ella estaban encendiéndose y destellando. Quería más de él. Él besó su cuello, sus manos aún acariciaban su cabello, sujetando su cabeza, acariciando sus hombros. Quedó en un poco de shock de que quisiera que se moviera sobre ella, para imitar el sexo, o incluso desvestirse de su ropa y en realidad…

Ella empujó de sus hombros, un poco asustada. A él le tomó un tiempo captar la idea. Sus ojos estaban llenos con lujuria, nublados con un deseo que ella nunca antes había visto en los ojos de un hombre. La llenó con un sonrojo que la hizo pensar en tonos de rojo y rosa, cálidos, suaves y encantadores, pero él se retiró de ella, aunque sostuvo su mano.

Casi quiso irse a casa por impulso, pero al ver sus ojos, sintió que no podía pedirle eso. Ya se había cambiado de ropa, después de todo, y todo lo que él quería era que se quedara a dormir. La llevaría a casa temprano en la mañana. Además, su cuerpo ardía por él, pulsaba por él. Era tan fuerte que se sintió un poco mareada, casi como si estuviera inundada de alcohol.

"Si voy a dormir aquí," dijo ella, y tragó. "Si lo hago, no podemos…"

Él se inclinó para besar su mejilla. "Lo sé," dijo él, y ella sintió sus largas y espesas pestañas cosquillear su rostro mientras la besaba por su quijada, tomando gentilmente su mentón en su mano. "No te preocupes. Puedo controlarme. No es…" Él trazó su otra mano sobre su estómago y se estremeció, pero luego sonrió. Le gustaba sentirse así. Le gustaba la mirada que había visto en sus ojos cuando la miraba, esa sexy y excitada mirada. Ahora estaba mirando su estómago, su mano suspendida sobre una porción de piel descubierta donde su camiseta se había levantado. Ella miró su rostro y se asombró de ver lo encantado que estaba, de cuán atrapados a su cuerpo parecían estar sus ojos. Realmente nunca había podido imaginar a Heero así, cautivado por tales necesidades biológicas, pero era un chico, ahora mayor, deseando, y ella estaba aquí, sintiendo lo mismo en formas que nunca estuvo segura que sentiría. "No es un problema," terminó él.

Ella le creyó porque siempre lo hacía.

Sus manos se deslizaron bajo su camiseta y ella hizo una mueca, respirando profundamente. No fue a ningún lado. Sólo tocó su estómago con sus palmas, y la rodeó por su espalda. Pero oh, qué fácil sería alcanzar sus hombros y retirar su camiseta, o rodear el frente donde sus senos ya estaban cerca a él. Sus manos permanecieron bajas, acariciando su piel en áreas que no eran más un límite, no desde que ella no protestó, pero la cabeza de Relena estaba nadando en un estado de necesidad física. Gruñendo más agresiva, lo besó, bajándolo para tomar sus labios y renovar su juego de decidir cuál lengua habitaría la boca de quien. Antes de estar segura de lo que estaba haciendo, ella había reversado su anterior posición. Sujetándola con una sonrisa, Heero los deslizó en el sofá para que se encararan mutuamente. Relena estaba acurrucada en el abrazo de Heero, sus manos bajo su cabeza como si estuviera rezando en su sueño. Las de él estaban alrededor de su cintura, aún en su piel desnuda, acariciándola suavemente.

"Fue difícil no poder tocarte en la ópera," susurró él.

"Por qué no podías tocarme?" preguntó ella, tan cómoda, tan… despierta.

"Muchas personas importantes observaban, personas con las que trabajas."

Ella guardó silencio un momento, reflexionando en eso. Eso fue por qué había esperado para besarla cuando salió del avión el otro día? Heero estaba siendo consciente. Ella sonrió en su pecho.

"Heero," susurró ella. "Tengo frío."

No tenía realmente frío.

Él alcanzó y bajó la cobija que colgaba sobre el espaldar del sofá. La acomodó sobre ambos. Ahora que estaban bajo las cobijas, Relena se relajó, recostando su cabeza en el brazo de Heero, su rostro hacia su pecho, y cerró sus ojos. Él la mantuvo cerca, acariciándola, y ella se concentró en dejar ir sus temores y quedar dormida.

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Continuará…