CAPITULO 10
— ¿Cómo que mi padre está por entrar aquí? —le preguntó Terry alarmado
— Porque eso es exactamente lo que hará cuando no regrese pronto, está allá afuera. —dijo desesperado— Tienes que salir de aquí —volteó a ver alrededor de la oficina de Joe. Demonios, no había ninguna ventana lo suficientemente grande para que Terry saltara.
— Creí que le dirías algo para que se largara de aquí
— Y eso es lo que estaba haciendo… hasta que la señora Whitman comenzó a formular hipótesis sobre tu paradero.
— Te oí decirle que me encontraba en el pueblo vecino
— Demonios Terry; que importa ahora que le dije a tu padre, o porque terminó creyendo que estabas aquí con Joe. Lo que importa es que no creo que se marche de aquí hasta hablar con Joe, y si no nos damos prisa… lo hará en esta misma oficina, estando tú aquí
Joe los observaba discutir sobre un asunto no del todo claro. El padre de Terry, una mentira sobre su paradero, la urgencia del muchacho por el dinero obtenido por su trabajo. No tenía todos los detalles, era obvio que algo se le escapaba; pero entendía lo más importante. Terry había huido de la supervisión de su padre. Y entonces, solo hasta entonces, recordó exactamente porque Terry le parecía tan familiar
— Eres Terruce Grandchester, el hijo de Richard.
Terry volteó a ver a Joe inmediatamente. Había estado perdiendo valiosos segundos discutiendo con Matt sobre el por que de la presencia de su padre en el lugar, que había olvidado momentáneamente a Joe.
— ¿Conoce a mi padre?
— Oh, conozco al Duque perfectamente bien. —sonrió Joe
— ¿Duque? —preguntó Matt
— Y a ti, también te conozco. Solo que no te había visto hace muchos años.
— ¿Me conoce a mí? —no debería estar preguntando, no tenía tiempo, pero quería saber— ¿Cómo?
— Trabajé para la casa Grandchester muchos años, antes de retirarme y regresar al pueblo que me vio nacer. Mi hermano ya no podía hacerse cargo del negocio de nuestro padre y yo siempre quise volver; le presenté la renuncia a tu padre y volví a acá. —miró alrededor
— ¿Eres el hijo de un Duque?
— No es importante —gruñó Terry.
— ¿Cómo que no es importante? —preguntó incrédulo— Tu familia debe tener mucho dinero, no deberías estar trabajando aquí; viviendo en mi casa. ¿Por qué te fuiste?
— No importa —repitió entre dientes— Además, yo no tengo familia. Solo tengo a Candy, y no dejaré que mi padre me separe de ella. Tienes que ayudarme a esconderme, Joe. No puedo regresar con él. No permitiría que esté con Candy, y ella es la única que me importa. No tengo a nadie más que a ella —repitió desesperado
— Pero eres el hijo del Duque —repitió Matt— Tu padre te está buscando. —no lo entendía, si él tuviera lo que Terry tenía, lo aprovecharía— ¿Eres el heredero? —preguntó cuando la idea se le cruzó por la mente
— No, el bastardo —ironizó— ¡Ayúdame Joe! Por favor, ayúdame
Joe conocía parte de la historia de la vida de Terry. Aún no comprendía porque había olvidado su rostro. Lo recordaba perfectamente de niño, tan solitario y triste. Aún tenía cierta melancolía al mirar cuando estaba solo, lo había observado; pero ahora, se le veía con un brillo que no existía antes. Tenía una idea de quien era la causante de ese cambio. Una joven rubia con la cara pecosa, y sonrisa deslumbrante. La había visto, unas tardes atrás, cuando pasaba por la casa de los Adams, y aunque no había hablado con ella; algo en su semblante le hizo pensar que era una joven simpática de buenos sentimientos.
Tal vez no fuera lo más responsable, pero ayudaría al joven Grandchester a continuar con su camino. Le proporcionaría la cantidad suficiente para que continuara su camino con la responsable de tal cambio en su mirada.
— Por favor…
Se oyeron pasos. Un caminar decidido que se dirigía a la oficina de Joe.
— Métete en el armario —señaló un mueble de madera maciza que le servía como pequeña bodega— Veré que puedo hacer para ayudarte
Antes que pudiera agradecerle como se debía, Matt lo empujó hacia el lugar, abrió la puerta y escondió a Terry entre palos de escoba y botellas de vidrio vacías.
Unos golpes fuertes en la puerta entreabierta
— Adelante
Con un semblante serio Richard Grandchester entró en la habitación, su mirada vagó por el lugar hasta toparse con los ojos cansados de Joe Reynolds. Su expresión se suavizó un poco, solo lo necesario
— Buenas tardes, Duque de Grandchester
— Joe —asintió levemente, solo lo que le permitía su título— Veo que no me has olvidado
— Una persona no puede olvidar a un hombre que conoció desde niño, Duque.
Si bien, era mayor que Richard, no lo era demasiado. Cuando lo conoció varios años atrás, ambos eran muy jóvenes, y Joe había sido contratado como mozo de cuadra para el purasangre del heredero Grandchester. Joe era un adolescente de familia trabajadora, y Richard un niño de 7 años; que vestía elegantemente y se comportaba como una persona mucho más grande de lo que en verdad era.
— Entiendo —silenció— No tenía idea que te dedicaras a atender en una taberna
— Oh, bueno… es algo que no tenía planeado. Pero que disfruto enormemente —sonrió— Es sin duda distinto a lo que hacía en su honorable casa, pero me ayuda a no morir de aburrimiento —dijo en tono relajado. Uno que solo se permitía por los años que tenía de conocer a Richard.
— Me alegra. —Y de verdad lo hacia, conocía a Joe hacia incontable cantidad de años. Solo que en este momento, no estaba para socializar— Imagino que el joven Adams te habrá dicho el motivo de mi presencia aquí
— Si, yo le decía… —Matt habló apresuradamente
— Me lo dijo —lo interrumpió— Está buscando al joven Terruce
— Efectivamente
— Lo que no me dijo, es como puede imaginar que su primogénito se encuentre en esta zona. Tengo entendido que está estudiando en el Real Colegio San Pablo
— Lo estaba. —no quería dar explicaciones. Es más, no debía hacerlo. Así que solamente dijo…— ¿Lo has visto? ¿Ha estado aquí mi hijo, Joe?
— No
Terry no era consiente de haber estado reteniendo el aire, hasta que exhaló al oír a su padre salir de la oficina de Joe.
¡Dios! Había estado tan cerca de que su padre lo encontrara. Después de negar haberlo visto, Joe se dedicó a darle instrucciones sobre como llegar a Hampsty; el poblado cercano donde Matt dijo haberlo visto. Era muy improbable que su padre dudara de la palabra de un viejo conocido. Richard no había insistido, señal inequívoca que daba por sentado que él y Candy no se encontraban en el poblado.
¡Gracias a Dios!
Se irían igualmente de ahí. Ahora con el dinero que Joe le había dado, podrían viajar más rápidamente hacia Escocia. Tenía que ganar tiempo. Su padre, en teoría, aún no sabía hacia donde se dirigía. Tenía que ganar tiempo y viajar sin contratiempos hacía su villa escocesa para vender las únicas posesiones que tenía. Las únicas que en verdad consideraba suyas…
— Se ha ido —abrió la puerta Matt— Joe lo ha acompañado a la salida para explicarle la mejor forma de salir de la plazuela para dirigirse a Hampsty
— Bien —se sacudió el polvo que le había quedado en el pantalón al estar sentado cerca de escobas y trapos sucios, y caminó hacia la puerta
— ¿Sólo bien?
— Si —tomó el pomo de la puerta
— Espera —Matt se apoyó en la puerta— Tienes que explicarme todo el asunto
— No. No tengo que hacerlo —empujó a Matt y abrió la puerta. Necesitaba ver cuando su padre se alejara, e ir por Candy.
— Habías dicho… —Matt volvió interponerse en su camino
— Sé que lo que dije. —Terry se dio por vencido, se apartó de puerta y finalmente comenzó a hablar— Y ya tienes la respuesta, ese señor es mi padre. El distinguido Duque de Grandchester es mi padre, y yo no quiero que me encuentre. Fin del asunto.
— ¿Nada más? ¿Por qué no…?
— Escucha Matt, te lo diré. No te contaré mi trágica existencia, ni todos los sinsabores que viví junto a ese hombre que dice ser mi padre. Que te baste con saber que no, no soy feliz en esa vida que seguramente tú estás pensando que estoy despreciando. Que ese señor que acabas de conocer, no está preocupado por mí. No me quiere de vuelta porque me quiera a su lado. No, él nunca me ha querido tener a su lado —sonrió amargamente— Solo me está buscando, porque no quiere que me burle de él. Porque seguramente piensa que lo estoy haciendo para ponerlo en vergüenza. Porque nunca ha querido que sea feliz. Y antes que me digas que me está buscando personalmente —dijo notando que Matt quería hablar— lo hace solamente, porque no quiere inmiscuidas a demasiadas personas en este asunto. Siempre ha temido el que dirán de la gente, y más ahora, cuando su hijo bastardo, al que siempre escondió de todos; burló la seguridad del Real Colegio San Pablo, para fugarse con su novia.
— Terry, lo siento. Yo…
— No tienes porque sentirlo, Matt. Yo no tengo nada en contra de que sepas lo que soy, o lo que la gente piensa que siempre seré; un bastardo. No me afecta. Ya no… es solo que no quiero hablar demasiado de mis razones para ya no estar sujeto a las estúpidas reglas de ese mundo. Mi vida ha cambiado, Matt. Candy le ha dado un nuevo sentido. Siempre quise huir de ese lugar, largarme lejos y no regresar nunca. Pero fue ella. Ella con su forma de ser y sonreír lo que me hace fuerte para no darme por vencido en este camino hacia mi libertad. Ella y nadie más. No es capricho, ni rebeldía. Solo ella y un futuro a su lado
Era algo que no había dicho nunca en voz alta. Algo que sabía era la verdad, pero que nunca había compartido con nadie más.
— Me alegro que hayas encontrado a alguien que te haga feliz, Terry
Joe habló desde la puerta, sonriente
— ¿Se ha ido?
— Me entré cuando el conductor se entró al vehículo
—Muchas gracias, Joe. —Terry se acercó al viejo Reynolds— Agradezco enormemente por no haberle dicho al Duque que estaba aquí.
— Escucha Terry, yo te conocí cuando eras un niño muy pequeño. Probablemente no te acuerdes de mí, pero yo me acuerdo muy bien de ti. No te reconocí la primera vez que te vi, pero tenía la impresión de haberte visto antes. No fue hasta hace unos minutos que me recordé de donde te me hacías tan conocido.
— No, no me acuerdo de usted
— Lo supuse, eras muy pequeño cuando me fui de Londres. Recuerdo tu mirada triste y tu solitaria existencia. Ibas a las caballerizas a menudo, antes de comenzar a vivir en el Colegio San Pablo. Hablabas con los caballos y pasabas mucho tiempo viendo a los mozos cepillarlos. No hablabas con ellos, tu padre no te lo permitía. Pero te entretenías observándolos…
— Joe, no quiero…
— Se que no quieres recordar eso. No lo hago para atormentarte. Es solo para decirte algo muy importante. Sé cuanto sufrías Terry, y cuanto añorabas el cariño de alguien. Lo buscabas en los caballos, al no tener el de tu padre. Pero ahora, veo que lo has encontrado. Podía ver en tu mirada un brillo especial, y ahora me has confirmado que es por Candy. Por eso te ayudaré. Porque siempre te tuve un especial aprecio. Nunca entendí el proceder del Duque, y es algo que tampoco me concernía; pero siempre me entristeció no poder hacer algo por ti. Ahora lo haré. Te daré el dinero para que continúes tu camino sin contratiempos.
Fue hacia su escritorio y tomó otro poco de dinero, adicional al que ya le había dado. Se acercó a Terry, tomó su mano y le colocó el dinero. Era mucho.
— Yo no podría…
— Tu lo tomarás, lo usarás de la mejor forma y serás feliz con Candy. —sonrió— Eso me hace pensar, ¿a dónde te diriges?
— A Escocia
— ¿Escocia? —levantó la ceja, pensativo— creí que querrías irte más lejos de tu padre
— Y lo haré. Nuestro destino real es América, pero necesitamos dinero para conseguir… — ¿identificaciones falsas?— para conseguir llegar hasta allá
— Bueno, pues ahora lo tienes
No era tan simple.
— Verá, señor Reynolds. Joe —se corrigió al ver su expresión— Necesitamos más que este dinero, mucho más. Y antes que lo diga… No, no le aceptaré más que esto. Me ayuda mucho, en verdad. Pero tampoco quiero abusar de su ayuda. Yo en Escocia, tengo un caballo que mi padre me regaló cuando cumplí 15 años; tiene un excelente linaje. Además de un auto que me regaló el año pasado, sé que al venderlo, podré tener el dinero suficiente para viajar a América con Candy.
— Yo podría ayudarte. Así, no tendrías que viajar hasta Escocia. Te arriesgas a que tu padre te encuentre
— El Duque no tiene idea a donde me dirijo. Probablemente crea que solo me encontraba tratando de conseguir dinero a América, pero no tiene idea de que en realidad necesito ir hacia Escocia.
— ¿Tanto cuesta un boleto a América? —preguntó Matt sorprendido. Joe le había dado una fuerte suma de dinero.
— No realmente. Lo que tengo, me serviría de sobra si tomara un barco directamente a Nueva York. Pero lamentablemente tengo otro tipo de gastos, además, que creo que necesitaré tomar una ruta distinta a la lógica; el Duque me encontraría de inmediato si tomara un barco directo a América. Bueno… es algo que todavía necesito analizar. Por el momento, necesito llegar a Escocia.
Escocia
Ahora lo veía todo menos complicado. Tenía el dinero necesario para llegar a la villa escocesa Grandchester y aún le quedaría para el regreso a Londres. Utilizaría el dinero de la venta exclusivamente para el falsificador y los boletos de barco.
Finalmente el panorama parecía más alentador. Y era todo gracias a Joe
— Nunca podré agradecerle suficiente lo que hace por mi, Joe.
— No tienes nada que agradecer. Me basta con que me prometas que serás muy precavido en el camino y que cuidarás de Candy. No es lo mismo viajar tu solo que hacerlo con una jovencita tan linda como ella. Debes de ser cuidadoso con tus decisiones Terry. Debes pensar por los dos.
— Es algo que no tengo que prometerle a usted señor Reynolds, es algo que me he prometido a mi mismo. Cuidaré a Candy con mi vida. —sonrió
— Bien, creo que con eso me basta. Ahora será mejor que vayas por tu novia y decidas el camino que tomarás. Tal vez sea apropiado que rentes un auto, o podrías tomar unos caballos de mis caballerizas. En tu camino de regreso a Londres puedes devolverlos.
— Agradezco mucho su ofrecimiento, iré a casa de Matt por Candy; y juntos decidiremos que hacer.
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— Terry no está aquí, Candy
Cada vez sentía más miedo.
Después de ver al lujoso vehículo estacionado cerca de la plaza del pueblo, Candy y Molly se habían dirigido a toda prisa a las caballerizas del señor Reynolds para ver a Terry.
Candy no quería ser pesimista; ese auto no tenía porque significar que los habían encontrado. Después de todo ¿Cuáles eran las probabilidades de que se tratara de que se tratara de alguien de la familia Andley?
El padre de Terry no enviaría a buscarlo en un auto tan ostentoso.
No. No tenía porque alarmarse. Terry seguramente estaba en la taberna de Joe ayudándolo con las actividades matutinas de limpieza.
— Seguramente está en el local de Joe, o tal vez fue a comer con mi hermano. —aventuró Molly
— Es probable —dijo con aire ausente. Casi con temor de sus pensamientos
— Si quieres vamos allá
— Claro —intentó sonreír— O no, mejor no. —estaba mal. Terry estaba bien, y ella tenía que hacer varias diligencias antes de regresar a ayudar con la comida y la limpieza— Será mejor ir por las compras y regresar pronto. Tu madre se quedó sola en casa y todavía no está del todo bien. Tenemos que ayudarla con la comida. Tu hermano y Terry llegarán con hambre en la noche —sonrió
— ¿Segura? —preguntó dudosa— Te veías muy preocupada cuando veníamos hacia acá. Dijiste que tenías que ver a Terry. No creo que a mamá le importe si nos retrasamos un poco
— Estoy segura, Molly. Vayamos por lo que tu madre nos encargó
No tardaron más de veinte minutos en estar de vuelta en el camino que las conduciría a casa de Molly. Las compras habían transcurrido sin ninguna novedad, y fuera del auto que todavía se encontraba estacionado en el lugar en el que se encontraba cuando llegaron; todo en la plaza parecía acontecer con normalidad.
Aún se sentía recelosa del por que de su ubicación en un pueblo tan alejado de la ciudad, pero después de analizarlo con detenimiento, llegó a la conclusión de que si se tratara de alguien que los buscaba, y hubiera encontrado a Terry; no se encontraría todavía aparcado cuando terminaron de comprar.
Estaba siendo paranoica, nada más.
— En verdad quiero un pastel así de grande cuando sea mi cumpleaños
Candy sonrió, Molly no dejaba de lamentarse por no probar un pedazo del enorme pastel que se encontraba en la panadería de la señora Hamilton
— Lo tendrás, Molly. Tu hermano seguramente te lo comprará
Molly no estaba tan segura de eso, pero esperaba que Candy tuviera razón.
— Esta noche mamá hará pollo asado —suspiró— amo el pollo asado.
— La comida de tu madre es muy rica. Es una gran cocinera
— Oh sí, lo es. —dirigió su mirada al cielo— Cuando crezca, quiero ser una princesa…
Las conversaciones con Molly eran muy diversas, un momento estaba hablando del pastel que quería para su cumpleaños, la comida de la noche. O sus aspiraciones a la realeza. Sonrió meneando la cabeza. Molly era muy especial. Una niña madura para su edad cuando las circunstancias lo requerían, pero en general, una niña que disfrutaba de los juegos propios de su edad, fantasías y sueños a la luz de la realidad, imposibles.
Le agradaba vivir con los Adams, eran una familia muy unida a pesar de sus problemas económicos; además la presencia de Terry en esa unidad, le hacía pensar en lo feliz que era de vivir esa experiencia con él.
— Candy, se nos ha olvidado las verduras que mi madre habían encargado a la señora Bentley.
— Cielos, es verdad. Tendremos que regresar
— Pero ya hemos avanzado mucho. —se quejó la pequeña
— No demasiado, querida. Podemos regresar antes de lo que te imagines. Ven, mientras más rápido lleguemos, más pronto regresaremos a casa.
Estaban entrando a la plaza nuevamente, cuando el auto que anteriormente estaba aparcado, comenzó su camino nuevamente.
— Ya se van… —susurró
— ¿Cómo? —preguntó Molly
— Oh, nada. Solo…
El auto se detuvo junto a ellas. El corazón de Candy comenzó a latir fuertemente.
— Duque de Grandchester —el color se fue de su rostro
Un hombre de regio semblante se apeó del auto con una fría mirada.
— Señorita Andley…
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— Ahora que ya se ha ido, iré por un caballo del señor Reynolds para ir por Candy. Necesitamos ganar tiempo. Mi padre podría tomar una ruta similar a la nuestra
— Iré contigo, solo déjame ir con la señora Whitman para que me de permiso…
— No es necesario, Matt. No puedes dejar tus actividades por culpa nuestra. Ya suficientes molestias te hemos ocasionado a ti y tu familia.
— No es molestia, Terry. Lo hago con…
Matt palideció, estuvo a punto de caer de espaldas de la impresión. Un escalofrío recorrió su espalda, y lo dejó mudo al instante.
— Matt. Matt… ¿qué te ocurre?
— Candy
— ¿Candy? —preguntó asombrado— ¿Qué sucede? ¿Por qué mencionas a Candy de pronto?
Matt no contestó, pero no fue necesario. Terry siguió la dirección de la mirada de Matt y supo perfectamente porque Matt había palidecido.
Su padre había encontrado a Candy
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Candy retrocedió, tanto como la impresión se lo permitió. Podía correr, sin duda podía hacerlo. ¿Pero hacia donde?
La habían encontrado. El Duque la había encontrado.
La separarían de Terry, la aventura había terminado. Su tiempo con Terry había concluido. Todos sus sueños e ilusiones de una vida a su lado, de pronto se derrumbaban ante sus ojos.
— Señorita Andley, finalmente la he encontrado
Candy retrocedió un poco más, tomando fuertemente a Molly de la mano
Molly no entendía la palidez de Candy, no entendía el porque de su expresión de terror.
— Molly, no digas nada. —susurró tan bajo como pudo— No digas ni una sola palabra
Molly asintió, el semblante de Candy la obligó a hacerlo.
— Duque de Grandchester, ¡que sorpresa! —añadió sin expresión— ¿Que hace usted por estos lugares? No son muy seguros para alguien como usted
— No se haga la desentendida, señorita Andley. Sabe perfectamente que busco a Terruce. Sé que él y usted huyeron juntos.
— Oh, hemos salidos juntos del colegio. Sin duda conté con su ayuda para salir del cuarto de castigo; pero no lo he visto desde entonces. Nuestros caminos se separaron desde Londres
— No me engañe usted, Candice. —dijo en tono enérgico— Sé que han estado juntos desde su vergonzosa huida del Colegio San Pablo. ¡Dígame! ¡¿Dónde está?! —Candy palideció aún más
— Le digo que no lo sé. Nos separamos. Yo continué mi camino sin él. Él, según tengo entendido, se fue a América. Yo no tenía los medios económicos para hacerlo por eso tuve que quedarme
— No le creo ni una palabra. ¡Terruce no la dejaría así! —exclamó vehemente— No la abandonaría a su suerte en las calles de Londres
¡Por supuesto que no lo haría!
Pero tenía que hacérselo creer. Tenía que evitar que lo encontrara.
¿Terry, dónde estás?
— Pues lo hizo. No tenía ninguna obligación conmigo. No teníamos más que una amistad muy superficial. Él quería huir y me ayudó a mí a hacer lo mismo. Nada más
El Duque la estudió largamente.
No le creía, pero tenía que presionarla con cuidado. Conseguiría encontrar a Terruce, y lo haría ese mismo día.
— ¿Dónde ha estado todo este tiempo? —preguntó serio— Ha tenido preocupada a su familia todo este tiempo.
— Tenía unos amigos aquí cerca, la familia de Cecil —señaló a Molly. No le revelaría su verdadero nombre por nada del mundo— Y ellos me han acogido este tiempo.
— Me cuesta creerlo
— Perdóneme, pero ese es su problema. Fue un gusto verlo, Duque. Espero tenga un buen viaje a Londres.
— Espere jovencita, no puede irse de esa forma. La llevaré de vuelta a Londres con su familia.
— No es necesario, Duque. No tengo intención de regresar con los Andley. Y no creo que sea algo que le incumba a usted.
Richard Grandchester dejó pasar su tono altanero por esta vez, solo porque necesitaba cumplir un objetivo.
— Al contrario, creo que me incumbe en demasía. Usted pertenece a una familia respetable y quisiera que no corra ningún peligro. La llevaré a Londres.
— No es necesario, señor Grandchester.
— Está bien, no insistiré. Entonces, permítame llevarla a su residencia. No quisiera que arriesgara a la joven Cecil en la carretera de camino a casa.
— Oh, no. Todavía tenemos que hacer unas compras
— Esperaré
Ahora sabía de donde había sacado Terry su necedad.
— Tardaremos. No quisiéramos incomodarlo.
— Está bien, uno sabe cuando debe retirarse. No insistiré en esto tampoco. —hizo un ademán de retirarse. Candy casi soltó el aire contenido— Solo una cosa más
— ¿Si?
— Dice que no sabe donde está Terruce
— Exactamente
— ¿Y la familia de Cecil podría decir lo mismo? —un asomo de sonrisa dibujó su boca
— Por supuesto
— Bien, entonces de ese modo. La esperaré. La llevaré a casa de Cecil y le preguntaré yo misma a su familia. No puedo arriesgarme a un error, ¿no le parece?
— Duque, le he dicho…
— Sé lo que me dijo, pero he decidido cerciorarme por mi propia cuenta. No he venido en balde hasta acá sin agotar todos los recursos que tengo para encontrar a Terruce.
— Terry no está en nuestra casa —aseguró Molly con la voz tan firme como su edad lo permitía, tratando de ayudar a Candy.
¡Error! Un gravísimo error
En ningún momento habían mencionado el nombre "Terry", todo el tiempo el Duque se había referido a él como Terruce. Antes que el señor Grandchester pudiera decir nada más, Candy habló
— No puedo ocasionarle ningún inconveniente a la familia de Cecil. Ellos no saben de mi huída del colegio y no quiero que mi familia o algún conocido de Londres perturben su paz. Mí llegada con usted… ¡No! No puedo hacerlo. Está bien, Duque, me iré con usted.
— Pero Candy… —replicó Molly
— No te preocupes, querida. Estaré bien, el señor Grandchester cuidará de mí hasta que lleguemos a Londres. Ve a la tienda de la señora Whitman y dile a tu hermano lo sucedido. Yo estaré bien.
— Señorita Andley, me alegra que haya tomado conciencia de su insensatez. Será un honor escoltarla hasta Londres.
Candy, resignada, entró en el auto de Richard y tragó con fuerza. El nudo en la garganta le impedía respirar con normalidad.
Todo se había acabado. Las lágrimas agolpaban sus ojos.
Terry
— No lloré Candice. Más pronto de lo que cree verá a Terruce nuevamente
Candy volteó a verlo, sorprendida.
— ¿A qué se refiere?
— ¿Cree que me engañó? —preguntó en el momento que el auto era arrancado— Sé que Terry ha estado con usted. La indiscreción de su amiguita me lo confirmó. Nunca nombramos a Terruce, Terry.
— Pero…
— Ahora, que está conmigo. Las probabilidades que Terry venga por usted, son casi del cien por ciento. Solo esperemos que la pequeña Cecil, vaya por Terruce tan pronto como le sea posible.
Sin poder evitarlo, las lágrimas finalmente cayeron por su rostro.
Terry, no vengas por mí. Líbrate del yugo de tu padre. No vengas por mí…
Esperando que su plegaria llegara a sus oídos, Candy cerró los ojos y deseó con todas sus fuerzas que el plan del Duque no diera resultado.
Ella podía regresar a Londres, no había peligro de volver a lo mismo de antes. Después de todo, los Andley no perdonarían lo que había hecho. Pero Terry…
El Duque lo obligaría a volver al Colegio. Y todo sería peor que antes.
Continuará…
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¡Hola!
No. No es una alucinación. Aquí me tienen nuevamente, y esta vez es para quedarme. Después de una larga espera, finalmente continuaré la historia. He tenido algunos problemas personales, que Gracias a Dios, ya están solucionándose. Mi vida ya tiene la estabilidad que necesitaba y puedo regresar a mi eterno amor… la escritura.
Las publicaciones serán semanales, como anteriormente lo eran. Solo que ahora, creo que continuaré la historia en mi grupo de Facebook… Lily Grand (Fanfiction)
www . facebook . groups / 209094282583237 /
Bueno, eso si logramos a un consenso; y si ustedes así lo quieren… continuaré la historia aquí también. Las que sigan, después de terminar "Junto a ti" si ya será solamente publicadas allá… en fb
De igual forma, si no pueden leerla en facebook, me avisan y continuaré aquí. Solamente tienen que decir yo no puedo, y la terminaré por acá! ¡me avisan!
Además, me gustaría agradecer (y disculparme) con aquellas niñas lindas que a pesar de mi tardanza siempre estuvieron al pie del cañón preguntando por mí y mi historia. Mil gracias por su interés. Ahora sí, no las abandonaré más…
Espero les haya gustado el capítulo.
¡Nos leemos la próxima semana!
Un gran beso
Lily Grand
