Los personajes en su mayoría son de Stephenie Meyer, salvo algunos cuantos que salieron de mi alocada cabecita. La historia es completamente mía.


– Capítulo 9 –

ME QUEDO EN TUS MANOS

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Desde aquella primera salida las cosas cambiaron mucho entre ellos. Ahora, mes y medio después, Vanessa y Edward se transformaron en grandes amigos. Si se encontraban por los pasillos del Manhattan Medical Center siempre se saludaban con un cariñoso beso en la mejilla y una cálida sonrisa en los labios a la vez que se detenían un momento para cruzar unas palabras, no había persona más irritada que Kate cada vez que eso sucedía. Como era de esperarse los chismes no tardaron en recorrer el hospital, sonaban varias hipótesis que intentaban explicar el cambio en la relación del querido doctor Cullen y la reservada chica Masen, cada una más increíble que la anterior. Está de más decir que ninguno de los dos se molestó en contestarlas sino que hacían oídos sordos, tanto Bella como Edward creían que nadie tenía el derecho de entrometerse en sus asuntos personales y obviamente no pensaban airear su vida privada.

A raíz de este nuevo vínculo Edward comenzó a tratarse más con Tanya así como Bella compartió otros momentos con los dos mejores amigos del joven doctor. Con el tiempo los cinco desarrollaron una buena relación, sobre todo después de que Tyler comprendió que Tanya no pensaba ser una más de sus mujeres. En el preciso momento en el que los dos formaron ese silencioso acuerdo de paz comenzaron a llevarse mejor, él dejó de acosarla para enfocar sus energías en Danielle que parecía mucho más que encantada de tener su atención. Claro que su recién estrenada amistad no impidió que siguieran molestándose mutuamente, sólo para no perder la costumbre.

Pero la sorpresa no vino de ninguno de ellos sino de parte de Riley quien ultimamente salía una misteriosa mujer que conoció semanas atrás y de la que sus amigos sabían poco y nada. Cuando durante uno de sus habituales almuerzos Tanya no se aguantó y le preguntó por qué lo mantenía en secreto él le respondió que era por Claire, Riley quería estar seguro tanto de sus sentimientos como de su relación antes de involucrar a una nueva mujer en la vida de su hija. Edward había sonreído en acuerdo con aquellas palabras aunque secretamente creía que lo de su primo con esa chica era todo lo serio que podría llegar a ser un romance en sus primeras etapas.

—¿En qué piensas?

Tanya se sentó a su lado con una ensalada cesar y un jugo de naranja. Desde un tiempo para acá las dos comenzaron a almorzar en la cafetería del hospital ya que así los chicos podían unirse a ellas cuando tenían libre.

—En nada... o mejor dicho, en todo – murmuró viendo un punto en particular. La rubía miró con curiosidad aquello que su amiga veía con tanta atención y luego sonrió.

—Es realmente lindo ¿verdad? – suspiró teatralmente sin dejar de mirar al hombre que permanecía agachado con su sobrina Claire y otro niño en la entrada de la cafetería – Y que conste que no me refiero solo al físico.

—No sé de qué estás hablando.

Su sonrisa se hizo más ancha ante la patética excusa que la castaña le dió. Para nadie, o al menos no para ella, era un secreto que su amiga se sentía profundamente atraída por el encantador Edward Cullen. Desde luego tampoco pasaba por alto las miradas o los gestos del hombre hacía la muchacha que claramente demostraban que la atracción era mutua.

—Hablo de la razón por la que estás en las nubes, ¿crees acaso que no lo notaría?

—Tanya... – comenzó Bella a la defensiva lo que hizo que la rubia riera suavemente.

—Nessie, es obvio, él te trae por el piso.

—¿Otra vez con lo mismo? Te he dicho un millón de veces que Edward y yo solo somos amigos, buenos amigos pero nada más.

Lo más increible de todo era que hablaba en serio porque en el último tiempo su opinión sobre Edward había cambiado de forma radical. Estando tan cerca pudo comprobar que era una persona totalmente diferente a lo que se imaginó en un principio, ya no estaba convencida de que él fuera culpable de los horribles crimenes de el Merodeador. Ella ahora creía en su inocencia pero todavía necesitaba encontrar la manera de demostrarla.

—¿Estás segura?

—Si, y además no sería correcto que mantengamos una relación intima.

—Yo no veo el problema Nessie... lo que veo son dos adultos libres y sin compromiso que se sienten atraídos el uno por el otro. No sé tú pero a mí eso me parece la base de una buena relación.

—Somos compañeros de trabajo.

—Esa ni siquiera es una excusa.

Sabía que Tanya tenía razón pero Bella era incapaz de aceptarlo, no sabiendo que de todas las cosas malas que podrían suceder involucrarse con Edward Cullen era probablemente la peor. No importaba qué tanto sintiera por él, o cuánto le gustara, era algo que no debía suceder por ningun motivo.

Para la suerte de Bella sus otros dos amigos escogieron ese momento para acercarse a la mesa acabando así con la conversación. Riley les sonrió a las dos brevemente antes de ocupar su lugar junto a Bella con su inseparable cappucino, Tyler murmuró un saludo por lo bajo para después sentarse al lado de Tanya con un cortado y una medialuna rellena de jamón y queso.

—¿De qué hablaban?

—Cosas de chicas – admitió Tanya antes de guiñarle un ojo a su amigo, Tyler comprendió al instante. Él sabía que la rubia intentaba abrirle los ojos a esa testaruda castaña, tampoco podía negar que estaba haciendo el mismo trabajo con Edward. Hasta el momento ninguno de los dos había tenido éxito.

—Suena interesante... – sonrió malicioso y se paró de la silla para gritar a todo pulmón – ¡Eh, Edward, ven ya para acá!

Varios rostros, entre sorprendidos e intrigados, voltearon hacia el moreno a causa del alboroto. Riley y Bella lo miraron asombrados antes de echarse a reír con fuerza mientras que una Tanya completamente irritada por la falta de disimulo lo tomó de la bata y tiró de él. Tyler cayó sentado en la silla de golpe provocándo nuevamente la risa de sus amigos.

—¡Callate idiota! ¡¿Por qué no lo publicas en el diario?!

—¡Oye, estaba bromeando!

Tanya rodó los ojos.

—Sí, claro.

—Es suficiente, ustedes dos. Ya nos hicimos notar demasiado hoy por lo que una nueva pelea desataría chismes en el hospital por el resto del día – intervino Bella medio en broma medio en serio evitando así otra discusión.

Riley simplemente mantuvo su sonrisa mientras que Tyler la ignoró todavía molesto con Tanya por el episodio anterior.

—¡Nessie! – gritó una vocecita aguda, la aludida levantó la mirada para encontrarse con una pequeña rubia que corría hacía ella.

—Claire, hola. Hace mucho que no te veo preciosa, ¿qué has estado haciendo?

La niña sonrió antes de alejarse de Bella para ocupar el asiento vacío junto a su padre. Edward, que venía trás ella a un paso más lento, saludó sonriente para después sentarse entre Claire y Tyler.

—Muchísimas cosas... el sábado es mi cumpleaños... – sonrió con alegría.

Todos los adultos rieron ya que eso era algo que ella venía repitiendo constantemente desde hace semanas. Ese sábado la niña cumplía seis años, su madre había decidido organizar una pequeña reunión con la familia y los mejores amigos de Claire en su casa.

—¡Vaya! Y pensar que casi lo olvido... – murmuró Tyler burlón antes de que Tanya le diera un codazo no muy suave.

—¿Irás? – casi suplicó ingorando el comentario del moreno. Bella miró su carita sintiendo como el corazón se le apretaba, lo mejor para todos sería no asistir a esa fiesta pero le dolía profundamente negarse a tal petición. La ternura e inocencia que desprendía Claire en ocasiones le recordaba un poco a la niña que Ángela fue.

—Corazón, es algo intimo, para tu familia...

—Si es por eso ya puedes apuntarlo en tu lista – la interrumpió Riley –. Eres como de la familia igual que Tanya, son las tías postizas de Claire.

Bella suspiró.

—Muy bien, iré.

Claire chilló levantándose de su asiento para ir a abrazarla. Sabía que eso estaba mal, se estaba encariñando demasiado con una pequeña a la que debería dejar de ver una vez acabada su misión. Lo que menos quería era lastimar a Claire, esa maravillosa niña no merecía sufrir de ninguna manera el dolor de la despedida.

—¿Irás con tío Edward?

—Por supuesto que sí – contestó el mencionado, antes que nadie, a la inocente pregunta –. Tengo que asegurarme de que llegue en una pieza.

Bella lo miró con una ceja alzada pero Edward sólo sonrió hermosamente mientras se encogía de hombros.

—Parece que si iré con tío Edward.

Unos minutos después los cinco se despidieron para regresar a sus respectivos lugares. Edward subió a la planta de pediatría para comenzar sus rondas vespertinas, Riley fue a prepararse para la cirugía que tenía programada en veinte minutos y Tyler prácticamente corrió a emergencias cuando su nombre sonó por el altavoz. Las chicas, acompañadas por Claire, marcharon rumbo a la guardería entre risas por una divertida anécdota que Tanya contaba de una boda y un horrible vestido amarillo que le tocó usar al ser una de las damas de honor. No se volvieron a cruzar por el resto del día, ni siquiera a las cinco cuando Riley pasó a recoger a Claire pues tanto Tanya como Bella estaban a cargo de los más pequeños en ese momento.

Poco después de siete y media las dos mujeres ya cruzaban las puertas principales del Manhattan Medical Center. Tanya se despidió con rapidez de la castaña alegando que esa noche tomaría un par de copas con, Félix, un viejo amigo que estaba en la cuidad por negocios. Isabella rió y le deseó a su amiga buena suerte cuando ésta le guiñó un ojo pícara.

No logró avanzar más que unos pasos cuando su mirada se topó con algo que no esperaba. De inmediato desvió su camino para acercarse al hombre que permanecía cómodamente recostado sobre su coche sin dejar de verla.

—¿Qué estás haciendo aquí? Creí que salías a las siete.

—Si, bueno, estaba esperándote. Pensé que podría acercarte hasta tu casa – contestó Edward con un tono de voz amistoso –, sabes que no me agrada la idea de que camines sola.

—No sé si sentirme agobiada o alagada – intentó parecer enfadada sin mucho éxito.

—¿Podría sugerir la segunda? – sonrió él inocentemente mientras le abría la puerta del coche.

Edward condujo, durante quince minutos, hasta Riverdale en completo silencio. Si bien durante ese tiempo no se escuchó otra cosa que los sonidos del tránsito de Nueva York el ambiente se sintió muy cómodo en todo momento, sin necesidad de llenarlo con palabras inútiles. Él se despidió de ella como siempre, con un beso en la mejilla, antes observarla bajarse del coche y entrar en el edificio.

Subió despacio las escaleras hasta su apartamento y entró sin prisa, sintiendo todo el cansancio del día pesar sobre sus hombros. Pasó la llave por las dos cerraduras de la puerta y dejó el llavero sobre la mesita en el momento exácto en que el teléfono comenzaba a sonar.

Tengo noticias – era Jacob Black.

—Te escucho.

Después de hacer muchas indagaciones todo apunta a que el responsable de tu "atentado" no es otro que Edward Cullen.

Bella se dejó caer en el sofá sin poder creerlo, ¿Edward había planeado aquella trampa? No podía ser. Todo lo que vio en el las últimas, todo lo bueno, no podía ser un engaño. Era imposible, sobre todo ahora que ella comenzaba a cuestionarse, a dudar seriamente de su culpabilidad.

—No puede ser... – murmuró todavía impactada.

Puedo decirte que comparto el pensamiento.

—¿Qué estás diciendo?

Todo indica que es él el que te tendió esa trampa, absolutamente todo me lleva a Cullen como el único responsable Bella. ¿No te resulta extraño el hecho de que todo esto encaje a la perfección dentro de un caso en el cual lo único que no faltan son agujeros negros?

—¿Piensas que la trampa es para él? ¿Crees que alguien planeó todo un teatro para hacerlo parecer culpable?

Seguramente, así fue. Te digo más, después de todo este tiempo de investigación dudo seriamente que él sea el Merodeador.

Ella inevitablemente sintió una sensación de alivio recorrer su cuerpo al escuchar esas palabras, al menos no era la única que pensaba de esa forma.

—Jake, tampoco creo que lo sea pero no sé cómo probarlo. Aunque no son muchas las evidencias estan en su contra y frente a eso... nada podemos hacer.

Desde luego el bastardo es muy hábil, pensó todo al detalle para hacer quedar a Cullen como el único culpable. Lo que yo quiero ahora es que tengas mucho cuidado Bella... si ese maldito planeó esto quiere decir que sabe sobre ti, sabe quién eres y lo que estás haciendo... puede que incluso esté vigilándote.

Ella se frotó la frente con una mano. Bien... genial, era lo último que le faltaba.

—Lo tendré en cuenta, te lo prometo, ahora deja que sea yo quien se precupe por mi seguridad y enfócate en lo más importante.

De acuerdo – suspiró él, en ocasiones ella era imposible – ¿Alguien más sabe de lo que sospechas?

—No quiero decir nada hasta estar segura de que puedo probarlo.

Bien pensado, sin pruebas sólo te echarás tierra encima... – Jacob hizo una pausa larga, como si estuviera meditando lo que iba a decir, mientras que Bella permanecía a la expectativa.

—¿Jake?

Te ayudaré, Bella. Si estámos en lo correcto y Edward Cullen es inocente te ayudaré a probarlo.

En ese momento tuvo que recordarse volver a respirar, su amigo estaba confirmándole que pensaba ayudar a Edward, nada menos que el hombre sospechoso de la muerte de su prometida. Si bien todo aquello no era cierto debió ser muy difícil para Jacob tomar la decisión con todo lo que implicaba.

—¿Qué? ¿Qué... tú vas a...?

No pienses que lo hago por Cullen o por tu agencia Isabella. Esto es por Leah y por el hecho de que el miserable que me la arrebató está suelto regodeándose con la muerte de mi mujer. Es más grande que cualquiera de nosotros. Ya nada de importa... sólo quiero que el verdadero culpable pagué... sea quien sea... – y la llamada se desconectó.

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Sacó del armario el sencillo vestido de lana color granate de manga larga que pensaba usar para el cumpleaños de Claire. Faltaban un par de horas para pasaran a recogerla pero Bella ya había comenzado a ponerse nerviosa conforme avanzaba la tarde. Lo más extraño es que su inquietud no pasaba por el hecho de salir con Edward, algo que solía pasarle antes, sino porque ella realmente quería salir con él. Así como pasaba con Claire, Edward también estaba convirtiéndose en una constante, en alguien importante. Era otro error que cometía, uno que solo iba a aumentar su dolor y el de los demás cuando toda la verdad saliera a la luz.

Él apareció en su puerta luciendo increíblemente apuesto, con una sonrisa radiante que podría haber iluminado por si sola todo el pasillo del cuarto piso.

—Estás preciosa Nessie – comentó dejando un beso en su mejilla –, muy guapa.

Ella sonrió verdaderamente, de un tiempo hacia acá sus sonrisas para ese hombre se habían vuelto muy sinceras.

—Gracias, tú también estás genial.

Bella recogió el paquete que contenía el regalo que eligió para la niña antes de salir con Edward del edificio. Como siempre él la ayudó a entrar en el coche para emprender el camino a la casa de la madre de Claire y su marido. Durante el trayecto aprovechó para contarle varias anécdotas de sus mejores días con Riley, Tyler y Abigail cuando no eran más que unos universitarios con poco amor por las reglas.

—Entonces, ¿qué sucedió? – preguntó Bella entre risas, Edward también rió.

—Ni te lo imginas... pero dejaré que mi madre te cuente el resto, ella ama contar esa historia.

—¿Crees que me lo dirá si se lo pido?

Él la miró con rápidamente con la diversión bailado en sus ojos.

—Estoy seguro, desea mucho conocerte así que probablemente hará lo que le pidas.

—¿Ella sabe de mí? – estaba notablemente sorprendida. Y Edward sonrió pero no habló más.

La madre de Claire vivía en Spring Valley, en una hermosa casa blanca con un inmenso jardín delantero que podría rivalizar con cualquiera en una revista de jardinería. En la entrada ya habían varios coches estacionados, entre ellos estaban el de Tyler y el de Riley.

Acaban de bajarse cuando una rubia de cabello corto, ojos verdes y enorme sonrisa salió a recibirlos. Ella abrazó a Edward como si no lo hubiera visto en eras a pesar de que se encontraron esa misma mañana.

—Llegas tarde.

Él rodó los ojos todavía en los brazos de la mujer y Bella se aguantó las ganas de reír.

—Estoy bien, el tráfico no fue pesado pero gracias por tu preocupación.

—Exagerado – sonrió ella separándose de su amigo.

Inevitablemente dos pares de ojos se posaron en Bella, unos mostraban placer mientras que los otros rebozaban en sana curiosidad.

—Abigail, quiero presentarte a Vanessa Masen.

Abby observó con interes a su amigo, la forma en que sus ojos brillaban, en cómo atraía a la desconocida mujer en un firmemente abrazo contra su cuerpo. Y entonces la vio a ella, y vio la misma intensidad en sus ojos oscuros. La rubia sonrió de tal modo que los sorprendió, escondiendo detrás de su sonrisa una verdad que acababa de descubrir pero que al parecer ese despistado par no era capaz de ver.

—La famosa Nessie, supongo, mi hija no para de hablar de ti – comentó divertida estrechando la mano de la castaña –. Soy Abigail Dwyer pero puedes llamarme Abby.

Bella asintió con una sonrisa.

—Es un placer conocerte, tienes una niña maravillosa.

—Eso es lo mismo que ella dice de ti.

Abigail guió a los recién llegados a la casa mientras hablaba de cosas sin importancia con Bella bajo la mirada de Edward. Lo primero que ella sintió al entrar fue la música, luego notó los colores provenientes de los adornos infantiles que colgaban desde la sala hasta el patio trasero. Abby le comentó que si bien era una fiesta familiar su hija había deseado invitar a varios de sus amiguitos tanto del colegio como del hospital por lo que su pequeña reunión había crecido hasta convertirse en una minifiesta.

Cuando entraron en la cocina Bella vió a una mujer y a un hombre que nunca antes había visto. Ella también era rubia aunque de unos tonos más claros que el de Abigail, delgada y de ojos celestes, más o menos debía andar entre los cincuenta o los sesenta años. El hombre en cambio no aparentaba más de treinta, lucía el cabello moreno muy corto, ojos azules y sonrisa cálida.

—Nessie, quiero presentarte a mi marido Phil – el hombre asintió con una sonrisa antes de estrechar su mano –. Y a Elizabeth Biers, la abuela de Claire.

La mujer se acercó hasta ella para darle un breve abrazo, Bella se sorprendió en un principio pero aceptó de buena gana el afecto de la mujer.

—Es un gusto conocerte finalmente, tienes completamente hechizada a mi pequeña.

—Puedo decir lo mismo de ustedes, Claire habla constantemente de su familia.

—Entiendo que trabajas en el hospital con esa chica, Tanya – Bella asintió –. Una joven muy agradable por cierto.

—Somos buenas amigas.

—Deberías dejar de averiguarle la vida tía, no es agradable – murmuró Edward frunciéndo la nariz suavemente.

Bella rió cuando Elizabeth apretó la mejilla de su sobrino como si fuera un niño pequeño.

—Está bien querido – sonrió la mujer –, ve a saludar a tu madre... y preséntale a esta jovencita de la que tanto hablas.

Edward se apresuró a sacar a Bella al jardín mientras escuchaba las risas de Abby y Phil detrás de ellos.

Mesas, sillas y personas estaban por doquier, entre los niños presentes ella reconoció a varios que asistían a tiempo completo a la guardería mientras que había también otros que iban parcialmente. Claire fue la primera en reconocerla y correr hacia ellos, Sophie, Dylan, Ben, Paige y Robin la siguieron de cerca.

—¡Nessie! ¡Has venido!

—Prometí que lo haría, felíz cumpleaños corazón.

—¿Y yo qué? – interrumpió Edward intentándo parecer molesto.

La cumpleañera llevó la mirada a su tío que intentaba mostrarse lo más enojado posible por ser ignorado, la niña se separó de Bella para abrazarlo con más fuerza de la necesaria.

—A tí ya te vi tío, ¿me has traido lo que te pedí? – preguntó inocentemente, Bella soltó una fuerte risa ante la cara de Edward mientras sostenía a Dylan que se abrazó a su cintura.

—Hemos dejado tus regalos dentro – negó cuando la niña hizo un puchero –. Nada de eso, los abrirás después.

—Bien – murmuró sin alegría, Edward rió a la vez que la alzaba en un movimiento y le daba un beso en la mejilla haciéndola reír.

—Mejora esa cara que es tu cumpleaños.

En cuanto la dejó en el suelo los niños se marcharon corriendo tan rápido como sus piernas podían moverse. Bella y Edward avanzaron hasta una mesa en donde sus amigos se habían acomodado con otras personas. Tanya saludó primero seguida de cerca por Tyler, entonces Carlisle Cullen le sonrió mientras posaba su brazo en la cintura de la mujer que tenía un parecido muy notable con su hijo.

—Vanessa, es bueno verte nuevamente.

—Solo Nessie doctor... Carlisle – rectificó ante la mirada del hombre.

—Mucho mejor así.

—Nessie, esta es mi madre Esme – interrumpió Edward –. Mamá, conoce a Nessie Masen.

Esme se acercó hasta ella abrazándola de la misma forma que Elizabeth había hecho minutos atrás, sin dudas era una cosa de familia.

—Es maravilloso conocerte finalmente, he escuchado mucho sobre ti – Esme lanzó una mirada fugaz a su hijo antes de regresar la vista a la joven.

—Igualmente señora Cullen.

—Oh, por favor cariño, dime Esme – la mujer sonrió –, eres como de la familia.

Tanto Bella como Edward se sonrojaron por el comentario, Tanya y Tyler no pudieron evitar soltar unas cuantas risas al ver las caras sonrojadas de sus amigos. Riley apareció en ese momento llevando en su rostro una enorme sonrisa, se acercó a sus amigos para saludarlos como siempre.

—¿Esa sonrisa a qué se debe? – preguntó Edward notando algo más en la alegría de su primo y mejor amigo.

—Ya es oficial... Jessica y yo somos novios – admitió él y las felicitaciones no se hicieron esperar.

—¡Es grandioso! Ya era hora de que lo hicieran.

El rubio lo observó enarcando una ceja. Todos sabían que Edward no era el más apto para hablar de tiempo cuando no era capaz de decidirse a confesarle sus sentimientos a Nessie.

—Obviamente eso lo dices tú, ¿verdad, Edward?

El mencionado rodó los ojos.

—No estamos hablando de mí ¿Cuándo vamos a conocer a tu misteriosa novia?

—Hablé con Abby sobre invitarla a la fiesta y a ella le pareció bien así que lo hice, las dejé hablando en la cocina – sonrió aliviado –. Abby cree que es una buena chica, parece que le cae bien.

Para él Abigail no era solamente su exesposa sino que también era su amiga pero lo más importante, era la madre de su hija. Después del divorcio habían logrado reparar su relación más que nada por el bien de la pequeña, e incluso admitía que Phil era un mejor marido para Abby de lo que él fue en el pasado. El hecho de que su ex viera con buenos ojos a su nueva novia era algo que le aliviaba de sobremanera pues sabía que en caso contrario la relación entre ambos se adentraría en terrenos más peligrosos y eso no sería nada bueno para Claire.

—Yo estoy deseando conocerla – interrumpió Bella sus pensamientos.

—Estás de suerte porque aquí vienen.

Detrás de Abigail y Elizabeth apareció una chica que Bella conocía muy bien. La joven pelirroja de ojos azules se quedó impactada al ver la cara pálida de Bella Swan entre los presentes. Riley, ajeno a la reacción de ambas mujeres, se acercó hasta su novia para tomarla de la mano.

—Quiero presentarles a mi novia, Jessica Stanley.

Carlisle y Esme fueron los primeros en saludar a la joven, seguidos por Tanya que le dio un abrazo antes de afirmarle que seguramente serían grandes amigas. Tyler también se mostró efusivo al respecto por lo que después de saludar a Jessica palmeó la espalda de su amigo orgulloso de su buen gusto en mujeres, Tanya rodó los ojos.

—Guarda silencio, ¿quieres? – murmuró ella, Tyler negó pero se calló.

—Finalmente – prosiguió Riley con una sonrisa –, estos son mi primo Edward y nuestra amiga Nessie, ¿recuerdas que te hablé de ellos?

—¿Nessie?

Jessica la miró confundida con las preguntas brillando en sus ojos, Bella deseó en ese momento que se la tragara la tierra. De todas las personas en Nueva York tenía que coincidir en una misión con una amiga de la infancia.

—Vanessa Masen, es un placer conocerte – Bella le ofreció su mano rezando para que su amiga le siguiera el juego.

—Jessica Stanley – murmuró con voz titubeante –, el placer es mío.

—Edward Cullen, felicitaciones a ambos.

—Muchas gracias – sonrió forzadamente.

Durante los siguientes diez minutos Riley les contó a sus amigos como le había pedido a Jessica que fuera su novia. Bella permanecía al margen de la conversación mientras sentía como la pelirroja mantenía su mirada sobre ella todo el tiempo a la vez que respondía las preguntas intentando parecer lo más tranquila posible.

—Entonces, vienes de una ciudad llamada Forks – Jessica asintió a Tanya –. Nunca había escuchado de ese lugar, ¿dónde queda exactamente?

—Es en Washington, cerca de Seattle.

—¿Qué te trajo a Nueva York?

—Recibí una beca para estudiar arte en la Universidad de Nueva York, era una oportunidad única así que después de hablar con unos amigos que vivían aquí decidí aceptarla y mudarme con ellos.

Seguidamente todos comenzaron a dispersarse, Tanya se acercó a Claire que solicitaba su presencia mientras que Tyler entró en la casa. Carlisle ayudó a Phil con la parrilla a la vez que su esposa se marchó con Elizabeth y Abigail a la cocina.

—Por cierto Edward – interrumpió Riley la conversación que su primo mantenía con su novia –, tengo lo que me pediste la semana pasada, ¿lo quieres ahora?

—Si no te molesta.

—Por supuesto que no, está en el coche.

Los hombres murmuraron una disculpa a las dos mujeres antes de marcharse dejando a Jessica y a Bella por fin solas. Fue entonces cuando la mascara que la pelirroja traía se cayó completamente y miró a su antigua amiga con seriedad.

—¿Vanessa? – procuró no alzar la voz – ¿A qué demonios estás jugando Isabella?

—No puedo explicártelo ahora pero es vital que continúes fingiendo que no me conoces, por favor.

—¿Por qué? Si vas a obligarme a mentirle a mi novio al menos debo saber por qué.

—Te lo contaré todo, lo prometo, pero ahora tienes que guardar silencio.

Jessica permaneció varios minutos meditando las palabras de Bella, había algo en su tono de voz que le hacía dudar, como si su petición fuera de vida o muerte. Finalmente la pelirroja apretó los labios con fuerza y asintió, y Bella sintió como si le hubiese regresado el alma al cuerpo.

—Quiero una explicación, y más te vale que sea buena porque, de lo contrario, no querrás ver lo que va a pasar.

—Está bien – aceptó sabiendo que en esos momentos estaba en las manos de Jessica.

Edward y Riley regresaron con Tyler momentos después, el rubio pasó un brazo por sobre los hombros de su novia para atraerla a su cuerpo. Edward observó con curiosidad los rostros serios de las dos mujeres que no tardaron en cambiar por sendas sonrisas.

—¿Todo está bien? – miró primero a Jessica y luego a Bella antes de repetirlo nuevamente, Bella simplemente asintió.

—Estábamos aprovechando el tiempo, si hasta pareciera que nos conocemos de toda la vida, ¿verdad, Nessie?

—Es cierto – sonrió ella.

Por fortuna Tanya la llamó en ese momento, Bella se disculpó con todos antes de marcharse dejando a los chicos y a Jessica atrás. El resto de la fiesta pasó con demasiada lentitud, Jessica continuaba mirándola de forma extraña pero no había mencionado nada en relación a ella o al pasado que tenían juntas. Sabía que algunos de los allí presentes podía notar la tensión, en especial Edward y Riley, pero nadie hizo comentarios al respecto.

Con el sol casi oculto en el horizonte Edward y Bella se despidieron de todos, ella saludó con un beso agradeciendo la amabilidad y prometiendo a Abigail que regresaría cuando ésta se lo pidió.

Fue Jessica quien tomó la iniciativa despidiéndose de ella con un suave abrazo.

—Necesitamos hablar mañana, te llamaré sin falta – murmuró en su oido –. Pero quiero que sepas que, a pesar de todo, me da gusto saber que estás bien.

Por primera vez en la noche desde que Jessica apareció Bella sonrió sinceramente al sentir la preocupación en la voz de la pelirroja.

—También me alegro por ti y por Riley, espero que todo vaya bien entre los dos.

Las dos mujeres se separaron completamente.

—Mañana – murmuró Jessica cuando ella asintió.

Durante el camino de regreso se mantuvo inusualmente callada y distante, como si estuviera ausente. Edward la observó varias veces mientras conducía en silencio sin que lo notara, estaba realmente intrigado por esa actitud tan impropia de ella que le era casi imposible esconder su curiosidad.

—¿Te encuentrás bien?

—Si, ¿por qué?

—Hemos llegado a tu casa.

Ella miró por la ventanilla para encontrarse la fachada de su edificio a un lado, Bella le sonrió a Edward antes de darle un beso de despedida y bajarse del coche. Escuchó que él murmuró algo pero no alcanzó a entender qué era lo que decía.

Entró en su apartamento todavía pensando en cómo hacer para persuadir a Jessica de contar su secreto, sabía que no habían muchas opciones, la chica era demasiado lista como para quedarse con una simple excusa y mentirle ya no era una opción. No tenía más alternativa que contarle la verdad, toda la verdad, y desear que después de eso Jessica eligiera guardar su secreto.

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Ella está en las manos de Jessica, habrá que esperar para ver qué hace Bella para convencerla de guardar su secreto.

Otra vez, gracias por sus comentarios además de las alertas y los favoritos. Me despido, como siempre, con un beso y hasta la próxima, Lila.