¡¡Saludos gente!! Aquí nos encontramos otra vez, con otro capitulo de Sanando Heridas…Se supone que en este no me retrase "tanto" jejejeje bueno no les distraigo más… Comiencen su lectura…
Capitulo 10
"Voces, luces y sortilegios misteriosos"
-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-Capitulo anterior-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-
Se dispuso a salir del lugar. Había perdido demasiado tiempo entreteniéndose en la pelea. Ahora su objetivo era llegar a la guarida de Tsubaki lo más pronto posible, para comenzar su venganza personal.
No llevaba ni dos pasos, cuando sintió que algo se aferraba a su bota impidiéndole avanzar. Masao giro la vista y cual fue su sorpresa al ver que su rival aún no se rendía del todo.
-Insensato…- siseó ya molesto con la constante interrupciones. Con un movimiento brusco de su otra pierna le dio un fuerte golpe lanzándolo varios metro hacía atrás. Y sin más se dispuso a salir del lugar a toda velocidad.
Mamoru en el suelo, se encontraba incapaz de detener al yukai que se alejaba veloz.
– A…Akari…- murmuro antes de que sus sentidos se nublaran, y cayera inconsciente.
Tadamasa, avanzaba con paso calmado y elegante por el corredor principal. Su destino, los aposentos reales ubicados en el ala oeste del castillo. Esta parte del palacio de occidente, era realmente amplio; como si por generaciones se anticipara familias grandes con muchos integrantes. Que irónicos eran los designios de Kami, tanta proyecciones para una familia numerosa y resultaba que actualmente no habían más que dos herederos legítimos de la sangre real que no se pueden ver ni pintados al óleo. Además de tenérsela jurada.
El hombre negó cansado. Era una lastima saber que los vástagos de su gran amigo,Inu No Taisho, se llevaran así de bien (nótese la ironía). Ambos hombres eran tan necios, como su difunto padre. En todos los sentidos, que implica esa palabra.
Sin darse cuenta se encontró fuera de la primera puerta del pasillo. Él, alzo la vista y se acerco levemente hacía la madera; más por costumbre que por que lo necesitara realmente.
Aguzó automáticamente el oído y se quedo un par de segundos totalmente quieto. De pronto, endureció su expresión y mascullo una maldición entre dientes, algo ofuscado.
Se enderezó, contando hasta diez y con golpes calmados, llamó hacía el interior.
TOC, TOC
No hubo ninguna respuesta de adentro.
Otra vez…
TOC, TOC
Nada.
TOC, TOC
Tadamasa suspiro y con voz amable dijo – Dama Rin, se que esta ahí, por favor ábrame…
Silencio.
-Por favor no sea terca y abra esta puerta que necesitamos conversar…
Ningún sonido.
-Jovencita, se esta comportando de forma muy necia…Así que haga el favor de abrir esta puerta, ahora…- dijo en tono de regaño.
En el interior se sintió que alguien avanzaba hacía la puerta, mientras movía algún objeto en el camino. El inu yukai se cruzo de brazos y trato de adoptar un semblante algo severo.
La puerta hizo un clic y se entreabrió levemente, dejando ver solo parte de una cabellera azabache. Tadamasa se sorprendió levemente al notar que Rin tenía la vista clavada en el suelo.
-Tadamasa- sama, dígame que se le ofrece… - dijo la joven, aparentando voz normal y sin levantar la cabeza.
El yukai no respondió nada y con una mano alzo suavemente la barbilla de la muchacha,
Rin que no esperaba la acción, no puso resistencia y se dejo guiar. Lo que el hombre vio, fue solo la confirmación de sus sospechas. La joven tenía los ojos llorosos, algo hinchados, y el rostro húmedo. Tadamasa suspiro triste al verla en ese estado.
-¿Que ocurre dama Rin¿Por qué lloras? – pregunto mirándola preocupado.
Un par lágrimas se escaparon de los ojos de la morena, ella negó con la cabeza levemente e intento hablar, pero ni un sonido salio de su boca.
-¿Rin que pasa? –volvió a cuestionar.
La mujer le miró levemente y sin poder impedirlo las lágrimas comenzaron a salir en mayor cantidad, descendiendo por sus mejillas.
Ya no lo podía soportar más, se sentía tan frustrada y herida. No sabía que pensar o que decir. Su cabeza era un revoltijo de ideas y fantasmas que la torturaban, que le hablaban sobre la fantasía en la que vivía. Recordandole día tras día su naturaleza inferior. No le quedaban más fuerzas, para soportar toda la situación. Sesshomaru jamás le correspondería. Él, era un Lord Taiyukai orgulloso de su sangre y linaje. Lo tenía todo, riqueza, nobleza, coraje ¡Por Kami era tan bello, que parecía un espejismo! Podía conseguir lo que quisiera y a la qua quisiera.
En cambio ella. Ella era solo una humana, huérfana e insignificante, que no tenía nada que ofrecerle.
Este pensamiento la hizo sollozar más fuerte y como acto instantáneo se lanzo a los brazos de Tadamasa. Necesitaba sentirse protegida y entendida. Descargar ese mar de tristeza que la embargaba, que hoy salía flote después de haber permanecido oculto y enterrado por tanto tiempo, en una careta de felicidad.
Tadamasa la recibió amable, entre sus brazos. Y la dejo sacar fuera todas esas lágrimas acumuladas por años. El sabía muy bien cual era la naturaleza del llanto de la chica. Conocía muy bien los sentimientos de ella y sabía perfectamente quien era el principal implicado. ¡Sesshomaru se enteraría! Pensó molesto. Como podía ser tan cabezota y ciego ese hombre. Es que acaso era tan necio como para no poder leer su propio corazón o siquiera mirar a su alrededor con algo de consideración.
Unos minutos más tarde, la joven comenzó lentamente a calmarse. Con gesto algo avergonzado se separo del yukai. No era la primera vez que era consolada por él, desde que era una niña, siempre recurrió a él. Era como el abuelo que nunca tuvo, siempre con los brazos abiertos para recibirla.
Aunque…en un principio era su Amo quien cumplia ese rol. No supo cuando o porque su señor Sesshomaru comenzó a alejarla de si. De un momento a otro, le prohibió entrar a su cuarto en las noches de tormenta y no le dejo dormir con él cuando tenía pesadillas. Ya no dejaba que ella le abrazara o se le acercara con alguna muestra de cariño espontánea. Solo lo estrictamente necesario, para el protocolo.
Así que al final Tadamasa-sama se convirtió en su refugio. El que la consolaba y alentaba cuando sentía que todo era demasiado. Cuando el dolor que le producía la indiferencia y el rechazo, le eran especialmente duros.
- Y bien, señorita "me comió la lengua el neko" ¿Me va a decir que le pasó…?- dijo el hombre con una sonrisa.
Rin respondió con amago de sonrisa y con voz triste dijo – Preferiría no hablar de eso ahora…
Tadamasa, acaricio comprensivamente los cabellos de la joven – Entiendo joven dama. Pospondremos esta conversación hasta que estimes conveniente…
-Gracias…- dijo trémula.
-De nada Rin-chan…que descanses- respondió con semblante preocupado, pero sin decir más se dispuso a marcharse. La muchacha, se quedo afirmada en la puerta hasta que la parsimoniosa sombra del yukai se perdió al final del pasillo.
Soltó un suspiro con algo de alivio. Al menos ya no sentía la desesperación que la envolvió unos minutos antes. Era una bendición tener a Tadamasa-sama de apoyo incondicional. Con este ultimo pensamiento se interno en su cuarto, cerrando la puerta con delicadeza.
Por entre las sombras del final opuesto del pasillo, la alta figura de Sesshomaru se dejo ver manteniendo su semblante inexpresivo y su porte noble. Dirigió una mirada fugaz hacía la puerta de su protegida, antes de de voltearse y caminar en sentido contrario, con dirección a su despacho. Acompañado de un turbio brillos en sus orbes doradas…
El cielo estaba adquiriendo un tinte anaranjado, avisando que el día ya estaba terminando y que era el turno de la luna resguardar los sueños de los mortales e inmortales en esa parte del la tierra. Para muchos la puesta del sol significaba el término de una larga jornada de trabajo, para otros, era solo un motivo más de preocupación...
Habían pasado varias horas desde la pelea de esa tarde y la cabaña se había vaciado poco a poco, dejando solamente a la anciana Kaede preparando una infusión, a un antes pensativo y ahora enfurruñado Inuyasha y a una durmiente Kagome. Todos los demás se encontraban en la aldea colindante deshaciéndose de un yukai de baja categoría. Pura escoria en palabras del Inuyasha.
-¡Ya esta anocheciendo y aún no vuelve! – exclamo alzando los brazos molesto, cierto hanyou.
Kaede no se dio el trabajo de alzar la vista, mientras sacaba del fuego la vasija y el té, dijo – Tranquilízate Inuyasha y dale tiempo para que se calme…
-¡Pero… y si le pasa algo! – dijo cruzándose de brazos, frunciendo levemente el ceño. -Tú sabes que el bosque no es el mismo de noche, ni siquiera con mi presencia en él y…
-Estas exagerando…- corto la anciana, mirándolo exasperada – Tú sabes que Akari es lo suficientemente fuerte, para defenderse…
-Si sé que es lo suficientemente fuerte para protegerse anciana…- gruño ofendido –…yo la estoy entrenando, por si no lo recuerdas.
-Bien entonces estamos de acuerdo en que no le pasara nada…- contesto, mientras le extendía un vaso humeante. Inuyasha lo tomo y lo miró fijamente sin tomar del contenido. La miko por su lado se acomodo y comenzó a beber.
Ambos guardaron silencio, perdiéndose en sus pensamientos. Kaede se sentía profundamente sorprendida con lo que veía. Es que de todos los años que conocía a Inuyasha (que nos son pocos) jamás le había visto tan decaído. Es verdad que en las ocasiones que creyó que Kikio había muerto, definitivamente se había deprimido, y con la desaparición de Kagome este sentimiento se expreso de una forma más profunda. Pero lo que ahora le ocurría al hanyou era totalmente distinto. El abatimiento que tenía no se reflejaba en su semblante o en su actitud, ya que se mantenía erguido y serio. Si no que se percibía en su mirada, desprovista de todo brillo desafiante o altanero.
-"Lo que aflige a Inuyasha es mucho más profundo de lo que él quiere demostrar…." – pensó para si, mientras negaba con la cabeza suavemente en señal de comprensión.
-¿Qué es lo que realmente te preocupa, Inuyasha?
El mitad bestia fijo su mirada en la mujer, observándola fijamente por unos segundos, como si la analizara. Luego de ese tensó lapso, en el cual los dos se sostuvieron las miradas el hanyou esbozo una tenue sonrisa sin alegría.
-No se te escapa nada¿no es así Kaede?
La miko sonrió de medio lado, marcándosele las arrugas de expresión – Ya soy vieja Inuyasha, y con los años una aprende a conocer a sus cercanos…- hizo una leve pausa –… más aún cuando llevan mucho tiempo compartiendo.
-No necesariamente…- dijo con cansancio - …no a todos, la edad los hace más sabios. Yo soy el más claro ejemplo, tengo doscientos dieciséis años de existencia y aún sigo cometiendo error tras error…- desvió la vista hacía la mujer que descansaba a su lado y con suavidad comenzó a acariciar suavemente los cabellos.
Kaede por primera vez pudo percibir en Inuyasha, la solemnidad de su verdadera edad en él. No había rastro del jovencito impetuoso y terco, ni del hombre infantil y violento; frente a ella estaba un hombre maduro que sopesaba su vida con objetividad y calma. Y sintió el respeto que imponen los años.
-No seas tan duro contigo mismo.
-La verdad siempre ha sido dura, más aún cuando somos nosotros mismo los que hemos decidido que camino tomar…- respondió sin quitar la vista de Kagome. Como le había hecho falta esta mujer durante todo estos años. Cuanta soledad lo había envuelto nuevamente, sin siquiera ser conciente de ello. Realmente se había echo dependiente de su aroma y risa…y claro también de esas discusiones sin sentidos en las que se veían envueltos la gran mayoría del tiempo. Nunca lo diría y a pesar de todos sus reclamos en contra de los arrebatos ocasionales que tenía Kagome debía admitir, al menos así mismo, que le encantaba cabrearla solo para ver la expresión de su rostro. Era fascinante ver el cambio de modalidad que la transformaba de una criatura adorable aun ogro aterrador. Otro pequeño rictus se asomo tímidamente en su rostro.
-Bien…-dijo la anciana llamando la atención del hombre -…supongo que no puedo competir con dos siglos de existencia…
Inuyasha solo asintió levemente divertido. – Entonces creo que haz entendido el punto.
-Sí...mejor de lo que te imaginas…-termino misteriosamente.- ¿Ahora me dirás que es lo que esta preocupando?
El rostro del hanyou se endureció y su mirada se enturbio, todo en un instante – Tienes razón Kaede, no temo por que algún yukai idiota intente hacerle daño. En el estado que estaba esta tarde, nadie podría tocarla… De hecho, puedo decir que siento lastima por el pobre condenado que se le cruce….
-Entonces¿que es lo que pasa?
El hombre soltó un suspiro.- Me preocupa lo que ella pueda hacer. Temo que en el ímpetu de su ira actué sin pensar y salga lastimada o haga algo de lo cual pueda arrepentirse…
-Pero tú crees que ella podría dañarse…- dijo preocupada.-…o dañar a alguien.
-Anímicamente normal te aseguro que no, ella no haría nada de un calibre tan alto, pero en el estado que estaba en la tarde…-negó con la cabeza- …no sé que podría hacer, ella es tan imprevisible.
-En eso tienes toda la razón…- hizo una pausa y soltó una leve risita, para alivianar la conversación –…es idéntica a ti.
Inuyasha sonrió levemente con su tinte arrogante usual – Odio admitirlo viejo cuervo pero es la verdad…- a pesar de su tono altivo y seguro aún se mantenía serio - …Entiendes, ahora, el porque de mi preocupación.
- Sí, ya estoy comprendiendo por donde va el problema y… - Inesperadamente se callo. La expresión de Inuyasha había cambiado drásticamente. Sus orbes doradas se abrieron desmesuradamente y comenzó a respirar de forma agitada.
-¡Me lleva el infierno como lo pude olvidar…! – exclamo de improviso, poniéndose velozmente de pie y avanzando rápidamente hacía la salida cuando se encontraba en la puerta. Giro la cabeza levemente y dijo – Kaede, ninguna de las dos salga de la cabaña hasta que yo llegue o vuelvan los demás…- La miko abrió la boca para replicar, pero el hanyou ya no estaba. Dejándola con la palabra en la boca.
Oscuridad y vació, era todo lo que sus ojos podían captar. Sus sentidos estaban agudizados, pero no podía sentir ni la más mínima presencia a su alrededor.
-¡Hay alguien aquí! – dijo con voz fuerte.
Silencio. Era todo lo que le rodeaba.
-¡Hola! – intento nuevamente.
Ninguna respuesta.
Mamoru suspiro ruidosamente y se dejo caer al suelo frustrado. No sabía cuanto tiempo llevaba caminando en este extraño, y porque no decirlo, escalofriante lugar.
-Demonios…- murmuro para si, con los ojos fijos en la nada - … ¿donde rayos se supone que estoy?
No recordaba nada de cómo había aparecido en este lugar. De hecho solo despertó y se encontró aquí, en medio de la nada. Rodeado de oscuridad.
-¿Qué es lo que esta pasando? – Musito cansado - ¿Por qué estoy aquí?...
Se quedo extendido en el suelo intentando ordenar sus pensamientos y emociones. No sabía porque tenía la extraña sensación de que algo malo estaba ocurriendo y que él debía intervenir. Era tan fuerte ese sentimiento que le estaba aturdiendo, al extremo de tener la loca necesidad de correr tras un objetivo…incierto. Mamoru lanzó un suspiro frustrado y cerró los ojos, intentando ordenar su revuelta mente.
Se mantuvo quieto unos segundos intentando calmar todas las sensaciones que revoloteaban en su interior. Debía hacerlo si quería descubrir que es lo que pasaba a su alrededor.
De pronto una luz brillante le golpeo fuertemente los ojos, y como gesto automático se cubrió el rostro con los brazos intentando atenuar el resplandor y poder acostumbrarse a ella.
Lentamente comenzó a levantarse del suelo, sin descubrirse la cara. Cuando ya se hubo parado, se quito las manos del rostro, dejando que los rayos luminosos le llegaran sin protección hacía a él. De forma inesperada la luz bajo en intensidad hasta transformarse solo en una guía.
Mamoru, encandilado con el cambio brusco de intensidades cerró los ojos en acto inconciente de proteccion. Así se mantuvo hasta que poco a poco el malestar fue decayendo, pudiendo enfocar algo y recobrando cierta visibilidad.
Sus ojos se abrieron sorprendidos, al ver a lo lejos una pequeña lucecilla. Era la solución a todos sus problemas, al menos los que incluían salida y oscuridad. Mamoru se quedo estático, sin quitar la vista del resplandor en frente suyo. Con gesto automático comenzó a caminar hacía la luz.
De pronto y sin razón aparente sonrío una extraña atracción que lo guiaba hasta el extremo brillante. Y conforme avanzaba esta atracción fue convirtiéndose en una necesidad, era el mismo efecto que de la lámpara y las polillas.
Mientras caminaba su mente vagaba en la lejanía recordando sus años de infancia y pequeños detalles de su vida que él creía olvidados, y como si de una película se tratase frente a sus ojos comenzó a correr el video de su vida, pero había cierto capitulo velado.
Cada recuerdo y anécdota fue calzando como una pieza de de rompecabezas, armando u cuadro familiar para él.
-Mi vida…- musito para él, una inusitada paz le embargo el espíritu quitándole sentido a todas las preocupaciones que le atormentaban en un principio y sin siquiera percatarse olvido aquello que lo movía a no darse por vencido...
La luz estaba más cerca, haciéndose cada vez más intensa y grande. Cuando solo lo separaban unos metros de su objetivo, su caminar hipnotizado se detuvo bruscamente y alzo la cabeza, comenzando a olfatear el aire. Poco a poco su agudizado sentido del olfato capto una fragancia que se le hizo exquisita. Un aroma que se le hacía familiar y que le hacía sentir que estaba siguiendo el sendero equivocado.
- Mmm…Jazmín y Azahar – dijo automáticamente, sin detener su caminar y cerrando levemente los ojos. Hasta que una fuerte voz dentro de su cabeza resonó con potencia.
"¡¡¡Detente Mamoru!!!"
El aludido se detuvo y comenzó a observar a su alrededor, buscando la fuente de la voz.
-Pero que demonios…-murmuro desconfiado.
"Devuélvete Mamoru…antes de que sea demasiado tarde" – dijo la misma voz, ya no con la autoridad del inicio, sino con suplica.
En ese mismo instante otra voz femenina hizo su aparición, pero a diferencia de la otra, que se oía humana y familiar, esta era suave y con un toque sobre natural, era semejante a al mover de las hojas por el viento.
"Ven Mamoru…ven…"
El pelirrojo se sintió tentado a obedecer a la voz y seguir avanzando, pero la advertencia aún resonaba en su mente, manteniéndolo estacado en el suelo.
"Ven te espero…ven"
Volvió a llamar la misma voz, el sensei se sintió impotente y dividido; por un lado quería ir hacía la luz y por otro estaba la inseguridad que el mensaje le había infundido. Ya no sabía que camino tomar o a quien creerle.
"Ven a mí…"
-No puedo…- contesto bajamente.
"¿No puedes…¿Que es lo que te detiene…?"
Un silencio floto sobre ellos. Unos segundos más tarde la voz suspiro cansinamente y dijo.
"Ya veo…Eres afortunado mortal"
Fue la suave respuesta. El hombre algo confundido preguntó:
-¿Qué…?
"No te preocupes ya entenderás más adelante"
-Pero…- volvió a hablar, pero la voz misteriosa lo corto.
"Haz caso y no seas necio…"
Mamoru frunció el ceño y molesto se cruzo de brazos. La voz rió levemente al ver como se enfurruñaba el pelirrojo.
"No te enfades mi joven mortal, y mejor respóndeme si quieres recuperar tus memorias y volver a verla…"
-Volver a… ¿verla? Ósea que yo…-musito para él.
"Sí, exactamente lo que estas pensando"
–Entonces quiero recordarla... Deseo verla de nuevo…
"Bien, entonces volverás a la tierra donde recuperaras tus recuerdos y vida, pero te lo advierto esta será dura y tendrás que tomar decisiones difíciles..."- dijo con el animo de persuadirlo.
-No importa haré lo que fuere necesario, si con eso sé que estará a mi lado…
La voz suspiro algo frustrada.
"Me lo imagine, ustedes los mortales son tan tercos que es imposible hacerlos cambiar de opinión, pero bueno es tu decisión. Ahora ten encuesta que si vuelves a estar en esta situación no habrá forma de que te deje volver y tendrás que venir conmigo. Aprovecha bien esta oportunidad que a pocos se les da joven Mamoru…"
-Así lo haré, pero antes, quisiera que me respondieras algo…- dijo con cambiando su semblante por uno algo confuso.
"Ya me sorprendía que no me preguntaras…" dijo la voz de forma risueña. Mamoru se quedo algo descolocado por la respuesta. La voz soltó una risita divertida.
"Bien, yo soy Kōsen, encargada de la entrada al mundo espiritual…"
-Mundo espiritual – repitió sorprendido – Es decir que yo… he muerto
"Algo así" – Mamoru se puso pálido-"pero no te preocupes que esto lo remediaremos ahora. La vida de ustedes los mortales es un corto suspiro dentro de la gran inmensidad del cronos, pero la tuya aún no termina..."
-Por suerte para mi…- dijo poco convencido, pero que más daba.
"Pues bien, ahora volverás a tú cuerpo y no recordaras nada de nuestra conversación mi joven Mamoru…Por cierto agradécele a la miko que intercedió por ti"
No alcanzo a escuchar nada más cuando un intenso frío lo envolvió completamente. Mamoru abrió los ojos grandemente e hizo una mueca de sorpresa, mientras el hielo tomaba su cuerpo sus ultimas memorias comenzaron a volver a su cabeza, hasta que llego al ultimo instante de su vida.
-¡Akari!...- gritó contadas sus fuerzas, mientras un fuerte dolor en el estomago lo doblo y lo hizo caer al suelo jadeando. La herida sangraba profusamente, el hombre solo fue conciente cuando se vio la mano completamente manchada del espeso líquido. El pelirrojo cerro los ojos unos segundos respirando dificultosamente., mientras a lo lejos se escuchaba una voz…
"Nos veremos…valiente mortal"
Al abrirlos se encontró nuevamente en el claro, afirmado en un tronco. Haciendo una mueca dolorosa se incorporo lentamente hasta quedar sentado. Alzo los ojos y vio que el cielo esta rojizo señal inequívocas de que la puesta de sol estaba a las puertas.
-No puedo morir…debo avisar que pasó…- con esta frase se dio las fuerzas para pararse. La herida aún sangraba y le dolía horrores, pero usando una resistencia que jamás pensó que tuviera comenzó a caminar hacía la salida del claro.
Avanzó con pasó lento pero firme. En ningún momento se detuvo o flaqueo en su propósito. Con la mano puesta en su estomago camino pisando fuerte y lo más erguido posible.
Unos cuantos minutos después las fuerzas lo dejaban de nuevo, perdiendo de improviso todo su estoicismo se afirmo dificultosamente en un grueso tronco. Una gota de sudor cruzo su frente, mientras la respiración era ruidosa y descontrolada.
-¿Qué haré para llegar antes desangrarme? – preguntó al aire buscando una forma de poder volver vivo y conciente a su destino.
Un par de kilómetros más lejos en el sector oeste del bosque, una mancha roja corría como si una manada de elefantes carnívoros lo persiguiera. Inuyasha traían el ceño contraído y su mirada ambarina reflejaba mil emociones por minutos.
-Como pude olvidarme…- se reprendió por milésima vez en el mismo segundo.- Si le pasa algo a…-suspiro, deteniendo su loca carrera y afirmándose en un árbol angustiado - a Akari no me lo perdonare jamás…
De pronto un olor extraño fue captado por su potente olfato. Y de forma brusca se aparto del árbol. Alzo la cabeza y comenzó a olfatear el aire intentando identificar el aroma.
-No otra vez…-musito, mientras su rostro palidecía varios tonos – Que no sea de Akari, que no este herida…- murmuro ahogadamente, mientras se echaba a correr en la dirección que su olfato indicaba.
Corrió como un loco a través del bosque, con el único objetivo de encontrar a su hija.
Unos cuantos minutos más tardes diviso a lo lejos una silueta humanoide afirmada dificultosamente a un tronco. Sin bajar la velocidad siguió avanzando hasta que estuvo a un par de metros y vaya sorpresa que se llevo…
-¡¿Shippo?! – Exclamo sorprendido – Pero que demonios te pasó…- pregunto confuso y preocupado. El estado en que se encontraba no era muy alentador, estaba muy magullado, tenía las ropas desgarradas por sectores, sangraba profusamente, además de notarse a leguas que le costaba respirar.
El aludido alzo la cabeza y sonrió quedamente – Se equivoca…yo…no soy Shippo…
Inuyasha alzo las cejas con escepticismo – Veo que la paliza fue más fuerte de lo que imagine.
-No… usted no entiende…- dijo intentando avanzar hacía él, pero las fuerzas lo traicionaron, y hubiese estado a punto de caer si Inuyasha no hubiera reaccionado a tiempo, para sujetarlo. El hanyou olfateo levemente, mientras sus ojos se abrían con profunda sorpresa.
-Tú no eres Shippo – dijo mirando al desconocido que sostenía – Eres… humano.
Mamoru sonrió levemente – Así es…- Su rostro se contorsiono y tuvo que morderse los labios para quejarse. El mitad bestia percatándose de esto lo afirmo en el árbol dejándolo sentado a los pies de este.
- Voy a revisar la herida – aviso y sin esperar respuesta se inclino a ver.-¡Pero como diablos te hiciste esto! – Exclamo asombrado, esa era una herida tan profunda como la que le infligió Sesshomaru, es decir, lo atravesaba completamente -Y como es que estas vivo aún…- termino incrédulo. Él en su condición de mitad bestia una herida así sanaba, con trabajo, pero se sanaba. Pero algo así para un humano es mortal.
-Pura tozudez…-murmuro, mientras se cerraban sus ojos lentamente. De pronto un pensamiento golpeo su mente apartando el sopor que lo envolvía.
-¡Él la tiene! –exclamo vehemente tomándose de los brazos del hanyou, intentando levantarse. – Hay que ir por ella…
Inuyasha frunció el ceño y con brusquedad lo volvió a afirmar contra el árbol- Tranquilo chico…cálmate y dime que es lo que ocurre.
-¡Debemos traerla de vuelta antes de que la lastime…!
-¿La lastime? – Contradijo Inuyasha, confundido – ¿Lastime a quien?
-Usted debe ir por ella, debe traerla…
-A quien debo traer¡Maldición! habla claro – grito enojado, la situación le estaba poniendo los nervios de punta.
-A Akari…él se la llevo – murmuro mientras que sus últimas energías se diluían y el sopor nuevamente nublaba sus sentidos.
-¡Akari¡¿Quién se la llevo?!
-Masao…la... pantera – musito antes de caer nuevamente inconciente.
-¡Demonios! – Gruño Inuyasha, mientras tomaba el cuerpo inconciente del sensei y lo alzaba. Afino su oído para constatar que respiraba y su corazón latía. Era un humano resistente, pero si no era atendido rápido ninguna fortaleza física le salvarían de no estar muerto al anochecer. Y sin más se hecho a correr teniendo como destino la aldea.
Mientras corría se prometió a si mismo traer a su hija de vuelta sana y salva. Más le valía al mal nacido que se la llevo, se buscara un buen escondite, porque cuando lo encontrara lo despedazaría.
-Cuando termine contigo bastardo tendrán que barrer tus deshechos…- se dijo a sí mismo en voz baja.
El cielo ya estaba oscuro y las primeras estrellas hacían su aparición tintineando alegremente. Parado en la entrada de una oscura cueva, estaba Masao. Su respiración estaba entrecortada y su ropa estaba algo desarreglado, pero fuera de aquellos detalles sin importancia tenía una mueca afectada adornando su rostro.
Complacido bajo la mirada hacía su pequeña rehén – Eres muy hermosa niña…creo que esta será un muy dulce venganza – Dijo con un brillo lascivo en los ojos.
-Haber si tú papi aprende a no ser tan entrometido…- termino con un tono oscuro, mientras se internaba en la cueva.
En el interior de su refugio, Tsubaki se encontraba en la única habitación que tenía vista hacía el exterior. Tenía un techo alto con dos ventanas en la parte superior, las paredes eran de piedra tosca y sin trabajar, en si el cuarto tenía forma redonda, asemejándose mucho con las torres de los castillos occidentales del medioevo.
El lugar estaba desprovisto de adornos y solo tenía como muebles un altar de piedra, tallado con formas de distintos dragones, una repisa con distintos líquidos de colores vistosos y unas cadenas puestas en una muralla. Este era el cuarto destinado desde tiempos inmemoriales a los rituales de magia oscura.
La mujer sonreía llena de satisfacción, mientras le daba los últimos toques al ritual que traería nuevamente a la vida a Naraku.
-Ahora solo nos falta la mocosa y volverás a despertar…- dijo mientras acariciaba levemente el rostro del hanyou. – Y me entregaras las cabezas de mis enemigos en bandeja de planta…
Unos pasos resonaron por el pasadizo que dirigía hacía la torre, Tsubaki se giro lentamente y se encontró con Masao arrodillado y a la chica en sus brazos.
-Ama Tsubaki aquí le traigo el ultimo ingrediente…- dijo sumisamente extendiendo el cuerpo de la muchacha en sus brazos hacía la mujer.
Tsubaki se levanto lentamente y se acerco con semblante satisfecho – Bien hecho mi fiel Masao, no esperaba menos de ti…- termino de decir mientras hacía un ademán para que amarrara a la joven a la pared.
El yukai sentó a Akari en el suelo, y con toda parsimonia amarro sus muñecas y tobillos con gruesos grilletes de hierro. Luego de asegurar las amarras, se dirigió hacía la muralla contraria y se afirmo en ella con despreocupación, cruzándose de brazos.
Tsubaki comenzó a murmurar un rezo en una lengua muerta, en una lengua prohibida para todos aquellos que tengan algo que perder.
Poco a poco un resplandor verdoso envolvió el cuarto, y el cuerpo de Naraku empezó a levitar hasta ubicarse sobre el altar de piedra. La hechicera sin dejar de musitar, saco de entre sus ropas una daga de oro engarzada en esmeraldas, y con el arma en alto se hizo un corte en su mano. Inmediatamente la sangre comenzó a fluir de la herida manchando el filo de plata, Masao se acerco desde el otro extremo en el cual se encontraba con un espejo antiguo y maltratado, el mismo que alguna vez perteneció a la extensión más fiel que el desaparecido Naraku tuvo, Kanna.
Al momento en que la sangre toco el ennegrecido fondo, decenas de esferas luminosas comenzaron a salir del espejo, arremolinándose en el techo; volando de un lado a otro en desorden produciendo, un viento fuerte que meció las ropas y cabellos de todos los que estaban en el cuarto.
La miko no detuvo su recitar, manteniendo toda su atención en el conjuro que estaba realizando ajena totalmente a lo que la rodeaba. Masao por su parte observaba todo con sorpresa.
-Las almas del hibrido- murmuro bajamente, sin quitar la vista del espectáculo frente a él.
Inmersa en un especie de transe chamanico, Tsubaki, avanzo como una autómata hacía donde se encontraba una conciente pero aturdida Akari. La muchacha había despertado hacía unos minutos, pero aún no enfocaba completamente su mente. No recordaba que había pasado con ella o como había llegado a ese extraño y escalofriante lugar.
Intento moverse pero las cadenas de hierro se lo impidió.- ¡Maldición¿Dónde estoy y qué esta pasando?
La joven movió la cabeza en un intento desesperado por aclarar su mente, en eso estaba cuando sintió el picor de un mirada sobre ella. Alzo la vista y se percato del extraño panorama sobrenatural que estaba ocurriendo, pero no tuvo mucho tiempo para analizar la situación ya que tuvo que desviar su atención cuando una mujer, de cabello blanco, vestida completamente de negro se arrodillo a su lado.
Nada en su apariencia llamo la atención de la chica, ni siquiera las dos cicatrices que cruzaban su rostro. Ya que su atencion estaba fija en la daga que acercaba peligrosamente hacía ella...
Continuara...
Bien aquí les dejo el capi 10 del fic. Me disculpo por el tiempo que he tardado, y por lo seco que salio este capitulo, pero mi excusa es que esto no era lo que yo quería publicar …el capitulo original tenía 23 paginas con respuestas de review incluidas, pero algo le ocurrió al condenado trasto que tengo por ordenador que me perdió en archivo y no pude rescatarlo. Así que no me quedo otra que escribir todo de nuevo y ya no salio tan bien como el primero… horror…Tampoco quise alargarlo demasiado ya que ha pasado mucho tiempo de la ultima actualización y de veras que no los quería hacer esperar más. Entonces el capi diez es de transición ya que no avanzo mucho el asunto. Pero les pudo decir que el capi once ya esta avanzado así que tendremos una actualización pronto en compensación por esta catástrofe cibernética…XD En este capi tampoco habrá respuesta de review, mil disculpas de nuevo…pero en el próximo les respondo por este capi y el siguiente.
Por otro lado en el próximo capitulo si o si se sabrá que pasara con muestro muy querido Mamoru-kun y se enteraran de alguno que otro detallito importante…jejeje así que no se lo pierdan…jajaja.
Agradezco los mensajes que han dejado, no sabes como me alientan a seguir :
--koharu-
-ShadowLights
-takako-kurumi
-yuiren3
-Seishime
-Herly
-athen-maiden
-fer chan
-kuronena
-MAIKA
-JigokuTaijiya
-Flor-sama
-3-CiNdY-3
-Dark Angel
-rachelbeen
Muchas gracias a por darse un tiempito y dejar un mensaje, no saben como me ayudan con esto
Bien nos veremos pronto en el próximo capitulo…jejeje ¡
¡Por cierto…! Dejen review jejejeje XD
Brisa Black
