Hey, adivinen quien regresó. Resulta que no soy una buena estudiante por más que me esfuerce.
Estuve editando los capítulos anteriores porque no me gustaban, no cambió la trama en sí.
Disclaimer: Cazadores de sombras y sus personajes no me pertenecen, todo es obra de Cassandra Clare. Esta obra es ficticia cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.
28/12
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Era muy probable que hoy nevara, pero ya no me fiaba del canal del clima.
Había estado esperando un mensaje de Alexander pero nunca llegó, supuse que sus padres realmente lo habían castigado. Pero aún hoy no llegaba nada, ni un mensaje, ni una llamada, nada.
Solté un largo suspiro. La mujer frente a mi esperaba su cambio, sus manos estaban jugando con la bolsa de papel que había sobre el mostrador, seguro estaba aburrida de esperar a que le entregara su dinero. Cerré la caja registradora y le entregué un par de billetes a la señora, ella me sonrió, tardó en recoger sus cosas para después irse a paso lento. Seguramente no tenía mucho que hacer ese día.
Suspiré de nueva cuenta, en cuanto terminé de exhalar el aire un par de pajillas cayeron en mi cabeza. Sacudí la cabeza y di media vuelta para recargarme sobre el mostrador. Mary tenía aún un par de pajillas en las manos y su mirada me avisaba que estaba dispuesta a sacarme las tripas con ellas.
–Ahora que ya no hay tanta clientela –explicó. Sus dedos jugaron con las pajillas– Empieza por explicar tu brazo.
Casi inconscientemente mi vista se dirigió a mi brazo, la venda estaba volviéndose gris y culpaba a Presidente Miau por eso.
–El amor duele –contesté tratando de bromear.
– ¿Es culpa de tu novio de prueba?
Bufé y di media vuelta para darle la espalda. Detestaba que lo llamara así porque sabía que era verdad. Básicamente aún era su novio de prueba, a pesar de lo que habíamos pasado ayer, no habíamos puesto en claro en qué punto estaba nuestra relación.
–No fue en sí su culpa.
Mary se acercó al mostrador y se recargó de tal forma que podía ver su rostro sin necesidad de girar demasiado la cabeza.
–Así que te lastimaste el brazo dándole amor, ¿Estaban probando nuevas posiciones del kamasutra?
Solté una risa sonora en cuanto escuché eso. Me encantaba la forma en la que Mary lograba quitarle importancia a los asuntos con una simple broma, aunque no debería de ser demasiado difícil hacerlo.
Unos cuantos comensales voltearon a verme, simplemente porque no dejaba de reírme, me di la vuelta y con la mano sana me tapé la boca a la vez que trataba de calmar mi respiración. Por suerte no llegó otro cliente en ese momento, era obvio que no podría atenderlo. Después de un par de minutos logré extinguir mi risa.
– ¿Todo bien?
Asentí con la cabeza como respuesta a la pregunta.
–Ayer casi atropellan a Alexander.
Los ojos de Mary se expandieron de tal forma que sus parpados casi desaparecieron, ella era inteligente así que supuse que había logrado juntar todas las piezas y no tenía necesidad de explicarle a fondo todo lo que pasó. Miré mi mano y moví los dedos con cuidado, el dolor ya casi se había ido.
–Te lastimaste evitando que acabara en el hospital –aseguró Mary.
Asentí con la cabeza y ella sonrió, había algo en su sonrisa, la cual era extensa, que me hizo sentir bien conmigo mismo, fue como si estuviera orgullosa de mí. Era estúpido pero me alegraba que alguien estuviera orgulloso de mí.
Un chico se acercó al mostrador para pagar su consumo, Mary me dejó trabajar mientras ella iba a limpiar la mesa recién desocupada. Le cobré al chico mientras este miraba por el ventanal, alguien que hacía lo mismo que yo. Cuando le entregué su cambio él me sonrió y salió rápidamente del local, por alguna razón lo seguí con la mirada, aún cuando no había necesidad de hacerlo. Afuera aún había suficiente luz a pesar de estar nublado.
Supe que Mary había regresado cuando sentí un par de dedos picoteando mis costillas, me giré para encararla, era obvio que ella quería seguir hablando sobre mis asuntos con Alexander.
– ¿Entonces ya no eres una prueba?
Me encogí de hombros.
–No lo sé.
Ella soltó un suspiro mientras se sobaba las sienes.
–Todo es complicado siempre que te involucras.
Sonreí. Tenía razón, cada que me involucraba en algo siempre terminaba de la peor forma. Pensé que ahí había acabado la conversación pero antes de que pudiera voltear y retomar mi posición anterior ella comenzó a hablar.
–El chico te gusta, ¿Qué estas esperando para tener algo formal?
Fruncí el ceño.
–No es tan fácil, Mary.
– ¿No eres Magnus Bane?
Solté una pequeña risa y asentí con la cabeza. Ella me sonrió también y me dio un par de palmaditas en el hombro. Sabía que ella estaba tratando de ayudarme, de hacer saber que no estaba actuando como yo mismo. Si Alexander realmente me gustaba tenía que hacer algo al respecto, no solo esperar que él me llamara para dejar en claro las cosas, yo mismo tenía que dejar claras las cosas.
Saqué el celular de mi pantalón. De alguna forma Mary tenía toda la razón del mundo. Desbloqué la pantalla para poder acceder a los contactos, cuando di con el deseado me alejé un par de metros de mi empleada, deslicé mi dedo en el contacto deseado y acerqué el celular a mi oreja. Empezaron a haber pitidos dándome a entender que la llamada se estaba enlazando, bastaron cuatro pitidos más antes de que por fin contestaran del otro lado. Lo único que hubo en cuanto contestaron fue silencio, si no fuera porque los pitidos de llamada terminada no aparecieron hubiera creído que no me había contestado.
– ¿Alexander? –pregunté dudoso de que estuviera al otro lado de la línea.
–Hola.
Sonreí como un idiota cuando lo escuché pronunciar esa simple palabra.
–Parece que realmente estas castigado.
Escuché el suspiro que profirió.
–Me quitaron cualquier medio de comunicación y tengo prohibido salir, parece que si estoy castigado.
– ¿Cómo es que estoy hablando contigo si te quitaron los medios de comunicación?
Se quedó callado por un momento, sabía que la llamada seguía gracias al sonido de su respiración.
–Le quité el chip al celular antes de que me lo quitaran.
Pude imaginarlo sonriendo con las mejillas ligeramente rosadas por la vergüenza.
–Chico malo –exclamé en tono de burla.
–Lamento no haberte hablado, no tenía tu número anotado en otra parte.
Solté una risa y él me imitó. Se sentía perfecto de cierta forma y fue en ese instante que supe que realmente tenía que dejar las cosas en claro, porque me encantaba el momento que estábamos teniendo aún cuando era a través de un celular, quería tener más momentos como esos.
– ¿Puedo ir a verte?
– ¿Qué?
–Dijiste que podría ir a verte cuando estuvieras encerrado, ¿Puedo ir ahora?
Se quedó callado por un momento y sabía que lo estaba pensando demasiado. En el poco tiempo que lo conocía sabía que Alexander pensaba antes de actuar.
–Si.
Casi solté un grito de alegría. Antes de que pudiera decir algo Alexander volvió a hablar y tuve que tragarme mis palabras.
–Mis padres llegarán en unas tres horas así que deberías darte prisa.
– ¿Podré besarte?
Alexander comenzó a toser ruidosamente y me pareció la persona más vergonzosa sobre la tierra.
–Si llegas temprano.
Miré el suelo sin dejar que mi sonrisa se desvaneciera.
–Llegaré dentro de poco.
Escuché una risa del otro lado de la línea, después de eso colgué. Miré el celular por un momento, mi mirada terminó después en Mary, guardé el aparato y me acerqué al mostrador. Me quité el mandil y lo dejé sobre el mostrador, sabía que ella me estaba mirando de reojo.
–Tu jefe tiene que ir a recoger algunos suministros –exclamé.
Cuando la miré ella tenía una ceja enarcada.
– ¿Desde cuándo tu novio es un suministro?
Le sonreí. Mi mano se posó en su mejilla y después la jalé bruscamente.
–No contradigas a tu jefe.
Mary bufó, rodó los ojos y por ultimo me dio un manotazo para que la soltara, lo cual logró al instante.
–No tardes.
Y tras decir eso se fue a limpiar una mesa. Solté un suspiro y tomé la chaqueta de debajo del mostrador, miré a Mary por una última vez prometiéndome a mí mismo que tenía que darle un buen bono por soportarme tanto, aunque ella debería estar feliz de tener un jefe como yo.
Salí de la cafetería casi corriendo, me puse la chaqueta cuando ya iba en el trayecto. Caminé a paso rápido y solo paraba para cruzar la calle o ante un alto. Tardé unos minutos en llegar al parque que vendría siendo el punto medio entre Alexander y yo, me tomó unos minutos más llegar a la casa del menor. Justo cuando estaba por cruzar la calle para ir directo a la casa del otro pensé que debería ir más calmado, no podía llegar jadeando al encuentro, ese no era mi estilo.
Carraspeé y me pasé las manos por el cabello, acomodé mi chaqueta y dando un largo suspiro me encargué de caminar a paso más lento que el de antes. Tomándome mi tiempo para poder llegar al lugar indicado. Aunque aún con todo eso no tardé mucho estar frente a la casa elegante del menor. Subí los escalones de dos en dos, cuando estuve frente a la puerta me encargué de tocar el timbre un par de veces. Tuve que esperar un momento antes de que me abrieran.
En el umbral de la puerta apareció la hermana de Alexander. Isabelle tenía el cabello levantado en una coleta, botas negras que le llegaban hasta el muslo y un hermoso vestido de color verde obscuro. Se hacía notar que el vestido era caro. Ella me sonrió y con un ademán me invitó a pasar, tardé solo un segundo en hacerle caso y adentrarme a la casa. Isabelle cerró la puerta tras de mí y me miró sonriendo, su mano se estiró y señaló las escaleras. Creí ver diversión en sus ojos, pero tal vez solo me lo estaba imaginando.
–El chico rompe reglas está arriba en su habitación.
Sonreí ante el apodo.
– ¿Qué tal si me das las coordenadas exactas?
–Subiendo las escaleras, la segunda habitación a la izquierda.
Asentí con la cabeza.
–Gracias –dije empezando a subir las escaleras.
–Y no vayan a romper más reglas, como hacerlo en su cuarto cuando mis padres no están –comentó sonriendo de oreja a oreja.
La miré sonriéndole de igual forma, le guiñé un ojo antes de responder.
–No puedo prometer nada.
Miré hacia el frente y continué subiendo las escaleras, en cuanto estuve en el siguiente piso me dirigí a la habitación indicada. Tragué saliva con pesadez, y era una estupidez estar nervioso cuando ya había estado con Alexander varias veces antes, aún así tomé aire. Desde las escaleras se veía que la puerta del cuarto que se supone sería de Alec estaba abierta. Me encaminé y sonreí antes de entrar al cuarto.
Y todo se fue a la mierda en ese instante.
Alexander estaba a la mitad del cuarto y su hermano estaba con él. Ambos en el cuarto besándose.
Me aclaré la garganta, fue un gesto que hice sin pensar realmente. Alexander volteó a verme, después a su hermano para volver a tener su mirada sobre mí.
–Magnus… esto… esto parece raro pero…
– ¿Sabes, Alexander? –le corté. Sabía que no debía hablar pero no podía callarme– La semana terminó y creo que ya lo dejaste claro.
En cuanto terminé de decirlo supe que solo lo había dicho porque estaba enojado. Alexander abrió la boca e hizo ademán de hablar pero en lugar de quedarme y escuchar alguna explicación, di media vuelta y a paso rápido me dirigí a las escaleras, las bajé de dos en dos, supuse que llegué a la puerta en menos de un minuto. Y aún así esperé, me quedé con la mano sobre la manija de la puerta por un momento, simplemente esperando, queriendo escuchar las pisadas de Alexander detrás de mí, o al menos su voz.
No hubo nada, ni voz, ni pisadas, nada.
Di vuelta a la manija, abrí la puerta y salí de la casa. Cerré la puerta controlando mis deseos de azotarla y comencé a andar sin saber realmente a donde. Y yo debí saber que algo como eso pasaría, era una estupidez pensar que alguien puede llegar a querer a un extraño en una semana, era jodidamente tonto pensar que Alexander podría empezar a quererme cuando yo solo era un extraño que lo había estado acosando por un buen tiempo. Pero era más estúpido sentir ese dolor en el pecho y el nudo en la garganta.
Y dolía, ni siquiera sabía porque, era tonto que doliera tanto.
Estaba siendo dramático y patético y realmente no me importaba. Sabía lo que se sentía el ser rechazado pero el punto era que no esperaba que Alexander me rechazara de esa forma, aunque no podía culparlo. Ahora tenía a la persona que había querido desde el principio.
Volví a la cafetería a paso excesivamente lento, ya estaba obscureciendo cuando llegué. Entré al local y rápidamente cambié el anuncio para que avisara que estaba cerrado, aunque aún había un par de personas dentro. Mary me saludó con una sonrisa, la miré por un momento y suspiré. Tal vez ella lo supo desde ese momento.
–En cuanto todos se vayan cierra, por favor
–Magnus.
Alcé una mano y ella se calló en el instante.
–Solo haz lo que te pido.
Salí del lugar sin siquiera despedirme de ella, crucé la cafetería y subí las escaleras que me llevaban a mi casa, era excesivamente pesado subir todos esos escalones, cuando al fin pude llegar al final entré a mi departamento. Presidente Miau corrió a recibirme, se quedó sentado frente a mí, me agaché y me senté frente a él, estiré los brazos y él comenzó a mover la cola de un lado al otro.
–Hey, necesito ronroneos en este instante.
Maulló y se acercó cautelosamente a mí. Lo tomé por el estomago rápidamente y el movimiento brusco lo asustó lo suficiente como para que intentara clavarme las uñas, lo recargué contra mi pecho y Presidente dejó de pelear para que lo dejara ir. Acaricié sus orejas y el comenzó a ronronear contra mi pecho.
Cerré los ojos y recargué la cabeza contra la puerta. Estaba bien, por más patético que sonara tenía a mi gato y esa era suficiente compañía. No me di cuenta hasta que Presidente Miau se revolvió en mis brazos para poder cambiar de posición, estaba llorando y mis lágrimas lo estaban mojando y ese bicho que tenía por gato detestaba ser mojado. Solté una risa y lo abracé aún más fuerte.
Era tan patético estar en el piso llorando y abrazando a mi gato solo porque sentía que mi corazón se estaba rompiendo.
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Bien, ahí está. Espero que perdonen mi retraso y que no conteste review pero es que no se en cual me quedé. Lo siento~
Dudas, aclaraciones o simples felicitaciones son bien recibidas, si dejan un review me harán muy feliz.
¡Muchas gracias por leer!
