Los personajes y la historia como saben no me pertecen.
Capítulo 9
Tenemos que ir a esa reunión —anunció Bella al entrar en el salón al día siguiente.
Edward levantó la vista del libro que estaba leyendo y le lanzó una severa mirada.
—Creía que ya habíamos quedado en que no era buena idea seguir al sheriff.
Le había soltado el mismo discurso tres veces, una la noche anterior y dos ese mismo día. Habían llegado a casa a las tres de la mañana y Bella había dormido hasta las doce del mediodía, cuando se había despertado alertada y decidida a seguir a Jake a su reunión con la persona con la que lo habían oído hablar por teléfono. Edward no estaba tan entusiasmado con el plan.
—No me fío de ese tipo —dijo él.
—Yo tampoco, precisamente por eso tenemos que seguirlo. Ya escuchaste lo que dijo anoche; es evidente que fue él quien mató a Ángela.
—¿Y crees que tiene un cómplice? —preguntó con gesto de duda—. Todas las pruebas indican que no fue un asesinato preparado. Da la impresión de que el asesino perdió el control y la golpeó hasta matarla. No parece lógico que fueran dos personas.
—Puede que Jake se emborrachara una noche y se lo confesara a alguien o quizá sí que hubo dos asesinos. No podremos saberlo a menos que lo sigamos.
—Podría ser una trampa.
—Jake no es tan listo como para preparar algo así —aseguró Bella con desprecio al tiempo que se sentaba en el sofá junto a él—. ¿La historia de Panamá? Qué aburrimiento.
—Lo he sacado de la biblioteca, así que alguien debió de leerlo en tu familia, alguien tan aburrido como yo —añadió en tono defensivo antes de darle una explicación—. Puede que tenga que viajar pronto a Panamá y pensé que me vendría bien saber algo sobre el país.
Eso despertó su curiosidad.
—¿Por qué vas a tener que ir a Panamá?
—Es posible que tengamos que rescatar a alguien que está en peligro.
Intentó no preocuparse por ello, pero lo cierto era que las misiones de Edward siempre le ponían los pelos de punta. Siempre que se había ido de viaje mientras habían vivido juntos, Bella había tenido un nudo en el estómago desde que salía por la puerta hasta que regresaba. Había rezado tanto para que no le pasara nada y volviera a su lado...
Pero, al mismo tiempo... sí, sentía cierta envidia además de preocupación. La última vez que la revista la había enviado a hacer un reportaje al extranjero había sido cuando había conocido a Edward en el Congo y lo cierto era que echaba de menos un poco de emoción.
De pronto, se dio cuenta de algo y se echó a reír.
—¿Me he perdido algo?
—No, es que estaba pensando que tengo ganas de hacer algún reportaje peligroso que dé algo de emoción a mi vida y entonces me he acordado de que hace solo una semana alguien intentó matarme. Como si eso no fuera suficiente peligro para tenerme satisfecha.
En el rostro de Edward apareció un gesto indefinible.
—¿Qué? —le preguntó.
Él se encogió de hombros y apartó la mirada.
—Nada, solo pensaba que es muy difícil tenerte satisfecha.
Bella se puso en tensión, repentinamente incómoda.
—¿Qué quiere decir eso?
Edward la miró por fin y en sus ojos había mucha amargura.
—Quiere decir exactamente eso, que eres una mujer difícil de satisfacer. Yo lo intenté con todas mis ganas y fracasé.
—Tú no fracasaste —protestó ella, confusa—. Fui yo. La culpa de que te fueras fue mía, Edward.
—Me fui porque estaba claro que no era suficiente para ti. No te bastaba conmigo o con la vida que teníamos juntos.
—Claro que me bastaba —tuvo que parpadear para no derramar las lágrimas que se le agolpaban en los ojos—. Me encantaba la vida que teníamos.
—No lo bastante —lo vio respirar hondo, con cierta agitación—. Porque decidiste ser la hija del senador a ser la mujer de Edward Cullen.
El dolor que transmitían sus palabras la hizo estremecer. Aunque también sentía rabia porque seguía sin querer comprender por qué había tenido que hacer lo que su padre le había pedido. No había pospuesto la boda porque no quisiera a Edward, sino porque le había prometido a su madre que ayudaría a su padre cuando él lo necesitara, pero por más que se lo había explicado el día que le había sugerido que retrasaran la boda hasta después de las elecciones, no había podido hacérselo entender.
—Yo quería casarme contigo —susurró—. Solo quería esperar unos meses.
Edward meneó la cabeza con irritación.
—Sabes que ese no fue el único motivo por el que me marché. Tu padre llevaba mucho tiempo entrometiéndose en nuestras cosas —le recordó.
—Yo intenté pararle los pies, pero ya sabes cómo es; siempre tiene que salirse con la suya... —dejó de hablar al ver que Edward no quería escuchar sus excusas—. Me equivoqué —reconoció entonces con profundo dolor—. Y lo he lamentado todos los días durante los últimos dos años —él no dijo nada, pero la expresión de su rostro se suavizó un poco, lo que le dio valor para continuar—. Te he echado de menos —le confesó—. No he dejado de pensar en ti ni un momento, Edward.
La miró aún con más suavidad, a lo que ella respondió levantando la mano hasta su rostro y acariciándole la mejilla con dedos temblorosos. Él cerró los ojos un instante, como si le doliera, pero no se apartó. Bella se dio cuenta de que en su interior se estaba librando toda una batalla. El deseo y la rabia. El dolor y la impaciencia.
Dios, era maravilloso poder tocarlo. Disfrutó del tacto de su incipiente barba, de sus labios carnosos. El corazón le latía tan fuerte que él también debía de sentirlo. Bajó la mano por su cuello y de ahí al pecho, donde comprobó que él tenía el corazón igual de acelerado.
—No deberías seguir —le dijo entonces él, poniéndole una mano sobre la de ella.
—¿Por qué? No puedes decir que no te gusta que te toque porque sabes que me has echado de menos tanto como yo a ti.
Abrió los ojos de par en par.
—Maldita sea, Bella. No quiero andarme con jueguecitos con...
Lo besó antes de que pudiera terminar la frase. Y él le devolvió el beso con la misma pasión. El sentir sus labios y su lengua era como volver a casa después de un largo viaje, y sin embargo había algo diferente en él, cierta dureza que la preocupaba tanto como la excitaba.
El aire se volvió más denso, cargado por la atracción sexual que desprendían sus cuerpos.
Sumergió los dedos en su pelo, le acarició la nuca y la mandíbula con desesperación. Él también la exploraba con las manos hasta que una de ellas aterrizó en uno de sus senos, el calor de sus dedos hizo que se le endureciera el pezón de inmediato. De sus labios salió un gemido.
Pero no le bastaba con eso. Se movió con inquietud entre sus brazos, para acercarse más a él y frotarse contra su pierna.
—Te necesito —susurró—. Dios, Edward, no sabes cuánto te necesito.
De pronto él se quedó inmóvil y, al abrir los ojos, vio que algo había cambiado en su mirada. Supo que había dicho algo malo, pero Edward no le dio tiempo a pensar qué había provocado tal cambio de actitud.
Su mano abandonó bruscamente el pecho y fue a buscar la de ella y, sin apartar la mirada de sus ojos, se la condujo hasta la cinturilla del pantalón, allí se la soltó solo el tiempo necesario para desabrocharle los botones del pantalón y quitárselo rápidamente. En braguitas sobre el sofá, Bella lo miró con sorpresa al ver que volvía a tomarle la mano y se la ponía directamente sobre el sexo.
Eso la hizo gemir a pesar de que era su propia mano la que sentía, pero era él quien la dirigía.
—Ves, no me necesitas —le dijo con voz áspera al tiempo que empezaba a moverle la mano.
Bella percibió a lo lejos la señal de alarma, se dio cuenta de que estaba jugando con ella para intentar demostrar algo, pero el movimiento de su mano y las sensaciones que le estaba provocando fueron más fuertes que cualquier preocupación.
—Veamos cuánto me necesitas ahora —murmuró mientras le ponía un dedo sobre el clítoris.
Siguió dirigiendo los movimientos de su mano sobre las braguitas mojadas mientras Bella tenía que hacer un esfuerzo por respirar. Quería apartarlo y decirle que se dejara de juegos, pero no tuvo fuerzas para hacerlo. Sentía cómo se acercaba al clímax y no podía parar. Hacía tanto tiempo. Demasiado. Aunque fuera su propia mano la que la tocaba, era la presencia de Edward, su olor y su respiración lo que estaban volviéndola loca. El éxtasis estalló en su interior y la sacudió hasta dejarla derrumbada sobre el sofá de cuero, tratando de recuperar el aliento.
Edward apartó la mano lentamente y se puso en pie, pero Bella tuvo tiempo de ver el bulto delatador que tenía en la entrepierna.
Él no dijo nada sobre su excitación, se limitó a mirarla con tristeza.
—No me necesitas —dijo una vez más—. La próxima vez que se pase por la cabeza, acuérdate de que eres perfectamente capaz de hacerte sentir bien a ti misma. Ya has visto que no me necesitas para eso.
Dicho eso, salió de la habitación sin mirar atrás.
—¡Eh, cretino arrogante!
Edward se detuvo a los pies de la majestuosa escalera y suspiró. Sabía que Bella no tardaría en reaccionar con furia. En realidad tenía todo el derecho del mundo a enfadarse porque se había comportado como un desalmado y no se sentía orgulloso de ello. Pero al oírla decir que lo necesitaba, en su interior se había desatado una verdadera tormenta que no había sabido controlar.
Dos años antes Bella le había demostrado que no lo necesitaba y había querido recordárselo, pero quizá no había elegido la menor manera para hacerlo. Pero la realidad seguía estando ahí. Bella lo había apartado de su vida y porque ahora hubiera decidido que quería volver a estar con él Edward no iba a estrecharla en sus brazos como si no hubiese pasado nada.
—¿A qué ha venido eso? —le preguntó, ya frente a él—. No creas que has demostrado nada con lo que has hecho.
Intentó no fijarse en lo bella que estaba, furiosa y sonrojada aún por la intensidad del clímax.
—Te he demostrado que no me necesitas.
—¿Por qué he tenido un orgasmo? Mira, Edward, te recuerdo que has sido tú quien has hecho que lo tuviera. He tenido un orgasmo porque tú estabas conmigo.
Dios, ¿por qué tenía que ser tan explícita? Ahí estaba de nuevo la dolorosa erección que había intentado controlar. Se moría por ella y se odiaba a sí mismo por desearla de esa forma. Había tenido dos años para olvidarse de Bella y había creído conseguirlo... hasta que había vuelto a verla, desde entonces estaba permanentemente excitado.
—¿Qué es lo que quieres de mí, Bella? —le preguntó, mirándola a los ojos.
—Quiero... —titubeó un momento, como si no supiera qué decir, pero entonces se aclaró la garganta y continuó—: Te quiero a ti.
—Bella...
—Quiero que me perdones —añadió ella y apartó la mirada, pero no pudo ocultar la tristeza que inundaba sus ojos.
—Hace mucho que te perdoné.
—¿Entonces por qué...? —volvió a vacilar—. ¿Por qué luchas contra la atracción que sientes?
—Porque no quiero volver a tener ninguna relación, ni contigo, ni con nadie.
—Eso es absurdo, Edward —le dijo con suavidad—. ¿Vas a apartarte de todo el mundo el resto de tu vida?
Él se encogió de hombros.
—Tengo mi trabajo y mis amigos. No necesito nada más.
—Jamás habría pensado que fueras tan cobarde.
—No es cobardía —se defendió—. Sencillamente he decidido que prefiero estar solo.
—Solo porque yo te hice daño has decidido volver a como eras antes de conocernos, alguien que no abría su corazón a nadie.
Meneó la cabeza, molesto.
—No me psicoanalices, Bella. Lo que yo haga con mi vida ya no es asunto tuyo. He venido a ayudarte a averiguar quién intentó matarte y qué le ocurrió a tu amiga. Eso es todo lo que estoy preparado para hacer.
Ella bajó la mirada hasta su entrepierna, donde la erección seguía siendo más que evidente.
—Parece que estás preparado para algo más.
—¿Qué es lo que pretendes, que te lleve a la cama? —espetó con furia.
—Sí —dijo ella sin rodeos.
—¿Por qué? Te acabo de decir que no quiero tener una relación.
—Pero no has dicho nada de una aventura.
Edward se echó a reír sin querer.
—¿De verdad piensas que podríamos tener una aventura sin importancia después de todo lo que ha pasado entre nosotros?
—Si es lo que los dos deseamos.
Se quedó de piedra al darse cuenta de que de verdad se estaba planteando aquella locura, cosa que atribuyó a los dos largos años que llevaba sin acostarse con nadie.
Sí, era posible que necesitara un poco de sexo.
Pero no con Bella.
¿Cómo iba a tener solo sexo con ella después de haberle hecho el amor tantas veces?
—Olvídalo —le dijo.
Bella lo miró con cara de decepción.
—No tiene nada de malo que nos dejemos llevar por la atracción que sentimos el uno por el otro.
—Tiene mucho de malo —dijo con un suspiro—. Dejémoslo ya, ¿de acuerdo? ¿Sigues queriendo seguir al sheriff esta noche?
El repentino cambio de tema la despistó por un momento, pero enseguida se recuperó.
—Sí.
—Muy bien. Entonces despiértame a las nueve y media. Voy a dormir un rato.
Bella volvió a ponerse delante de él, impidiéndole que subiera.
—¿Eso es todo? ¿Vas a hacer como si no hubiera pasado nada en el salón?
Él asintió, la echó a un lado y comenzó a subir los escalones.
—Eso es precisamente lo que voy a hacer —dijo.
Edward no llegó a dormir, pero al menos estuvo unas horas apartado de ella. Estaba realmente loca, pero no como creía su padre. ¿Cómo podía ocurrírsele que pudieran tener una aventura sin importancia? Entre ellos había demasiada pasión, demasiadas emociones y demasiados recuerdos.
Aunque seguía pensando que no era buena idea seguir al sheriff, no tenía elección porque sabía que Bella iría con o sin él, así que prefería acompañarla.
Se presentó con pantalones vaqueros y botas de montaña.
—¿Piensas subir alguna montaña? —le preguntó al verla.
—La casa de Sam está en medio del bosque, no puedo ir con tacones.
—Espera, ¿sabes dónde vamos?
—Claro —sonrió—. Solo hay un Sam en el pueblo y resulta que es amigo de Jake.
Ninguno de los dos habló de lo ocurrido en el salón durante el camino hasta el coche, pero Edward sabía que Bella volvería a hablar de ello tarde o temprano porque cuando se proponía algo, no dejaba de intentarlo hasta conseguirlo.
Y parecía que ahora se había propuesto estar con él.
De lo que sí hablaron fue de ese tal Sam, que parecía ser un tipo bastante raro. Según le contó Bella, Sam Ulley nunca había tenido demasiados amigos, por lo que era aún más extraño que Jake y él se llevaran tan bien ya desde el instituto. Parecía ser que ya entonces Sam se había pasado el día escribiendo en su libreta negra, como si hubiese estado planeando algo. No había ido a la universidad, trabajaba en la fábrica de madera que había en el pueblo de al lado y seguía sin tener amigos.
Edward siguió sus indicaciones para llegar a la finca donde vivía en medio del bosque. A unos cientos de metros de la casa principal, había una pequeña cabaña y, al ver el lugar, llegó a la conclusión de que aquel tipo debía de estar metido en algo ilegal.
No tardaron en encontrarse con un cartel que advertía: NO ENTRE SI NO QUIERE QUE LE DISPAREN. La gente normal no ponía ese tipo de carteles, sin embargo, los que cultivaban marihuana, por ejemplo, sí lo hacían. A Bella no le extrañó su teoría.
Después del tercer cartel, paró el coche y siguieron andando.
Eran ya las diez y cuarto de la noche. Habían llegado tarde intencionadamente para que Jake estuviera allí.
—Bueno, acabemos con esto —farfulló Edward.
El suelo estaba lleno de ramitas y de hojas secas, pero Edward no hacía el menor ruido al caminar, los años de soldado y después de mercenario le habían enseñado a fundirse con el paisaje y a pasar completamente inadvertido. Bella, por el contrario, no dejaba de charlar y de contarle cosas sobre su infancia.
—Calla un momento —le pidió suavemente.
Bella se quedó muda en un instante.
Los años de experiencia también le habían enseñado a descubrir cualquier señal de peligro por lo que enseguida sintió que alguien los observaba. Al mirar a su alrededor vio una luz a lo lejos que procedía de la cabaña de la que le había hablado Bella.
Pero el peligro que sentía no venía de allí. No, había alguien entre los árboles, cerca de ellos. No se oía absolutamente nada, excepto el rumor del viento entre las ramas, pero Edward sintió un escalofrío en la nuca que le confirmó que no estaban solos.
Apenas había abierto la boca para decirle a Edward que se agachara cuando oyó el ruido de un rifle. Sin dudar un momento, se lanzó sobre Bella y la tiró al suelo. La bala les pasó rozándoles la cabeza.
ok, lo mato yo o lo matan uds, en este capitulo Edward me saco de quicio...
Que pasará ahora yo se que soy mala, pero las dejo con la intriga hasta mañana...jjajajajajaja!
Mil gracias por sus rr y favoritos las quiero a todas...
Besos Indi
