Parte 10: bienvenidos a la jungla… de cemento.
Con cuidado cruzaron la calle y miraron en todas direcciones, pero no había rastro de sus compañeros. Mewtwo se vio desesperado, tanto como al inicio de la viaje. Los ojos barrieron con los árboles y las personas que se paseaban por el lugar, pero no encontraban lo que querían. La niña tonta, la humana gorda y el hombre imbécil, así los llamaba él en su mente y ahora no se encontraban en ninguna parte. Ellos representaban la cura, la forma de volver a la normalidad, de ser otra vez un pokémon.
De repente se volvió y gritó. "¡Tú!", le dijo a Kawara. "¡Por tu culpa estamos perdidos!", lo tomó de los cabellos y continuó gritándole, pero se detuvo cuando muchas personas lo miraron con el ceño fruncido. "¿Qué vamos a hacer? ¡Matarte no sería suficiente!"
"¡Por favor, no me golpees!", suplicó el chico.
"¿Golpearte? ¡¿Golpearte?! ¡Eso no me bastaría, estúpido! ¡Desmembrarte tal vez me ayude a sentir mejor!"
"¡No, no por favor!", pero antes de cumplir su amenaza, Mewtwo lo dejó en el suelo, con mucha violencia y se sentó en el césped a pensar. No iba a resolver nada perdiendo la paciencia… o la cabeza.
Debía recapacitar con calma. Estaba perdido en una ciudad completamente desconocida, con el cuerpo de un ser humano, sin habilidades psíquicas ni de ninguna índole. Era una persona común y corriente de casi dos metros sentado en el césped de un parque, sin cura a su predicamento y sin la posibilidad de repararlo… al menos, por el momento.
Sus dedos acariciaron sus sienes mientras evaluaba la situación, tratando de no caer en la desesperación ni en la histeria. Sin embargo, lamentablemente, esa condición ya se estaba haciendo muy común en él.
Kawara lo miraba atento, vigilando el entorno de reojo, dado que, inconscientemente, sabía que la calma no iba a durar para siempre. Presentía que la tormenta se le vendría encima sin previo aviso y su cabeza ya se preparaba para los innumerables golpes que recibiría de Mewtwo. Pero éste seguía sentado, mascullando frases incomprensibles para el chico.
Francesca y su familia de seguro los buscaban, pero en otro lugar. Podrían tardar horas en hallarlos, o incluso más. Esa perspectiva otra vez congeló los glóbulos rojos de la sangre del chico clonado, quien sintió que sus músculos se tensaron al punto de la inmovilidad.
Paul había dicho que esta era una ciudad enorme, estaba llena de gente en esta época del año, los edificios proliferaban como árboles en lo que alguna vez fue la Amazonía ¿Cómo iban a encontrarlos con todo eso en contra?
Y como al inicio del viaje, el chico vio alejarse cada vez más la posibilidad de volver a ser un pokémon.
"Mewtwo…", dijo Kawara. "Eh… ¿qué te pasa?"
"¿Qué me pasa?", abrió los ojos como si hubiese despertado abruptamente. "¡¿Qué me pasa?!", se puso de pie.
Kawara entonces, dándose cuenta de lo que había provocado, dio varios pasos hacia atrás, sin poder desviar la vista de los enfurecidos ojos de su clon indirecto, quien intentaba en vano contener su ira. Estaba explotando, colapsando lentamente como lo haría un volcán, mas el magma estaba ya en la superficie. Sus dientes rechinaban en maldiciones no aptas para el oído de un infante, sus dedos se cerraban en dos implacables puños listos para caer en el cuerpo del chico, y su disposición física en general para nada era amistosa.
"Es tu culpa, maldito niño", siseó. "Tú me transformaste en esto, ¡por tu culpa soy un asqueroso simio parlante! ¡Por tu culpa tengo que viajar con un trío de imbéciles!". Kawara se alejó más sin estar seguro de cómo reaccionar. "Por tu culpa he tenido que hacer este estúpido viaje", continuó, "soportar a los humanos y sus idioteces, ¡las cosas absurdas y ridículas de esa niña sin sesos! ¡He tenido que escuchar como esa bola de grasa me llama testarudo, inmaduro e idiota a pesar de que ella es eso y mucho más! Y el humano, oh, ¡¿cómo olvidar al que decidió jugar con la naturaleza?! ¡Él puso la dinamita y he aquí al mal nacido que encendió la mecha!"
Eso último quebró al pobre Kawara, quien ya no quería seguir escuchando los insultos del joven de cabello gris. Suponía que Mewtwo no estaba aceptando todo de buena gana, pero no consideraba justo que todo su descargo fuera contra él. Sólo vio las manzanas en una mesa y las tomó ¿Cómo iba a imaginar que estaban modificadas?
El discurso continuaba con más y más ataques verbales, uno tras otro. Primero iban directo al niño, luego a los humanos y después a las razas de ambas partes. Todos los mew eran unos cabezas huecas y los humanos eran un montón de animales que simulaban ser inteligentes.
Jamás en su corta vida Kawara había escuchado tantas palabras de semejante categoría, así que hizo oídos sordos y recordó como su madre condenaba tal vocabulario, diciendo que era digno de impíos y malas almas. El niño no debía repetirlas y no debía hacer amistad con quien las usara. Pero Mewtwo estaba a menos de un metro maldiciendo a los cuatro vientos todo su existir, culpándolo de las desgracias de su vida a pesar de que, en su mayoría, la responsabilidad era del mismo clon. Kawara no lo había convertido en ningún momento de su vida en un amargado, ni había instado a hacerle creer que era superior a los demás. Esos defectos, sin duda, provocaban todo este conflicto.
"Si supieras como te detesto, maldito animal, de seguro correrías llorando donde tu estúpida madre para que te consolara con mimos imbéciles, porque eso es lo que hacen los tuyos, revolcarse en su propia estupidez día a día, sin pensar en que existen otros que su…"
"¡YA CIERRA LA BOCA!", gritó por fin el chico cuando ya había recorrido unos diez metros caminando de espaldas. "¡Ya cállate!"
"…"
"Está bien", le gritó, "yo llevé las manzanas, ¡pero toda tu vida no es mi culpa! Estoy cansado de que digas todo el tiempo que eres la víctima de todo. Todo el tiempo extraño a mi mama y tú sólo piensas en ti, en ti, en ti y en…oh, ¿quién más? ¡Oh, sí! ¡EN TI!"
"…"
"No es mi culpa que seas un miserable sin familia ni que no tengas ni un solo amigo. Por mí puedes irte al infierno y nunca salir de ahí. Eres insoportable y egoísta, sólo piensas en ti mismo y no en los sentimientos de los demás. Vives en tu cueva fea como un animal más feo todavía. No tienes corazón, ni alma ¡ni nada! No eres la única víctima ¡yo también me convertí! Y en vez de maldecir a los humanos deberías agradecer que te estén ayudando sin querer nada a cambio. Esas son buenas personas, así me enseñó mi mamá."
"No me importa lo que te haya enseñado tu madre. No me importas tú, ni ella, ni nadie. ¿Quién ha hecho algo por mí, eh?"
"¡Los humanos! Ellos nos están ayudando."
"…"
"¿Sabes una cosa? Ya no quiero entrenar contigo. Cuando vuelva a la normalidad, voy a regresar con mi familia y después voy a esperar a ser más grande para que mi amigo me entrene. Él debió hacerte pagar por todo lo que hiciste antes, pero es bueno, no como tú que eres un monstruo ¡un fenómeno!". Y sin más dio media vuelta y se alejó.
"¿A dónde crees que vas?", preguntó Mewtwo alzando aún más la voz.
"Voy a buscar a los humanos yo solo", contestó Kawara, "No te necesito nunca más. Eres malo y cruel. No te quiero, ¡adiós!"
El chico clonado se lo quedó viendo un momento, observando como la cabellera rosa del niño se mecía con la brisa al mismo tiempo que se alejaba cada vez más. Su paso era rápido y altivo.
"Pfff, ¿Por qué Arceus decidió entrenarme contigo? Mejor hubiese sido con un muk, al menos es más agradable."
"¡Oh, Dios mio!", exclamó Francesca al borde del pánico. "¡Ya llevamos casi una hora buscando y no aparecen! Papá, ¿Qué vamos a hacer?"
"Calma hija, calma", le decía el hombre tratando de mantenerse firme. "Ya ves que aparecen, ten calma."
Sin embargo, ambas mujeres estaban casi aterrorizadas ante la idea de haber visto desaparecer a los convertidos en la ciudad. Miraban de un lado a otro, sus ojos casi querían escapar de sus cuencas sólo para recorrer más espacio. Pero no aparecían, no estaban en ningún lugar.
Apenas notaron que ya no mantenían el contacto visual, los tres humanos se lanzaron a la calle para correr tras ellos. Entonces Paul vio el globo gigante de mew y supuso que el niño, arrastrando a Mewtwo, había ido hacia allá. Sin más corrieron en esa dirección sólo para encontrar un tumulto interminable de gente.
Francesca, de inmediato, se dio a la tarea de encontrar la cabellera grisácea del chico clonado, dado que su alto sobresaldría del resto de la población. Pero pronto recordó la gorra que traía puesta y que ocultaba el tan particular color de sus pigmentos. Había mucha gente que también estaba cubriendo su cabeza y eso sólo la hizo sentir un enorme peso en su interior. Ella misma le había dado la gorra.
Emma barrió el mundo buscando a su querubín rosa, pero sólo encontraba niños que para nada podían compararse en belleza al adorable Kawara. Sus ojos estaban rasantes en lágrimas y su boca tembló de emoción. El llanto se le venía encima al pensar en que no vería jamás a su niño.
Pero Paul pensaba en lo obvio. No podía dejarlos abandonados, a dos convertidos que, se suponía, no conocían nada de la vida en la urbe. Tal vez estaban asustados (su mente no logró concebir el rostro de Mewtwo en esas condiciones), desesperados, cansados, sedientos, ¡quién sabe! No, fue su responsabilidad el haberlos convertido y ahora era su deber el volverlos a la normalidad. No podía perderlos, no así, no era justo. Se prometió encontrarlos a como diera lugar.
Y siguieron buscando sin éxito, alzando la vista por sobre las cabezas de los transeúntes, llamándolos de vez en cuando sólo para recibir miradas de extrañeza ante tales nombres.
"Por Dios, Kawara… Mewtwo, ¿Dónde están?"
"¡Ya deja de seguirme!", gritó el chico a su clon cuando notó que estaba caminado demasiado cerca de él. "¡Dije que ya no quería verte!"
"No te sigo por simpatía, estúpido. De todas formas ambos debemos encontrar a los humanos."
"Yo los voy a encontrar primero y yo solo. Te dije que no te quería, ya vete"
"Crees que me molesta que no me quieras. Nadie me quiere de todas formas."
"¡Ah!", vociferó el chico. "Ahí estas otra vez ¡victimizándote como siempre!"
"¿Victimizándote? ¿Desde cuando tú usas una palabra como esa?", preguntó Mewtwo en tono de burla.
"Sé muchas palabras, eso no te interesa, ya déjame en paz y vete. No te quiero ver."
"Ha, ¿y tú crees que me agrada mucho el tener que mirarte todo el tiempo?"
"No me importa", y continuó a paso rápido, pero su clon no tardaba en alcanzarlo.
Mewtwo sabía que, de separase, sólo lograrían alargar todo el proceso. Kawara podría encontrar a los humanos primero, y tal vez ellos se empeñarían en buscarlo a él. Y por otra parte, el mismo clon los hallaría antes que el niño y otra vez los humanos insistirían en encontrar al infante. Tendría que seguirlos hasta localizarlo. Una pérdida de tiempo, así que prefirió seguirlo para acabar pronto con todo y no tener que emprender una segunda búsqueda.
Pero Kawara no estaba contento con esto. Su copa ya había alcanzado el límite y el agua caía como catarata. No soportaba a Mewtwo y su maltrato, no quería verlo ni oírlo ni nada, sólo ansiaba volver a la normalidad y reencontrarse con sus seres queridos, pero por ahora, instantes que por primera vez se le hicieron eternos, debía esperar.
Escuchaba sus pasos y a la mente se le venían todas las palabras que gritó hasta hace unos minutos. Recordó cuando lo despertó alzándolo del cabello y como intentó golpearlo luego, sus miradas malvadas a él y a los humanos, el afán de insultarlo, como se deshizo de él en la terminal y el puñetazo que recibió cuando estaba viendo los globos. No, definitivamente Kawara ya no quería saber de Mewtwo, le era por completo un fastidio.
El chico menguó el paso y se dio cuenta de que el clon también lo hizo, luego aceleró y otra vez fue imitado. "Ya desaparece", pensaba tratando de conservar la calma, pero cuando escuchó que el joven reclamaba entre dientes que a ese paso jamás encontrarían a nadie, el niño se agachó, tomó una piedra y la lanzó al clonado.
"¡Ya vete, copia barata!", gritó enfurecido.
Mewtwo alcanzó a percatarse del proyectil justo a tiempo antes de que éste alcanzara uno de sus ojos, por lo que lo esquivó con habilidad. Sin embargo, el que no hubiese dado en el blanco para nada quería decir que el asunto había terminado, porque la roca siguió su camino hasta dar en la espalda de un hombre que se encontraba a varios metros de distancia.
Mewtwo se volteó al escuchar una maldición, para hallar no a uno, sino a seis hombres corpulentos, arrimados contra un árbol, bebiendo y fumando a vista y paciencia de todos. Eran grandes y con cara de pocos amigos. El afectado entonces, al percatarse que el chico lo miraba con insistencia, no tardó en deducir que él había sido el que lanzó la piedra. De nada le sirvió Mewtwo ver hacia otro lado, porque todos comenzaron a acercársele a paso lento y confiado, dejando las botellas a un lado y apagando las colillas de los cigarrillos.
"Tenía que pasar, ¿no?", se susurró el convertido.
Kawara, quien había continuado su camino, se detuvo al no escuchar los pasos de su clon, por lo que se volteó sólo para ver como lo rodeaban varios humanos con ademanes violentos.
El chico de gorra se mantuvo altivo, sin mostrarse ni en lo más mínimo intimidado por el número y la corpulencia de sus adversarios. Eran hombres mayores, tal vez de unos treinta o cuarenta años promedio, se veían desarreglados, sucios y los olores que emanaban para nada agradaron a Mewtwo. Seguramente eran alcohólicos y fumadores sin control, que pasaban la vida en su vicio en vez de intentar salir y rehacer su existir.
"Con que lanzando piedras, ¿eh? Niño bonito'", dijo el afectado del golpe, de pie ante el clon, quien lo veía con un gesto sombrío que se realzaba aún más con la visera.
"…"
"¡Ah, más encima, mudo!"
"…"
Entonces uno le quitó la gorra al chico, enviándola a volar lejos. Todos se rieron del color de los cabellos del joven, quien sólo se enfureció más, pero se mantuvo calmado.
"¡Más encima es de esos chiquillos raros que se pintan la cabeza!"
"Sí, un niño estúpido, con el pelo teñido y lanzando piedras. Veamos si le gusta que lo molesten", y sin más le dio un empujón que lo dejó en los brazos de otro hombre. Éste, entonces, cruelmente golpeó la espalda de Mewtwo, justo en el sector que Francesca había curado durante la noche. La punzada de dolor fue algo que realmente afectó al muchacho, pero trató de disimularlo lo más que pudo, ya que no quería mostrar debilidad ante nada.
Pero al estar preocupado de su dolencia, no se dio cuenta de un gran puñetazo se acercaba y terminó de rodillas en el piso cuando la mano del hombre se hundió en su estómago. Nunca, en su vida, el ex – pokémon había recibido un golpe como ese. Sólo alcanzo a respirar un poco para que un par de patadas arremetieran contra su ya fracturada espalda y sus brazos.
Y por primera vez se sintió débil, se vio inútil y desvalido. Cada golpe era una burla, porque de tener sus poderes, los humanos ahora estarían suplicando por sus vidas, pidiendo de rodillas para seguir respirando. Pero no, ahí estaba él, en el piso, sujetándose el vientre, soportando cada golpe sin saber qué hacer.
Pero en ese momento escuchó como alguien maldecía otra vez y la paliza se detenía. Sus ojos, entonces vieron de soslayo como Kawara, gritándoles, les lanzaba piedras sin compasión, acertando en varios de sus ataques.
"Maldito chiquillo", dijo uno adelantándose varios pasos, mas, antes de avanzar mucho, Mewtwo lo tomó de la pierna obligándolo a caer. Se puso de pie entonces y recibió otra bofetada, la cual soportó a la vez que una piedra le golpeaba el brazo.
"¡Quédate agachado, tonto!", le dijo Kawara.
"Con que vienen juntos, ¿eh?", dijo uno dispuesto a golpear al niño, pero antes de acercarse, Mewtwo se interpuso, con los brazos abiertos, entre él y el chico.
"Sí, venimos juntos, ¿y? ¿Tienes algún problema con eso?"
"Ha, ahora te quieres hacer el valiente.'"
"Si van a hacerle algo, primero tendrán que pasar sobre mí"
Todos guardaron silencio un momento, el que estaba en el suelo se puso de pie, se limpió los pantalones y pronto el grupo se echó a reír. Kawara estaba serio, dispuesto a lanzar todos los proyectiles que tuviese a la mano. Mewtwo, en tanto, tenía la mirada otra vez ensombrecida.
"¿Así que tú te vas a interponer?", dijo uno con una gran sonrisa en el rostro. "Recién estabas en el suelo, con tres golpes podría matarte ¿y dices que vas a proteger al chiquillo?"
"Sí, lo haré", dijo con firmeza, pero al segundo dio un par de pasos hacia atrás y se volteó a Kawara. "Corre", le ordenó, "¡desaparece!"
"Pero…"
"¡Ya vete!"
"Mewtwo, ¡cuidado!", advirtió, pero ya era demasiado tarde. Varios puñetazos se dirigieron directamente al rostro del chico clonado, quien, con eso, se dio cuenta de que no sabía pelear de otra forma que no fuera usando sus poderes. En la lucha cuerpo a cuerpo era un completo inútil.
Trató de mantener la vista al frente y notó que estaba siendo atacado por cuatro hombres, por lo que supuso que los otros dos pretendían encargarse del niño. No podía permitirlo, simplemente matarían a Kawara, dado que los golpes eran demasiado fuertes. Ya estaba sangrando de la nariz y tenía la ropa sucia y maltrecha, además de que su espalda iba de mal en peor.
"¡Quédate quieto, chiquillo!", escuchó desde atrás, así que, haciendo acopio de las pocas fuerzas que tenía, se zafó de la garra de su captor y le dio un gran puñetazo en la nariz, tan centrado y certero, que escuchó el crujir del cartílago. Se sonrió con aire satisfecho. Nunca había asestado un golpe como ese y el dárselo a un ser humano, fue algo que lo lleno de placer. Vio al hombre siendo asistido por sus compañeros mientras su boca se llenaba de sangre. La sonrisa de Mewtwo pareció crecer.
Pero disipó rápidamente eso cuando los otros tres, luego de unos segundos, se abalanzaron sobre él. Pero los esquivó, le dio un codazo a uno, una patada en la pantorrilla a otro y corrió rápidamente hasta donde se encontraba el infante, a quien alzó del brazo y, casi arrastrándolo, se lo llevó lo más rápido posible.
"Debemos hacer un plan", dijo Paul tratando de consolar el llanto de su hermana, pero nada parecía dar resultado. "Creo que lo mejor es separarnos. Todos tenemos nuestros celulares y cubriremos el triple. El primero que los encuentre llama los demás y nos juntamos en algún sitio, depende de donde estén ellos, ¿les parece bien?"
"Sí", dijo Francesca, considerablemente más calmada que su tía, pero aun así con los nervios de punta. "Espero que estén bien, oh, ¿qué haremos si les pasó algo malo? Pobre Kawara, es tan sólo un niñito, y Mewtwo, bueno…"
"No te preocupes por él", sollozó Emma. "Sólo piensa en mi niño bello, ¡debe sentirse tan solo y tan triste!". Y otra vez rompió en llanto.
"Bueno, así como van las cosas, creo que nos dividiremos en dos. Francy, tú vas a ir sola, yo voy con tu tía, no ha dejado de llorar y creo que…"
"No", se alzó la mujer. "Yo buscaré sola a mi hermosura. Tú eres lento como un slowpoke, así que yo lo encontraré y lo abrazaré porque…", quiso otra vez desmoronarse, pero se mantuvo firme y partió. Luego de unos instantes, Paul y Francesca se fueron cada uno por un camino diferente.
Mewtwo corrió lo más rápido que pudo y como nunca lo había hecho en su vida, pero como sus perseguidores estaban acostumbrados a los vicios y a nada más, pronto les sacó amplia ventaja y los perdió de vista. Sin embargo, no estuvo satisfecho sino hasta quedar sin aliento para continuar. Ambos cayeron rendidos sobre unos de los bancos del lugar, jadeando, tratando de recuperar el aire perdido.
Pasaron unos minutos en los que finalmente pudieron calmar la adrenalina que se esparcía por sus venas. La brisa suave los relajó y el canto de los pájaros fue como una agradable música natural.
El parque en sí les ofreció un espectáculo tranquilo y sin sobresaltos. Un buen remedio para su incidente.
El clon entonces miró al niño a su lado, algo golpeado y sucio por la violencia humana. Tenía el cabello desordenado y sus ojos sólo expresaban miedo y confusión. Suspiró un momento, miró a los árboles que se cernían sobre su cabeza y bajó los párpados para sentir la brisa.
"Gracias", susurró sin mirar a su interlocutor.
"¿Eh?", dijo Kawara al oírlo, algo turbado por aquella palabra tan escasa en el vocabulario de su clon.
"Gracias por ayudarme", prosiguió en voz baja. "A pesar de que te insulté, interviniste cuando los humanos estaban golpeándome, los atacaste y me diste tiempo de reaccionar. De encontrarme solo, en este momento estaría en el suelo, herido y sin alguien que…"
"…"
"Has demostrado tener más madurez de la que yo nunca tendré. Sin duda soy egoísta, cruel y malvado. No me merezco tu amistad ni la de nadie y, a pesar de eso… ahí estuviste, acompañándome, compartiendo este maldito predicamento. Siento todo lo que te dije, estaba desesperado y me comporté como un imbécil. De verdad lo siento."
"…"
"Gracias Kawara, eres un buen niño, tu amigo y tu madre te han enseñado bien. A fin de cuentas eres un buen am…"
"Vamos, dilo."
"Un buen amigo… aunque no lo merezca"
"Sí, tal vez. Las cosas irían mejor si dejaras de victimizarte todo el tiempo, aunque no te des cuenta. Podrías maldecir menos y tragarte tu orgullo un rato, es decir, si vas a disculparte y a dar las gracias, al menos podrías mirarme, ¿no?
"¡¿Qué?!", dijo Mewtwo con cierta molestia en su voz.
"Vamos, no te enojes", trató de tranquilizarlo el chico. "Ya te disculpaste y diste las gracias, eso es algo y de seguro que te costó mucho, porque tragarte tu orgullo debe ser como tragarse una sandía entera, así que yo quedo satisfecho. También te doy las gracias por sacarme de ahí."
"Ha, niño maduro."
"Mh…", pero se quedó pensativo un momento, sobándose el brazo y luego una pierna. "Esos humanos me golpearon muy fuerte."
"A mí también", contestó el clon limpiándose la nariz con la camisa. "¡Qué desastre!"
"Mh… ojalá mi mamá estuviera conmigo", susurró antes de que gruesas lágrimas se deslizaran por sus mejillas. "Ya no quiero estar aquí, quiero irme a mi hogar, con mi mamá…."sollozó.
Mewtwo vio esfumarse la momentánea madurez del chico y notó como reaparecía el infantil e inocente Kawara, quien, con justa razón, anhelaba estar de regreso entre los suyos.
Entonces con torpeza acarició su cabeza y le dijo que debían buscar a los humanos, dado que ahí, sentados, jamás volverían a la normalidad.
El chico interpretó ese gesto como un intento de consolación. El orgullo de Mewtwo no desaparecería así como así, siempre le sería difícil dar muestras de afecto, pero el niño se sentía bastante satisfecho e imaginó que su clon indirecto pretendía un cambio en su forma de ser.
Caminaron unos minutos hasta que encontraron una fuente, a donde se dirigieron de inmediato para limpiarse y arreglarse un poco luego del último incidente. En ese momento Mewtwo recordó que ya no tenía la gorra que Francesca le había dado y se lamentó un tanto por ello, dado que otra vez sería blanco de miradas por el color de su cabello. Pero ya no tenía más alternativa que simplemente suspirar, porque regresar por ella sería un suicidio.
Kawara se lavó la cara y se mojó el cabello, pero se dio cuenta de que su clon estaba mirando su puño cerrado, a la vez que una ligera sonrisa se dibujaba en su rostro.
"¿Qué estás pensando?", preguntó el niño.
"Nunca había atacado a un ser humano… no de esta manera, claro. Siempre utilicé mis poderes pero… golpear a uno con mis propias manos fue algo…realmente excitante."
"¿Excitante?"
"Sin duda", se mojó el rostro y el cabello, aun sonriendo, cosa que extrañó al chico. Tal parecía, Mewtwo no era capaz de sonreír por mucho tiempo. "Cuando lo hice", continuó, "sentí que la sangre corría mas rápido, un calor interno, algo intenso, grande. Un enorme poder me recorrió de pies a cabeza a pesar de ser humano y… bueno, te mentiría si dijera que no me gustó. Supongo que es lo que siempre he querido hacer. Golpear a un ser humano con mi puño lleno de adrenalina es lo único que ha valido la pena en este viaje."
Entonces se dedicaron a mirar el ambiente en donde se encontraban en ese momento. Notaron que muchas personas se paseaban por el enorme parque, humanos que, fácilmente, pudieron hacer algo cuando estaban golpeándolos. Mewtwo sólo negó con la cabeza y se dijo que no tenían remedio, pero le llamó la atención una criatura en particular.
Caminando hacia la fuente en donde se hallaban, una pequeña niña, de no más se seis años, lloraba tristemente. Usaba unos pantalones cortos y una blusa con algún motivo femenino; su cabello castaño con tendencia pelirroja, estaba atado en dos graciosas palmeras a ambos costados de la cabeza.
Avanzando, finalmente se sentó en el borde de la fuente y allí continuó su lamento, ignorando por completo la presencia de los convertidos, quienes la miraban desde el otro lado. Entonces Kawara se le acercó, con sumo cuidado, ya que creía que podría alterarse si lo veía repentinamente. Pero ella, al notarlo, lo observó y después saludó con una voz suave y baja, aun sollozando.
"¿Qué te pasa?", preguntó el niño convertido, aproximándose con mayor confianza.
"Me perdí", contestó ella con los ojos brillantes en lágrimas. "Mi mamá se fue y me dejó sola"
"Oh…", exclamó el chico con sincera tristeza.
"Yo… no sé dónde está y tengo miedo", se restregó los ojos intentando en vano limpiarlos. "¡Quiero a mi mamá!"
"Ha, se parece a alguien que conozco", comentó Mewtwo inclinándose sobre la niña para tomar una tarjeta que colgaba de su cuello. "Así que tu nombre es Sofía", leyó, ya que no le molestaba hacerlo frente a Kawara. No se sentía incómodo ante alguien que no entendía sobre esos asuntos. "Aquí también está el número para llamar a su madre, pero no tengo un teléfono."
"¡Debemos ayudarla!", dijo Kawara con ahínco. "Está tan triste. Yo sé lo que se siente, yo también quiero a mi mamá conmigo."
"¿Y cómo piensas hacerlo?"
"Está perdida, igual que nosotros. Juntos la buscaremos." Y sin más tomó a la chica de la mano, diciéndole que ellos se encargarían de reunirla con la mujer a la vez que también localizaban a los humanos que conocían. La niña, escuchando atentamente a este desconocido de cabello rosa, se sonrió con algo de torpeza, pero no soltó su mano, sino que por el contrario, se sujetó con más fuerza.
Kawara comenzó a caminar y la pequeña Sofía a su lado, completamente callada pero muy animada y sonriente. En cuanto a Mewtwo, cuya participación en ese asunto estaba limitándose sólo a saber el nombre de la niña, no vio más alternativa que seguirlos.
Emma, como una loca, recorría el parque y las calles paralelas buscando al chico más bello que sus ojos hubiesen encontrado jamás, pero, decepcionada, sólo hallaba infantes que para nada estaban a su nivel.
Ya llevaba mucho tiempo en la búsqueda, tal vez tres cuartos de hora desde que se separó de su hermano y sobrina, pero, por primera vez en mucho tiempo, estaba dispuesta a levantar montañas, atravesar mares, mover masas completas de gente con tal de encontrar a Kawara y, uf, suspiró, también a Mewtwo. Lamentablemente para ella, ambos chicos estaban unidos en este predicamento como los átomos de hidrógeno y oxígeno en la fórmula del agua. Pero su consuelo, por sobre la terquedad y testarudez del chico de cabello gris, era el hallar otra vez los ojos azules del niño, poder abrazarlo y tenerlo a su lado.
"¡¿Dónde estás, mi hermoso querubín?!"
"Yo me llamo Kawara."
"Yo Sofía."
"¡Qué lindo!", comentó el niño sin darse cuenta de que su compañera se sonreía y sostenía con más fuerza su mano.
Mewtwo sólo avanzaba un poco alejado de la pareja, buscando a alguna mujer desesperada o a los viajeros que debía encontrar, pero, en vez de eso, halló gente y gente que nada le eran de importancia.
Estaba aburrido y cansado. Ya llevaban mucho tiempo moviéndose, yendo de un lugar a otro en busca de sus compañeros o de la madre de Sofía, pero la falta de resultado positivo estaba otra vez molestándolo por dentro. Presentía que, en cualquier momento, iba a estallar de nuevo producto de la frustración y no le agradaba comenzar a maldecir, ya que, de ser así, lo tacharían de inmaduro y eso no iba con él.
Pero en ese momento, como una aparición, vio una caseta de informaciones. Se le iluminó el rostro y apuró el paso en esa dirección, indicándoles a los niños que debían seguirlo.
Una chica revisaba algo en su computador, refunfuñando sobre el calor del día y su total inactividad cuando, repentinamente, Mewtwo apareció frente a ella sin anticipación alguna.
"Encontramos a esta niña", dijo apuntando a la perdida. "Tiene un número telefónico en la tarjeta, pero no tengo con qué llamar. Supongo que tú tienes un teléfono, ¿no?"
"S-sí", contestó ella, saliendo de la caseta y aproximándose a Sofía para apuntar el número en un papel y llamar luego.
Mientras ella hacía eso, Kawara le dijo a la extraviada que pronto vendría su madre y que podría regresar a casa. Entonces la niña, feliz, se lanzó a los brazos de su compañero, quien correspondió al instante, meciéndose de alegría.
Mewtwo, al ver la escena, se paseó un poco, con una casi invisible sonrisa en el rostro y después se sentó en un banco, notando que la chica de la caseta lo miraba con algo de extrañeza. Recordó cómo, hace un momento, se había dirigido a ella con total brusquedad, sin un asomo de amabilidad o cortesía.
"Soy un completo desastre en las relaciones sociales", se dijo para sus adentros, recordando el largo tiempo que pasó sin hablar con alguien cuando aún era un pokémon.
Entretanto los niños se acomodaron a su lado, conversando tranquilamente sobre sus vidas. Sofía le relató al chico respecto al jardín de niños al que asistía, las tareas que hacía y los amigos que tenía. Por su parte Kawara, sin llegar a decir lo que en realidad era, habló sobre su comunidad, sobre su madre y su osado amigo, a quien la chica casi imaginó como un superhéroe.
Mewtwo se mantenía callado, mirándolos de vez en cuando, pero sin participar en la charla. Aunque, realmente, no estaba animado a ello. Suavemente se dejó caer en el respaldo del asiento, mirando al cielo, a las ramas de los árboles y las nubes tan lejanas. La vida era curiosa y sarcástica. Convertirse en humano después de odiarlos tanto ¡¿Qué significaba esto?! Hace sólo dos días había llegado a un bosque solitario para descansar un poco luego de un arduo viaje y, de la nada, estaba sentado en el banco de un parque, perdido y convertido.
"¿Quién escribió el guión de esta película?, dijo a nadie, ya que los chicos seguían parloteando, pero en ese momento, escuchó como alguien, una voz femenina, llamaba al nombre de Sofía. La niña, poniéndose de pie de inmediato, corrió a los brazos de quien era obviamente, su madre, llorando de alegría al encontrarse otra vez.
La mujer se disculpó efusivamente con su hija luego de perderla, prometiéndole que jamás se repetiría tal predicamento. El clon se dio cuenta de que Kawara veía la escena con cierto aire nostálgico, seguramente pensando en su propia progenitora, quien lo esperaba en casa. Y con la misma torpeza antes demostrada, le dijo que pronto llegaría su turno, que tendría que esperar un poco más para encontrarse con su madre. El niño le sonrió y luego se acercó a las mujeres para despedirse de Sofía, quien se apartó de su madre y abrazó al chico convertido. Éste, sin sorprenderse mucho, le dijo que se cuidara y que no volviera a perderse.
Entretanto la humana se acercó a Mewtwo para agradecerle, pero éste le contestó que todo el crédito lo tenía Kawara y no él. Aun así, ella repitió su sentimiento y le dijo a su hija que ya era hora de partir.
"Bien, adiós Sofía", le dijo el niño, zafándose del abrazo para que se marchara, pero ella, antes de hacerlo, con rapidez se acercó a su rostro y lo besó en la mejilla.
Mewtwo arqueó ligeramente una ceja y el chico se sonrojó al verlo, poniendo su mano en el lugar en donde la niña había dejado su muestra de afecto.
"Algún día…"susurró ella con el rostro encendido, "cuando sea grande…me gustaría… eh…me gustaría casarme contigo."
"¿Ca-casarte?"
"Sí… adiós, te quiero mucho", y sin más se volteó y se alejó con su madre, quien se sonreía ante la confesión de su hija.
"Vaya, vaya", dijo Mewtwo, "eres un enano y ya casi tienes novia."
"¡¿Novia?!", se sonrojó aún más el chico. "Yo… yo…"
"Ha, ¿ves que no es divertido?", y le recordó cuando estuvo haciendo esa insinuación antes de convertirse y en la ciudad, vinculándolo con Francesca.
"Ya cállate", dijo Kawara y se volteó para seguir buscando a los suyos. Mewtwo sólo se arriscó de hombros y se dignó a continuar, sonriéndose por el rubor de su infantil compañero, quien podía decir algún día como una anécdota, que una humana había estado enamorada de él.
Mucho rato pasó entonces y ellos siguieron caminando. Vieron árboles, personas, fuentes de agua, entrenadores con o sin sus pokémon. Sintieron hambre y sed y notaron que ya el sol había avanzado un buen trecho desde que se separaron de los humanos.
Kawara seguía pensando en las palabras de Sofía, pero Mewtwo estaba preocupado de las miradas de la gente que caminaba a su alrededor, señalando en voz baja el extravagante color de cabello de ambos, la tan sobresaliente altura del chico clonado y la adorable figura del ex – mew.
"Es normal", se decía para mantenerse en calma. "Los humanos son así, se sorprenden ante algo desconocido, pero pronto lo tachan y lo echan al olvido." Y así fue, porque luego de hacer un par de comentarios, pronto cada persona regresaba a sus vidas sin voltear más.
Iban así, en completo silencio, inmersos en sus pensamientos, cuando, repentinamente, el clon sintió que una mano le apretó el hombro desde atrás con completa brusquedad. Sintió un escalofrío. Lo primero que se le vino a la mente fue la idea de que los hombres del incidente en donde perdió la gorra los habían localizado otra vez y ahora sí estaban dispuestos a exterminarlos. Estaba en problemas, no se sentía físicamente preparado para la batalla, su espalda seguía doliendo, pero de una forma constante y regular que no le impedía seguir con su vida. Kawara no estaba en condiciones siquiera de dar una patada, ya que se la regresarían y ahí terminaría su historia.
Tragó saliva sin prevenir a su compañero, quien seguía caminando sin notar la detención de su clon indirecto. Se volteó lentamente, dispuesto a caer luchando y allí lo vio, al mismo hombre que lo golpeó en la nariz, sonriéndole con total malicia al tenerlo otra vez a su merced.
"Por fin te encontré", le dijo respirando con dificultad. Tal parece que había corrido para alcanzarlo.
…
Nota de autor:
Bien, ¡adivinanza! ¿En qué canción estoy pensando? Creo que es obvio en este capítulo, pero dejaré la incógnita.
Uh, los chicos se perdieron en la ciudad y vaya que tienen mala suerte. ¿Qué sucederá ahora? ¿Mewtwo recibirá otra paliza? ¿Cuál es mi afán de verlo medio golpeado? En fin, así es la vida, cruel y sarcástica.
Sólo quiero decir que he recuperado el ritmo, estoy casi terminando la historia por lo que podré subir el resto con más regularidad, y eso es lo que todos quieren, ¿no?
Ah, Esmeralda, creo que mencionaste en el capítulo anterior que yo pensaría que eras un tanto... pervertida tal vez, por la parte que elegiste como tu favorita. Sin embargo, ¿sabías tú que esa era la parte que precisamente yo iba a sacar de la historia antes de subirla? Ya que pensaba que no tenía utilidad alguna para la trama. Pero, luego de darle unas vueltas, pensé que me serviría para mostrar hasta qué punto Mewtwo conocía sobre la cultura humana.
Cosas de la vida.
Y por cierto, si alguien quiere darse una vuelta por el resto de mis escritos, subí una nueva historia titulada "¡Ese es mi padre!". Es una comedia algo desquiciada que en realidad no sé de qué recóndito lugar de mi mente vino a salir, pero aquí está.
Eh…eso, pásenla bien y juntos esperemos la nueva película de Pokémon. ¡A que no saben quién sale en ella!
Adiosín.
PD: ¿Sabes quién más es ahora un Animador Digital profesional?
