Bleach le pertenece a Tite Kubo.


Ella hollow

Capítulo 10. Tokyo


Rukia levantó sus manos hacia su rostro, observando lentamente y con confusión que las tenía envueltas en gruesas vendas blancas. Frunció el ceño intentando buscar una respuesta a su repentino dolor de nudillos y al cuarto blanco donde yacía recostada. Le ardían las manos como si estuvieran en carne viva, además le picaba terriblemente. Intentó mover los dedos pero solo eso le hizo emitir un quejido de dolor. ¿Dónde rayos estaba? ¿Qué era ese extraño lugar?

―Rukia-chan. ―Saludó una voz de hombre. Isshin Kurosaki entró al consultorio con una expresión sonriente y se sentó en el escritorio, anotando algo en un papel.

―¿Isshin-san? ―exclamó, dudosa.

―Tomate éstas para el dolor y éstas por si sientes que necesitas estar… ya sabes, tranquila ―Le explicó al tiempo en que le señalaba un par de cajas de pastillas.

―Lo siento pero no entiendo qué hago aquí. ―Se levantó de la camilla, impulsándose hasta saltar al suelo frío con sus pies descalzos.

Isshin la miró larga y tendidamente con una mirada de compasión y amabilidad.

―¿Realmente no lo recuerdas? ¿O no quieres acordarte? ―La escudriñó con la mirada. Rukia se sintió expuesta y la peor mentirosa del mundo. La pelinegra cerró los ojos con fuerza, tallándoselos con la muñeca, intentando quitarse las molestas lagañas. Se tronó el cuello, cansada.

―Lo lamento, Isshin-san. Creí… que había sido un sueño ―Bajó la mirada, nerviosa y avergonzada ―. Creo que debo regresar a mi casa…

―Nadie aquí está juzgándote, Rukia. Solo queremos ayudarte. Ichigo está preocupado, se quedó durmiendo aquí toda la noche, en la mañana Masaki prácticamente lo llevó a dormir a rastras ―añadió con una leve sonrisa, gesto que contagió a Rukia. Sabían lo terca que podía llegar a ser esa mujer ―. Está en su departamento, deberías ir a verlo. Él… realmente parecía preocupado por ti.

―Sí, gracias, Isshin-san y… perdón. Lo siento, en verdad. No sé qué pasó…

―No tienes de qué disculparte, hija. Anda, ve con Ichigo.

Rukia asintió tímidamente y luego salió del consultorio. Mientras pasaba por la recepción se encontró a Karin fungiendo de secretaria. La Kuchiki inmediatamente se sintió culpable por no estar cubriendo el puesto que tenía, le dedicó una sonrisa nerviosa a Karin y ésta solo bufó por lo bajo y volvió a sus asuntos; tecleando en la computadora. Seguramente estaba molesta.

―Rukia-chan ―La llamó Karin antes de que la paciente saliera de la clínica. La aludida volteó con sorpresa ―. No vuelvas a hacerlo. No hagas llorar a mi hermano.

Kuchiki empalideció, abriendo la boca asombrada. En eso entraron unas personas a la clínica Kurosaki y Karin empezó a atenderlos. Rukia salió con una confusa opresión en el pecho, caminando lentamente hacia los departamentos donde se alojaba con Ichigo. Tomó las escaleras con indecisión, subiendo peldaño por peldaño de manera lenta.

"¿Qué hice?", se reprochó mentalmente mientras se veía las manos. "Rukia, estás arruinándolo todo otra vez". Realmente no quería arruinarlo, ya suficiente tenía con su desperdigada familia. Tenía miedo de sí misma, tenía miedo de esa cosa llamada Fade. Si bien era cierto que fue su base y cimiento para aguantar los días duros en la preparatoria donde la acosaban a diario, ahora se estaba saliendo de control porque Ichigo estaba nuevamente en su vida, eso solo significaba una cosa. Fade no tenía un propósito. Fade iba a buscar un propósito. A como diera lugar.

La perilla cedió, no estaba con seguro. Ichigo yacía dormido en el sofá, visiblemente cansado y con la ropa de doctor; pantalón negro de vestir y la bata blanca. Su cabello naranja estaba despeinado. Dormía boca abajo y un ligero ronquido grave se le escapaba, su mano derecha caía descuidadamente al suelo. Rukia elevó las comisuras de sus labios casi invisiblemente. Era su amigo el que estaba ahí.

"¿Así que lloraste por mí?", se quedó viéndolo unos momentos más, acercándose. Con sumo cuidado le pasó levemente sus dedos vendados sobre el cabello naranja, en un acto de agradecimiento. Apretó los labios y luego pasó hacia el cuarto. Tomó su escasa billetera de chappy y estaba por retirarse cuando de pronto algo llamó la atención. Dejó caer la cartera, sorprendida. Sobre la cama de Ichigo estaban unos libros. La saga de Bleach. SUS libros.

―Los leíste. ―musitó con una exhalación, angustiada. Tomó los libros entre sus manos, mirándolos uno por uno con detenimiento ―. Estás leyendo a Fade. ―dijo en voz alta para sí misma. Retrocedió unos pasos y dejó caer los libros al suelo mientras sus ojos violetas se volvieron acuosos. Dio media vuelta y salió corriendo del departamento.


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Despertó por un dolor en el estómago. Ichigo se levantó con hambre y buscó un jugo de fresas en su refrigerador. Decidió tomarlo desde el envase y por la ventana observó que ya era de noche. Aprovechó para darse una ducha rápida y luego se puso unos vaqueros y una camisa negra de manga larga. Salió casualmente hacia la clínica en busca de Rukia. Saludó a Karin quien estaba en su puesto de recepcionista temporal y luego se detuvo abruptamente ante la pregunta de su hermana.

―¿Rukia-chan no viene contigo?

―¿Por qué habría de venir conmigo? Está en la camilla… ―musitó tenso, volteó a ver a Karin e intercambiaron miradas significativas ― ¡¿Rukia salió?!

―Hace una hora y media se fue a tu departamento… ―Ni bien terminó de decirlo cuando Ichigo corrió a toda prisa para regresar a su pequeño hogar, encontrándolo solitario. Lo único que había cambiado era la posición en que había dejado los libros en su cama, éstos ahora estaban tirados en el suelo descuidadamente. Enseguida tomó el teléfono para marcar el celular de Rukia. Quien naturalmente no contestó provocando que el Kurosaki naranja lanzara improperios mientras bajaba por las escaleras rumbo al consultorio de su padre. Le exigió que le diera una explicación de por qué había dejado salir a Rukia sin vigilancia, Isshin se preocupó y en ese momento cerraron la clínica. Karin los iba a cubrir con Masaki, pues no querían preocuparla. Mientras tanto Isshin e Ichigo se subieron en sus respectivos autos para buscar a la pelinegra.

Ichigo no podía creer que realmente Rukia había desaparecido. Conducía estresado, mirando para todos los rincones oscuros de las calles y casas. Volvió a intentar comunicarse con ella vía telefónica un montón de veces pero falló en cada una. Detuvo el auto, intentando idear algun plan, alguna idea de dónde buscarla.

―¿Dónde estás, donde estás? ―susurró mientras con sus dedos tamborileaba el volante del auto. Se comunicó con Isshin pero éste le dijo que sus resultados eran nulos. Pronto dieron las ocho de la noche. La oscuridad estaba omnipresente en el ambiente. Pensar en Rukia sola por ahí, en algún callejón, llorando o asustada, eso simplemente le hacía hervir la sangre ante el su desesperado deseo de protegerla, de todos y de ella misma. Se llevó ambas manos hacia la nuca, casi estirándose el cabello ante la inminente frustración que nacía desde su pecho ―. ¡¿Dónde estás, Rukia?! ¡No te encuentro, maldita sea! ―Golpeó el volante con fuerza, desatando un ligero atisbo de su furia interior. De pronto el vidrio de adelante comenzó a mojarse con algunas gotas de agua hasta que de repente una lluvia continua se instaló en Tokio. Volvió a llamar a Isshin. Nada. Sin rastros de Rukia. "Ichigo, piensa en donde estaría, tú la conoces, es tu amiga", le recomendaba su padre.

El Kurosaki hizo un gran esfuerzo por tranquilizarse y pensar con la cabeza fría. ¿Dónde estaba Rukia? ¿A dónde pudo haber ido esa enana?

"Me siento tranquila en los lugares altos", aquella frase resonó en su memoria. Era de un libro de Rukia. Enseguida la imagen de un par de adolescentes almorzando en la azotea de la preparatoria sobrevino a su mente. Rukia comía feliz su bento e Ichigo fruncía el ceño como siempre mientras le acomodaba la pajita al jugo.

―No es cierto… ―murmuró y enseguida, con gran rapidez, encendió la camioneta. Giró el volante y pisó el acelerador a fondo ―, ¡NO ES CIERTO!


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De The strawberry and the death. Libro 1.

Shinigami. Esa es la primera palabra que tengo en mente cuando veo que él se acerca. No sé cómo es que logro verlo, solo sé que me agrada cada vez que viene porque puedo hablar con alguien. Porque puedo sentir que él no está burlándose de mí.

―Fade ―Me saluda con su voz ronca. Es tan serio, cualquiera le tendría miedo pero yo no. Me acerco más al borde de la orilla. La azotea casi toca el cielo porque el edificio es tan alto. Desde aquí arriba no importa nada. Los problemas se hacen más pequeños que una hormiga. No importa si soy fea, inútil, miedosa, un alma fétida, ni siquiera importa mi adusta madrastra. Desde aquí puedo sentir que puedo volar como un canario ―. No estás pensando en saltar, ¿o sí? ―inquiere el shinigami.

Sonrío de medio lado, sintiendo mi largo cabello haciendo cosquillas sobre mis hombros desnudos. El vuelo del vestido blanco revolotea sobre mis piernas. Mis ojos de demonio; según "mamá", observan la elegante luna blanca.

―Me siento tranquila en lugares altos. ―exclamo con ojos sosegados. Pongo un pie en el vacío y me inclino hacia adelante, de pronto me dejo caer pero una mano grande toma mi brazo con fuerza y me regresa a la azotea fría. Nuevamente sonrío con diversión ―. Tú nunca me dejas caer, shinigami.

―Ya te dije que mi nombre es Kurosaki.

―Bien, Kurosaki ―sonrió de medio lado, mirando el vacío. El viento helado revoloteó su largo cabello ―, sálvame una vez más… si puedes… ―Lo retó, dejándose caer con los brazos abiertos, sintiendo su alma libre.


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El viento frío hacía pequeñas cortadas en sus pálidos labios. O eso creía Rukia. Sentía que el sanguinolento aire industrializado le partía la boca dolorosamente. Sus botas hicieron eco en la estructura metálica y roja. La noche ayudó a cubrirla para que no la detuvieran. Abajo estaba la contaminación, el inclemente smog invisible, el ruido de los autos, las personas enojadas y riéndose, los olores entremezclados de la comida, los problemas, los suicidios, las familias pobres, el universitario sin trabajo, los animales abandonados, la muerte en sí. Arriba estaba la luna, las estrellas, el manto azul y cósmico bañado en tranquilidad, la quietud, un cielo iluminado, las nubes escondidas, el silencio melancólico y ella.

Pisó la estructura roja y elevó los brazos, el viento la destanteaba de vez en cuando pero ella en lo alto se puso con un solo pie. Cerró los ojos con fuerza sintiendo el viento en su rostro. Cuando abrió sus orbes pudo ver un auto frenético que tocaba el claxon como si no hubiera un mañana, conduciendo en sentido contrario y de esa manera provocando un enorme caos vehicular. Volteó al suelo que detenía sus pies y observó los libros apilados unos sobre otros, ahí, donde plasmó todo su mundo hasta quedarse vacía. Los tomó y fue tirándolos de uno por uno con fuerza mientras unas molestas lágrimas salían de sus ojos. No tardó mucho para que la policía y una ambulancia llegaran al lugar, indicándole por medio de un altoparlante que se tranquilizara, que los bomberos ya venían en camino para auxiliarla. No veía a Ichigo por ninguna parte, por alguna razón pensó que él estaría ahí.

―Por favor, señorita, mantenga la calma. Todo en esta vida tiene solución.

Rukia sonrió de medio lado, sarcástica. ¿Y esa persona qué sabía de los Kuchiki's? Se limpió las lágrimas estorbosas y decidió empezar a bajar por sí misma de la torre. De todas formas, si ella pudo subir, también podía bajar. Sin embargo el viento en mitad de la torre era fuerte y cuando apoyó el pie abajo, éste resbaló y Rukia se detuvo con una mano. Sus dedos estaban resbalosos. Intentó sujetarse con la otra mano pero no podía con su propio peso. De pronto miró hacia abajo y un terror le invadió. ¿Cómo carajos había subido a la mitad de la torre?

―¡DETENTE AHÍ, GRANDÍSIMA IDIOTA! ―rugió una voz debajo de ella. Rukia observó que Ichigo salía por la azotea del edificio y luego empezaba a escalar la torre como un hombre primitivo; rápido y habilidoso.

―Ichigo… ―murmuró Kuchiki, anonadada. Realmente era Ichigo quien iba por ella, quien iba a salvarla ―. ¿Qué haces aquí? ¿Cómo lo supiste? ―Sus ojos violetas se volvieron vidriosos al grado de que todo le parecía borroso, sabía que Ichigo no podía escucharla y por eso susurraba cosas. Tenía una opresión en el pecho y la garganta le dolía mucho, como cuando dos sentimientos se entremezclan y explotan; tristeza y felicidad.

―¡Ya casi llego, aguanta! ―escuchó que le gritaba el pelinaranja. Los bomberos habían llegado y los policías le anunciaban a Ichigo que tuviera cuidado.

Rukia se desconcentró con Ichigo y de repente sus dedos resbalosos se soltaron, emitió un gritito de sorpresa y sintió que su cuerpo ligeramente caía. Abrió grandes los ojos ante la impresión, realmente se había soltado. Manoteó varias veces para intentar agarrarse de algo pero fue imposible, a sus oídos llegó el grito desesperado de Ichigo gritando el nombre de ella. Los segundos pasaron lentos y de pronto… calidez. Una mano fuerte le sujetó de la muñeca. Rukia no supo qué había sucedido pero cuando elevó la vista se halló el rostro de Ichigo; su ceño fruncido y sus ojos castaños determinantes mirándola fijamente. Él hiperventilaba con nerviosidad. Ella también.

Ichigo gruñó haciendo un gran esfuerzo y con su propio brazo subió a Rukia hacia una barra ancha de metal, la Kuchiki rápidamente se afianzó hacia la parte segura y logró sentarse sobre ella, abrazando la estructura con ambas manos. Miró abajo… tuvo miedo y mejor miró a Ichigo que pataleó un poco hasta lograr subirse a la barra y sentarse a un lado de ella con gran esfuerzo. El muchacho respiraba cansado y las autoridades allá abajo les decían que se calmaran, que los bomberos iban a subir la escalera para ir por ellos.

Ella observó a Ichigo con el miedo más inhumano posible. Miedo de que se enojara, que se decepcionara de ella. Que la llamara loca, suicida, enferma. Que le dijera que no la quería más en su vida… pero Ichigo siempre fue impredecible. El pelinaranja no volteó a verla, solo miraba al frente con una actitud un tanto seria. Se rascó la nuca y dijo:

―Creo que hace frío aquí arriba, espero que no nos resfriemos ―confesó tranquilamente. De no haber estado abrazada a la estructura de la torre, Rukia probablemente se hubiera ido hacia atrás. ¿Verdaderamente era el frío lo que le preocupaba a Ichigo? ―. Rukia ―La llamó y ésta volteó a verlo con miedo puro ―, cuando bajemos… quiero que me digas todo. Quiero que realmente me digas todo ―Alargó su mano grande hacia ella, con la palma hacia arriba. Rukia tímidamente acercó su pequeña mano pálida hacia él, tomándolo.

―Esta vez… ―Habló con voz firme. Con temple, como la Rukia de años pasados, como la verdadera Rukia ― dejaré salir mis demonios. Te lo debo. Vas a tener la verdad, Ichigo.

El joven doctor denotó una profundidad en las palabras de Rukia y solo se limitó a asentir una vez.

―Es tu promesa, Rukia Kuchiki. ―exclamó Ichigo, mirándola seriamente.

Después los bomberos llegaron a ellos y empezaron a auxiliarlos.


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Eran las doce de la noche en la ciudad de Tokio. Ichigo conducía por una carretera oscura sin nada de tránsito, Rukia solo se limitaba a quedarse callada y de vez en cuando mirar a Ichigo de repente. Tragaba saliva duramente, temiendo estar haciendo mucho ruido. ¿Cómo le diría a Ichigo que fue Fade quien la hizo subir la torre de Tokyo? ¿O realmente fue Rukia? ¿Quién era la que quería saltar? Rukia no podía decirlo con exactitud.

―Creo que has leído mis libros. ―abordó la pelinegra bastante incómoda del silencio glacial.

―No todos, me faltan los dos últimos. No pensé que todo nuestro juego de los shinigamis podría ser tan interesante para otras personas. ―Él no volteaba, iba atento al camino. Las luces de las farolas iluminaban su rostro adusto de vez en cuando. Rukia se cohibió y no dijo nada más ―. Creo que eres una buena escritora.

―G… Gracias. Pero no son tan buenos.

―¿De qué hablas? Son geniales. ―sonrió de medio lado. Rukia lo vio y se sintió un poco más animada.

―Ichigo… yo… al final del libro está mi secreto. Al final de la saga. Fue una manera de contar lo que pasó.

El pelinaranja negó levemente.

―No, Rukia, no más evasiones. Quiero saber qué te pasa. Quiero ayudarte. ¿Qué es lo que pasó? ¿Por qué querías saltar de la torre de Tokio?

Rukia bajó la mirada hacia sus manos nerviosas que se entrelazaban sobre sus piernas.

―Termina los libros y lo descubrirás.

―Odio que me ocultes cosas, Rukia ―se quejó ―. Somos amigos. Nos decíamos todo. ¿Por qué diablos la gente cambia con un par de años? ―Apretó el volante con ambas manos.

"Justo desde esta posición", pensó la Kuchiki mientras se desabrochaba el cinturón de seguridad. Ahí, sentada en el asiento del copiloto pensó que el tiempo no había transcurrido. Ella volteó a su derecha y vio a un hombre pálido de cabello castaño oscuro y barba de tres días, los ojos amables voltearon a verla y el hombre conocido como Zangetsu sonrió ligeramente a su niña de pocos años, luego volvió su vista al frente. Una luz blanca los envolvió de repente y esa misma hizo que Rukia cerrara los ojos de repente.

―¿Estás bien? ―inquirió Ichigo al verla ―. ¿Te duele la cabeza?

―¿Por qué me ayudas, Ichigo? ¿Por qué lo haces? Deberías dejarme, deberías correrme de tu casa. No soy una persona estable.

―¡No voy a correrte, tonta! ―musitó molesto, fastidiado de la actitud de Rukia. Detuvo el auto, orillándose con cautela, poniendo las intermitentes. La miró con una mirada comprensiva y suave ―, Dime en qué te puedo ayudar. ¿Qué hay en tu pasado que yo no he podido ver? ¿Es ahí donde radica el problema? Di algo, Rukia, ¡lo que sea! ¡Di que no eres una suicida!

Ella lo miró anonadada. Ichigo estaba preocupado y visiblemente alterado, parecía que tenía miedo en sus ojos cuando la veía, pero no miedo de ella, sino el miedo que da cuando ves a una persona y temas perderla. Rukia se asombró de la mirada que le dirigía el Kurosaki. No supo por qué pero de repente tenía ganas de llorar, de repente se sentía tan sensible como la hoja de seda más fina del mundo.

―Nunca te lo pregunté pero… ¿esto tiene que ver con… con tu padre? ―Abordó el joven nerviosamente. El tema del padre de Rukia era algo que ellos nunca habían tratado. Desde niños ella no lo había mencionado y no es como si él fuera un curioso, pero era bastante obvio que algo había pasado con el señor Kuchiki porque la familia de Rukia solo se conformaba de madre, hermanos y abuelo. La joven pelinegra dejó caer los hombros en señal de abatimiento, sin dedicarle una mirada.

―Yo… ―sonrió de medio lado, una sonrisa triste y rota, una sonrisa nostálgicamente trágica. "Yo lo maté", completó la oración en su mente pero era demasiado cobarde para transmitirla desde sus cálidos labios ―. No quiero involucrarte más de lo que ya he hecho. No eres mi novio ni nada, solo somos amigos y no deseo que cargues con mis problemas.

―Bien, entonces sé mi novia y cuéntame todo. ―musitó encogiéndose de hombros, como si nada pasara. Rukia frunció el ceño.

―¡No es así de fácil, zanahoria! ―Vociferó enojada mientras sus mejillas se sentían algo calientes y miraba por la ventanilla para que Ichigo no se diera cuenta de que sus ojos violetas se estaban empañando.

―Solo dime que no volverás a hacerte daño, demonios ―pidió con voz débil y baja, mirando el volante perdido en sus pensamientos. Compungido. No quería a Rukia muerta. Ella no podía separarse de él una vez más, no lo permitiría.

Ella no dijo nada. No hizo promesas que no sabía si iba a cumplir.

Ichigo tomó el volante y puso el auto en marcha nuevamente. Rukia lo vio de reojo, oculta entre la oscuridad de la una de la madrugada. Entrelazó sus manos y empezó a apretarlas fuertemente, aseverándose que no iba a sonreír como una tonta pero no pudo evitarlo. Él realmente era… diferente.

―Rukia… si vuelves a ponerte en peligro yo mismo voy a regresarte a la vida para matarte otra vez ―musitó con su característico ceño fruncido. Rukia solo se limitó a sonreír.

Llegaron pronto al departamento de Ichigo donde una preocupada familia Kurosaki la recibió con calidez. No le preguntaron nada, solo la recibieron como si fuera una noche normal. Masaki abrazó a Rukia por un buen tiempo y luego le sonrió, también les ofreció un pequeño refrigerio dentro de la casa. Isshin y Karin se fueron a dormir, Masaki siguió con los muchachos en la cocina. Rukia no sonrió tanto pero al menos lo intentó. Al final pidió permiso para ir al baño y la señora Kurosaki se lo indicó, dejándola sola. Rukia se vio al espejo. Unos fríos ojos violetas le regresaron la mirada. Ella buscó a Fade pero no la encontró, estaba dormida y eso la tranquilizaba. Salió del baño y de repente se topó con una puerta entreabierta de la que sobresalía un extraño pitido. Se dirigió para descubrir aquél ruido y se halló en el cuarto privado de Yuzu. Verla hizo que su cuerpo se congelara, rígido. Sus ojos se abrieron a su máxima expresión, incluso los vellos del cuerpo se le erizaron. Yuzu lucía cadavérica, era solo un montículo de huesos y piel, con muchas máquinas conectadas al cuerpo. El pitido provenía del respirador que la jovencita de cabello miel tenía instalado en el área de la boca. Rukia perdió la cuenta de cuándo fue que Yuzu entró en coma. ¿Quién hubiera pensado que la enérgica Yuzu terminaría en ese estado?

Algo en el interior de Rukia se revolvió. Poco a poco se fue acercando hacia la enferma y con la mano titubeante le acarició una mejilla de la que sobresalía el hueso maxilar. Los dedos cálidos de Rukia tocaron la fría y seca piel. Al hacerlo sintió como si un shinigami se acercara; una sensación fría y tensa. La pelinegra retiró la mano como si esta se hubiera quemado y trastabilló hacia atrás, tumbando algunos aparatos en el proceso. Aterrada cayó al suelo ante su nuevo descubrimiento.

La muerte.

Yuzu representaba una especie de muerte lenta y ella; Rukia, la había tocado con sus propias manos. Rápidamente acomodó todo como estaba y salió del cuarto, cerrando la puerta por completo.

La muerte estaba tan cerca que casi podía tocar a Rukia con sus largos y finos dedos huesudos.

Ella se abrazó a sí misma, sintiendo escalofríos. La luz blanca la cegó, recordando lo que pasó en ese preciso día en que Zangetsu murió.

"Deja de seguirme", pensó mientras unas lágrimas bajaban por su rostro. Estaba agitada y una severa ansiedad la invadió de pronto. "Pero no hay escapatoria, siempre estás en todos lados, siempre aguardándome, recordándome que ese día yo falté de morir y nunca escaparé de ti, mi muerte".

Nunca.

Faltaste tú. Ahora voy a seguirte como una sombra.

"Tengo miedo, Fade".

Los ojos violetas se abrieron.

―Tranquilízate, estoy aquí, nada va a pasarte. ―dijo Fade en voz propia, sumergiendo a Rukia entre las profundas aguas del miedo ―. Yo voy a salvarte siempre, Reina. Yo siempre estaré a tu lado, Rukia. Calma, mi bebé pequeña ―Sonrió ampliamente como un gato negro.

―¿Nos vamos? ―Ichigo llegó al pasillo, indicándole el regreso al departamento.

―Sí, claro ―Asintió Fade, tomando el control del cuerpo.

Él caballerosamente le dio el paso y avanzó tras ella. Durante el trayecto al departamento no dijeron una sola palabra. Entraron e Ichigo le indicó que podía tomar una ducha, que él prefería acostarse. Cuando la pelinegra llegó al cuarto, el pelinaranja ya estaba profundamente dormido con unos lentes y un libro sobre su regazo. Los ojos violetas lo observaron con detenimiento y frialdad.

―Estúpido chico ―Susurró Fade ―, no te dejaré volver y removerlo todo. No dejaré que abras las heridas de Rukia. No voy a dejar que husmees en su pasado. Voy a protegerla ―Lo miró fijamente, como un gato a punto de atrapar al frágil ratón ―, voy a protegerla de todos, incluso de ella misma.

Una lágrima resbaló por la mejilla del cuerpo de Rukia. Agua salada. Agua helada. Dolor.

―No voy a dejar que sueltes los demonios de Rukia ―murmuró, acercándose al joven durmiente. Un paso, dos pasos.

Tres pasos. Unas manos blancas se colocaron a pocos centímetros del cuello de Ichigo. En lo profundo de la mente, Rukia manoteaba para salir a la superficie del mar violeta que la ahogaba, a toda costa intentaba subir, subir, subir hacia el cielo de nubes magentas.

"¡Fade!".

―Vamos a estar bien, Rukia. Seremos solo nosotras dos otra vez. Juntas para siempre.

"¡FADE, NO!".

Un par de ojos castaños se abrieron de un momento a otro, con sorpresa y aturdimiento, observó a Rukia con sus manos sobre su cuello, los dedos delgados de ella, todavía con finas vendas alrededor, apenas lo rozaban e Ichigo con un movimiento ágil estiró a la pelinegra hasta hacerla caer sobre la cama; boca arriba, y él encima de ella, sujetándole las muñecas por arriba.

―¡¿Qué haces?! ―Vociferó Ichigo.

―¡No te dejaré que lo hagas, Fade! ―gritó Rukia y abrió grandes los ojos de un momento a otro, como cuando una persona de repente se despierta de una horrible pesadilla. Miró a Ichigo con aprensión y luego reconoció que estaba en el departamento del Kurosaki ― ¡Ichigo!

―¿Rukia?

Sus miradas se encontraron en medio de la sorpresa y el miedo. Ella respiraba agitadamente, temiendo la reacción de su amigo.

―¿Quién es Fade? ―inquirió Ichigo.

Rukia abrió grandes los ojos y entreabrió la boca, sin saber qué decir. Ichigo Kurosaki estaba preguntando por Fade. La sola idea horrorizó a la pelinegra, quién lo único que pudo hacer fue negar con la cabeza.

―Claramente te escuché discutir con una persona llamada Fade, ¿quién diantres es Fade? ¿Es ella la que se molesta contigo? ¿Es la que dices que necesitas?

Él lo recordaba perfectamente cuando Rukia se hizo daño en las manos anteriormente, cuando ella gritaba "¡La necesito, ella se enojó conmigo!".

―Fade es… ―Los ojos violetas dejaron escapar un par de lágrimas al mismo tiempo, resbalando por el rabillo ―, es todo mi miedo al pasado y a la muerte. Fade es un escudo. Ella es… todo para mí, Ichigo ―Sollozó fuertemente, cerrando los ojos, dejando destrozarse frente a él ―, Fade soy yo ―Confesó llorosamente, volteándose de lado. Al verla así de frágil Ichigo la soltó, sentándose en la orilla de la cama, dejando que ella le diera la espalda ―. ¡Ichigo, yo maté a mi padre! El doctor dice que cree a Fade para no sentirme sola cuando te fuiste pero no es cierto y no se lo he dicho a nadie nunca, ni siquiera a mi hermano. Fade nació hace mucho tiempo antes de ti, de tu partida. Y sé que en este preciso momento sueno como una grandísima demente pero… Ichigo… ―Se sentó en la cama y en un movimiento rápido se abrazó a la espalda de Ichigo, sorprendiendo al muchacho ―, es demasiado, no puedo seguir. No quiero… que el pasado me alcance, ni tampoco la muerte. Porque si me alcanzan recordaré ese día y recordaré por qué mamá me odia y por qué Hisana me tiene miedo, ¡no quiero recordar, no quiero! ―Las pequeñas manos de Rukia se afianzaban con miedo sobre el pecho del Kurosaki, él solo puso sus manos sobre las de Rukia, dejándola llorar todo lo que quiso por esa noche hasta que con el paso de una hora ella ya no emitió ningún sonido.

Él tenía muchas dudas respecto a Rukia, pero sabía que si la presionaba no iba a obtener información, así que prefirió que todo viniera de ella. Poco a poco la joven de rostro lloroso se separó de su amigo y se sentó en la mitad de la cama con las piernas entrecruzadas, la espalda encorvada, abrazándose ligeramente con la mirada gacha.

―¿Sabes, Rukia? Siempre supe que tú tenías algo más qué decirme desde siempre, desde que estábamos juntos en el jardín de niños pero yo… incluso con el paso del tiempo, nunca te lo pregunté ―Nunca se lo preguntó y ahora se sentía culpable de verla en ese estado ―. Yo siempre te veía como buscando a alguien, como esperando a alguien y nunca supe preguntarte. Justo ahora tú tuviste qué decírmelo. Yo solo quiero decirte… gracias, Rukia. Gracias por finalmente decírmelo ―Se volteó para verla. Ella lucía estupefacta y también conmovida. Alargó una mano hacia ella y le acomodó un mechón de cabello tras la oreja ―. Gracias por confiar en mí, brujita ―exclamó seriamente ―. Ahora explícame por qué crees que mataste a tu padre.

Ichigo sonaba bastante calmado, cosa que a Rukia le parecía totalmente extraña. Sin embargo, el Kurosaki por dentro estaba lleno de dudas que gritaban y asaltaban su interior, pero se controlaba hasta la última célula para que ella no huyera de nuevo. Para que esta vez; como lo prometió, soltara sus demonios.

―Yo… no debo recordar.

―¿Fade vive dentro de ti? ―preguntó con cuidado. Rukia solo asintió una vez levemente. Al menos había conseguido algo ―. ¿Por qué le tienes miedo al pasado y a la… muerte?

―¿Sabes? Siempre quise ser un shinigami. Son los dioses de la muerte. Mi padre me contaba historias de pequeña. Pero… hay algo, una especie que incluso desafía las leyes naturales y a los propios shinigamis, una especie que rechaza la muerte. ¿Qué es Ichigo? ¿Quiénes son?

Ichigo lo sabía perfectamente. Lo sabía desde niño.

―Hollows.

―Hollows ―Ella asintió con la mitad de una sonrisa nostálgica.

Hollow. Hollow. Hollow. Hollow. Hollow. Hollow. Hollow. Hollow. Hollow. Hollow. Los correos de Rukia Kuchiki. Todavía recuerdo el rojo.

Ichigo lo comprendió y se alarmó de no poder establecer con exactitud desde cuando Rukia empezó por obsesionarse con esos temas.

"¡Yo soy Rukia Kuchiki, soy una shinigami!", gritó una niña pequeña en el jardín de niños siendo admirada por otro niño de cabello naranja.

Inclusive antes de conocerla Rukia ya estaba sumergida en ese mundo.

Fue entonces que el doctor Ichigo Kurosaki se dio cuenta de que los demonios de Rukia Kuchiki se encontraban en el pasado y que se relacionaban a tres cosas.

Su padre; Zangetsu. Fade. Y la muerte.

Ichigo estaba listo. Estaba en posición. Estaba determinado a alcanzarla para traerla de vuelta a la realidad o hundirse en su locura.

La observó ir cediendo al sueño de las tres de la madrugada hasta quedarse dormida. Profundamente dormida. Como un ángel de alas rotas. El pelinaranja sonrió de medio lado con una mirada pasiva.

―Estoy aquí, Rukia.

Desde ahora y para siempre Rukia. Por Rukia.


Si has llegado hasta aquí, ¡gracias por leer! Y si dejas un review ya sabes que te amo con todo mi corazón.

Agradezco los comentarios tan bonitos de:

VizoredLisa

Noctelocusta650

Fer ackerman

KattytoNebel

Kei

Yuki05

Frany Fanny Tsuki

Guest Ene7

FlynnChan

UnaFanAMuerte

MaraDyer

Guest Ene31

SoannaChann

Fanny

Megan

Oh por Dios, no me esperaba tantos reviews D: No pensé que el fic les gustara tanto, me da mucho gusto que sea así. Los amo y las amo por dejar comentarios, créanme que los leo todos con mucho amor. La razón de mi extenuante ausencia es porque… chanchanchan, ¡estoy trabajando! Pues sí, me conseguí un trabajo porque ya es hora de hacerme independiente, pero a la vez eso me resta tiempo. Sin embargo tengan por seguro que voy a terminar este fic ;) No se preocupen. Sobre el fic y sus detalles. Ciertamente tengo pensado explicar de qué se trata la saga de Bleach, ya los tengo anotados en mi cuaderno mágico, así que pronto se enterarán de qué van esos libros. En cuanto a Rukia y su pasado, pues bueno, ya se han descubierto varias cosas, ¿qué opinan sobre el pasado de nuestra Kuchiki favorita?

Si gustan dejarme sus comentarios de qué les pareció el capítulo, cuáles son sus teorías, qué quieren leer, qué les gustó, qué no les gustó. Etc, etc. Cualquier duda, opinión, corrección la pueden dejar en un review. En fin, es todo. Me despido con un beso y un abrazo super mega asfixiante para ti que estás leyendo esto.


Nos leemos luego… si tú quieres.