Historia basada en dos maravillosas obras que Naoko Takeuchi creó:
María (1989)
Bishoujo Senshi Sailor Moon (1992)
Adaptaciones realizadas por GabyBunny (MGVC).
* Las características emocionales atribuidas a algunos de los personajes en su versión original, han sido cambiadas para beneficio de la historia.
* En algunos capítulos se anexan nombres de algunos otros animes, los cuales tampoco son míos, sino de CLAMP.
TEN CUIDADO CON EL CORAZÓN
X
Decisiones
Mientras seguían abrazados, Darien le recordó a Serena que debían averiguar a ciencia cierta qué había ocurrido, puesto que a pesar de haber revisado el expediente de su madre, no había encontrado la información sobre el supuesto ataque de la mañana.
Caminaron de regreso a la sala de espera y ahí, al cabo de unos 15 largos minutos, apareció nuevamente el padre del joven.
-Serena, sé que una de mis internas te contestó el teléfono esta mañana y debo decirte que ha sido un terrible error, tu madre está muy bien. Hoy fue su chequeo íntegro y los resultados de sus análisis son excelentes. El estar bajo vigilancia médica la ha fortalecido mucho.
-¿Quiere decir que todo fue un malentendido?
-Sí, en verdad ruego que me disculpes, no sé cómo sucedió esta terrible confusión.
-Aún así... ¿podría ver a mi madre?
-Claro que sí, ahora ella está descansando, fue un día lleno de piquetes de agujas... pero pasa un rato.
-Darien, ¿podrías esperarme aquí un momento?
-Claro, ve con tu mamá, aquí estaré.
Avanzó al cuarto de su madre, temerosa de hallarla en mal estado. Abrió la puerta y la encontró recostada en su cama, se le veía muy cansada.
-¿Mamá?- dijo al abrir la puerta esperando una respuesta.
-Serena... ¿eres tú?
-¡Mamá!- corrió al regazo materno sin pensarlo. Era una de esas ocasiones donde en dolor acumulado sale de nuestro ser con inmensas lágrimas que sólo pueden ser secadas por el ser más sagrado que tenemos en nuestra existencia: nuestra madre; aquella persona úncia en el mundo que es capaz de hacer absolutamente todo por nosotros sin pedir nada a cambio.
Las dos se abrazaron tiernamente, Nadeshiko estaba extasiada de poder tener entre sus brazos a su adorada hija. Recordó cómo hace años atrás pudo verla por primera vez después de llevarla en su ser durante 9 ansiados meses. Era una bebé muy bella, con esos cabellitos dorados como el sol, frágil como una muñequita de porcelana y arrugadita como una pasita.
-Serena, pensé que no vendrías hoy porque sería difícil verme así.
-En la mañana llamé y una enfermera me dijo que te habías puesto muy grave.
-Algo me dijo el doctor sobre eso. ¿Has estado preocupada? No tenía porqué ser así mi amor.
-Si hay algo bueno en todo esto es que hoy pude estar contigo.
-Ojalá hubiera sido un feliz cumpleaños cariño.
-Lo es mamá... lo es porque estás conmigo, no importa la forma, estás aquí viva, para mí. Debí haber sido menos egoísta y venir hoy, si hubieras...yo no...- no terminó la frase por el nudo en la garganta y abrazó más ansiadamente a su madre.
-Hija no tienes porqué estar así. No te culpes de tus decisiones, sé que ha sido difícil el enfrentar mi enfermedad siendo aún muy chica pero lamentablemente te ha tocado lidiar con esto. No sabes las ganas que tengo de salir de aquí, irme contigo de viaje,ir a disfrutar una tarde soleada en alguna playa y divertirnos como cuando eras muy pequeñita. Te amo Serena, eres lo mejor que me ha pasado en la vida y nunca cambiaría nada de lo que me ha tocado vivir, sé que todo siempre ocurre por alguna razón y eso te incluye a ti.
Estuvieron charlando unos cuantos minutos, pues la chica bien sabía que su madre necesitaba descansar y debía volver al instituto. Bajó su cuerpo hasta que sus labios rozaron la frente de Nadeshiko y se marzó de la habitación. Al salir se recargó de costado sobre la pared y en un instinto por reprimir el dolor se abrazó fuertemente. Lágrimas rodaron hasta su barbilla dejándose caer en el suelo de madera del bello hospital. De alguna manera necesitaba sacar todo ese peso que llevaba a cuestas pero quizá no estaría sola por más tiempo...
Fue a la salita de espera y no encontró a Darien, lo que la hizo entrar en confusión y extrañeza. Una enfermera la llamó para que se acercara.
-¿Usted es la acompañante del hijo del doctor Fujitaka?
-Sí... ¿pasó algo mientras me ausenté?
-Sí, le llamaron y tuvo que salir precipitadamente pero antes me dejó esta nota para usted. Dice que lo disculpe por haber roto su promesa, que después hablarán.
-Gracias.
La enfermera le entregó una notita doblada cuidadosamente en seis partes y al leerla se entristeció. Decía que la madre de Mina había llamado porque necesitaba entregarle una partitura para el festival y que él debía analizarla con detenimiento, puesto que con las ocupaciones de su maestra de piano era difícil coincidir en su apretada agenda y que era algo que no podría retrasar.
Se sentó un rato en la silla viendo ningún punto en especial ni pensando en nada, era una de esas veces que sólo estás en un lugar y respiras por inercia y costumbre, no pasaba nada por su mente, estaba muy desgastada, cansada y asfixiada de todo.
-¿Nos vamos señorita linda?- una voz conocida la hizo despertar de su trance y giró su cabeza hacia arriba.
-Claro...
Sabía que esa persona la haría sentir mejor, al menos un rato. Subió a su coche y el rubor en sus mejillas aumentó cuando pudo verlo de frente.
-¿Te gustaría ir a tomar un helado?
-Claro que sí, de hecho me he olvidado de comer en todo el día.
-Eso no es correcto para una jovencita como tú. En todo caso creo que nos debemos una charla.
-También yo lo pienso así Doctor.
-Entonces no se diga más, iremos a cenar... pero ¿hoy es tu cumpleaños, cierto?
-Sí, lo es.
-Antes haremos una parada especial. Iremos por tu regalo.
Las calles de la ciudad eran luminosas, ya el sol se había ocultado y todo parecía brillar envuelto en una sombra de glamour, diversión y atractivas piezas de vestir. Serena nunca había salido de noche. Era una persona dedicada al cuidado de su madre, de su hogar y talvez por eso había madurado mucho más pronto que muchos jóvenes de su edad. En su corta vida no había habido tiempo para divertirse ni enrolarse en problemas.
-Aquí es- se bajaron al pie de una hermosa boutique para señoritas. Habían ropas preciosas en los aparadores y los ojos de la chica brillaban asombrados.
-¿Para qué hemos venido?- dijo en un instante de no perder la cordura.
-A comprarte tu regalo, te lo dije- hizo el ademán para que lo siguiera y ella lo siguió hipnotizada.
Al entrar toda belleza conocida fue opacada por lo que ahí adentro había. Lindas piezas de oro, lapislázuli, plata y otros metales y piedras preciosas estaban en las vitrinas del lugar, había muchos vestidos que parecían de princesas de cuentos de hadas, sí, seguramente todo aquello era un sueño, producto de su imaginación.
-Anda, ven conmigo, encontraremos algo de tu talla, pequeña- dijo una señorita tomando a la chica por el brazo.
-Gracias Inoko, agradeceré que la ayudes a verse aún más linda, es mi compañera para cenar esta noche.
-Si Señor.
-No te preocupes por nada, yo me encargo de la liquidación.
-No hacía falta decirlo Doctor.
Ayudaron a Serena a ponerse cerca de 6 vestidos y con cada uno se veía realmente linda, cuando iba a moderlarlos al doctor él siempre decía que faltaba algo, que no era el adecuado...
-Quiero probarme este- dijo señalando un sencillo vestido color marfil con cuentas bordadas.
-De acuerdo, te ayudaré. Debes de ser alguien a quien el doctor quiere mucho, nunca había traído a una chica aquí, aunque en este lugar compra algunas veces, por ejemplo esa pulserita que traes... la compró hace dos días, ahora sé quien es la dueña.
-Sí, fue un regalo de su hijo, Darien.
-¿Ah entonces eres la novia del guapo joven?
-¡No!, en realidad somos compañeros de escuela.
-Ah, ya veo. ¡Lista!- dijo con un aplauso por el resultado obtenido.
Fue nuevamente con Fujitaka y esta vez él no pudo salir de su asombro. Estaba delante de él, ya no más la niña que vivió junto a su casa años atrás, no, ahora esa chica era un ángel bello lleno de luz y con el rostro más angelical sólo visto una vez hace mucho, mucho tiempo.
-Serena eres exactamente igual a ella...
-¿A quién?- preguntó curiosa.
-A tu madre cuando tenía tu edad, ahora veo el parecido increíble entre ustedes.
-Sí, supe que usted y ella fueron muy buenos amigos en su juventud.
-Y lo seguimos siendo. Fue muy grato el encontrarme con ella después de tanto tiempo, pero dejemos esa plática para la cena. Me encanta cómo te ves. Inoko, nos lo llevamos.
-Como usted diga Señor.
-¡Pero doctor!
-¿Qué pasa? ¿no te gusta? aún podemos probarte otro.
-No, no es eso es que en verdad me da mucha pena todo esto, yo no...
-Mi niña- dijo acercándose a ella y tomándola por la barbilla- has sufrido mucho tiempo y ya es hora de que haya alegría en tu corazón. Hoy es tu cumpleaños y es lo menos que puedo hacer por la hija de mi mejor amiga de la infancia, por favor esto es un regalo, no lo rechaces.
-Yo... está bien- dijo finalmente- lo haré.
Después de que el doctor diera instrucciones a la Madamme de la boutique, ambos salieron rumbo al auto para finalmente transladarse a un cercano restaurante al estilo de París. LLegaron, y se acomodaron en una linda mesa, el doctor pidió sus órdenes en un francés increíblemente pulcro que dejó atónita a Serena.
-¡Eso fue increíble! ni yo puedo hacerlo tan perfecto a pesar de ser la más avanzada de mi clase.
-Vivimos cerca de 5 años en Francia, justo después de dejar tu vecindario, tuve que hacer un doctorado allá, precisamente por eso nos fuimos de Japón. Darien también lo habla perfectamente.
-¿Ah si? nunca lo he escuchado, supongo que es porque no estoy en su clase.
-¿Comparten muchas clases? él no me comenta mucho sobre ti a pesar de que siempre le pregunto.
-Pues en realidad no estamos juntos mucho tiempo, creo que él trató de evitarme cuanto pudo.
-¿Evitarte? ¿hay alguna razón?
-Al principio no nos llevábamos nada bien, me trataba mal y siempre se burlaba de mí- dijo haciendo pucheros.
-Siempre ha sido así entre ustedes... por cierto- dijo clavando su mirada en la muñeca de la chica- ¿eso es una pulsera?
-Sí, me la regaló Darien esta mañana.
-Entonces para eso era... él me habló hace dos días para que la consiguiera, fue muy difícil y a mi hijo cuando un capricho se le mete entre ceja y ceja no hay quién se lo saque de la mente.
-¿Porqué dice que fue como un capricho?
-Hace tiempo, limpiando las cosas de mi difunta esposa, hallamos en la casa el joyero que le regalé y dentro había una pulsera exactamente igual a esa y ahí se le metió la idea de conseguir una igual o semejante. Como llevo años conociendo a Inoko fui con ella y me dijo que podría conseguirla pero iba a tardar un poco el envío. Darien se puso como loco porque me dijo que lo necesitaba para ayer pero después de todo veo que sí llego justo a tiempo con su dueña.
No podía creerlo... él había puesto mucho empeño en conseguir su regalo. Ahora entendía un poco más sobre su forma de ser pero en ese momento no podía concebir todo aquello como una realidad, no podía creer que la felicidad estaba al alcance de su mano.
-Y bien Serena... ¿ya conociste a tu benefactor?- ella se quedó callada y bajó su mirada a la mesa, una extraña sensación la invadió de pronto- debe ser en lo único que piensas- él también se tornó serio al llegar a ese tema particular.
-En realidad...
-Deberías olvidarte de él por un momento, al menos mientras estás conmigo- le tomó la mano cariñosamente y su mente su turbó.
Comenzó a temblar y se olvidó de respirar por unos segundos. Sus ojos se abrieron un poco más de lo normal en señal de la sorpresa que tenía delante de ella misma. ¡¿Qué estaba ocurriendo?
-"Dios mío no permitas esto. Mis pensamientos están sufriendo un vuelco enorme. Por un lado Darien me hace sentir maravillas cuando estamos juntos aunque por lo general es irritable, pero él... él siempre es tan amable conmigo, es un sentimiento muy fuerte, y no puedo negar que me gusta...aunque Darien también. ¿Y si el Doctor es Píramo como siempre he sospechado? Darien pudo haberme dicho que no sólo porque, como él mismo dijo, le tiene celos a su padre."
-¿Ocurre algo?
-No, bueno... quisiera preguntarle algo.
-Creo que debemos hablar un poco después, ya viene nuestra orden y debes comer, me preocupa que no te alimentes adecuadamente con el ritmo de desgaste intelectual del colegio.
Pasaron una linda velada hablando de cosas diversas y no se volvió a tocar tal tema, quizá porque ella sabía de antemano que lo negaría todo, no tenía caso seguir con todo aquello, tenía que conseguir pruebas que lo confirmaran y además debía preocuparse por otras cosas más al alcance de su mano; Darien.
Salieron del restaurante y el doctor le indicó a su chofer que los llevara de regreso al Instituto, pues la chica le explicó que en ese fin de semana no había ido a su casa. Se despidieron y él la abrazó tiernamente, ella recibió ese abrazo con el corazón latiéndole fuertemente, casi con la misma potencia de una chica enamorada.
Se dirigió a su habitación donde sus amigos la estaban esperando todavía con una terrible angustia.
-¿Serena qué ha pasado?
-¡Oh lo lamento tanto! no tuve cabeza para ser cortés con ustedes, deben creerme la peor de todas por haberlos abandonado, en verdad discúlpenme.
-No pienses eso, sabemos que no ha sido tu intención, los que debemos pedirte una disculpa somos nosotros por no haber ido contigo pero supusimos que estarías mejor con Darien, él tiene gran influencia en el centro médico...
-Sí, ya estoy enterada de eso. ¿Por cierto dónde está?
-Aún está ensayando con mi madre. Se ha escuchado el piano por horas, nosotros pensamos que ibas a quedarte allá toda la noche.
-¿Y ustedes?
-Ibamos a dormir aquí en el colegio, los chicos estaban por irse pronto.
-En verdad hubiera deseado que todo fuera diferente.
-Lo sabemos pero no ha sido culpa tuya, ya tendrás tiempo de contarnos qué fue lo que pasó. Ahora lo mejor es que descances. Me quedaré con Setsuna para dejarte sola y que tengas tranquilidad.
-Gracias Rei pero no es necesario.
-Claro que lo es, vámonos ya- dijo Setsuna con un gran aire de enojo.
Pasaron los días y lo sucedido no había salido a flote, ella no sabía cómo contarles lo sucedido con Darien y mucho menos que él era su 'novio' desde hace mucho tiempo atrás. Rei intuía que entre ellos había pasado algo porque cada vez que llegaban a estar juntos se ruborizaban y no se atrevían a estar cerca el uno del otro.
-Serena ¿puedo preguntarte algo?
-Dime Rei...
-¿Pasa algo entre tú y Darien?
Se quedó callada. Muchas veces decimos que el que calla otorga pero en esta ocasión era diferente. Ella no sabía a ciencia cierta si estaba pasando 'algo' o no, así que no podía dar una respuesta a tal cuestionamiento.
-No... no pasa nada- dijo entre caritas que expresaban su confusión.
-Pero entonces ¿por qué han cambiado su comportamiento?
-¿Qué quieres decir con eso?
-Antes cuando estaban juntos podían hablarse, aunque fuera para incomodarse el uno al otro, en cambio ahora, los noto inquietos por su presencia.
-Fue difícil darme cuenta de que él es el hijo del doctor de mi madre, eso es todo.
-De acuerdo, sólo espero que sepas que puedes confiar en mí.
Salió a caminar un rato por los pasillos del colegio, era hora de clase de deportes y había escuchado que Darien era el principal anotador en la liga de tennis del colegio, supuso que a esa hora había partido puesto que escuchaba aplausos provenientes de la cancha deportiva. De pronto una mano la soprendió por el hombro. Era Yaten ataviado con el uniforme de deportes.
-¿Vas a ir al partido? ya deben estar calentando para empezar.
-No tengo pensado ir.
-Entonces yo te invito. Sé que a todos les encantaría verte por ahí, has estado muy callada ultimamente.
-Sé que debo animarme más, no soy buena compañía estando con este humor.
-Siempre preocupándote por los demás. Anda, vamos- la tomó de la mano y al lugar llegó Setsuna.
-¡Vaya qué sorpresa tan agradable!- dijo sonriente- veo que ya hay una nueva pareja entre nosotros.
-No empieces Setsuna, sabes que no es así.
-¿En verdad Yaten? yo sé quién podría ponerse mal con todo esto.
-No estoy haciendo nada malo, estoy ayudando a mi amiga.
-¿Tomándola de la mano?
-Yaten lo mejor será que me vaya, nos veremos después.
-¿Huyes ahora Serena?- en ese momento llegó un chico por Yaten, el partido iba a empezar y el entrenador reclamaba su presencia.
-Tengo que irme, nos vemos más tarde- se dirigió a la rubia- tú no vayas a molestarla- señaló a su vieja amiga.
Una vez que Yaten estuvo lejos de ellas dos, Serena se dio la vuelta para poder retirarse, no quería darle explicaciones a nadie y mucho menos a ella. Pero la voz de Setsuna la inquietó de pronto.
-Estarás contenta con todo esto, supongo.
-¿De qué estás hablando?
-Darien está más desconcentrado por tu culpa. Él tiene que obtener buenas notas y tú se lo estás haciendo difícil, quizá tu plan está funcionando mucho mejor de lo que esperabas.
-¿Plan? Setsuna yo no tengo ninguno, no sé qué te estás imaginando.
-No me puedes engañar Serena. Estás tratando de envolver al chico más inteligente de la escuela, para ocupar su lugar al frente. Sólo así puedes asegurarte un éxito completo.
-¡No, eso no es verdad!
-Di lo que quieras, podrás engañar a todos con tu rostro angelical pero a mi ya no. Lo mejor es que te alejes de él.
-¿Por qué Setsuna? ¿Por que me odias?- Serena comenzó a llorar irremediablemente.
-No te confundas Serena, no te odio, es sólo que no me agradan las personas como tú. Te has aprovechado de todas las circunstancias que te han ocurrido: la enfermedad de tu madre, la beca que te dieron, de la simpatía de Darien... porque él se identifica mucho contigo por tu historia... sólo eso; siente una especie de compromiso contigo, te tiene... lástima.
Esa palabra hizo que la chica entrara en una especie de shock, sentía cómo poco a poco se hundía en un pozo vacío sin fondo, su corazón habia sufrido una gran estocada. Tal vez Setsuna tenía razón, debía tenerla puesto que muchos habían dicho que ella conocía más a fondo los pensamientos reales del joven.
-De acuerdo, tu ganas. No tienes de qué preocuparte. Me alejaré de... él.
-Bien, hasta que escucho algo coherente, además deben entender que es por tu bien. No quiero que sufras después algo peor.
-Si, gracias...
-Además Serena... tú eres muy linda.
-¿Qué?- preguntó muy extrañada por lo que oía.
-Con tu físico puedes tener a cualquier chico que desees, todos se fijan en tí, tienes mucho admiradores aunque no lo sepas; en cambio yo... sólo tengo a Darien.
-Setsuna...
Comprendía un poco mejor las cosas, era su forma de decirle que no iba a dejar que Darien fuera de ella y que podían llegar a ser felices puesto que entre ellos dos de cierta forma había química y muchas veces, de la amistad al amor real sólo hay poco tramo. Se alejó tan pronto como pudo, debía comenzar a poner su mente en orden, ya había tomado una decisión tiempo atrás y ahora debía cumplirla: ser la esposa de Píramo a pesar de todo, incluso de Darien Chiba.
-"Lamento que las csas hayan tenido que llegar hasta esta instancia pero es lo mejor, yo tengo un compromiso social con alguien más y tú... tienes a Setsuna. Es mejor esto, Darien."
Llego a su habitación donde pensó que podría llorar a solas pero un gran ramo de rosas blancas y gerberas rosa la sorprendio muchísimo al entrar en el cuarto.
-¡Sorpresa!- exclamó Rei con todas sus fuerzas.
-¿Qué? Rei mi cumpleaños ya pasó...
-No es mío, te los mandó alguien, creo que ambas sabemos quien...- un sonrojo se apoderó del rostro de la rubia y al mismo tiempo una gran inquietud reinó en su mente, recorrió ansiosa el ramo y efectivamente, esta vez sí había una tarjeta.
-¿Segura que son... para mí?
-Sí, a menos que yo me apellide Tsukino y no lo sepa aún, anda abre la tarjeta, mira que ha sido una gran tentación todo este rato.
-Lo haré...- tomó en sus manos el delicado trozo de papel blanco, la letra que vio en él era de una caligrafía excelente y bien formada, sin lugar a dudas era de él. Abrió el sobrecito encontrándose con unas palabras que la llenaron de alegría, expectación y una terrible angustia...
"Mi querida Serena:
No he recibido cartas tuyas ultimamente y las he extrañado. Sueño con el día en que nos podamos ver frente a frente. Te quiero.
Píramo"
