Disclaimer: Los personajes de SnK son de propiedad de Isayama Hajime, creador de éstos y señor de mi dolor en cada capítulo del manga.

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Capítulo 10: Jalousie.-

¿Qué había dicho esa mujer? ¿Podía alguien en la habitación repetírselo? ¿Hablaba en serio? ¿Eren estaba casado ya con ella? ¿Pero cuándo había sucedido? Obviamente antes de la compra, entonces Eren… ¿Eren estaba siendo un bastardo que jugaba con ambos?

Frunció su ceño y se negó a creer esas últimas ideas que pasaban por su mente. Sí, había oído bien, esa mujer asiática decía que era la esposa de Eren, pero no por eso debía creerle. Ella no estaba siendo racional tampoco, por lo que podía no estar siendo sincera. Es decir, ¿qué lunática toma por sorpresa a una sirvienta y la amenaza con una espada?

Los ojos de Sasha se habían aguado y parecía querer llorar. La mujer la había tomado y la usaba como escudo humano, acercando el filo de su arma al cuello de la pobre castaña que parecía estar por desmayarse. Rivaille solo quería que esa situación se acabara, quería buscar algo con qué defenderse del ataque de la mujer y poder salvar a su sirvienta, pero lo único más cercano que tenía era el cucharón de madera que Connie había tomado.

–Mikasa –habló una voz autoritaria, era la de Eren, quien había terminado apareciendo tarde en escena debido a que se encontraba en el segundo piso –Suéltala –gruñó pasando por entremedio de los otros dos varones, quienes no bajaban la guardia –Te he dicho que la sueltes ahora.

Finalmente luego de una larga batalla con las miradas, la joven terminó por ceder y luego de agachar su rostro un poco soltó a la sirvienta. Ésta corrió rápidamente a los brazos de Connie para refugiarse en ellos, siendo bien recibida y por fin sintiéndose a salvo.

–Llévala a la cocina y no salgan de ahí –le dijo Eren al otro joven quien asintió rápidamente y tomó a su amiga para dejar el lugar –¿Qué está mal contigo? –preguntó ahora a Mikasa frunciendo de nuevo su ceño –No puedes venir a mi hogar y amenazar a mis amigos. Además ¿por qué estás aquí? ¿No deberías estar en tu casa?

–Eren, he venido a cortar tus cadenas y llevarte a nuestro hogar –soltó la joven como si lo hubiera ensayado antes.

Rivaille miró a su pareja seriamente, quien le correspondió de inmediato la mirada totalmente sorprendido. Nunca se había imaginado que su prometida terminaría dando con él. Encogiéndose de hombros, Eren le mostró a la joven sus muñecas, como si se estuviera burlando de lo que le acaba de decir, y es que en verdad se encontraba muy molesto como para tener tacto con ella.

–¡Tienes que volver conmigo, Eren! –le dijo ella guardando su arma en su vaina y acercándose al joven de a poco –Debemos volver y casarnos, como debió ser desde el principio…

–Mikasa, no quiero volver.

–¡¿Este enano te tiene amenazado?! –seguía insistiendo la joven.

–La verdad es que no. Mikasa, tal vez…

–¡Eren, no…!

–¡Maldita sea, Mikasa, no soy su esposo! ¡No estoy encadenado! Nadie ha intentado hacerme daño en el tiempo que llevo aquí ¡Y definitivamente, no me casaré contigo! –gritó esto último provocando que la muchacha lo mirara totalmente confundida, como si no se lo creyera –No estamos casados, nada me obliga a mantenerme a tu lado, ni mucho menos a mantener una promesa que ni yo hice. Si tanto quieres casarte, ve con el sultán, debe tener cientos de hijos que ofrecerte. Además, yo ya no valgo, estoy en la ruina desde que perdí mi ejército, no tengo dinero…

–¡El dinero es lo de menos! ¡Podemos vivir con el mío! Eren, si no es contigo, no quiero casarme con nadie, así que por favor, tienes que creer cuando te digo que eres digno del amor de cualquier mujer. Estaremos juntos, viviremos bien, no tienes por qué preocuparte de eso…

Rivaille no podía creerlo, esa mujer estaba insistiendo demasiado. Mientras Mikasa hablaba, daba uno tras otro pasos para alcanzar a Eren y cuando estuvo lo suficientemente cerca lo abrazó, dejándose caer sobre sus hombros y ocultando su rostro en su pecho, pero solo un poco, porque con un ojo observaba detenidamente a Rivaille, quien había decidido no hacer nada por el momento.

–¡M-Mikasa! –gritó Eren apartándola bruscamente –Ya te lo he dicho, deja de comportarte así.

–Si no te importa nuestro compromiso ¿entonces, por qué sigues teniendo el prendedor que te di hace años? –preguntó la muchacha y había dejado en jaque al príncipe.

Era cierto, Eren no se había deshecho de ese minúsculo objeto con el pasar de los meses, y Rivaille tampoco se lo había pedido. Aunque sabía que se trataba de algo dado por su prometida, creyó que sería bueno que conservara, porque así recordaría algo sobre su pasado y del lugar en el que vivía. Bueno, se había equivocado. Tal vez Eren sí atesoraba el momento en que se reencontraría con la mujer que debería ser su esposa, y por eso había guardado ese tonto prendedor colgando de su pelo.

Con su ceño ligeramente fruncido, Rivaille avanzó hacia Eren con una sola cosa en mente, quitarle esa tonta flor. De un golpe jaló el artilugio, haciendo que el joven príncipe soltara un pequeño sonido que alarmó a Mikasa. Luego de eso se lo lanzó a la mujer en la cara y volvió a mirar a Eren, quien se pasaba la mano por el lugar del nacimiento del cabello que fue jalado.

–No tenía que ser tan brusco –musitó el castaño agachando la mirada.

–Cállate –gruñó Rivaille acercándose de nuevo a él –¿Era eso, no? ¿Querías volver con tu linda prometida? Sabías que ella vendría y al ver ese prendedor de mierda ella te ayudaría a escapar…

–¡Claro que no! –lo interrumpió, pero había sido como si jamás hubiera hablado.

–Ya te lo dije, Eren –susurró tomando el mentón del chico quien lo veía totalmente congelado, parecía que ni siquiera su mente estaba actuando, porque solo lograba concentrarse en lo que Rivaille estaba haciendo –Y te lo digo ahora a ti, Mikasa –la llamó y la chica pegó un brinco, estaba totalmente confundida, no entendía bien que ocurría y su mente se había vuelto un revoltijo al igual que la de Eren –Este niño, es mío.

Y como si no estuviera la chica observándolos, apresó los labios de Eren con los suyos en un beso que más que dulce, parecía romántico y pasional. Enredó su lengua con la contraria cuando las fauces se abrieron para dejarle entrar, y tomándolo de los cabellos lo haló hasta que el chico comenzó a arrodillarse lentamente, sin soltarlo jamás de ese beso. Finalmente, cuando Eren estuvo completamente de rodillas sobre el suelo, lo dejó, separándose solo un poco, mostrando orgulloso el hilo de saliva que aún los conectaba.

¿Cómo? Eren se preguntaba qué había ocurrido en ese instante. No era capaz de entender nada de lo que sucedía. Generalmente amaba los besos de Rivaille, y aunque ésta no había sido la excepción, el sentimiento de confusión era ligeramente más fuerte. Con su respiración aún acelerada, elevó la mirada hacia Rivaille y no pudo evitar sonrojarse por la mirada que éste le dio.

Tal cual, como si se tratara de una especie de mascota, Rivaille acarició los cabellos de Eren con cuidado, dándole luego ligeras palmaditas sobre la cabeza, haciendo explotar de ira a Mikasa.

–Lo he comprado –le dijo a la muchacha sin siquiera mirarla –Me pertenece y haré lo que quiera con él, porque esta es mi casa –el tono usado por Rivaille era bastante distinto a lo que Eren conocía, por lo que no pudo evitar desconcertarse un poco –Ahora, si quieres quedarte a observar, está bien, puedo darte un lugar privilegiado frente a la cama.

–¡Maldito asqueroso! –aunque lo había exclamado, lo había hecho también en un susurro, siseando cual víbora –¿Qué has hecho con Eren? Ustedes, los occidentales, no son más que depravados…

–¿Uh? –Rivaille sonaba muy poco interesado y solo acariciaba los labios del muchacho a sus pies, quien se dejaba hacer como si estuviera bajo una especie de hechizo –¿Me estás preguntando qué le he hecho a Eren? –preguntó con burla, separando esta vez los labios para meter su dedo índice en la boca del castaño –Pues, de todo.

Mikasa abrió tanto sus ojos como su boca, totalmente confundida. Ese chico arrodillado ya no era su prometido, era una especie de animal adiestrado por un inglés pervertido. Volviendo a tomar el control, la asiática frunció su ceño llevando su mano hacia su espada, desenvainando lentamente. Pero se detuvo cuando los ojos verdosos de Eren se posicionaron sobre ella, había escuchado el sonido metálico de ese acto y ahora parecía totalmente alerta, incluso parecía dispuesto a atacarla.

Guardando la espada en su lugar dio una última mirada a esa escena que la había sacado de sus casillas. Relajando un poco su ceño se dio la media vuelta para girar el pomo de la puerta, sonido que hizo a Rivaille entrecerrar sus ojos, era su manera de decir que había ganado y Eren lo sabía muy bien.

–Volveré por mi esposo, no pienses que esto se queda así –soltó la chica antes de salir y cerrar la puerta fuertemente, corriendo en dirección a un coche y dejando salir un pequeño gruñido.

Eren vio a su amo quien parecía más molesto de lo que imaginaba. Sí, había sido su culpa por no decirle sobre Mikasa, sí, también estaba el hecho de que había guardado el maldito prendedor, pero era solo para recordar los momentos lindos que había pasado con la joven. Aunque había sido su culpa y lo aceptaba, Eren no concebía que Rivaille se encontrara tan molesto.

Y vaya que lo estaba. Rivaille le dio un golpe que hizo que su cabeza girara hacia un lado, dejándole totalmente desorientado durante unos instantes. Estaba demasiado confundido, Rivaille jamás había hecho algo así ¿entonces, por qué?

Su confusión fue máxima cuando el mismo hombre que le había dado ese tremendo golpe en la mejilla le tomó firmemente de las ropas y lo volvió a besar. De nuevo, la boca de Rivaille lo buscaba con insistencia, y aunque estaba totalmente ido, no iba a negárselo. Acunando el rostro del mayor entre sus manos, de apoco se fue poniendo de pie para acorralarlo contra la muralla del vestíbulo, juntando sus cuerpos en un apretado abrazo que intensificó el acto.

–Idiota –gruñó Rivaille y después mordió con fuerzas el labio inferior de Eren, sin atreverse a hacerlo sangrar –No te dejaré ir con esa mocosa –le advirtió ahora mordiendo su mejilla con intensidad, pero de nuevo sin hacerle mayor daño –Ni lo pienses.

–Rivaille…

–Sargento, lamento interrumpir –murmuró tímidamente Connie, sintiendo que su corazón le iba a salir por el frente debido a la mirada asesina que el mencionado le dio –, pero creo que será mejor que me lleve a Sasha a alguna parte, está muy alterada y…

–Tómate el maldito día, niño.

Para cuando Connie dejó el lugar y se pudo escuchar la puerta de servicio abrirse, Rivaille empujó con fuerzas a Eren para sacárselo de encima. De verdad, ese día no estaba de humor, por lo que se dio media vuelta y comenzó a caminar a su despacho, pensando en si tenía trabajo para ese día o podía adelantar papeleo que Erwin siempre le dejaba. Maldito comandante. Maldita japonesa. Maldito príncipe.

Eren comenzó a seguirlo enérgicamente, también. Sabiendo de antemano a dónde se dirigía, lo adelantó y lo esperó en el lugar, bastante desorientado por todo. No entendía el humor de Rivaille, si Mikasa ya se había ido, y ambos estaban solos en la casa, era de noche, entonces ellos podrían…

–Ni se te ocurra –le advirtió Rivaille adelantándose a las palabras de Eren –Desaparece de mi vista tú también –dijo a punto de cerrar la puerta en las narices de un bastante consternado príncipe, de no ser por sus reflejos, no hubiera podido colocar el pie en el marco antes de que ésta se cerrara –Eren…

–¡No voy a irme con Mikasa! –le gritó en un desesperado intento por ser perdonado –Nunca me voy a ir de su lado, jamás pensé en dejarlo siquiera. Ella está aquí por su cuenta… ¡Hace años que no la veo! ¡Por favor, lo siento! –pidió totalmente sonrojado bajo la atenta mirada de Rivaille que había vuelto a abrir la puerta –Lamento no haberme deshecho del prendedor antes, pero eso no quiere decir que prefiero estar con ella –confesó sintiendo la presión en su pecho por todas las palabras que salían de su boca –Yo solo…

–Vete –gruñó Rivaille cerrando de un portazo, dejando a Eren completamente en shock.

¿Cómo? ¿Qué significaba eso? ¿Debía irse, pero a dónde? ¿De la casa? ¿Acaso ya no podía estar con él y debía dejar el hogar en el que había vivido los últimos meses? ¿En serio todo terminaría así? No podía ser, no debía ser así como aquello debía acabar. Se había sentido tan bien estando con Rivaille todo ese tiempo que no aceptaba el hecho de que ahora lo estaba echando.

Dejándose resbalar por la pared contraria a la puerta del despacho de Rivaille, dejó que todas las preguntas invadieran su mente. Estaba asustado, no sabía qué hacer en ese tipo de situaciones. Todo había estado tan bien, que jamás creyó que algo así podía suceder y le tomó por sorpresa todo eso. Había sido a culpa de Mikasa, esa maldita tonta había vuelto por él aun cuando Eren no quería regresar con ella. La odiaba un poco, tal vez más de lo que debía, pero no podía evitarlo, había sido su culpa que la relación que había tenido con Rivaille terminara.

Sintió que su alma parecía querer dejarlo cuando llegó a ese punto, ¿de verdad iba a terminar para siempre? No podía ser así, ellos no podían terminar de esa manera, porque lo que tenían era lo suficientemente fuerte ¿no es así? Era solo un pequeño percance, Mikasa era solo un obstáculo en su camino que debían sobrepasar, para que así luego todo volviera a la normalidad, ellos dos juntos, como los últimos meses.

Así quería creerlo, pero por la reacción que había tenido Rivaille, comenzaba a dudar sobre ello. ¿Acaso no lo amaba tanto? Eren sí lo hacía, tanto así que ahora mismo estaba sufriendo como no lo hacía en años por culpa de la fría orden que Rivaille le había dado. Desaparecer, irse, ninguna de esas palabras eran las que Eren había querido oír en su vida, mucho menos de los labios de la persona que amaba.

Luego de lo que pareció una eternidad, la puerta volvió a abrirse y la luz que iluminaba el despacho de Rivaille llegó directo a él. No pudo evitar que la alegría volviera a él, allí estaba su pareja, de pie en el marco de la puerta, mirándolo tranquilamente mientras se cruzaba de brazos. Una amarga sonrisa se posicionó sobre los labios de Eren y entonces todo pareció una especie de broma. Tomó algo de aire y se puso de pie para alcanzar a Rivaille.

–Te dije que te fueras –fue lo primero que dijo el sargento observando directamente al chico.

–No puedo.

–¿Por qué?

–Lo amo –dijo abrazándose al cuerpo que tenía en frente.

–Está bien –aceptó Rivaille, sin tomarse la molestia de responder el abrazo, porque Eren ya sabía muy bien lo poco romántico que podía ser –Solo por esta vez. Será mejor que pienses en una forma de deshacerte de tu prometida, también, mocoso –le advirtió y el chico se separó al instante, totalmente asustado.

–N-no… no puedo matar a Mikasa.

–Eren, no seas tonto –dijo totalmente serio, a veces le sorprendía la estupidez de su novio –No quiero que la mates, ¿de dónde has sacado eso? Solo te digo que le expliques bien las cosas y que más te vale que te escuche, porque no tendré a una mocosa de mierda tocando todos los días la puerta de mi casa y amenazando a la sirvienta.

–¡Está bien!

Probablemente Eren no debió aceptar eso antes de tener un buen plan formado, porque cuando dio el día siguiente y la joven de cabellos negros volvió a la casa por lo que le pertenecía, aún no tenía nada en mente para detenerla. Sabía que hablando, Mikasa no entendería, era bastante dura y generalmente era llevada a sus ideales, por lo que decidió preguntarle a Hange, ya que ella había ido a visitarlos tan solo una hora antes de que la asiática volviera con sus amenazas a remecer el lugar.

–¿Una prometida? –preguntó la castaña luego de revisar la tarea de inglés que Rivaille le había dejado a Eren –Uh, es cierto. Tú mencionaste a una prometida hace tiempo. Así que la chica está aquí ¿no? Esto es muy emocionante…

–Señorita Hange.

–Ya, ya. Supongo que a ella no podré examinarla –dijo algo decepcionada –Pero ¿qué es lo que intentas preguntarme, Eren?

–Verá, Mikasa llego ayer por la tarde a amenazarnos, en realidad tomó a Sasha y la dejó muy nerviosa, hoy tuvo que tomarse el día libre también. La cosa es que no sé cómo explicarle que tengo algo con Rivaille y no puedo casarme con ella –soltó finalmente agachando un poco su vista –Ella estaba muy feliz cuando nos comprometimos, así que creo que le dolerá un poco.

–Eres tan lindo, Eren –sonrió la mujer con ternura –Dime ¿cómo se lo tomó nuestro malhumorado sargento?

–Usted lo dijo, de la peor manera posible –susurró agobiado –De hecho, tuve que dormir en mi habitación ayer. Aunque me perdonó por… en realidad no sé bien lo que hice, pero me perdonó.

–Ese Rivaille abusa de ti –rio Hange acariciando los cabellos de su joven amigo, le agradaba tanto la personalidad sumisa que adoptaba Eren cada vez que estaba con Rivaille o hablaba de él que no podía evitar sentir ternura –Pero relájate, se le pasará hoy si logras convencer bien a tu mujer –se burló y Eren la miró desconcertado, no era su mujer –Así que ella no se ha enterado de lo de ustedes ¿no?

–¿Ah? Claro que se enteró. Luego de lo que Rivaille hizo era imposible que no se enterara.

–¡¿Qué hizo Rivaile?! Oh, Dios, Eren ¿por qué no me has contado algo tan importante? –preguntó la mujer tomándolo de los hombros y el chico se arrepintió al instante de haber dicho eso –Dime, Eren ¿acaso Rivaille te celó? ¿Ese hombre es capaz de hacer algo así?

–Señorita Hange ¿podría soltarme un poco? –pidió alejándose un poco de la castaña.

–Solo escúpelo, Eren.

–Verá… –comenzó el joven y por alguna extraña razón miró por la ventana, allí estaba Mikasa, acercándose al lugar seguida por un séquito de matones –¿Qué? Ahí viene ella y usted no me ha dicho nada, le pedí ayuda y solo me ha hecho preguntas.

–Bueno, te recomiendo que Rivaille no esté presente si quieres hablar con ella sobre el tema, así será más fácil –apuntó la mujer limpiando sus lente.

–Rivaille está en la casa. Sabía que tenía que preguntarle a Armin…

–Buena suerte en eso, entonces –se burló la mujer poniéndose de pie –Está bien, Eren. Te ayudaré. Soy una mujer diplomática, soy una profesora en la Universidad, pero también fui una sargento del ejército, así que creo que podré con esto –dijo confiada de sí misma –Vamos, detengamos a tu novia antes que mate a tu novio, o viceversa.

En ese mismo instante Eren supo que estaba perdido. Con esa mujer como ayuda, no había forma de que nada de eso terminara bien. Hange era una mujer muy inteligente, y eso lo sabía muy bien, pero definitivamente no tenía nada de diplomática, ni mucho menos de correcta, por lo que su ayuda sería inútil. Al menos eso creyó al momento en que ambos bajaban por las escaleras a toda velocidad, esperando llegar antes que Rivaille lo hiciera.

Al abrir la puerta Mikasa ya se encontraba allí, observando detenidamente el lugar. Eren no pudo evitar soltar un suspiro y miró a los hombres que acompañaban a su prometida. Eran bastante altos y rudos, todos irlandeses que probablemente contrató en algún bar de mala muerte. Rodó los ojos y se cruzó de brazos ante la dulce mirada que le dio la muchacha.

–Primero, estos tipos no entran a mi casa ¿entendido? –le dijo bastante serio y la joven creyó que estaba hablando con una especie de madre por su tono y la forma en que lo había dicho –Ya sabes, diles que se vayan –exigió y Hange no pudo evitar soltar una ligera risita.

–No se vayan muy lejos –ordenó Mikasa a un pelirrojo de al menos un metro con noventa centímetros –Puedo necesitarlos pronto.

–Si no se van a sus hogares ahora, los desollaré vivos –gruñó Eren y la joven lo miró totalmente incrédula, no iba a hacer eso ¿o sí?

Poco y nada conocía Mikasa a su prometido. Bien sabía que se trataba de un muchacho determinado, bastante amable con sus súbditos debido a la buena crianza que tuvo de parte de su madre, pero más allá no. Es decir, estaba bien enterada de que se trataba de un hombre de guerra, pero nunca creyó que escucharía esas palabras salir de su boca.

Sin embargo ninguno de los hombres se movió y Eren se vio tentado a hacer gala de sus habilidades, pronto a atacar, fue Hange quien lo detuvo poniendo una mano sobre su hombro y caminando hacia el tumulto de personas que se encontraba frente a ellos. Por un momento Eren creyó que se trataba de una persona diferente, la castaña estaba completamente seria y su semblante era similar a que a veces veía en Rivaille, capaz de detener a cualquiera con solo su fría mirada.

–Está por asaltar el hogar de un sargento del ejército. Un hombre cuyos logros militares están más allá de lo que pueden imaginar. Una persona invaluable tanto para el ejército mismo como para la corona ¿de verdad pretenden hacerlo? –preguntó ella alzando una ceja. Definitivamente esa no era la Hange que Eren conocía.

Los hombres se fueron retirando de a poco hasta que ninguno quedó a la vista. Había sido exitosa su primera intervención, por lo que Eren creyó que podía confiar en ella, esta vez sí le tenía fe y dejó de creer que se trataba de una mujer frívola y poco seria.

–Jovencita –dijo Hange refiriéndose a Mikasa –Entiendo que usted y Eren tienen un tema bastante importante que tratar y le pido que lo hagan primero en privado, para que mi amigo aquí le pueda explicar bien la situación. Por mientras, yo entretendré al sargento Rivaille para evitar cualquier riña fuera de lo programado –tomó algo de aire y luego se dirigió hacia Eren –¿Entendido?

Ambos asintieron y Eren dirigió a su prometida hacia un lugar donde podrían hablar tranquilamente, al mismo tiempo que Hange se daba la vuelta y caminaba hacia el despacho de Rivaille, para mantenerlo alejado ante cualquier eventualidad, como ya lo había dicho.

Al entrar al lugar vio a su amigo cargando un arma bastante tranquilo. No podía creer cuán infantil podría ser a veces ese hombre tan serio. No era como si le sorprendiera tampoco, la muchacha no había llegado con ganas de hacer la paz, por lo que entendió que se preparara aunque fuera un poco, en eso también se basaba ganar batallas, preparación, esperar lo peor.

Carraspeó un poco, intentando llamar la atención de Rivaille, pero éste ni siquiera la miró. Claro, ya la había oído abrir la puerta, por lo que ya sabía de su presencia en el lugar.

–Están hablando abajo.

Tal vez no debió haberlo dicho, porque la mirada que en ese momento le dio su amigo fue de total odio y desconcierto. Ella agachó un poco la mirada y luego buscó un punto el que observar mientras preparaba un discurso en su mente, el que fue acallado por las palabras que Rivaille iba soltando tras cada paso que daba para alcanzarla.

–Eren, hablando con esa mujer, solos. ¿Qué mierda está mal contigo, Zoe? –preguntó y de no ser porque ella se ocultó bajo sus antebrazos bastante asustada, Rivaille no hubiera reaccionado –¿Con esa?

–Se llama Mikasa, Rivaille. No puedo creer que estés celoso incluso de eso. Eren tiene que explicarle todo a la muchachita para que se deje de molestar ¿no es eso lo que quieres? –dijo ella tomando asiento en el pequeño sillón pegado a una pared del despacho –Y creo que solo lo escuchará a él. Ahora solo debes pedir por lo mejor y relajarte acá arriba hasta que ellos terminen, así bajaremos juntos y hablaremos como adultos.

–Llenaré su cabeza de plomo.

–Adoro tu madurez –sonrió Hange, sabía que esa era su manera de decir bien, pero si algo sale mal la mato.

–¿Estás segura que funcionará? –preguntó sentándose a su lado sin dignarse a mirarla.

–Sí –soltó casi suspirando la palabra –Ella está muy enamorada de Eren, así que no pasará nada, acatará la decisión de nuestro príncipe –sonrió ladina, observando como Rivaille apretaba sus mandíbulas con fuerza –Relájate, Eren está enamorado de ti, no de ella –le dijo casi riendo –Está claro a quien elegirá. Ya te lo dijo un millón de veces ¿no?

Rivaille solo calló y miró hacia la puerta que tenía en frente. No debía abrirla, debía esperar a que Eren resolviera su problema primero, había que esperar a que la mujer se diera cuenta de todo, aunque ya debió haberlo hecho. Se preguntó cuán obstinada sería ella y si se demorarían mucho. Pero luego solo se relajó sobre el sillón, dejando el arma a un lado y aceptando el silencio que comenzaba a embargarlo incluso en su mente.

Ya no importaba, lo que sucediera ya estaba dicho de antemano. ¿No había sido Eren quien se lo había dicho anoche? Lo amaba y por más que la muchachita esa tuviera profundos sentimientos por el castaño, ella no lograría nada, porque el corazón de ese mocoso le pertenecía, tanto como su cuerpo y todo lo que él fuera. Ya había quedado claro eso también.

Levantó la mirada y se puso de pie, dejando a Hange bastante confundida. Caminó hacia la puerta y salió del lugar, siendo seguido por la mujer, que no entendía qué sucedía, solo creyó que por un momento su amigo se había vuelto loco e intentó detenerlo en cierto punto, siendo ignorada por completo. Tampoco llevaba el arma que había cargado en sus manos, lo que la consternó aún más y solo le siguió en el total silencio.

Al llegar a la habitación donde se encontraban los jóvenes lo primero que vieron ambos adultos fue la muchacha llorando en el hombro de Eren. Éste a su vez se veía bastante consternado, no sabía qué hacer, no tenía idea cómo consolar a alguien, por lo que solo acariciaba los negros cabellos y dejaba que ella llorara donde se le diera la gana.

–Se acabó –soltó Rivaille cruzándose de brazos.

El cuadro era bastante extraño, un corazón roto, un joven que se había enamorado de un hombre mayor y éste totalmente frío ante lo que sus ojos le mostraban. Hange decidió que sería buena idea realizar un estudio sobre las extrañas conexiones que tenían los amantes, pero probablemente había sido el buen oído de Rivaille el que había captado el llanto de la muchacha, por lo que se había dado cuenta de todo.

Sonriendo ligeramente, observó todo. Se había evitado cualquier conflicto, todo se trataba de hablar con las personas y de terminar las cosas bien.

–No creas que esto se queda así –le dijo la joven mujer –Me quedaré en este tonto país –le advirtió sin atreverse a separarse de Eren –, para ver si cuidas bien de mi prometido. Me verás más seguido de lo que crees, viejo depravado –gruñó y Rivaille solo alzó una ceja.

No, no quería a esa mocosa en su casa, ni mucho menos que estuviera al lado de Eren. Tampoco le gustaba que llorara a su lado y que ese tonto niño no la hubiera apartado ya. Pero no podía hacer nada, la chica estaba llorando y lo aceptó solo por esa vez. Por otro lado, si quería vigilar a su ex prometido, estaba bien, podía hacerlo, pero de lejos, muy lejos.