Disclaimer: A ver... ¿Es necesario que lo repita?
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10. La Coronación del Príncipe Ralis
Como estaba indicado en la carta que habían recibido, días más tarde se celebraría la fiesta de coronación de Ralis. Era temprano por la mañana, y ellos ya se encontraban a unas pocas horas de llegar al Dominio Zora, llegarían aproximadamente al mediodía. Habían partido el día anterior desde la Ciudadela, aunque su salida se retraso un poco y tuvieron que acampar por la noche.
Zelda iba montada en un carruaje tirado por un par de caballos y escoltada por unos cuantos guardias. Mientras, Link iba junto a la carroza montado en Epona.
Ella se asomó de nuevo por la ventana de aquel elegante carro negro, y comenzó a hablar con Link, que se había acercado al coche.
-¿No le parece algo incómodo que estos guardias la acompañen? -le preguntó Link, que desde el día anterior se había quejado de que hubieran ordenado a ese puñado de soldados a acompañarlos.
-No demasiado, estoy acostumbrada a ello. De todos modos, esto ha ocurrido porque Auru no se fía de ti después de nuestra escapada al lago -le recordó, a ella le resultaba graciosa la acción de Auru.
-Ya, ya...no sé por qué se pone así, no pasó nada grave. Bueno...exceptuando que usted casi se ahoga, lo demás fue todo bien. Además, soy vuestro guardaespaldas y le doy mil vueltas a estos soldados, que se asustan sólo por ver a un lobo -habló con altanería, recordando un par de ocasiones en las que irrumpió en la Ciudadela cuando era un lobo.
A ella le pareció divertido aquel comentario, pero menos mal que los guardias que los acompañaban no le habían oído. Continuaron su camino conversando, ansiosos por llegar al Dominio Zora.
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Llegaron a las puertas del Palacio Zora, que por suerte habían podido coger el camino directo hasta allí, y no tener que quedarse al pie de la aquella enorme cascada. Mostraron sus invitaciones a los guardias y estos les dejaron pasar. La sala del trono estaba cambiada, dado que en la pared que había detrás del trono había un enorme agujero que daba a otra habitación más grande que en la que se encontraban, pero Zelda le explicó a Link que el interior del palacio estaba escondido dentro de una caverna detrás del trono y la pared de ahí era una puerta oculta.
Ellos buscaron a Ralis entre los pocos Zoras que había por allí, dado que todavía los empleados estaban ultimando los detalles para la celebración, debido a que habían llegado un par de horas antes de que empezara la celebración. No tardaron demasiado en encontrarlo, ya que iba engalanado con un traje azul de alta costura al estilo de los Zora, parecía un pequeño marqués.
-¡Muchas felicidades, Ralis, al fin vas a convertirte en rey! -le felicitó animado Link, dándole una ligera palmada en la espalda.
-Yo también he de darle mi enhorabuena, Príncipe Ralis, estoy segura de que será un gran gobernante -le habló Zelda mucho más formal, dándole la mano.
-Muchas gracias Link, y a usted también Princesa de Hyrule -les agradeció- Me alegra que hayáis venido, ahora puedo decir que todos mis amigos están aquí -y sonrió alegremente.
-Me alegra oír eso, pero antes que nada, me gustaría entregarte un presente...-y ella le entregó un pequeño paquete envuelto finamente y bastante vistoso.
Ralis abrió con curiosidad la caja, y sus ojos se abrieron como platos. De la caja sacó un hermoso zafiro de tamaño considerable y adornado con un pequeño broche dorado.
-Por la cara que has puesto, sabes lo que ese zafiro representa -le habló satisfecha de haber impresionado al joven Zora- Es el Zafiro Zora, que hace algunos siglos perteneció a tu familia y que era su más preciada joya. Una antepasada mía recibió esa joya como regalo de alguien cuyo nombre no conocemos. Esa joya lleva desde entonces en nuestras arcas reales, y creí que era hora de que esta gema regrese a sus orígenes.
-¡Gracias, muchísimas gracias! -le agradeció enormemente feliz y entusiasmado- ¡No sabe lo que esto significa para nuestra raza! ¡Por fin hemos recuperado nuestro más preciado tesoro!
-¡Pues si que estás emocionado! ¡Esto ahora me pones en un aprieto, dado que mi regalo no se puede comparar con eso! -exclamó divertido.
-¿Tú también? No me lo esperaba, pero muchas gracias de antemano.
-Bueno, no es mucho, pero yo también tengo que devolverte algo que también es tuyo...
Sacó de su bolsa un pendiente hecho con un coral especial, y que anteriormente le había pertenecido a Ralis. Los ojos del pequeño Zora se quedaron fijos en el zarcillo que tenía en su mano. Una lágrima esquiva rodó por su cara y luego habló.
-Snif...-se frotó los ojos y la nariz- Muchas gracias...no sabes lo mucho que significa para mí el que me lo hayas devuelto...-se lo colocó en la oreja, dejando a cada una con un zarcillo de coral- Así ya tengo el juego completo, y puedo ser coronado llevando los pendientes que me regaló mi madre...-habló contento, a la vez que algo decaído- En fin, ¡Acompañadme hacia dentro del palacio, todavía queda bastante hasta que lleguen los demás invitados! -le habló animado, cambiando su actitud, y llevándolos a dentro.
Entraron en la enorme sala, donde había varios Zoras trabajando, y Link quedó impresionado.
Era una gigantesca sala circular, esculpida en la propia caverna y con ventanas talladas en la propia piedra. Los colores principales de la habitación eran los denominados "fríos", principalmente el azul con sus diversas tonalidades, y también colores metálicos, como el plateado. En el mármol del suelo estaba el símbolo de la raza Zora y arriba en el techo cóncavo de la habitación habían pintadas representando costumbres y aspectos de su cultura, guardaba cierto parecido con las imágenes de los techos de algunas salas del Castillo de Hyrule. En la sala también había una gran escalera que llevaba a un entresuelo esculpido en la propia roca, que se elevaba a unos metros del suelo y su superficie trazaba el mismo movimiento que la habitación circular. En ese entresuelo había una elegante barandilla que lo decoraba; algunos ventanales que alumbraban la habitación; y por último, al fondo, había una gran puerta que podría ser la entrada al resto del palacio. Aparte de eso, la estancia era sostenida por vigorosos y bellos pilares propios de la arquitectura Zora; algunos elementos decorativos que se encontraban dispersos por la habitación; y como elemento final, del techo colgaba una enorme lámpara de araña capaz de hacer resplandecer toda la enorme sala.
Era impresionante, al igual que el Castillo de Hyrule, pero esto era algo nuevo para él, aunque le buscó cierto parecido al Templo del Agua. Zelda no estaba tan impresionada, dado que ya había estado en el Palacio Zora antes, cuando aún la Reina Rutela vivía. Pero aún así, notaba que la sala mostraba su máximo esplendor, para un acontecimiento histórico.
Ralis los invitó a que lo acompañaran en una visita rápida por algunas de las habitaciones del palacio, subiendo al entresuelo para tener una visión más amplia de la sala y más tarde entrar al interior. Link les pidió permiso a los dos aristócratas para poder inspeccionar el mismo el lugar donde se celebraría los festejos. Ellos accedieron a su petición dada la tremenda curiosidad de Link, y él se marchó a inspeccionarlo todo.
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Sin embargo, poco rato más tarde...
-¡Mirad, es Link! -le gritó una voz desde atrás- ¡A por él! -ahora fueron varias las que chillaron.
Link se dio la vuelta al oír como un grupo de personas corrían hacia él, pero no alcanzó a hacer más nada dado que estas "diminutas" personas se abalanzaron sobre él.
-¡Link, que contemos estamos de verte! ¡Te hemos echado mucho de menos! -dijeron los niños mientras lo ahogaban con un abrazo en grupo, con él en el suelo.
-¡Ya basta! ¡Quitaros de encima! -les ordenó Link tratando de zafarse del asfixiante abrazo.
Ellos obedecieron y dejaron que Link se sentara.
-¡Jo! Encima que no te hemos vistos desde hace tiempo, te enfadas cuando sólo queríamos saludarte...-comentó enfadado y un poco apenado Talo, que estaba de pie con los brazos cruzados y una mueca de niño al que no complacen sus caprichos.
-Eso no era un saludo, era atentar contra mi integridad física...-les dijo tocándose el cuello buscando recuperar la tranquilidad, pero al ver los rostros cabizbajos de los cuatro niños, rectificó- Bueno, esta bien...podéis abrazarme si queréis...-les dijo para contentarlos.
Los niños se abalanzaron de nuevo sobre él, ahora con más suavidad. Se enterneció por su acción, en el fondo estaba muy feliz de volverlos a ver, y les devolvió el abrazo.
Después de eso, se levantó, y quiso preguntarles por qué estaban allí, pero antes de poder hacerlo, otra "personilla" de más edad que los niños también se abalanzó sobre él.
-¡Ayyy! ¡No me lo puedo creer! ¡Tú también estás aquí! ¡No sabes lo contenta que estoy de verte! -chilló histérica Ilia, que ahora se encontraba colgada de él, con las piernas y los brazos unidos a él.
-¡Ilia, bájate! ¡Que me voy a...! -e irremediablemente cayeron al suelo.
Link se dio un buen golpe, aunque no le dolió demasiado. Ilia estaba sentada sobre él, que estaba tumbado boca arriba en el suelo, y ella lo miraba emocionada por haberse reencontrado con su querido amigo.
-Te dije que te soltaras...por tu culpa he hecho el ridículo -le dijo molesto- Je, je...has subido un par de kilos, ¿Verdad? -se burló mirándola con malicia, sabia que odiaba que le dijera eso, aunque no fuera verdad.
-¿Cómo? -le golpeó en la frente en el acto- Después de todo este tiempo, ¿Lo primero que me dices es eso? ¡Serás idiota, nunca vas a cambiar! ¡Creía que estar en el castillo te hubiera vuelto un caballero, y que dejarías de decirme esas cosas! -protestó indignada por lo que le dijo.
-Y por supuesto que lo soy...sólo que las palabras sinceras nunca son agradables -siguió provocándola con chulería.
Se quitó de encima a Ilia y se levantaron. Pero para sorpresa de Ilia, él la abrazó de repente.
-¡Ay, tontita! ¡Siempre te gasto la misma broma, y siempre picas! Aunque la próxima vez que hagas eso te aseguro que no seré "tan suave" contigo...-le dijo dándole un abrazo amistoso, para luego pasar a uno más profundo- Que me hayas echado de menos no significa que pierdas la compostura al verme...yo también te he echado mucho de menos, y no me comporto así...-le habló por lo bajo, abrazándola con más sentimiento.
Ilia se quedó de piedra, y su cara se enrojeció. Tras el shock inicial, sonrió feliz y le correspondió el abrazo.
-¡Oh, no! ¡Ya empezamos con las demostraciones de afecto entre esos dos! -se quejó Talo, mientras los miraba con algo de asco.
-¡Cállate! -le ordenó Beth, pegándole en el brazo por su indiscreción- ¿No ves que ambos se han echado de menos? ¡Y además a mí me parece muy bonito! -y juntó las manos, alegre por ellos.
-¡Bah! -soltó Talo y sacando la lengua por el comentario de Beth.
Mientras, el reencuentro de esos dos fue interrumpido por otros personajes que también entraron en escena.
-¡Ey, muchacho! ¡Qué alegría verte por aquí! ¡Al parecer Ralis nos invitó a todos! -le habló una mujer que conocía de sobra.
Se separaron, y Link pudo ver como a parte de Telma también estaban Renado, su hija Luda, y Don Mechas. Y también, en brazos de Telma, se encontraba la pequeña Alice.
-¡Vaya, parece ser que Ralis nos invitó a todos los que le ayudamos o estuvieron con él en Kakariko! -exclamó contento Link.
-Sí, no se ha olvidado de nadie, aunque no sé por qué invitó al cascarrabias de Don Mechas...-dijo la jovencita Luda, riéndose entre dientes, y mirando al nombrado.
-¡Ja! ¡No olvides que yo también colaboré en su recuperación, jovencita! -habló molesto el hombre, y también con altanería.
-Dejad de discutir vosotros dos -les ordenó sereno- Y tú, hija, deja de molestar a Don Mechas con tus comentarios -la regaño sin enfadarse, más bien con su típico temperamento tranquilo- Link, me alegro de verte de nuevo. Tienes que volver alguna vez a Kakariko, la villa está mucho más animada desde que se terminaron de reconstruir las casas y la gente volvió -le habló apretándole la mano a modo de saludo.
La pequeña niña bufó al ver que nadie le hacía caso, y movió los brazos indicando que quería que la cogiera Link, mostrándose mimosa ante él. Esto al principio lo confundió, pero enseguida lo hizo, aunque más tarde se arrepintió...
-¡Aahhh! -se quejó al sentir como la niña le tiraba de la oreja, y esta parecía divertirse- ¿Por qué todos vosotros me habéis tirado de las orejas cuando erais pequeños? -les dijo a los pueblerinos de Ordon, mientras intentaba que Alice le soltara- Por cierto, Ilia, ¿Has venido tú sola con todos los niños? -le preguntó ahora en serio, con la pequeña controlada.
-¿Algún problema con eso? ¿Es que acaso me ves incapaz de llevar la situación yo sola? Todos en la aldea confían plenamente en mí, ahora que tú no estás -le respondió con soberbia.
Se rió por la contestación de ella, y los demás le siguieron. Tras eso, todos ellos vieron como Ralis y Zelda bajaban de nuevo por las enormes escaleras.
-Esto... ¡Bueno, nosotros nos marchamos! -dijo Ilia llevándose al resto, algo nerviosa- No te importará quedarte con la niña, ¿Verdad? -le dijo como si ya hubiera dado por hecho que él aceptaría.
-¡¿Cómo? ¡Ni de broma! ¡Aunque esté invitado a la fiesta, continuo de servicio! ¡No puedo ocuparme de esta chiquilla mientras estoy con la Princesa! -le negó en rotundo.
-Venga, hazme ese favor, sólo tomaré un poco el aire... ¡Llevo desde que salí de Ordon con ella, y los demás hemos estado cuidándola desde que llegamos ayer aquí! -le pidió- ¡Pero de todas formas, es tu deber! Técnicamente, al ser hija de Rusl y Uli, es tu "hermana pequeña"... ¡Así que cállate y has lo que te digo! -y se marchó junto con los demás a fuera, dejando plantado a Link.
Se quedó en el sitio, sin poder creerse de que le hubieran abandonado de esa manera tan rastrera.
-Bueno...parece estamos tú y yo solos aquí, enana -le habló a la pequeña- Sólo espero no hacer el ridículo delante de su majestad...-y bajó ligeramente las orejas, decaído por tener que cuidar ahora de su "hermanita".
La niña pareció molestarse por lo que había dicho él acerca de que era una "enana" y que le avergonzaba llevarla en público. Así que le golpeó en la nariz como reprimenda...
-¡Auch! -se agarró la nariz después de eso- Eres igual de susceptible que Ilia...-y la miró molesto, al ver que se reía entre dientes.
-¡Link, veo que ya terminaste de curiosidad toda la sala! -le habló Zelda mientras se acercaba a él- Me ha parecido ver que tus algunos amigos también han sido invitados a la fiesta por parte de Ralis, debes de estar...-se quedó callada y se sorprendió al ver al bebé en los brazos de Link- Link... ¿Quién es esta niña?
-Je, je...-se rió nervioso- Es Alice, hija de una pareja de mi aldea, y que es, "técnicamente", mi "hermana pequeña"...-le explicó- Lo siento, sé que es una falta por mi parte tener que cuidar de esta niña mientras estoy de servicio. Es que la han dejado conmigo sin mi consentimiento mientras mis amigos hacen...-se quedó pensando- ¡Yo que sé lo que estarán haciendo ahora!
-No importa, no me molesta -le respondió contenta- ¡Ah, y por cierto! Aunque teóricamente sigas trabajando como mi escolta, estás aquí para divertirte, has venido aquí como invitado y no como mi guardaespaldas. Así que no hace falta que te disculpes, te dejaré irte con tus amigos en cuanto empiece la celebración.
-¿En serio? Muchísimas gracias, majestad -agachó la cabeza a modo de reverencia como agradecimiento- Cambiando de asunto, ¿Dónde está Ralis? -le preguntó.
-Está afuera hablando con otros invitados y empleados del palacio, volverá dentro de un rato.
Mientras tanto, Alice estaba mirando pasmada los adornos que llevaba puestos la princesa. Alargó el brazo sin que ella se diera cuenta para tocar esas "cosas tan bonitas y brillantes", pero Link se dio cuenta y le pegó levemente en la mano para que la apartara de ella.
-¡No, no! -le negó con el dedo- No se tocan las joyas de la Princesa, eso está muy mal -le regaño con seriedad.
La niña lo miró como si lo que le acabara de decir fuera una blasfemia, mientras se cogía la mano. Puso pucheritos, sus ojos se volvieron acuosos, y para terminar, comenzó a llorar intensamente.
-¡Buaaa, buaaaa! ¡Buaaa, buaaaaaaaaaaa! -sus gritos chirriantes alarmaron a ambos hylian.
-¡Por las Diosas! ¡Pero si apenan la toqué! ¿Por qué llora de esa forma? -decía con la niña agarrada por debajo de los brazos y separa de él, colgando en el aire.
Alice continuó así, al ser Link incapaz de calmarla. Zelda se marchó del lugar aparentando tranquilidad y se acercó a una de las cortinas azules del salón. Cogió un hilo suelto de la tela de esas cortinas, se quitó uno de sus anillos, e hizo un pequeño colgante con esos dos elementos. Luego se acercó a donde estaban ellos, y le puso el colgante a la niña, que paró de llorar inmediatamente al ver ese precioso anillo dorado.
-Por fin...-suspiró tras librarse de ese molesto ruido- Me parece que este bebé sabe demasiado para su edad, aunque he de reconocer que es una "mujercita" que sabe lo que quiere -comentó divertida al ver como la pequeña Alice se maravillaba con el anillo, que hacía juego con sus dorados y graciosos cabellos.
-Alteza, no debería haberlo hecho. Usted no debe darle a una niña caprichosa como esta todo lo que se le antoje -le habló serio.
-No te preocupes, es un simple anillo que tenía guardado en un cajón y que casualmente decidí ponérmelo para esta ocasión, ni para mí ni para un tasador tiene un alto precio. Además, así estará entretenida un rato -le dijo con toda tranquilidad.
La enana se quedó maravillada mirando, manoseando, y "probando" el anillo. Pero tras unos momentos de éxtasis, volvió a mirar a Zelda con cara de cachorrillo y acercando los brazos a ella para que esta lo cogiera. Ella se quedó sorprendida y confusa por aquello, al mismo tiempo que Link separaba a Alice de ella.
-¡Ya está bien! ¡Tienes mucha cara para que la Princesa te regale una de sus joyas y que encima ahora quieras que te coja! -le regaño ahora más enfadado.
La niña volvió a hacer un amago de volver a empezar a llorar, pero antes de que lo hiciera, Zelda la cogió para evitar volver a escucharla llorar.
-¡Majestad! ¿Pero que hace siguiéndole el juego? -estaba alarmado porque ella tuviera que molestarse en complacer a una chiquilla.
-Déjalo, Link –le dijo serena- Prefiero esto a volver escuchar de nuevo el llanto escandaloso de esta niña.
La niña pareció esbozar una ligera sonrisa, se había salido con la suya. Se puso a tocar las hombreras de oro de Zelda, y luego pasó a divertirse tocando los pendientes largos que se había puesto para esa ocasión. Aunque eso no duró mucho, dado que las orejas puntiagudas de ella llamaron su atención, al igual que pasó con las de Link. Y claro, no puedo evitar tirar de ellas…
-"¡Diosas! ¡Por favor, ayúdenme! ¡Esta chiquilla va hacer que la Princesa me mate! ¡Maldigan a Ilia por dejarme al cuidado de esta pequeña demonio!" –suplicó en su mente, con las manos juntas rezando al techo y sudando nervioso.
Sin embargo, y para su sorpresa, a Zelda no parecía enfadarle, más bien se estaba divirtiendo. Respiró profundamente aliviado, se había librado de una buena…
-Vaya… los bebés se parecen muchísimo a los bebés Zoras, probablemente porque somos razas parecidas –habló Ralis detrás de ellos.
Ambos hylian se giraron hacia él al escuchar su voz, para saludarlo. Ralis se acercó a Alice, y esta se lanzó a sus brazos.
-Ay, ay, ay…-se lamentó Link, con una mano en la cabeza- Ya está otra vez…aunque parece que a ti te conoce desde antes –dedujo al observar el comportamiento de Alice.
-Claro, eso es porque los demás llegaron ayer por la mañana a mi palacio y les ofrecí quedarse aquí. Tuvimos todo el día para conocernos, aunque hay algo que no me gusta que…-se paralizó al notar las manos de la niña por detrás de su cuello.
-¡Por las Diosas! ¡Lo ha vuelto a hacer! –se oyó a Ilia entrar de nuevo al salón y corriendo hacia Ralis para separar a Alice de él.
Los demás del grupo también entraron al salón en cuanto vieron a Ilia correr hacia Ralis.
-Gracias…-suspiró tocándose en la parte de atrás del cuello- No me gusta nada que meta esos diminutos dedos en mis branquias…
-¡¿Branquias? ¡No sabíamos que tuvieras branquias! ¡Dejamos verlas, porfi! –exclamó Beth, y luego los niños se abalanzaron sobre el pobre Ralis para verlas- ¡Anda, pero si es verdad! ¡Pareces un pez! ¡Ja, ja, ja! –volvió a decir, haciendo que el resto de niños, también se rieran e intentaran tocarle las agallas.
-¡No! ¡Dejadme en paz! –se apartó de ellos bruscamente, realmente enfadado.
-Increíble, nunca había visto a Ralis tan enfadado –le dijo por lo bajo a Zelda.
-Ejem…-tosió, y pareció sentir vergüenza ajena por lo que dijo Link- Por tu comentario, deduzco que no sabes que la zona del cuello donde los Zoras tienen las branquias, es muy sensible y es una de sus partes más íntimas. Cualquier contacto con sus agallas, dependiendo de la forma que se haga, puede significar para ellos una agresión o…una manifestación afectiva y sexual, que las parejas Zoras se ofrecen mutuamente –le explicó con algo ruborizada por tenerle que explicarle eso.
Link se quedó impresionado y algo avergonzado, ahora sabía algo más sobre los Zoras…
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La fiesta comenzó dos horas más tarde, con numerosos invitados, claramente la gran mayoría eran Zoras. Todos los súbditos de Ralis habían sido invitados, y también habían venido a la fiesta varios mandatarios Zoras de regiones fuera de Hyrule. Los únicos invitados que no eran Zoras eran Link; Zelda; "el grupillo"; y los tres guardias que habían acompañado a la princesa, que ahora se estaban atiborrando a comida.
La fiesta comenzó con una degustación de la comida colocada en las mesas del salón, y luego comenzó la coronación propiamente dicha, en la entrada al palacio. Todos se quedaron de pie, a ambos lados del canal que fluía desde el manantial y que caía por la cascada.
La coronación de Ralis, al igual que la de sus antepasados, era un acontecimiento realmente impresionante. Ralis, ahora se encontraba dentro del lago que era alimentado por la cascada, y debería pasar una prueba que demostrara que era un digno heredero de la corona Zora…escalar a nado la colosal cascada. Se decía que los únicos Zoras capaces de remontar la gran cascada eran los integrantes de la Familia Real Zora, una hazaña con la que se ganaron el respeto de su pueblo los primeros reyes Zoras. Aunque habían algunos escépticos entre los invitados que dudaban de que un niño de su edad pudiera lograrlo.
Ralis se hundió en el agua hasta el fondo y comenzó a nadar hacia arriba a toda velocidad. Realizó un enorme salto y alcanzó una gran altura. Cuando se le acabó el impulso, entró en la cascada y desapareció. Los espectadores se quedaron preocupados al no verlo salir de la cascada por su cima, pero un momento más tarde salió despedido del agua como un torpedo y se deslizó como una flecha por encima del agua hasta caer dentro del manantial. Todo el mundo aplaudió maravillado por esa magnífica demostración de las habilidades de un Zora.
El joven príncipe salió del agua, cansado, y respirando agitadamente por la adrenalina que había liberado su cuerpo al subir por la cascada. Se acercó hacia el trono, se arrodilló, y el Primer Ministro Zora lo coronó. Ralis se dio la vuelta para saludar a todos los presentes y su pueblo lo aclamó.
-¡Larga vida al Rey! ¡Viva el Rey Ralis I! –vitorearon sus súbditos, y luego todos los invitados aplaudieron fervientemente.
El recién coronado rey se sumergió de nuevo en el manantial, hasta el fondo. Allí, metió un dedo dentro de un pequeño agujero que había situado en medio del Símbolo Real Zora, que había gravado en el fondo de la fuente, aunque antes tuvo que apartar la arena que lo cubría e impedía verlo. Al meter el dedo, una mueca de dolor se dibujó en su cara, y al retirar el dedo, pudo verse un pequeño hilo de sangre saliendo del agujero. Dentro de las líneas del símbolo comenzó a fluir un líquido rojo, su sangre, que rellenó los grabados que formaban el dibujo. De pronto, una serie de destellos iluminaron la imagen, y el color rojo de las marcas se volvió azul. Unos instantes más tarde, una cegadora luz invadió todo el lugar, y los que se encontraban afuera pudieron ver como el agua que nacía de la fuente se iluminaba y se extendía bajando el río. Aquel era el ritual por el cual el nuevo rey purificaba las aguas del Río Zora, con su sangre. Y aunque los que se encontraran en el Dominio Zora no pudieran verlo, ese resplandor se extendió por todo el río, hasta sus desembocaduras en el Lago Hylia y más allá de Hyrule…
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Tras aquel impresionante espectáculo, los músicos de la Corte Real Zora hicieron gala de sus habilidades musicales, y se organizó un gran baile en la sala detrás del trono.
-E-esto… ¿M-me concederías el honor de bailar co-conmigo? –le preguntó Ralis, realmente nervioso y ruborizado, a Ilia.
Ella, se volvió hacia él y lo miró extrañada.
-¡Bueno! ¿Por qué no? ¡Vamos a bailar, "reyezuelo"! –y lo arrastró a la pista de baile, sin percatarse de la anterior reacción de Ralis.
Algunos miraron curiosos a la peculiar pareja de baile, entre ellos Link y Telma.
-¡Ja, ja, ja! ¡Ralis está hecho un saco de nervios! ¡Se le nota lo mucho que le gusta Ilia! ¡Que ella lo salvara de la muerte le impactó mucho! –comentó alegre Telma.
Link se atragantó con su propia saliva, al oír ese extraño comentario.
-¿Cómo? ¿Un Zora y una chica? –le preguntó extrañado.
-¡Claro! Técnicamente, todas las razas antropoformes pueden juntarse y procrear –le explicó- Prueba de ellos son las múltiples parejas mixtas entre humanos e hylianos, y sus hijos. Y respecto a los Zoras, hay muchos cuentos, novelas y tradiciones Zoras que se basan en los diarios de la Reina Ruto IV, que gobernó hace bastantes siglos. En sus diarios hablaba de su enamoramiento hacia un joven hyliano, y también ponía que "le regaló su más preciada pertenencia", que podría ser el mismísimo Zafiro Zora que la Princesa le dio a Ralis. Aunque no hay que irse tan siglos atrás para encontrar alguna esquiva pareja así, pero no son tan numerosas como las de humanos con hylians, quizás porque no está tan bien visto.
Link se imaginó lo que podría salir de la unión de un Zora y una mujer, y un escalofrío recorrió su cuerpo al imaginarse el resultado.
-¿Y los Goron? No me dirás que también ellos pueden…
-Créeme, chico, es mejor que no imagines el resultado de eso. La mayor parte de los Goron se reproducen de una forma curiosa, en la que no voy a entrar en detalles porque no la conozco, pero una vez tuve la ocasión de conocer a un híbrido de un Goron y una mujer…-ahora a ella le recorrió una desagradable sensación por la espalda- Como ya te dije, "todas las razas con rasgos humanoides pueden juntarse", así que no sigas preguntándome por otras razas de iguales características, porque te daré la misma respuesta.
Link no siguió preguntando, no quería saber más. Se quedaron mirando a los integrantes del salón, entre ellos la curiosa pareja; Iván bailando con la hija de Renado, Luda; a Beth arrastrando a Talo a bailar en contra de su voluntad; a la pequeña Alice aliándose con Lalo para alcanzar la comida más inaccesible para ellos; a Don Mechas negociando con los Zoras para venderles bombas que ellos no fabricaban; a los guardias volviendo a atracar las mesas, comían como cerdos; y por último, a un Renado paseando solo por la gigantesca habitación.
-¡Ju, ju, ju! Muchachito, te dejo. Me voy con ese "bomboncito" a invitarle a bailar, quiera o no –y se fue a donde estaba él.
Link vio desde la distancia la cara de sorpresa de Renado al encontrarse de bruces con Telma, y no pudo hacer nada contra su insistencia.
Se río, siempre ocurría lo mismo. En ese momento, se percató que llevaba un rato sin ver a la princesa… ¿Dónde estaría?
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Zelda se encontraba observando el Dominio Zora, por fuera del palacio. No había querido molestar a Link, así que lo dejo solo con sus amigos. Llevaba un rato allí, observando esa región, un territorio dependiente del Reino de Hyrule. Le parecía increíble que un pequeño territorio que aunque poseía un rey propio, dependía de su reino para subsistir, poseía una adoración tan grande por su monarquía.
Aunque lo que más le impresionaba era que Ralis pudiera ser rey con esa edad. Bueno…hasta que no cumpliera la mayoría de edad no podría gobernar con sus absolutos poderes, podría seguir disfrutando de su vida como cualquier niño Zora normal, al menos en parte. Y también había algo de lo que ella tenía mucha envidia…que él pudiera ser rey sin tener que casarse.
Era algo que llevaba amargándole la existencia desde que cumplió los 13 años, edad mínima con la que se podía proclamar a un monarca listo para gobernar en caso de emergencia, al igual que Ralis. Aún así, seguiría dependiendo del Consejo de Ministros en casi todas sus decisiones hasta que se casara. Y encima al no ser reina, tenía muchas más obligaciones dado que tenía que compaginar gobierno con estudios, aunque preferiría pasarse el resto de su vida así antes que casarse, por eso había retrasado tanto su matrimonio.
Suspiro, sabía que no podía hacer nada por evitarlo. Era su cruel destino, un destino que no estaría obligada a hacer si no fuera la única descendiente viva de la Familia Real de Hyrule. Claro que también tendría algún pariente lejano en algún reino de por ahí que pudiera heredar el trono también, lo sabía tras estudiarse y memorizarse el árbol genealógico de su familia. Pero eso era algo por lo que no estaba dispuesta a pasar, ni tampoco los Ministros, eso solamente sucedería si a ella le ocurriera algo antes traer el mundo a un nuevo descendiente…
Un frío helador le recorrió la columna, pensar en aquello le revolvía el estómago. Si apenas lograba manejarse con la niña esa, se podía imaginar como sería con su propio hijo. Además, lo que menos le gustaba de la idea de un hijo era la concepción, le horrorizaba pensar en lo que tendría que hacer con el hombre con la que la obligarían a casarse, sobre todo si era cierto príncipe pesado que ya conocía, a ese no quería verlo ni en pintura. Lamentablemente, él tenía las mayores posibilidades de ser elegido por los Ministros para su enlace, dado las relaciones de fraternidad que tenía sus reinos y de que era el único que aún insistía con ella.
En fin…ya se había resignado desde hace años, así que sólo le quedaba esperar, y eso que cada vez le quedaba menos…
Salió de sus propios pensamientos, y se centró de nuevo en el hermoso paisaje que tenía enfrente.
Algo en la distancia llamó su atención, que parecía estar… ¿Volando hacia ella?
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Link estuvo buscando a Zelda por toda la estancia, e incluso ahora estaba en el entresuelo para intentar encontrarla.
De repente, se oyó un sonido estridente muy agudo. Todos se quedaron quietos unos segundos, hasta que se oyó el sonido de una explosión. Esta vez, todos se pusieron nerviosos y saltaron las alarmas cuando se oyó a una mujer Zora gritando y más tarde el Zora que estaba a su lado habló, sin dejar de mirar por la entrada del salón hacia fuera.
-¡Rápido, vengan a ayudar enseguida! ¡La Princesa de Hyrule se está enfrentando ella sola a una enorme bestia voladora! –gritó, alarmando a todos, especialmente a Link.
Todos salieron enseguida, y Link se adelantó entre la multitud para ver la escena.
Ella estaba combatiendo con su magia contra un ave gigante.
El ave, además de poseer un tamaño colosal, tenía un plumaje oscuro en su cuerpo y alas. Las plumas remeras de las alas de la bestia eran blancas, con una marca roja, y la punta negra. Su cabeza la cubría rojas plumas, en su cuello había una línea de plumas blancas que parecían un colar, y también poseía una especie de máscara natural sobre su cabeza, quizás sería algún distintivo de su especie. Sus ojos no parecían expresar ninguna expresión, y al mirar directamente a esos ojos amarillos, un escalofrío recorría el cuerpo del que se atrevía a hacerlo. Tenía un poderoso pico, cuyo interior y lengua eran de color azul. Al igual que su pico, todo su cuerpo mostraba poseer una fuerza impresionante, sobre todo sus enormes alas y sus aterradoras garras. Por último, el monstruo tenía una larga y particular cola, que eran unas largas filas de plumas de color amarillo y verde, que colgaban con elegancia.
La bestia se encontraba ahora posada sobre el suelo, atenta a los movimientos de Zelda y atacándola con un movimiento rápido y potente de su pico, garras o embistiéndola con su cuerpo.
Mientras, ella esquivaba los ataques o los repelía con sus Bolas de Energía, y algunas de ellas al impactar con el monstruo, le enfurecían aún más.
La multitud miraba asustada la escena, mientras que los tres guardias se acercaron realmente asustados al ave. Esta se volvió hacia ellos, mirando sus espadas con gran furia. Se abalanzó sobre ellos, les quitó las espadas, y las lanzó lejos, cayendo al final al lago que había por debajo de ellos. Atrapó a uno de los guardias debajo de sus garras y comenzó a picotearlo, pero por suerte el guardia lograba esquivarlo.
Una descarga eléctrica sacudió el cuerpo del coloso, y se giró hacia la culpable, la Princesa Zelda.
-¡Este combate es entre tú y yo, no metas a mis súbditos en esto! –le amenazó Zelda, cargando en su mano un nuevo ataque.
El pájaro agitó bruscamente las alas, provocando un intenso viento que apartó a los guardias, dejándolos unos metros más allá. Link no pudo seguir observando aquello, y se fue con los guardias Zoras a buscar su espada, dado que se vio obligado a entregársela al entrar, pero lamentablemente se olvidó de su escudo. Cuando volvió, se adelantó al resto y llamó al pajarraco para llamar su atención. Su mirada se giró hacia él lentamente, y se quedó mirándolo. Volvió a mirar a Zelda, y de nuevo a Link, y así estuvo un rato. Chilló extendiendo las alas, y alzando el vuelo. Se quedó observando a ambos hylianos, y volvió a gritar. Se abalanzó sobre ellos, pero lograron esquivarlo agachándose y el ave les pasó por encima. Volvió atacarlos y esta vez Link pudo dañarlo con la espada. El ave gritó de dolor, el impactó le dejó una cicatriz en el pecho. Su furia aumentó aún más, y comenzó a atacar a Link con el pico. Link agitaba su espada para apartarlo, pero el monstruo consiguió dañarle en el brazo y él soltó la espada. La bestia cogió la espada con el pico y se lanzó contra la multitud hacia la entrada al palacio. Comenzó a agitar violentamente la alas y agitándose furioso, causando el pánico. Se acercó a las columnas de la entrada y comenzó a golpearlas con la espada repetidas veces. Después agarró con muchísima fuerza la espada, y la partió con el pico.
-Mi espada… ¡Aaagg! –se lamentó Link por su arma, para luego volver a sentir un dolor punzante en su brazo, que estaba sangrando.
-¡Link, tenemos que escondernos! ¡Viene de nuevo hacia nosotros! –le dijo alarmada Zelda, al ver al pájaro volver hacia ellos.
Ella lo ayudó a levantarse, y se ocultaron tras una de las dos filas de columnas de la sala del trono, por donde la bestia no podía acceder frontalmente.
-¡Alteza! ¡¿Se puede saber por qué ese monstruo sólo se ha fijado en nosotros? –le preguntó Link, soportando por detrás las sacudidas de la columna donde estaban apoyados, y que el ave provocaba golpeando en ella para poder alcanzarlos.
-No lo sé, esa bestia se acercó volando hacia aquí y pareció fijarse directamente en mí. Y en cuanto te vio, parece que su mente se centró en nosotros, ¡No lo entiendo! –le contestó muy nerviosa.
El gigante alado consiguió derribar algunas columnas de aquella fila, a unos metros de ellos. Los gritos de pánico de la gente huyendo despavorida por todas partes aumentaban aún más su tensión. El coloso animal se acercó lentamente a ellos, amenazante. Retrocedieron asustados, ahora estaban acorralados. La bestia los atrapó a los dos entre sus garras, causándoles algunas heridas y rasgando parte de sus trajes. Comenzó a avanzar torpemente hacia fuera, con ellos en sus garras, y que soportaban el peso del ave cada vez que andaba. Llegó a la entrada, y comenzó a alzar el vuelo. Los dos hylianos observaron horrorizados como se elevaban en el aire. Pero antes de que lograran subir demasiado, una flecha se clavó en la espalda de la bestia, y este los soltó al retorcerse de dolor en el aire. Cayeron con fuerza sobre el agua del canal, y unos soldados Zoras los sacaron antes de que cayeran por la cascada. Se quedaron respirando agitadamente, mientras observaban como los guardias Zoras atacaban con flechas y lanzas al animal. Este empezó atacarlos desde el aire, provocando fuertes ráfagas de viento, embistiéndoles y tirándolos por la casada. Un par de guardias se llevaron a Link, a Zelda, y a los demás invitados hacia dentro del gran salón, para que luego se refugiaran dentro del palacio
Sin embargo, el terrible animal se dio cuenta de ello, y voló hacia el interior del salón, destruyendo el trono al trono al hacerlo. Comenzó a revolotear furioso alrededor de la sala, buscando a los dos hylianos. Mientras los buscaba, rompió las cadenas que sujetaban la enorme lámpara de araña, que cayó imparable hacia el suelo y se quebró en mil pedazos. El ave chilló furiosa de nuevo, comenzó atacar a los invitados indiscriminadamente. De pronto, una nueva sacudida eléctrica sacudió su cuerpo, y supo quién había sido.
-¡Déjalos en paz, bestia! –le gritó furiosa Zelda, que estaba varios metros por debajo de él.
-¡Pero que hace, majestad! ¡Es demasiado peligroso! –le gritó preocupado y alterado Link, que la estaba mirando desde arriba por la barandilla del entresuelo.
El animal se lanzó hacia ella, pero consiguió esquivarlo. Comenzó a cargar de nuevo energía al ver como volvía a girar en el aire para embestirla de nuevo. Pero algo salió mal, ya que esa energía se volvió en su contra y la descarga se la llevo ella. Se quedó sentada de rodillas en el suelo, dolorida, había usado demasiado su magia ofensiva. A Link estaba a punto de darle un infarto al ver como el ave se acercaba cada vez más hacia ella, con intención de embestirla. Zelda miró horrorizada a la bestia que se aproximaba cada vez más hacia ella. Cerró los ojos, y esperó a que ocurriera…y pasó.
Pero no de la forma que ella pensó, sintió el placaje desde uno de su costado, no desde delante. Además, ahora estaba tirada sobre el suelo, el ave se había golpeado contra la pared, y ahora andaba desorientada por el golpe.
-¡Majestad! ¿Se encuentra bien? ¡Ha estado cerca! –exclamó Ilia con la adrenalina al máximo, que estaba sentada a su lado.
-¿Has sido tú? Increíble…muchísimas gracias, Ilia…-le agradeció sorprendida por el hecho de que ella la hubiera salvado.
-¡No me de las gracias ahora! ¡Levántese, tenemos que irnos con los demás a dentro del palacio! –y la ayudó a levantarse.
-Esa bestia va a por nosotros, y no podemos dejar que nos siga, poniendo en peligro las vidas de los demás –le habló seriamente Link, que estaba detrás suya.
-¡Pero Link, estás herido! ¡Y la Princesa también! ¡No podéis hacer nada contra ese enorme animal! –le habló muy preocupada.
-Tiene razón, si esa bestia nos quiere a nosotros, huir con los demás sería lo peor que podríamos hacer –le habló ahora Zelda.
-Pero…
-¡Ilia, hazme caso y márchate! ¡No quiero que ni tú ni los demás corráis peligro por mi culpa! –le ordenó Link- ¡Vamos, vete! –y la empujó para que se fuera.
Ella lo miró por última vez, y subió corriendo las escaleras. Link y Zelda miraron de nuevo al monstruo, que pareció recuperarse. Se acercó de nuevo a ellos, furioso, y los golpeó con una de sus alas. Ellos fueron golpeados contra la pared, y cayeron bruscamente al suelo. Se quedaron tirados sobre ese suelo, incapaces de levantarse, sólo pudiendo sentarse a duras penas con la espalda apoyada en la pared. La bestia se acercó de nuevo a ellos, y levantó una de sus garras, no sabían si para agarrarlos o para rematarlos. Ante la amenaza inminente del monstruo, Link abrazó a Zelda, y la protegió bajo su cuerpo. Ambos cerraron los ojos con miedo, mientras el ave comenzaba a lanzar su garra contra ellos…
Sin embargo, lo único que sintieron fue un estridente chillido que casi rompe sus tímpanos. Abrieron los ojos, y vieron que una flecha había sido clavaba en uno de los ojos del animal, y que ahora se retorcía de dolor. El culpable había sido Ralis, que tenía un arco y un carcaj a su espalda. Los soltó a los dos, y cogió una lanza que también tenía atada a la espalda. Era una lanza Zora impresionante, de un color plateado intenso y que daba un aire regio. Ralis comenzó a atacarlo con la lanza, y consiguió clavársela por debajo de una de sus alas. La sacó y provocó un inmenso dolor en el monstruo. Después, varios arqueros Zoras dispararon flechas con él, aunque alguna cayó muy cerca de los dos hylian. El ave se retorció y agitó, sacándose las flechas gracias a las sacudidas de su cuerpo. Agitó las alas y desequilibró a todos los que estaban a su alrededor, pero la peor parte se la llevaron Link y Zelda, que casi no podían respirar por culpa del fuerte viento que golpeaba sus caras.
La bestia respiró con dificultad. Estaba débil, cansada, malherida, y sangrando. Agitó las alas y comenzó a volar con dificultad hacia la salida. Ralis lo persiguió hasta la salida y logró clavarle una flecha en el pecho de la bestia voladora, haciendo que cayera en picado desde la cascada al lago. Ralis pudo ver como se hundía en el agua, pero sorprendentemente pudo salir, utilizando sus últimas fuerzas y alejándose lo más rápido que podía hacia el horizonte.
Todo se quedó en silencio, y Ralis pudo escuchar a la multitud aclamarle.
-¡Viva el Rey Ralis! ¡Ha hecho huir a la "Bestia Voladora"! ¡Hurra por él! –clamaron todos los que estaban allí.
Ralis se sintió feliz por la admiración de su pueblo y amigos, y se sonrojó.
-Bueno…no es para tanto. Sólo he hecho lo que tenía que…-paró de hablar, al recordar algo muy urgente- ¡Por las aguas marinas! ¡Mis dos amigos hylianos! –y se fue corriendo hacia el interior del palacio, seguido por los demás.
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Zelda y Link eran los únicos que se encontraban en esa vacía sala, completamente destrozada, al igual que la sala del trono. Columnas destrozadas, escombros por todos lados, sangre y plumas por todas partes, las mesas y la comida tiradas por el suelo…un completo desastre.
Ellos estaban tan concentrados en contemplar el desastre, que no se había percatado de que aún seguían abrazados igual que cuando Link se lanzó a protegerla.
-Link… ¿Podrías…soltarme? –le preguntó ruborizada y con vergüenza Zelda
Ambos se apartaron completamente ruborizados, y no se atrevieron a mirarse a la cara. En ese momento, todos los que estaban fuera entraron a la sala y se acercaron corriendo a ellos.
-¿Os encontráis bien? ¡Ese monstruo se centró en vosotros y nos habéis preocupado a todos! –le habló Ralis, respirando agitadamente.
-¡Link! ¿Te encuentras bien? –Ilia se adelantó entre el grupo y se agachó junto a él.
-Sí…estoy bien, los dos estamos bien –le contestó Link, cansado.
-Ralis, te prometo que te compensaré económicamente por los destrozos en tu palacio…-se disculpó Zelda.
-¿C-cómo? No es culpa tuya… no tienes que pagarme por…-estaba agotado, eran demasiados esfuerzos y emociones en un día, y acabó desplomándose en el suelo, quedando inconsciente.
Todos se juntaron alrededor de él, e Ilia lo cogió preocupada. Algunos guardias la escoltaron para llevarla hasta los aposentos de Ralis. Mientras, el resto de soldados se llevaron a los demás invitados a la enfermería del palacio…
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Link se encontraba con Ilia por fuera del palacio, contemplando el paisaje nocturno. Link tenía el brazo vendado, y algunas vendas en el resto del cuerpo.
-¿Cómo está Ralis? –le preguntó Link.
-Está bien, se despertó hace unas horas y debe estar descansando en este momento. No fue nada grave, sólo agotamiento. Sabes, se alegró mucho al verme cuando despertó. Es bastante curioso, porque nuestra amistad se ha hecho cada vez mayor desde que acabó la Invasión del Crepúsculo. Me lleva mandando desde entonces una carta cada dos semanas, como las que me mandas tú semanalmente –y se quedó pensando en ello.
Link se quedó algo molesto y a la vez curioso por lo que dijo.
-Uhm…parece que Ralis te tiene mucho aprecio…-y dejó el comentario en el aire.
-Sí, debe ser porque le salvé y la verdad es que es bastante majo –le contestó inocentemente. Link se echó la mano a la cabeza por su contestación.
-"Y después dicen que yo soy el inocente…"-pensó- Ah, por cierto…te doy las gracias por salvar a la Princesa antes, nunca pensé que fueras tan valiente. La Princesa está muy agradecida contigo, me ha dicho que tú y el resto de habitantes de Ordon seréis bienvenidos en el castillo, si queréis venir a verme –le dijo Link, muy agradecido.
Ilia se quedó paralizada y se volvió hacia él, ya que hasta ahora llevaba hablándole de espaldas.
-¡Claro, no es para tanto! ¡Estar a punto de que te mate un animal gigante mientras recae sobre ti el peso de salvar a tu soberana, no me ha parecido difícil! ¡Ja, ja, ja! –le habló intentando disimular su nerviosismo, riéndose descontroladamente.
Link se quedó mirándola comprensivo, ya sabía lo que le ocurría…
-Ilia…has estado muerta de miedo, ¿Verdad? –le preguntó, sabiendo que era eso lo que la tenía tan nerviosa.
Ilia se quedó en silencio y luego explotó histérica.
-¡Síiiii! ¡Nunca había pasado tanto miedo en mi vida! Bueno, creo que fue peor cuando me secuestraron… ¡Pero eso no importa! ¡Ahora sé lo que sientes en estas situaciones! ¡La adrenalina se te sube por las venas, y sientes como se te va a salir el corazón del pecho! ¡Intento parecerme a ti, pero me he dado cuenta de que eso es imposible! ¡Jamás volveré a cometer una locura como esa! –Ilia estaba realmente histérica- Ay…que me da algo…
Ilia pareció sufrir un "bajón", y casi se cae al suelo de no ser por Link, la emoción la había embargado.
-Gracias, Link…-le agradeció algo ruborizada- Por cierto, ¿Cómo se encuentra la Princesa? –le dijo para cambiar de tema.
-Está bien, sólo algo herida y agotada, al igual que yo. Ahora debe de estar descansando en una de las habitaciones del palacio.
-Ya…-se quedó callada por un momento- Link… me imagino que sabrás que dentro de dos semanas será el Festival Anual de Hyrule, ¿No? –le preguntó volviendo a cambiar de tema.
-Pues sí, ¿Por qué lo preguntas?
-Porque nunca ninguno de los dos hemos ido a uno de esos festivales…y todo Ordon a planeado ir, y…-se estaba yendo por las ramas, no sabía como decírselo.
-¿Y quieres que vaya también, verdad? –le preguntó, sabía que sería eso, la conocía muy bien.
-Sí…pero no sé si ella te concederá algunos días libres, como nunca nos has visitado desde que empezaste a trabajar en el castillo…-le expresó apenada.
-Bueno, si se lo pido, no creo que le importe darme algunos días libres. Además, tú sabes que aunque me hubiera roto una pierna, yo iría sin dudarlo. No sólo a ti te gusta divertirte, ¿Sabes? –le contestó- Por otra parte, te recuerdo que hay todo un día completo de camino a Ordon, así que ya me explicarás como hago el viaje de ida y vuelta en un fin de semana. ¡Ya podríais venir vosotros de vez en cuando, que la Ciudadela no se va a mover de su sitio! –le replicó divertido.
-¡Si hemos venido, y además un par de veces! –le contestó enfadada- ¡Pero siempre estás absorto por tu trabajo! ¡He visto más veces a Auru que a ti, y eso que él es el Consejero Real! –siguió reprochándole enfadada- No entiendo por qué te gusta estar tanto tiempo encerrado en ese castillo, no creo que tu sueldo sea para tanto, debe de haber algo más…-insinuó Ilia.
-Mira, Ilia, a mi me gusta ser el guardaespaldas personal de la Princesa, sólo por eso… –le dijo mosqueado por sus insinuaciones.
-¿Te gusta ser su guardaespaldas o lo que te gusta es la Princesa? –le preguntó sin rodeos, y muy molesta. Link se quedó de piedra, no se esperaba eso.
-No eres la primera que me lo pregunta, y sigo manteniendo mi respuesta… ¡No! –le negó rotundamente- ¡Estoy harto de que me digan lo mismo, y no es así! ¡Tengo una gran amistad con ella, pero nada más! –le siguió diciendo, muy enfadado.
-¡Vale, vale! ¡No te pongas así! ¡Sólo quería comprobarlo! –le dijo para calmarlo- Como os veo tan unidos…-en el fondo, sentía grandes celos de la Princesa.
-Bien…-se calmó, y de pronto, le pasó su brazo sano por los hombros- Ya que todos en Ordon habéis planeado ir al festival, ¿Tienes algo planeado que podamos hacer cuando estemos en allí? –le habló con algo de chulería.
-E-esto…no. Pero no creo que tengamos que planear nada, hay tantas cosas que podríamos hacer…que no sé por donde empezar, ya las iremos descubriendo…-estaba totalmente ruborizada y nerviosa por su actitud. Le hacía mucha ilusión ir con él a una de las fiestas más importantes del calendario hyruliano…
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Zelda se encontraba acostada en la cama de una de las habitaciones del Palacio Zora. Llevaba un rato observando una de las plumas que se le habían caído al animal. Por alguna razón, creía recordar haber visto al monstruo antes. Cerró los ojos, y al hacerlo, comenzó a recordar algo…
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"Una niña de alrededor de 5 años caminaba sola por un frondoso y perdido bosque.
-¡Ag! ¿Dónde está? ¡Llevo rato sin verlo, y se supone que me iba a guiar hasta un lugar donde practicaríamos mis habilidades! ¡Siempre me hace lo mismo! ¡Odio cada vez que se pone en plan "misterioso"! –se quejó Zelda, mientras intentaba avanzar.
Vio a lo lejos un claro en medio del bosque, y se dirigió al él. Cuando salió de entre la espesa vegetación, apareció ante ella un ave monstruosamente enorme y que chilló enfadada. Ella gritó horrorizada, pero el ave se tranquilizó al aparecer un hombre oculto bajo una capa.
-¡Tranquilízate, no es ninguna amenaza! ¡Anda, toma esto! –y le lanzó un gran trozo de carne.
La bestia engulló el trozo de carne como si nada, y se apartó de Zelda. Se acurrucó en el suelo, y se relajó.
-¡¿Estás loco? ¡Me traes aquí unos días para hacerme más fuerte, y casi soy devorada por un pajarraco enorme! –estaba realmente asustada y enfadada.
-¡Ja, ja, ja! ¡No exageres, Zelda! ¡Sólo atacará si yo se lo ordenó, aunque eres tan pequeña que tal vez te confundió con un sabroso aperitivo! ¡Ja, ja, ja! –el hombre se reía a carcajadas, se había divertido mucho.
-Ja, ja, ja…-se rió sin ganas- Oye, ¿Qué clase de pájaro es? Nunca lo había visto... –preguntó con curiosidad.
-Buena pregunta, es un espécimen de una rara especie conocida como Helmaroc. Es una de las aves más poderosas que existen, y es realmente terrible cuando despliega todo su poder. Hay pocos en el mundo, y este puede considerarse mi compañero –le explicó mientras acariciaba al animal- ¿Por qué no te acercas tú también y le acaricias su hermoso plumaje? –le propuso a la niña.
Ella se acercó con miedo al ave, y retrocedió cuando esta lo miró. Lo intentó de nuevo, y con mucho miedo, logró poner su mano sobre la bestia. Lo comenzó a acariciarle y le gustó la sensación que le producía tocar ese suave plumaje.
-Vaya…es muy suave y no es tan malo… ¿Cómo se llama? –le preguntó con gran curiosidad.
-Kranos, ese es su nombre.
-Ah…-se quedó pensando- ¿Papá sabe que lo tienes como mascota? –le preguntó, mirándolo de forma que parecía sospechar de él.
-No, pero…-se puso algo nervioso- ¿Guardarás este "pequeño" secreto por mí? Sabes lo entrometidos que puede llegar a ser tu padre y "esos dos", y no me gustaría que le pasara algo a Kranos –le preguntó, intentado convencer a la niña.
-¡Sí, tienes razón! ¡Papá, Auru y "Pami" son muy habladores! –exclamó divertida Zelda- Esta bien, lo haré. Pero ya son muchos los secretos que te guardo, así que vas a tener que compensarme con algo... -la pequeña sabía demasiado para su edad.
-¡Jo, jo, jo! ¡Me conozco tus exigencias, y no son tan terribles! Aunque he de reconocer que eres una buena negociadora, quizás demasiado...
-Lo aprendí de ti... -le dijo como si no le diera importancia, mientras el hombre se ría con ganas."
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-Vaya, vaya...después de tantos años, nos hemos vuelto a ver las caras -se dijo a sí misma mientras contemplaba la pluma- Es curioso lo que ha ocurrido hoy, dado que tú sólo obedecías a...-se paró, parecía no querer nombrar a su antiguo amo- Aunque también podría haber sido otro Helmaroc...-se quedó pensando- No, esos ojos siniestros...sé que era él -se afirmó a ella misma- Pero... ¿Por qué se centró en mí y en Link? En mí puedo entenderlo, pero en él...no tiene sentido. No parecía estar hambriento, ni tampoco pienso que pretendiera matarnos, es como si nos quisiera llevar hacia alguna parte o ante alguien -se quedó de nuevo pensando- Será mejor que no le cuente esto a nadie, sería preocuparlos sin motivo. No puedo estar segura de nada en estos momentos, pero me parece que hay algo mucho más complejo detrás de todo esto. La pregunta es... ¿El qué? -y la pregunta permaneció en el aire.
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Mientras tanto, en otra parte de Hyrule...
-¡Maldita sea, no me puedo creer que tú plan haya fallado! -se quejaba un furioso Valtimore.
-¡Cállate de una vez! ¡Estoy intentando curarle las heridas y enterarme de lo que ha ocurrido! -le ordenó aún más furioso su jefe, haciendo que Valtimore se callara.
Mientras la bestia parecía hablarle en su propio idioma animal, el hombre estaba curándole las heridas, con algunos ungüentos y vendas que cubrían sus heridas. Se acercó al ojo dañado del animal, aunque allí ya no quedaba nada porque había tenido que extirpárselo. Puso su mano encima, y comenzó a brotar de ella energía oscura, aunque aquello parecía agotar al brujo. Cuando quitó la mano, la herida había sido cerrada, y le colocó encima un parche para que no se viera su cicatriz.
-Ag...han dejado tuerto a Kranos...-habló con rabia y odio, aunque su voz mostraba que estaba cansado, tal vez de curarle las heridas más importantes con su magia.
-Sí, es increíble que pudiera llegar hasta aquí, hace sólo unas horas. Esos malditos... ¡Se pueden ir preparando para cuando vayamos a por ellos! -se juró a sí mismo, con ansias de venganza.
-Esos idiotas han tenido mucha suerte de nuevo, les han vuelto a ayudar... -habló fríamente el hombre, con su típica voz ronca- Pero estos dos encuentros han servido para darme cuenta de una cosa...no podemos atacarlos mientras tengan gente cerca, llamaríamos la atención. La próxima vez, me aseguraré de que se encuentren a solas cuando les ataquemos.
-¡Ya! Eso está muy bien, pero... ¡Ese pajarraco ha llamado demasiado la atención! ¡Me dijiste que probablemente esa "princesita" lo reconocería! ¡Seguro que ahora mandará a una partida de búsqueda a detenernos! -habló Valtimore, muy alterado.
Su jefe se rió a carcajadas, parecía haberle hecho gracia lo que dijo, y no era para tomárselo a risa.
-¿Qué te parece tan gracioso? -le preguntó mosqueado, estaba harto del extraño comportamiento de su superior.
-Puedes estar tranquilo, ella no dirá nada...-le dijo sin más, sorprendiéndolo.
-¿Cómo puedes estar tan seguro de eso? -le preguntó intrigante.
-Ella no dirá nada hasta que haya reunido la mayor parte de las piezas del puzzle- le contestó con una metáfora- Es muy precavida, y no le contará sus sospechas a nadie, hasta que esté completamente segura. Además, para mí esto es como un juego, quiero ponerla prueba. Estoy seguro de qué empezó a sospechar de algo cuando intentamos robar parte del Tesoro Real, siempre ha sido bastante inteligente. Y de todas formas, en lo referido a mí...te aseguro que tendrá un especial cuidado, de no hacerlo podría verse en un aprieto -le explicó, dejándolo con la intriga.
-¿Y por qué?
-Porque eso significaría tener que abrir viejas heridas del pasado...
Continuará...
XOXOXOXOXOXOXO
Nota de autor: Bien, primera decena de capítulos publicada, estoy bastante orgullosa por ello. Aprovechando que este es el décimo capítulo de esta historia, he de dar las gracias a todos los que me habéis seguido hasta ahora y los que me habéis dejado reviews, sobretodo a los que lo hacéis con frecuencia. A todos, usuarios registrados y anónimos, os doy las gracias. Crearme una cuenta en esta web fue una de mis mejores deciciones de mi vida. No diré nombres, por evitar incomodidades, vosotros sois los que deberías saberlo.
Tengo muchas ganas de escribir el próximo capítulo, sobre todo por una parte que os va a dejar de piedra...
¡Hasta otra, y a comentar, que nunca viene mal expresar vuestra opinión!
