Bueno chic s, éste capitúlo es algo fuerte así que si eres menor de edad estas advertido. Quiero agradercerle a Jenn por confiar en mí e invitarme a ayudarla con esta historia que me trae suspirando a cada segundo. Que lo disfruten...
Isa

Capitulo escrito por Jenn e Isabel

Regresé

Suspire al ver que estaba a punto de llegar a mi infierno, bueno… después de todo no me quedaba de otra, aquí era a donde estaba destinada a estar de por vida. Baje de la limosina y en la entrada del bar estaba Marco, uno de los guardias del bar que ya me esperaba, la limosina arranco y yo simplemente decidí caminar a mi infierno personal. Marco tomo mi bolso y los 2 comenzamos a caminar en dirección de la oficina de John, tocó la puerta y abrió. Al entrar sentí un horrible escalofrió recorrer todo mi cuerpo, odiaba estar aquí, odiaba tener que verlo y tener que estar en este horrible lugar. Cuando entre pude ver que John se encontraba muy ocupado revisando unos papeles, y cuando volteo a verme una sonrisa se formo en su rostro y comenzó a inspeccionarme de los pies a la cabeza, odiaba esto, odiaba que él me mirara con ese cinismo y descaro sin importarle siquiera que yo estuviera aquí.

-Has llegado Samantha -dijo el esbozando una sonrisa -¿Cómo te fue con el chiquillo? Esperemos que muy bien ya que de lo contrario te atendrás a las consecuencias.

-Lo volví loco- mentí al decirle eso, pero no me quedaba de otra.

-Vaya, vaya -decía el levantándose de su escritorio -Marco lárgate -le ordeno, él salió de la oficina cerrando la puerta. Pude sentir como John se acerco a mí hasta quedar a varios centímetros de mi cuerpo. -Veo que ya te resignaste a ir con ese chico, así que hazte la idea que las veces que ellos te quieran, tu iras con ellos y harás todo lo que ese chiquillo te dice -pude sentir como tomo uno de mis mechones de cabello y lo comenzó a oler. -No sabes cómo lo envidio -él cerro sus ojos y continuo oliendo mi cabello.

Mientras seguía con su discurso no pude evitar llorar aterrorizada… no, asqueada.

-Envidio que el haya sido el primero en tu vida, el primer hombre que estuvo dentro de ti, el primero que te acaricio -podía sentir como el comenzaba a caminar y yo retrocedía poco a poco hasta que me tope con la pared-, el primero que te sintió llegar a un orgasmo, el primero que te tubo bajo su cuerpo, no sabes cómo envidio eso -él tomo mi cintura con fuerza y pegó su cuerpo fuertemente al mío. Yo había quedado acorralada contra la pared y su cuerpo. -Eres tan suave -pude sentir una de sus manos tocar mis labios y bajar por mi cuello, y mis pechos, los tomo entre sus manos y comenzó a apretarlos, en ese momento sentí un horrible escalofrió recorrer mi cuerpo, me sentía asquerosa.

¿Cómo era posible que le permitiera esto? Sentí que una de sus manos bajo mas y toco mis muslos sobre mi pantalón, comencé a temblar en ese momento, no quería que me hiciera esto, no quería que él me tocara.

-Muero por tenerte en mis brazos Sam… muero por hacerte mía -dijo llevando sus labios a mi cuello y mordisqueándolo, pude sentir que mis lagrimas bajaban por mis mejillas, quería morir en este instante, quería dejar de existir en este momento. -Pero me tengo que aguantar hasta tu cumpleaños- dijo el separándose de mí y caminando en dirección de su escritorio- ahora lárgate

Yo aun me quede paralizada en ese lugar, mis lágrimas salían descontroladamente y resbalaban por mis mejillas, aun no dejaba de temblar, y mi cuerpo no reaccionaba en ese momento.

-¿Qué diablos? ¿No escuchaste? -Dijo mirando molesto. -Te dije que te largaras, pero antes tomate esto -me dijo tirándome unas pastillas anticonceptivas. -Mas te vale tomártelas no quiero sorpresitas.

Con todas las fuerzas que tenia me atreví a agacharme y levantar las pastillas, después salí de ahí, aun estaba en shock, ni siquiera me di cuenta de cómo diablos había llegado al sótano. En cuanto llegué al colchón me deje caer y sentí mis lagrimas caer con más intensidad, esto era una mierda, una total mierda y estaba segura que mi vida siempre seria así.

-Sam, Sam, ¿estás bien? -Decía Katherine entrando al cuarto- ¿Qué te paso? ¿Por qué estás tan pálida?

-Yo... yo –no podía hablar.

-¿Qué te hizo ese desgraciado? Dime… ¿qué te hizo?

-Me… tocó… y… -ya para ese momento yo me había acostado en posición fetal, envolviendo mis piernas con mis brazos.

-Sam, ¿Él abuso de ti? ¿Él te violo? -decía Katherine totalmente paralizada. -Yo solo negué con la cabeza -¿Qué te hizo?

-Me dijo que moría por hacerme suya –me estremecí al recordarlo.

-Ese maldito-dijo ella levantándose.

-No hagas nada estúpido Katherine -me apresuré a levantarme y tomar su brazo antes de que saliera del cuarto- Él te va a golpear y se puede atrever a quitarte a Kevin…

-Ese maldito perro –gritó Katherine con fuerza- ¿Quién le dijo a el que tenía derecho a hacer y deshacer con nuestras vidas? ¿Quién le dijo que era dueño de nuestras vidas? ¿Quién?

-Por favor, tenemos que calmarnos –le dije.

-¿Calmarnos? -Dijo ella mirando confundida. -¿Cómo diablos quieres que nos calmemos Sam? El estuvo a punto de abusar de ti, y si no lo hiso ahora algún día lo hará -cuando ella dijo eso sentí un fuerte temblor en mi interior-. Cuando él haga eso no se cansara de hacerlo y después… ¿qué pasara? A mí me tendrá toda mi vida trabajando aquí, ¿por qué demonios tengo su sangre? ¿Por qué diablos mi madre se fijo en ese hombre y se termino embarazando de él? No sabes como hubiera deseado no haber querido conocer a mi padre, nunca lo hubiera conocido -decía ella hincándose en el suelo y tapando su rostro con sus manos. -Odio esto, odio mi vida.

-Yo también la odio. ¿Por qué crees que he intentado suicidarme? –murmuré con amargura.

-Si no fuera por Kevin yo hace muchos años que hubiera muerto, ese pequeño es el único que me da fuerzas para vivir- decía Katherine mientras veía a Kevin dormido en su colchón- la única razón por la que yo sigo aquí es por ese niño. Yo sé que si yo muriera, John no tendría consideración de mi hijo, sin importarle que sea su nieto… él sin pensarlo lo mandaría a un orfanatorio y yo no quiero que mi bebé sufra -podía ver como varias lágrimas bajaban por sus mejillas. -Estoy destinada a estar aquí hasta mi muerte…

-Yo también- le dije abrazándola

-Pero estando juntas las cosas pueden ser mejores, prométemelo, prométeme que jamás me dejaras sola –pidió con esperanzas.

Yo lo dude, yo no sabía si prometerle eso a ella, ya que estaba segura que en la primera oportunidad que tuviera me quitaría la vida.

-Yo… yo no puedo prometer eso –dije con voz entrecortada.

-Claro que si -dijo ella tomando mi rostro en sus manos- tienes que vivir, tenemos que luchar por nuestra vida, no permitir que John nos gane.

-No puedo Katherine, no puedo con todo esto…

-Claro que si -dijo ella abrazándome-, algún día. Algún día tu y yo seremos libres y felices -yo no podía dejar de llorar, yo sabía que eso no era cierto ya que nosotras nunca seriamos libres. –Pero no pensemos en esto, por favor. Cuéntame, ¿Cómo estuvo tu fin de semana?

-Bien y a la vez no tanto… -pude ver como su rostro se llenaba de ira y tuve que aclarar todo. –No hizo nada para dañarme, pero él la está pasando mal.

-No entiendo… -susurró confundida.

-Freddie descubrió que su madre fue alguien… igual a nosotras… -suspiré entristecida, nunca lo había visto de esa forma. –Creo que sufrió más por el engaño de su padre, no por el origen de su madre.

-¿Qué más? Cuéntame –susurró con una mueca en los labios, sabía que estaba conmovida.

-Freddie se emborrachó tanto, nunca lo había visto de esa forma… -susurré recordando esos momentos.

-¿Te hizo algo? –Preguntó con voz temblorosa y yo solo pude negar.

-Su madre se llama igual que yo… y eso no es todo –dije levantándome del colchón. –Trabajó en este mismo bar.

Sus ojos se abrieron desmesuradamente a causa de la sorpresa.

-¿Me estás jodiendo, Sam? Eso es imposible… es una locura –tuve que reírme de su lógica, pero desgraciadamente así era.

-No… -suspiré.

Por más de veinte minutos ninguna medio palabra. Ella estaba metida en sus pensamientos y yo en los recuerdos de ese fin de semana. A pesar de todo el dolor que sintió, a pesar de su borrachera nunca me faltó, siempre me respetó. Entonces se me ocurrió que en escritorio de John podía haber información.

-Katherine, necesito que me ayudes… -le expliqué todo el plan, ella no se vería involucrada. Solo tenía que entretenerlo.

Subimos las escaleras rápidamente y Katherine no se cansaba de repetir una y otra vez que eso no le gustaba, pero no me importaba estaba decidida a buscar información sobre la mamá de Freddie. No me importaba el miedo que podía tenerle a John. Le pedí a Katherin que lo distrajera mientras buscaba entre sus cosas, ella estuvo renuente hasta que no tuvo otra opción que aceptar.

-Suerte… -susurré mientras ella avanzaba hacia donde se encontraba él.

Sin esperar más y con el corazón latiendo si control, entré a la oficina de John. Ese lugar era un completo desastre, papeles tirados en el piso y envolturas de condones; ni hablar de los residuos de droga. Paseé mi mirada por todo el lugar y vi una especie de archivero en una esquina. Corrí e inmediatamente comencé a buscar algo, alguna fotografía o papeles importantes.

Basura, eso era lo él guardaba allí. Probé suerte con su escritorio, si habían papeles importantes de seguro estaban allí. Busqué en la primera gaveta, solo dinero y algunas bolsitas de droga. No pude evitar hacer una mueca de asco, era despreciable. Miré el reloj que estaba en la pared, se estaba acabando mí tiempo, no estaba segura que tanto podía detenerlo ella.

Intenté abrir una de las gavetas del medio, pero tenía seguro. Sin embargo, la suerte estaba de mi lado, justo al frente de mí estaba el manojo de llaves y estaba segura que allí se encontraba la de este. Comencé a probar una a una hasta que por fin la encontré. Si pensaba que había dinero en las otras estaba muy equivocada; había alrededor de mil dólares y varios paquetes de droga, este hombre era un enfermo. Cuando estaba a punto de cerrar vi una foto de la mamá de Freddie. Estuve tentada a gritar de felicidad, pero la puerta se abrió.

No podía moverme, ni siquiera podía gritar porque él estaba allí parado, mirándome con ira en sus ojos. Este sería mi fin. Lo vi cerrar la puerta y dibujar una sonrisa desquiciada en sus labios.

-Así que… ¿a qué debo el honor de tu visita? ¿Quieres tu regalo de cumpleaños por adelantado? –murmuró con cinismo mientras se acercaba a mí. –He querido hacerte mía desde que te conocí…

Mi cuerpo comenzó a temblar con furia y las lágrimas en mis ojos comenzaron a correr por mis mejillas. De pronto escuché un pitido infernal dentro de mi cabeza y un dolor punzante en mi mejilla. Me había golpeado, el muy maldito me había pegado.

-Vas a aprender a la mala que en mis cosas no se mete nadie más que yo –intenté deshacerme de su agarre, pero su puño se estrelló con fuerza en mi estomago. –No te vas a escapar, maldita…

Comencé a gritar como loca esperando que alguien me ayudara, pero era imposible porque la música estaba muy alta y mí voz no lograría llegar a nadie.

-Serás mía al fin… -los golpes iban y venían, podía sentir el sabor de la sangre en mí boca. Arrancó mi sujetador con tanta fuerza que logró lastimarme. –Marco… ayúdame.

Sentí como él tomaba mis manos con fuerza mientras John besaba y mordía mi cuerpo. Trataba de gritar tan fuerte que lastimaba mis cuerdas vocales. En un intento desesperado casi lo golpeé y eso solo le sirvió para excitarlo más. Su lengua recorría mi piel produciendo arcadas en mí, era insoportable, no podía… no podía permitirlo.

Quise soltarme del agarré de Marco, pero me fue imposible. Lentamente sus manos comenzaron a despojarme de la última pieza que cubría mi desnudez.

-No por favor… no –grité cuando lo vi quitándose los pantalones.

-Serás mía y gritaras de placer como la zorra que eres… -cuando estuvo a punto de quitarse el pantalón, Katherin entró y lo golpeó.

Debo admitir que he recibido una buena tanda de palizas a lo largo de mi vida con él, pero nada se comparaba con esto. Como ella había frustrado su intento de violarme comenzó a golpearla con todas sus fuerzas.

-Déjala, no le hagas daño… -grité pegándole aunque mis golpes no tenían la fuerza que necesitaba.

Con una cachetada llegué a parar en una esquina, toda atontada por el golpe.

-Lárguense -bramó molesto. –Tengo cosas que hacer y tú –dijo señalándome-, más te vale te vayas acostumbrando porque serás mía pronto.

Tres semanas después y no sabía nada de Freddie. ¿Se habría aburrido de mí? ¿Ya no me quería a su lado? Él me lo había prometido y yo… yo le creí. Suspiré mientras hacía un giro y movía mis caderas de forma sexy o al menos eso pensaban todos. Mi vida era una mierda y había perdido todas las esperanzas.

**Freddie**

Habían pasado tres semanas desde que supe algo de ella, estaba desesperado y quería… no, necesitaba verla. Lo necesitaba más que el aire mismo. No quiero ni imaginar lo que debe estar pasando y todo era mi culpa. Si pudiera pedirla, pero ese desgraciado no me prestará atención, solo le hace caso a mi padre. Además no le hablaba a mi padre y no podía pedirle que hiciera algo así. Bueno… ese no es el verdadero motivo.

La última vez que supe de ella fue cuando me dijeron que ya se había ido. La cabeza me reventaba ese día y lo único que podía recordar era la petición que le hacía a Sam, le pedía que me hiciera olvidar. ¡Oh Dios! No quiero imaginarme lo que ella piensa de mí en este momento. Mierda yo no puedo si quiera mirarla a los ojos. Soy un estúpido…

Caminé hasta mi cama y me dejé caer en el mullido colchón, tenía los ojos fijos en el techo a pesar de estar oscuro. Tengo una presión en mi pecho, sé que puedo hacer algo y no puedo al mismo tiempo. Mi padre salió de viaje esta semana y se ausentara. ¿Por qué no pude dejar mi orgullo de lado y decirle que la mandara a buscar? Maldición soy una gallina. Lentamente mis ojos comenzaron a cerrarse, estaba tan cansado y angustiado al mismo tiempo. Dios no podré vivir un día más sin saber de ella.

Todo a mí alrededor estaba en blanco. De pronto, estaba en un lugar donde había muchas mujeres bailando semi desnudas. En una esquina estaba ella, tenía la mirada vacía y un hombre estaba tocando su cuerpo. Ella no estaba haciendo nada para detenerlo. Me acerqué a ella rápidamente y la atraje a mí. Esbozó una pequeña sonrisa y me susurró "Arruinaste mi vida". Esas palabras comenzaron a resonar en mi cabeza, eran fuertes y llenas de odio. Yo había arruinado su vida, yo le hice daño.

Desperté asustado y con la respiración agitada. Era un sueño, solo era un sueño. Sentí como alguien deslizaba su mano por mi rostro. Levanté el rostro y fijé mi mirada en esa persona.

-Hola, he regresado…