Los personajes de Saint Seiya y Saint Seiya Lost Canvas no son míos y no gano nada con ellos.
Comentarios de la Autora:
¿Qué fue lo que Kardia de Escorpio vio que Dokho no quiso contar aún 200 años después del suceso?
Esta es la parte pendiente de la pasada historia ' Los que ríen', así que para mayor referencia, recomiendo que relean los tres capítulos anteriores :)
Las Voces de los Muertos
Por Vaire
IV. Los que ríen
Anexo I: La historia de Kardia
En el siglo XVIII, unos años antes de la guerra contra Hades, el Santuario sufrió una oleada de pánico por el elevado número de experiencias macabras que los habitantes comenzaron a experimentar.
Algunas de las historias eran tremendamente descabelladas, francamente ridículas incluso, pero otras realmente eran inquietantes.
Sobre todo porque en algunos casos los que habían tenido la desgracia de vivirlas habían perecido en circunstancias misteriosas o peor aún, habían desaparecido sin dejar rastro alguno que diera algún indicio de su destino.
Y aunque oficialmente se hablaba de deserción o traición, lo que los aprendices, korees y caballeros susurraban a espaldas de sus superiores tenían explicaciones menos racionales.
Por ello el Patriarca Sage tuvo que tomar cartas en el asunto e intervenir para tranquilizar lo que estaba a punto de ser un episodio de histeria colectiva, pues incluso algunos Caballeros Dorados como Tauro o Piscis estaban comportándose de manera ansiosa y alterada.
Para Dokho, esta historia comenzó una tarde soleada y aparentemente tranquila de finales de Septiembre durante el periodo anteriormente mencionado, cuando un frío viento proveniente del norte se divertía jugando con los cabellos de quienes preferían llevarlos sueltos, aún con armadura.
El chino se encontraba bajando las escalinatas entre Sagitario y Escorpio después de haber asistido a una reunión con el Patriarca y con Atena, donde había informado a Sage y a la princesa que, si bien la presencia del ejército de Hades continuaba alerta, el Señor del Inframundo aún no daba señales concretas de su presencia en la Tierra.
Así que, de muy buen humor, Libra bajaba ahora las escalinatas hacia su propio Templo, esperando a que la noche llegara y pudiera reunirse a la hora acordada con su mejor amigo, Shion de Aries, pues aún con el ambiente sombrío por ser la época oscura de la Rueda del Año, el no tener la presencia de Hades iluminaba la esperanza en los corazones de los guerreros de Atena.
Fue así que pronto se encontró a unos pasos de la escalinata que le conduciría a Escorpio, pero cuál no fue su sorpresa cuando una voz acalorada le hizo detener abruptamente sus pasos y, pese a sí mismo, le llevó a ocultarse tras una esquina, permitiéndole ver la escena que se desarrollaba en la parte posterior del octavo templo sin ser detectado.
Lo que vio le dejó sorprendido, pues no era algo que se pudiera ver todos los días: Degel de Acuario, Kardia de Escorpio y Sísifo de Sagitario estaban discutiendo vehementemente en la entrada de Escorpio, aunque el dueño de la acalorada voz era sin duda Kardia.
Y lo que alcanzó a escuchar Dokho fue que Kardia sostenía que lo que había visto no había sido una alucinación (fuera lo que fuera, porque si Dokho era sincero, en verdad más que la curiosidad de saber de qué estaban hablando los otros tres caballeros dorados el chino se habían detenido para escuchar furtivamente la querella en sí, pues siempre era entretenido para él y para Shion ver a los mayores discutir [1])
Acuario por su parte trataba de convencer a su amigo (con palabras no menos vehementes que las de Kardia, pero sí más calmadas) que lo más seguro era que todo había sido producto de su imaginación, mientras que Sísifo escuchaba más que participar en la discusión, aunque cuando Escorpio recalcó su intención de comentarlo con Atena, Sagitario se unió a Degel para disuadirle.
Estuvieron así por largo tiempo, hasta que, malhumorado, Kardia accedió a no decir nada a la Princesa Atena, pues Acuario ya había leído en las estrellas que la guerra se aproximaba y la ausencia de Hades no duraría mucho más tiempo, y Sagitario no quería preocuparla más.
A su vez, Sísifo y Degel accedieron a tomar en serio las palabras de Escorpio y estar alerta por cualquier situación extraña y así los tres caballeros se separaron: Kardia y Sisífo se internaron en el Octavo Templo (aunque Dokho pudo ver que Escorpio se mantenía extrañamente alerta) mientras que Degel comenzó el ascenso hasta Acuario.
Irremediablemente Libra (saliendo de su escondite y tratando de aparentar total naturalidad, como si no hubiera estado espiando a sus compañeros) y Acuario se encontraron frente a frente en la escalinata entre Escorpio y Sagitario.
Como era usual en esos tiempos, aunque el trato no era en exceso familiar entre los miembros de la Orden Dorada, sí se podía sentir un aire de fraternal camarería, aun cuando ciertas sospechas recayeran sobre el usualmente ausente Géminis o el frecuentemente recluido Virgo.
Así que, sin mediar palabra Degel inclinó levemente su cabeza a modo de saludo, Libra sonrió de buena gana y sin mediar palabra ambos siguieron su camino, aunque la sonrisa de Dokho no desapareció cuando dejó atrás a Acuario… no, el chino no podía esperar para contarle a Shion que Sagitario se había visto enredado en las extrañas manías de Degel y Kardia.
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Durante el resto del día Libra no pensó más en el asunto, pues sus múltiples obligaciones requirieron toda su atención, pero cuando por fin la tarde dio paso a la oscura y perturbadora noche típica de Septiembre, Dokho se encontró frente al Primer Templo.
Las antorchas que Shion diligentemente encendía cada tarde ardían azuzadas por el fuerte viento, aunque este no lo era tanto como para amenazar con extinguir las llamas, pero sí como para formar figuras dantescas en las paredes y en el suelo que irremediablemente hicieron que el chino se estremeciera de manera involuntaria.
Sin aguardar un segundo más, Dokho entró por la parte posterior de la Casa de Aries y en seguida se dirigió hacia la pequeña cocina en la parte privada, donde sabía que Shion le esperaba con un té caliente.
Y aunque al principio los dos amigos comenzaron hablando de trivialidades, Dokho no pudo contenerse por mucho tiempo y pronto le contó a Shion lo sucedido esa tarde con los tres caballeros dorados.
Shion se mostró interesado, nuevamente más entretenido por el asunto en general y no por el contenido de la conversación en particular, y todo hubiera acabado olvidado ahí si no fuera porque tres días más tarde Dokho se encontró cara a cara con un muy alterado Kardia.
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Todavía no se podía decir que era de mañana. El Sol aún no despuntaba en el horizonte, aunque pronto el cielo comenzaría a tornarse de un tono gris y somnoliento que anunciaría la próxima salida del astro rey.
Sin embargo, por el momento el cielo se mantenía negro como boca de lobo y las antorchas que iluminaban las Doce Casas aún se mantenían encendidas, para inquietud de Dokho quien regresando de todo un día y una noche de guardia, podía jurar (aunque tratara de negarlo incluso a sí mismo) que las sombras que se producían por el movimiento de las flamas nada tenía que ver con el fuego.
Pasando discretamente por cada una de las casas previas a Libra, el chino notó que ninguno de los Templos custodiados por sus compañeros mostraba señales de vida aún, ya fuera porque sus guardianes estaban aún descansando o por encontrarse fuera del Santuario encargándose de sus respectivas responsabilidades.
Así que sin mayor contratiempo, el chino pronto se encontró dejando atrás el templo de Virgo y a su enigmático guardián, a quien pudo percibir vía cosmo alerta, aunque si Asmita se encontraba durmiendo, meditando, contemplando o reposando era algo que Dokho no pudo decir con certeza, algo bastante frecuente cuando se trataba del misterioso indio (y que había provocado más de un roce con Tauro)
Dokho tan perdido en esos pensamientos se encontraba mientras subía finalmente a su Templo que no se dio cuenta que otro caballero dorado venía bajando rápidamente, aunque no a la velocidad de la luz.
"Agh, muévete" dijo una voz muy agresiva, aunque irónicamente no hostil.
Dokho inmediatamente reconoció a Kardia y suspiró levemente.
Siempre que se encontraba con el rubio griego sin Acuario presente un drama estallaba por la personalidad de ambos.
Y aunque el chino por lo general no se incomodaba por la cuestión, después de haber estado más de 24 horas patrullando los bosques aledaños al Santuario tras recientes rumores de Espectros de Hades, Libra lo único que quería era darse un buen baño y liberarse de la tensión acumulada, no discutir con su muy impulsivo compañero.
"Ya, ya" dijo Dokho tratando de ser conciliador, pero Kardia ya no lo escuchaba porque había seguido rápidamente su descenso hacia Virgo.
Curioso por la extraña reacción de su compañero (por lo general Escorpio hubiera buscado al menos un buen intercambio de golpes o uno que otro insulto – todo muy 'amistoso' claro) y un tanto picado por haber sido ignorado tan descaradamente, Dokho siguió al griego.
"Oye Kardia, espera ¿por qué la prisa? ¿estamos bajo ataque?"
Kardia se detuvo poco antes de llegar a la parte posterior de Virgo.
"¿Vas a pasar por Escorpio?" fue la abrupta pregunta del guardián de la Octava Casa y tan vehemente fue su tono que Dokho se detuvo en seco antes de lo que hubiera querido. Cuando Kardia estaba de cierto humor era mejor evitarlo, ya fueras Dokho de Libra, Sísifo de Sagitario o Asmita de Virgo.
"N… no ¿qué tendría yo que hacer en Escorpio?"
"Bien, entonces mantente alejado de ahí y lo digo en serio" dando la media vuelta, Kardia comenzó nuevamente el descenso por las pocas escaleras que le quedaban hasta el Templo de Virgo.
"Oye, espera ¿qué está pasando?" se indignó Dokho tras haber sido desestimado tan fácilmente por segunda vez en menos de cinco minutos.
"Ya te lo dije, mantente alejado de Escorpio y ten cuidado en Libra" respondió enigmáticamente el rubio.
"¿De qué estás hablando? ¿Qué tiene que ver el Templo de Libra en tus manías?"
"Mira Dokho, te estoy ayudando ahora deja de hacerme perder el tiempo"
"¿Se puede saber por qué tanto escándalo?" los interrumpió una voz serena.
Sin haberse dado cuenta, Kardia y Dokho habían ido aumentando gradualmente el tono de su voz hasta haber terminado prácticamente gritando, lo que evidentemente llamó la atención de Asmita quien acabó por proyectarse a la salida de su templo.
"Tú…" Kardia señaló a la proyección de Virgo acusadoramente "¿Tienes algo que ver con lo que ocurre en Escorpio?"
Tras unos segundos de silencio en los que el rostro de Asmita no se alteró en lo más mínimo, el indio respondió "Ya veo, ahora entiendo… no Kardia yo no tengo nada que ver con eso, pero mucho agradecería que ambos fueran a gritar a otro lado"
Y así sin más, la proyección de Virgo se esfumó como bruma.
"Arg… cómo detesto que haga eso" masculló por lo bajo Escorpio.
"Kardia, ¿podrías por favor detenerte un momento y explicarme por qué tanto alboroto?" exigió nuevamente Dokho. "¿Estamos bajo ataque?"
Por unos segundos Kardia permaneció mirando intensamente al chino, con esos ojos que tenían fama en el Santuario de reflejar una locura aterradora.
"No lo sé" dijo finalmente Escorpio.
"¿Cómo que no lo sabes?" Dokho levantó una ceja. "Si es así debemos alertar al Patriarca y a la Princesa Atena"
"No, no hasta encontrar a Sagitario y a Acuario… y hacerles tragar su incredulidad"
"Perdona, pero no te estoy entendiendo, si el Santuario de Atena se encuentra bajo ataque, entonces necesitamos alertar al Patriarca y a la Princesa, no a dos de nosotros"
"Ya te lo dije, no sé si estamos bajo ataque… "
"Muy bien Kardia, o me dices qué está pasando o en este mismo momento voy al Templo Principal y voy a pasar por Escorpio"
"¿Me estás amenazando? ¿A mí?" el cosmo de Kardia se encendió, pero no fue el único… el cosmo de Asmita de Virgo igualmente se dejó sentir como advertencia.
"Seguiremos esto en otro lado… lejos de ese loco de Virgo" bufó Kardia tranquilizándose un poco.
Dokho asintió completamente de acuerdo y siguió a su compañero, aunque sorprendido porque Escorpio en lugar de ascender, cruzó decidido por Virgo (intencionalmente de manera muy ruidosa, para diversión del chino y exasperación de Asmita, o al menos lo más parecido a exasperación de lo que el indio era capaz)
Finalmente Kardia se detuvo en la escalinata entre Virgo y Leo.
"¿Y bien?" preguntó Dokho, mientras una pálida luz comenzaba a asomarse en el horizonte anunciando la próxima llegada del Sol.
"Vuelve a amenazarme y sabrás lo que es el sufrimiento" dijo el rubio. Dokho, como todos sus compañeros acostumbrado a los desplantes del Octavo Guardián (y consciente del peligro que la belicosidad de Kardia suponía) dejó por la paz el asunto, prefiriendo volver al tema que le había llevado a tan incómoda posición: ¿estaban bajo ataque, sí o no?
Al hacer la pregunta, Kardia fastidiado tomó asiento en la escalinata.
"Ya te dije que no lo sé. Mira Dokho lo que te voy a contar es para vayas con cuidado, porque por mucho que seas una molestia, en este momento Atena no puede darse el lujo de perder guerreros por estupideces.
Tres noches atrás regresé al Santuario de una misión cerca de las costas de los Estados Italianos, pero resulta que regresé un día antes de lo previsto, aunque pocos sabían incluso que me había ausentado.
Obviamente me dirigí hacia el Octavo Templo, pero cuál no fue mi sorpresa y enojo cuando dentro de la parte privada de este, pude percibir una luz mortecina que iluminaba las estancias interiores de Escorpio.
Me encaminé dispuesto a hacer pagar al responsable de tal intromisión, aun cuando el intruso fuera otro caballero dorado. ¿Cuándo habías oído tal impertinencia en el Templo de uno de los Doce?
Entré rápidamente en las estancias privadas con la intensión de atrapar al culpable, pero…
Pero lo que vi… yo no… la verdad es que me dejó atónito" llegado a este punto Kardia suspiró y se pasó una mano sobre sus rubios y despeinados cabellos.
"En la pequeña antesala, cuatro… seres estaban sentados alrededor de la mesa, con cuatro velas encendidas a su alrededor.
Eran… tenían forma casi humana… podría decir que parecían hombres desnudos, pero con la piel derretida como si fueran de cera y de un color como carne de un cadáver después de varios meses en descomposición.
Grandes huecos negros tenían en las cuencas donde debía haber habido ojos, y su piel no alcanzaba a cubrir unas bocas grandes con dientes filosos y amarillos."
La voz de Kardia era un susurro y Dokho lo miraba cada vez más horrorizado, tanto que sin darse cuenta Libra acabó sentado de piernas cruzadas junto al mayor.
"Cuando me detuve en el marco de la puerta pasmado por la sorpresa… " Kardia continuó "… esas criaturas me miraron atentamente y al mismo tiempo comenzaron a susurrar confusamente en un lenguaje que me pareció antiguo, pero que no entendí ni pude identificar.
Y antes de que pudiera hacer nada, una de las criaturas se llevó las manos a su calva cabeza y se la arrancó de un tirón, dejando a la vista un cuello rematado en un muñón."
Kardia guardó silencio.
"¿Qué pasó luego?" le urgió a continuar Dokho, pero Escorpio negó con la cabeza. De hecho lo que ocurrió después fue algo que Kardia de Escorpio se guardó para sí, incluso llegándo a ocultárselo a Degel, con quien era muy cercano.
Kardia de pronto soltó una carcajada con esa risa que rayaba entre el menosprecio y la locura.
"Suena descabellado ¿no? Tal vez Degel tenga razón… tal vez en esos momentos yo no…" Kardia guardó nuevamente silencio, pensando en que tal vez lo que Acuario le insistía que había sido fruto de una alucinación por su enfermedad no estaba tan errado.
Pero Dokho podía ver que Kardia estaba bastante impresionado, algo que jamás había visto en Escorpio y eso a Libra hacia que se le enchinara la piel.
"Kardia…" comenzó el chino.
"Pero esto podría ser la respuesta a tantas preguntas que parecieran ser triviales ¿te das cuenta? " interrumpió el griego nuevamente con ese tono apasionado que le caracterizaba.
"¿A qué te refieres?"
"Piénsalo… ¿cuántas veces no han sucedido cosas extrañas en Libra?"
"Nunca" se apresuró a asegurar el guardián del Séptimo Templo. "Kardia, estamos hablando de las Doce Casas… aún en la época oscura…"
Kardia bufó. "Piénsalo Dokho… según la leyenda el Caballero de la Espada ronda entre las escalinatas que conectan los templos [2], y eso por mencionar sólo una historia, pero ¿qué si lo que le detuviera para entrar en nuestros Templos no fuéramos nosotros, como creemos, sino algo más… algo que se encuentra ya dentro de cada Casa… o que se mueve de Casa en Casa…" el tono de Kardia era cada vez más apasionado y sus ojos comenzaron a brillar con ese tono rojizo que había despertado un indescriptible temor tanto en enemigos como aliados por igual.
"¿Recuerdas una anécdota que Capricornio les contó a ti y a Shion cuando ambos llegaron a ocupar su lugar como caballeros dorados?" Kardia desafió a Dokho al ver reticencia en sus ojos castaños.
"El Cid lo hizo con la intensión de reconfortarnos, muy a su manera, pero con buenas intenciones" le defendió el chino.
"Si, sí" desestimó el griego con un además de su mano " Pero recuerda la historia… El Cid comentó su experiencia la primera noche que pasó en el Templo de Capricornio ya como su guardián, durante la cual pudo ver fugazmente a una de esas criaturas, sin cabeza, de espaldas, saliendo del Décimo Templo."
"Eso no fue parte de su relato" objetó Libra.
"Sí que lo fue… tal vez ustedes ya se habían retirado, ahora que lo pienso y eso sólo nos lo dijo a Degel, a Sísifo, a Aldebarán y a mí, pero te aseguro que algo por el estilo mencionó…
Y ¿qué me dices del aprendiz de Sagitario? Regulus afirma haber visto un día de Otoño hace dos años en Leo rodar una cabeza con descripción similar a la que te he dado... y según el niño la cabeza rodó hasta perderse misteriosamente tras un pilar en la parte central del Templo.
¿Y su tío? Recuerda que Sísifo nos contó que una madrugada, cuando se preparaba para bajar al coliseo a entrenar a Regulus, mientras se ajustaba su ropa de entrenamiento con su espalda dando hacia el marco de la puerta de su habitación, una mano con la misma descripción que la que te he dado le acarició la espalda."
Kardia estaba ya en un frenesí tal que incluso se había levantado.
"Y otros han comentado haber tenido experiencias menos aterradoras, pero igualmente desconcertantes.
¿Acaso no hay veces en las que Shion encuentra cuatro velas totalmente consumidas en la mesa de la cocina, aun cuando asegura que no hace ni dos días que las ha adquirido? Claro, todos pensamos que es una trivialidad, pero ¿no resulta demasiada coincidencia?
¿Y qué me dices de la vez en que Aldebarán comentó que la mesa y las sillas de la sala de estar de su Templo al menos una vez al mes se encontraban distribuidas de manera diferente a como él las había dejado?
Incluso Albafika en los extraños momentos en los que decide, oculto tras un pilar, reunirse con nosotros ¿no ha comentado que hay veces en las que le parece escuchar susurros en lo que le recuerda un lenguaje antiguo, pero desconocido?
Manigoldo se burló de él hasta el cansancio, pero Cáncer, si lo recuerdas, lo hizo sin afán de molestar… más parecía el hermano mayor que trataba de proteger a su hermanito y ese no es el actuar de Cáncer.
"Kardia, lo que dices es descabellado… todas son…"
"¿Qué? ¿Casualidades? ¿Coincidencias? Piénsalo Dokho… tal vez lo que esté detrás de los movimientos en Géminis aun cuando su guardián está ausente no es nuestra imaginación.
¿Puedes asegurar que los susurros que provienen de Virgo los emite Asmita al mediar?
¿Qué me dices de la sensación de sentirnos observados que tenemos frecuentemente cuando pasamos por Cáncer? ¿O del desorden que encontramos a veces en el Templo Piscis aun sabiendo que Albafika es perfectamente pulcro?
¿Puedes asegurar que en realidad las cosas que desaparecen en Libra un día y aparecen en otro lugar tiempo después en realidad son descuidos tuyos?
"¡Basta! Basta Kardia, esto es una locura" Dokho se pudo de pie abruptamente, porque todo lo que Kardia le decía con esa manía que le caracterizaba parecía una serie de insensateces y necedades…perfectamente coherentes y que tenían perfecto sentido, lo que más aterraba al chino.
Dentro de sí, sabía que lo que Kardia le decía era verdad.
"¿Acaso no lo ves? Dokho, esta es la respuesta… extraordinariamente escalofriante y espantosa, pero… " la sonrisa maniaca de Kardia se ensanchó "increíblemente seductora…" nuevamente la risa de Kardia estalló.
Dokho negó con la cabeza.
"Estás loco… me voy a dar ese baño que tanto he anhelado" dijo el chino suavemente y dando media vuelta se dirigió a su templo.
"Ve Dokho… toma ese baño, pero recuerda asegurarte que en realidad seas sólo tú dentro del agua" dijo Escorpio con amistosa sorna.
Dokho o bien no le oyó o le ignoró, pero esa fue la última vez que habló con Kardia del asunto.
Los Espectros de Hades, sintiendo la cercanía de su señor, comenzaron a causar más problemas al Santuario, provocando que los caballeros estuvieran demasiado ocupados como para pensar en historias macabras…
La intervención de Sage calmó los corazones de la orden, y el lúgubre ambiente se atribuyó más a la inminente guerra que al curso natural de la Rueda del Año.
Unos años después Hades despertó y al final de la guerra Dokho se retiró por orden de Atena a Rozán en China… muy lejos de aquellas historias en las que Libra prefería no pensar por asociarlas a sus amigos muertos, recuerdos que le eran muy dolorosos…
… hasta doscientos años después, cuando los ojos del caballero dorado de Escorpio no tenían ese brillo maniaco, el caballero de Virgo había roto su reclusión y su mejor amigo Shion era el Patriarca de la Orden de Atena.
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Así que doscientos años después, un rejuvenecido Dokho de Libra recordaba todo el asunto al estar hablando con sus compañeros en la misma época del año que en aquel entonces, pero esta vez no eran Kardia de Escorpio o Asmita de Virgo a quienes tenía frente de sí, sino Aldebarán de Tauro y Aioria de Leo.
Y con la sabiduría adquirida con los años, Dokho decidió callar todo el asunto.
Después de todo, Libra pensó, no era prudente alarmar a los demás cuando él mismo no podía acabar de entender la situación. Kardia había callado demasiado de su experiencia, mostrando una madurez que Libra jamás le hubiera atribuido, pero cuyo silencio le había dejado a Dokho con un mal sabor de boca.
¿Qué sentido tendría que los Caballeros Dorados de esta época sintieran la necesidad de estar siempre alerta aún dentro de sus Templos?
Pero sin una guerra próxima que amenazara a la humanidad y a la Princesa Atena y en un momento de paz sin precedentes en la historia del Santuario ¿el secreto se mantendría oculto?
Fin
¿Están seguros que en ese lugar que creen conocer tan bien no hay secretos ocultos murmurando tras las paredes, esperando el momento adecuado para hacerse presentes?
Muahahahaha…. No olviden dejar sus comentarios… y ¡Feliz tiempo de espantos! En el Hemisfero Norte desde el Primero de Agosto entramos en la parte oscura de la Rueda del Año… y todo lo que eso significa…
[1] En Lost Canvas recordemos que a excepción de Regulus de Leo (con quince años), Dokho y Shion son los más jóvenes de los Caballeros Dorados, con dieciocho años. Sísifo de Sagitario es el mayor de todos con veintinueve. Kardia y Degel tienen veintidós.
[2] Sip, referencia a mi historia con el mismo nombre 'El Caballero de la Espada'
