¡Hola a todos los que me seguís leyendo!
Aquí os traigo el capítulo 10. Aún no he decidido si voy a dividir el siguiente capi en dos o no, por lo largo que es... Todavía tengo que corregirlo... De cualquier modo, ya sabéis que será si no el último, el penúltimo.
Cambiando de tema, ya he publicado el one shot de Ron y Hermione, por si a alguien le interesa. Está en esta misma cuenta y se llama Vueltas y más vueltas.
Mención especial para StydiaShippsJily por seguir ahí al pie del cañón, ¡muchas gracias guapísima!
Música recomendada:
The power of love de Huey Lewis and The News
Keep holding on de Avril Lavigne
Ilargia de Ken zazpi
Wonderwall de Oasis
Capítulo 10: El Club Slug
El viernes por la mañana amaneció muy nuboso y no tardó demasiado en empezar a llover. Lo que en un principio había sido una llovizna, pronto se convirtió en un aguacero. El rugido del viento y el golpeteo de las gruesas gotas contra los cristales de las ventanas hicieron que Lily se despertara temprano. Tumbada boca arriba en la oscuridad, lo primero que le vino a la cabeza fue la descabellada idea que había tenido la noche anterior. Y cuantas más vueltas le daba, más convencida estaba de lo que iba a hacer.
Cuando sonó el despertador, Lily fue la primera en levantarse y ocupar el baño. Salió poco después envuelta en una toalla y con el cabello goteando. Mientras se ponía el uniforme, notaba las furtivas miradas de Celestina, que asombrosamente no había sacado aún a colación la charla de la noche anterior.
-¿Vamos a hacer como si anoche Lily no nos hubiese dicho que va a cometer un robo en el despacho de un profesor?
Ahí estaba. Lily se preguntó cuánto tiempo se habría estado mordiendo la lengua Celestina antes de soltar aquel reproche cargado de ironía.
-Dame un respiro, ¿no? –respondió Lily al tiempo que se secaba el cabello con la varita-. Por lo menos espera a que desayune. Si vamos a discutir, que sea con el estómago lleno.
-Lily, no es momento para bromear, ¿no te parece?
-Tina, no empieces con los sermones tan temprano, por favor –respondió Marlene intentando calmar los ánimos, y a Lily le sorprendió que no se sumara a Celestina en su intención por reprenderla-. Deberías darle tiempo a Lily para que piense bien qué es lo que va a hacer, antes de agobiarla con una regañina, ¿no te parece?
Celestina apretó los labios y movió la cabeza en un gesto de conformidad.
-Ya hablaremos de ello a la hora de la comida. Ahora daos prisa o nos quedaremos sin desayunar igual que ayer –dijo Marlene antes de desaparecer tras la puerta del baño.
Lily se sintió agradecida con Marlene por haber frenado las ansias de Celestina de darle una buena reprimenda a esas horas de la mañana. Pero sabía que solamente había atrasado el momento.
La primera clase del día era Encantamientos y mientras los alumnos practicaban con sus varitas, el profesor Flitwick se paseaba entre ellos. Durante los ejercicios prácticos la sala se llenaba de ruido y voces, por lo que aquella clase les daba la oportunidad de cotillear sin llamar la atención del profesor. La prefecta de Ravenclaw, que se sentaba detrás de Lily, le comentó que la tarde anterior cuando ella y otro prefecto patrullaban por los pasillos habían sorprendido a tres alumnos de Slytherin tratando de embrujar al guardián de Gryffindor.
-Siempre igual… -rezongó Marlene meneando la cabeza con gesto asqueado-. No se morirían por jugar limpio por una vez…
La atmosfera que se respiraba en el castillo antes de un enfrentamiento entre Gryffindor y Slytherin no solía ser agradable. Los jugadores de Gryffindor se veían sometidos a las reiteradas burlas y al acoso de sus rivales, y en más de una ocasión varios alumnos de ambas casas habían acabado en la enfermería. Lily supuso que en aquella ocasión no habría excepción.
Cuando llegó la hora de la comida, Lily ya sabía lo que le esperaba, así que estaba preparada para las miradas hostiles de sus amigas. Se sentó y se sirvió un buen plato de pasta.
-Lily, ¿has reconsiderado esa locura? –preguntó Celestina sin andarse con rodeos.
Lily levantó la vista de su plato y la miró a los ojos a la vez que asentía.
-¿Y?
-Voy a hacerlo. Estoy…
-¡Lily, por favor! –espetó Celestina, que estaba sentada enfrente de Lily y al lado de Marlene.
-Estoy decidida –continuó Lily con determinación.
-No, estás loca –le corrigió Celestina con una mirada enfadada.
-Como sea, no vais a convencerme de lo contrario. Os lo digo para que os ahorréis la charla –dijo Lily removiendo sus espaguetis con demasiada fuerza, tanto que alguno fueron a parar fuera del plato.
-De todas formas, dale otra vuelta, Lily –le aconsejó Marlene, a quien se la veía preocupada, pero no enfadada como Celestina-. Y por cierto, ¿has pensado ya en cómo vas a abrir el armario privado de Slughorn?
-¿Sin usar la fuerza? No. Ese es el único problema.
-Sí, ese es el único problema… -replicó Celestina con la voz cargada de sarcasmo.
Lily puso los ojos en blanco y pensó que tendría que pasarse el resto del día aguantando aquella actitud tan negativa por parte de Celestina. De hecho, en aquel momento había vuelto a abrir la boca, seguramente para decir una vez más lo mal que le parecía todo aquello y lo loca que estaba Lily. Sin embargo, fuera lo que fuera, Celestina tuvo que quedarse con las ganas de soltarlo, porque en ese preciso momento apareció Sirius con las manos en los bolsillos y una de sus sonrisas. Lily nunca se había alegrado tanto de verlo.
-Hey, chicas, ¿qué tal? ¿Os importa que me siente aquí?
Las tres a la vez negaron con la cabeza y Sirius se sentó junto a Lily, frente a Marlene y Celestina. A lo lejos, James y Peter avanzaban por el Gran Comedor y ambos se llevaron una sorpresa al ver qué lugar había ocupado Sirius. Tras saludar a los presentes, James se sentó junto a su amigo, y a su lado Peter.
-Marlene, hoy es nuestro último día de castigo. ¿Estas emocionada? –preguntó Sirius sonriendo.
-No sabes cuánto… Tenemos que celebrarlo. ¿Vais a ir a la reunión del Club Slug?
Sirius, que acababa de llevarse a la boca un buen bocado de asado, tragó y contestó con una mueca de desagrado:
-Sí… A pesar del mal gusto de Slughorn para elegir a ciertos invitados, nos pasaremos por allí. La verdad es que hay unos cuantos subnormales en el club, creo que podéis adivinar perfectamente a quiénes me refiero… Pero si sabes qué compañías evitar, puedes llegar a pasártelo medianamente bien… A lo mejor podemos convencer al viejo Sluggy para que nos deje brindar por nuestra libertad con hidromiel envejecida –y levantando su copa de zumo de calabaza Sirius fingió un brindis.
-A mí no me han invitado –dijo Peter con expresión mustia.
-Podemos llevar invitados. Yo no pensaba pedírselo a nadie, ¿quieres ir conmigo, Peter? –sugirió Celestina con amabilidad.
Peter se sonrojó y abrió la boca ligeramente antes de contestar:
-Eh… Eh… Sí, cla-claro –balbuceó, emocionado.
-¡Hey, tu primera reunión del Club Slug! Tienes que ponerte muy elegante y guapo, Pete –dijo Sirius dándole una palmada en la espalda por detrás de James, que estaba en medio.
-¿Y tú, James? –preguntó Marlene.
Lily se irguió y prestó especial interés porque aquella parte de la conversación sí que le interesaba de verdad.
-Supongo que sí, si Filch no me entretiene demasiado.
-Qué bien, entonces nos veremos todos allí. Resérvame un baile, Peter –dijo Sirius frotándose las manos con una emoción exagerada que hizo reír a los demás.
Los chicos terminaron de comer antes que ellas, y tras despedirse, se encaminaron hacia la salida del Gran Comedor. Marlene saboreaba su trozo de pastel con el entrecejo fruncido y tras mirar a Lily con fijeza durante varios segundos como si estuviese sopesando algo, se levantó al tiempo que decía:
-Se me ha olvidado comentarle algo a Sirius, voy a ver si le alcanzo.
Y salió corriendo del Gran Comedor. Lily y Celestina se miraron sin saber qué podía ser aquello tan urgente que no podía esperar. Unos cinco minutos después (que Celestina aprovechó para intentar persuadir a Lily de que olvidase su arriesgado-absurdo-insensato-suicida plan), reapareció Marlene.
-¿Qué pasa? –preguntó Lily muriéndose de ganas por cambiar de tema.
-Nada.
Y aunque Marlene hizo un gesto de desgana dando a entender que aquello no tenía ningún interés, Lily no se lo creyó en absoluto. Sin embargo, como Marlene se había mostrado bastante más indulgente con ella que Celestina, quiso devolverle el favor y no preguntó. Tina estaba tan ocupada taladrando a Lily con una mirada acusadora que ni se percató de que Marlene tal vez estaba ocultando algo.
Durante la tarde, Lily se dio cuenta de que se sentía bastante más inquieta. No veía la hora de que sonara la campana que anunciaba el final de las clases. Había empezado a tener un tic en la pierna y no podía dejar de sacudirla con nerviosismo.
Cuando faltaba una media hora más o menos para que terminara la clase de Transformaciones, Marlene, que se sentaba al lado de Lily, le pasó a ésta con disimulo un pequeño trozo de pergamino doblado. Ella lo abrió y leyó lo que ponía con cuidado de que la profesora McGonagall no la viera:
¿Estás absoluta, total y completamente segura de que quieres hacerlo?
Lily arrugó el trozo de pergamino y se lo guardo en el bolsillo. Se giró hacia su derecha y asintió con firmeza mirando a Marlene, que escrutó los ojos de Lily con detenimiento. Pudo ver determinación y arrojo en ellos. Marlene asintió también en señal de aceptación.
Cuando sonó la alarma, Celestina fue la más rápida en recoger sus cosas y meterlas con apremio dentro de la mochila.
-Chicas, tengo reunión del coro. Nos vemos en la sala común, Lily –dijo Celestina antes de salir deprisa del aula.
Marlene recogió su libro y sus pergaminos lentamente, pues quería que fuesen las ultimas en abandonar la clase. Lily la esperaba con la mochila colgada del hombro sin conocer sus intenciones. Cuando se quedaron solas, Marlene cambió el ritmo repentinamente y terminó de meter sus pertenencias a toda prisa en su mochila.
-Espera un momento –murmuró Marlene y se dirigió a la entrada del aula.
Asomó la cabeza fuera, volvió a entrar y cerró la puerta. Lily, que no tenía ni la menor idea de lo que estaba pasando, la miraba con las cejas enarcadas.
-Si tan decidida estás a hacerlo, voy a ayudarte.
Lily no se esperaba aquella reacción. Sorprendida y agradecida a partes iguales, respondió:
-Marlene, no tienes que hacerlo. Yo no te pediría que…
-Tú no me lo has pedido. Me he ofrecido yo. Así que calla y escucha. Antes, a la hora de la comida, le he preguntado a Sirius cómo se puede forzar una cerradura protegida con un sensor para detectar un alohomora.
Lily abrió la boca, horrorizada.
-¡Marlene! ¡¿Se lo has contado?! ¿Cómo has…?
-Chsssst, calla y escúchame –le instó Marlene acercándose a Lily y echando una hojeada rápida a la puerta-. Por supuesto que no le he contado nada. Sólo le he preguntado si conoce algún modo de abrir una cerradura como esa.
-¿Y él que te ha dicho? –preguntó Lily con curiosidad.
-Obviamente quería saber qué tramaba, pero no se lo he contado, claro. No ha insistido y me ha dicho que estaría encantado de ayudarme si pretendía transgredir las normas. Está como una cabra… El caso es que me ha dado la solución –anunció Marlene metiendo la mano en el bolsillo de su túnica con una sonrisa y sacando de él…. una navaja.
Lily frunció el ceño y tomó en sus manos el utensilio que Marlene le ofrecía. Era una navaja no muy grande con el mango oscuro y brillante, tal vez de ébano.
-Es de Sirius, me la ha prestado. Puede abrir cualquier cerradura y deshacer todo tipo de nudos –explicó Marlene.
-¿Estás segura? –preguntó Lily con el estómago encogido por la emoción.
-Sí. Al menos Sirius parecía bastante seguro… Me ha dicho que siempre que la ha utilizado le ha funcionado. A saber qué habrá hecho con ella…
-Muchas gracias, Marlene –dijo Lily visiblemente aliviada y agradecida. A continuación guardó la navaja en la mochila.
-De nada –contestó Marlene encogiéndose de hombros, como restándole importancia-. Vamos, te acompaño a la sala común, tengo un rato libre antes del castigo.
Juntas se dirigieron en dirección al séptimo piso donde se encontraba el retrato de la Señora Gorda. Subieron a su dormitorio y dejaron allí sus mochilas. Lily no tenía intención de hacer sus deberes aquella tarde, pues sabía que iba a ser incapaz de concentrarse teniendo la cabeza en otra parte. De modo que le pidió prestado a Mary el último número de la revista de moda Cosmowitch y se sentó a hojearla junto a Marlene, que poco después tuvo que marcharse.
No habían transcurrido ni quince minutos, cuando el hueco del retrato se abrió y entraron Celestina y Remus juntos. Ella parecía bastante agitada mientras le explicaba algo a él, que escuchaba atentamente. Entonces vieron a Lily, se aproximaron y se sentaron frente a ella.
-¡Lily! No sabes lo que ha pasado… -comenzó Celestina colocándose un mechón de pelo detrás de la oreja con nerviosismo-. Unos chicos de Slytherin han intentado embrujar a Sirius.
-¿Qué? Pero, ¿está bien?
Lily dejó a un lado la revista y se inclinó hacia adelante, impaciente.
-Sí, sí… No le ha pasado nada. Ahora mismo debe de estar con Marlene cumpliendo el castigo.
-¿Qué ha pasado?
Celestina siguió relatando la historia mientras Remus sólo escuchaba:
-Yo venía en dirección a la sala común después de salir de la reunión del coro y me he encontrado con Marlene, que iba hacia el tercer piso, ya sabes, donde cumplen el castigo… Así que la he acompañado. Pues bien, acabábamos de llegar al corredor del cuarto piso cuando al fondo del pasillo, a lo lejos, vemos a Sirius. Y de repente, salen de los servicios cuatro tíos con la varita en la mano. Tenía toda la pinta de que estaban esperando a que Sirius pasara por allí de camino al castigo –Celestina estaba tan nerviosa que no dejaba de recolocarse el mismo mechón de pelo una y otra vez-. Estaban apuntando a Sirius, que no les había visto. ¡Iban a atacarle por la espalda, los muy cobardes! Y entonces Marlene y yo les hemos lanzado unos cuantos hechizos justo a tiempo de evitar que embrujaran a Sirius.
Lily observaba a Celestina con la boca ligeramente abierta y una expresión mitad de asombro mitad de indignación.
-No ha quedado ni uno en pie –continuó Celestina-. Después Sirius nos ha ayudado a meterlos a todos en los servicios y los hemos dejado allí. Alguien los encontrará tarde o temprano… Marlene y Sirius han bajado al tercer piso y yo he venido hacia aquí corriendo. De camino me he encontrado a Remus.
-Sí, yo también venía a la sala común. La señora Pomfrey me ha dado el alta esta tarde –dijo Remus tomando parte en la conversación por primera vez.
-Sirius nos ha dicho que no digamos nada, que no hay testigos y que esos Slytherins tienen tanto que perder como nosotras porque trataban de hechizarle a él. Así que cree que no dirán qué ha pasado realmente –explicó Celestina, pero parecía preocupada-. ¿Tú qué opinas?
-Que tiene razón –afirmó Lily, convencida-. No van a admitir que intentaban embrujar al golpeador de Gryffindor. Sería vuestra palabra contra la de ellos, y seguro que os castigarían a todos.
-Sí, sin contar con que no creo que quieran reconocer que perdieron en un duelo de cuatro contra dos. Es un poco patético… -comentó Remus-. Además, ten en cuenta que podrían pasar horas hasta que los encuentren en los baños, así que los profesores no pueden saber cuándo los han embrujado. Sirius y Marlene tienen coartada porque están castigados. Tú estabas en la reunión del coro. Y ahora estás aquí, rodeada de gente que podría confirmarlo.
-No sé… no sé… -murmuró Celestina con inquietud-. Es la primera vez que me meto en semejante lio… Estoy de los nervios…
-Tranquila. Seguro que os libráis de ésta –trató de sosegarla Remus-. Si Sirius estuviese aquí, te diría que con la práctica, a la larga ni te inmutas cuando te saltas las normas.
Al menos aquel comentario hizo reír a Celestina, que se relajó sólo un poco.
Ya que Remus por fin había salido de la enfermería tras dos días allí, Lily aprovechó para ponerle al día de las clases que se había perdido y le echó una mano con los deberes. Un par de horas después, cuando Celestina hojeaba aún algo inquieta el ejemplar de Cosmowitch y Lily le explicaba a Remus el último capítulo que habían leído en clase de Transformaciones, Sirius y Marlene aparecieron por el hueco del retrato.
-¡Somos libres! ¡Libres! –gritó Sirius alzando los brazos en señal de triunfo y fue a sentarse junto a Celestina en el sofá.
-Los baños del tercer piso nos han quedado impecables, así que prohibido usarlos, ¿entendido? Con el trabajo que nos ha costado… -dijo Marlene dejándose caer como un peso muerto en el mismo sofá, provocando que Sirius y Celestina botaran en sus sitios.
-Sí, vamos a pedirle a McGonagall que ponga un cordón de terciopelo rojo en la entrada y que conserven los servicios tal cual, de exhibición –añadió Sirius con sorna.
-Por cierto –dijo Marlene adoptando de pronto un gesto serio-. ¿Os ha contado Tina lo que ha pasado?
Sin necesidad de que Marlene fuese más específica, Lily y Remus comprendieron a qué se refería y asintieron al mismo tiempo.
-Ahora tengo guardaespaldas. Deberíais haberlas visto, han estado increíbles –dijo Sirius, sonriente, pasando ambos brazos sobre los hombros de Marlene y Celestina, que estaban sentadas a ambos lados de él.
Lily y Remus se echaron a reír, al contrario que Marlene y Celestina, que pusieron los ojos en blanco casi al mismo tiempo.
-Sirius, ¿es que nunca te tomas nada en serio? –preguntó Celestina con expresión severa.
Él se cruzó de brazos, entrecerró los ojos y fingió que le daba vueltas a aquella idea durante unos momentos antes de contestar:
-Mmmm… La verdad es que no.
Celestina suspiró con pesadez y Marlene expuso en voz alta lo que en el fondo llevaba toda la tarde preguntándose:
-¿Habrán encontrado ya a esos capullos de Slytherin?
-No lo sé, pero ni se os ocurra ir por ahí haciendo preguntas –advirtió Sirius cambiando su expresión a una más seria por primera vez-. No sabemos nada de nada, ¿de acuerdo? Y cuando alguien lo comente, haceos las sorprendidas.
-Eso es evidente, no somos tan tontas… ¿Por quién nos tomas? –inquirió Celestina, molesta.
-¿Por quién os tomo? –repitió Sirius, mordaz-. Por el tipo de personas que nunca infringen las normas. Y por eso precisamente se os nota la culpa de lejos.
Lily pensó que Sirius tenía razón en algo. Si uno pretendía transgredir las reglas y salirse con la suya sin consecuencias, era imprescindible ser capaz de disimular muy bien después. Si aquella noche tenía intención de robarle a Slughorn en sus propias narices, tendría que imitar la actitud desvergonzada y caradura de Sirius.
-Tranquilo –repuso Marlene con frialdad-. Te aseguro que nadie va a notar nada.
-En realidad, la que más me preocupa es Celestina. Tú pareces más decidida, pero mírala a ella –comentó Sirius y acto seguido apretó con una mano los mofletes de Tina, dándole un aspecto del todo ridículo-. Mira que carita de ingenua…
-¡Eh! –Celestina, ofendida y con las carcajadas de los demás de fondo, le dio un manotazo a Sirius para que la soltara.
-Deberíamos subir a cambiarnos ya –propuso Lily mirando su reloj-. ¿Tú qué vas a hacer, Remus? ¿Vienes?
Como Slughorn nunca le había enviado una invitación a Remus para asistir al club, Lily solía pedirle a él que la acompañara. Pero teniendo en cuenta que tan sólo habían transcurrido dos días desde la luna llena, no estaba segura de que Remus tuviese muchas ganas de fiesta.
-Sí, Remus, anímate. Además, esta vez viene Peter también. Estaremos todos, no puedes faltar –dijo Sirius.
-¿Peter va a la reunión? –se extrañó Remus, que sabía que su amigo tampoco recibía las invitaciones del profesor de Pociones.
-Sí, Celestina le ha invitado. Es tan buena… -contestó Sirius con un semblante tierno.
Celestina ignoró a Sirius y se puso en pie con resolución:
-Lily tiene razón, deberíamos ponernos ya las túnicas de gala o llegaremos tarde. Por cierto, ¿y James?
-Supongo que aún estará con Filch… -respondió Remus encogiéndose de hombros-. El que no tengo ni idea de dónde está es Peter…
-Estará en el dormitorio probándose modelitos –comentó Sirius. Entonces dirigió la mirada hacia las chicas-. Nos vemos aquí en… ¿media hora? ¿Os dará tiempo?
Ellas asintieron y acto seguido se encaminaron hacia las escaleras que conducían a los dormitorios. Una vez allí, Lily fue directa a su armario y sacó de él una túnica de gala. Era de un precioso color verde esmeralda, con un pronunciado escote en la espalda y un fino ribete de un verde más oscuro que adornaba los bordes. Estiró la túnica sobre la cama y cuando se dio la vuelta se encontró con Celestina.
-Espero que te lo hayas pensado mejor y que hayas cambiado de idea.
Lily negó con la cabeza y fue inflexible cuando hablo:
-No he cambiado de idea, Tina. No insistas más.
Celestina resopló, exasperada, y Marlene se aproximó, situándose junto a Lily.
-Tina, si Lily ha decidido seguir adelante con el plan, tenemos que respetarlo. Ya es mayorcita para tomar sus propias decisiones.
-¿Es que no te preocupa que la expulsen? –preguntó Celestina con desazón.
-Claro que me importa, no digas tonterías. Pero no sé por qué das por hecho que eso es lo que va a pasar. Lily está siendo muy imprudente, sí, pero tú estás siendo muy pesimista.
Celestina miró entonces a Lily y le preguntó:
-Doy por hecho que has encontrado la manera de forzar el armario privado de Slughorn.
Por toda respuesta, Lily se giró, fue en busca de su mochila, la abrió y sacó de ella la navaja de Sirius para mostrársela a Celestina, que la miró extrañada.
-¿Qué es eso? ¿De dónde lo has sacado?
Pero no fue Lily quien contestó, sino Marlene:
-Esa navaja puede abrir cualquier cerradura. Me la ha prestado Sirius. Pero él no sabe para qué se la he pedido.
Celestina compuso una mueca, mitad incrédula mitad escandalizada.
-Al final va a resultar que Sirius es una mala influencia para ti… No puedo creer que estés de acuerdo con esto…
-Mira, Tina, si Lily va a quebrantar unas cuantas normas del colegio esta noche, entonces yo estoy con ella –dijo Marlene con fiereza-. Si está completamente decidida, no va a haber nada que ni tú ni nadie le pueda decir para hacerle cambiar de idea. Como si no la conocieras… Es una locura, sí, pero yo estoy con ella en esta locura. Porque los amigos se apoyan en las buenas y en las malas.
A Lily le conmovió la rabiosa y sincera declaración de amistad de Marlene. Le dirigió una pequeña sonrisa que su amiga le devolvió.
Durante un largo minuto nadie dijo nada en aquella habitación, hasta que de pronto, Celestina hizo un aspaviento con las manos y exclamó:
-¡A la mierda, joder! ¡Hagámoslo!
Lily y Marlene enarcaron las cejas, sorprendidas. Si Celestina, la siempre correcta y bien educada Celestina, comenzaba a usar palabras como "mierda" y "joder", entonces es que la situación era extrema.
-¿Cuál es el plan? ¿Has pensado ya cómo vas a hacerlo? –preguntó Marlene con la voz cargada de intriga.
-Nosotras te cubriremos –afirmó Celestina, segura.
-Chicas, no quiero que os metáis en esto…
-Vamos, Lily, si vas a hacerlo, necesitarás nuestra ayuda –dijo Celestina-. Mira, sigo pensando que todo esto es de locos, pero si convencerte de que no lo hagas es imposible, la única opción es ayudarte. Marlene tiene razón. Así que lo haremos juntas.
Lily se sintió agradecida por la lealtad que estaban mostrando sus amigas.
-Tengo un plan para distraer a la gente –dijo Lily, dubitativa, pues la idea no le entusiasmaba demasiado -. Lo único que necesitaré, tal vez, es que vosotras me ayudéis a pasar desapercibida.
-Eso está hecho –aseguró Marlene con firmeza.
-¿En qué has pensado? –preguntó Celestina.
-Mmmmm… Creo que es mejor que no lo sepáis… Así vuestra reacción será genuina –contestó Lily.
Durante los siguientes minutos las chicas estuvieron muy ocupadas preparándose para la reunión. Se vistieron con sus túnicas de gala (mientras que la de Lily era verde, la de Celestina era de color champagne y la de Marlene de un tono azul cobalto), e iban de aquí para allá escogiendo los zapatos, los pendientes…
Debían darse prisa si no querían llegar tarde. Mientras Marlene le recogía el cabello a Lily en un moño y lo adornaba con un prendedor de plata, Celestina se probaba varios pares de zapatos, indecisa.
-¿Sabéis que? Si lo pensáis, todo esto es muy romántico –comentó Celestina con voz soñadora.
-¿De qué estás hablando? –preguntó Marlene, que la miraba como si pensara que estaba volviéndose loca.
-¡Pues de Lily y James, de qué va a ser!
-Ya… ¿Y qué es lo romántico?
-Ay, Marlene, qué poco sensible eres a veces… Me refiero a que Lily va a hacer una locura por amor… ¿No te parece romántico, tierno, apasionado…?
Lily se sonrojó levemente y Marlene le dijo con una sonrisa burlona a Celestina:
-Deja de leer tantas novelas románticas… No vaya a ser que acabes creyendo que el tipo de hombres que aparecen en esos libros existen de verdad…
Lily río mientras inspeccionaba su aspecto en el espejo. Se veía nerviosa, así que respiró hondo un par de veces tratando de infundirse ánimos y después se giró hacia sus amigas:
-¿Bajamos?
Cuando llegaron a la sala común, Sirius, Remus y Peter ya estaban allí esperándolas con sus elegantes túnicas de gala. Al verlas, Sirius emitió un largo y sonoro silbido que llamó la atención de todo el mundo.
-¡Por los calzones de Merlín! ¡Pero qué tres bellezas! ¡Hay mucho nivel en Gryffindor, eh!
-Cállate –le espetó Marlene con brusquedad, lo que al parecer hizo gracia a Sirius.
-¿Y James? –preguntó Celestina mirando en derredor. Lily le dio las gracias mentalmente.
-Me dijo que si no llegaba a tiempo, no le esperásemos –respondió Sirius-. Supongo que irá después…
Lily se sintió frustrada. Había esperado encontrarse a James en la reunión, y ahora tal vez no llegaría a tiempo… No empezaba bien la noche…
Todos juntos se dirigieron hacia el despacho de Slughorn y al llegar al corredor en el que se encontraba, vieron allí a varios alumnos esperando. Uno de ellos era Laurie, el novio de Marlene, que sonrió nada más verla y se acercó.
-Buenas noches –saludó Laurie a los presentes, después de darle un fugaz beso a Marlene.
Tras un breve intercambio de saludos de cortesía, Sirius se adelantó y llamó a la puerta del despacho. Unos segundos después, Slughorn se hallaba ante ellos, con su sonrisa afable y su pronunciada barriga cubierta por un chaleco de terciopelo verde.
-¡Buenas noches, muchachos! ¡Me alegro de veros! Pero, pasad, pasad, no os quedéis ahí fuera…
El despacho, muy amplio, estaba engalanado con colgaduras de color verde, dorado y escarlata a lo largo de las paredes. La elaborada y antigua lámpara que colgaba del techo bañaba la estancia con una luz rojiza. Había distribuidos por la sala varios taburetes tapizados y adornados con borlas y algunos sillones mullidos. En conjunto, era una decoración un tanto recargada. Para ocasiones como aquella, Slughorn solía soltar por la estancia varias hadas, que aleteaban cerca del techo, y decenas de velas, que titilaban suspendidas en el aire. Ya había allí unos cuantos alumnos, que charlaban animadamente y se mecían al ritmo de la música que sonaba en un gramófono situado junto a la pared. Había también algunos elfos domésticos, que se movían con agilidad entre los alumnos, llevando bebidas y canapés.
Lily tomó la copa que Celestina le tendía y tras darle un sorbo a la cerveza de mantequilla, sus ojos fueron a parar directamente a aquel mueble que tantas veces había visto antes, pero que nunca le había llamado tanto la atención como en aquel momento. Era un armario estrecho, de unos dos metros de altura. Sintió un desagradable hormigueo en el estómago y deseo tener algo más fuerte que una cerveza de mantequilla en las manos. Suspiró con pesadez. Tenía toda la velada por delante, más le valía relajarse un poco si no quería meter la pata. Volvió su atención hacia sus amigos, que conversaban ajenos (no todos) a sus nervios.
-¿Cómo ves el partido de mañana, Sirius? –preguntó Laurie.
-Con más ganas que nunca de machacar a Slytherin.
Laurie sonrió abiertamente y le dio una palmada amistosa a Sirius en el hombro.
-Eso espero. No es ningún secreto que Ravenclaw apoya a Gryffindor. Es una lástima que Potter no pueda jugar, porque tú y él juntos formáis un buen tándem… ¿No crees que su suspensión os pueda perjudicar?
-Bueno… obviamente la falta de James se nota, pero somos un buen equipo con estupendos jugadores, y estoy seguro de que aún sin él, tenemos posibilidades de ganar.
-¿Por qué tengo la sensación de estar escuchando un programa radiofónico sobre quidditch? –comentó Marlene, cosechando las risas de todos.
-¡Por la victoria de Gryffindor mañana! –exclamó Sirius y alzó su copa para brindar con el resto.
En ese preciso momento el profesor Slughorn hizo acto de presencia y preguntó con una sonrisa:
-¡Oh! ¿Tan seguro está usted de que van a vencer a Slytherin mañana, señor Black?
-Bueno, profesor Slughorn, es evidente que usted apoya a Slytherin, pero siga mi consejo: si va a apostar, hágalo por Gryffindor.
Slughorn se echó a reír sujetándose su oronda panza con ambas manos.
-Esa confianza en sí mismo es de admirar, señor Black. Desde luego, no se puede negar que el de Gryffindor es un gran equipo. Una lástima que el señor Potter haya sido suspendido, porque su actuación siempre es un espectáculo para los amantes del quidditch… Y hablando del señor Potter… -comentó Slughorn mirando a su alrededor-. ¿No ha venido con ustedes?
-Estaba castigado, señor. Filch lo tiene esclavizado últimamente, pero seguro que aparece más tarde –respondió Sirius.
-Eso espero… Los que no han podido venir son el señor Selwyn y el señor Yaxley. Los han encontrado a ellos y a dos alumnos más de Slytherin embrujados en los aseos del cuarto piso…
Celestina se atragantó con su bebida y le acometió una tos tremenda, al tiempo que se sonrojaba violentamente. Marlene, que sí había conservado la calma y tenía una expresión asombrosamente insondable, le dio unas palmaditas en la espalda a su amiga.
-Vaya… ¿Qué ha pasado, señor? –preguntó Sirius en una increíble actuación de (fingida) sorpresa. Había que reconocer que el muy descarado era bueno, muy bueno…
-Quién sabe… Son incapaces de decir qué les ha ocurrido, parecen confusos a causa de los hechizos que recibieron… Tal vez bajo los expertos cuidados de la señora Pomfrey a la larga consigan aclararnos que sucedió.
Mientras Slughorn hablaba, la cara de Celestina había pasado por varias fases, a cada cual más llamativa. Sirius, a quien este hecho no le había pasado por alto, le extendió su copa a Remus y dirigiéndose a Slughorn, dijo:
-Si me disculpa, señor, me encantaría sacar a bailar a la señorita Warbeck.
Y como un perfecto caballero, elegante y cortés, se acercó a ella, inclinó la cabeza y le ofreció su mano a Celestina, que la tomó, confusa.
-¡Por supuesto, muchacho, divertíos! –respondió Slughorn alegremente con una sonrisa paternal.
Lily pensó que seguramente el profesor había atribuido la expresión apabullada de Celestina a la petición del chico, pero nada que ver, y desde luego, seguro que no se había fijado en cómo Sirius la fulminaba con la mirada mientras la conducía a la zona de baile en el centro del despacho y lejos de Slughorn.
En ese momento, el profesor vio a alguien a lo lejos, le saludó con la mano y tras despedirse de los chicos, se perdió entre los demás invitados.
Lily miró a su alrededor y divisó a varios metros de allí a Avery. Apartó la mirada, asqueada, y se fijó en otras caras conocidas. Todos y cada uno de ellos, salvo los compañeros invitados por otros alumnos, habían sido cuidadosamente seleccionados para estar allí. Potter y Black eran dos apellidos de renombre en la comunidad mágica, por lo que ambos pasaron a ser parte del Club Slug desde que pisaron Hogwarts, aunque Lily sabía que Slughorn se regocijaba con el talento que ambos habían acabado demostrando. Con Celestina y Marlene había ocurrido exactamente lo mismo. Ambas habían recibido sendas invitaciones desde el inicio. La madre de Tina era una famosísima cantante que compartía el nombre con su hija, Celestina Warbeck, por lo que era imposible pasar por alto el parentesco. Los padres de Marlene, por otro lado, eran aurores. Lily, al contrario que sus amigas, no recibió una inmediata petición para unirse al Club Slug. Sin embargo, con el tiempo, Slughorn quedo tremendamente impresionado con sus dotes para las pociones y con las buenísimas referencias que había recibido de todos sus profesores. Y así fue como consiguió llegar a formar parte de aquellas reuniones.
Lily continuó paseando la mirada por el despacho, fijándose en los distintos invitados, sobre todo en los que estaban demasiado cerca del armario de las pociones. Algunos de los magos adultos que se encontraban allí ya habían acudido a fiestas anteriores. Como Devlin Whitehorn, fundador de la empresa de escobas de competición Nimbus, que conversaba con un par de jugadores de la Liga Profesional de Quidditch.
Lily seguía inspeccionando la sala mientras daba pequeños sorbos a su bebida de manera distraída y oía a medias las conversaciones que se sucedían a su alrededor. De pronto, Sirius y Celestina volvieron a aparecer por allí.
-Eres un desastre, Tina –le dijo Marlene por lo bajo negando con la cabeza.
-Te quedas corta… -murmuró Sirius-. Tenemos suerte de que Slughorn no sea demasiado avispado…
Celestina compuso una mirada de disculpa que de repente se transformó en otra de pura rabia.
-Qué asco… Sabía que estaría aquí, el muy…
Lily siguió la mirada de Celestina y enseguida comprendió el cambió de su amiga. Junto a Devlin Whitehorn y los jugadores de quidditch, acababa de aparecer Ludo Bagman.
-¿Qué te pasa con Bagman? –inquirió Laurie-. Pensaba que salíais juntos…
Marlene le dio a su novio un pisotón que debió haber llegado antes. Éste compuso una mueca de dolor y miró a la chica confundido.
-¡¿Salías con Bagman?! ¡No me jodas, Warbeck! –exclamó Sirius sin reprimir una carcajada-. Qué perdida estás en la vida…
Celestina tenía tal cara de desagrado que parecía que en lugar de estar bebiendo cerveza de mantequilla estaba bebiendo bilis.
-¿En serio salías con él? –preguntó Remus, sorprendido.
-¡Bueno, ya está bien! –explotó Celestina dando una patada en el suelo y derramando parte del contenido de su copa-. Vamos a dejar las cosas claras. No salía con él, ¿de acuerdo? Salí una vez con él. De hecho, casualmente, fue el mismo día que tú saliste con Bertha Jorkins –dijo mirando a Sirius con un regocijo cruel.
A Sirius se le borró de golpe la sonrisa de la cara.
-¿Te acuerdas de ese día, Sirius? –preguntó Celestina con maldad.
-La verdad es que intento olvidarlo con todas mis fuerzas –declaró Sirius con tono lúgubre-. Los traumas es mejor dejarlos atrás.
-Pues Ludo Bagman es mi trauma personal –replicó Celestina con aspereza.
-Pero, ¿qué pasó? –preguntó Remus, que se había inclinado hacia adelante ávido de información y con una expresión de chismoso empedernido en la cara.
-No me seas Jorkins, Remus… -espetó Sirius.
Remus se irguió con dignidad, balbuceando que aquello no le interesaba en absoluto, que él estaba al margen de los cotilleos y que había preguntado simplemente por sacar un tema de conversación.
-Fue una apuesta –respondió al fin Celestina con una mirada dura e implacable-. Me pidió una cita por una apuesta.
Los chicos recibieron aquella confesión con estupor.
-¡No me jodas! –exclamó Sirius verbalizando lo que estaban pensando todos.
-Me enteré cuando le escuché al muy idiota hablando con sus amigos… Y después le grité durante un buen rato, claro –explicó Celestina notablemente enfadada.
-¿Y? –tanteó Sirius con interés.
-¿Y? Ya está, eso fue todo. No he vuelto a hablar con él desde entonces, evidentemente.
Sirius le dio un trago a su bebida mientras miraba a Celestina con detenimiento. Entonces preguntó:
-¿No tienes ganas de darle un escarmiento?
Celestina enarcó las cejas y no necesito pensar demasiado en aquella respuesta:
-Sí, claro que quiero darle una lección… Es cruel jugar con las personas como él hizo. Pero…
-Pero eres demasiado cándida para urdir un plan de venganza –la interrumpió Sirius esbozando una de sus sonrisas canallas-. Tranquila, ya se nos ocurrirá algo…
-¡Me apunto! –dijo Marlene levantando la mano, y Lily asintió a su lado.
A medida que pasaban los minutos, Lily se sentía cada vez más inquieta. No dejaba de lanzar miradas de soslayo al armario que había al fondo del despacho, y de maldecir mentalmente a los que merodeaban cerca de él charlando y riendo.
Laurie y Sirius volvían a estar sumidos en una conversación muy intensa sobre quidditch y Remus y Peter estaban junto al bufé, por lo que Marlene aprovechó la ocasión para murmurarle a Lily:
-¿Vas a hacerlo ya o qué? Porque esto es una agonía…
Lily chascó la lengua con impaciencia y miró con fastidio a Marlene antes de susurrar:
-¿Crees que es tan fácil? Y encima no dejan de sudarme las manos, qué asco…
Lily se frotó las palmas de las manos contra la túnica con insistencia. Marlene no parecía mucho más serena que ella, a decir verdad.
-Teníamos que haberle pedido ayuda a Sirius. Nosotras no tenemos experiencia rompiendo las reglas, pero él es summa cum laude.
-Sí, claro, ¿a cuántas personas más quieres involucrar en esto? –contestó Lily, alterada-. Lo que necesito es que se larguen de allí.
Con un movimiento de cabeza, Lily señaló a tres alumnos que charlaban con unas copas en la mano junto al armario.
-Entonces lo único que nos hace falta es algo que llame su atención –Celestina se unió a la conversación en susurros.
-Sí, eso sería lo ideal, pero…
-Tengo una idea –le cortó Celestina. Entonces dejó de susurrar y dijo con una voz bien audible-. Por cierto, Sirius, bailas de pena.
Sirius, que estaba a menos de dos metros de Celestina hablando con Laurie, se interrumpió en mitad de una frase, giró la cabeza en dirección a la chica y enarcó una ceja con escepticismo.
-¿Disculpa?
-Sí… Bueno, no es que lo hagas del todo mal, es sólo que… Eres bastante soso –comentó Celestina con desgana.
-¿Soso? ¿Yo? –Sirius se había aproximado un par de pasos y miraba a Celestina con una mezcla de incredulidad e indignación.
-Sí. Pero no te lo tomes a mal, es…
-Perdona, pero soy un bailarín excelente. Mi insufrible madre se empeñó en que recibiera clases de baile de salón cuando era niño –explicó Sirius adoptando un gesto de desprecio-, y entre eso y mi talento natural… En fin, que no podrías estar más equivocada.
-Pues antes no me ha parecido que fueses tan bueno…
-¿Quieres repetir? –preguntó Sirius con voz desafiante y los ojos entornados-. Y esta vez te advierto de que vamos a dar un buen espectáculo…
Celestina se encogió de hombros, aceptó la mano que Sirius le tendía y le guiñó un ojo a Lily antes de dirigirse hacia la zona de baile.
Había algunas parejas deslizándose al ritmo de la música en el centro del enorme despacho, pero en cuanto Sirius y Celestina comenzaron a bailar, les hicieron sombra a todos. Había que admitir que Sirius no había exagerado en absoluto, el muy fanfarrón bailaba francamente bien. Se movía con elegancia y soltura y llevaba a Celestina con gracia y delicadeza. Pronto se envalentonó, y sus pasos de baile se volvieron más complicados e impresionantes.
En muy poco tiempo, Sirius y Celestina consiguieron llamar la atención de casi todo el mundo, que se agolpaba para mirarlos.
Remus le dio un suave codazo a Lily y señaló con la cabeza a un grupo de chicas que miraban a Sirius con cara de bobas.
-Fíjate, un ataque de "siriusitis" en masa…
Lily sonrió y entonces reparó en que los alumnos que habían estado charlando junto al armario de las pociones se habían acercado a la zona de baile. La idea de Celestina había tenido éxito. Lily se giró hacia Marlene para avisarle de que había llegado el momento, cuando vio a espaldas de su amiga cómo Slughorn se aproximaba hacia allí mirándola a ella. ¡Genial! Justo en aquel preciso instante…
-Marlene, Slughorn viene hacia mí. Tienes que entretenerlo, voy a hacerlo ahora –susurró Lily con rapidez.
Marlene tenía una expresión de alarma en el rostro, que rápidamente mudó a otra de determinación. Asintió con la cabeza y se giró en dirección a Slughorn, que avanzaba hacia ellas, mientras Lily se alejaba de allí lentamente con disimulo.
-¡Profesor Slughorn! Una fiesta estupenda, como siempre… Quería decirle que…
Lily pudo escuchar la voz de Marlene entablando conversación con Slughorn cuando ya estaba fuera del alcance del profesor. Miró a su alrededor para cerciorarse de que nadie se fijaba en ella y entonces se dirigió a la mesa del buffet, donde aún quedaban bandejas de plata repletas de canapés. Pero en ese momento nadie prestaba atención a los aperitivos y aquel era el lugar indicado para llevar a cabo "la maniobra de distracción", pues se encontraba en el lado opuesto al armario de las pociones. Lily introdujo una mano en el bolsillo de su túnica y sacó tres bengalas de Zonco que había confiscado (muy oportunamente) a unos alumnos de segundo días atrás. Prendió las largas mechas con la varita y acto seguido, sin dudar, las lanzó bajo la mesa del buffet. El estruendo y el humo de colores de las bengalas serían suficiente para que nadie se fijara en lo que ella se disponía a hacer.
Mientras las mechas ardían, Lily se encaminó hacia el armario de las pociones, intentando no parecer demasiado culpable y caminando sin prisa pero sin pausa. Se situó junto al armario y metió la mano dentro del bolsillo de su túnica, agarrando con fuerza la navaja de Sirius justo en el momento exacto. La primera explosión sobresaltó a todo el mundo, provocando los gritos y aspavientos de todos los invitados. Enseguida comenzó a salir un denso humo de color rojo, azul y amarillo por debajo de la mesa del buffet. Lily no lo pensó dos veces.
Mientras unos lanzaban exclamaciones de aprobación y otros de indignación, y todos se dirigían hacia la salida tropezando con sillones y taburetes, Lily sacó del bolsillo la navaja, la introdujo entre las puertas del armario y la deslizó hacia abajo. Un clic le hizo saber que lo había conseguido. ¡Ya no estaba cerrado! Abrió las puertas con cuidado y echó un rápido vistazo a las baldas, donde se apilaban un montón de tarros y botellas con etiquetas. Empezó a leer a toda prisa aquellas diminutas inscripciones recordando que el veritaserum era incoloro. ¡Pero no veía ninguna poción incolora! El humo de colores había llegado hasta el fondo del despacho y sintió unas tremendas ganas de toser, cuando… ¡Ahí estaba! Vio la poción y el corazón le dio un vuelco. Alargó la mano, la agarró con fuerza, se la metió en el bolsillo y volvió a cerrar el armario, tras lo cual escuchó de nuevo un clic. Volvía a estar cerrado. Dio media vuelta y se dispuso a alejarse de allí deprisa. Y entonces Lily pudo ver realmente el caos que había organizado.
El humo rojo, el azul y el amarillo se entremezclaban por todo el despacho, aunque aún podía verse con dificultad la figura de un hombre rechoncho. Un hombre calvo y barrigudo que se afanaba en extinguir unas llamas que surgían del mantel de la mesa del buffet. Lily, alarmada y algo aturdida, se dirigió con rapidez hacia la salida sin quitarle la vista de encima a Slughorn. Era evidente que al lanzar las bengalas bajo la mesa, alguna de las mechas había prendido accidentalmente la tela del mantel. Al final iba a ser cierto lo que Sirius solía decir: para hacer gamberradas y gastar bromas uno tenía que tener un talento natural.
Lily traspasó el umbral de la puerta cubriéndose la boca y la nariz con la mano e inmediatamente notó unos dedos aferrándose a su brazo:
-Estoy segura de que no te ha visto nadie –fue lo primero que le dijo Celestina al oído-. Lo tienes, ¿verdad?
Lily asintió, sin poder creerse aún lo que acababa de hacer. En un bolsillo llevaba la navaja de Sirius y en el otro la pequeña botella de veritaserum. Sentía como si los bolsillos le pesaran una tonelada.
En el corredor, Marlene vio salir del despacho a Lily y se alejó del lado de Laurie, acercándose a ella y a Celestina.
-¿De verdad tenías que prenderle fuego al mantel? –inquirió Marlene en un susurro disimulado y con una expresión conmocionada.
Lily compuso una mueca de disculpa. Sabía que aquella no podía contarse como una de sus ideas más brillantes, pero no pensaba que hubiese otro modo mejor de conseguir causar tanto revuelo entre todos los invitados. Las bengalas parecían una buena opción… hasta que provocaron un pequeño incendio.
-Eso fue un accidente. No se suponía que tuviese que quemar nada… -masculló Lily con nerviosismo, sujetando con fuerza la botella de veritaserum dentro de su bolsillo. Tenía la sensación de que en cualquier momento alguien iba a señalarla con el dedo y a gritar "¡Culpable!".
El pasillo estaba atestado por los invitados de la fiesta, todos ellos con expresiones similares de desconcierto y susto. Y de repente Lily lo vio a lo lejos. Caminaba en dirección al despacho de Slughorn, y cuanto más cerca estaba, mejor se apreciaba su expresión de confusión.
-¡Hey, James, no sabes lo que acabas de perderte! –exclamó Sirius.
Lily dio un brinco, sobresaltada, pues no había notado que Sirius estaba detrás de ellas.
-¿Qué hacéis todos aquí fuera? ¿Eso que sale del despacho es humo… de colores? –preguntó James con el ceño fruncido, sin entender nada.
-Alguien ha prendido unas cuantas bengalas, justo ahora –explicó Remus.
-Sí, y de paso también ha quemado la mesa del buffet. Aficionado… -dijo Sirius meneando la cabeza de lado a lado-. Una lástima… Los canapés estaban estupendos.
-Slughorn sigue dentro, apagando el fuego. Y supongo que ventilando el despacho –dijo Remus mirando por encima de su hombro hacia la puerta abierta, por donde ya había dejado de salir humo.
-Entonces he venido para nada, ¿no? –comentó James con expresión decaída.
-Me parece que sí. Creo que un incendio es de esas cosas que se cargan una fiesta –dijo Sirius-. Es una pena que te la hayas perdido, porque me he marcado un baile con Celestina… Espectacular. ¿Verdad?
-No ha estado mal… -respondió Celestia, evasiva.
Sirius enarcó una ceja y la miro largamente con escepticismo.
-De acuerdo, ha estado genial –contestó por fin Celestina de mala gana, con una sonrisa contenida. Había que evitar que Sirius se lo tuviese más creído aún.
Sirius sonrió con cierta arrogancia y le dijo a James como si fuese una confidencia que nadie más podía oír:
-No va a admitirlo, pero somos los reyes de la pista.
En ese preciso momento, Slughorn salió del despacho, disgustado, y anunció en voz alta:
-Muchachos, será mejor que regreséis a vuestras salas comunes. Por Merlín, menudo desastre… Tendré que informar al profesor Dumbledore de esto –dijo levantando en su mano derecha frente a todos los restos de las bengalas chamuscadas-. Buenas noches, chicos.
Muy poco a poco, los alumnos fueron dispersándose en diferentes direcciones, murmurando sobre lo ocurrido con excitación. Lily vio a James dar media vuelta y caminar junto a Sirius sin prisa alguna por el corredor. Observó su espalda mientras se alejaba y sintió una sacudida en el estómago. No quería que se fuera… Quería hablar con él… Quería estar con él… Quería…
-¿Vamos, Lily?
Sin prestar atención a la voz de Celestina, Lily se puso en marcha y se apresuró para alcanzar a James. Cuando llegó a su lado, colocó una mano sobre su brazo. Al sentir el contacto, él se giró para mirarla con una expresión de sorpresa en el rostro, y se detuvo en seco al ver que se trataba de ella.
-¿Podemos hablar, James?
¡Chan chan chan...! ¿Lo he dejado en el mejor momento? Vosotros diréis...
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