Los personajes de Twlight no me pertenecen y la historia es de blueberrytree, solo me adjudico la traducción.
Disfrútenlo.
Día 9
La noche anterior fue probablemente una de mis peores. Después de mandarle un mensaje a Jake no tardó más de cinco minutos en devolverme la llamada. La conversación fue larga, escuchó pacientemente y expuse todos mis miedos; me interrumpió algunas veces para hacer alguna bromita cuando yo amenazaba con caer en llanto. Aún por la mañana, partes de nuestra conversación recorrían mi mente.
—A veces actúa como un preadolescente, hace comentarios totalmente inapropiados y adora provocarme. Solo que a veces es tan dulce, Jake, y es lo que más me asusta y parece tan natural, como si no usara una máscara.
—Vas a ver que no son solo apariencias. Si crees que de verdad es así, deberías confiar en lo que estás viendo.
—Ya confié una vez y me equivoqué.
—¿Realmente vamos a volver a ese asunto? Bella, ya son meses desde que eso pasó, la vida sigue, ¿recuerdas? Y aparte, un rayo nunca cae dos veces en el mismo sitio.
—Estoy confundida, solo eso —confesé, exhalando con fuerza—. ¿Qué debo hacer, Jake?
—Debes dejar que las cosas pasen naturalmente, ya te dije eso. El profesionalismo al carajo. Si estuviera viviendo con un hombre de esos estaría en cuatro por él. Literalmente.
—¡Jake!
—¿Qué pasó? ¿Te dio celos?
—Ja, ja, ja. Quisiera poder ignorar las cosas que están pasando por mi cabeza.
—¿Solamente en tu cabeza o en tu corazón también?
—Esa fue la frase más gay que no envuelve sexo que te he escuchado decir.
—No huyas de mi pregunta, Isabella.
—No estoy huyendo. No quiero sentir algo por él además de una atraccioncita.
—¿Bells?
—¿Qué?
—Me mandas un mensaje en mitad de la noche diciendo que no quieres enamorarte, después, cuando te llamo, me haces un monólogo de casi cuarenta minutos sobre las razones por las cuales no quieres que te guste ese sexy y, no contenta, vienes a hablarme de todas las manías, gustos, defectos y cualidades suyas. ¿Estás segura de que es solo atracción? Porque creo que si fuese solo atracción ya estarías dándoselo.
—Te odio.
—También te amo —habló bostezando—. Tengo sueño. ¿Puedo dormir en paz o tengo que preocuparme porque continuarás haciendo drama y vas a agarrar una cuchilla para cortarte las muñecas en medio de la noche?
—Estoy mejor. Buenas noches, Jake. Gracias.
—Buenas noches, hermosa. Y de agradecimiento acepto que me cuentes con todos los detalles el cómo fue su primera noche —habló riendo y colgándome en seguida, antes de que pudiera responderle.
Aún era temprano, el reloj ni siquiera marcaba las seis de la mañana, pero quedarme dando vueltas en el colchón no me llevaría a nada. Tomé un baño y bajé al primer piso, con la esperanza de pronto tener el desayuno.
—¿Ya estás despierta, niña? Aún no amanece —Zafrina habló, poniendo agua en la cafetera.
—No pude dormir bien —dije, sentándome a la barra.
—¿Pasó algo?
—No. Solo estoy un poco confundida, parece que tengo muchas cosas en mi mente.
—Ustedes los jóvenes tienen la manía de complicar todo, parecen siempre estar atrás de razones, justificaciones. Cuando lleguen a mi edad y vean cuán poco tiempo resta, ahí si no se preocuparán con esas cosas. Dale tranquilidad a tu mente, ya que está tan llena —habló y era fácil entender porque Edward y Alice la trataban como una abuena: actuaba como una.
—Es fácil decirlo.
—Y es fácil intentar, no costará nada —habló, guiñándome.
—Todo lo que quiero ahora es un café y llenar de agua sanitaria mi cerebro —refunfuñé y Zaza se rio de mí.
Zafrina fue a buscar el plato de comida de Nessie y le puso una ración dentro; la cachorra, sintiendo el olor del alimento, acudió de inmediato a llenar la barriga. El café estuvo listo y Zaza se juntó a mí en el mesón, mientras bebíamos el líquido caliente y observábamos al animal. Oyendo el sonido de pies en la escalera miramos al mismo tiempo hacia la puerta de la cocina, esperando que alguien entrara.
Edward apareció bostezando, con ojos casi cerrados y la mano dentro de su calzoncillo. Notando que no estaba solo se arregló y nos saludó, dándonos los buenos días.
—¿Qué están haciendo despiertas? —preguntó, abriendo la nevera y agarrando jugo de naranja. Sus labios estaban casi en la boca de la botella cuando Zafrina lo interrumpió con autoridad.
—No me hagas dudar de la educación que Esme te dio, Edward. Los vasos están a tu derecha, todo lo que necesitas hacer es estirar el brazo.
—Disculpa, creo que aún estoy un poco soñoliento.
—Aparentemente hoy nadie pudo dormir bien.
—Bien, mi problema no fue falta de sueño, más bien una asesora aburrida que no para de mandarme mensajes desde las cinco de la mañana.
—¿Algún problema? —pregunté curiosa.
—No, nada serio. Era solo para no hacerme olvidar que logró remarcar para hoy esa entrevista en radio. Claro que también aprovechó para hablarme de que debí haberle avisado sobre el video que subí a YouTube, e hizo bronca sobre el hecho de haber sido fotografiado en una tienda sosteniendo lencería, pero sinceramente no escuché bien lo que dijo. Lo que importa es que tenemos que salir de aquí a las siete treinta, ya que el programa comienza a las ocho treinta. Creo que lograremos llegar a tiempo.
Llegamos a la radio a la hora correcta y Edward fue a saludar a los locutores que harían la entrevista con él. No intercambiamos muchas palabras durante el desayuno y tampoco en el camino, estaba distraída en mis pensamientos y él con sueño. Cuando vi que Jessica se juntaría a nosotros mis ganas de hablar fueron menores aún. Algunas fans lo esperaban del lado de afuera de la radio y después de la entrevista recibiría a algunas de ellas para sacarse fotos y darles autógrafos.
La entrevista comenzó y todos nos quedamos quietos en el estudio, yo sentada en una silla cerca a ellos tenía una vista de todo lo que pasaba. Mi cuaderno rojo en las manos para hacer algunas anotaciones. Las entrevistas en las radios siempre eran más extrovertidas y mucho menos esforzadas al escucharse. Jessica estaba sentada a mi lado, pero no intercambió una palabra siquiera conmigo, creo que la prefería así.
—Hola, gente. ¡Quien les habla, Carson, y ustedes no van a creer quién está con nosotros! ¡Preséntate!
—Hola, soy Edward Cullen.
—Buenos días, Edward, ¿cómo estás? —preguntó Carson.
—Estoy bien, ¿y ustedes?
—Bien, mejor ahora —habló una mujer de cabello negro—. Soy Christina, pero me puedes llamar Chris.
—Un placer, Chris —habló suavemente Edward.
—Creo que alguien va a sacar el audio de esta entrevista y usar la frase "Un placer, Chris", como tomo tono de mensajes —habló el periodista, riendo—. ¡Estamos muy contentos con tu presencia! ¡Radioyentes, no pueden verlo, pero nuestra querida Chris está completamente colorada por ver a Edward personalmente!
—¡Cállate! —habló Chris, tapándose el rostro y haciendo que todos nos carcajeáramos.
—Ella es una gran fan tuya, viene a trabajar con camisas que tienen tu foto, en su IPod solo escucha tu música y no dudo nada sobre que tenga diversos posters tuyos regados por su cuarto.
—¡Carson, me estás avergonzando! — ella habló riendo—. Vamos a parar de hablar de mi pequeña admiración por Edward y hablemos de cosas más importantes. Primero que todo felicidades por el sencillo que fue lanzado. Millones de fans no paran de llamar pidiendo tu canción y ya hemos reproducido innumerables veces. Primer lugar el ITunes y una vez más pruebas que eres un gran éxito y que viniste para quedarte.
—Waw, gracias por los elogios. Solo tengo que agradecer a los fans por el apoyo.
—Anoche vimos que salió un video en tu canal de YouTube después de un año sin publicar.
—Sí, fue un intento de agradecerle a los fans por todo el apoyo que siempre me han dado.
—Creo que quedó hermoso —habló la mujer, admirada—. Hay un momento en que miras hacia la nada, como si imaginaras cantar para alguien, lo encontré muy artístico, sensible.
—Sí. —Sonrió de manera torcida y me miró rápidamente.
—El video ya tiene varias visualizaciones y pueden verlo en YouTube, en el canal de Edward y también en nuestro sitio de la radio.
—Háblanos un poco más sobre tu nuevo álbum. Los fans estamos con muchas expectativas. ¿Cuáles son las tuyas?
—Mi objetivo es que las personas continúen conociéndome como artista, pero que no comparen mi CD actual con el anterior, aun siendo muy difícil —habló, soltando una risita tímida—. Espero que las personas disfruten del resultado, este álbum es más personal. Son mis intereses, mis letras, mi inspiración. Creo que podría decir que es quien soy. Estaría mintiendo si dijera que no me creo expectativas; cuando compongo una canción deseo tocar a las personas de alguna manera. Espero que aprecien el CD tanto como yo.
—Eso solo me deja más ansioso —habló Carson—. ¿Cuánto tiempo falta para que el CD salga?
—Cuarenta días exactos. No que los esté contando —dijo Edward, soltando la risa—. Es que toda esta adrenalina de tener el álbum listo y aún no poder compartirlo me deja loco de ansiedad.
—¿Cuál es tu parte favorita después de que un CD está listo? ¿Las ventas, la reacción del público, entrevistas en la radio? —preguntó Carson con una ceja arqueada y una sonrisa en el rostro.
—Mi parte favorita definitivamente son las giras, aunque también adoro las entrevistas en la radio —respondió riéndose.
—Imagino que ya fuiste por todos los continentes.
—Sí, esta última gira no hubo un continente que quedara por fuera, y espero que en la próxima logre hacer la misma cosa.
—¿Tienes idea de cuándo comienza el tour? ¿Alguna fecha? —preguntó Chris.
—Aún no, pero todo indica que finalizando invierno ya estaré haciendo algunos shows por América del Norte.
—No podemos esperar. Gente, vamos a hacer una pausa y los dejaremos con la nueva canción de Edward Cullen "Flaws", que pertenece al álbum del mismo título.
Hicieron sonar la canción e intercambiaron algunas palabras; después de los anuncios de los patrocinadores regresaron a la entrevista.
—Estamos de regreso con Edward Cullen. Edward, di hola.
—¡Hola! —dijo riendo.
—Esta semana estuviste en muchos sitios y en algunas revistas, gracias a unas fotos que salieron de Tanya y tú juntos. ¿Quieres comentar algo sobre el asunto?
—Hmm… estábamos grabando el clip de "Eternal", una de las canciones del álbum de Tanya en la que participo. Creo que los paparazzi solo nos atraparon en una situación inoportuna.
—¿Pero eso quiere decir que está pasando algo entre ustedes? —cuestionó Chris.
—Solo tenemos una relación profesional.
—Los fans recibieron muy bien los rumores de que ustedes eran una pareja. Principalmente después de esta foto, no sé si la llegaste a ver —habló él al mostrarle una foto a Edward en la que tuve que girar el cuello para mirar mejor—. En esta foto estás con las manos en la cintura de Tanya y con una gran sonrisa en el rostro.
—Fue solo un malentendido. Tanya tropezó y la estaba ayudando.
—Otra cosa que causó curiosidad entre los fans, fue que en una de esas fotos apareces extremadamente pálido, blanco como una hoja de papel. ¿Eso tiene algo que ver con el clip?
—Creo que van a tener que esperar para verlo —habló Edward, guiñándole a Chris, quien se ruborizó en el mismo momento con el gesto encantador del cantante.
—Edward, muchas gracias por tener tiempo de visitarnos, fue un placer esta conversación.
—¿Ya terminó? —preguntó Chris y todos rieron de tristeza en su voz.
—El placer fue todo mío. Hasta la próxima.
Edward se despidió y nos fuimos a una pequeña sala donde se encontraría con algunos fans. Las personas eran bien educadas y cada una respetó su momento de hablar con el cantante. Las fans se sacaban fotos y pedían que les autografiara las revistas y CDs. Como retribución, algunas de las chicas le dieron regalos a Edward. Eran tantos muñequitos de peluche y cartas que Félix y yo tuvimos que ayudar a Edward a poner todo dentro del carro cuando regresamos a casa, después de dejar a Jessica en su apartamento.
—Mira esta —habló él, mostrándome una de las cartitas cuando estábamos dentro del estudio de música de su casa.
—Waw, ¿cuánto tiempo gastaría esa chica haciendo esa carta? —pregunté, viendo que la carta tenía metros y metros e innumerables "te amo" esparcidos por toda la extensión del papel.
—Imagino que horas, si no días. Increíble —habló, juntando todas las cosas que había conseguido y organizándolas con todo cuidado en uno de los armarios del estudio.
—Qué bonito —hablé abruptamente.
—¿Qué?
—El cuidado que tienes.
—Cuido bien de todo lo que es precioso para mí —habló, guiñándome.
La tarde llegó y yo estaba arreglándome para el cumpleaños de Ángela, eligiendo un modelo básico. Un pantalón jean skinny y una blusa negra con un modesto escote. De zapatos opté por unos de tacón bajo. Me maquillé levemente y, agarrando los regalos, bajé para encontrarme con Edward, que ya estaba listo en el piso de abajo.
—¿Vamos? —pregunté parada frente a él.
—Garrapata, eres gran fan de los escotes, ¿verdad? —cuestionó, mirando mi blusa.
—No empieces, Cachorro.
—No, carajo, no iba a decir nada, porque también comparto el mismo gusto que tú: los escotes son una maravilla.
—Estoy ignorándote —hablé, abriendo la puerta y agarrando la llave de mi carro de dentro de mi bolso—. ¿Estás seguro de que no tendremos problema en el camino? ¿Y si algún paparazzi aparece? ¿No es mejor llamar a Félix?
—Garrapata, cálmate, si alguna cosa pasa tengo mi celular y estoy seguro de que Félix será capaz de encontrarme en donde quiera que esté.
—Ok —concordé más tranquila y abrí la puerta del carro. Edward entró por la puerta del pasajero.
—¿Tu amiga vive cerca de aquí?
—Cerca de una hora —respondí, prestando atención a la calle frente a mí.
—¿Una hora para ti o una hora para una persona normal?
—No entendí lo que quisiste decir con eso.
—Bella, eres la persona más lenta al volante que he visto.
—¡No soy lenta! ¡Solo conduzco con cuidado! Imagina si pasa un accidente y me culpan de haber herido al famoso Edward Cullen.
—Sin disculpas, Garrapata. Eres lenta.
—Ok entonces —hablé, orillando el carro en el filo de la carretera y programando el GPS con la dirección de la casa de Ángela—. Listo, el carro es todo tuyo, quiero ver si logras hacer que lleguemos en menos de una hora.
Después de cuarenta y siete minutos estábamos parados en frente de la casa de Ángela, y Edward tenía una sonrisa victoriosa y estúpida estampada en la cara. Idiota. Conducía como un piloto de la fórmula 1 y de manera completamente terrorífica, no era de extrañar que tuviera un chofer.
—¿Quieres esperar un poquito? Todavía tenemos diez minutos para completar una hora —comentó contento.
—Vamos ya y quita esa sonrisa boba del rostro.
Toqué el timbre y Ángela se tiró a mis brazos, la apreté de regreso con todas mis fuerzas. Raramente nos veíamos desde que comencé a trabajar en ese artículo de la revista. Cómo extrañaba a mi amiga.
—¡No puedo creer que viniste! Ben ya no aguanta más escucharme reclamar el que no habías recordado mi cumpleaños y que ni siquiera me habías llamado.
—¿Crees que iba a olvidarlo? Para de ser boba —hablé, con ella aún en mis brazos.
—Te iba a ma… ¡Ah, Dios mío! —habló, saliendo de mi abrazo y poniendo una mano en la puerta—. ¿Estoy alucinando o Edward Cullen está detrás de ti y en frente de mi casa?
—No, no estás alucinando —respondí riendo y halando a Edward de la mano para presentarlo—. Edward, esta es mi mejor amiga, Ángela. Ang, ya sabes quién es él.
—¿Él es mi regalo? —preguntó. Sus ojos brillaban al mirar a Edward.
—¡No! —hablé, intentando contener la risa—. Él fue lo suficientemente amable para venir conmigo a tu fiesta.
—¡Felicidades! —habló él, dándole un abrazo y creo que ella se derritió en sus brazos.
—¿Podemos entrar? No creo que sea bueno quedarnos parados en la puerta de tu casa todo el tiempo.
—Claro, entren —Ang habló y Edward ingresó frente a nosotras—. No hay casi nadie aún y no llamé a mucha gente, seremos menos de diez personas.
—Bien. ¿Y Ben? —pregunté cuando no lo vi en la sala.
—Está en la cocina, siéntense en el sofá que iré a llamarlo.
Nos sentamos en el sofá y antes saludamos a una pareja a la que conocía muy poco, pero sabía que eran amigos de Ben y Ang.
—Parece ser buena persona.
—Lo es, es la mejor amiga que pude haber pedido.
—Al menos no saltó encima de mí, como hablaste de ella creí que era del tipo loca.
—Es loca, pero creo que está intentando mostrar una imagen normal a su alrededor. O entonces es porque no eres Jacob Black.
—¿Qué tiene Jacob?
—Digamos que es fan número uno de él.
—Pudiste haberlo llamado a él —refunfuñó.
—Creo que es una buena idea —hablé, agarrando mi celular de broma, pero me quitó el aparato de la mano—. ¡Hey! ¡Qué abuso es ese!
—¿Interrumpo algo? —preguntó Ang con Ben a su lado.
—¡Ben! —grité, levantándome y dándole un fuerte abrazo—. ¡Cuánto tiempo!
—¡Qué bueno que llegaste, Ángela no se callaba la boca! —habló y se llevó un zape de su esposa.
—Ben, este es Edward. Edward, este es Ben, el marido de Ángela —dije presentándolos y los dos se saludaron.
—Ya pido disculpas por cualquier cosa incómoda que mi mujer pueda hacer.
—Ben, si fuera tú me quedaba quietito o entonces hoy alguien va a dormir en el sofá —dijo Ángela.
—Creo que deberías quedarte con la boca cerrada porque apuesto que te gustaría ver, hoy en la noche, a Ángela usando el regalo que le compré —hablé entregándole la caja que contenía la lencería para Ang.
—¡Ah! ¡Gracias! —habló ella, sosteniendo la caja, pero al contrario de lo que hacía los otros años, no la abrió en el mismo momento.
—¿Qué, no vas a abrirla?
—Hay tanta gente aquí…
—Ángela, eso nunca fue problema para ti.
—Bella… —habló mirando a Edward.
—Ah, pierde cuidado, fue a comprar conmigo. No va a incomodarse si abres eso en frente de él.
—¿Estás avergonzada por mi culpa? —preguntó él—. No te apenes. De verdad, fui con Bella y hasta le sugerí que debía comprar uno igual.
—¿De verdad? —preguntó ella, mirándome con una ceja alzada.
—¡Ábrelo ya!
Ángela abrió el regalo y lo amó, pero sentí que estaba incómoda por tener un extraño en su casa. En compensación casi enloquece cuando vio el brazalete que le había dado, colocándoselo en el mismo momento y agradeciéndome con besos en la mejilla y abrazos apretados. Ben trajo Martini para nosotros y un vaso de Fanta de naranja para Edward. Le informé todas las noticias, quedando al día, y nos enfrascamos en un ameno chismorreo. Edward daba su opinión sobre algunas cosas y Ben, como siempre siendo un amor de persona, intentaba incluirlo en la conversación todo el tiempo.
—¿Sabes, Ángela? —habló Edward de la nada, haciendo que todas las cabezas se giraran hacia él—. Bella me dijo que ustedes son amigas hace años. Algo me dice que seguramente sabes algunas historias vergonzosas sobre ella.
—Edward… —hablé en tono amenazante.
—¿Sabes qué es lo que pasa? Mi hermana adora estar chismoseándole a ella mi vida, pero Bella no me ha contado ni siquiera una vez alguna historietita.
—¡Ángela, no te atrevas! —hablé, mirando con desespero a mi amiga.
—Bella, por favor, ¿sí? ¿Nosotras hace cuánto tiempo somos amigas? ¿Dieciséis años? ¿Ya parece que contaría que te emborrachaste en nuestra primera fiesta de facultad, te subiste en la barra del bar y comenzaste a bailar y, para terminar el show, te bañaste con cerveza dejando tu blusa blanca totalmente transparente? ¿Parezco ese tipo de persona? —habló Ángela y quería estrangularla. Edward estaba muriéndose de la risa a mi lado y ahora quería estrangularlo también. Mis mejillas tiraban fuego de vergüenza y rabia.
—Me las vas a pagar… —murmuré, enfurecida mirando a Ángela.
—Creo que, si busco con calma, capaz que encuentro alguna foto.
—¡Por favor, amaría ver eso! —exclamó Edward, animado.
—¡Para ahí! —hablé, dándole una palmada en su pierna.
—Solo estoy obteniendo un poco de información, Garrapata.
—No salí preguntándole cosas a tu hermana, entonces para de estar preguntándole cosas a mi amiga.
—¿Ahora que me contó lo que pasa cuando te emborrachas? De ninguna manera.
—¡Fue solo una vez! —protesté y me giré hacia un lado, todos en el lugar estaban mirándonos.
—¿Bella, querida? ¿Vamos a la cocina a buscar más Martini?
—Ok.
Apenas llegamos a la cocina Ángela cerró la puerta, se paró frente a mí y comenzó a hablar.
—Voy a hacerte una pregunta simple y quiero que me respondas con honestidad.
—Ok —estuve de acuerdo sin saber qué esperar de su pregunta, pero nunca manteníamos secretos.
—¿Qué está pasando entre ustedes dos?
—¿Entre Edward y yo?
—¡No, entre tú y Ben! —habló sarcástica—. Obvio que es entre tú y Edward.
—No está pasando nada, Ang.
—Bella, ¿qué dije? Honestidad.
—No está pasando nada, lo juro. A veces coqueteamos de juego, pero solo queda en eso.
—¿Y quieres que quede en eso?
—No sé, Ang… —hablé, exhalando con fuerza.
—Oh. Dios. Mío. ¡Te gusta Edward Cullen!
—¡Ang, habla bajo! Y no dije eso, ¡no pongas palabras en mi boca!
—¿Entonces no te gusta?
—Tampoco es así. No sé lo que está pasando por mi mente en este exacto momento.
—¿Por qué te llama Garrapata?
—Porque tengo que estar pegada a él como una —susurré.
—Ya tienen apodos de novios. ¿Te da para explicar lo que pasa? Porque sinceramente estoy un poco confundida.
—No lo sé, Ang, estoy tan confundida como tú. Mientras bromeamos no me doy cuenta, ¿sabes? Pero cuando comienza a parecer demasiado real me da miedo.
—¿Eso es por causa de James?
—No. Tal vez.
—Bella, Edward es un amor por lo poco que pude ver aquí y sé que no eres de las que se enredan fácilmente con las personas, para de estar queriendo hacer comparaciones. ¿Quisieras salir con alguien que te estuviera comparando con su exnovia?
—De ninguna manera.
—Entonces no le hagas eso a Edward.
—Él no es mi novio —refunfuñé.
—Pero están actuando como si lo fueran. Apuesto que todo el mundo que está aquí lo notó.
—No quiero pensar más en eso. Anoche cantó una canción para subirla a YouTube…
—¡Ah! ¡La vi hoy en la mañana! Quedó linda.
—Pues sí. ¿Sabes cuándo comenzó con esa mirada distraída? —pregunté y ella asintió con la cabeza—. Me estaba mirando. No sé si es locura de mi cabeza, pero creo que estaba cantando para mí y quedé asustadísima.
—¿Por qué?
—Porque comencé a sentir cosas con más intensidad que con cualquier otra persona. Y no me estaba tocando, pero mi corazón parecía que iba a salirse por mi boca.
—Amiga mía, tengo una pésima noticia.
—¿Qué?
—Estás en un camino sin retorno.
Permanecimos en la fiesta durante un tiempo más y Ángela no quitaba los ojos de nosotros, como si estuviera analizando cada cosa que hacíamos. Durante la cena, Edward tocó mi rostro para retirar una hebra de cabello que me estaba incomodando mientras mis manos estaban ocupadas cortando la carne y Ángela casi rompe mi espinilla con una patada que me dio debajo de la mesa. Cuando él ofreció llenar mi copa de vino a ella solo le faltó torturarme con las miradas que hacía en mi dirección.
Nos despedimos con un fuerte abrazo y la promesa de vernos pronto, Ángela ya había bebido un poco de más y comenzó a llorar en el momento del adiós. Mi corazón estaba partiéndose, sabía que me extrañaba y era inexplicable la falta que ella hacía en mi vida.
—¿Estás bien? —preguntó Edward mientras conducía el carro.
—Sí. Es solo que no sé cuándo sea la próxima vez que tenga la oportunidad de pasar un día con mi amiga. Extraño los días en que nos encontrábamos solo para chismosear.
—Imagino que no debe ser fácil. Creo que no lograría hacer lo que haces. Aunque tenga meses en que apenas tengo tiempo de ver a mi familia y algunos amigos, me volvería loco de no tener ni la elección de verlos.
—Todo tiene su lado bueno y malo.
—Es verdad. ¿Qué tal si nos animamos un poco?
—Si vas a sugerir algo sexual puedes bajarte de esa nube.
—Que maldad, Garrapata, iba a sugerir que encendiéramos la radio para que cantáramos alguna cosa. Cuando estoy desanimado, cantar siempre es una buena manera de traer una sonrisa a mi rostro.
—Ok —hablé, apretando los botones de la radio y buscando alguna canción.
—¡Deja esa! —habló Edward.
—¿Stayin' Alive? ¿Lo juras? —pregunté riendo.
—Nada anima más que los hermanos Gibb —habló y comenzó a cantar.
Mi barriga ya estaba doliendo de tanto reír, nunca vi a alguien hacer una imitación vocal de Barry Gibb tan perfecta como Edward. Comenzó a reclamarme porque no estaba acompañando la canción y me junté a él, cantando como si fuera alguno de los hermanos Gibb. Él estaba en lo correcto, no existe mal humor cuando se canta Bee Gees.
Al llegar a casa el cansancio de un día agitado había caído sobre nosotros. Estaba caminando a mi cuarto, pero encontré que debía agradecerle a Edward por el día de hoy.
—Edward —hablé, llamándolo desde la puerta de mi cuarto.
Se paró frente a mi con mirada dubitativa y me puse en punta de pies, colocando mis brazos alrededor de su cuello y dándole un abrazo.
—Gracias por hoy, no sabes cuán importante era para mí —dije, dándole un beso en la mejilla.
No sé si lo hizo a propósito o si fue solo un desliz, pero me regresó el beso y sus labios tocaron levemente la comisura de mi boca. Mi corazón palpitaba acelerado y mis piernas se debilitaron. Por una milésima de segundo quise girar el rostro y poner mis labios en los de él por completo.
—Buenas noches, Edward —hablé, apartando nuestros rostros.
—Buenas noches, Garrapata —dijo, quitando los brazos que estaban alrededor de mi cuerpo y cesando por completo todo contacto que teníamos.
Entré inmediatamente a mi cuarto y mi corazón estaba latiendo rápidamente, caminé hasta el baño y me recosté en la gélida pared, intentando calmarme, pero el lugar donde Edward había tocado con sus labios parecía estar hormigueando. Eso estaba volviéndose cada vez más difícil.
Llevé mis dedos hasta la comisura de mi boca y en ese momento, cuando miré el reflejo en el espejo, las cosas no pudieron haber quedado más claras para mí: no importaba cuánto intentara evitarlo, quería saber cómo era la sensación de tener los labios de él amoldándose en los míos.
Sin excusas :( pero aquí está, esta vez les voy a publicar la escena extra de una vez, así que no van a tener que esperar más para que les envíe por MP.
Y bien… ¿qué tal estos dos? Al fin parece que Bella cae en cuenta de las cosas tan obvias jajaja espero con ansias sus opiniones.
Nos leemos en el siguiente.
Beijos
Merce
