Mientras Hiromu, Nick y Usada terminaban de bajar el equipaje y se guardaba la camioneta en la cochera, un auto negro se estacionó frente a la casa.
-¡Rika-san!- exclamó Nick de inmediato, corriendo hacía donde la chica bajaba del coche.
-¡Un placer verte, Nick-kun!- saludó ella, sonriente.
-¡Nee-san!- exclamó Hiromu al verla. -¿Qué haces aquí?
-También me alegra verte, hermanito.
-No es eso- dijo algo avergonzado -Solo que...
-¡Tranquilo!- sonrió, sacando una mochila del coche y colgandosela al hombro. -Mejor vamos adentro, quiero saludar a Yoko-chan y a Jin-kun.
Hiromu solo pudó asentir, guiando a su hermana al interior, con los Buddyroids siguiendolos de cerca.
-La situación debe ser en serio grave si Rika-san vino a ver como va todo- susurró Usada a Nick.
-Creo que más bien quiere asegurarse que Hiromu se comporte- respondió el Buddyroid rojo.
Rika alcanzó a escuchar eso ultimo, soltando una risita. En realidad, los robots habían adivinado su proposito.
Yoko estaba en la cocina, comenzando a preparar el almuerzo, cuando escuchó unos pasos veloces bajando por las escaleras.
-No puedes ir a ningun lado sin comer, Jin- dijo, sin ni siquiera tener la necesidad de voltear.
-¡Ouh, Okaa-san!- se quejó el pequeño, apareciendo junto a ella. -¡Por favor! Quiero que Serena conozca el vecindario.
-¡Pues con más razón! Ambos deben de comer antes.
Serena apareció en el lugar caminando con timidez. Sus pasos eran silenciosos y mantenía la vista ligeramente baja.
-¡Serena-san!- exclamó Yoko, sonriendole para darle confianza. -Supongo que escuchaste. Ambos deben comer antes de salir a pasear, ¿entendido?
-Esta bien- aceptó Jin, mientras que Serena se limitó a asentir.
Yoko asintió, sonriendo satisfecha con la respuesta de ambos niños.
De repente, se escucharon unos pasos que venían desde la entrada principal.
-¡Yoko-chan, Jin-kun!- saludó Rika alegremente.
-¡Tía Rika!- exclamó el niño, corriendo a abrazarla con gran alegría.
Detrás entró Hiromu y, tratando de evitar su mirada, Serena prefirió ir a la sala. Pero cuando estaba apuntó de salir, Rika se puso en su camino bloqueandole el paso, arrodillándose a su altura sonriente.
-Tú debes ser la linda niña de la que tanto me han hablado- dijo con dulzura.
Jin corrió al lado de ella, asintiendo efusivamente.
-Si es ella- dijo, empujando a la chica ligeramente para que se acercará más. -Tía Rika, ella es Serena-neesan.
La manera en la que se dirigió a la niña sorprendió enormemente a Hiromu y Yoko, reflejandose en sus expresiones. Los Buddyroids intercambiaron miradas preocupadas, haciendo que Serena se sintiera un poco mal al respecto.
Pero Rika le dedicó una sonrisa, haciendola sentir mejor.
-No te preocupes- le susurró y le entrego la mochila. -Aquí hay algunos libros y otras cosas que podrían servirte. Eres bienvenida a esta casa, pequeña Serena.
-Arigatou- respondió ella, sonriendo timidamente.
-¡Jin-kun!- intervinó Yoko, tratando de relajar el ambiente. -Por favor prepara la mesa para comer.
-Claro- respondió él, dirigiendose obedientemente a la cocina.
Rika sentía una extraña simpatia por Serena a pesar de acababa de conocerla. Al verla, recordaba cuando ella había tenido esa edad y como su vida había cambiado completamente, teniendo que hacerse cargo de su hermano de 7 años tras la perdida de sus padres.
-La historia se repite- dijo, mirando a Hiromu y sonriendo con algo de melancolia, para luego acercarse a Yoko para ayudarla.
Él se quedó ahí, observando a su hermana, y luego cuando ella entró a la cocina miró a Serena, quien se había dirigido a la sala para inspeccionar el contenido de la mochila.
-¿Cuál es tu pena, pequeña?- dijo para sí, suspirando.
-¡Hiromu, ven a ayudar!- exclamó Rika.
De reojo, Serena vió como él le daba la espalda, concetrandose en lo que sea que le hubieran pedido hacer. Dio un suspiro y miró hacía la mochila, sintiendose realmente feliz al pensar que por fin existía alguien que se preocupara por ella. Del interior comenzó a sacar algunas cosas: libros sobre arte y dibujo, productos de limpieza personal y lo que parecían ser toallas limpias.
Cuando estaba apuntó de devolverlo todo al interior nuevamente, de entre las toallas salió un cepillo de dientes electrico nuevo, aún en su empaque.
Al estar apuntó de caer al suelo, Serena lo atrapó como un reflejo. Pero en cuanto sus dedos tocaron el aparato, esté comenzó a funcionar de la nada como loco, como si hubiera recibido una descarga.
Espantada, la chica lo dejo caer contra el sillón y miró hacía su mano. Luego miró hacía la cocina, donde todos parecían estar trabajando alegremete.
-Por favor, ayudenme- dijo en una voz ahogada, tratando de tranquilizarse. -Solo ustedes pueden salvarme.
